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Jacobinmag.com | Entrevista a Brais Fernández y Jaime Pastor
Volver a las calles
23/05/2017 | Eoghan Gilmartin

Han sido unas semanas dramáticas en la política española. Días después de Semana Santa, el ex-presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, fue detenido acusado de corrupción. Ello, a su vez, provocó una gran crisis interna en el Partido Popular que hizo dimitir a la líder histórica del partido en la capital española, Esperanza Aguirre.

Figura polémica, considerada como la «Thatcher española», la posición de Aguirre a la cabeza del PP en el Ayuntamiento de Madrid era ya insostenible. Con el PP madrileño —que ella dirigió a lo largo de cerca de una década— siendo investigado por financiación ilegal de las campañas, la detención de González, su antigua mano derecha, ha sido la gota que ha colmado el vaso.

Mientras tanto, el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, ha sido llamado como testigo en uno de los mayores casos de corrupción de la historia reciente española, el llamado caso Gürtel, en cuyo marco han sido acusados un buen número de cargos clave del PP, incluyendo al antiguo tesorero, Luis Bárcenas.

En este contexto, Unidos Podemos ha decido dar un paso excepcional al presentar una moción de censura contra el gobierno de Rajoy, la tercera desde la Transición española. Aunque tiene pocas probabilidades de triunfar en el Congreso dada la oposición de un Partido Socialista de centro-izquierda, ha arrebatado al PSOE la iniciativa política en la semana en que se están jugando sus elecciones internas a la dirección.

La disputa por la dirección del PSOE se contempla generalmente como una elección entre su antiguo dirigente, Pedro Sánchez, y Susana Díaz, apoyada por los sectores oficiales. Desde su dimisión forzosa en noviembre, Sánchez ha dado un giro a la izquierda, adoptando las propuestas de Podemos en ciertas áreas, mientras que Díaz, que contribuyó decisivamente a que fuera defenestrado, se ha instalado en el centro político.

Para asegurarse de que la moción de censura permanezca en el centro de atención, Podemos ha convocado una gran movilización en la histórica Puerta del Sol de Madrid este sábado 20 de mayo. Ha sido planeada como una demostración de fuerza y pretende situar al PSOE a la defensiva. Como señalaba el líder del partido, Pablo Iglesias: “Esperábamos cierta coherencia del PSOE. La moción es un imperativo ético” contra el “partido más corrupto de Europa”.

Esta es también la primera prueba para la nueva línea estratégica de Podemos tras el reciente Congreso del partido. La victoria de Iglesias frente a su antiguo portavoz parlamentario, Íñigo Errejón, le ha permitido seguir una dirección de izquierda más enfocada al conflicto, centrándose en polarizar el espacio político según líneas populistas y buscando vínculos más estrechos con los movimientos sociales.

En esta entrevista, Jaime Pastor y Brais Fernández, editores de la revista viento sur y militantes de Anticapitalistas y de Podemos, conversan con Eoghan Gilmartin sobre este nuevo camino estratégico y lo que suponen las primarias del PSOE.

EG: ¿Podéis explicar la decisión de Podemos de presentar una moción de censura en el marco de la estrategia del partido tras Vistalegre II? En particular, ¿cómo se relaciona con el giro de Podemos a la sociedad civil y en sus intentos de ser una fuerza más activista?

BF: Primero, la cuestión de la moción de censura. La corrupción en el Estado español y de su clase política está fuera de control. Es incomparable en términos de amplitud y de la sensación de impunidad con ningún otro país de Europa. Casi cada día hay un nuevo caso y es casi imposible hacer un seguimiento de todos los nombres y tramas.

Estos escándalos han pasado factura a los partidos políticos del régimen, pero no han generado una respuesta social activa. Desde Podemos se ha intentado responder a la lucha contra la corrupción no sólo por medio de los mecanismos del Estado, sino tratando de llegar también a otras “fuerzas disruptivas” en el campo social (como movimientos y sindicatos). En este sentido, la iniciativa es positiva y tácticamente audaz. Es verdad que no hay posibilidad de ganarla en el Congreso pero abre una nueva línea de conflicto muy interesante.

Está también el debate de cómo enfocar estratégicamente esta moción. Podemos puede ser habil en maniobras tácticas audaces —en este caso, posicionandose de manera antagonista frente al régimen—, pero estratégicamente tiende a retroceder hacia la “regeneración democrática”. Una cierta tentación de cuestionar las instituciones, a plantear que simplemente hay que sanearlas y renovarlas. En contraste, el 15M planteaba una estrategia constituyente, nuevas instituciones para nuevos tiempos y la necesidad de transformaciones sociales más profundas.

