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Entrevista a Au Loong-Yu
En el vigésimo aniversario de la reunificación con China
07/07/2017 | Robin Lee

Robin Lee pregunta a Au Loong-Yu, activista, escritor y miembro de Pioneer, una organización socialista de Hong Kong, sobre la situación política en Hong Kong veinte años después del traspaso del enclave a China.

Recordando el momento del traspaso, ¿cuáles eran tus expectativas en aquel entonces y cómo se compaginan con la situación actual en Hong Kong? ¿Se han cumplido tus previsiones?

Sí y no. En 1997 ya existía una división entre los pandemócratas y el movimiento social, porque los partidos pandemócratas se negaban a organizar actos o manifestaciones para recordar al Partido Comunista Chino (PCC) que queríamos que el pueblo hongkonés gobierne Hong Kong y que queríamos una descolonización democrática. Los pandemócratas estaban en contra de hacer cualquier cosa en este sentido, de modo que los demás grupos sociales –entre los que se incluye más de un centenar de grupos como sindicatos, grupos vecinales, confesionales, etc.– se unieron para organizar una manifestación en demanda de devolución de la soberanía al pueblo.

Realizamos la manifestación deliberadamente en la medianoche del 30 de junio de 1997 para simbolizar que lucharíamos por la democracia más allá de la dominación colonial británica. Hubo algunos pequeños encontronazos con la policía, pero nada del otro mundo. Pese a que mucha gente estaba muy descontenta con la actitud de los pandemócratas y a que era bueno que se organizara una manifestación independiente, no se consiguió prolongar la movilización más allá de aquella acción singular con vistas a construir partidos más progresistas y radicales después de 1997. Fue la flor de un día. Una de las organizadoras de aquella manifestación habló hace poco conmigo y me dijo que lamenta que no hicieran más cosas hace veinte años. Ahora piensa que los activistas hongkoneses debieron haberse separado radicalmente de los pandemócratas en aquel momento y no esperar a hacerlo ahora, cuando es un poco demasiado tarde.

Una razón más interesante de por qué aquella coalición no era sostenible es que cayó en la trampa del PCC con su táctica de dar largas a las medidas represivas. Antes de 1997, mucha gente se sentía, por supuesto, muy insegura y no sabía si el PCC acabaría de un plumazo con la libertad política de Hong Kong. Retrospectivamente, creo que el PCC fue muy inteligente al no tomar ninguna medida drástica en la primera fase de la descolonización. Pese a que inmediatamente después de 1997 se impuso un legislativo provisional no elegido a la población de Hong Kong, este órgano provisional también se mostró muy cauto y no aplicó directamente el artículo 23 de la Ley Fundamental (que estipula que Hong Kong debe convertir en ley la salvaguardia de la seguridad nacional definida por Pekín), como nos temíamos la mayoría, de modo que el PCC adoptó, visto desde hoy, una táctica dilatoria. El problema es que muchos activistas hongkoneses se dejaron engañar por este tipo de táctica y pensaron: “Bueno, el PCC tampoco es tan malo y por tanto no urge radicalizarse ni organizarse mejor y ser más reivindicativos”. Esto explica por qué no se planteó una reforma del movimiento democrático y la creación de un partido democrático más radical. No hubo ningún debate en este sentido.

Esto demostró dos cosas: por un lado, la táctica del PCC funcionaba y, por otro, la mayoría de partidos políticos y movimientos sociales eran demasiado ingenuos. Muchos creían que la libertad de Hong Kong se mantendría indefinidamente. Incluso en 2003, cuando el PCC trató de obligar al gobierno hongkonés a presentar la ley de seguridad nacional basada en el artículo 23; entonces salieron 500 000 personas a la calle y paralizaron todo el tráfico en las principales vías de la isla de Hong Kong para manifestarse en contra, y el PCC reculó. Luego todo volvió a la normalidad y la gente pensó que a pesar de que el PCC hubiera hecho mal con su intento, supo rectificar rápidamente, y esto reforzó la ilusión de que podían mantenerse los dos sistemas.

