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Tribuna viento sur
Debate estratégico en torno al referéndum catalán
10/05/2017 | Martí Caussa

Versión original: http://www.vientosur.info/spip.php?article12570

¿Qué pasará si el gobierno Rajoy consigue impedir el referéndum catalán con una combinación de amenazas y uso de la fuerza? ¿Y si no lo consigue o provoca una movilización popular todavía más importante y prolongada que todas las conocidas?

Si intentamos contestar a estas preguntas, nos vemos abocados a debatir de estrategia, de orientaciones políticas que pueden tener repercusiones durante muchos meses o años, no solo en Catalunya, sino en todo el Estado.

Algunos argumentos para subestimar este debate afirman que las proclamaciones de Junts pel Sí sobre el “referéndum sí o sí” son teatro del bueno, pero nada más que teatro. El notario y vicepresidente de la Fundación La Caixa, Joan Josep López Burniol, lo ha explicado en una entrevista publicada en VilaWeb:

“Se aprobará la ley de desconexión, al amparo de la cual se convocará el referéndum, el Tribunal Constitucional suspenderá el referéndum y, entonces, habrá algún acto de desobediencia. No sé cuál será, tal vez poner en marcha los mecanismos para llevar a cabo el referéndum. Entonces vendrá la reacción del Estado, que creo que será siempre extremadamente comedida. La reacción no será tremenda, pero la habrá. Y en este punto sucederá la cosa que creo que se busca, que es una negativa para poder decir, fuera, que no nos dejan. Y se convocarán elecciones”.

El mensaje implícito es: puesto que todo es teatro, lo que hace falta es preocuparse de las elecciones. La réplica a los argumentos anteriores la tomé prestada de un editorial de Vicent Partal en VilaWeb y la reproduje en un artículo anterior:

“Puedo admitir la probabilidad de que el Estado español encuentre una manera violenta de impedirlo. Pero lo que creo totalmente imposible es que esta mayoría parlamentaria y este gobierno, voluntariamente, no hagan el referéndum. No por las amenazas de la CUP. Simplemente porque la ola de indignación popular que se levantaría si pasara eso acabaría de golpe con toda la generación de políticos independentistas que hay ahora en el parlamento y en el gobierno. Cosa que ellos, todos, saben.”

Es verdad que periódicamente salen a la luz pública las dudas de un sector del PDECat, como hace poco la grabación en la que David Bonvehí hablaba de presentar un candidato autonomista si el procés acababa mal, pero cada vez el gobierno catalán ha reaccionado con contundencia, como en esta última ocasión con el manifiesto firmado el 21 de abril por el gobierno en pleno y muchos altos cargos, donde se comprometen de nuevo a convocar, organizar y celebrar el referéndum.

Un segundo tipo de argumentos para subestimar el debate estratégico proviene de un exceso de confianza de sectores del movimiento independentista que piensan que el Estado simplemente no puede impedir el referéndum o que no puede hacerlo sin utilizar medidas represivas masivas que lo abocarían a una rápida deslegitimación interna y en la Unión Europea. Sin embargo, un supuesto liberal español como Juan Luis Cebrián, en una entrevista publicada en El Mundo, ha dado una visión más ajustada de lo que podría hacer el Estado:

“– ¿Y si convocan el referéndum?

– Hay que prohibirlo.

– ¿Y si ignoran la prohibición?

– El artículo 155. Suspendes el Gobierno de la Generalitat. Al presidente de la Generalitat. A la presidenta del Parlament. A uno, dos, tres cargos públicos. A los que hayan convocado el referéndum. Acabados. Ocupas tú el poder.

– ¿Y entonces qué ocurriría?

– Entonces el debate ya no sería cuándo van a lograr la independencia, sino cuándo van a recuperar la autonomía. La clave, insisto, es si los independentistas tienen o no poder. Y no lo tienen. El Estado, sí. Se habla de enviar a la Guardia Civil e inmediatamente se dice: ‘No, hombre; la Guardia Civil, no’. ¿Pues por qué no? La Guardia Civil está para lo que tenga que estar. También dicen: ‘Con los Mossos es suficiente’. Pues no sé si sería suficiente.”

