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Cine y literatura
Jonathan Demme y el caso de "Beloved"
02/05/2017 | Pepe Gutiérrez-Álvarez

Acaba de fallecer Jonathan Demme, al que se le cita como autor de varias películas importantes de los años noventa, pero no he visto ninguna reseña que cite Beloved, interesante adaptación una de las novelas más valoradas de Toni Morrison (*).

Como en el caso de Amistad, la adaptación de Beloved también tuvo detrás una intrépida mujer negra, en este caso Oprah Winfrey, actriz ocasional que seguramente el lector recordará como la rechoncha y enérgica Sofie de El color púrpura (Steven Spielberg, 1985)). Oprah hace en esta adaptación de la novela de Alice Walker algo que quizás Mamie Hattie McDaniel ni se habría atrevido a pensar, darle una sonora bofetada a un racista y estúpido alcalde. Su actuación le valió a Sofie una dura pena de cárcel y a Oprah una merecida nominación al Oscar en el apartado de mejor actriz de reparto. Oprah es actualmente el personaje más popular de la TV norteamericana. Su prestigio (cuestionado desde el punto de vista de “hacer lo que sea" por mantener sus niveles de audiencias) es tal que se atreve a desafiar la guerra de audiencia con algo tan inusual como un “Club literario” desde el que Oprah contribuyó en 1992 a multiplicar en un 25% las ventas de Jazz, una novela de Toni Morrison que a pesar de haber ganado en 1988 en Premio Pulitzer por Beloved, estaba todavía lejos de ser una autora de éxito, al año siguiente del empujón que le dio Ofrey.

La obra de Morrison penetra en el mundo de los primeros esclavos que vivieron el paso histórico hacia la libertad, gente proveniente de la más extrema pobreza, el dolor y la ignorancia. Una historia para la que Morrison busca un lenguaje propio basado en expresiones, colores y ritmos que resultan muy próximos a los de la música negra, de manera que Beloved puede leerse y casi escucharse. Un universo literario que no es fácil de reproducir en el cine. Entre Oprah y la Morrison se dio una fuerte coincidencia de criterios, un reencuentro en la revalorización de los movimientos democráticos que en los años sesenta movilizaron buena parte de la ciudadanía en contra de las leyes segregacionistas o de los que, con toda su buena fe e impaciencia, se levantaron para acelerar un cambio radical en una situación de opresión racial que les parecía insostenible. Oprah ha contado como se “obsesionó” literalmente con Beloved, la novela más rigurosa y emblemática de entre todas las de Morrison, y que estaba convencida que podía ser Sethé, la madre dispuesta a matar a su hija antes de consentir que fuera una esclava; “y si no, aprenderé”, declaró a la prensa. Hasta puso su propia productora, Harpo (que además de ser el nombre del mudo de los Marx Brothers es también el suyo al revés) Productions en el empeño.

Con la novela debajo del brazo, Oprah tuvo muchas dificultades para encontrar un director capaz de asumir un proyecto tan ambicioso y con un contenido social de lo que los medios más conservadores llaman “izquierda dura”. Se trataba además de hacer algo nuevo. Finalmente, logró el borrador de un guion que consideró satisfactorio de Richard La Gravenese que se había hecho famoso con su adaptación de la novela de Robert James Waller Los puentes de Madison (1996). Luego tropezó con Jonathan Demme que no dirigía cine desde los tiempos de Philadelphia (1993), la ambivalente y ambiciosa película sobre los avatares de un auténtico lobo (Tom Hanks) al servicio de una empresa de abogados sin escrúpulos que se humaniza mientras se deteriora contaminado por la enfermedad del SIDA.

