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Trabajo, automatización, libertad
Sigamos debatiendo
06/06/2017 | Pierre Cours-Salies

[Antoine Artous ha presentado la reedición de una obra de Pierre Naville, Hacia el automatismo social? 1/, en el nº 30 de ContreTemps (“Trabajo, automatización y libertad, http://vientosur.info/spip.php?article11667); Pierre Cours-Salies, que contribuyó a la publicación y escribió un importante prefacio, continúa el debate.]

No retomaremos aquí desarrollos, que serían interesantes, tanto sobre los autores contemporáneos del libro de Naville (Henri Lefebvre, André Gorz, Radovan Richta...) como sobre los desarrollos contemporáneos de las mismas transformaciones del trabajo a escala mundial.

Ni tampoco sobre la cuestión esbozada por una alusión de Antoine Artous: la aprobación, al menos parcial, de los análisis de Naville sobre la condición salarial en la URSS, diferentes de los de Ernest Mandel. Esa es una dimensión del problema, en El Nuevo Leviatán, tomo 2, de la que no he querido tratar en el prefacio, ya suficientemente amplio. Pero sería interesante volver sobre esa cuestión, que implica un reexamen completo del proyecto de una revolución democrática, de los análisis de Marx en la Crítica del Programa de Gotha 2/, pasando por “El siglo soviético 3/, como de los intentos y los debates sobre la autogestión.

Antoine Artous reacciona a la propuesta, expuesta en el prefacio, de un cambio del estatuto de la clase asalariada, presentado como una prolongación de los análisis de Pierre Naville. ¿Como, se pregunta, una exigencia de “salario garantizado para toda la vida”puede “inscribirse en una problemática de abolición de la condición salarial, mientras que precisamente se trata de codificar un estatuto de la clase asalariada”?. Igualmente, él retoma más o menos a su cuenta una opinión de Jean-Pierre Durand 4/ que me parece completamente errónea: “si se relee con atención a Pierre Naville, lo que nos propone es superar el capitalismo sin revolución social, mediante una profunda transformación de la técnica...”. He aquí dos excelentes ocasiones para comprender mejor en toda su actualidad la aportación del análisis de Pierre Naville.

Retomemos una cuestión central: la dependencia de los hombres y las mujeres respecto al trabajo y las vías y medios de una auto-organización que permita sobrepasar y abolir la relación salarial capitalista. Sin divergencias conmigo en este tema, creo que A. Artous dice la misma cosa que Naville: mediante las luchas de clases es posible alcanzar una situación en la que “ciertamente, la explotación habrá desaparecido, pero sin embargo las personas individuales no tendrán acceso directo a los medios de producción, como los artesanos”. Existirá pues una “institución específica a través de la cual las personas individuales pondrán su fuerza de trabajo a disposición de la sociedad”.

No obstante, se imponen algunas precisiones.

¿De dónde vienen los “automatismos”?

La descripción del origen de las “producciones asistidas por ordenadores”(PAO) es demasiado poco conocida. Su generalización, incluyendo el robot de pintura, o la gestión de los almacenamientos, o las cajas automatizadas en las grandes superficies, da la imagen de los demiurgos cuyos hallazgos de laboratorio serían inteligentemente utilizados por una patronal iluminada.

Más vale describir y analizar.

Dos ejemplos: la acería y la cementera

En lo que respecta a puesta a punto de la PAO de una acería, resumiría aquí una “observación de campo” 5/.

A unos días de jubilarse, el operador del mando central había aceptado contar a sus más jóvenes camaradas de trabajo como era “antes”:él había vivido todos los ensayos de puesta a punto de esa caja de conexiones que incluía las conexiones entre el estado del acero líquido en la retorta (horno, ndt) y los productos a incorporar, en el debido momento, para producir el acero de la calidad deseada.

Estaba ante su ojo minúsculo 6/con el que seguía el estado del lechero; cuando aparecía un ligero matiz de color sabía que era necesario más mineral, más cal... Y lo decía muy fuerte, con un megáfono en medio del ruido de la acería; mientras que un grupo accionaba las máquinas pesadas para verter los centenares de kilos necesarios, según los momentos... Cuando los señores de la dirección de la fábrica quisieron cambiar la forma de producir, le propusieron trabajar en los ensayos. Se le pedía que dijera en un micro lo que veía y las directivas que daba eran registradas de este modo: “había quizá un centenar de captadores, sistemas eléctricos que registraban” sus gestos; al cabo de varias semanas ese equipo empezó a funcionar.

Los servicios de laboratorio volvieron para recomenzar las mismas observaciones pero con menos captores de todo tipo. Debía verificarse una primera configuración del programa y con ecuaciones de menos datos observados, pero con suficiente fiabilidad.