No hay que tomarse a la ligera las palabras del señor Cebrián. Hace tiempo que el diario El País habla de los intentos “de golpe parlamentario catalán contra su propio Estatuto”. Una forma de preparar a sus lectores para medidas como las que proponía el presidente de Prisa. No considerar esta eventualidad puede llevar a no saber cómo reaccionar si se produce.

Hay que considerar diversos escenarios

Para tener un debate estratégico interesante hay que considerar diversos escenarios y discutir el tipo de respuesta más adecuada en cada caso, sabiendo que no existen bolas de cristal capaces de predecir qué pasará. Ahora bien, para realizar una primera aproximación me parece útil preguntarnos qué habría que hacer en la hipótesis más desfavorable entre las diversas posibles: la Generalitat convoca, organiza e intenta celebrar el referéndum y el Estado no solo lo prohíbe, sino que lo impide físicamente.

Esto no supone afirmar que esta sea la hipótesis más probable. Evidentemente, hay otras posibilidades. Por ejemplo, el Estado podría inhabilitar a Carme Forcadell antes de la convocatoria del referéndum, cosa que situaría al Parlament en la disyuntiva de claudicar o desobedecer y podría estimular la movilización de todo el bloque soberanista (incluidos los comunes) en defensa del Parlament y de su presidenta. Tampoco cabe descartar un referéndum semitolerado, con una combinación de amenazas, fuerza física puntual, boicot de los partidos unionistas, etc., con la intención de mermar la participación y evitar que la votación sea general. Sin embargo, si se discute sobre la hipótesis más desfavorable y se encuentran respuestas para seguir avanzando, parece más fácil poder orientarse en situaciones menos difíciles.

Situados en el contexto en el que el Estado impide físicamente el referéndum, si el gobierno de Junts del Sí se limitara a algunas demostraciones para acabar convocando elecciones, parece evidente que esto significaría el fin del procés tal como lo hemos conocido hasta ahora. Por eso muchos independentistas, con la Assemblea Nacional Catalana (ANC) a la cabeza, dicen que entonces habría que proclamar la independencia. Sobre esta segunda posibilidad, el profesor Ferran Requejo ha formulado algunas observaciones que me parecen pertinentes:

“Cuando el referéndum no se pueda realizar de hecho, cuando no puedan ponerse mesas y urnas, habrá llegado el momento de tomar decisiones que nos situarán en una nueva etapa… Ahora se trataría de una proclamación. Es decir, de la creación de un nuevo Estado. Sin embargo, las proclamaciones de nuevos Estados solo tienen éxito cuando se pueden sostener, consolidar y desarrollar… Cuando se apruebe la ley de transitoriedad, habrá dos gobiernos y dos poderes que querrán imponer su legalidad. Y la pregunta del millón es si seremos lo bastante fuertes como para sostener nuestra legalidad sin hacer caso de la otra.”

Este último punto es decisivo: tan pronto se apruebe la ley de transitoriedad (o cuando se rechace la inhabilitación de Carme Forcadell), se entrará en una fase de doble poder parlamentario. Ahora bien, un doble poder es una fase transitoria, que puede durar un cierto tiempo, pero al final se impone uno de los poderes y el otro es derrotado. Para intentar ganar habría que preparar una resistencia prolongada, en la que el referente y el polo a reforzar debería ser el Parlament (ampliado, si hace falta, con los ayuntamientos). En otro momento de la entrevista, Ferran Requejo plantea otra pregunta clave: “¿Sabemos cómo se defienden instituciones como el Parlament o el palacio de la Generalitat con movilizaciones ciudadanas de carácter continuo?” Hasta ahora no he visto la respuesta.

