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Nuevo sujeto político en Catalunya
¿De comunes a eurocomunes?
04/05/2017 | Josep Maria Antentas

Ciudadanos, ¿queríais una revolución sin revolución?”.

Robespierre, 5 de noviembre de 1792 /1

Justo recién creado, son muchos los interrogantes acerca de la futura evolución política y estratégica del nuevo partido catalán, coloquialmente llamado el partido de los comunes, auspiciado bajo el liderazgo de Ada Colau. Tras su constitución subsiste la ambivalente sensación de estar ante la posibilidad de articular una fuerza política de fortaleza inédita, por un lado, y de un problemático dejà vu estratégico, por el otro. El devenir del nuevo proyecto está en gran medida asociado a la evolución del pequeño núcleo dirigente de los comunes y su entorno inmediato, una evolución que vendrá determinada por su interacción con la realidad política exterior y también por su convivencia cotidiana con el equipo de dirección de Iniciativa per Catalunya Verds (ICV), la otra gran pata del partido. Del toma y daca entre ambos sectores, acabará saliendo la síntesis político-estratégica constituyente del nuevo sujeto político /2.

De procedencia en el activismo social, la composición del equipo central de los comunes que lanzó en junio de 2014 el proyecto municipalista de Barcelona en Comú mezcla a un sector que viene de la tradición post-autónoma con otro que echa raíces en un movimentismo y oenegeísmo radical menos ideologizado, junto con figuras individuales aisladas con un bagaje más directamente político. El corazón de los comunes encarna a la perfección la mutación estratégica de toda una generación de activistas que pasaron del militantismo social que rechazaba la intervención política durante los años noventa y dos mil al salto a las instituciones tras el 15M. El “no nos representan” inicial se transmutó en un intento de “representarnos a nosotros mismos”, ante la constatación de la gravedad de la crisis del sistema político, de la incapacidad de la izquierda tradicional para dar respuesta a la situación, y de los límites de la propia resistencia social que siguió al 15M /3. Este desplazamiento estratégico, sin embargo, en gran medida se operó sin un balance sistemático respecto a la etapa anterior “antipolítica” y, en buena medida, topa con el mismo problema: el Estado. Pero invirtiendo los errores de análisis y pasando de la ilusión de exterioridad a la del cambio desde dentro, y sin manejar una dialéctica convincente entre lo social y lo político. Su punto ciego es la ausencia de toda reflexión sobre los procesos de burocratización y, con ello, de cualquier estrategia anti-burocrática anticipatoria /4.

¿Estrategia de asalto electoral o asalto electoral a la estrategia?

Reflexionando sobre la experiencia en el cargo, la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, señalaba pertinentemente en una entrevista que "la naturaleza de la institución no va asociada a la posibilidad de la ruptura" y que la palabra ruptura "es contradictoria con las instituciones. La institución va asociada a gobernar lo posible y lo realmente existente. No los sueños ni los objetivos, ni las grandes metas. Por lo tanto, la institución, que tiene que gestionar lo posible, lo real, lo imperfecto, va asociada a inercias que tienden al conservadurismo, y no a la ruptura. Eso es el punto de partida. Y además, cuando entras en una institución lo percibes claramente" /5. La cuestión estriba ahí en como posicionarse ante tal evidencia: o tender a aceptar los límites que el marco institucional plantea o forcejearlos al máximo para ampliarlos, planteando pulsos y acometidas constantes que vayan rompiendo la rígida elasticidad de la malla institucional. Lo segundo implica insertar la idea de ruptura en la gestión concreta de la continuidad y de la cotidianedad institucional. Sino, ante la dificultad de concebir una ruptura que choca con la inercia diaria, el riesgo es acabar disociando la idea de ruptura y la de cambio social, deslizándose hacia visiones gradualistas del mismo.

Colau continúa su argumentación señalando que "hay hoy una pulsión ciudadana muy saludable para que haya una profundización democrática. Y esa pulsión democrática, de profundización, es evidente que, colateralmente si quieres, acaba llevando a una ruptura respecto a cierto status quo, con un régimen que es freno para que haya esa profundización democrática. Pero entonces la ruptura no es el objetivo. Ese quizás sería el matiz que haría. El objetivo es la profundización democrática o la consecución de una democracia real y no solo formal. Y la ruptura puede ser una de las consecuencias, pero no el objetivo en sí mismo". Aparece ahí una confusión entre fines, medios y resultados. Efectivamente, la ruptura no es el fin, el fin es otro modelo, definido en este caso como "una democracia real", pero la ruptura no es la "consecuencia" del cambio de modelo al que aparentemente se podría transitar sin dicha ruptura, sino que es el medio para llegar al otro modelo. Si se pierde la ambición de ruptura, se rebaja sin saberlo el alcance del cambio final que se pretende alcanzar. El desafío, en realidad, reside en pensar como en un contexto de alta complejidad institucional se puede imaginar una subversión de los propios códigos institucionales y como vislumbrar una gestión cotidiana del poder gubernamental, en este caso municipal, que vaya abriendo grietas en el andamiaje del Estado. En ser consciente de los límites de las instituciones no para resignarse a ellos, sino para ensancharlos, en una dinámica que no será lineal ni acumulativa, sino que tendrá pulsos y momentos decisivos.

El ascenso de Podemos en 2014 y las victorias de las candidaturas municipales ciudadanas en Mayo de 2015 inauguró la fase de asalto a las instituciones con el objetivo de desalojar de las mismas a quienes siempre habían detentado su monopolio. Ante la dificultad de imaginar un escenario de confrontación al límite, en medio de una relación de fuerzas global desfavorable y en un contexto de aislamiento institucional, el asalto a las instituciones pregonado por los comunes (al igual que en la hipótesis populista de Podemos) se hace, en este sentido, con una pretensión auto-limitadora respecto a lo que se puede hacer después en ellas y con ellas. Es lo que podemos llamar la política del freno de mano. A la larga, por esta senda, la estrategia de asalto a las instituciones podría acabar transmutando en un asalto de las instituciones a la estrategia y en consecuencia en una institucionalización de la estrategia de asalto. Es decir en una institucionalización y estatización del pensamiento y la práctica política. De asaltadores a asaltados sin saberlo. De vencedores a vencidos aún sin admitirlo. De okupar las instituciones a ocuparlas sin darse cuenta.

Analogías piratas

El asalto de un grupo de outsiders a las instituciones del Estado puede resumirse gráficamente a la perfección con la cinematográfica imagen de un abordaje pirata a un navío mercante. La referencia pirata es más útil de lo que pueda parecer a simple vista, siempre y cuando no tomemos las razones bélicas y sanguinarias que conlleva en un sentido literal.

La edad de oro de la piratería, más o menos ubicada entre 1650 y 1730, tuvo su momento cumbre en 1716-26, cuando los piratas desestabilizaron el orden comercial Atlántico. Es en este período de donde provienen las referencias más conocidas que asociamos al imaginario pirata y figuras como Edward Teach, Barbanegra, que serviría de inspiración para el personaje de Long John Silver de la Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson /6. Fueras de la ley errantes, los piratas construyeron, como explica Marcus Rediker, un orden social cuyo “sello distintivo era un áspero, improvisado, pero efectivo igualitarismo que colocaba la autoridad en las manos colectivas de la tripulación, lo que significa que los valores fundamentales de la cultura más general del marinero común fueron institucionalizados en el barco pirata /7. Sin romanticismos, ni obviar los límites (como las peleas, las borracheras descontroladas, o la violencia), el barco pirata representaba así otra forma de organización naval cuya lenta génesis histórica hasta llegar a los códigos piratas de su fase cumbre, arranca con las luchas de los marineros de la Inglaterra revolucionaria de los años 1640s y 1650s por mejorar sus condiciones de vida, de los parias de toda condición que probaron fortuna en las nuevas colonias, o de los radicales ingleses que emigraron hacia 1660 al Caribe, sin olvidar la memoria de las revueltas campesinas en Francia en la década de 1630, en las que muchos de los piratas franceses habían participado. A su manera, pues, “los piratas democratizaron la costumbre naval /8. ¿Otra forma de funcionar, otro orden social, sin imitar al de los barcos imperiales y de mercancías? El reto estratégico nos suena. Su existencia es un enorme estímulo. La fragilidad y las contradicciones de la misma, un recordatorio de las dificultades en el camino.

De todas las imágenes relacionadas con la piratería, la bandera negra con la calavera, popularmente conocida como la Jolly Roger, es sin duda la más famosa. Su simbología de muerte asociada a la calavera, los huesos cruzados, los esqueletos y el color negro eran una re-interpretación profana del imaginario religioso cristiano. El simbolismo fúnebre y de terror de la Jolly Roger expresaba a la vez la advertencia de muerte a las víctimas y la conciencia de muerte de los propios piratas cuyo modo de vida puede entenderse como “un desafío a la muerte misma /9. ¿Política de lo imposible? Al menos voluntad de no asumir de entrada la imposibilidad de hacer posible lo imposible. Símbolo auto-identificatorio de una comunidad transnacional fuera de la ley e instrumento de pavor, la bandera era izada con el objetivo de atemorizar a sus presas y hacerlas desistir de pelear, entregando el botín sin resistencia, algo que ocurría a menudo.

En la lucha de clases, sin embargo, los poderosos nunca entregan el botín sin combate. El miedo no les paraliza sino que los empuja a luchar con más fuerza, cual gato panza arriba. Pero pueden, en determinados contextos, hacer concesiones y aceptar reformas para evitar males mayores y ahuyentar el fantasma de la revolución. Sólo cuando ésta ha sido creíble, ha sido posible obtener cambios desde arriba. Izar la Jolly Roger aterrorizaba al enemigo porque éste sabía que se exponía a la muerte y a la tortura en manos de los piratas. Era su credibilidad como forajidos despiadados lo que les permitía muchas veces obtener el botín sin esfuerzo ni violencia. Ningún buque mercante se hubiera rendido jamás ante unos ladrones juzgados inofensivos. Sin un horizonte de ruptura creíble, no hay reforma (casi) posible. Sin un Plan B de ruptura real con la Troika, no había ningún Plan A de negociación serio entre el gobierno griego y las autoridades de la Unión Europea. Abandonar toda perspectiva de romper la baraja, auto-encerrarse en un horizonte de cambio auto-limitado equivale a dispararse en el propio pie y sólo sirve para envalentonar al adversario. Al renunciar a querer llegar lejos, se dificultan los pequeños avances y se prepara el terreno para los retrocesos.

El abordaje abrupto era la última opción de los piratas que siempre preferían cualquier otro modo menos costoso de obtener el botín e intentaban la rendición previa de sus presas. Justo lo contrario de lo que sucede en toda estrategia para cambiar el mundo donde el asalto al barco enemigo es imprescindible. No se accede a él placenteramente. Ello no significa postular que toda estrategia política debe plantearse en términos de asalto, a modo de una izquierdista teoría de la ofensiva o del ataque frontal que Gramsci critica en sus Cuadernos /10, sino que debe basarse en una articulación dialéctica, en vocabulario gramsciano, entre guerra de posición y de movimiento, y en un manejo del corto y el largo plazo, lo ofensivo y lo defensivo, y la construcción de organizaciones revolucionarias y la unidad de acción. Ningún izquierdismo o simplificación estratégica, pues, en nuestra analogía pirata. A la vez, toda discusión sobre política de asalto electoral debe enmarcarla en una estrategia más general, que en otros escritos he denominado estrategia integral por analogía al concepto de Gramsci de Estado integral, basada en una dialéctica de intervención en la sociedad política y la sociedad civil /11. Ello supone, en el contexto actual, combinar el asalto electoral, con la autoorganización social y la construcción de poderes sociales alternativos

La operación de abordaje pirata era dificultosa y peligrosa, no sólo por el fuego del barco enemigo, también por los riesgos de saltar de una embarcación a otra en movimiento. Ganar unas elecciones al asalto es igualmente difícil. Muy pocas veces una banda de forajidos políticos lo consiguen. Pero lo decisivo es entender lo que sucede tras pisar la cubierta del barco enemigo: empieza una batalla campal en la que el adversario se defiende con todos los medios y no se da por vencido. Que una horda de piratas entren en el navío imperial o que una panda de saltimbanquis políticos lo hagan en un gobierno municipal (y no digamos de un Estado) no es lo más deseable para el poder. Pero si acontece toca repelerlos, echarlos para atrás, convertirlos en efímeros okupas de un lugar que no les pertenece. La analogía entre el asalto electoral y el pirata nos permite entender una cuestión crucial: la operación tiene dos fases, no una. Primero había que abordar el barco adversario, algo de por sí complejo y, después, había que librar una virulenta y ardua pelea. Trasladado en el ámbito electoral ello significa que, primero, hay que ganar las elecciones, tarea hercúlea y poco habitual. Pero ahí no se termina la función. Luego empieza lo más complicado: enfrentarse desde el gobierno a los núcleos de poder económico y a las inercias institucionales. Sólo si ésta segunda fase es completada con éxito, el asalto electoral puede darse por triunfante. Sino, la victoria queda a medias y, poco a poco, se convierte en derrota.

Los piratas lo tenían claro: una vez en el bote contrario empezaba una intensa y larga batalla en el que el adversario podía presentar estrategias de resistencia diferentes, permaneciendo en cubierta para afrontar una pelea a cielo abierto, habiéndose retirado y pertrechado en los compartimientos cerrados del navío preparado para una larga resistencia, o retrayéndose a los mismos pero sin haber podido asegurar bien sus defensas. Las técnicas de lucha pirata y el trato hacia sus adversarios eran también variables. Algunos de sus abordajes podían implicar una guerra sin cuartel, sin prisioneros, a menudo bajo bajo el estandarte de la bandera roja, la “sanguinaria” en la jerga anglosajona o la “sin cuartel” en la francófona. Otros no se hacían bajo tales propósitos. Pero en cualquier caso, el choque implicaba darlo todo en una pelea cuyos objetivos estaban bien definidos: reducir a la tripulación enemiga, hacerse con el control de la embarcación y apropiarse del botín /12. Sin ello no había victoria posible, ni tampoco auto-engaño de victoria.

En la lucha emancipadora, tras pisar terreno enemigo, el botín (transformar la sociedad) sólo se consigue después de una ardua lucha contra las inercias de las instituciones y el sabotaje del poder económico. Pensar que se obtiene placenteramente, administrando y gestionando de manera convencional, en el peor de los casos, o limitando el alcance del enfrentamiento, en el mejor, aleja el botín aún más. Entonces, o bien la fuerza del asalto a las instituciones se desvanece, el punch se evapora, y se acaba propiciando el retorno de sus inquilinos habituales, o bien los asaltantes mutan en legítimos propietarios respetables. No porque se hayan hecho con el botín inicial, sino porque modificaron sus propósitos. Al final ya no se ansía cambiar el mundo, sino poseer el poder político. Trocan los anhelos y los deseos. Mutan los objetivos. Cambian los cambiadores. La historia es lamentablemente rica en casos así. Ellos constituyen la senda a evitar y el anti-ejemplo para el nuevo partido recién creado.

¿Piratas comunes o cautos navegantes eurocomunes? ¿Piratas de mar abierto en pos de lo común o navegantes de aguas tranquilas de horizonte eurocomún? Ahí se resume la desgarradora e inconclusa batalla interior en el alma del nuevo partido.

¿Cambio sin cambio?

El recorrido ideológico-estratégico de los comunes está aún por ver y será resultado de procesos todavía por venir, tanto internos como externos. O, más específicamente, será la consecuencia de cómo los comunes lidien con las evoluciones de la situación política y económica y los desafíos político-estratégicos que ésta ponga encima de la mesa. La historia, sin embargo, muestra varios episodios de corrientes “antipolíticas” cuyo paso a la política se hizo en el marco de una evolución posibilista y no de una maduración de una estrategia de ruptura que comprendiera la necesidad de intervenir en la esfera política en clave radical. Es el caso de ciertos sectores del anarquismo del Estado español en los años 30 y de algunas corrientes movimentistas, autogestionarias y/o espontaneístas post-1968 en varios países europeos. Quizá un caso a tener en cuenta, para ver los problemas que puede afrontar el proyecto de los comunes en el futuro, es el de los Verdes alemanes, aún tomando en consideración dos diferencias de contexto muy importantes: los ecologistas germanos desarrollaron su proyecto en medio del giro neoliberal y del retroceso de las esperanzas de cambio, no en plena crisis económica sistémica, y el suyo fue siempre un partido con un peso institucional relativo, mientras que los comunes aspiran a ser fuerza de gobierno y ya lo son en Barcelona ciudad. La experiencia de Die Grünen permite percibir tanto los problemas reales a los que se enfrenta todo intento serio de hacer una política radical y emancipadora con presencia en las instituciones, como la lógica subyacente al desarrollo potencial de tendencias abiertamente oportunistas que propugnen una integración pura y dura en el circuito de élites políticas /13.

Marcado a la vez por la informalidad organizativa de la cultura (post)autónoma y movimentista, el núcleo central de los comunes actúa como un partido o corriente no formal sin siglas, en el que la práctica totalidad de sus integrantes hoy por hoy ocupa puestos en el gobierno municipal de Barcelona o alrededor del grupo parlamentario al Congreso de los diputados, o en la estructura del partido. Su funcionamiento es, como analizamos en un escrito anterior /14, una mezcla de la tiranía de la falta de estructuras /15, cruzada con una jerarquización formal explícita derivada de la arquitectura institucional del gobierno municipal y del propio organigrama interno del partido. La falta de una organicidad efectiva del equipo dirigente de los comunes implica que los debates políticos y estratégicos reales en su seno son poco sistemáticos y deficientes, lo que a la postre se traduce por una evolución política marcada por la fuerza de los hechos y con poca discusión colectiva planificada.

Este núcleo duro de los comunes no tiene un pensamiento ni un horizonte homogéneo y coexisten en él dos almas (entrecruzadas tensamente entre sí con pesos desiguales en cada uno de sus integrantes): la de una lógica inexorable hacia la adaptación política y la de una firme voluntad de hacer una política distinta a la tradicional. No hay resultados concluyentes de este choque entre una pulsión realpolitiquera y una pulsión transformadora. Así, por ejemplo, a pesar que adopta cada vez un corte más institucional, el gobierno municipal de Ada Colau en ningún caso es un ejecutivo convencional y su capacidad de iniciativa e inventiva supera con creces todo lo realizado por las alcaldías tradicionales de la izquierda desde 1979 en adelante. Es un dato que siempre hay que recordar.

La principal debilidad es que, en su conjunto, el equipo dirigente de los comunes, incluido quienes más luchan contra el fantasma de la normalización política, carece de un horizonte regulador que oriente su política cotidiana y trace un itinerario y una meta para la política del “cambio” /16. Y por ello, progresivamente, su devenir se va deslizando, aún lentamente y con giros en sentido opuesto, por la pendiente de la adaptación. No tener objetivo y destino final, y perder de vista el proceso rupturista necesario para alcanzarlo, implica una cadena progresiva de abandonos que van estrechando el alcance del viaje que se quiere acometer y desata una dinámica de acomodación progresiva al estrecho corsé institucional. El cambio sin horizonte regulador, en un contexto de pocas expectativas sociales sobre la posibilidad de grandes transformaciones, puede acabar ahogado en sí mismo.

Al final de la cuesta abajo, cuyo recorrido no es inevitable aunque se ve favorecido por la capacidad de atracción de la fuerza de la gravedad institucional, nos encontraríamos con la mutación de los comunes en eurocomunes. El desenlace final a la larga podría ser un partido cuya concepción de la política, las instituciones y el cambio social no sea muy diferente de la del eurocomunismo histórico y de la de ICV después, pero con el ímpetu, la energía, el dinamismo, la osadía y la mentalidad ganadora del núcleo movimentista de los comunes. La síntesis concluyente sería entonces una ICV con esteroides o un eurocomunismo dopado, con ganas, y sin miedo a la victoria. La política de lo común habría sido así un mero estadio previo a su conversión eurocomún a modo de nueva encarnación de una política de corte institucionalista, electoralista y gradualista pero con una fuerza institucional comparable a la que en su día tuvo la socialdemocracia. El resultado sería un proyecto de cambio sin cambio, adaptando la fórmula robespierreiana de revolución sin revolución a la que ya hemos aludido al inicio de este artículo.

El tiempo de la geografía

Todo pensamiento estratégico sólido requiere una perspectiva espacio-temporal amplia para comprender el significado profundo de su razón de ser y para sacar las lecciones pertinentes de las experiencias, fallidas o exitosas, pasadas y contemporáneas. Ello es una de las cualidades básicas de lo que he denominado la imaginación estratégica /17. Ambas patas, la histórica y la geográfica son débiles en las fuerzas de izquierda (utilicen o no el este término) y populares del mundo contemporáneo, marcado por una discontinuidad y pérdida de contacto con el pasado y por una falta de internacionalismo orgánico. Los comunes no escapan a estas dificultades del periodo.

La geografía política y estratégica de los comunes está marcada por la poca conexión organizativa cotidiana con partidos de otros países y la ausencia de una práctica internacionalista fuerte, aunque hasta la fecha Barcelona en Comú haya establecido meritorias alianzas y mecanismos de intercambio de experiencias y debate con procesos municipalistas y gobiernos locales de otros países, con la intención de solidificar una red de ciudades rebeldes. A la vez, ha hecho un notable esfuerzo de proyección internacional de la propuesta de los comunes y del gobierno de Ada Colau. Siendo estos unos primeros pasos adelante significativos, su desafío a partir de ahora es poder insertar en su propia reflexión estratégica los balances de los procesos políticos contemporáneos más relevantes, más allá de lo municipal. En particular, el fiasco griego, el fin de ciclo latinoamericano, y el ascenso de la extrema derecha continental obligan a levantar la cabeza para otear el horizonte. Si no, el riesgo es repetir errores innecesarios y transitar por pantanos evitables.

En su Historia de la Revolución Rusa, Trotsky señalaba como las naciones subdesarrolladas podían saltarse etapas en su desarrollo, sin necesidad de incurrir en el mismo itinerario que los países más desarrollados: "El privilegio de los países históricamente rezagados -que lo es realmente- está en poder asimilarse las cosas o, mejor dicho, en obligarse a asimilárselas antes del plazo previsto, saltando por alto toda una serie de etapas intermedias" /18. Puede hacerse una analogía parecida en el terreno estratégico en el sentido que el "privilegio" de los países que no están en la cabeza de la trinchera global les permite sacar las lecciones pertinentes de los procesos políticos que acontecen en otras latitudes, para evitar repetir errores y adaptar aciertos y, mediante ello, dar saltos estratégicos.

El privilegio del atraso estratégico puede, sin embargo, convertirse en congelación de la reflexión estratégica si no se saca lección alguna de las experiencias más importantes, en particular cuando estas son abruptos fracasos cruciales como es el caso de Grecia o cuando muestran debilidades estructurales irremediables y sostenidas en el tiempo como en el caso de las experiencias de países como Venezuela, Bolivia o Ecuador. Manejar los tiempos estratégicos de la geografía puede permitir sortear obstáculos en los que otros se encallaron. No hacerlo puede implicar una imprudente y poco inteligente repetición de patinazos soslayables. Los tiempos estratégicos de la geografía son el correlato de la “escala móvil de los espacios”, utilizando el concepto de Daniel Bensaïd /19, que en lo que concierne al nuevo partido liderado por Ada Colau significa pensar (y moverse en) la interacción entre la escala municipal-local, la catalana-nacional y la española-estatal desde una reflexión y práctica internacionalista transfronteriza que proporcione una perspectiva global de conjunto. Precisión microscópica y mirada a vista de pájaro deben engarzarse entre sí.

En este sentido, la ausencia de toda discusión sobre la experiencia de Syriza, más allá de una identificación genérica con Varufakis, invitado asiduo en la Barcelona de los comunes, es un punto débil estratégico de gran calado. Lejos de una particularidad de los comunes, éstos la comparten con Podemos y con casi todas las organizaciones políticas de la izquierda del Estado español. La no reflexión sobre la tragedia griega se explica en gran medida por la sobreacumulación de tareas domésticas que impiden pensar sobre los temas no inmediatos y no coyunturales, y que relegan las cuestiones internacionales a un segundo plano, más en el terreno de la diplomacia solidaria y de la reflexión complementaria que no como eje constitutivo de un pensamiento estratégico. Además, hay un fuerte auto-engaño, más o menos asumido, de no querer ver la realidad helénica tal y como es, porque ello arrojaría dudas y dilemas estratégicos acerca de lo que hay que hacer en Catalunya y el Estado español que no se desean asumir /20.

Detrás del no balance griego, emerge la sombra de un poderoso fantasma que recorre los comunes, el fantasma de Europa. La paradoja es que una Europa imaginaria (la de Europa como sinónimo de democracia y libertad) genera un siniestro fantasma real (la parálisis estratégica respecto a la Unión Europea). Un espectro que congela toda imaginación estratégica y estimula, bajo un miedo atávico a la ruptura y a lo desconocido, todo tipo de conservadurismos y sinsentidos políticos. Así, los documentos fundacionales de los comunes optaron por una posición provisional, que debe revisarse en el futuro, sobre la Unión Europea, que fija una crítica real a la Europa de la austeridad neoliberal pero cargada de pesadas ambigüedades estratégicas en cómo enfrentarse a ella. Pensar una ruptura en clave internacionalista, opuesta a la vez a un repliegue nostálgico y a un cosmopolitismo abstracto complementario a la internacionalización del capital, es el reto estratégico por delante de cualquier política de lo común que no quiera reconciliarse con un continente inaceptable ni limitar el alcance de su política al corsé permitido por el poder financiero y sus representantes políticos.

Los confines de la historia

La perspectiva histórica no es un punto fuerte de los activistas contemporáneos y de la cultura política del período. Sin embargo, “pensar estratégicamente es pensar históricamente”, recuerda certeramente Daniel Bensaïd /21. Conocer los lugares estratégicos de la historia es siempre necesario para acelerar la maduración estratégica y, de la misma manera que en la comparación geográfica, dar saltos para avanzar y evitar errores 2.0. En términos conceptuales es posible desgranar seis grandes tipos de relación con la historia por parte de los movimientos políticos y sociales contemporáneos de izquierda (cuyo uso o no de dicho término para definirse ya presupone un determinado tipo de relación con el pasado). En mayor o menor medida todos han estado presentes en el ciclo político y social abierto con el 15M en 2011.

La primera es el pasado ausente. Así, el 15M representó la impugnación ahistórica de la historia, a modo de crítica general a la izquierda y a su legado pero sin balances concretos de lo acontecido. Fundamentaba una política realizada a espaldas de la historia en la que ésta era rechazada en aras a lo ”nuevo” que se asociaba ingenuamente a lo inmaculado. Había en ello un cierto adanismo que pecaba de lo que Paul Valéry llamó “la absurda y actual superstición de lo que llamamos novedad” y que empuja hacia “un objetivo falso e ilusorio y lo concentra en lo más perecedero, lo perecedero por excelencia: la sensación de lo nuevo /22. Tal orientación comportó un saludable quebranto de las rutinas y un necesario fogonazo que rompía todas las inercias, a la vez que impedía una reflexión sólida a medio plazo y forzaba a empezar de nuevo, desde cero, en demasiadas discusiones. Pero, sin el relámpago indignado no hubiera habido re-comienzo alguno. Sólo tedio en medio de la derrota sin fin y un presente tan eterno como repetitivo y gris que sólo generaba novedades que ya nacían viejas. Precisamente, seis años después, el 15M ya no es una sorprendente e irresistible novedad, sino un pasado cuya memoria fiel implica pensarla estratégicamente, sin olvidarla ni ritualmente invocarla, con el fin de ir más allá.

La segunda es el pasado despreciado. Podemos alimentó un desprecio arrogante de la historia concretado enuna crítica a la izquierda y a sus derrotas, ya fuera como negación absoluta del propio concepto de izquierda y su legado en el caso de Errejón buscando una genealogía populista que se ubicara en otras coordenadas, o como una combinación caótica y contradictoria entre desprecio altanero y homenaje sincero en el caso de Iglesias. Romper los códigos de una izquierda que llegó a la crisis agotada y desarmada fue positivo a modo de revulsivo. Pero la pretensión prepotente de superarlo todo encerró a Podemos, en especial a su alma populista profunda, en su particular ortodoxia y sus propias simplificaciones del pasado y del presente mismo y, por extensión, de su pensamiento estratégico.

La tercera es el pasado nostálgico, en el que la estrategia política del presente es prisionera de la historia, una historia por lo general más imaginaria que real, llena de ortodoxias que a menudo no fueron tales y en las que toda reflexión estratégica contemporánea no es más que epifenómeno de lo pretérito. Es entonces cuando “la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”, parafraseando la conocida cita de Marx del 18 Brumario /23, actuando como paralizador estratégico. Encadenadas a sus propias identidades y tradiciones petrificadas, sin comprender el alcance del cambio de periodo histórico, muchas de las corrientes de la izquierda revolucionaria o de los partidos (post)comunistas parlamentarios permanecieron, antes y durante la crisis, presos de esta nostalgia estéril, y de sus particulares retrotopías, si utilizamos el término que Bauman emplea para referirse a proyecciones idealizadas y nostálgicas del pasado como horizonte para el futuro en un presente de desazón /24, (anti)estratégicas.

La cuarta, en gran medida variante de la anterior, es el pasado rutinizado, el pasado como rutina. En este caso la política del presente también es congelada, no tanto por una mirada consciente hacia atrás en el tiempo, sino por la inercia reciente, por la inercia del ayer sobre el hoy. No es tanto el pasado histórico como el pasado inmediato el que simplifica la lectura del presente. Conlleva un business as usual estratégico. La repetición monótona de la vieja y probada táctica (a cada cual la suya). En este caso no es la tradición de los muertos sino la tradición de los vivos la que oprime su cerebro. Es la propia biografía y trayectoria la que limita las capacidades estratégicas. La costumbre estratégica impide cambiar el ritmo y el enfoque. Antes del 15M, durante y después, ésta fue la actitud preponderante en el grueso de la izquierda de todo tipo, no sólo de las organizaciones políticas tradicionales y de la izquierda revolucionaria, sino en buena medida de los activistas sociales, que no comprendieron el cambio de periodo que representaba la crisis /25. Los promotores de Podemos, con el equipo de Iglesias y Errejón por un lado y Anticapitalistas por el otro, fueron la excepción a la regla /26.

La quinta, es el pasado como rehabilitador bidireccional del presente y de sí mismo. Como reconfortante horizonte retrospectivo de hacia donde se quiere ir sin incurrir en la nostalgia pero tampoco en un análisis estratégico del mismo. La referencia al pasado sirve como inserción y anclaje balsámico en la historia, sin caer prisionero de la misma pero tampoco sin aprovechar su lecciones reales y, a la vez, legitima la política del presente, que encuentra dignos precedentes a los que aludir, pero desde una razonable discontinuidad histórica y una arbitraria apropiación selectiva. Ésta es, precisamente, la forma de relacionarse con el pasado que tiene el nuevo partido de los comunes, como ya analizaré.