Esto resume de forma muy suscita tanto las virtudes como los límites de la dirección de Podemos. Es capaz de lanzar buenos ataques comunicativos a nivel táctico, posicionándose de forma efectiva en los debates públicos, pero con una estrategia bastante limitada.

JP: Nos enfrentamos a una corrupción sistémica que ha afectado principalmente al PP, pero Rajoy ha aprovechado escándalos anteriores que afectaban al PSOE para decirles “¡vosotros también estáis implicados!”. La línea táctica de Pablo Iglesias funciona bien aquí, presentando a Podemos como la única alternativa y desplazando al PSOE, atrapado en el debate actual.

Ha sido también efectiva porque el discurso de Rajoy se ha centrado en el crecimiento económico y en la salida de la crisis. Iglesias insiste en la relación directa entre esta corrupción estructural y las políticas de austeridad y privatización. El caso de Madrid es ejemplar, la privatización del Canal de Isabel II (servicio público de agua) estuvo envuelta en abusos de gran alcance.

EG: ¿Ha habido en Podemos un verdadero giro hacia la lucha social?

JP: Las posibilidades de que Podemos esté en el gobierno no han pasado, pero se han quedado aplazadas. En este sentido el giro a lo social trata de convertir una debilidad en una virtud. Necesitamos volver a la calle para recuperar nuestra fuerza y construir nuevas alianzas con otras fuerzas. Los que están en los cargos públicos deben estar al servicio de los movimientos sociales, deben seguir presentándose como una alternativa de gobierno pero combinándolo también con el activismo social.

Actualmente hay un debate sobre cómo debería posicionarse Podemos en relación a los movimientos. La idea es encontrar una forma de encuentro con otras organizaciones para mantener abierta esta ventana de oportunidad de una alternativa política.

BF: Desde el último congreso, el discurso de Podemos está más a la izquierda. Hubo una etapa, cuando Íñigo Errejón tenía más peso interno, en la que el discurso del partido giraba totalmente en torno a la cuestión del gobierno y la regeneración institucional. Esto ha cambiado. Para nosotros, el propio Pablo Iglesias lo reconoce, Podemos está ahora organizado en términos de una estrategia que podríamos llamar eurocomunista que combina ser un partido de lucha y protesta con ser un partido de gobierno. Y esto implica tener que gestionar la tensión entre ambos elementos.

Un factor importante para entender dónde está Podemos ahora mismo son sus relaciones con los movimientos sociales. La cultura activista post-15M, amplia en ciudades grandes como Madrid, no ha tenido vías de comunicación con el partido. Podemos se ha confinado a la esfera de la representación con sus propias iniciativas. Paralelamente a ello, movimientos como la PAH han estado a veces en claro conflicto con el partido. Aquí hay una tensión, pero tiene que constituirse una tensión creativa. La cuestión es ahora cómo combinar la lucha institucional con las luchas de los movimientos para crear una síntesis.

EG: Un ejemplo de los límites de la estrategia de Errejón puede verse en el Ayuntamiento de Madrid, donde Ahora Madrid (una coalición dirigida por Podemos) ha tratado de aplicar su programa sin el apoyo de la sociedad civil movilizada. Pero, ¿es posible ese tipo de movilización popular constante que planteáis en las sociedades atomizadas del presente?

JP: El problema es que Podemos surgió cuando la ola de protesta del 15M estaba agotada y el interés por un camino institucional pasó a primer plano. En Vistalegre I (el congreso fundacional del partido), Podemos apostó por la política electoral, dejando de lado cuestiones clave que luego volverían a plantearse.

Pero cuando el partido no logró vencer en las últimas elecciones, desde el ala errejonista se afirmaba que la crisis del régimen político español había terminado y que lo que se necesitaba era oponerse al gobierno de Rajoy, ayudando al PSOE a rehabilitarse. Desde Anticapitalistas aceptábamos que los ritmos eran más lentos pero lo veíamos como una oportunidad: antes avanzamos rápidamente por arriba, ahora la oportunidad está en concentrarse en una guerra de posiciones desde abajo para reconstruir el tejido de organizaciones sociales y contrapoderes.

Pablo Iglesias trata de equilibrar su antigua estrategia institucional y lo que nosotros planteamos. El gran desafío para Podemos es por tanto, de una parte, volver a lo social, y, de otra, evitar la cooptación de nuestras fuerzas en las instituciones municipales. Todo ello depende del conflicto, de la capacidad de generar conflicto social para crear una correlación de fuerzas más ventajosa. Estar en el gobierno es muy difícil si no se tiene la hegemonía en el campo socio-político.

BF: Claramente, la movilización es importante, pero no es suficiente. La cuestión de la organización es clave: cómo organizamos estructuras más estables en los barrios, en vez de luchas intermitentes.