Por ejemplo, la V Asamblea general ordinaria de la ANC ha discutido de qué hacer en los posibles escenarios del referéndum, pero no ha contestado a la pregunta anterior. Su presidente, Jordi Sánchez, se acercó un poco más en una entrevista realizada dos días antes:

“– ¿Ysi el Estado recurre a la fuerza física?

– Si el Estado opta por la coacción física, por perseguir urnas, ha de saber que sudará tinta, porque habrá más gente dispuesta a poner urnas y a abrir colegios que no agentes judiciales o policías para secuestrarlas.

– ¿Se han previsto acciones concretas? ¿Acudir a los colegios? ¿Rodearlos?

– Nosotros decimos que, si hace falta, para garantizar el referéndum, saldremos a la calle. Lo decimos sin miedo, sin medias tintas.

– ¿Cómo?

– Estaremos allí de manera cívica, sin una pizca de violencia, pero con una claridad y una intensidad desconocida hasta ahora. Si toca salir a la calle y quedarnos para defender nuestras instituciones, lo haremos. Y si hemos de estar junto a la puerta del Parlament para que nuestros diputados se reúnan y aprueben lo que tengan que aprobar, allí estaremos. Y si la comunidad internacional ha de ver que en Barcelona la ciudadanía de Catalunya está en la calle defendiendo un parlamento y un gobierno para recoger un mandato democrático emanado de las urnas, allí estaremos. Esto es lo que podemos decir ahora de manera inequívoca. El cómo y el cuándo dependerán de muchos factores, entre los cuales –y no es menor– cómo actúe el Estado.”

Otra pregunta que me parece pertinente es: ¿Cuáles serán los estímulos de estas movilizaciones populares “de intensidad desconocida hasta ahora”? Algunos saltan a la vista: la respuesta a la represión, la defensa de la democracia, de las instituciones y del derecho a decidir. ¿Bastarán para aglutinar a la mayoría de la población en torno al Parlament y obligar al poder del Estado a respetarlo? Es difícil dar una respuesta contundente, sin dudas. Pero podemos decir que el gobierno de Junts pel Sí parece confiar tan solo en estos estímulos y que ha dejado de lado al menos otros dos muy poderosos: la inclusión en los presupuestos de un plan de medidas sociales favorables a las clases populares; y la puesta en marcha de la fase participativa del proceso constituyente (tal como la aprobó el Parlament y que implicó el enjuiciamiento de su presidenta) para demostrar que la nueva República será lo que decidan democráticamente sus ciudadanos. Todavía hay tiempo para medidas de este tipo, pero hay que reconocer que se ha perdido mucho.

Medidas como estas habrían podido servir también para tratar de atraer a los comunes (o, al menos, a la mayoría de su base social), ayudar a que saliesen de la ambigüedad sobre el apoyo al referéndum, en la que la asamblea constituyente de Un País en Comú (UPEC) siguió instalada, limitándose a afirmar que “Catalunya ha de poder decidir libremente su futuro a través de un referéndum; que ha de ser efectivo, que interpele a toda la sociedad catalana y su pluralidad de posicionamientos, con reconocimientos internacionales y garantías democráticas” (p. 55). ¿Qué significado exacto tiene esta frase aquí y ahora? Está claro que, si el Estado aceptara pactar el referéndum, UPEC participaría en el mismo. Pero cada día está más claro que el Estado no quiere pactar, que en septiembre se intentará hacer un referéndum y que ni UPEC ni ninguno de los comunes están hablando con Junts pel Sí y la CUP sobre cómo hacerlo de la mejor manera posible y cómo defenderlo ante la probable represión del Estado.

El referéndum será el momento decisivo

El referéndum de septiembre no será una jornada más del procés, será una prueba de fuerzas decisiva; nada será igual después de ella. Por eso el debate estratégico ha de tener como referencia ese momento.

Lo más probable parece ser que el gobierno de Junts pel Sí se mantenga firme y convoque, organice y lleve a cabo el referéndum. Y pese a que hay diversos escenarios posibles, es útil, de cara a definir las tareas, situarse en el más desfavorable: que el Estado prohíba e impida el referéndum. ¿Qué habría que hacer en esta situación?

