aA+
aA-
Grabar en formato PDF

Análisis de su economía: no son “manzanas podridas”
La corrupción, pandemia del capitalismo
30/05/2017 | Manuel Garí

“No recibirás soborno; porque el soborno, ciega a los que ven y pervierte las palabras de los justos”

Éxodo 23:8

Las noticias sobre los distintos casos de corrupción 1/en los que están incursos más de 600 miembros del PP, los más recientes y numerosos en la Comunidad de Madrid 2/, y el encarcelamiento de altos cargos del partido y de los gobiernos autonómicos, ha puesto en la agenda política el debate sobre la naturaleza de la corrupción y cómo combatirla.

Las respuestas fáciles de un simplón “sentido común” sirven de poco para comprender y atajar el fenómeno. Afirmaciones como “siempre hubo corrupción” es decir todo y nada. Es verdad que la corrupción es tan vieja como la humanidad organizada, por poner un ejemplo basta citar el viejo texto indú Artha-shastra en el que se enumeran 40 formas de robar a las arcas públicas por parte de los funcionarios. Pero el “siempre hubo…” es una banalidad atemporal que desconsidera que toda actividad humana es histórica y por tanto adquiere forma según la evolución cultural, ética, ideológica, política e institucional de la sociedad y no tiene las mismas maneras e intensidad en una formación social que en otra. No es el mismo Estado chino la organización político-administrativa descrita en el Libro de las Odas o Shī Jīng que da cuenta de ancestrales casos de corrupción, que el Estado que condenó en 2013 a Liu Zhijun, Ministro de Ferrocarriles en China. Las formas de corrupción tampoco son iguales.

Los delitos contra la propiedad (pública o privada) son tratados y valorados de forma bien diferente según sea la posición social del delincuente. A su vez, la ubicación en la sociedad determina que una persona pueda emprender un tipo de actividad criminal u otra. Por eso, afirmaciones como que en nuestro país siempre hubo picaresca en las calles y en los palacios es obviar que lo que hacían los personajes de Guzmán de Alfarache o del Lazarillo de Tormes era “buscarse” la vida intentando sobrevivir en la extrema pobreza y lo que hacían los nobles, virreyes y miembros de la corte imperial era aprovechar su cargo para saquear las colonias y las arcas de la metrópoli. La naturaleza parasitaria de la clase dominante es una constante. Macías Picavea la describió perfectamente al analizar la vida de los caciques en El problema nacional publicado en Madrid en 1899 cuya ocupación era, según el autor, dominar y no gobernar, expoliar y no administrar. Como hoy.

La teoría de las “manzanas podridas” (en la terminología del PP de los “casos aislados”) remite la cuestión de la corrupción a un comportamiento trasgresor de la moral y las buenas costumbres por parte de individualidades. Evidentemente la corrupción tiene una dimensión individual personificada en las figuras del corruptor y el corrupto. Igualmente, la corrupción tiene una dimensión ética y supone una trasgresión de lo que la sociedad considera conducta honesta respecto a los bienes públicos.

La ética social de cada comunidad sobre la corrupción, se manifiesta en las diferentes percepciones existentes sobre el fenómeno, en los distintos umbrales de sensibilidad y en el nivel de consentimiento social respecto al hecho de la corrupción. Los grados de naturalización y normalización de la corrupción, y, por tanto, de banalización de la misma, alcanzados por una sociedad, son un excelente indicador de la salud de lo público en una institución o territorio.

Las diferentes comunidades tienen actitudes diferenciables respecto al hecho mismo de la corrupción. Aspectos ambos que nos remiten a las formas que adopta la moral dominante en cada momento y comunidad. Pese a las diferencias nacionales, hay una ideología hegemónica global en cada momento sobre el dinero, el poder y el enriquecimiento. Hoy esa ideología es el neoliberalismo que eleva el la posesión y propiedad de la riqueza a la categoría de principio rector. Esta concepción ha contaminado gobiernos y países calificados con el ambiguo calificativo de progresistas y permeado en regímenes que se proclaman socialistas.

Profundizar en las causas de la corrupción, ir más allá de la apariencia superficial, entender el engarce del fenómeno de la corrupción con el régimen político y con el sistema económico, es fundamental para abordar si no su desaparición total, sí su drástica reducción.