Demme es un cineasta bastante irregular pero con tendencias inconformistas -manifestadas sobre todo en sus trabajos en el ámbito de documental con aportaciones muy valoradas en zonas como Haití y Sudáfrica, donde la cuestión de la “negritud” tiene una gran trascendencia-, se sumó a un proyecto que, al decir de Tomás Fernández Valenti, se convertiría con esta película “en una cineasta más marginal que cuando era independiente” (Dirigido, nº 280, p. 14). Demme, por su parte, tuvo claro desde el principio que Beloved debía ser “una película que no se parece en nada que hayan visto antes. Tiene un ritmo completamente propio que exige mucho esfuerzo...”.

En la obsesión de Oprah en su triple función de productora, coguionista -con La Gravenese y la también actriz Akosua Busia- y protagonista, se trataba de dar vida a una metáfora sobre la esclavitud. De una trama hecha a la memoria de las víctimas del esclavismo, y hacerlo además siguiendo unos cánones estéticos y culturales que, como en la novela, se apartan de los clásicos establecidos por Hollywood.

En la narración subyace la conciencia que ser negro “implica pasarse la vida intentando explicar y defender la propia humanidad”, una humanidad mutilada desde el momento en que su origen norteamericano tiene un sentido inverso al de las demás inmigraciones, ya que mientras que estos venían libremente en busca de unas oportunidades que la vieja Europa les negaba, los negros fueron secuestrados y transportados en contra de su voluntad y cargados de argollas, y al llegar fueron considerados una mercancía cuyas vidas dependían de la bondad o la maldad de sus amos, y que una vez liberado continuaron estigmatizado porque con el tráfico y la esclavitud surgió el prejuicio racista que tendía a considerarlos sin derechos a tener un destino propio.

Y mientras que las comunidades inmigrantes de los blancos pudieron encontrar con mayor o menor dificultad su propio lugar en el suelo norteamericano, los negros siguieron estando estigmatizados, segregados, oprimidos. Se trataba pues claramente de tratar el holocausto negro “en casa”, algo sobre lo que el cine más bien se había orientado exaltando o por lo menos justificando el esclavismo. Mientras que los sudistas tuvieron una influencia excepcional en Hollywood, los negros se limitaron a ocupar el lugar que les atribuían, el de maleantes, tontos o bondadosamente serviles, en resumen, inferiores y dignos de permanecer esclavizados.

La esclavitud no solamente fueron las cadenas, y la ausencia radical de los derechos individuales más elementales, también fue una losa que siguió oprimiendo a sus víctimas, a muchas de las cuales dirigió a muchos por un camino de locura, forzándoles a hacer cosas que el ser humano no haría y cuyas consecuencias aún vivimos. Y trata de hacerlo desde la propia perspectiva afroamericana, a través de un ambicioso proyecto en el que la gran industria se pone al servicio de una causa que viene avalada por las dos mujeres negras más influyentes de los Estados Unidos en la que no se trata de santificar a los esclavos, no los idealiza como se está haciendo bastante visual, sobre todo en algunos telefilmes dirigidos por cineastas negros. Los trata como víctimas que al quedar sin cadenas se han de enfrentar a la lucha por la vida sin más recursos que su capacidad de trabajo y en un contexto en el que el color de su piel les convertirá en un no-ser, en gente a las que pueden menospreciar y maltratar hasta los últimos, hasta esos trabajadores “concienciados” que no les querrán en sus sindicatos, hasta por esos italianos pobres que en las películas de Martín Scorsese tratan de “desquitarse” con ellos, y por supuesto, hasta por el último policía...

Este melodrama a la vieja usanza está localizado en el Estado de Ohio, alrededor de 1873, en las postrimerías de la guerra civil. Sethé es una esclava con las espaldas curtidas a latigazos que logró huir del tormento, pero que por el camino perdió a su marido y a su hijo, y a la que solo le queda su hija Denver (Kimberly Elise). Instalada en el presente, Sethé intenta recomponer su vida al lado de un viejo amigo, el optimista y comprensivo Paul D. Sethé que es una persona que no se rinde, trata de lidiar con los terribles fantasmas del pasado a través precisamente de una aparición real, la de la joven que se hace llamar Beloved (Thandie Newton) que desequilibrará la armonía del grupo, ya que bien podía ser una de las hijas de Sethé, la recién nacida que llegó a degollar para evitar que su antiguo amo la convirtiera también en esclava.

