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Elecciones en Francia
La candidatura de Macron y la recomposición política
10/05/2017 | Christakis Georgiou

[Escrito antes de la segunda vuelta de las elecciones en las que fue elegido presidente E. Macron, este artículo informa de cómo trabajan las élites para “fabricar” sus peones políticos.]

Desde ahora parece evidente que la elección presidencial de abril-mayo de 2017 va a suponer un giro en la historia política y quizás, incluso institucional, francesa. Más allá de los golpes de efecto inesperados que se suceden desde hace un año, -la decisión del Partido Socialista de organizar unas primarias para elegir un candidato a pesar de que el presidente saliente haya salido de sus filas, la renuncia de François Hollande a presentarse, la sangrante derrota del representante del quinquenato, Manuel Valls, en estas primarias, la sorprendente derrota de Alain Juppé en las primarias de la derecha, y el hundimiento de la candidatura de François Fillon – sin duda, el hecho más destacado es que por primera vez en la historia de la V República, los dos candidatos que se enfrentan en la segunda vuelta no están apoyados por ninguno de los grandes partidos que aseguraron la alternancia desde hace cerca de sesenta años, es decir el Partido Socialista y la última versión de la derecha salida de la tradición gaullista, los Republicanos. Emmanuel Macron y Marine Le Pen aparecen como los favoritos en la primera vuelta y, a partir de ahí, el candidato de En Marche! es el favorito para ganar en la segunda vuelta. Y si el avance de Marine Le Pen prolonga su tendencia a largo plazo, que ha visto ganar partes substanciales del mercado electoral nacional desde 1986 y que su audiencia crece quizás al arrimo de fenómenos electorales recientes como la victoria de Donald Trump o el Brexit, el caso de Macron constituye una particularidad que merece ser analizada más detenidamente.

Efectivamente, un candidato novicio en política -solo es conocido por el gran público desde septiembre de 2014 – que se apoya en un movimiento de apenas diez meses, que logra llenar las salas de mítines como ningún otro candidato, que satura el espacio mediático y que acumula los apoyos políticos de todos los lados, tanto de la derecha como de la izquierda.

Estos éxitos no se apoyan solamente en la capacidad oratoria de Macron o en la atracción de un individuo. Más bien, se deben explicar por el eco político que encuentra su proyecto político en las élites políticas, administrativas y económicas -dicho con otras palabras, la clase dirigente francesa – y del impulso que este eco genera a favor de su candidatura. El tratamiento que le reservan los grandes titulares de la prensa semanal o las grandes cadenas continuamente son suficientes para demostrar que Macron cuenta con sólidos punto de apoyo en el corazón del poder.

Así que se trata de plantear la cuestión de saber si el proyecto de Macron cristaliza la elección estratégica de una gran parte de la la clase dirigente francesa de realizar una mutación en el funcionamiento del sistema político-institucional de la V República para preservar mejor su capacidad de dictar las opciones legislativas y gubernamentales en el periodo que se avecina, un poco parecido a la forma como André Granou había analizado en la década de 1970 el advenimiento de la V República 1/. En ese brillante análisis, Granou mostró cómo el alto funcionariado público -esa nobleza de Estado-, según el término de Pierre Bourdieu, que constituyen la columna vertebral de la clase dirigente francesa desde la década de 1950 2/ - y los aliados con los que contaba en el sector privado se ampararon en la llegada de la V República para acelerar la modernización del capitalismo francés impulsando el proceso de concentración de capital, la apertura europea de la economía francesa y el proceso de descolonización. El reforzamiento del poder ejecutivo en detrimento del poder legislativo les había permitido esquivar las resistencias “malthusianas” de las élites tradicionales que habían dominado los regímenes parlamentarios de la III y IV Repúblicas y que formaban la mayoría de los diputados de la Asamblea Nacional y, aún más, el Senado.

Evidentemente, los desafíos entonces eran mucho más importantes que hoy y el contexto político bastante más polarizado. Pero el avance electoral actual del Frente Nacional y la resistencia de la que da pruebas la izquierda en sus diversos componentes -los contestatarios socialistas vencedores de las primarias de la Francia Insumisa pasando por el Partido Comunista y Europa-Ecología-Los Verdes- a la política llevada por François Valls encuentra, en cierta medida, un paralelo con la acción conjugada de la OAS y del movimiento Poujade así como la presencia de un Partido Comunista siempre muy poderosos al final de la década de 1950.