Fueron necesarios varios ensayos. Después se pasó a una nueva fase: una especie de doble pedido, en la que debía dirigir siempre a ojo mientras que la PAO desfilaba sobre una pantalla construida a medida de ramales nuevos sobre la misma máquina, en diversos lugares del horno. Tras verificaciones, ensayos y algunas explicaciones, la misma potencia de la máquina, por usar la expresión de Marx, se expuso a los actores de terreno –como se dice obreros o agentes técnicos, insistiendo sobre toda la aportación de la ciencia tecnológica y de los ingenieros.

“De hecho, decía designando al ordenador y el mando central de control, lo que hay dentro es lo que se sabía hacer anteriormente. Evidentemente, con menos calor, menos accidentes...”. Ninguno de ellos juzgaba obsoleta la antigua instalación por haberse automatizado. Pero verdaderamente temían que ese no fuese el razonamiento fundamental de los patronos, del gobierno y de Bruselas.

El operador central debía prometer volver con la misma narración a otros puestos durante los días siguientes. Sus camaradas de trabajo y algunos sindicalistas presentes consideraban muy importante que todos los obreros supiesen de dónde venían en realidad esos saberes y esas máquinas.

En la cementera hay cal, mucha tierra y también el lechero. Sin duda lo más divertido es el recuerdo de la gruesa metedura de pata de una gran empresa cementera que costó muy caro: puesto que en el laboratorio había una fórmula de fabricación del cemento, se podían variar las calidades según el producto deseado; bastaba con construir una fábrica de talla mediana, al menos para probar.

Nunca funcionó. ¿Que tenía de superior el ojo del cementero observando a su lechero? Su capacidad de adaptarse a la diversidad de los suelos: se quiera o no, la alimentación de la cementera se hace en fila y las llegadas en camiones no pueden ser homogéneas. El obrero cementero observa y dice cómo regular las preparaciones para obtener cemento. Como el obrero siderúrgico tiene en cuenta las realidades de los minerales y de la tierra mezclados con piedras.

En el laboratorio se homogenizan los productos en función de lo que se quiera. No ocurre lo mismo en la producción realmente existente en tal o cual instalación. Incluso utilizando fábricas de pre-trituración sigue habiendo demasiadas variaciones. Y esta uniformización de los productos de base de este proceso se haría demasiado cara para hacerles puros.

Para tratar de evitar que los obreros cementeros hiciesen huelga 7/, se benficiaron durante mucho tiempo de algunas ventajas y también de una jerarquía y de promociones alrededor de las competencias técnicas comentadas y valorizadas. Sin embargo, ¿cómo evitar las contradicciones, cuando se convierten en una rama en la que las empresas francesas tienen múltiples filiales e instalaciones directas en diversos países? Anécdota significativa: para reemplazar a los técnicos superiores a los que era muy difícil pagar y hacer vivir en el Alto Atlas, la cementera contrató a pastores acostumbrados a la producción de quesos: transponiendo su saber-hacer y funcionando en doble con los obreros cementeros venidos a enseñarles, al menos era posible producir. Una historia de ciencia del trabajo, de mistificaciones, de plasticidad de las capacidades humanas: ¿imaginamos a una docena de pastores relevándose para atender los puestos de verificación de su instalación en lugar de los horarios impuestos en el marco de la producción capitalista? Una vez instalada, la fábrica de producción de cementos produce valores de uso local; visto el peso del producto, más allá de 200 km de transporte en camión se duplica el precio...

Sin duda tendríamos mucha necesidad de una producción decapante de las técnicas de producción, incluyendo esta puesta en práctica de los saber-hacer de secretarias cualificadas transformadas en logiciales en ordenadores; sin duda este es uno de los terrenos en los que la apropiación de la formación por la clase dominante es particularmente importante. ¡Todo lo que podría ser socializado, habilidades dominadas colectivamente, permanece una especie de misterio, maravillas de las innovaciones pensadas y producidas por la clase dirigente!

D’Ure 8/y Babage 9/, a los que Marx analizó mientras escribía El Capital, proponen una constante meta al trabajo de científicos, matemáticos e ingenieros: encontrar cómo hacer jugar a las innovaciones técnicas y científicas con el objetivo de producir bienes a un menor coste que el trabajo humano hasta entonces utilizado. Los gestores del capital combinan la búsqueda de la plusvalía absoluta o relativa, aparentemente en competencia.

Desde las máquinas más elementales a las más perfeccionadas, “desde que se divide la tarea en varias operaciones distintas (...), el director de la manufactura puede conseguir exactamente el quantum de destreza y de fuerza que exige cada operación(El Capital, Libro 1, sección cuarta).

Según las ramas, las fábricas, las regiones, las “coyunturas”, puede disponer de una gran habilidad en la utilización de los elementos de la plusvalía absoluta o de la plusvalía relativa.

Mientras que el capital sea el amo del tiempo...

¿Cuáles son el coste y la difusión de las máquinas automatizadas?

Finalmente, desde El Capital hasta nuestra época, ¡qué continuidad hasta la cibernética y la informatización!