La pandemia

Para algunos interesados ignorantes de los países centrales, la corrupción es cosa del Tercer Mundo, del subdesarrollo, de estados bananeros y dictadores sanguinarios. Nada más lejos de la realidad, la corrupción llega al Binnenhof holandés, al Bundestag alemán o al sueco Sveriges Riksdag, por no decir a la Cámara de los Comunes inglesa o al Senado de los Estados Unidos. Hasta el más estricto calvinismo hace aguas cuando se entra en el proceloso campo de intersección entre la política y los negocios.

Para mejor comprender la corrupción es preciso entender cómo se entrelazan las pasiones perversas y debilidades personales con las pulsiones e intereses de los agentes que operan en la sociedad. Ernest Mandel (1994) nos da una pista sobre la complejidad de sujetos y factores que intervienen en la corrupción en el capitalismo tardío en 1992, el año en que publicó por primera vez El poder y el dinero. Pero presenta las cosas de forma sencilla para que no haya equívocos sobre de qué se está hablando: “Dado el poderío irresistible de la riqueza y el dinero en el capitalismo, y la tendencia paralela a la corrupción personal, se desarrolla una forma refinada de interacción entre los intereses de las empresas privadas, los burócratas militares, los administradores estatales (incluyendo a los legisladores y a las autoridades municipales) e incluso partes de la burocracia sindical. 3/En su descripción Mandel señala el carácter transversal del elemento corruptor, el poder del dinero, en el conjunto de la élite, incluyendo fracciones de la misma que basan su existencia y legitimidad en ejercer la representación de los sectores populares.

Países del norte, países del sur

Si retrocedemos la mirada hacia el siglo XX y recorremos la secuencia histórica hasta llegar a los actuales estados más o menos fallidos de África, Oriente Medio o Asia, podemos comprobar que los fenómenos de corrupción presentan diferencias con los existentes en los países industrializados. Diferencias en magnitudes dimensiones y sofisticación de los mecanismos.

Cabe destacar una importante diferencia entre los países industrializados y los empobrecidos: gobiernos occidentales de estricta observancia calvinista o anglicana de países con una moral pública y privada menos relajada en lo referente al dinero que los de observancia católica, intervienen al igual que estos en los países empobrecidos del Tercer Mundo corrompiendo a diestro y siniestro para mejor colocarse en las compras de tierras o la explotación de recursos. Lo que en sus casas dicen no aceptar, lo impulsan en la ajena. Pero el trato es desigual. Desde los países saqueados es más difícil corromper a los gobiernos imperialistas, que al revés. Ni el poder político ni el militar ni su ubicación en la división internacional del trabajo permiten de igual manera operar a los gobernantes de un lado u otro del muro de la riqueza. Y desde el Norte hay mecanismos de ocultación de esas transacciones muy sofisticados. Se cuentan con los dedos de la mano acusaciones como la que hizo Le Canard enchaïne sobre los diamantes que entregó Bokasa a Valéry Giscard d´Estaing y el listado de compraventa de líderes y gobernantes de los países empobrecidos ha recibido mayor atención informativa.

Pero la corrupción tiene en común en ambos mundos que, tras el saqueo de los recursos públicos y la compraventa de favores, vienen las voces que exigen la liberalización y desregulación económica y financiera, la rebaja fiscal y las privatizaciones hasta dejar en los huesos el sector público de la economía, lo que es coherente con las presiones que ejerce el mercado.

Países del socialismo fallido

Si lo descrito es palpable en el capitalismo, también lo fue en el denominado socialismo real dónde se demostró que el gobierno de las nuevas relaciones de producción o es democrático o falla estrepitosamente y genera, sobre todo en épocas de escasez, importantes formas de corrupción. Por razones materiales, nunca llegaron al nivel del gran negocio alcanzado en la economía capitalista de la era de la globalización tras la caída del muro de Berlín y el triunfo del neoliberalismo al calor de la economía del “crimen sin fronteras” en expresión de Misha Glenny.

En los llamados países del socialismo real no solo hubo escandalosas situaciones de corrupción, sino que se habían sembrado las condiciones para lo que pasó después del hundimiento de sus regímenes. Como señala Joseph Stiglitz en una sintética descripción de la Rusia postsoviética “la privatización acompañada de la apertura de los mercados capitalistas no se convirtió en creación de riqueza, sino en el robo de fondos” 4/. Los antiguos miembros de la nomenclatura y de los puestos medios de la administración del estado compitieron con las diversas familias mafiosas en la apropiación indebida, en la expropiación gracias a su posición, de bienes y fuentes de riqueza.

