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Catalunya ante el referendum
Llamada a las izquierdas: unilateralidad y fraternidad van juntas
09/06/2017 | David Caño y Marc Casanovas

Versión original en catalán: http://www.elcritic.cat/blogs/sentitcritic/2017/06/08/unilateritat-i-fraternitat-van-juntes/

La izquierda social y política de nuestro país está atravesada por "dos verdades" que, como en la tragedia griega, las enfrentan partiendo por la mitad la posibilidad de construir ese "bloque histórico", aquel marco de intervención de las clases populares a las que todos apelan y conjuran desde las tribunas, con las manos alzadas, mientras se les escapa entre los dedos la arena rebelde, indignada e insumisa de aquellas mismas fuerzas populares que los impulsaron hacia esas mismas tribunas.

Desde las consultas municipales por la independencia de 2009 hasta el salto cuántico de las masivas movilizaciones del 11-S de 2012, el movimiento soberanista levantó un movimiento de masas desde la unilateralidad que hizo tambalear el actual sistema autonómico, impuso una agenda de ruptura y confrontación permanente con el Estado que, no lo olvidemos, fue construido a través de pactos y acuerdos entre élites de aquí y de allí.

Las inmensas energías sociales que desencadenó el 15-M en 2011, impugnando en clave destituyente el sistema de partidos y una gran parte de los consensos sobre los que se levantó el régimen del 78, hizo emerger, desde la fraternidad, mil y una iniciativas ciudadanas en Catalunya y en todo el Estado español que se retroalimentaron entre ellas. Estas iniciativas pusieron en la agenda política la necesidad de generar nuevas institucionalidades, nuevas formas de autoorganización social y de lucha que pudieran definir desde abajo marcos de democracia y soberanía reales; que nos permitieran construir en clave constituyente qué sociedad queremos -educación, sanidad, vivienda, derechos sociales y laborales, pobreza energética, feminismo, defensa del territorio ... - a través de iniciativas y formas de autoorganización como "rodear el Parlamento", " juntes Podem ", iniciativas legislativas populares (ILP), Multireferèndum, mareas verdes y asambleas Grogues, mareas blancas, las PAH, marchas de la dignidad, auditorías de la deuda, asambleas de barrio y un larguísimo etcétera.

La república catalana y el proceso constituyente visibilizaron las potencialidades políticas de esta sinergia

Estas dos grandes explosiones sociales no permanecieron aisladas una al margen de la otra. Los vasos comunicantes fueron visibles desde el primer momento y la voluntad de contraponerlos por parte de la derecha catalana (tachando de "españolista" el movimiento de los indignados) fue evidente. De hecho, la iniciativa del Proces Constituent de "rodear la Caixa" el 11 de septiembre de 2013 fue un primer intento de hacer patente esta realidad y visibilizar las potencialidades políticas de esta sinergia que se estaba dando en las luchas sociales: abrir un proceso constituyente por abajo, entre todas decidirlo todo. La “República del 99%" no distinguía entre independentistas, federalistas o confederalistas, no seleccionaba entre los diferentes sentimientos nacionales de sus actores. Apelaba al cambio de conciencia que había operado en grandes sectores de la sociedad hacia el sistema de partidos y los poderes económicos, y apelaba a la profundización de unas fuerzas destituyentes/ constituyentes que ya estaban en marcha aquí y en todo España.

República catalana y proceso constituyente desde abajo fueron la síntesis de esta irrupción popular en Catalunya, que no se desentendía de la crisis de régimen abierta en todo el Estado y en Europa, sino que postulaba consolidar y construir nuevas alianzas con todas las fuerzas sociales y políticas que había desatado el nuevo periodo, para abrir procesos constituyentes (cada uno con su tempo y su intensidad variable) que profundizaran en esta crisis de régimen. Cuanto más fuertes fueran estas alianzas fraternas con los procesos de lucha abiertos en todo el Estado y del sur de Europa, más profunda sería la crisis de régimen y más viable sería abrir un camino unilateral en Catalunya que no dejará la iniciativa del Proceso en manos de la derecha y su agenda social. Porque, sin duda, la enorme potencia de transformación y ruptura se obtenía al situar en un mismo horizonte político el malestar social fruto de unas políticas corruptas y de austeridad y la oportunidad real en Catalunya de abrir un proceso de construcción de la república catalana donde fuera posible decidir y cambiarlo todo, donde las clases populares pudieran convertirse en un sujeto protagonista en la construcción de esta nueva institucionalidad que debía dar respuesta a sus intereses y necesidades.