Se pueden utilizar, tanto en el pasado industrial como en el presente, a escala de la globalización pero también en regiones vecinas del mismo país, las reservas de mano de obra maleable y al mismo tiempo las instalaciones de punta. Sin embargo, con los automatismos y el cambio de relación con las instrucciones, con organizaciones aceitadas unas con otras, tiene lugar un deslizamiento hacia un paisaje que Marx entreveía, a partir de excepciones, el intelecto general 10/.

Demasiado a menudo se olvida o ignora un hilo del análisis de Marx 11/.

Observaba la evolución “de los diferentes tipos de máquinas utilizadas”, para señalar los efectos: “para realizar el trabajo de manufactura del algodón, son necesarios hoy 280000 hombres mientras que medio siglo antes hubieran sido necesarios 42 millones” (Grundrisse, p. 310) 12/Y subrayaba así el resultado desviado de las luchas de clase en el sistema: “La gran industria obliga a la sociedad bajo amenaza de muerte a reemplazar al individuo fragmentado, porta-dolor de una función productiva de detalle, por el individuo integral que sepa hacer frente a las exigencias más diversificadas del trabajo y no de, en las funciones alternadas, más que un libre impulso a la diversidad de sus capacidades naturales(El Capital, p. 166 13/.

A través de las evoluciones de las técnicas y de las relaciones, “la riqueza no es mando ejercido sobre el tiempo de trabajo (riqueza real), sino el tiempo disponible, además del tiempo necesitado en la producción inmediata, para cada individuo y la sociedad entera (...). El conocimiento se ha convertido en fuerza productiva inmediata y (...) las condiciones del proceso vital de la sociedad han pasado bajo el control del intelecto general y son reorganizadas conforme a él(Grundrisse, pp. 192-194).

Poco observado en el momento de su publicación, una de las aportaciones fundamentales de Pierre Naville fue sin duda la de observar y explicar esa nueva fase posible en este libro que subraya la necesidad de formación general y de cultura común: “la evolución técnica y social tomaba otra vía (...): la disociación entre las funciones del hombre y las de la máquina y por diversos sistemas de intercambiabilidad entre las funciones humanas de control (Vers… pp. 167-173).

De ahí el interés de la lectura de las descripciones de la automatización y de las tentativas de clasificación de aquella, del lugar del control o del mantenimiento, de la fluidez de la producción a la que están dedicados lo esencial de los diez capítulos del libro.

Esta tecnología produce diferenciaciones y riesgos de jerarquización (Vers...,p. 139), puede incluso suprimir empleos. Pero hace posible producir lo que se decide con menos trabajo humano y menos accidentes o trastornos. Pierre Naville hacía observar que con la automatización aumentaba considerablemente la productividad. Desde 1950, la productividad horaria de la industria ha progresado el 300 % aproximadamente, mientras que los efectivos han disminuido el 50 %. De media, se puede atribuir un multiplicador de 12 a 20, incluso 50 o 80, incluso 100 para algunos talleres (Vers..., p. 84): una fábrica que pase de 1 000 a 2 000 toneladas de producción para un efectivo asalariado reducido de 1 000 a 300...

Como la tasa de beneficio es particularmente fuerte para las innovaciones de éxito, ellas son imitadas, generalizadas y es necesario relativamente poco tiempo para que sus precios sufran un período de fuerte baja. Ello se mide todavía durante los treinta últimos años 14/

De ese modo es como se ha transformado una parte de la economía desde los años cincuenta, tanto en Europa Occidental como en los países de Europa Oriental y en la URRS. No era el mimetismo verbal lo que hacía escribir a los economistas y sociólogos de Europa del Oeste como del Este sobre la actualidad de la reducción necesaria del tiempo de trabajo. Surante los años sesenta, esta gran transformación trae consigo una toma de conciencia común de los autores de la Primavera de Praga, de André Gorz, de Henri Lefebvre, de Pierre Naville... Este último observa: “los problemas clásicos de la división del trabajo están replantándose en la URSS, en una gran medida como producto del crecimiento industrial, bajo formas próximas a las que se observa en Occidente”(Vers..., pp. 285-292).

Naville retoma directamente algunas páginas de los Grundrisse 15/, “Lo que fue la actividad del trabajador vivo se convierte en actividad de la máquina. Así, la apropiación del trabajo por el capital, el capital absorbente del trabajo vivo se erige de forma material, grosera, frente al trabajador –‘como si estuviera dotado de palabra’ ”.

Relaciones en el trabajo y cambio de época

En la lógica del maquinismo, el trabajo se presenta cada vez menos como una confrontación directa con la materia.