Descripción que, por cierto, salvando las distancias, sugiere la actitud que vemos en buena parte de los liberales y “emprendedores” que pululan por el PP y sus ámbitos empresariales y que son auténticos representantes de la clase ociosa que definía Thorstein Veblen cuando describía a los hombres de negocios que no producen bienes ni servicios porque simplemente los cambian de sitio y se lucran. Pero no es la única similitud este-oeste, porque, como dice Misha Glenny (2008: pp. 472) “la actividad más atractiva para los delincuentes internacionales de hoy en día tal vez sea estafar a los Gobiernos”. 5/

Fenómeno invasor

Hablamos de un fenómeno, el de la corrupción, que en palabras de José Vidal-Beneyto, “es hoy una pandemia que todo lo invade, que todo lo pervierte. La vida política, la realidad económica, las prácticas sociales, las acciones del gobierno” 6/. Vidal-Beneyto se plantea la cuestión de la corrupción en términos político culturales no estrictamente económicos sino de fines, modos, naturaleza y objetivos de los diversos espacios de la actividad en sociedad. Pero, qué duda cabe, el dinero y la corrupción económica están íntimamente ligados a la situación de degradación que analiza Vidal- Beneyto.

La existencia y generalización de la corrupción económico-política conduce pues a una degradación del conjunto de las actividades sociales y puede poner en peligro la cohesión del campo antagonista de las y los desposeídos. Esto va mucho más allá de la defensa de las instituciones y requiere medidas más complejas que la mera regeneración que a modo de mantra plantea Ciudadanos.

Al analizar la corrupción actual en Argentina, Claudio Katz (2016) afirma en un excelente trabajo sobre los fraudes neoliberales de Macri y la cleptomanía neodesarrollista de Kirchner, que pueden existir diversos modelos de corrupción en un mismo país y época (todos ellos rechazables), y son reflejo de un fenómeno global, ya que “el circo de coimas que ha salido a flote en Argentina es la variante local de una variante diseminada por todo el mundo”. 7/
Ambas cuestiones, la coexistencia de varios modelos de corrupción y la extensión intercontinental del fenómeno, son fundamentales para su comprensión y señalan la importancia y dificultad de su erradicación.

En el Estado español también han coexistido o se han sucedido diferentes modelos de corrupción con el PSOE, con el PP, con CiU y en cada uno de esos partidos podemos observar también “escuelas” criminales distintas. Conocer en profundidad esas variantes y afinar en las propuestas de solución a partir de la realidad, es esencial para erradicar el problema, A su vez, tenemos que tener presente que el fenómeno concreto español de la corrupción se inserta en una realidad mundial. De todo ello podemos extraer lecciones, tanto de la naturaleza de la corrupción como de las experiencias por combatirla. Un fenómeno internacional que la Interpol considera que actúa globalmente al guardar / invertir lo saqueado, y es difícil de combatir, entre otras cosas, porque la persecución del dinero en las cuentas de paraísos fiscales o en las inversiones inmobiliarias se ve dificultado por la inexistencia de normas comunes en cuanto al blanqueo y control de fondos y porque los registros de la propiedad no se informan ni conectan.

30/05/2017

Manuel Garí es economista y miembro del Consejo Editorial de Viento Sur


1/
Este es el primer trabajo de una serie que intenta abordar la economía de la corrupción.

2/
No olvidamos los anteriores casos habidos en otras Comunidades por parte del PP (Valencia, Galicia, Murcia, etc.), ni los protagonizados por otros partidos (caso de la antigua CiU y el clan Pujol, por el PNV en sus feudos locales o del PSOE en Andalucía o en los mandatos de González). Si bien la reflexión es válida para todos ellos, se inspira fundamentalmente en el análisis de la corrupción en Comunidad de Madrid, en tanto que buque insignia del partido de Rajoy.

3/
Mandel. E (1994: pp 260) El poder y el dinero. Contribución a la teoría de la posible extinción del Estado. Siglo XXI, México, 1995

4/
Joseph Stiglitz, “Russian People Paid the Price for Shock Therapy”, New York Times, 22 /6/2002.

5/
Glenny, M. McMafia, el crimen sin fronteras, Destino, Barcelona, 2008

6/
Vidal–Beneyto, J. “La corrupción de la democracia”, El País, 12/12/2009http://elpais.com/diario/2009/12/12/opinion/1260572411_850215.html

7/
Katz, C. (2016) “Dos modelos de corrupción” blog Claudio Katz 3,8,2016

http://katz.lahaine.org/b2-img/DOSMODELOSDECORRUPCIN.pdf



Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons