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Un diálogo con Amaia Pérez Orozco
Cuestiones de estrategia en la economía feminista
07/06/2017 | Nadia de Mond

[Nadia de Mond subraya la importancia de la economía feminista desarrollada por Amaia Pérez Orozco -ver en viento sur "¿Espacios económicos de subversión feminista?" en viento sur 150, y su contribución al libro Con voz propia. La economía feminista como apuesta teórica y política, coeditado por viento sur -, a la vez que considera necesario desarrollar un enfoque político estratégico, para lo que da algunas pistas ]

Las elaboraciones de las ecofeministas constructivistas –en su mayor parte de origen hispánico o latinoamericano– son sumamente interesantes por su capacidad de propiciar una reversión del pensamiento androcéntrico occidental, en particular con respecto a los fundamentos de nuestro sistema económico. La puesta en entredicho del pensamiento dominante adquiere una dimensión tan profunda que para mí solo puede compararse –en el terreno feminista– con el surgimiento en Italia, en la década de 1980, del llamado pensamiento de la diferencia, con la diferencia de que este último –que ha cundido en todos los ámbitos durante 30 años– se oponía claramente a un enfoque materialista histórico y dialéctico, así como a una óptica de construcción de un sujeto colectivo de cambio.

Fruto de su tiempo y en total sintonía con la nueva oleada del movimiento feminista en pleno apogeo, Amaia Pérez Orozco integra perfectamente en su obra la intersección de clase, raza, género y otros ejes de opresión, pero con un énfasis particular y constante en la lectura de género como opción metodológica, en el análisis de las contradicciones del sistema actual y en la proyección de un sistema completamente distinto. Situando la reproducción colectiva de la vida en el centro, la “cuestión de las mujeres” nunca es complementaria a un análisis económico, político y social. Sitúa a las mujeres en el centro y habla al mundo. ¿Una visión ginocéntrica?

Resulta fascinante y convincente su metáfora del iceberg, que denuncia la inadecuación de la economía masculina, tanto burguesa como marxista (en gran medida), que no se limita a examinar el epicentro, mientras todos los fundamentos en que reposa, sumergidos, permanecen invisibles o, mejor dicho, invisibilizados. O por lo menos excluidos de lo que se considera que es la Economía. Este nuevo paradigma –porque de esto se trata, ni más ni menos–, que nos reta a poner en tela de juicio nuestros conceptos económicos básicos: el trabajo, el valor, la producción…, revela la estrechez e inadecuación de los modelos de interpretación económica existentes hasta ahora.

Sobre este modelo de interpretación han escrito y elaborado mucho las ecofeministas constructivistas en este comienzo de siglo, ofreciéndonos nuevos instrumentos para el análisis y ladrillos (material de construcción) para un nuevo modelo –una utopía realizable– de sociedad que el calificativo de socialista, o siquiera ecosocialista, ya no sirve para describir. No se trata de una teorización en frío, ajena a la realidad social, sino estrechamente vinculada a los miles de experiencias de construcción de otra economía más o menos insertas, acomodadas, o bien contradictorias, marginadas y conflictivas con el sistema actual. Y cuando digo “economía”, hablo evidentemente de la concepción feminista de la economía, es decir, de la esfera reproductiva y de la esfera productiva vinculada a ella y posiblemente subordinada.

Sin embargo, como subraya Amaia Pérez Orozco en el texto, para valer como paradigma radicalmente alternativo al sistema capitalista heteropatriarcal, estos experimentos ya existentes deben situarse en el horizonte de una revisión radical de los valores que subyacen a nuestra convivencia social y ambiental y a nuestra misma existencia. ¿Qué hace que valga la pena vivir? ¿Qué porción de nuestra vida –limitada– queremos dedicar a la producción de bienes materiales y qué porción al cuidado de las relaciones humanas, al conocimiento del mundo y de la biosfera que nos rodea, a la contemplación, al arte y al bienestar psicofísico? ¿Cómo podemos alcanzar estos objetivos?

Ahora, una vez subrayada la importancia histórica de esta línea de pensamiento, quisiera plantear algunos aspectos críticos, que me inclino a considerar no una contraposición, sino un posible terreno de encuentro con el añadido de un enfoque político estratégico propio de nuestra corriente marxista revolucionaria.

El posicionamiento anticapitalista de teóricas ecofeministas como Amaia Pérez Orozco, Yayo Herrero y otras es explícito. De hecho, se expresa varias veces en este texto, cuando se dice que “no es simplemente sacar a la luz lo invisible, sino dinamitar el iceberg” y que es necesario “sacar el poder y los recursos de los circuitos de acumulación de capital, revisando estructuras como la propiedad privada y el papel del dinero”. Lo que echo en falta en esta línea de pensamiento es el cómo. Su debilidad se sitúa en el plano político-estratégico. ¿Cómo se dinamita el iceberg? Dicho de modo menos metafórico: ¿cómo se rompe el monopolio de los poderes fuertes sobre la economía? No se trata de un monstruo abstracto, y difícilmente identificable, que ella denomina “esa Cosa escandalosa”, sino de centros económico-financieros imbricados con instituciones político-militares nacionales y transnacionales concretas.

Hemos asumido plenamente la lección del siglo XX de que no basta con “ocupar” los espacios de poder institucional, locales o (trans)nacionales, mediante la participación electoral o la conquista revolucionaria, sino que, por el contrario, este poder hay que construirlo desde abajo con organismos y mecanismos de autogestión. Pero al mismo tiempo estos organismos de poder popular de abajo como tales –sin el choque con el Estado existente– no bastan para subvertir el sistema económico (y por consiguiente social, cultural, ideológico) existente. Debemos profundizar nuestra reflexión, y nuestra práctica, sobre la combinación con estos dos niveles –el de la ampliación de los espacios de contrapoder, aquí y ahora, con el de la confrontación capaz de derribar las estructuras existentes– de construcción de una alternativa económico-ecológica, a partir de las relaciones de fuerza que consigamos establecer.

Amaia cita tres niveles de subversión de la economía: 1° el macroeconómico, que consiste fundamentalmente en las prácticas de resistencia a la penetración de la lógica del beneficio en todos los territorios y en todas las esferas de la vida a través de megaproyectos, privatizaciones y políticas de austeridad, acumulación por desposesión, etc. y subordinación del trabajo reproductivo a la salvaguardia de este modo de acumulación; 2° el mesoeconómico, es decir, el que solemos considerar el terreno de las luchas sociales y políticas por la supervivencia y la mejora de las condiciones de vida; lo que ella llama “arrancar pedacitos de vida al capital”; 3° el microeconómico, que comprende prácticas económicas que subvierten el sistema a partir de la actividad cotidiana.

En este terreno es interesante ver cómo el texto se remite a las prácticas de lucha existentes con una perspectiva de superación del marco dado. Amaia reconoce, por ejemplo –contrariamente a otros ámbitos postobreristas–, lo que es solo aparentemente una contradicción, a saber, la lucha por mejorar las condiciones del trabajo asalariado mientras el horizonte histórico es el de la abolición del trabajo asalariado y la superación de la distinción entre trabajo productivo y reproductivo. O bien la defensa, crítica, de lo público –aunque burocratizado, calcado sobre la estructura de la familia nuclear heteropatriarcal, normativo– mientras trabajamos por una versión cualitativamente distinta de lo “común”.

¿De qué modo nuestros espacios autogestionados y desmercantilizados pueden insertarse, estratégicamente, en la batalla por derribar el sistema dominante y no ser únicamente espacios efímeros de resistencia y entrenamiento para la utopía? ¿Cómo pueden funcionar nuestras experiencias de economía social y solidaria según criterios feministas? ¿Garantizando la propia sostenibilidad financiera y también la propia sostenibilidad reproductiva, entrando y saliendo de un marco sistémico de explotación económica, de alienación existencial y de atropello a lo largo de varios ejes de opresión? ¿Cómo abolimos la división sexual de trabajos en estos espacios –provisional y parcialmente– liberados, así como en las relaciones personales y en los ámbitos microeconómicos de las “familias de elección”? Estas son las preguntas que nos parece interesante abordar conjuntamente.

Nadia de Mond. Autora y activista feminista italiana.

5/2017

Traducción: viento sur





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