Desde las modernizaciones ligadas al taylorismo, ello pasa por inversiones en máquinas que aumentan la productividad desde el período de entre las dos guerras 16/En esta fase de 1914 a 1939, alrededor y tras lo que se llama la crisis de 1919, tiene lugar un gran número de innovaciones tecnológicas y descubrimientos, menos difundidos que sus potencialidades efectivas. El fenómeno de expansión de los gastos de Investigación y Desarrollo y el número de investigadores así movilizados se multiplicó por tres entre 1941 y 1961: durante la guerra y la postguerra se extienden los hallazgos técnicos ligados a la automatización de los procesos 17/en los terrenos del cálculo y del almacenamiento de los datos 18/, especialmente con las recaídas tecnológicas de los gastos de guerra en la carrera nuclear 19/. Las utilizaciones familiares se remontan a 1980, después de las grandes inversiones de la guerra y el control de sus usos en la producción y de útiles más poderosos y miniaturizados. En el automóvil, la cadena fordista y las máquinas tránsfer 20/multiplican la productividad acompañadas con una política de contrataciones de inmigrados o de sectores de tipo tayloriano feminizados, analizados en la época 21/, con desvalorizaciones de un gran número de puestos.

Se puede retener la constatación de la parte de las financiaciones públicas en las modernizaciones principales de la post-guerra; y, en el caso de los Estados Unidos, desde la guerra de Corea (1952), el mantenimiento duradero de los presupuestos de las guerras sucesivas. Esta modernización se beneficia de los efectos de su propia generalización. Un fenómeno de aceleración de los cambios técnicos, profesionales y sociales, expresa la reducción de la duración del ciclo de reproducción del capital fijo arrastrado por la aceleración de la innovación tecnológica. El costo de las innovaciones, al generalizarse y difundirse a escala mundial, baja hasta tal punto que las empresas pierden la garantía de sus rentas tecnológicas 22/.

Desde los años sesenta, este crecimiento trajo consigo desde muy pronto duras críticas que hemos recordado: el consumismo enmascaraba una fuerza de destrucción. Y, para sacarnos de un medio sueño, el recuerdo de la dimensión autogestionaria y ecológica del programa de la Primera de Praga 23/ vino a punto para evitar una especie de exotismo alrededor del Mayo francés.

Un breve recordatorio, a fin de incitar a un reexamen de esta realidad política olvidada:

“Abrir la vía a la transformación general del trabajo humano se ha convertido en el problema cardinal de las revoluciones contemporáneas y la misión civilizadora propia del socialismo. El concepto de Marx y de Engels de la “superación del trabajo” (ob. cit. 42) (...) considera la metamorfosis completa de la actividad humana en una libre creación de las fuerzas humanas, como las condiciones de una verdadera manifestación de sí del hombre. Marx y Engels no son filósofos del trabajo, son sus críticos”.

Sigue una crítica de la producción por la producción en nombre del carácter polisémico del tiempo libre a través de multi-actividades y de trabajo reorganizado“gracias a la utilización de nuevos principios de transmisión y de conservación de la información (...). En cada hogar, una calculadora conectada a una inmensa central de información y de educación, esta nueva técnica constituirá un medio de acceder, en cualquier momento, a todo tipo de información, de saber sin cesar todo sobre todo”(p. 201). Y, para completar, esta reflexión ecologista: La pérdida del punto de partida natural entraña el abandono de las garantías que ofrecía: la civilización misma aparece así necesariamente como la mensajera de su propia ruina (...) (ob. cit. 224-225). “Si el crecimiento actual no se modifica favorablemente, bastarán varias décadas para que sea completa la devastación de la naturaleza”.

“Un inmenso retraso, ¿por qué?

Recordemos que los neoliberales han impuesto sus formas de poder y su ideología. No obstante, aunque de manera breve, fijémonos en los “progresos tecnológicos” para hacernos la siguiente pregunta: en ausencia de un control social real y de una lucha política, ¿cómo confiar en las potencialidades cuando precisamente es el capitalismo quien las gestiona? Cabe retomar un pensamiento de Pierre Naville, extraído de su libro de 1957: “El aparato de producción, en la actualidad de carácter planetario, permitía de forma inmediata una reducción del trabajo medio a tres o cuatro horas por día, e incluso a dos 24/. Y los dos capítulos de conclusión de ¿Hacia el automatismo social? Expresan las posibilidades “de un espíritu científico nuevo (…) gracias a una interpretación probabilista de las necesidades”. “El espíritu de la técnica moderna, siempre que se le dé la posibilidad pacífica de expandirse, es el de una mayor disponibilidad de la persona en la naturaleza y en la sociedad” (Vers…, p. 301).

En los años cincuenta y sesenta, Pierre Naville quería mostrar las posibilidades tecnológicas nuevas y la importancia de una consciencia y de una acción política. Resulta necesario no perder de vista que las publicaciones ligadas a su actividad científica, o a la perspectiva de una nueva fase posible de la historia, se acompañan de textos de 1963 y de 1977, colocados como anexos, así como de su pensamiento sobre la izquierda en el gobierno en 1984 (Vers…, p. 49). De esta manera su libro nos lleva a un análisis de Marx y a una precisión sobre las economías de escala cuando las máquinas son fabricadas para una economía mundial 25/.

¿Tiene sentido discutir sobre las ganancias medias de productividad? Estas no deben impedirnos ver que la relación con el tiempo libre puede cambiar. Una buena parte de los empleos así como de las actividades pudieran ser muy distintas si todas las potencialidades de las transformaciones ligadas a la automatización fueran gestionadas socialmente.

