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Reino Unido
Tras May, el laborismo y Left Unity
19/06/2017 | Ian Parker

El Partido Laborista de Jeremy Corbyn ha conseguido acabar con el dominio de los conservadores en la política británica. Ha sido Corbyn el que ha aumentado el voto a su nivel más alto —en porcentaje y en votos totales— en los últimos veinte años y ha conseguido el mayor crecimento electoral del laborismo de su historia. La cuestión no es ahora si May se irá, sino cuándo. El resultado obstaculiza un Brexit “duro”. Esta victoria de Corbyn está, sin embargo, limitado por un sistema electoral orientado a la derecha y por los procedimientos burocráticos internos del laborismo orientados a proteger a los diputados en activo, que son recompensados por varios grupos de presión reaccionarios. Este éxito está también dentro de los límites que supone el Scottish National Party (SNP) y las extrañas alianzas y maniobras de los partidos unionistas de Escocia —laborista y conservador— que implican que Corbyn carecerá de una mayoría parlamentaria en Westminster.

La campaña electoral ha puesto en cuestión el proyecto político del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Laborista y de la mayoría de diputados tory, ha legitimado la política radical y ha dado fuerza a una nueva generación de activistas. Corbyn estaba limitado por las restricciones impuestas al Manifiesto laborista y por el terco rechazo de muchos diputados a incluir elementos del manifiesto con los que no estaban de acuerdo en la propaganda local, así como por la ocultación de la imagen de Corbyn de muchos panfletos laboristas locales e incluso, en algunos casos, por el descarado sabotaje a la campaña nacional del Partido Laborista. En el manifiesto no se pudo incluir, por ejemplo, el desmantelamiento de los misiles nucleares Trident, ni la conversión de los empleos militares-nucleares en producción social útil. Esta línea roja en el Partido Laborista fue aprovechada por los medios y explotada por algunos diputados anti-Corbyn.

Sin embargo, inopinadamente, Corbyn ha sido capaz de liderar una campaña radical y, lo que es más importante, dotar de energía a una nueva generación de votantes, algunos de los cuales continuarán, después del 8 de junio, la campaña en defensa del empleo, de un sistema nacional de sanidad y de los derechos humanos. Una mayoría de votantes de menos de 50 años y una considerable capa de votantes de más de 50, se politizaron o fueron recuperados para la política laborista tras su retirada durante los traicioneros años de Blair. Muchos de los que se unieron al Laborismo para apoyar a Corbyn durante las dos elecciones internas para el liderazgo del partido también emergieron durante la campaña, no sólo para votar sino para repartir panfletos y para hacer campaña puerta a puerta. Para muchos de los que se implicaron se trataba de su primer contacto con la política.

Sin embargo, muchos de los activistas de base de la campaña laborista eran antiguos miembros del partido, que trabajaron tenazmente frente a los ataques de los medios contra Corbyn y colaboraron con sus diputados locales. Este duro trabajo de los equipos de campaña locales del laborismo y las visitas rápidas a los distritos marginales supusieron más ataques contra los “corbynistas” durante las elecciones. Se notó la ausencia de nuevos miembros, lo cual tendrá un precio que se pagará en los meses posteriores a las elecciones cuando los diputados del ala derecha del partido se reagrupen y los activistas locales que recelan de Corbyn se agrupen tras ellos. El grueso del voto fue para Corbyn pero debemos tener cuidado en no exagerar la composición y la política del Partido Laborista. La composición del grupo parlamentario laborista no ha cambiado y hemos sido testigos de una afluencia de algunos nuevos diputados del ala derecha que suponen un serio riesgo para la llamada revolución de Corbyn. Cada voto que hemos cosechado para la izquierda en la campaña fortalecerá también el aparato del partido y su reducción de la política a maquinaria electoral y este éxito se utilizará, como siempre, contra la izquierda.

Los “nuevos” miembros y otros apoyos a Corbyn que trabajaron con el laborismo en la campaña puerta a puerta eran fundamentalmente militantes ya activos de Left Unity o de otros grupos de izquierda que se habían unido a la campaña sabiendo perfectamente que era un momento decisivo, que podría ser la formación de una nueva izquierda y que podría quebrar a los conservadores. Hay consecuencias en la manera en que se llevó a cabo la campaña sobre el terreno, tanto en la forma en que los activistas laboristas de los distritos y secciones locales se relacionarán con la nueva izquierda, como en la forma en que Left Unity se puede relacionar con el movimiento de masas de Corbyn.

Desde dentro del laborismo podemos esperar razonablemente que, dada la composición política de la mayoría de secciones locales del partido, no se nos darán la cálida bienvenida que desearíamos. Es de esperar, en cambio, un cierto grado de cautela hacia nosotros e incluso una calculada hostilidad; seremos percibidos como aquellos que hacen zozobrar el barco. La victoria de Corbyn —un aumento masivo en los votos y el número de diputados— no conllevará una rápida aceptación de las políticas de Corbyn, sino más bien un cierre de filas en torno al aparato basado en la lógica de que ahora es el momento de consolidar lo que el laborismo ha ganado y a suturar las heridas de las divisiones que comenzaron a abrirse en el partido. Hemos visto aceptar con reticencia la contribución de Corbyn en la campaña y el aparato del Partido Laborista sabe que necesitará esperar su momento para intentar acabar con él. Sus agradecimientos por su ayuda se convertirán en la queja de que los resultados podrían haber sido mejores y se cuestionará la lealtad de los nuevos miembros, marginados sistemáticamente. El intento de diferentes grupos de izquierda de unirse al laborismo e intervenir en los debates internos será visto, en la mayoría de los casos, como una interferencia “entrista” deshonesta —y, seamos claros, en el caso de algunos grupos será entrista y deshonesta— y eso intensificará el problema. Los que apoyan a Corbyn responderán al desafío político manifestando, pragmáticamente, lealtad al partido. El éxito electoral no llevará, claramente, a cuestionarse la política electoral. Al contrario, la narrativa de la «larga travesía», para muchos antiguos miembros del laborismo, se reforzará por este éxito.