EG: Errejón es discípulo de Chantal Mouffe, politóloga que habla mucho del “agonismo”, una teoría política que contempla el conflicto como algo tan fundamental a lo político que rompe con la idea de una base material de la superestructura. ¿No está esto en contradicción con la línea defendida por Errejón?

JP: No necesariamente. El último artículo de Íñigo que he leído es preocupante porque critica implícitamente a Pablo Iglesias por llevar a cabo una línea de mayor conflicto y polarización política cuando en realidad lo que se está dando es una tendencia a la confrontación entre arriba y abajo que no debemos permitir que se desvíe por un “centro” dispuesto a neutralizar los antagonismos a potenciar a través de los conflictos.

BF: Enfocando la cuestión en términos de consenso o ruptura, Errejon tiende a inclinarse hacia un compromiso con ciertos sectores del régimen para avanzar en sus posiciones. Claramente, la hegemonía siempre implica la capacidad de integrar al otro. Pero esta integración significa que hay un núcleo revolucionario y de clase que es capaz de articular una serie de alianzas con otras clases y sectores. La clave, y esta es la diferencia entre una ruptura constituyente y la regeneración del orden existente, es no apartarse de lo fundamental.

Para seguir siendo flexible sin apartarse de la esencia del proyecto, hay que extender las experiencias de lucha y conflicto. Esto es lo que te permite ganarte a sectores ligados al régimen. Un ejemplo positivo, aunque aún incipiente, es cómo la moción de censura ha permitido que CCOO se situara del lado de Podemos y no de sus tradicionales aliados, el PSOE. Esto no significa que se hayan vuelto revolucionarios de la noche a la mañana, pero muestra cómo por medio del conflicto se puede llegar a gente que tradicionalmente se posiciona con los socialistas.

EG: El discurso de Podemos ha enfocado la crisis del régimen político español resaltando el papel de la corrupción. Antes se hablaba de “la casta” y ahora de “la trama”. Al identificar al enemigo así, se pretende asociar la crisis política y la injusta austeridad con los escándalos de corrupción y el descontento popular que han generado. Pero, ¿hay riesgos con esto? ¿Qué diferencias veis entre la casta y la trama?

JP: En último extremo, la trama se refiere a la oligarquía financiero-inmobiliario, pero en realidad son Blackrock y los fondos de inversión norteamericanas quienes están ganando mayor peso. Preferiría hablar de un bloque de poder, de un bloque oligárquico porque la palabra trama da la sensación de una conspiración. Sin embargo, la trama va más allá de la casta, porque habla de los corruptores, no sólo de los corruptos, y señala las relaciones entre política y finanzas.

BF: Desde el 15M nos hemos acercado al temas de las oligarquías de un modo parecido al del marxismo político de los últimos 150 años, enfatizando las relaciones entre poder político y economía. No es ninguna novedad decir que hay una red de poder que conecta el capital y el estado. El término casta era muy útil para articular una visión antagonista de la política española dividida en dos campos. Eso sí, siempre existe el riesgo de verlo en términos de unos malvados empresarios y políticos y de plantear también que hay otros empresarios honestos que pueden formar parte del nuevo bloque histórico que trata de renovar España.

EG: ¿Cómo valoráis el papel del PSOE en la crisis de régimen?

JP: El PSOE es el eslabón más débil del régimen y ahora se encuentra en una crisis difícilmente reversible entre quienes se aferran a seguir siendo un “partido de Estado” y del régimen, por un lado, y quienes, por otro, son sensibles al cambio de ciclo abierto desde el 15M de 2011 y a la necesidad de superar la etapa social-liberal.

BF: El PSOE ha perdido por completo el voto joven. Ahora son el partido de las clases pasivas. Cosechan votos en el sur, fundamentalmente en Andalucía y entre la gente más mayor que aún ve al PSOE como el partido del progreso que tras la transición ha mejorado las condiciones de vida.

A lo largo de la crisis, los socialistas han perdido la capacidad de integrar a amplias franjas de las clases subalternas. En mi opinión, no van a a recuperar esta capacidad. Como explicaba Perry Anderson sobre la quiebra del apoyo al comunismo en el sur de Europa en los años 80, lo que hay es una nueva generación que busca una representación política nueva. Gente joven sin vínculos con el PSOE, que no se identifica con él.

EG: Hace unos días salió un artículo en El País sobre la amenaza de radicalización en el PSOE con el titular: “Corbyn, Hamon, Sánchez... El abismo”. ¿Qué pensáis de la reinvención de Pedro Sánchez como radical?