Pero antes de mostrar cómo el proyecto de Macron corresponde a la idea de un gobierno de unión nacional “que aproxime la derecha de la izquierda y la izquierda de la derecha” para hacer las reformas preconizadas desde hace dos decenios por las élites francesas, idea que vuelve regularmente desde hace una decena de años y del inmovilismo de Chirac, es útil empezar por una análisis socio-biográfico del individuo, rico en enseñanzas sobre las fuerzas sociales en las que se apoya su iniciativa.

Macron, el candidato con un recorrido típico del personal dominante en las cimas del poder en Francia

El mismo Macron pertenece al primer círculo de la clase dirigente francesa, ha hecho el recorrido típico que lleva a la cima del poder en ese país. Diplomado en Ciencias Políticas en París en 2001, aprobó el examen de la ENA (Escuela Nacional de la Administración. NdT) de donde salió en el “ramillete” (entre los primeros clasificados) en 2004 lo que le permitió integrarse en el Cuerpo de Inspectores Generales de Finanzas. La IGF constituye con el Cuerpo de Minas que reúne a los ingenieros primeros de su promoción de la Escuela Politécnica, uno de los dos cuerpos más poderosos de funcionarios del estado. Solo recluta cinco o seis enarcas [diplomados de la École Nationale d’Administration. NdT] cada año que están destinados a ocupar los más altos puestos en la jerarquía del poder político-administrativo y económico del país: gabinetes del presidente de la república, del primer ministro o del ministro de finanzas, direcciones del tesoro o del Presupuesto, presidencia del Banco de Francia, y de la autoridad de la Comisión Nacional del Mercado de Valores en la parte estatal, consejos de administración de las empresas del CAC40 y direcciones generales de los grandes bancos y aseguradoras, especialmente en la parte económica 3/.

Hay diversidad de sensibilidades políticas en la IGF: va precisamente de la derecha de la izquierda a la izquierda de la derecha con algunas raras excepciones 4/. Pero esta diversidad solo tiene consecuencias en las opiniones sobre cuestiones sociales. Así, se puede distinguir a los conservadores (como Henri de Castries, por ejemplo, antiguo PDG de Axa a quien François Fillon prometió el ministerio de Finanzas, católico practicante opuesto al matrimonio para todos) de los, para la mayoría, progresistas de sensibilidad cristiana de izquierda del tipo de un Pascal Lamy (antiguo comisario europeo y presidente de la Organización Mundial del Comercio.

Sobre las cuestiones de política económica, sobre todo, prevalece el consenso. Los inspectores de finanzas fueron quienes concibieron y los artesanos de las grandes reformas económicas de los treinta últimos años: liberalización financiera al comienzo de la década de 1980, privatizaciones orquestadas muy de cerca por el Ministerio de Finanzas para preservar el control francés de los florones del CAC40, política macroeconómica del franco fuerte, diminución progresiva de las cotizaciones de la patronal sobre los pequeños salarios para favorecer el empleo no cualificado y así sucesivamente. Entre ellos, también están los principales partidarios de la reducción del gasto público y del control de la deuda pública, una temática que se impone en el debate público a continuación del informe Pébereau de 2006 5/.

Macron pertenece a la corriente progresista de la inspección. Fue miembro del grupo los Gracques, un colectivo de altos funcionarios y empresarios próximos al ala derecha del PS que preconizan desde su creación en 2007 una alianza entre el PS y el centro de Fraçois Bayrou 6/ . Además, fue ese su discurso en la clausura de la V Universidad de los Gracques en noviembre de 2015 poco después de los atentados de París, en el que explicó que “la herida que hemos sufrido esta semana, es la herida de los musulmanes de Francia” y que “alguno con el pretexto de que lleva barba o un nombre en consonancia para ser considerado musulmán, tiene cuatro veces menos posibilidades de tener una entrevista de trabajo que otro”.

Esto le valió la ira de Manuel Valls así como su apoyo a la política alemana de acogida ilimitada de refugiados. Esto explica también su posición en la cuestión de la laicidad, su oposición a la pérdida de la nacionalidad o sus palabras sobre la colonización.

En 2007, fue nombrado por Nicolas Sarkozy co-redactor de la Comisión Attali para el impulso del crecimiento en Francia -una de las iniciativas de Sarkozy para lograr un consenso bipartidista centrista del que hoy Macron se dice promotor bajo una nueva forma. Ya está en contacto con François Hollande, cuyo cercano Jean-Pierre Jouvet, jefe de la inspección de finanzas entre 2005-2007, también fundador de los Gracques, señala a Macron. Los dos ilustran la capacidad de los inspectores de sobrepasar los marcos partidarios: Jouvet, aunque es socialista y antiguo director adjunto del gabinete de Jospin en Matignon, se convierte en secretario de estado de Asuntos Europeos del primer gobierno Fillon antes de ser nombrado en 2008 titular de la Autoridad de los Mercados Financieros (AMF). Hollande le nombró jefe de la Caja de depósitos y Consignaciones en 2012, después Secretario General del Eliseo en 2014. Macron por su parte, declinó la propuesta de convertirse en director adjunto del gabinete de Fillon en Matignon en 2010.

Después de cuatro años en el Ministerio de Finanzas, Macron deja el servicio público por el banco Rothschild y Co, una de las dos principales instituciones de este tipo en Francia con Lazard Hermanos. Estos bancos son gabinetes de asesoramiento muy elitistas que aconsejan y negocian a cuenta de las grandes firmas del CAC40 o incluso a distintos estados. Reúnen a la crema de la crema de la plaza financiera de París. Macron se forjó allí una brillante reputación de negociador, y escaló rápidamente los peldaños. Al mismo tiempo, apoyó al candidato François Hollande antes del naufragio de la candidatura de Dominique Strauss-Kahn y en la última recta final de la campaña presidencial de 2012, anima el grupo la Rotonda que reúne economistas de sensibilidad socio-liberal ( Philippe Aghion, Gilbert Cette, Elie Cohen y otros) encargado del programa económico de Hollande.

Una vez pasadas las elecciones, Macron se convirtió en Secretario General Adjunto del Eliseo, encargado de las cuestiones económicas y financieras. Durante sus dos años de servicios, inspiró el CICE y el pacto de responsabilidad pero también la política francesa en materia europea, especialmente, forjando un compromiso con Alemania para lanzar en junio de 2012, el proyecto de unión bancaria que centralice el control prudencial sobre los sistemas bancarios europeos en el BCE. Desde el inicio, es uno de los partidarios más entusiastas del giro socio-liberal del quinquenato. Precisamente, es la división en el seno de la mayoría de la izquierdas en la Asamblea Nacional a la que cita como causa del bloqueo que existe en la izquierda y en la derecha francesas y que justifica una recomposición del sistema partidario con la emergencia de un gran polo centrista, que engloba la derecha de la izquierda y la izquierda de la derecha.

La lista de apoyos de Macron se lee como un extracto del ¿Quién es quién? de la clase dirigente francesa. Su principal apoyo ha sido Henry Hermand, empresario importante con intereses en la gran distribución, cercano a Mendès-France, después a Rocard y de la corriente cristiana de izquierda fundada por Emmanuel Mounier del entorno de la revista Esprit. Hermand financió think tanks próximos de la derecha del PS (La república de las ideas. Terranova). Otro empresario cercano al PS, el copropietario de Le Monde, Pierre Bergé, es un apoyo declarado de Macron. Cuenta también con Alain Minc (también inspector de finanzas), Jacques Attali (politécnico y miembro del cuerpo de Minas, el banquero Serge Weinberg (además, presidente de Sanofi, el banquero de izquierdas Jean Peyrelevade (asesor económico del Primer Ministro Pirre Mauroy entre 1981-1983 y que se ocupó del programa económico de Bayrou en 2007), el financiero Henry Moulard, Pascal Lamy y otros. En el organigrama de campaña de Macron, el responsable de la recogida de fondos es Christian Dargnat, antiguo director ejecutivo de la rama gestión de activos del BNP Paribas, y el encargado de las relaciones con las empresas y las cuestiones económicas es el antiguo banquero de negocios (En Morgan Stanley en París) y ex director general de Altice Media Group (el grupo de Patrick Drahi), Bernard Mourand. Según un “habitual de las cenas del poder”, citado en una encuesta de Le Monde sobre Macron, “él es aquel con quien el Siglo siempre ha soñado: hombre de izquierdas haciendo una política de derechas” 7/.

Así que Macron es, más que cualquier otro candidato actual, el que tiene un recorrido más típico del personal dominante en la cumbre del poder en Francia. Es decir, si su proyecto de un nuevo movimiento político, “ni de derechas ni de izquierdas”, aliado al MoDem de Bayrou y que propone un programa que continua el de los cinco años de Hollande pero sin embrollarse con una síntesis del ala izquierda del PS y EEVL o la necesidad de satisfacer a una parte del electorado de izquierda, expresa la elección estratégica de al menos, una parte de la clase dirigente francesa.

Sin embargo, este proyecto de constitución de una gran mayoría centrista, no es ni el único ni el primero en intentarlo. Este proyecto está en discusión desde hace una decena de años, incluso desde 2002. Pero los cinco años de Hollande, la radicalización de una parte de la derecha y el ascenso del Frente Nacional pero también la debilidad que atraviesa la persona de Macron lo han puesto a la orden del día.

La idea de una gran mayoría centrista para hacer “las reformas al estilo Schoeder”

La idea de una gran mayoría centrista que abarque desde la derecha de la izquierda a la izquierda de la derecha para llevar a cabo las reformas liberales no es nueva pero a partir de 2012 se ha impuesto, parece, como inevitable. La dificultad de los gobiernos Valls para lograr un consenso en el seno de su mayoría parlamentaria o bien de forjar alianzas puntuales con una parte significativa de los diputados de derechas para votar leyes como la Ley Macron o la ley El Khomri, así como el ascenso del Frente Nacional y la radicalización de una parte de la derecha, han llevado el agua al molino de los partidarios de una recomposición partidaria que de hecho, modificara la lógica institucional de la V República. Efectivamente, el problema viene de esa lógica. Haciendo de la segunda vuelta de la elección presidencial el escrutinio más importante alrededor del que se organiza el sistema electoral y la vida política en Francia -una dimensión reforzada por la reforma de 2002 que introdujo el quinquenato y alargò los ciclos presidenciales y legislativos- las instituciones de la V República solidifican la ruptura política izquierda-derecha que atraviesa el centro del tablero político. La forma de escrutinio más importante a dos vueltas para las elecciones legislativas reprodujo está división a escala de circunscripciones y llevó a una Asamblea Nacional organizada también sobre la división izquierda-derecha. Es esta evidencia la que había impulsado François Mitterrand desde el primer decenio de la V República al buscar la unión de la izquierda y romper con la orientación de la SFIO bajo la IV República que había consistido en gobernar en el centro con los llamados partidos de la tercera fuerza (MRP; Radicaux, etc) y a rechazar cualquier alianza con PCF. El resultado es la formación de dos bloques que en el seno de los cuales no existe consenso a favor de las reformas preconizadas por los círculos del poder desde hacía dos decenios.Cuando Sarkozy había prometido la ruptura, jamás fue más allá de lo que sus apoyos empresariales hubieran querido y los cinco años de Hollande acabaron tormentosamente, sin mayoría parlamentaria viable.

Fue al día siguiente de la elección presidencial de 2002 cuando fue evocada por primer vez la idea de un gobierno apoyado por la gran mayoría centrista, cuando François Bayrou se quejó en este sentido ante Jacques Chirac. Pero este prefirió la formación de un único partido de la mayoría presidencial que permitiera solidificar el bloque de derechas sobre el que quería apoyarse para gobernar. En 2007, los Gracques habían pedido una alianza Royal-Bayrou que no se produjo. Fue Sarkozy el que intentó durante la primer mitad de su quinquenato avanzar en ese sentido practicando la apertura y confiando a las comisiones bipartidarias (Comisión Attali sobre el crecimiento, Informe Védrine sobre Francia y la globalización, Informe Juppe-Rocard sobre las inversiones futuras) el cuidado de elaborar propuestas de reformas que podrían ser consensuadas. Pero esta tentativa también fracasó a partir de 2009 y el lanzamiento del debate sobre la identidad nacional concebido para engatusar el ala dura de la derecha e impedir la hemorragia de electores de derechas hacia el Frente Nacional. En 2012 el voto de Bayrou para Hollande alimentó una máquina de rumores sobre la posibilidad de hacer entrar el MoDem en el gobierno y nombrar su presidente en Matignon.