Finalmente, el sexto es el pasado como balance estratégico, a modo de una lectura estratégica del mismo. Ello implica una evaluación diferenciada de las opciones políticas tomadas por las distintas familias de la izquierda en cada encrucijada histórica, con el objetivo de sacar las lecciones pertinentes en cada caso, a la vez que se opera una apreciación global del sentido retrospectivo de la actividad de quienes intentaron cambiar el mundo en una fase anterior. Requiere no sólo el balance de los otros, sino también de la propia trayectoria personal o colectiva: la biografía y la tradición sometidas a un auto-examen. Una estrategización del pasado debe proporcionar instrumentos, volviendo de nuevo al 18 Brumario, “para exagerar en la fantasía la misión trazada y no para retroceder ante su cumplimiento en la realidad /27, es decir, para pensar en llegar tan lejos como alcance la vista, sin rendirse nunca a mitad del camino. Su resultado natural es una política que combina continuidad y cambio, a manera de superación sin negación y de permanencia sin tradicionalismo, y que compagina de forma desigual ambos polos en función del momento histórico. Cuando hay que cambiar bruscamente porque se vive una mutación epocal, se mantiene un pie en la historia para no quedar flotando en un espacio sideral donde táctica y estrategia, coyuntura y periodo, y pasado, presente y futuro, se disolvieran en la eternidad del espacio y la infinitud del tiempo. Y, al revés, cuando se requiere mantener un hilo rojo (o multicolor) precioso y en vías de desaparición en momentos de oscuridad histórica, se hace en interacción constante con las abruptas transformaciones que puedan acontecer en el presente. A su manera, con mayor o menor acierto, es lo que a la Bensaïd trata de hacer una organización como Anticapitalistas, por un lado hija directa de la historia del movimiento obrero revolucionario y por el otro reconfigurada por la crisis y el 15M y, antes, por la fase altermundialista.

Ni exterioridad respecto a la historia, ni desprecio arrogante, ni nostalgia sensiblera, ni rutinización petrificante, los comunes pues, se sitúan en la penúltima de las seis opciones analizadas. Su inserción en la historia es positiva. Recuerda que el pasado existió y a la vez toma nota del cambio de época. Actúa “con conciencia profunda de que somos hijos de una nueva época y que tenemos que explorar realidades y respuestas nuevas”, en palabras del portavoz del partido Xavier Domènech /28. Estamos en una nueva fase. Nada, pues, de retrotopías (anti)estratégicas. Una nueva etapa en la que, sin embargo, la pretensión ilusoria de un nuevo comienzo inmaculado no tiene lugar. Ni tabula rasa, ni repetición beata de una tradición petrificada. La fórmula de Gilles Deleuze, “se recomienza siempre por el medio /29, utilizada habitualmente por Daniel Bensaïd, sintetiza bien esta forma de relacionar pasado y presente, lo nuevo y lo viejo, las continuidades y las discontinuidades que, en cierta forma, implica aplicar la operación hegeliana del Aufhebung, la superación sin negación, a la estrategia y a la tradición política. Pero ello, si quiere hacerse correctamente, requiere un balance estratégico aún ausente en el universo de los comunes. Este es su principal punto débil.

Al nacer como candidatura municipalista en Barcelona en verano de 2014, los comunes representaron una mezcla bastante creativa entre lo nuevo representado por el legado del 15M y lo viejo representado por las fuerzas tradicionales (ICV y EUiA), entre la apelación a una confluencia de nuevo tipo y una práctica unitaria tradicional, entre salir de la etiqueta izquierda-derecha y de facto ubicarse en la izquierda sin banderas ni desprecios. Complejizaba la lectura de la historia y la relación con el legado de la izquierda respecto a lo que había realizado el 15M, evitaba las chulerías del primer Podemos, y a la vez se desmarcaba de una izquierda tradicional agotada que a duras penas tenía ya fuerza para levantar la bandera (un estandarte que, por lo demás, ya no generaba ni temor entre sus adversarios ni credibilidad entre su base potencial). Pero lo hacía en el marco de una reflexión muy débil sobre el pasado. Prueba de ello es su aceptación fácil de la retórica sobre la “nueva política”, un término no totalmente carente de utilidad en los debates actuales para trazar una demarcación con los partidos de siempre, aunque bastante superficial. Bajo la sombra de la “nueva política”, sin embargo, lo nuevo se asimila mecánicamente a lo bueno, actuando de coartada auto-justificatoria que exime a lo nuevo de auto-examinarse críticamente y da por descontado su bondad. Lo nuevo además lleva como concepto fecha de caducidad. Sin embargo, en su tránsito desde lo municipal en Barcelona al nuevo sujeto político de ámbito catalán los comunes insertaron su política en la historia, en parte debido a la necesidad de disputar el relato histórico sobre Catalunya al independentismo y de reafirmar la catalanidad del proyecto.

¿PSUC reloaded?

Su entrada en la historia propició una necesaria memoria no nostálgica a los comunes, pero la forma en que se ha hecho proporciona una memoria mutilada, a modo de un empobrecimiento estratégico de la memoria y un empobrecimiento de la memoria estratégica. La memoria siempre “se declina en el presente, que determina sus modalidades” recuerda Enzo Traverso /30, seleccionando lo que se quiere recordar y cómo hacerlo. En el caso que nos ocupa aparece un recuerdo muy sesgado del pasado, que ensalza a la izquierda mainstream yse interroga muy poco por sus límites. Así, paradójicamente, el relato fundacional del nuevo partido se ha articulado en gran medida entorno a la referencia histórica del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) y a la necesidad de construir un “nuevo PSUC”. En buena medida, la narrativa fundadora de los comunes, a pesar de que sus raíces se remontan al 15M, ha acabado actuando de rehabilitador acrítico del PSUC y de la izquierda tradicional, y de silenciador estratégico de los errores del pasado. Supone también una inserción normalizadora de la impugnación política encarnada por el 15M, y de la excepcionalidad política que éste abrió, en la senda histórica del cambio tranquilo y de la institucionalización del centro de gravedad de la actividad política. La nueva política nació con poca propensión al examen autocrítico de lo nuevo, y por tanto de sí misma, en parte debido a su voluntad de fijar una línea clara de demarcación con el pasado. Pero cuando éste ha entrado en su relato lo ha hecho sin ser sometido a ningún tipo de operación quirúrgica de discusión estratégica. Lo nuevo y lo viejo se retroalimentan entonces desde su aprehensión superficial. Mucho más conveniente hubiera sido hacer reaparecer el pasado en el presente en forma de balance estratégico, para sacar de él las lecciones pertinentes y evitar repetir en nuevas condiciones errores viejos. Es decir, intentar esquivar el persistente bumerán estratégico de la historia consistente en la resurgimiento de las mismas vías muertas que en otro tiempo pretérito, pero a través de otro recorrido y forma.