Sin ninguna duda deberíamos defender una opción, expresada bajo la forma de una provocación, que nos permitiera reflexionar : “en lugar de tres o cuatro equipos sucesivos para asegurar las producciones en flujo o en serie, porqué no contar con ocho equipos o diez ; durante semanas de unas quince horas o durante semanas de treinta horas , la mitad del año…Con la formación científica y profesional, esto es posible con el trabajo en equipos que realizan las tareas entre varios. La riqueza producida gracias a la automatización generalizada permitiría la gratuidad, una vida mejor , salarios dignos, aprovechar el tiempo libre, trabajar y debatir de otra forma” (”No nos retrasemos en el tiempo 26/.

Desde 1988, en la perspectiva de Pierre Naville, Pierre Rolle reformuló una cuestión fundamental en respuesta a una polémica suscitada por la política gubernamental 27/. La patronal y los Ministros se enfrentaban al rechazo de la flexibilidad. Pierre Rolle señalaba la necesidad de una garantía de salarios y de una situación social para los trabajadores en el caso en que se discutiera sobre una mayor flexibilidad en la reorganización de las tareas y de las empresas. Las posibilidades de reorganización del trabajo pasan por nuevas relaciones sociales; si no, lógicamente, a los trabajadores no les queda otro recurso que resistir para no perder así sus posiciones defensivas. Las reflexiones de Alan Supiot mostraban relaciones de este tipo entre una evolución de los estatutos del empleo y la evolución de éste 28/.

Las mismas perspectivas se elaboran en el seno de la CGT, en términos de un «”nuevo estatuto del trabajo asalariado” y de una “seguridad social profesional “. Con expresiones ligeramente diferentes, tuvo lugar la misma elaboración en la Unión Sindical Solidaria (USS) y en la Federación Sindical Unitaria (FSU). Las perspectivas se enfrentan a las resistencias y a las dificultades tácticas pero ponen netamente en evidencia la actualidad social de una garantía al derecho al trabajo y al salario a lo largo de la existencia, asegurada por una mutualización de las financiaciones patronales, por ramas y por los mercados laborales espaciales. Sin entrar aquí en la masa de las reflexiones suscitadas, cabe señalar un principio: la consolidación y la prolongación de los principios y de la financiación de la protección social deberían asegurar el derecho al trabajo, a la formación y a la movilidad positiva para todas y todos.

Es por tanto posible resumir una respuesta a la cuestión planteada por Antoine Artous : “Cómo se inscribe esto dentro de una problemática de abolición de la clase asalariada, si de lo que se trata es precisamente de codificar un estatuto del asalariado?”. Realizamos el mismo recorrido que el preconizado por Marx en su Crítica del programa de Gotha.

No se trata de compartir la riqueza. Se trata de producir efectos de desmercantilización. Podemos mantener un pensamiento crítico lo bastante potente para observar una interfaz que debe ser desconectada: la posibilidad de nuevas iniciativas y de nuevos comportamientos que tienen en cuenta la prioridad ecológica sería generalizable si existiera la seguridad en el trabajo así como un tiempo libre importante. Sin soñar, sepamos percibir en el nivel de las relaciones interindividuales la nueva fase posible en nuestra historia colectiva.

Indudablemente, son numerosas las tareas que ni resultan particularmente atractivas ni constituirían una fuente de imaginación en sí mismas ; de aquí la expresión de un cierto servicio a realizar según la expresión de Pierre Naville. Pero, la disminución de las preocupaciones ligadas al miedo de perder un empleo dejaría sitio a una multi-actividad de los individuos.

La fase actual del intelecto general permite cambiar, al menos parcialmente, las relaciones sociales, con la condición de una acción política colectiva y de no dejar realizar la acumulación capitalista de la plusvalía: creando gratuidades y servicios para todos, así como elementos de igualdad y de garantías. Para abolir la relación salarial y el trabajo, se inventarán amplios procesos históricos, que serán experimentados e impuestos por centenares de millones de personas. Esto implica una capacidad de invención de la que aún estamos lejos.

Pero podemos dar un paso adelante, cambiando un elemento decisivo de la codificación: las personas que trabajan ya no son, política y socialmente, unidades de fuerza de trabajo dependientes de un mercado que puede rechazarles. Los agentes de la clase dominante y los patronos no dispondrían del derecho de colocarles en el paro; pero, hasta que no sean reemplazados por otras fuerzas de organizaciones sociales, tendrán el derecho de querer que una persona u otra asalariada vaya a trabajar a otra parte; y así pues seguiría siendo necesario un código del trabajo, articulado con la movilidad sin desempleo de los asalariados. Evidentemente, debería ser también codificada la necesidad de garantizar la estabilidad de las personas en su trabajo (o empleo y servicio); pero contentémonos con mostrar el cambio de paradigma (en el sentido estricto del término: cambio en el orden de las cuestiones que se plantean).