Pero a medida que la mayoría parlamentaria de Hollande se desmoronaba, la idea de un gobierno de unión nacional se impuso 8/. Huert Vedrine -él también enarca, asesor diplomático, después Secretario General de Mitterrand en el Eliseo, Ministro de Exteriores con Jospin, después asesor de empresas del CAC$40 y miembro del Consejo de Administración de LVMH -publicó en febrero de 2014 un libro, Francia ante el desafío, en el que defendía una coalición “derecha-izquierda para la reforma” que permitiría hacer rápidamente las reformas y después volver a la rutina de la división derecha-izquierda. Attali llamó a un “gobierno de salvación público” a falta de un “gran partido de salvación público” y Lamy a un gobierno nacional reformista, igual que Luc Ferry, el antiguo Ministro de Educación Nacional de Chirac. En la derecha es el ala moderada de los Republicanos quien hace sonar esta música. Alain Juppé evocó en enero de 2015 la perspectiva de una gran coalición para que “la gente razonable gobiernen juntas y dejen a un lado los extremos, tanto de derechas como de izquierdas” antes de considerar en abril que “el movimiento de unión nacional, sin duda, llegará, es evidente”. Claramente, es lo que le ha valido el apoyo de Bayrou -el precursor de este movimiento hacia la recomposición del panorama partidario- durante las primarias de la derecha. Es Jean Pierre Raffarin a continuación, apoyado por Valls, quien al día siguiente de las elecciones regionales de diciembre de 2015 propuso un “pacto republicano contra el paro” cuando el tema del gobierno de unidad nacional había vuelto con fuerza al debate público como solución ante el Frente Nacional.

Pero quizás, la indicación más clara de la evolución del estado de ánimo de la clase dirigente francesa sobre la cuestión del sistema político-institucional viene de las posiciones públicas de un gran empresario industrial, Jean-Louis Beffa. Beffa, politécnico y miembro eminente del Cuerpo de Minas, fue PDG de Saint Gobain de 1986 a 2007, después presidente de honor de esta gran firma que ocupa un lugar central en la constelación elitista y los negocios en Francia 9/ . Sobre todo, disfruta con la reputación de ser el “pope de industria francesa” en tanto que su papel es el de un eminente representante del gran empresariado industrial francés. Ejerce su influencia tanto e la derecha como en la izquierda, incluso si está considerado de derechas. Fue nombrado director de Saint Gobain por Balladur en 1986, en el momento de su privatización. Con Hollande se impuso rápidamente como un “visitante nocturno” muy influyente ante el presidente y sus ministros económicos y junto con otros dos grandes empresarios industriales, Louis Gallois y Louis Schweitzer inspiró en gran medida la agenda del quinquenato. Las reformas que enumera en su libro La France doit agir, aparecido en 2013, se leen como una lista de las principales medidas tomadas por Hollande a partir de 2013. Entonces, Beffa declaró: “soñar en ver Francia gobernada por una gran coalición con Alain Juppé en el Eliseo y Emmanuel Macron en Matignon para realizar juntos las reformas tipo Schroder”.

¿Cómo explica este “sueño”?

“Todos los países que triunfan (…) lo hacen porque existe una unión entre la izquierda y la derecha en posiciones centristas muy diferencias de las ideologías un poco extremas que podemos tener en Francia (…). En Francia, un 20 % está a la izquierda, Frente de Izquierda, ecologistas, que no admiten los hechos reales y poco más o menos, lo mismo, 20 %, quizás incluso más, actualmente en la extrema derecha, que tampoco los aceptan. Queda un 60 %. Si de corta en dos, entonces, nunca habrá mayoría para hacer las reformas”.