La referencia a un “nuevo PSUC” tenía tres aspectos positivos: creación de un partido catalán coaligado con un proyecto de ámbito estatal (Unidos Podemos) y no de una merca sucursal catalana de un proyecto español; necesidad de la confluencia y la unidad entre varias fuerzas; y pretensión de articular un proyecto fuerte y con influencia de masas. “En este nuevo espacio político intentaremos consumar lo que acarició el PSUC, queremos convertirnos en un espacio político referente, de metabolización, de las clases populares y las clases medias de Cataluña /31, sintetiza Xavi Domènech. Pero al estar amputada de toda mención crítica y evaluación seria del legado del PSUC, el riesgo es que la metáfora de un nuevo PSUC tome vida propia y adquiera literalidad, de forma que el nuevo partido de los comunes acabe reproduciendo los principales errores del PSUC. Las alusiones históricas a ésta fuerza política y a sus aspectos positivos (implantación social, potencia electoral, capacidad de agregación de un bloque social diverso...) operan como un anestesiante estratégico y si no van acompañadas de una referencia crítica a la cultura organizativa de los partidos comunistas tradicionales, su burocratización interna, su orientación durante la Transición y la institucionalización de su política tras la misma.

Obviamente, un proyecto amplio y unitario como el de los comunes no puede pretender tener una sola lectura del pasado, ni una posición oficial sobre acontecimientos históricos, ni tan siquiera sobre los momentos fundacionales del régimen político actual. Habrá en él una diversidad de memorias colectivas e individuales, convergentes en algunos aspectos y contradictorios en otros. No será en este sentido una "comunidad de memoria" /32, sino que tendrá varias comunidades de memoria en su seno, algunas fuertes y otras débiles, pero todas ellas con una relación compleja con su propio pasado y a menudo con importantes crisis de identidad fruto de las discontinuidades históricas, en medio de un contexto general más bien amnésico y fundado en la no memoria pero que va abriendo paso a una memoria política aún fragmentaria. En el nuevo partido coexistirán interpretaciones de la historia disonantes y relatos diferenciados que convergen, no en la lectura del pasado, sino en las tareas del presente. Se puede llegar al nuevo proyecto de los comunes desde muchos itinerarios personales, reales o imaginados, con largo o limitado bagaje previo, desde distintas tradiciones colectivas o desde la falta absoluta de referencias históricas. Pero ello no es incompatible con que la recién creada organización abrazara, a modo de una memoria colectiva en construcción en la que el fogonazo del 15M jugase un rol decisivo, una visión genéricamente crítica con el papel de la izquierda (en particular la mayoritaria) en la Transición y en la gestión posterior del régimen político y, por consiguiente, reafirmara una voluntad de no repetir errores análogos en el presente y en el futuro.

Más allá de la referencia psuquera, Xavi Domènech ha invocado regularmente un amplio abanico de figuras provenientes del radicalismo republicano catalán, como Abdó Terrades o Pi i Margall, del movimiento obrero revolucionario como Salvador Seguí, o de la izquierda más mainstream como el expresident Lluís Companys. La intención es insertar el nuevo partido dentro de una tradición plural a modo de heredero parcial y selectivo de varias experiencias pasadas. Aun interesante, la operación ha experimentado cuarto límites importantes: primero, carece de concreción alguna en la política de la recién creada organización y en su cotidianedad experiencial; segundo, no parece que haya tenido impacto real en la creación de un marco de referencias compartido por el equipo dirigente y los cuadros del partido; tercero, la propuesta queda auto-anestesiada por el cloroformo del mantra retórico del "nuevo PSUC", este sí convertido en la verdadera referencia unificadora de la dirección de los comunes que encuadra el horizonte de su práctica, a la vez que sirve para correr un tupido velo sobre la génesis del actual régimen político y la ubicación de la izquierda dentro del mismo; y, cuarto, se arriesga a limitarse a una mera invocación genérica a una tradición subalterna radical catalana sin síntesis estratégica trasladable a la política concreta del presente, favoreciendo que las grandes cuestiones complejas de la transformación social sean soslayadas y/o resueltas de facto en favor de su acepción más institucionalista y moderada que se ha auto-impuesto como la manera natural de pensar la política de cambio.

Tanto en el relato cada vez más estandarizado de los comunes, como en los intentos parciales de pluralización de sus coordenadas históricas por parte de su portavoz, se echa en falta la reivindicación de una memoria heterodoxa y underground que intente conectar la razón indignada del 15M, en primer lugar, con los outsiders varios que nunca asumieron las reglas del juego tras su “choque contra la Transición /33, no para quedarse en los comprensibles límites de una cultura minoritaria que resistió como pudo de los años ochenta en adelante, sino para utilizarla como ingrediente que garantice el carácter insumiso e irreductible del nuevo proyecto con vocación mayoritaria que se pretende construir. Y, en segundo lugar, haciendo el “salto del tigre hacia el pasado /34 aún más lejano, pero con la pretensión de buscar más impulso para ir hacia adelante, pesa la ausencia de la memoria hereje de las principales organizaciones radicales de la historia de la Catalunya republicana y revolucionaria del siglo XX, un buen y necesario, pero inencontrable, aguijón contra todo adormecimiento estratégico contemporáneo.

¿Un nuevo PSUC? ¿PSUC reloaded? Mejor ser un poco más ambiciosos y plantearse una mezcla alquimista entre un nuevo POUM y una nueva CNT. El resultado, sin duda, mucho más explosivo. El reto, sin pestañear, más estimulante. El espíritu, sin matices, más quinceemero. El estilo, claro está, más pirata. El cielo, de todas todas, más cerca.

1/05/2017

Josep Maria Antentas, profesor de Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) forma parte del Consejo Asesor de viento sur.

Notas

1/ Robespierre, M. Por la felicidad y la libertad. Discursos. Barcelona: El Viejo Topo, 2005, p. 131

2/ Continúo en este escrito las reflexiones esbozadas en uno anterior: Antentas, Josep Maria (2017). “Los Comunes y la soledad del corredor de fondo”, Viento Sur, 24 de abril. Disponible: http://vientosur.info/spip.php?article12506. Dejo para futuros artículos otras cuestiones que no he podido tratar en ninguno de ambos textos.