Ahora han pasado 20 años y es interesante ver cómo nos hemos debilitado. Creo que es deprimente ver que mucha gente prevé una escasa participación en la manifestación del día del aniversario del traspaso. En general cunde el pesimismo entre los activistas. En realidad, este pesimismo ha ido agravándose desde el Movimiento de los Paraguas. Esto no se debe tan solo a que no lográramos nada, sino también a que desde entonces el PCC ha estado interviniendo más abierta y agresivamente en Hong Kong. Sin embargo, el campo democrático no sabe cómo ajustar sus estrategias y tácticas y no sabe cómo responder al refuerzo del intervencionismo de Pekín. Este es ahora el problema. Mientras que hace 20 años había cierta combatividad a la hora de organizar la manifestación, hoy, después de 20 años, somos mucho más débiles y estamos mucho más deprimidos. Este es el mayor contraste.

Has mencionado el Movimiento de los Paraguas de 2014, cuando miles de personas participaron en protestas y ocuparon las calles y plazas durante semanas en demanda del sufragio universal. Tus comentarios parecen más bien pesimistas al respecto. ¿Puedes explicar un poco más qué piensas de aquel movimiento y cuál ha sido su repercusión en la situación política de Hong Kong desde entonces?

Creo que a la larga el Movimiento de los Paraguas resultará de gran importancia a pesar de no haber conseguido nada, pues yo lo calificaría del primer movimiento realmente masivo que refleja un anhelo muy popular de autogobierno democrático y de democracia. Sin duda el deseo de un Hong Kong democrático, de una descolonización acompañada de una autonomía y una democracia reales, siempre ha existido desde hace mucho tiempo. En 1989 hubo una enorme movilización en solidaridad con el movimiento democrático en Pekín, y esto también supuso una inflexión muy importante en la evolución política aquí en Hong Kong. Fue un nuevo paso adelante y demostró que de verdad queremos apoyar al movimiento democrático chino.

Sin embargo, aquella movilización también se vio limitada por el hecho de que fue una movilización en solidaridad con China, pero no un movimiento que al mismo tiempo impulsara una reforma democrática aquí en Hong Kong. Tras el fin del movimiento democrático en Pekín, irónicamente, la mayor movilización aquí en Hong Kong a finales de 1989 y en 1990 tuvo lugar para presionar al gobierno británico a que nos concediera el derecho de residencia. No se trataba de expresar nuestra necesidad y nuestro deseo de democracia, ni tampoco de explicar cómo aspirábamos al autogobierno. Los partidos democráticos impulsaron una campaña muy popular con vistas a presionar al gobierno británico y al final este último solo entregó pasaportes a 50 000 familias de Hong Kong antes de que finalizara la campaña. Los partidos democráticos estaban satisfechos porque en el fondo solo querían que la clase media obtuviera los pasaportes y no les importaba que la gente común no lo consiguiera.

Al menos en 2014, y por primera vez en la era de posguerra, hubo un verdadero movimiento masivo por la democracia. Sin embargo, a medio plazo, debido a que el movimiento no logró ningún objetivo y a que los estudiantes y grupos sociales que apoyaban al Movimiento de los Paraguas carecían de experiencia y dejaron que la extrema derecha los atacara en el último periodo, siendo incapaces de defenderse, podemos ver que la adaptación política, por no decir capitulación, se dio a esta extrema derecha. Así que al final, fue la extrema derecha localista la que cosechó los frutos del Movimiento de los Paraguas. Pasada la movilización, la extrema derecha fue entonces capaz de acabar con la Federación de Estudiantes de Hong Kong (HKFS), que había estado a la cabeza del Movimiento de los Paraguas. En menos de un año, los localistas de extrema derecha hicieron algo que el PCC no podía: desmanteló la HKFS mediante la agitación y haciendo que los sindicatos de estudiantes federados la abandonaran.

Ahora podemos ver una de las secuelas de la derrota, y es que la mayoría de sindicatos de estudiantes están en manos de los localistas. Puede que no sean de extrema derecha, pero son nativistas y les importa un rábano la justicia social o la defensa de la democracia y la lucha contra el PCC, por mucho que su retórica sea contraria al PCC. De modo que los localistas de extrema derecha destruyeron uno de los bastiones principales del movimiento democrático, particularmente en el sector estudiantil. A corto plazo, el efecto del Movimiento de los Paraguas es deprimente.

Has mencionado el ascenso del localismo y de la extrema derecha desde el Movimiento de los Paraguas. ¿Puedes detallar más las razones de ello? ¿Hacen algo la sociedad civil o los movimientos sociales para contrarrestarlo?