Al igual que la participación de los “intrusos” solo fue tolerada sobre la base de que repartíamos los panfletos laboristas, las reuniones del partido seguirán siendo, en la mayor parte del país, hostiles a la política radical tras las elecciones. Los activistas experimentados en Left Unity o en otros grupos podrán afrontarlo y mantenerse bajo presión, pero sería un error animar a los activistas del nuevo movimiento de Corbyn a que se unan realmente al laborismo para que se asfixien dentro. No ganaremos gente para nuestra política animando a afiliarse al Laborismo, lo que les conducirá a la laberíntica máquina del partido si es que no salen repelidos de la política en general por la experiencia.

Los miembros de Left Unity tienen que dejar claro a los activistas laboristas con los que trabajaron durante la campaña que no tratan de ser parte de la política del aparato interno del partido y que participamos activamente en la campaña electoral junto a ellos, no porque quisiéramos que todo siguiera igual sino justamente porque queríamos crear condiciones para que pudiera surgir algo diferente. Nos mantuvimos fuera del Partido Laborista porque eso permitía mayor margen de maniobra y, más que nunca, debemos tener ese margen de maniobra para ser un amigo crítico de los pocos nuevos diputados del ala izquierda, para hacer campaña contra los recortes llevados a cabo por los gobierno locales laboristas y para construir un auténtico movimiento de masas en torno a Corbyn que opere más allá de los límites impuestos por los miembros del laborismo y de la restrictiva lealtad al partido como tal.

En lo sucesivo, cualquier éxito para Corbyn y para el recién renacido movimiento laborista que él ha hecho posible dependerá de una ruptura radical con antiguas asunciones del partido sobre la política británica. Hay que decir a los nuevos amigos del Partido Laborista que es necesaria libertad de movimiento para ser capaces de construir algo más allá de este éxito electoral y eso significa que nosotros, y ellos junto a nosotros, debemos empezar por cambiar de forma el terreno político.

Parte decisiva de este cambio de forma del terreno que el movimiento de Corbyn debe acometer, con serias consecuencias para la política del laborismo oficial, es qué hacemos respecto al laborismo escocés. El éxito de Corbyn al sur de la frontera está íntimamente ligado con el éxito del movimiento independentista al norte de la frontera, un movimiento que debe romper con el Scottish National Party, con el que está tan asociado. El laborismo escocés hizo una campaña audaz y, como en el caso de antiguos diputados laboristas de toda Gran Bretaña que sabía que debía ponerse manos a la obra si querían conservar sus asientos, fue relativamente leal a Corbyn durante el periodo electoral. Sin embargo, el laborismo escocés trabajó con el otro partido unionista, el conservador, para tratar de bloquear al SNP. Los unionistas consiguieron reducir el voto al SNP un 13% y arrebatarles 21 asientos (12 los tories, 6 los laboristas y 3 los Lib Dem). Este éxito unionista limitó la victoria de Corbyn, pues hizo imposible una alianza táctica con el SNP para formar un gobierno anti-austeridad. Junto a ello, el aumento de escaños del Partido Unionista Democrático (DUP) en Irlanda del Norte (de 8 a 10) y el rechazo del Sinn Féin de ocupar los 7 escaños que ganó, harán posible, al menos en el corto plazo, un gobierno conservador-unionista. Left Unity debe ahora defender la independencia escocesa —este es uno de los puntos clave que complicarán o harán imposible a sus miembros unirse al partido laborista— y animar a que Corbyn construya alianzas tácticas contra los conservadores.

Left Unity debe también, como parte de esta presión continua al partido laborista hecha desde fuera, defender el derecho a afiliarse al laborismo. Esta política declarada públicamente de Left Unity —que nos vemos como una parte del movimiento de masas de Corbyn— debe ser la base de cualquier tipo de reuniones y campañas con los aliados dentro del partido. Hemos trabajado más allá de los límites del partido durante la campaña electoral y debemos trabajar ahora más allá de esos límites. Los Verdes se han mantenido también como una fuerza creíble, no sólo conservando su escaño en el Parlamento sino echándose a un lado en algunos distritos y haciendo campaña por el laborismo, operando como uno de los modelos de política independiente de izquierda en el movimiento de Corbyn. Los Verdes de izquierda son nuestros compañeros en esta lucha, en esta nueva fase de lucha que ha abierto Corbyn.

Nos conviene una fuerte presencia de izquierda en el Partido Laborista si está abierta a la acción más allá de las etapas electorales, y creemos que esta izquierda estará más capacitada para conectar con el movimiento de masas asociándose abiertamente con nosotros. Algunos de nuestros compañeros en diferentes organizaciones de izquierda, incluyendo a compañeros que formaron parte de Left Unity trabajarán dentro del laborismo en este sentido. Quizá sea posible reorientar por completo algunas secciones locales del Partido Laborista, convertirlas en bases del movimiento que Corbyn ha inspirado. Le deseamos buena suerte a aquellos que trabajan en el Partido Laborista para ello y debemos hacer lo que podamos para ayudarles. Pero sólo tendremos la fuerza para mantener y construir este perfil político independiente de izquierda si nos organizamos fuera del laborismo y ganamos tantos miembros nuevos para Left Unity como podamos, para construir ese perfil político independiente de izquierda junto con nosotros.

9/06/2017

http://leftunity.org/after-may-labour-and-left-unity/

Traducción: viento sur



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