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Entrevista a Pierre Pouchot
“El ‘Islamismo’ es un concepto para meter miedo que no se corresponde con ninguna realidad”
03/08/2017 | Julien Salingue

En un artículo publicado en mayo de 2015 en Mediapart, escribías que “el Islamismo no existe. Como concepto único, unido e indiferenciado, es un espejismo, un atajo, una ilusión intelectual barata”. ¿Puedes decirnos algo más sobre ello?

Hay una constante en la vida política francesa desde hace años: considerar que hay un gran enemigo a combatir, llamado a veces “Islam político” o más a menudo “Islamismo”. Encontramos esto en el vocabulario de gente como Manuel Valls, Bruno Le Maire, François Fillon… y por tanto no solo en el Frente Nacional o en Nicolas Dupont-Aignan. Ahora bien, cuando se mira un poco más de cerca, ya sea desde un punto de vista semiológico o del de la historia de las organizaciones, se da uno cuenta de que este vocablo generalizante no quiere decir nada. Estamos en una confusión en cuanto a la representación del Islam en la política, como si todas las organizaciones políticas que se reclaman del Islam tuvieran el mismo proyecto. Es absurdo. Y la mejor forma de darse cuenta de ello es mirar los conflictos en curso en Medio Oriente: muchos de ellos nacen de los antagonismos políticos entre diferentes corrientes que se reivindican del Islam. Esto quiere decir claramente que los proyectos políticos no son los mismos, que las organizaciones no son las mismas.

Entre los Hermanos Musulmanes y el EI hay un abismo

Sí. Hoy no hay nada que ver entre, de un aparte, una organización como los Hermanos Musulmanes, que nació en los años 1920, que se desarrolló en varios países, hasta tener ramas que han adquirido una autonomía y han construido una agenda nacional, ya sea en Siria, Irak, Egipto o Túnez y, de otra parte, una organización como el Estado Islámico, EI (Daesch), que ha declarado como apóstatas a los Hermanos Musulmanes y les combate diariamente…

Se podría también evocar la rivalidad entre los Hermanos Musulmanes y Arabia Saudita, que se ha manifestado en el apoyo saudí al derrocamiento del presidente egipcio Mohamed Morsi en 2013, considerando el reino a los Hermanos Musulmanes como un concurrente frente a su voluntad de hegemonía sobre el Islam sunita. Hablamos por tanto de un conjunto complejo, con proyectos diferentes, incluso antagónicos, y en el caso de ciertas corrientes como los Hermanos Musulmanes de proyectos que se inscriben en los procesos democráticos, ya sea en Irak, Túnez o Egipto, y de organizaciones que les combaten, como el Estado Islámico. Si se mira del lado de los efectivos, esto tampoco tiene nada que ver, con un Estado Islámico y corrientes yihadistas extremadamente minoritarias entre los musulmanes, mientras que los Hermanos Musulmanes representan una corriente de pensamiento de una gran implantación desde hace cerca de un siglo.

“El Islamismo” visto como un todo unificado y amenazador es por tanto ante todo un concepto para meter miedo, que no corresponde a ninguna realidad, destinado a asustar y a atraer a los electores, aquí, contando cualquier cosa a propósito de lo que ocurre allá.

Y en este mismo movimiento, se esencializa a los musulmanes, se tiene tendencia a considerar que cuando un musulmán hace política es necesariamente “como musulmán”, y se resumen sus posicionamientos a su relación con el Islam.

Se confunde fe, compromiso personal, compromiso político, proyecto político para la sociedad… Y se olvida que lo que cuenta ante todo para corrientes como los Hermanos Musulmanes en Egipto, así como Ennahda en Túnez o, a otro nivel, la UOIF en Francia, es insertarse en un sistema político que no han elegido pero que les permite estar representados. No tienen forzosamente una voluntad de poner en cuestión este sistema, poner en cuestión la democracia, no tienen necesariamente un programa muy original que fijar sobre el conjunto de la sociedad. Es lo que ha mostrado, por ejemplo, la experiencia de Ennahda en Túnez, que ha estado dos años en el poder y cuyo balance es bastante “clásico”: economía liberal, poco tema social, y ninguna transformación profunda de las relaciones sociales.

A menudo, estas organizaciones evolucionan incluso en contextos autoritarios en los que deben pelear para existir, en los que su identidad es negada. Llevan a cabo así combates que se articulan ante todo alrededor de la cuestión de la representatividad, y por tanto de la democracia. Asimilar “Islam político” y “rechazo de la democracia” es un error fundamental. Recordemos por ejemplo que en 2007 los Hermanos Musulmanes iraquíes optaron por participar en el proceso electoral apadrinado por los Estados Unidos que habían invadido el país cuatro años antes.