– la única respuesta que parece eficaz es la movilización en la línea de las declaraciones de Jordi Sánchez, pero intentando precisar la magnitud que puede llegar a ser necesaria, por ejemplo: permanecer en los colegios electorales durante toda la jornada para mostrar al mundo la determinación de votar; y después, concentraciones diarias en las plazas de los ayuntamientos de todo el país (una huelga general es mucho más difícil y no parece que haya condiciones).

– defender el Parlament como poder legítimo y pedir que el referéndum sea aceptado por el gobierno español; al mismo tiempo, exigir al Parlament que gobierne, que tome medidas sociales e inicie el proceso constituyente popular; si el Parlament no puede reunirse, apoyar a la Assemblea d’Electes (diputados, alcaldes y concejales).

– en este contexto de movilización habría que valorar la proclamación de la independencia, teniendo en cuenta que lo importante no son las proclamaciones, sino cuál de los dos poderes consiga imponerse. Lo que hay que hacer en cualquier circunstancia es impulsar la movilización social, ampliar la base social de la independencia, reforzar el poder efectivo del Parlament, hasta que el Estado haya de aceptar un referéndum ganado con la rebelión pacífica del pueblo o que su poder se haya erosionado tanto que la República Catalana no sea flor de un día.

En todo caso, las cosas no serán las mismas después de la prueba de fuerza del referéndum. Es imposible hacer una predicción, pero sí se puede hacer una aproximación a las diversas alternativas que pueden abrirse.

La situación política catalana puede girar hacia una posibilidad de conquistas democráticas y reformas sociales; o bien hacia una etapa de reacción.

En caso de victoria, seguramente se consolidará el PDECat de Puigdemont; y en caso de derrota, la derecha catalana autonomista tendrá por fin una oportunidad de construir un partido como el que tienen actualmente en la incubadora políticos como Fernández Teixidó apoyados por medios como La Vanguardia.

El mapa de la izquierda cambiará profundamente, tanto en caso de victoria como de derrota, y el elemento decisivo, no el único, pero sí el más importante, será: ¿qué hicisteis en el referéndum? El PSC puede convertirse en un partido residual en caso de victoria o en uno reaccionario en caso de derrota. ERC puede ser el partido hegemónico en caso de victoria y en la principal fuerza de la oposición en caso de derrota, porque es el partido menos desgastado de Junts pel Sí. Si UPEC y Podem no dan un giro decidido hacia “referéndum sí o sí”, pueden perder por mucho tiempo la posibilidad de ser una alternativa de gobierno en Catalunya, tanto si se gana como si se pierde el referéndum. La CUP puede aumentar su fuerza en caso de victoria y sufrir mucho en caso de derrota, porque, como se ha visto en los momentos difíciles, habrá muchos actores interesados en atribuirle responsabilidades que no son suyas.

A nivel del Estado español, la prueba de fuerzas del referéndum puede abrir o cerrar, al menos durante un tiempo, la posibilidad de una alternativa progresista al régimen del 78. Ahora bien, que la balanza se incline hacia un lago u otro dependerá mucho de la actitud de los partidos nacionalistas, particularmente los de Euskal Herria y Galiza; y sobre todo, de los partidos de izquierda, en particular de Podemos. ¿Considerarán el referéndum como una cuestión de los catalanes hacia la que es suficiente mostrar simpatía y hacer alguna concentración de apoyo? ¿O como una cuestión decisiva, al mismo nivel que la considera toda la derecha y el aparato del PSOE, que puede abrir o cerrar posibilidades democráticas en el conjunto del Estado español?

Nada está cerrado ni decidido todavía, pero se acercan momentos decisivos. No vamos hacia una escaramuza táctica, sino hacia una batalla estratégica.

Martí Caussa es miembro de la Redacción de la web de viento sur

10/05/2017





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