BF: Pedro Sánchez es un producto directo del aparato del PSOE y en este sentido tiene más que ver con Hamon que con Corbyn. Carece de vínculos con el movimiento obrero o el movimiento contra la guerra. No creo que haya semejante transformación, quizá haya cambiado su orientación táctica.

En el fondo, la crisis en el partido se debe a que se halla en una coyuntura en la que hay que elegir. ¿Quiere volver a gobernar? Entonces tiene que llegar a un acuerdo con Podemos. ¿O quiere defender los intereses inmediatos del régimen? Entonces tiene que apoyar a la alianza tripartita con Ciudadanos y el Partido Popular.

Si Sánchez gana, podría crearse una oportunidad de alternativa de gobierno al PP, no en el corto sino en el medio plazo. Esto supondría un nuevo desafío para Podemos. Estratégicamente, sería un mal acuerdo, especialmente si el PSOE dirige el gobierno. Sin embargo, en términos históricos, se produciría una nueva situación con una nueva correlación de fuerzas como lo que vemos en Portugal.

JP: El caso de Portugal es algo distinto de España. Como hay una distancia suficiente (en términos de votos) entre los socialistas y el Bloco y los comunistas, los socialistas no les temen como rivales. El PSOE se encuentra en una disonancia cognitiva, se niega a reconocer el nuevo escenario y piensa que aún puede ser hegemónico en la izquierda.

Pero si quiere volver a ser un partido de gobierno, no tiene otro remedio que aliarse con Podemos. Sin embargo, será presionado por los grandes medios de comunicación y otros a moderar a Podemos y a desplazar a Pablo Iglesias. El objetivo es destruir a Pablo. Para las élites, él es el principal enemigo, mientras que Íñigo tiene una imagen más moderada.

Con una victoria de Sánchez, un PSOE firmemente opuesto a Rajoy sería más creíble. Pero, ¿con qué políticas? Desde el punto de vista del programa que defendería no tendría nada que ver con Corbyn. Es mucho más moderado y representa más una adaptación de la tercera vía social-liberal con un modelo de Estado “de inversión social” tratando de suavizar las políticas de austeridad.

BF: Si Sánchez gana, las políticas del PSOE no van a cambiar radicalmente en el corto plazo pero quizá en las próximas elecciones les permita adoptar una perspectiva más abierta de cara al gobierno de la que cabría esperar con Susana Díaz. Ella habla constantemente de recuperar la antigua fuerza electoral del PSOE, pero eso es una vana ilusión. El PSOE ha sido completamente fracturado por disputas tácticas que serán difíciles de reparar. En la práctica, Díaz afronta el mismo dilema que Sánchez.

Me considero marxista y revolucionario pero espero que Susana Díaz pierda. Aunque rechazo lo que Sánchez representa políticamente, el golpe contra él fue una vergüenza en la que estuvieron envueltos todos los poderes económicos y mediáticos.

EG: ¿Cómo veis la situación en Cataluña?

JP: Desde 2010 hay un escenario de dos trenes avanzando hacia el choque inevitable. Es otro punto del sistema político en el que se ha llegado a un “empate catastrófico”, puesto que hay descontento acumulado por la negativa a convocar un referéndum. Las élites políticas de Catalunya han exigido mucho el referéndum, el riesgo está en que no pueden echarse atrás. La estrategia de Rajoy consiste en evitar una confrontación abierta y tratar de aplazar el problema.

La mayoría del nacionalismo catalán se ha resistido a articular la cuestión nacional con la cuestión social y no ha sido capaz, por tanto, de ampliar su bloque, que se compone principalmente de clases medias urbanas y rurales. Hay más apoyo a la independencia fuera de Barcelona que en la ciudad. Este es el problema de En Comú Podem, que dados sus apoyos no quiere posicionarse claramente contra el gobierno central.

BF: Hay una gran diferencia entre lo que ocurre en Catalunya y el caso de Escocia. Las élites políticas españolas nunca van a apostar por una derrota democrática del movimiento independentista (por medio de un referéndum). No está en su ADN político. La constitución afirma que el Ejército vela por la unidad de España. La otra gran diferencia es la base social del movimiento independentista, que son clases medias. La única forma que tienen de resolver la cuestión es por medio de la desobediencia y, en último extremo, confrontando con el Estado español. Esto no va a ocurrir. Esquerra Republicana y PDC (los principales partidos independentistas de centro-izquierda y de derecha, respectivamente) no van a organizar una insurrección social contra el Estado español.

Jaime Pastor es editor de viento sur y profesor de Ciencia Política en la UNED. Es militante de Anticapitalistas.

Brais Fernández es miembro del equipo editorial de Viento Sur y militante de Anticapitalistas.

https://www.jacobinmag.com/2017/05/podemos-psoe-popular-party-iglesias-populism-spain
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