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Venezuela
Venezuela en la disputa
11/06/2017 | Luismi Uharte

Cada vez resulta más complejo analizar la realidad política venezolana debido al incremento de las contradicciones del proceso. Además, el tratamiento de la información por parte del latifundio mediático global es más simplista, manipulador e infantilizante que nunca. A su vez, las lecturas acríticas pro-gubernamentales de algunos sectores, tanto desde dentro como fuera del país, no favorecen una comprensión más certera y dialéctica del momento presente.

En consecuencia, gran parte de la izquierda internacional está oscilando entre la repetición ingenua de las críticas diseñadas en los lugares comunes del pensamiento liberal o en una defensa numantina del Ejecutivo, incluso de alguna medida difícilmente justificable.

En este contexto, un análisis más matizado, lo que no significa de ninguna manera equidistante, exige un mayor rigor intelectual y un abordaje combinado de las siguientes dimensiones: una secuencia de los episodios centrales del último trienio; una evaluación del escenario económico-social; una sistematización de la disputa político-militar; una identificación de los agentes internacionales que están interviniendo; y una radiografía actual del chavismo.

Breve cronología

En primer lugar es importante identificar los episodios centrales del último tiempo, ya que nos van a mostrar una fotografía sintética de los movimientos más importantes de los principales agentes en disputa. La secuencia se inicia en 2014 con la activación, por parte de los sectores más extremistas de la oposición, del Plan de derrocamiento denominado ‘La Salida’, que provocó más de 40 muertos tras los disturbios violentos dirigidos por grupos ultras.

La derecha no había aceptado su derrota electoral en las presidenciales de 2013 y apostaba por la vía violenta para lograr la restauración oligárquica. El gobierno consiguió sortear el golpe y detuvo al dirigente ultra de la oposición Leopoldo López, convertido por la maquinaria mediática transnacional en un ‘demócrata de toda la vida’. A su vez, el Ejecutivo activó una mesa de negociación con la patronal opositora, intentando aplacar el boicot económico de los grandes grupos empresariales.

La relativa paz política –nunca económica-, obligó a la derecha a priorizar la vía electoral, presentándose a las legislativas de 2015, en las que obtuvo una victoria clara, logrando así el control del Parlamento tras más de 15 años en minoría. A partir de ese momento, el Legislativo se convirtió en el instrumento para bloquear las decisiones del Ejecutivo y para intentar tumbarlo. El plan de derrocamiento institucional proponía dos vías: o referéndum revocatorio o reforma constitucional para reducir el mandato presidencial. Tanto una como otra pretendían desalojar del gobierno al chavismo a lo largo de 2016.

La apuesta por la vía del revocatorio fracasó, tanto por los fraudes de la oposición en la recolección de firmas como por la táctica gubernamental de dilatar los plazos de su aprobación y dejar sin sentido su celebración. Esta postura del Ejecutivo le pasó factura entre importantes sectores de la izquierda internacional. A su vez, la suspensión de las elecciones regionales de 2016 perjudicó aún más la imagen del gobierno de Maduro, a pesar de la evidente y creciente desestabilización económica.

La parálisis institucional intentó ser superada con varios intentos de negociación en los que destacaron la mediación de UNASUR y la del Papa Francisco. La participación de actores externos, no precisamente cercanos al Ejecutivo, como los expresidentes de República Dominicana (Leonel Fernández) y del Estado Español (Rodríguez Zapatero), no fue suficiente para que la oposición apostará por el diálogo. Esta inflexibilidad de la derecha evidenció su desinterés en una salida negociada al conflicto.

Los sectores más extremistas volvieron de nuevo a cobrar fuerza al interior de la MUD, imponiendo su estrategia violenta. El primer paso fue el intento de golpe parlamentario, al estilo de los recientes de Paraguay y Brasil, promoviendo un “juicio político” inexistente en el marco jurídico venezolano y por tanto, ilegal. Mientras esto sucedía, el gobierno de Maduro volvió a cometer otra torpeza al impulsar un nuevo registro de partidos que exigía un número de avales y requisitos de tal magnitud que sólo las grandes fuerzas podían cumplirlo. La obvia consecuencia fue la inhabilitación de varios partidos pequeños, entre ellos algunos del chavismo crítico de izquierda, como Marea Socialista.

Los primeros meses de 2017 se caracterizan por el fortalecimiento de las tesis de la extrema derecha, es decir, de la línea del partido ‘Voluntad Popular’ de Leopoldo López y Freddy Guevara. Las visitas en febrero de Lilian Tintori (esposa del ultra López) a EE UU, y de otros miembros del partido, en las que se reunieron con el presidente Donald Trump, permitieron obtener el visto bueno de la nueva administración estadounidense.

La consecuencia ha sido la reedición del modelo ‘La Salida’, es decir, la generación de violencia en las calles para provocar el mayor número de muertos posible que justifique el derrocamiento de Maduro. Esto se combina con la presión continental a través de la OEA y el ataque mediático internacional contra el gobierno venezolano.

Los últimos episodios a subrayar son tres. En primer lugar, la recuperación de la capacidad de movilización del chavismo el 19 de abril, equilibrando las fuerzas en la disputa en la calle. Segundo, la decisión del gobierno venezolano de salirse de la OEA, el 26 de abril, en un gesto de dignidad soberana que pilló a contrapié a Washington y a su actual subordinado en dicha organización, Luis Almagro. Por último, el anuncio de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente el 1 de mayo, día de la clase trabajadora.

Escenario económico-social

Si existe un escenario donde la disputa es encarnizada y las contradicciones son cada vez mayores, ese es el socio-económico. Para entender qué está pasando en este terreno hay que evaluar tres aspectos: por una parte, las teorías más importantes que intentan explicar la crisis; por otra parte, las principales medidas tomadas por el gobierno; y por último, las críticas a estas, realizadas por la izquierda del chavismo.

En cuanto a las visiones que intentan explicar la profunda crisis económica debemos destacar fundamentalmente dos. Por un lado, la teoría defendida por los sectores más gubernamentales, que se centran en enumerar las diferentes variables de la guerra económica, las cuales serían: primero, la manipulación del tipo de cambio en el mercado negro, incrementando cada vez más la diferencia entre el tipo de cambio oficial y el informal y provocando, en consecuencia, una cadena especulativa descomunal en los precios de todos los productos y servicios que se ofertan en el país; segundo, el ya conocido desabastecimiento programado de bienes por parte de diversos grupos patronales, al cual se le ha agregado en el último tiempo una reducción de la producción, para multiplicar aún más, si cabe, la hiperinflación; tercero, un bloque internacional bancario para ahogar financieramente al país; y cuarto, un sabotaje a las transacciones monetarias, dificultando la adquisición de billetes en muchas entidades bancarias y dejando así sin liquidez a la población.

La otra teoría plausible que intentaría explicar la actual crisis económica, asume los citados aspectos de la guerra económica pero agrega variables exógenas y autocríticas. Por un lado, se alude a la caída de los precios del petróleo y al intento de mantener el gasto público y social al mismo nivel, lo cual está provocando un incremento severo del endeudamiento. No hay que olvidar que una gran parte del crudo venezolano es pesado y extra pesado y por lo tanto muy caro de extraer, por lo que los ingresos en el último periodo han sido muy bajos.

Por otro lado, desde una óptica autocrítica, intelectuales del chavismo alertan de las ventajas que algunas fracciones de la elite del propio chavismo obtienen de la guerra económica. Un referente intelectual de la izquierda como Javier Biardeau advierte de la articulación entre “grupos importadores, mafias cambiarias y una ‘burguesía patrimonalista’ ligada a altos cargos de la administración pública (la tecno-burocracia)”, que están lucrándose del actual deterioro económico. Además, la imposibilidad literal de subsistir exclusivamente del salario estimula el denominado “bachaqueo”, es decir, la reventa especulativa, provocando que los circuitos de la economía informal tengan cada vez más peso en el conjunto de la economía.

Medidas gubernamentales

En la orientación económica del Ejecutivo para intentar superar la crisis ha primado cada vez más el intento por generar alianzas productivas con diversos sectores empresariales, buscando, por un lado, contrarrestar la estrategia de desestabilización y por otro, incrementar la producción nacional. En el actual rumbo, de perfil más netamente neo-desarrollista, destacan tres grandes proyectos. Por una parte, el mega-proyecto del ‘Arco Minero del Orinoco’, que ampliaría la frontera minera en más de 100 000 km2, para explotar oro, hierro, níquel, carbón, etc. Una actividad que podría generar, según el gobierno, de 3 a 4 mil millones de dólares anuales, pero que ha provocado un rechazo muy fuerte de sectores ecologistas y del chavismo crítico. Por otra parte, la flexibilización de convenios en la Faja Petrolífera del Orinoco, para atraer más socios internacionales. Por último, la creación de ‘Zonas Económicas Especiales’, facilitando la llegada de inversiones extranjeras.

Críticas y propuestas de la izquierda chavista

Tanto el chavismo opositor como grupos críticos al interior del chavismo oficial coinciden en criticar algunas de estas medidas y plantean un cambio de rumbo. Por un lado, alertan del crecimiento preocupante de la deuda externa y plantean la suspensión del pago y una renegociación. Los intereses que la mafia bancaria internacional está obligando a pagar a Venezuela son absolutamente desproporcionados y han vuelto a poner sobre el tapete la urgencia de una auditoria de la deuda.

Por otro lado, la desaparición progresiva del control de precios de muchos productos básicos, como consecuencia de la presión de sectores empresariales, no ha servido para estabilizar precios, por lo que la dificultad de acceso a alimentos y medicinas se ha incrementado. Los denominados CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Producción) han permitido un abastecimiento directo a los sectores populares pero no parecen en absolutos suficientes para garantizar un acceso mínimo. En consecuencia, el no pago de la deuda y el restablecimiento del control de precios son algunas de las demandas más urgentes del movimiento popular.

Disputa político-militar

A la explicación más estrictamente económica hay que añadirle una serie de claves tanto del ámbito político como del militar, para entender en toda su complejidad la disputa entre los diversos grupos de poder.

La oposición de derecha nucleada en torno a la MUD opera en clave político-militar, más allá de que su fachada pública sea la de una coalición tradicional de partidos. Aunque hay sectores, minoritarios, que no comparten las orientaciones más extremistas, en la actualidad la línea dominante es la impuesta por los grupos más ultras y violentos, una realidad ocultada sistemáticamente por el latifundio mediático global.

La actual apuesta por reeditar ‘La Salida’ es la evidencia más clara. Estaríamos ante una ‘Salida reloaded’ (Wollenweider) o ‘Salida II’, pero más sofisticada. El objetivo expreso es provocar el mayor número de muertos e intentar, gracias a la manipulación grosera de los mass media internacionales, achacárselos al gobierno y justificar un alzamiento militar o una intervención externa.

La ‘Salida II’, en primera instancia, combina una fachada pacífica de día, con manifestaciones convencionales, con violencia extrema nocturna provocada por bandas criminales a sueldo. La violencia alterna la destrucción de infraestructura pública con asesinatos selectivos. Reinaldo Iturriza enumera una serie de instituciones públicas que están siendo atacadas de manera sistemática y en muchos casos incendiadas, como hospitales, centros educativos, transporte público, centros de distribución de alimentos. A esto se agrega el sabotaje del servicio eléctrico. En síntesis, prácticas propias de una guerra asimétrica.

Una de las novedades de ‘La Salida II’ es el intento de replicar el control territorial, que la extrema derecha aplica en urbanizaciones pudientes, en barrios populares, para evidenciar su avance territorial y simbólico. Hasta el momento se les está haciendo difícil aunque han logrado encender la mecha en algunos territorios de Caracas antes inexpugnables. Otro aspecto crucial es identificar quienes operan de manera coordinada en las acciones violentas. Aquí destacan 3 perfiles que se complementan mutuamente: bandas de delincuencia común a sueldo, paramilitares y policía de algunas alcaldías y gobernaciones controladas por la oposición.