3/ Antentas, Josep Maria (2016). "Hace cinco años empezó el futuro. #Globaldebout". Disponible en: http://vientosur.info/spip.php?article11295

4/ Discuto más esta cuestión en: Antentas, Josep Maria (2017). "Imaginación estratégica y partido", Viento Sur 150: 141-150. Disponible en: http://vientosur.info/spip.php?article12309

5/ Colau, A. (2017). “La capacidad de liderazgo depende de la capacidad de hacer” (entrevista de Soledad Gallego-Díaz y Guillem Martínez), Ctxt, 4 de enero. Disponible en: http://ctxt.es/es/20161228/Politica/10368/Ada-Colau-alcaldesa-Barcelona-gestion-municipal-politica.htm

6/ Rediker, M. (2004). Villains of all nations. Atlantic Pirates in the Golden Age. Boston: Beacon Press.

7/ Rediker, M. (2004). Villains of all nations. Atlantic Pirates in the Golden Age. Boston: Beacon Press, p. 61

8/ Rediker, M. (2014). Outlaws of the Atlantic. Boston: Beacon Press, p.69. El resumen de la génesis de la cultura pirata que hago en este párrafo está tomado de la obra de Rediker reseñada en la nota anterior.

9/ Rediker, M. (2004). Villains of all nations. Atlantic Pirates in the Golden Age. Boston: Beacon Press, p. 169

10/ Gramsci, A. (2009) La política y el Estado moderno. Madrid: Público, p. 233-35. Sin embargo Gramsci erróneamente la asocia a la política de Trotsky cuando en realidad éste junto con Lenin la combatió en los III y IV Congresos de la Internacional Comunista en 1921 y 1922, al igual que a partir de 1928, tras el VI Congreso de la III Internacional rechazaría la política del “tercer periodo” que duró hasta 1935. Para un resumen de la discusión sobre el análisis entre Este y Oeste y la lectura de Gramsci de la política Trotsky, ver: Thomas P. (2009). The Gramscian Moment. Chicago: Haymarket, pp. 203-220.

11/ Antentas, Josep Maria (2017). "Imaginación estratégica y partido", Viento Sur 150: 141-150. Disponible en: http://vientosur.info/spip.php?article12309

12/ Tomo las explicaciones de la táctica de abordaje pirata de: Little, B. (2005). The sea Rover’s Practice. Pirate Tactics and Techniques, 1630-1730. Nebraska: Potomac Books.

13/ Para un balance de la trayectoria del partido ver: Otto Wolf, F. (2007) "Cayendo otro poco por la pendiente deslizante de la democracia parlamentaria..." (Parte I y II), Viento Sur 90:5-18 y Viento Sur 91:9-23.

14/ Antentas, Josep Maria (2017). “Los Comunes y la soledad del corredor de fondo”, Viento Sur, 24 de abril. Disponible: http://vientosur.info/spip.php?article12506.

15/ Freeman, J. (1973). "La tiranía de la falta de estructuras". Disponible en: https://www.nodo50.org/mujeresred/feminismos-jo_freeman.html

16/ Discuto más ampliamente el papel de un horizonte regulador en: Antentas, Josep Maria (2017). "Imaginación estratégica y partido", Viento Sur 150: 141-150. Disponible en: http://vientosur.info/spip.php?article12309

17/ Antentas, Josep Maria (2017). "Imaginación estratégica y partido", Viento Sur 150: 141-150. Disponible en: http://vientosur.info/spip.php?article12309

18/ Trotsky, L. (1932). Historia de la revolución rusa. Disponible en: http://www.marxistsfr.org/espanol/trotsky/1932/histrev/tomo1/cap_01.htm

19/ Bensaïd, D. (2009). Élogio de la política profana. Barcelona: Península.

20/ Analizo con más detalle las razones de la falta de reflexión sobre Grecia en: Antentas, Josep Maria (2016). “Podemos ha rechazado afrontar la cuestión de la UE de forma sólida” (entrevista de George Souvlis para Jacobin), 29 de Agosto. Disponible en:http://vientosur.info/spip.php?article11643

21/ Bensaïd, D. (2011). Le Spectacle, stade ultime de fétichisme de la marchandise. Paris: Lignes, p. 45.

22/ Valéry, P. (1935). Préambule pour le Catalogue de l’Exposition d’art italien. Paris: Gallimard, p. IV. Benjamin alude a esta cita de Valéry en su Obra de los Pasajes [vol.1]. Madrid: Abada Editores, p. 155

23/ Marx, K. (1852). El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm

24/ Bauman, Z. (2017). Retrotopía. Barcelona: Paidós.

25/ Desarrollo un poco más esta cuestión de la crisis como momento de mutaciones estratégicas en: Antentas, Josep Maria (2017). "Imaginación estratégica y partido", Viento Sur 150: 141-150. Disponible en: http://vientosur.info/spip.php?article12309

26/ Y antes lo fueron también los promotores del Procés Constituent en abril de 2013 en Catalunya, primera sacudida anticipatoria del terremoto político que estaba por venir.

27/ Marx, K. (1852). El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm

28/ Domènech, X. (2017). “Queremos ser lo que acarició el PSUC, referente de las clases medias y populares” (entrevista), Cuartopoder, 07/04/2017. Disponible en: https://www.cuartopoder.es/lentesdecontacto/2017/04/07/entrevista-a-xavier-domenech-queremos-consumar-lo-que-acaricio-el-psuc-ser-referente-de-las-clases-populares/5154

29/ Deleuze, G. (1996 [1977]). Dialogues, Paris: Flammarion, p.50

30/ Traverso, E. (2005). Le passé, modes d’emploi. Paris: La frabrique, p. 16.

31/ Domènech, X. (2017). “Queremos ser lo que acarició el PSUC, referente de las clases medias y populares” (entrevista), Cuartopoder, 07/04/2017. Disponible en: https://www.cuartopoder.es/lentesdecontacto/2017/04/07/entrevista-a-xavier-domenech-queremos-consumar-lo-que-acaricio-el-psuc-ser-referente-de-las-clases-populares/5154

32/ Bellah, R. (1989). Hábitos del corazón. Madrid: Alianza.

33/ Romero, M. (2011). “El choque contra la Transición”, Viento Sur 115: 56-63.

34/ Benjamin, W. (2003[1940]). “Sobre el concepto de historia”, en: Löwy, M.Walter Benjamin:aviso de incendio. México: FCE, p. 139





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