Quizás lo más sorprendente es que Beffa, en otras palabras, la gran coalición alemana, toma como ejemplo de lo que sería necesario, el bloque de la tercera fuerza en la IV República pero sin cuestionar el presidencialismo de la V 10/. La concentración de poderes en manos del presidente de la república deja una institución que preserva la influencia de la clase dirigente sobre el sistema político. Así que se trataría de modificar el funcionamiento de esta para evitar que la división del centro no opere según la división izquierda-derecha, creando una gran mayoría centrista que va de la izquierda de la derecha a la derecha de la izquierda y demarcándose de los dos extremos, tanto a derecha como a izquierda.

Este sistema se inspira claramente en los sistemas parlamentarios proporcionales, especialmente en el modelo alemán. Durante la crisis, la capacidad de forjar grandes coaliciones centristas ha sido valorada por las élites francesas como una fuente importante de la solidez de Alemania. No es casualidad si se inspiran en el modelo político-institucional alemán mientras que el reto del momento es hacer las reformas que restablezcan la credibilidad de la clase dirigente francesa ante los ojos de sus socios alemanes. Efectivamente, la credibilidad francesa es un sine qua non exigida por las élites alemanas antes de comprometer una gran reforma de la Unión Europea y de la zona euro que debería desembocar en un sistema mucho más centralizado, especialmente, con un ministro de finanzas europeo, una fiscalidad común y un sistema de transferencias bancarias que organicen la solidaridad fiscal entre los estados miembros de la zona euro. Macron no deja de repetir esta necesidad de ganar credibilidad a los ojos de Berlín 11/.

La recomposición política actual según el modelo de la gran mayoría de centro

El proyecto de Macron y su alianza con Bayrou aceleran este proceso de recomposición política. El panorama en la derecha no se ha clarificado por el momento pero en el probable caso de la eliminación de Fillon de la segunda vuelta de las presidenciales, los Republicanos se arriesgan a fracturarse entre quienes llamarían a votar incluso que podrían unirse a Macron (la UDI, los juppenistas, etc.) y entres quienes estarían tentados por el Frente Nacional (Sens commun, Laurent Vauquiez, una parte de la base sarkozysta). Entonces, cuando el fundador de la UDI, Jean-Louis Barloo, ha entreabierto la puerta de una alianza con Macron en la nueva asamblea explicando en Le Monde que su deseo de una “recomposición política entre las fuerzas de izquierda modernas y una derecha progresista”, personalidades de la derecha dura -Philippe De Villiers, Patrick Buisson, y otros- se cuentan entre los nuevos sumados a la campaña de Marine Le Pen. Esta, después de la toma del poder en el Frente Nacional, ha centrado su estrategia en arrancar una parte importante de los votos los Republicanos para formar una gran coalición de derechas reaccionaria y soberanista. Por otra parte, esa es la razón por la que el escenario ideal de Marine Le Pen era el de una candidatura de Juppé a las presidenciales. El panorama de la derecha no ha acabado de recomponerse y el momento de la clarificación final queda todavía por delante.

En la izquierda, las cosas están más avanzadas. La victoria de Benoît Hammon en las primarias de la izquierda ha supuesto la victoria de los rebeldes y la imposibilidad de acercar el PS al proyecto de Macron de una nueva fuerza política aliada al centro. Pero las primeras incorporaciones socialistas a Macron data de antes de las primarias y su resultado no hará más que acelerar el proceso. Las declaraciones de personalidades estrechamente asociadas al balance del quinquenato como Stéphane Le Foll -portavoz del gobierno- o Claude Bortolone -presidente de la Asamblea Nacional- que piensan votar a Macron, o de Valls que ha llamado a sus partidarios a “prepararse para la recomposición de la izquierda y de la escena política” apuntan en la misma dirección. Uno de los partidarios de Valls, el Secretario de Estado de Jean-Marie Le Guen, ya en abril de 2016 había llamado a gobernar con una parte de la derecha después de 2017.

Si la apuesta de Macron triunfa, las defecciones en las filas del PS hacia En Marche! hará definitivamente caduca la tentativa de Hammon de mantener el perímetro actual del PS colocándose a la cabeza (es decir, desplazar el PS actual hacia la izquierda) de la misma forma que eliminaron las objeciones estratégicas de Jean-Luc Mélenchon en relación a una nueva alianza con la corriente que salió vencedora en las primarias de la izquierda. La pareja se hará sola, sin que los hammonianos tengan que cortar cabezas. Las diferentes fuerzas de la izquierda no tendrán otra opción que aliarse si quieren existir en el plano electoral. El proceso de recomposición en marcha impulsará una unión de la izquierda para evitar la desaparición electoral debido a su fragmentación. Cuanto antes sea comprendida esta nueva situación estratégica, mejor será para todo el mundo.