Debemos también precisar que nada prueba que el capitalismo no sea capaz de integrar esta transformación. Únicamente la experiencia efectiva lo dirá. ¿Cuál es el lugar para una autogestión generalizada y para la imposición de este derecho que se sitúa lejos de la definición actual de la fuerza de trabajo ? No debemos separarnos de estos dos objetivos políticos… y la lectura de Pierre Naville nos ayuda.

Una segunda precisión de Antoine Artous, referida a los análisis de Naville llama directamente a un debate crítico; el cual resulta muy útil para clarificar un poco más las aportaciones del libro reeditado. Retoma un pensamiento de Jean-Pierre Durand: “leyendo a Naville, lo que nos propone es una superación del capitalismo sin revolución social, mediante una profunda transformación de la técnica”.

Lo anterior resulta sorprendente. Cuando Naville construye una perspectiva, él no está fascinado, él constata lo que es real. De ahí resulta una cuestión: no habrá marcha atrás, porque esta tendencia va a incrementarse y es necesario saber cómo dicha tendencia va a inaugurar una nueva fase de la historia de las luchas de clase. Si los medios de producción son colectivamente apropiados, controlados y utilizados, la nueva fase ofrece amplias posibilidades en el ámbito humano. En caso contrario, las consecuencias negativas son más que previsibles y anunciadas. ¡Cuando alguien se preocupa de saber cómo combatir y superar el capitalismo, es necesario partir de las contradicciones efectivas!

Basta citar la revista, publicada en 1963, que Antoine Artous toma como referencia 29/: “en primer lugar, sería necesario considerar la economía como un poder surgido del movimiento socialista, expresando una voluntad de transformación completa de nuestra sociedad, que debiera propiciar”. Después, le siguen críticas sobre las contradicciones de la URSS y de Yugoslavia, así como las del Comisariado del Plan (Vª República), “no se trata de parchear sino de trabajar de cara a lo que podría llegar a ser un régimen socialista que por fin aportase alguna novedad”.

Al realizar la reedición del libro de 1963, estos textos, así como los de 1959 no deberían pasar desapercibidos, ni tampoco sus consideraciones sobre la izquierda en el Gobierno en 1984. Otros textos, que son explícitos, se encuentran en el mismo volumen y se sitúan en la continuidad 30/. Mi preocupación por encontrar esta referencia para los debates proviene de la actualidad de las cuestiones. Y eso que han pasado treinta años.

Las cuestiones de los automatismos en las empresas y los problemas sociales se manifiestan mundialmente, especialmente en Japón, en Corea y en gran parte también en China; el prólogo de 1980, redactado por Naville, señalaba al respecto indicaciones rigurosas. La ofensiva de los neoliberales, respaldados por los social-demócratas transformados en social-liberales, en aras del modernismo, que llegan a fundirse con la clase dominante, es una revolución pasiva, con un verdadero programa político de restauración.

La resistencia, para durar y poder triunfar, debe construir referencias comunes a los explotados y a los oprimidos, sea cual sea su estatuto. El prólogo al libro constituye por tanto un esfuerzo para marcar cómo las reflexiones contemporáneas se comprenden verdaderamente en el futuro anterior: un inmenso retraso. Y este texto busca exponer algunas referencias : un recordatorio de los cambios que siguieron a la Segunda Guerra Mundial y de aquellos que se quedaron en el estado de la posibilidad pero que nunca llegaron a realizarse, y que se analizan a continuación:

1. Las transformaciones de los medios de producción colocan en el orden del día un descenso masivo del tiempo obligado por las tareas sociales de la producción asalariada.

Es necesario que el tiempo que se pase en situaciones de trabajo penoso sea lo más reducido posible: “el futuro parece deber separar completamente los individuos del sistema de fabricación”. Él formula un objetivo posible con una gran simplicidad que incluye la reducción y una reorganización del tiempo de trabajo: “Sería necesario llegar a una situación en donde las personas, que tienen la misión de producir la subsistencia de la sociedad, podrán efectuar de forma casi experimental esta producción en un lapso de tiempo bastante limitado, para cada individuo. Sería necesario, también, que las condiciones técnicas de trabajo no sean sometidas a exigencias de rendimiento, de beneficios, etc. para que los trabajadores no sufran las consecuencias desagradables”.

Este subrayado es de 1977: “es necesario dedicarse a objetivos concretos, de manera ordenada. El primero, es la reducción del tiempo de trabajo asalariado, limitado a 30 horas semanales”.

2. Estas tareas llaman a métodos colectivos que permitan la complementariedad y la auto-educación en tareas de producción y de servicios organizados de manera cooperativa.

“Son las personas quienes determinan las condiciones sociales, y no las máquinas. Hoy, son las organizaciones obreras y sociales (..) quienes tienen la tarea de estudiar el control, el cual no puede ser abandonado a los financieros, a los funcionarios ni a los ingenieros”

Resulta nítido desde el punto de vista de las posibilidades : “la triple alienación del trabajador -en la sumisión a unos equipos de producción extraños, a un producto separado y a una clase social adversa-, cede paulatinamente el paso a nuevas relaciones bajo la fuerza de empuje de una técnica que resucita la cooperación inteligente entre las obras y quienes las realizan, lo cual restituye al producto un carácter común y pone en entredicho a una clase capitalista cuyo último refugio es la burocracia”.