Sí, hemos de reconocer que, objetivamente, cunde un sentimiento localista. En realidad, en su forma sumamente rudimentaria mezcla muchos aspectos. Es una combinación de oposición al PCC y sentimiento de nostalgia, y también tiene que ver con el deterioro de la situación en todos los niveles de la sociedad. Se agravan la pobreza y el problema de la vivienda, el sistema de enseñanza se deteriora, así que es una mezcla de muchas cosas y la gente se orienta más hacia lo local. Es una respuesta al tipo de sociedad que el PCC y las élites dirigentes de aquí quieren que sea Hong Kong. Desde su punto de vista, Hong Kong no debería ser una ciudad política, sino únicamente un enclave económico. Es una idea típicamente colonial. El gobierno británico ya pensaba que Hong Kong debía ser nada más que un puerto de libre comercio al servicio del imperio británico. Cualquier cosa que fuera más allá no le correspondía a Hong Kong. Esto siempre enfureció a la juventud. En la década de 1970 también nos enfureció a nosotros.

Así que hemos de reconocer que existe un verdadero resentimiento contra esta visión de Hong Kong por parte de la clase dirigente. Queremos un Hong Kong que esté a nuestro servicio. En sí misma, no necesariamente es una visión de extrema derecha, también podría ser de izquierda. El problema es que en Hong Kong no hay partidos de izquierda, y todos los partidos pandemócratas son de centro derecha. A resultas de ello, el llamado régimen liberal de Hong Kong ha generado una mentalidad muy competitiva y de darwinismo social. Una vez empieza a cundir este sentimiento localista, a la derecha siempre le resulta más fácil capturarlo y orientarlo en un sentido xenófobo.

Pero también hay en juego un tercer elemento. Todo indica que algunos de los localistas confesos y políticos de extrema derecha actúan en colaboración con el PCC. Las informaciones de Sing Pao lo demuestran. Sing Pao siempre ha sido un periódico muy conservador que apoya al PCC. Sin embargo, desde el año pasado se ha convertido en un oponente muy activo a CY Leung (el jefe del ejecutivo de Hong Kong). Esto rompe las reglas del bando pro-Pekín, que dicen que por muchas diferencias internas que haya, todos han de apoyar al jefe del ejecutivo. Sing Pao no solo ha acusado a CY Leung, sino que en particular ha afirmado que CY Leung es responsable del ascenso del movimiento por la independencia de Hong Kong. Le acusa de apoyar secretamente a esta gente.

Asimismo ha afirmado que el jefe de la Oficina de Enlace de China también participa en secreto en el apoyo al movimiento por la independencia. Además de las acusaciones de Sing Pao, también está el hecho de que, durante las elecciones del año pasado, muchas personas muy jóvenes, recién graduadas, recibieron de pronto un montón de dinero para desarrollar campañas electorales muy costosas. De hecho, hace un año, con motivo de la elección del consejo de distrito, pudimos ver cómo algunos localistas fueron condenados a prisión por fraude en la campaña electoral. En los interrogatorios cruzados declararon que habían recibido subsidios del PCC para presentarse a las elecciones en contra de los pandemócratas.

Así que es esta interacción de varios factores simultáneos la que ha dado impulso a los localistas de extrema derecha y se ha convertido de pronto en un movimiento por la independencia. Podemos ver cómo el ascenso del movimiento por la independencia le sirve de pretexto al PCC para atacar la autonomía de Hong Kong, descalificando a dos miembros independentistas del Consejo Legislativo. Ahora van a la ofensiva y persiguen a otros miembros del Consejo por la misma razón.

En realidad, para mí la xenofobia, el localismo de extrema derecha y los sentimientos antichinos son exactamente lo mismo. No debemos olvidar que en Hong Kong muchas personas se identifican como chinas. La mayoría de las personas no consideran que su identidad china se opone necesariamente a su identidad hongkonesa. ¿Qué pasa con la juventud? Existe aquí un profundo abismo intergeneracional y pese a que la gente joven no necesariamente se siente china, esto no la convierte necesariamente en antichina. Quienes son expresamente antichinos son los localistas de extrema derecha.