6/4/2017

https://www.jacobinmag.com/2017/04/france-elections-emmanuel-macron-fn-en-marche/

Traducción: viento sur

Notas (de la traducción al francés)

1/ Ver su La bourgeoisie financière au pouvoir, París, Maspero, 1977 y bajo su verdadero nombre, André Gauron Histoire économique et sociale de la cinquième république. Tome 1 : Le temps des modernistes, París, La Découverte, 1983.

2/ La noblesse d’Etat : Grandes écoles et esprit de corps, París, Minuit,1989. La centralidad de los altos funcionarios salidos de las importantes escuelas (Polytechnique y ENA en primer lugar) en el seno del poder tanto político-administrativo como económico es objeto de un amplio consenso entre los sociólogos de las élites francesas. Ver, además de Bordieu, los libros de Ezra Suleiman, Pierre Birnbaum Les sommets de l’Etat, París, Seuil, 1994, y sobre la la continua contratación de los grandes empresarios del CAC40 entre la alta función pública François-Xavier Dudouet et Eric Grémont Les grands patrons en France : Du capitalisme d’État à la financiarisation, París, Lignes de repères, 2010.

3/ Ver Ghislaine Ottenheimer Les intouchables : Grandeur et décadence d’une caste : l’inspection des finances, París, Albin Michel, 2004, et Luc Rouban “L’inspection générale des finances, 1958-2008 : pantouflage et renouveau des stratégies élitaires”, Sociologies pratiques 21, 2010. Para dar solo algunos ejemplos, todos los presidentes y directores generales del BNP -Paribas desde la privatización en 1993 (a excepción del actual director general Jean-Louis Bonnafé, politécnico de la Escuela de Minas), han sido inspectores: Michel Pébereau, Baudoin Prot, Jean Lemierre. Lo mismo en la Société Générale (a excepción de su presidente desde 2015 Lorenzo Bini Smaghi), privatizada en 1987 : Marc Viénot, Daniel Bouton, Frédéric Oudéa. Pero incluso antes de su privatización, estos bancos estaban dirigidos por inspectores (René Thomas, Jacques Mayoux respectivamente en el momento de su privatización).

4/ Como el fundador de la Union Populaire Républicaine, François Asselineau

5/ Benjamin Lemoine L’ordre de la dette : Enquête sur les infortunes de l’Etat et la prospérité du marché, París, La Découverte, 2016, capítulo 5. Pébereau fue el director general y /o presidente de BNP-Paribas durante una veintena de años. Fue el banquero más poderosos de Francia en la década del 2000 y el principal creador del plan de salvamento de la banca decidido por Sarkozy en 2008.

6/ Ver su tribuna de opinión en marzo de 2007 llamando a una alianza de Royal-Bayrou http://www.lepoint.fr/actualites-politique/2007-03-22/merci-francois/917/0/175482#xtmc=gracques &xtnp=1&xtcr=2

7/ Raphaëlle Bacqué et Ariane Chemin “Le fantasme Macron”, Le Monde, 13 de Noviembre de 2015.

8/ Ver por ejemplo, http://www.lopinion.fr/28-decembre-2014/union-nationale-idee-en-vogue-en-france-pas-a-l-elysee-198 05

9/ Ver François-Xavier Dudouet, Eric Grémont, Hervé Joly et Antoine Vion “Retour sur le champ du pouvoir économique en France : L’espace social des dirigeants du CAC 40 “, Revue Française de Socio-Economie 2014/1, p 13.

10/ Jean-Louis Beffa, La France doit agir, París, Le Seuil, pp. 95-140

11/ Un análisis idéntico al de Beffa por otra parte: “L’Allemagne attend des actes. ... L’Allemagne n’acceptera des projets d’intégration concrets que lorsqu’elle sera assurée de l’engagement français à se redresser.” La France doit agir, op. cit., p 163



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