El asesinato, en muchos casos, de personas de sus propias bases, se está repitiendo y está resultando muy efectivo para justificar el incremento de la violencia opositora y desacreditar al gobierno internacionalmente. En otros casos instrumentalizan muertos del lado chavista y los presentan a través de sus aliados mediáticos como asesinados por el “régimen”. Un proceder clásico de las denominadas “Revoluciones de colores” que se han conocido en los últimos años en distintos países, según Franco Vielma. La prestigiosa socióloga Maryclen Stelling caracteriza el momento actual como muy similar al ambiente golpista de 2002.

La guerra psicológica se despliega también de diferentes formas. El lanzamiento de los denominados ‘puputovs’ (botes de excremento humano) contra la policía chavista, es una de las nuevas tácticas de la extrema derecha, buscando degradar, deshumanizar y desmoralizar a unas fuerzas de orden, que en muchas manifestaciones han sido obligadas a no portar armas de fuego, aunque los grandes medios lo omitan. Unos puputovs que simbolizan la esencia del proyecto que traen bajo el brazo estos sectores.

Agenda gubernamental

En esta confrontación cada vez más abierta, el chavismo responde en el plano militar a través de cuatro agentes. En primer lugar, las Fuerzas Armadas, garantes oficiales del Estado de Derecho en el país, y sobre todo, institución que hasta el momento ha manifestado una lealtad bastante sólida al gobierno electo democráticamente y a la Constitución aprobada por la mayoría de la población en 1999. El factor golpista del ejército habitual en otros países, en Venezuela parece que todavía no tiene mucho recorrido, a pesar de algunas desafecciones esporádicas.

Otro agente central son las milicias populares, creadas hace más de una década y en las que cientos de miles de personas han sido entrenadas para responder si la escalada golpista se descontrola. Paralelamente tenemos a decenas de colectivos populares presentes en las barriadas del país, con experiencia en el terreno militar. Un último actor a destacar, según Vielma, son las recién creadas OLP (Operaciones para la Liberación del Pueblo), grupos operativos encargados de desarticular bandas paramilitares y recuperar territorios estratégicos en la frontera con Colombia.

En el terreno político, la propuesta más reciente y controvertida del gobierno ha sido la Asamblea Nacional Constituyente. Una propuesta, según el ex vicepresidente Elías Jaua, para parar el golpe de Estado, la guerra civil y la intervención extranjera. Una propuesta que tiene como objetivos formales institucionalizar el sistema de misiones sociales, poner las bases jurídicas del nuevo modelo post-petrolero y dar rango constitucional al Poder Comunal. Planteamientos, sin duda, compartidos por una gran parte del chavismo y de la población.

Sin embargo, el modelo de elección y sobre todo de postulación de candidatos ha generado rechazo no solo en la derecha sino al interior del chavismo y en parte de la izquierda internacional. El gobierno plantea dos tipos de elección, uno convencional, es decir, territorial, y otro por sectores. El segundo implica que la mitad aproximadamente de los y las asambleístas serán elegidos entre una serie de “sectores” (movimiento obrero, empresarios, indígenas, comunas…), en vez de elegir a candidatos de partidos, lo cual se interpreta como una vía para corporativizar voto y asegurarse una mayoría. Aunque todavía no está resuelto como se materializará definitivamente el proceso eleccionario, el modelo propuesto es difícilmente defendible, y perjudica la imagen de un gobierno incluso entre sus sectores de apoyo en el exterior.

Actores internacionales

En esta disputa política interna el papel de los agentes externos es cada vez más importante. El principal aliado de la derecha es obviamente Washington, quien ha ido incrementando su hostilidad desde 2015. Primero, con Obama, con su “orden ejecutiva” en la que declaró a Venezuela “una amenaza para EE UU”. Posteriormente con la instrucciones del Departamento de Estado al secretario de la OEA para que expulsara a Venezuela de su seno. Paralelamente, la injerencia de la CIA en la desestabilización económica y militar es cada vez más indiscutible. A su vez, las Fuerzas Armadas de EE UU han advertido que una intervención armada “no es descartable”. El pasado mes de abril, el Jefe del Comando Sur pidió una “respuesta regional” a la crisis en Venezuela. Por último, la salida de Venezuela de la OEA recuerda mucho a la expulsión de Cuba a principios de los años 60.