No cabe duda de que hay jóvenes que les escuchan. Debido al primitivismo de la educación política en Hong Kong, muchos no saben distinguir entre ser anti-PCC y antichino. Sin embargo, esta simpatía por los localistas de extrema derecha no se traduce en una adhesión a su partido, que es muy pequeño. En internet parecen muy grandes, pero hay que tener en cuenta que en internet también hay un montón de wumaodang (personas que cobran un sueldo para defender a Pekín publicando comentarios en internet). A partir de lo que se ha dicho en internet y en los mítines, podemos decir con certeza que este sentimiento antichino tiene que ver con los localistas de extrema derecha en general.

¿Qué se ha hecho para combatir esto? Por desgracia, poca cosa. Los pandemócratas intentan a veces contrarrestar esta mentalidad antichina, pero contraponen la identidad hongkonesa a su propia identidad china. Siguen aferrados al nacionalismo chino, aunque en una versión más débil, pero esto determina su futuro, ya que les separa totalmente de la generación más joven. Choca directamente con las aspiraciones de la juventud, de modo que a mi juicio tratar de contraponer la identidad hongkonesa a la identidad china es suicida. El único enfoque razonable es respetar el hecho de que mucha gente se sienta hongkonesa y comprender que esto no se contrapone necesariamente a la identidad china. Contraponer ambas identidades es, desde luego, una falsa dicotomía. Hemos de resolver el dilema oponiéndonos al PCC y defendiendo la identidad hongkonesa, situando todo esto en un marco democrático más amplio. Esto significa que necesitan una alternativa democrática real. Es la única alternativa que permite contrarrestar a los localistas de extrema derecha: combinar la defensa de la autonomía de Hong Kong y la transformación democrática en China.

El problema es que, entre la gente y los activistas de Hong Kong, las aspiraciones democráticas también son muy superficiales. Les resulta muy difícil concebir una estrategia democrática que permita orientarnos en las dos o tres próximas décadas. Por fortuna hay intentos de buscar este tipo de orientación. Tenemos actualmente tres miembros del Consejo Legislativo favorables a la autodeterminación que tratan de explorar una orientación que no sea xenófoba y se oponga resueltamente al PCC. Lástima que todavía estén dudando y está claro que pueden verse fácilmente presionados desde la derecha y que en ocasiones se adaptan a estas presiones localistas de derechas. Así que todavía es pronto para decir hasta qué punto van a seguir una estrategia democrática de autodeterminación.

¿Cómo valoras las recientes reivindicaciones de autonomía y autodeterminación?

Pienso que uno de los aspectos alentadores de la situación es que hay un número creciente de personas que se muestran receptivas a esta demanda de autodeterminación. Todavía me acuerdo de cuando propusimos la idea por primera vez, hace 35 años, y nos quedamos totalmente solos. Esto se debe a que los pandemócratas se contentan con reclamar el sufragio universal dentro de los límites de la Ley Fundamental. Pero esto es suicida. Nunca conseguirás el sufragio universal real dentro de la Ley Fundamental, porque esta otorga el poder de interpretación exclusivamente a Pekín. En una de las cláusulas se establece explícitamente que el gobierno central puede obligar al jefe del ejecutivo a hacer cualquier cosa mediante una orden ejecutiva.

Así que, desde el mismo comienzo, Hong Kong no goza de una verdadera autonomía; los pandemócratas no hacen más que engañarse a sí mismos cuando piensan que la tienen. Debido a esta mentalidad ingenua y su actitud conciliadora con el PCC, a fin de cuentas, los partidos pandemócratas han estado engañando al movimiento democrático hongkonés durante más de 35 años, que no ha llegado a ninguna parte. El sufragio universal no está ni se le espera. Lo que está ocurriendo ahora es justo lo contrario y estamos perdiendo autonomía a marchas forzadas. Me atrevo a decir que Hong Kong ya ha sido engullida por el agujero negro de la dominación del PCC. Que veamos a Hong Kong intacta es pura ilusión.

En los últimos cinco años, la gente ha estado viendo la verdad; ha visto que el PCC les ha engañado y que no existe eso de “un país, dos sistemas” ni una autonomía real de Hong Kong. Así que ahora hay personas que demandan de nuevo el derecho de autodeterminación. Esto no significa necesariamente la independencia, sino darnos la posibilidad de decidir. El PCC dice que quien reclama la autodeterminación, en realidad quiere la independencia. Esto no es cierto, pero la gente también está asustada. Así, podemos contemplar una situación muy contradictoria; por un lado, más personas ven la necesidad de luchar por la autonomía y la autodeterminación, pero, por otro lado, debido a la absoluta asimetría de la correlación de fuerzas, muchas son muy pesimistas sobre la posibilidad de conseguir algo. Así que creo que es el mejor momento, y también el peor momento, para luchar por la autodeterminación.