Por una política no heterónoma

Si algo aprendimos del 15-M, es que era posible romper con la ley del péndulo que ha marcado la izquierda social y política desde sus inicios: la doble ilusión que señalaba Marx de la autosuficiencia en el ámbito social o de la suficiencia en el ámbito político. Es decir, si algo puso sobre la mesa la irrupción de este movimiento, es la necesidad de hacer una política no heterónoma y romper con la división social del trabajo entre los movimientos sociales y los partidos políticos a través de una socialización del político y de una politización de lo social.

El movimiento del 15-M no actuó como lobby de presión hacia los partidos existentes o (peor aún) como correa de transmisión de los mismos, sino que impugnó su misma forma de existencia (profesionalizada, burocratizada, incrustada en la lógica y los tempos institucionales ), y levantó nuevas formas de autoorganización y de acción popular que les permitieran intervenir directamente en todos los niveles, manteniendo su autonomía estratégica y su poder de decisión en sus acciones y formas de intervención. Combinar una impugnación al sistema institucional y de partidos ligada a una voluntad de construir / repensar nuevas formas de vida lejos de esta mercancía en la que nos habían (querido) convertir.

Cualquier nueva forma de mediación partidaria que quisiera traducir esta energía en fuerza institucional destituyente, pues, tenía que interiorizar organizativa y programáticamente estas nuevas formas de intervención y su radicalidad democrática. Si algún significado debería tener el significante vacío de "la nueva política", es este: romper la división social del trabajo entre partido y movimientos, entre representantes y representados, entre líderes / portavoces y las bases, entre expertos y no expertos, entre los que piensan y los que actúan, entre los que hacen política y los que sólo votan con urnas o telemáticamente ... las elecciones municipales, catalanas y generales sirvieron para impugnar las viejas fuerzas políticas. La CUP (o en ese momento las CUP) enseguida se sintió cómoda con este nuevo ciclo que se abría y, a pesar de algunas voces que acusaban al movimiento de los indignados de ser excesivamente ciudadanista o con demasiados vínculos con Madrid, la organización supo valorar su municipalismo de transformación, el asamblearismo de base y su crítica a los liderazgos y a la vieja política (la famosa triple impugnación al régimen desde el caballo de Troya).

El mundo de los comunes y Podemos, por su parte, aprovecharon como nadie el impulso transformador del 15-M para articularse como propuesta política de confluencia, ganadora, y tratar de cambiar el mapa político-institucional de Catalunya y del estado español. Las elecciones municipales, catalanas y generales dibujaron un mapa impugnador de las viejas fuerzas políticas en Catalunya y del bipartidismo en España absolutamente impensable sólo algunos años atrás.

En el ámbito municipal aparecieron candidaturas de confluencia, de ruptura y de transformación que lograron cientos de representantes en los ayuntamientos y alcaldías importantísimas como las de Barcelona, ​​Badalona, ​​Berga o Ripollet. En clave catalana, la CUP triplicó la representación y los comunes supieron traducir también en el ámbito institucional y electoral las alianzas fraternas con el resto del Estado español, que el 15-M inauguró, siendo la fuerza política más votada en Catalunya en las elecciones generales, sumado a los buenos resultados de Podemos, a pesar de que el régimen se haya cerrado por arriba con un acuerdo a tres bandas entre el PP, Ciutadans y el PSOE.

Gracias a estas alianzas, sin embargo, el referéndum de Catalunya ha adquirido una aceptación social en el resto del Estado español también impensable sólo hace un par de años, al tiempo que ha marcado la agenda política y ha condicionado los intentos de recomposición del sistema de partidos del 78.