En Egipto, han sido incluso los Hermanos Musulmanes, elegidos democráticamente, los derrocados por un golpe de Estado, del que las organizaciones yihadistas han salido reforzadas.

El caso egipcio es particularmente elocuente. En Egipto, antes del golpe de Estado de julio de 2013, existían organizaciones yihadistas. El golpe ha producido un refuerzo de esas organizaciones violentas, e incluso una proliferación de esos grupos, entre ellos Ansar Beit Al-Maqdis, que se declarará fiel al Estado Islámico en 2014. El mensaje enviado por el ejército egipcio y Arabia Saudita que ha apoyado el golpe era claro: no toleraremos que organizaciones como los Hermanos Musulmanes lleguen al poder y lo ejerzan gracias a las vías democráticas. Si la mayoría de los militantes de los Hermanos Musulmanes han entrado en la clandestinidad sin renunciar a sus compromisos, otros se han dirigido hacia otras organizaciones y una ínfima parte se ha desviado hacia el yihadismo. Y si estos últimos han caído en la violencia armada, es claramente porque el golpe de Estado y la represión sangrienta contra los Hermanos Musulmanes han dado crédito al discurso según el cual la democracia no es la solución y que solo las armas pueden tener eficacia.

El ejemplo egipcio lo muestra claramente: luchando ferozmente contra organizaciones que desean insertarse en procesos democráticos, se refuerzan las corrientes que se pretenden combatir… Este proceso no debe, sin embargo, cultivar la idea de que habría una continuidad entre los Hermanos Musulmanes y las corrientes yihadistas: los “tránsfugas” son extremadamente raros, son fruto de trayectorias individuales, de recorridos personales, y los militantes yihadistas vienen de todas las esferas de la sociedad, no de escisiones en el seno de las organizaciones insertas en los procesos democráticos. Ya se trate del proyecto o de la estrategia, no hay continuidad entre estas corrientes, sino al contrario una gran estanqueidad.

Hay, según los estudios, entre cuatro y cinco millones de musulmanes en Francia. ¿Cómo se encarnan aquí los fenómenos que acabas de describir?

Existe en Francia una institución bastante complicada, el Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM), creada por el Estado cuando Sarkozy era Ministro del Interior. El CFCM intenta representar el Islam en Francia pero no lo logra verdaderamente. Últimamente, la presidencia del CFCM ha sido tomada por un turco, cercano a Erdogan, tras elecciones que, recordemos, son organizadas en el seno de las mezquitas. Hoy, las mezquitas francesas están gestionadas por países extranjeros, son ellos los que forman a los imanes, por tanto hay una repartición política, estatal, del Islam de Francia, que se superpone a dinámicas identitarias, religiosas, entre los musulmanes de Francia.

Hay un cierto número de organizaciones que representan varias de las corrientes que he evocado antes, así como algunas otras, más minoritarias. Pero una gran mayoría de los musulmanes de Francia no se reconoce en una corriente particular: viven su fe, practican o no, rezan o no… pero no son miembros, ni siquiera cercanos a alguna organización.

Estamos así muy lejos de una comunidad política unificada, que tendría actitudes políticas o comportamientos electorales ligados a un posicionamiento religioso común, que votaría como un solo hombre y promovería un mismo modo de vida y un mismo ideal político y de sociedad. Sin embargo, a fuerza de politizar a ultranza todas las discusiones sobre la religión musulmana y su lugar en Francia y de emplazar sin parar al “Islam político” olvidando que se trata ante todo de una cuestión de culto, de fe personal, se corre el riesgo de encerrar cada vez más a los musulmanes en una identidad esencializada, con mayor razón si continúan sufriendo colectivamente discriminaciones ligadas a su religión, como ocurre hoy.

Hebdo L’Anticapitaliste - 394 (27/07/2017)

* Pierre Pouchot es escritor, periodista independiente y especialista en Medio Oriente. Es autor de numerosas obras, consagradas entre otros temas a la revolución tunecina, al conflicto entre Israel y los palestinos (Israël-Palestine: la paix n´aura pas lieu, Don Quichotte, 2015) o a los Hermanos Musulmanes.

https://npa2009.org/idees/international/lIslamisme-est-un-concept-epouvantail-qui-ne-correspond-aucune-realite

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur



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