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Capitalismo y democracia
Los límites de la democracia liberal
01/07/2017 | Charles-André Udry

[Esta artículo es un complemento -a modo de nota- al artículo sobre la democracia, su crisis o su ausencia en la V República francesa, publicado por Sandra Laugier, Albreto Ogien, Giuillaume Foutrier en L´Humanité el 27/06/2017, publicado en http://alencontre.org/europe/france/debat-france-abstention-massive-et-votes-blanc-ou-nul-democratie-en-crise-ou-sentiment-de-depossession.html]

A riesgo de “simplificar”, nos parece que a propósito de los límites de la democracia liberal, de su “confiscación”, del “sentimiento de desposesión”, sería útil recordar la célebre fórmula del Primer Ministro italiano Alcide De Gasperi (1881-1954). Como Presidente del Consejo de Ministros de 1945 a 1953, este miembro de la camarilla de los padres fundadores de Europa y político de una gran habilidad, afirmaba: “Hay en Italia un cuarto partido, además de los demócrata cristianos, los comunistas y los socialistas, un partido que es capaz de paralizar y hacer inétil cualquier esfuerzo, organizando el sabotaje del crédito nacional, la huida de capitales, la inflación, y difundiendo campañas escandalosas. La experiencia me ha enseñado que hoy en día Italia no puede ser gobernada a menos que llevemos al gobierno, bajo una forma u otra, a los representantes de este cuarto partido que dispone de la riqueza de la nación y del poder económico”.

De lo dicho se puede sacar una conclusión: un límite decisivo de la democracia llamada liberal -sin subestimar el conjunto de diferentes derechos existentes, muy frecuentemente como resultado de las conquistas de las y los asalariados y de diferentes sectores sociales, derechos que hay que defender (Código del trabajo, por ejemplo) y otros que conquistar- reside en el dominio de una propiedad privada cada vez más concentrada; es decir, estratégica en términos de formateo de la vida social y política, y no solo económica (una división sectorial por otra parte inadecuada para un análisis eficaz de la sociedad). Este poder socioeconómico y político determina las inversiones y la producción así como la distribución de los bienes y los servicios. Esta es una pieza central del proceso de desposesión de una mayoría popular, y por tanto de las y los asalariados.

Además, desde el giro de los años 1980, la “retirada del Estado” ha abierto un gigantesco campo en favor del capital privado en el muy amplio terreno de las infraestructuras (dedes las comunicaciones al agua, pasando por la logística y los transportes, o también la salud y la educación), a escala urbana, nacional y transnacional. Que la Fundación Bill y Belinda Gates (Microsoft) disponga de fondos “filantrópicos” de la dimensión de los de la OMS (Organización Mundial de la Salud) tiene enormes implicaciones en las decisiones sobre política de salud pública a escala internacional. No mencionaremos las ventajas fiscales, dicho de otra forma, ¡lo que el Estado les devuelve!, para los “propietarios” de dicha Fundación en los Estados Unidos. Por tomar un único ejemplo, el lugar que ocupa en el terreno cultural la Fundación Bernard Arnault 1/ -del sector del lujo: LVMH- constituye otro ejemplo emblemático de la influencia “de actores presentados como irremplazables para la vida cultural”. ¿De quién?

Más allá del poder económico, las clases dominantes y sus diversas fracciones disponen de instituciones internacionales que van de la OMS al FMI, pasando por BRI (Banco de Pagos Internacionales) o también estructuras híbridas como el Institute of International Finance (IFI), cuyos lazos, por ejemplo con el Eurogrupo, ya se han comprobado. A esto se añaden sistemas de arbitraje privados ilustrados por un acuerdo como el CETA (Comprehensive Economic and Trade Agreement). El control de los grandes media forja otra componente de influencia y control (TV, prensa, agencias de información, el llamado sector digital) que es el correspondiente, en término de capitales a movilizar para franquear el umbral de entrada de las inversiones necesarias, al proceso más general de concentración y centralización del capital; por tanto, de poderes (en plural).

Para terminar esta enumeración incompleta, habría que mencionar las simpatías homológicas 2/ construidas entre la alta administración y el capital privado, con el paso, ya algo común, de un sector al otro, por no insistir en una “educación-formación” de la alta administración conforme a las diversas formas de gestión de las empresas. No se trata de un complot. Estos datos son simplemente el “reflejo” -presentado aquí en sus grandes rasgos- del carácter fundamentalmente capitalista de la democracia liberal. Evitar abordar estos temas -en un contexto de crecientes desigualdades sociales que remite al desarrollo de la transnacionalización del capital y de las decisiones políticas y sociales (sin mencionar las opciones militares) que derivan de lo anterior y son su producto- da al análisis de la “eutanasia” de la democracia, desarrollada en esta contribución, un aspecto un poco fenomenológico, que tiende a reducir la interrogante a la cuestión referida solo al estatus de la ciudadanía y a la configuración de las instituciones, a lo que se añade una mención exigua de los movimientos sociales, de los enfrentamientos de clase, como terreno también de la democracia.

27/06/2017

http://alencontre.org/europe/france/debat-france-abstention-massive-et-votes-blanc-ou-nul-democratie-en-crise-ou-sentiment-de-depossession.html

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

1/ Bernard Arnault (n. 5 de marzo de 1949) es un hombre de negocios francés. Propietario del grupo de artículos de lujo LVMH, es el hombre más rico de Francia y segundo de la Unión Europea. Según la revista Forbes, en 2017, ocupa el 11º lugar en el ranking mundial de fortunas con un patrimonio calculado en 53 600 millones de dólares https://es.wikipedia.org/wiki/Bernard_Arnault ndt.

2/ Homología: según el RAE, relación entre las personas que ejercen cargos iguales en ámbitos distintos ndt.



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