El referéndum, un éxito de la vía unilateral

Pero es más que evidente que el impacto de este referéndum en la línea de flotación del régimen del 78 no habría sido posible sin la acción unilateral del conjunto del movimiento soberanista e independentista de Cataluña. Supeditar ahora el referéndum a las posibles futuras mayorías en España es sacar toda la capacidad de iniciativa y de autonomía a estos movimientos que han sabido levantar desde Catalunya uno de los instrumentos de ruptura más potentes de los últimos tiempos contra el régimen del 78. De hecho, pensamos que sería un error poner limitaciones jurídicas, el famoso choque de legalidades, ante este desbordamiento democrático y democratizador de la sociedad civil catalana, al tiempo que la actitud pasiva y expectante de los comunes ante este punto de tensión que articula en la actualidad una de las principales contradicciones de la política catalana los aboca cada vez más a una posición periférica de la centralidad política que habían sabido ganar en las elecciones municipales y generales. Una apuesta clara de los comunes hacia la plena soberanía catalana y la democracia real (apoyando y legitimando que el pueblo catalán pueda expresarse libremente en las urnas sin necesidad de que el Estado español le dé permiso / reconocimiento) permitiría una alianza que rompería la hegemonía en el proceso conseguida por Junts Pel Sí.

De hecho, ya vamos tarde. La izquierda parece no saber "cristalizar institucionalmente" este doble impulso social que ha marcado la política catalana y generar las alianzas necesarias mientras Junts Pel Sí ha conseguido apropiarse del ciclo movilizador independentista a la vez que lo ha reducido a una comparsa sin capacidad de tensión real en la política catalana (un papel secundario lejos de la capacidad de incidencia del 2012-2014).

Creemos que el movimiento independentismo/rupturista perdió su autonomía y su capacidad de marcar la agenda política el día que se transformó la consulta del 9-N en un "proceso participativo" y la consiguiente fuga adelante de las plebiscitarias. Y sobre todo cuando se impuso una lista unitaria a ERC y a las organizaciones sociales y políticas independentistas, vaciándolas de su poder para convertirse en un tensor en las calles, y llevándolas hacia una lógica institucional donde CDC continuaba acumulando mucho poder de decisión. La apuesta plebiscitaria de las elecciones partió el movimiento soberanista (el 80% que apostaba por el referéndum) e hipotecó la agenda social de la izquierda obligando la Izquierda Independentista gestionar unos resultados envenenados que, si bien dentro de la lógica plebiscitaria, los convertían en determinantes y en el tensor del proceso, porque Junts Pel Sí no logró la mayoría absoluta, los obligaban a garantizar la gobernabilidad de la legislatura de la mayoría independentista con una correlación de fuerzas muy desigual (el también conocido "PressingCUP ") .

Mientras tanto, una gran parte de la base electoral del pujolismo y de Convergencia ha experimentado en este proceso una mutación que ahora encuentra su "pal de paller "natural en ERC, un partido que se encuentra cómodo dentro de este equilibrio entre unas bases de izquierdas que aplauden las intervenciones de Rufián y de Tardà en Madrid y la aplicación de políticas socioliberales en el Parlamento de Catalunya. Un proceso de adaptación y transformismo permanente que parece que llevará la actual ERC, sin demasiados traumas ni dificultades, como digna heredera, a parafrasear aquella conocida consigna monárquica: "El pujolismo está muerto; viva el pujolismo ".

Por último, y en este contexto, nos encontramos con una CSQP cada vez más aislada y que demuestra diariamente que los comunes no participaron en ese proceso de articulación del dispositivo político, y, como ya hemos dicho, una CUP en contradicción social permanente, que apuesta por la hoja de ruta rupturista (agarrándose a la declaración del 9-N) y el referéndum unilateral, pero que se ha visto obligada a apoyar unos presupuestos que mantienen buena parte de las políticas de austeridad y de los recortes. Una CUP que frisa para que no vuelvan las elecciones sin referéndum (día de la marmota en bucle) demostrando el triunfo del processisme por encima de la democracia y del derecho a decidir.