3. La relación al tiempo y a los derechos que crean igualdad entre los seres humanos no es separable de las instancias de discusión.

En 1977, Pierre Naville precisa su propósito y establece un escalón entre nuestra época y lo que él describe en ¿Hacia el automatismo social?: “la autogestión no es una fórmula mágica, ni el « ábrete sésamo » del socialismo” (Vers…, p. 318-320). Señala que una de las condiciones de la victoria de la autogestión es la polivalencia de los asalariados, es decir su capacidad de “circular en los sistemas de producción” y de la posibilidad de “cambiar de empleo varias veces a lo largo de su vida: la rotación de tareas es hoy día combatida por los sindicatos, porque ella es un arma en las manos de la patronal, para así controlar mejor el empleo permanente de los trabajadores y porque dicha rotación se efectúa en esferas muy limitadas (entre los obreros y los empleados). Por el contrario, en el marco de la autogestión, es necesario introducirla de manera progresiva para impedir que a partir de la división de tareas y de funciones no se reconstituya una división social del trabajo” (id 31/.

Como ya se ha señalado, se trata todavía de una actuación programática similar a las desarrolladas por Radovan Richta y André Gorz: “la maximización de la producción que, en determinadas circunstancias, puede resultar primordial, puede y debe estar subordinada a otros objetivos ; por ejemplo a relaciones más equilibradas con el medio natural o incluso a la disminución del sufrimiento humano. Tal vez sea necesario recordar que Marx se opuso a las concepciones que identifican o confunden la riqueza de los intercambios humanos con una acumulación sin límite de mercancías o de productos.

Lo que es necesario buscar, no es tanto una civilización del trabajo y de la producción, como una sociedad liberada en sus intercambios, en sus comunicaciones y en su imaginación (…) El éxito de la evolución autogestionaria se medirá por el hecho de que cada vez se atribuirá mayor importancia a las actividades no productivas, en el sentido tradicional del término” (Vers…, p. 319).

Para concluir, retomemos el hilo conductor de la lucha de clases: el lugar decisivo que debe ocupar el derecho al trabajo y la reducción masiva del tiempo obligado. “ Es a partir de ahí como pueden surgir nuevas formas de trabajo y nuevas modalidades de vida fuera del trabajo, así como nuevas relaciones entre el consumo mediante salario y el consumo de servicios gratuitos” (Vers…, p. 320).

Contre Temps, nº 33, abril de 2017

www.contretemps.eu

Traducción: viento sur


1/ Pierre Naville, Vers l’automatisme social? (1963), reed. Syllepse 2016, con prefacio de P. Cours Salies (versión en castellano, ¿Hacia el automatismo social?, Fondo de Cultura Económica, 1965, ndt).

2/ Karl Marx, Crítica del Programa de Gotha, 1875.

3/ Moshe Lewin, El siglo soviético, Editorial Crítica, Barcelona, 2006.

4/ Jean-Pierre Durand, “Théorie du flux et autonomisation des systèmes techniques chez Pierre Naville”, en AA.VV (M. Burnier, S. Célérier, J. Spurk, dirs.), Des sociologues face à Pierre Naville, ou l’archipel des savoir, L’Harmattan, Paarís,1997.

5/ Esta descripción proviene de una serie de observaciones, en el marco de la preparación de una tesis de sociología. Se sitúa en 1980, durante las luchas de los siderúrgicos, en Longwy, donde me habían invitados algunos sindicalistas a visitar su fábrica durante una parte de la noche.

6/ Para no estropear la vista del obrero de ese puesto, que exigía una constante atención.

7/ Una gran huelga de las cementeras tuvo lugar en noviembre-diciembre de 1973 y se terminó con éxito, una garantía de empleo, seguida de una reorganización de las promociones y de las carreras por la patronal.

8/ Andrew Ure (1778-1857), Philosofie des manufactures (...) edt descriptions des diverses machines employées dnas les ateliers anglais, 1836.

9/ Charles Babbage (1792-1871), Traité sur l’économie des machines et des manufactures, 1833. En 1834 se inspira en oficio de tejer para elaborar una máquina que, con la ayuda de cartas perforadas, evalúa las diferentes funciones (suma, resta, multiplicación y división).

10/ Marx, Manuscrits 1957-1958, Grundrisse, tomo 2 (Versión en castellano, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, Siglo XXI, ndt). Capítulo VII del Capital

11/ Marx es sin duda el autor del siglo XX a la vez menos leído y más citado. Ver P. Cours-Salies y P. Zarka, Propriété et expropiations, textos presentados de K. Marx y F. Engels (Syllepse, 2013).

12/ Marx, Manuscritss 1957-1958, Grundrisse, tomo 2. Indicado como capítulos del Capital. Cap. VI (pp. 47-187 y Cap. VII (pp. 137-377).