El contexto regional ya no es tan favorable para Caracas y el Mercosur ha jugado un papel protagonista en los últimos tiempos, al desplazar ilegalmente a un socio como Venezuela. La entente formada por los presidentes conservadores de Brasil (Temer), Argentina (Macri) y Paraguay (Cartes) ha logrado expulsar de facto al país caribeño y abortar la posibilidad de un Mercosur más equilibrado y más social.

El latifundio mediático global, por su parte, está cumpliendo una función muy efectiva en criminalizar al gobierno de Maduro y blanquear a la oposición. Analistas muy críticos con el Ejecutivo como el sociólogo Emilio Terán denuncian la hipocresía mediática “preocupada” por los derechos humanos en Venezuela, mientras silencian los asesinatos sistemáticos de izquierdistas en Colombia y México (y en Honduras, agregaríamos). Paralelamente, se han convertido en sostenedores y legitimadores del terrorismo opositor, el cual es presentado como la lucha de un pueblo pacífico.

Los Chavismos en plural

El Chavismo, como identidad política hegemónica y aglutinadora de los sectores revolucionarios y populares ha ido sufriendo crisis internas e incluso rupturas, por lo que se torna necesario entenderlo en plural y sobre todo caracterizar a cada uno de sus grupos. Consideramos que destacan tres sectores, aunque obviamente la constelación política chavista es más compleja y fragmentada.

En primer lugar tenemos al chavismo en el Poder y a su base más fiel y oficialista. Al ser el grupo más numeroso y organizado, hay que advertir que está compuesto por perfiles diversos tanto en términos clasistas como ideológicos. Conviven tanto revolucionarios honestos (en la dirección y en las bases) como fracciones de oportunistas y grupos parasitarios. Estos últimos son los que desprestigian cada vez más al gobierno y el Estado.

En segundo lugar destaca el chavismo crítico no opositor. En este espacio se encuentran miles de militantes de organizaciones populares muy críticos con la dirigencia. No comparten el pacto económico con un sector empresarial porque supone un retroceso en la agenda socialista y siguen denunciando a las fracciones corruptas y contrarrevolucionarias que parasitan al interior de la elite del poder. Sin embargo, siguen sosteniendo al gobierno y articulándose con él para enfrentar la estrategia desestabilizadora de la derecha.

Por último, el sector más minoritario, aunque en crecimiento, es el del chavismo crítico opositor, es decir, grupos como el partido Marea Socialista o la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución (en la que participan algunos/as ex ministros/as de Chavez), que se salieron del PSUV e incluso del Gran Polo Patriótico y que están haciendo la apuesta por construir un chavismo disidente y alternativo que le pueda disputar el poder al oficial.

Conclusiones

Las perspectivas para el chavismo, a corto y medio plazo, no son especialmente favorables, no solo por su fragmentación política interna sino porque el nuevo golpe en marcha (‘La Salida II’) se da en unas condiciones objetivas y subjetivas peores que en el 2014 (recesión prolongada, agudización de la precariedad, mayor apatía y desafección con el gobierno). A un año medio de las elecciones presidenciales de 2018, el chavismo en el Poder tendrá que reconducir profundamente el timón si quiere aspirar a una victoria electoral.

Mientras tanto, el chavismo de base, el de los militantes anónimos, con perfiles más oficialistas o más críticos, saben que están condenados a seguir sosteniendo a un gobierno en crisis y con profundas contradicciones. Lo saben porque tienen más claro que nadie, que si la MUD y sus huestes reconquistan el Estado, la factura que le harán pagar al movimiento popular será descomunal. Lo saben porque son más conscientes que nadie, que el conflicto histórico entre proyectos y clases antagónicas sigue tan vigente como siempre.

8/06/2017

Luismi Uharte, Grupo de Investigación Parte Hartuz-America Latina (Universidad del País Vasco)

http://www.alainet.org/es/articulo/185934 y http://www.alainet.org/es/articulo/186032



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