En esta situación, ¿cuáles son los principales desafíos a que se enfrenta la sociedad civil hongkonesa y el movimiento democrático de cara a los próximos veinte años? ¿Cuál es la perspectiva de futuro?

El mayor reto para el movimiento democrático es, en primer lugar, encontrar una base social sólida. Durante los últimos 35 años nos han estado inculcando que el movimiento democrático de Hong Kong depende de la clase media. Así, los pandemócratas se sitúan en un consenso absoluto con Lipset y la teoría de la modernización, que dice que con la modernización crecerá la clase media y que la democratización de la sociedad depende de esta clase media cada vez mayor. El movimiento democrático del pasado se basó en esta tesis. Sin embargo, esta tesis no se sostiene y no se ha comprobado en la vida real. Después de 35 años, el Partido Demócrata sigue siendo muy pequeño y de hecho no hace más que capitular, de manera que está muy claro que estos no nos llevarán a ninguna parte. Esto nos plantea la cuestión: ¿en que parte de la sociedad debería basarse el movimiento democrático? Lamentablemente, esta cuestión todavía no se ha planteado seriamente, pero creo que habría que responder muy pronto.

Está muy claro que el movimiento democrático hongkonés solo puede encontrar una base social en la gente trabajadora y la generación joven. Sin embargo, el segundo reto es que no vamos a encontrar capas sociales políticamente dispuestas. No vamos a encontrar ahora mismo una base sólida en el mundo del trabajo, en los sindicatos o entre la gente joven. Esto no va a ocurrir porque en los últimos 35 años el llamado movimiento democrático no ha sido en realidad más que un movimiento electoral. Los pandemócratas nunca han impulsado una educación política seria ni han defendido un cambio de mentalidad. No se han preocupado por acercarse realmente a las masas para construir una fuerza democrática profundamente arraigada en la comunidad. Solo buscan votos y se dedican a cortejar a los electores cuando se acercan las elecciones.

Por tanto, lo que entienden los partidos y los electores demócratas por democracia es muy poca cosa. En la clase trabajadora y entre los estudiantes y demás hay un deseo de democracia, pero no existe una visión cabal de la misma. No entienden cosas tan básicas como que la democracia implica necesariamente que se puede poner en tela de juicio la constitución vigente. Por eso tenemos un movimiento democrático que siempre gira en torno a una única cuestión. No ponemos en entredicho la Ley Fundamental; solo queremos el sufragio universal para elegir al cuerpo legislativo y al jefe del ejecutivo. Nunca cuestionamos el hecho de que tanto el jefe del ejecutivo como el órgano legislativo carezcan de un poder real. El poder real está en manos de Pekín y de la Oficina de Enlace. Así que a fin de cuentas tenemos un movimiento democrático desorientado y la gente corriente y los sindicatos independientes casi no tienen ni idea. De ahí que no sea extraño que haya ciertos sindicatos independientes que también son localistas de extrema derecha.

Estamos en una situación difícil y el reto es que este espacio social para el movimiento democrático hay que construirlo desde cero. Si existe algún sector social que puede constituir nuestra base potencial, como por ejemplo la gente de los sindicatos, el problema es que carece de toda educación política y que ya son viejos. Uno de los aspectos terribles ahora es que los viejos líderes sindicales están perdiendo el contacto y no son capaces de atraer a la gente joven. En cuanto a la juventud, el desmantelamiento de la HKFS ilustra la fragilidad del llamado movimiento democrático estudiantil. Allí no hay movimiento que valga. Incluso antes, durante el Movimiento de los Paraguas, ya era muy frágil. Aunque fueron capaces de movilizar un boicot a las clases con la participación de diez mil estudiantes, aquello no fue más que una burbuja. En el día a día no movilizan más que cuatro o cinco docenas de estudiantes. Siempre han carecido de una afiliación sólida. Ahora, con el desmantelamiento de la HKFS, ya no existe ninguna fuerza organizada. Así que el gran reto es cómo construir algo desde la nada. No será fácil.

29/06/2017

https://borderless-hk.com/2017/06/29/on-the-20th-anniversary-of-the-handover/

Traducción: viento sur



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