13/ Marx, Le Capital, Libre I, tome 2, Éd. Sociales, 1960.

14/ Los datos de la contabilidad nacional permiten comparar los precios relativos de la inversión en relación con el precio para el conjunto de la economía. Entre 1980 y 2015 se constatan evoluciones diferentes del capital fijo según las categorías de productos en comparación con el PIB. Las inversiones en actividades de servicios evolucionan aproximadamente como el PIB en lo que se refiere a la “información y comunicación” o de “actividades científicas y técnicas”; pero las de “productos informáticos, electrónicos y ópticos” pasan de cerca de 300 en 1980 a 100 en 2010; después a 78,5 en 2015. Varias categorías de actividades han visto sus precios en capital fijo pasar de aproximadamente 150 en 1980 a 100 en 2010; después permanecen aproximadamente sin cambio (Máquinas y equipamientos, Materiales de transporte...). En revancha, los equipamientos eléctricos, que permanecen estables desde 2010 vieron su precio dividido por dos entre 1980 y 2010.

15/ Pierre Naville utiliza aquí la edición alemana de 1953, de la que traduce los extractos.

16/ En Renault, el número de obreros de 20 años pasa de 21 000 a 30 000 obreros. El proceso de producción en las cadenas ha progresado de aproximadamente 3 000 coches en 1919 a aproximadamente 60 000 en 1939.

17/ En los Estados Unidos, los gastos de la investigación y desarrollo industrial han pasado de menos de 100 millones de dólares en 1928 a cinco mil millones en 1953, 14 mil millones en 1965 y más de 20 mil millones en 1970.

18/ En 1943, Howard Aiken puso en marcha, en colaboración con IBM, el primer calculador electrónico: Mark 1, una máquina que calculaba cinco veces más rápido que la persona humana. Pesaba 5 toneladas y medía 17 m de largo y 2,5 de alto.

19/ En 1943, el ENIAC, utilizado para poner en marcha la bomba H, estaba compuesto de 18 000 lámparas y se extendía sobre más de 160m2. En 1946, mientras que el ENIAC solo se programaba manualmente, el EDVAC permitía la memorización, lo que era una real innovación. La aparición del transistor en 1948 revolucionó la informática, permitiendo así fabricar ordenadores menos pesados y que consumen menos electricidad.

20/ Máquinas tránsfer: útiles provistos de puestos de trabajo múltiples y de cabezas electromagnéticas que permiten efectuar rápidamente operaciones diferentes y consecutivas sobre una misma pieza, haciéndola pasar de un puesto a otro.

21/ Madeleine Guilbert, Les fonctions des femmes dans l’industrie, París, Mouton, 1966.

22/ Ernest Mandel señalaba que “todas las funciones del primer ordenador americano (ENIAC), cuyo costo alcanzaba dos millones de dólares en 1943, pueden ser realizadas hoy mediante microordenadores que no cuestan más de 50 a 500 dólares” (Las ondas largas del desarrollo capitalista: la interpretación marxista, (1978), Siglo XXI, 1986).

23/ Radovan Richta, La revolución en la encrucijada, Artiach, Madrid, 1972. Este libro, publicado en checo en 1966, tuvo una difusión de 50 000 ejemplares en la versión francesa de 1969.

24/ P. Naville, Le nouveau Leviatán. De l’aliénation à la jouissance. La genèse de la sociologie du travail chez Marx et Engels (1957). Ed. Anthropos, 1967.

25/ Ver el prólogo a la edición mexicana (1980). En anexo a la reedición, pp. 321-324.

26/ Une révolution du travail sans révolution de la société ? “. Entrevistas cruzadas realizadas por Jérôme Skalski, 25 marzo de 2016, L’Humanité : Debate : Pierre Cours-Salies, Julien Cantoni, Marie-Jo Kotlicki.

27/ Pierre Rolle, Travail et salariat. Bilan de la sociologie du travail, tomo I, Presses Universitaires. de Grenoble, 1988.

28/ Alain Supiot (dir.), Au-delà de l’emploi, Flammarion, 1999 ; Critique du droit du travail, PUF, 1994 (versión en castellano,Trabajo y empleo. Transformaciones del trabajo y futuro del Derecho del Trabajo en Europa, 2ª ed., Tirant lo Blanch, Valencia, 2016, ndt).

29/ Cahiers du Centre d’Etudes d’Études socialistes, “Les travailleurs peuvent-ils gérer l’économie?“, febrero de 1963.

30/ En anexos: la entrevista en le Nouvel Observateur (21 novembre 1963), redactada, según parece, por el mismo autor. Han sido añadidos otros dos textos: la entrevista con Jean-MarieVincent, de 1977, y el prólogo a la segunda edición mexicana (1980).

31/ Los cambios que deben realizarse en los sistemas de enseñanza deben ser vistos como las formas de constituir relaciones democráticas con la finalidad de poner en juego y en armonía los “planes parciales”.





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