Referéndum a toda costa

La apuesta por referéndum unilateral, esencialmente coherente, tanto desde un punto de vista soberanista como independentista, debe ser el punto de encuentro de las izquierdas, incorporando, sin embargo, también, la otra pata en el relato: la del reconocimiento y la fraternidad, mediante un auténtico proceso constituyente por abajo, que podría hacer levantar, ahora sí, este nuevo bloque histórico de soberanía real para las clases populares en el sur de Europa. Apostar todo a los efectos mecánicos de la represión estatal, es decir, hacer bascular el resto de la izquierda y su base social hacia la unilateralidad a base de porrazos jurídicos y reales, mientras se sostiene un Gobierno recortador, es una apuesta demasiado arriesgada. En primer, lugar para que no se tiene ninguna garantía de que Junts Pel Sí y los partidos y personas que la integran lleguen con determinación hasta el final del proceso con todo lo que ello conlleva. En segundo lugar, si tenemos en cuenta que la principal herramienta para ensanchar esta base social (una ruptura desde abajo y la izquierda en clave democratizadora) ha quedado postergada sine die (para después del referéndum) a pesar de haber declarado solemnemente desde el Parlamento de Catalunya el inicio de un proceso constituyente, participativo, abierto e integrador.

En resumen, las dos cristalizaciones institucionales de estas dos realidades que se manifestaron desde la autonomía estratégica de lo social en forma de ’unilateralidad y de fraternidad han roto sus vasos comunicantes. Y la herramienta (des) constituyente que las unía ha desaparecido. Hay, pues, reconstruir esta autonomía estratégica de los movimientos y hacerlo desde la base, desligada del tacticismo electoral. En cada pantalla presupuestaria y electoral, la derecha va impulsando de facto su propio proceso constituyente; nosotros no podemos resignarnos, pues, a este callejón sin salida estratégico. Los movimientos sociales debemos coordinar y conjurarnos en clave constituyente porque, independientemente del marco de relación que queramos o finalmente decidimos tener con el Estado español, seamos capaces de hacer valer todas las experiencias y prácticas que hemos desarrollado a lo largo de estos años desde la autoorganización y mediante la lucha. Hay que enlazar todas las pequeñas y grandes propuestas que hemos ido construyendo para definir qué educación queremos, qué sanidad, qué servicios sociales, qué relaciones laborales, económicas; en definitiva: ¿qué sociedad queremos construir, para levantar también, de facto, una correlación de fuerzas social que nos permita constituir unilateralmente soberanía real y compartida entre las clases populares aquí, los pueblos del Estado y de toda Europa?

Es necesario que las clases populares impulsen una carta de derechos sociales y un referéndum que incluya la unilateralidad. Es imprescindible articular desde la base todos los espacios que hemos ido construyendo en esta lucha contra la austeridad y los recortes y por la reapropiación de nuestras vidas. Y es necesario que esta apuesta sea autónoma y sobre todo se articule en todo el territorio. En definitiva, en un momento en que la política institucional se ha convertido en la protagonista y donde la derecha, a pesar de su capacidad de mando (tanto en Cataluña como en España), se encuentra en un momento de debilidad histórica, es necesario que la sociedad civil recupere su poder tensionador y se articule como el sujeto de transformación y de cambio que hibrida esta doble alianza y haga posible e irrumpa en este proceso constituyente de la república catalana.

En estos momentos, a pesar de las fisuras evidentes y constantes de gobernabilidad, Junts Pel Sí sigue teniendo la iniciativa y marcando la agenda social gracias a la "correlación de debilidades" y los errores estratégicos de la izquierda política. Es necesario que las clases populares recuperemos la iniciativa, en clave constituyente y democratizadora, apostando por impulsar una carta de derechos sociales en Catalunya y un referéndum que incluya la unilateralidad no como una herramienta para marcar dinámicas electorales, sino como la expresión de una soberanía que sólo se podrá ejercer si hay un presente y un horizonte lleno de rupturas constituyentes sobre la mesa. Sólo así, conseguiremos salir de este callejón sin salida en el que nos encontramos y estar en condiciones de ganar soberanías, disputar el poder a la derecha y conseguir un marco constituyente al servicio de los de abajo.

David Caño es activista y poeta y Marc Casanovas es redactor de viento sur.





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