En la novela, Beloved es el nombre una mujer-niña surgida de no se sabe donde que amenaza con revivir las contradicciones de lo que ya parecía superado por el paso del tiempo. Aunque Demme trata de racionalizar lo que está contando, la evolución mágica marca un relato lleno de signos rituales. Embarazada de Paul, Beloved extiende su maléfica influencia sobre el grupo, aunque su figura desaparece tan instantáneamente como había aparecido. Los personajes son casi todos antiguos esclavos, muchos de los cuales intentaron inútiles escapadas y siguen viviendo presos de inconfesables terrores. Y ocurre que las paredes de la cabaña “constituyen, efectivamente, el escenario donde campan los fantasmas que acechan la vida de una mujer negra que intenta disfrutar de su libertad tras haber sufrido las vejaciones propias de la esclavitud. Espíritus, pesadillas y, finalmente, la locura afloran sucesivamente del subconsciente de este personaje” (Esteve Riambau, Fotogramas nº 1867, 5-99).

Es evidente que Beloved no pretende ser fiel a la novela sino a sí misma. No está enfocada según las reglas del inquietante maestro David Wark Griffith de Hazles reír, hazle llorar, hazles esperar, sino con un tono muy cercano al realismo mágico latinoamericano. Morrison lo explica al declarar: “La mayoría de las películas que se hacen en Estados Unidos van dirigidas a una mentalidad infantil, de modo que cuando se hace una película un poco más seria, las cosas cambian. La película ha suscitado un considerable debate, pero no se puede decir que sea la versión de un ‘hit’ hecha al estilo de Hollywood”. Mirito Torreiro escribe que Demme “ha ordenado los elementos narrativos según un recurso de cajas chinas, cada una de las cuales contiene un secreto cuya solución nos llegará al final. Además, con su perfecta mezcla entre realismo y surrealidad, novelista y director terminan creando un mundo en el que muertos y vivos conviven a veces plácida, a veces desgarradamente; en el que los seres condenados a la excepcionalidad llegan precedidos de insectos y se desmaterializan en un vendaval de mariposas...” (El País/El Espectador, 2-5-99).

El ya citado Riambau definía la película como “valleinclanesca, casi esperpéntica, en la que la Historia se infiltra en lo más profundo de unos personajes atormentados por el pasado” (idem). Nos encontramos ante una película extraña, difícilmente abarcable, sobre la que caben diversas interpretaciones, y que destaca por la solidez de sus elementos siendo el capítulo interpretativo el más unánimemente elogiado. En los elogios de la crítica se subraya la injusticia que supone que este “sorprendente híbrido entre melodrama racial y relato fantástico que, aun sin estar completamente conseguido, muestra a un Demme con más inventiva y sentido del riesgo que en otros productos suyos más aplaudidos” (Fernández Valenti, art. citado). También ha existido bastante unanimidad en atribuirle un metraje excesivo, aunque este es un elemento que depende de sí se entra o no en la película. Y como ocurre en Amistad, la familiaridad y el interés por la realidad que representa ayuda mucho más que las actitudes frívolas sobre la angustiosa causa negra. También Beloved marca un antes y un después en el tratamiento de una realidad habitualmente falseada u ocultada.

Pepe Gutiérrez-Álvarez es escritor y miembro del Consejo Asesor de viento sur

Nota

1/Toni Morrison ganaba el Premio Nobel por su extraordinaria contribución a dar a conocer literariamente la vida de las personas de distinción y carácter negro. Morrison asume abiertamente su «negritud» así como sus concepciones marxistas, y se reconoce “afroamericana y no norteamericana”, y reconoce que su propia vida quedó marcada al crecer «como una niña que sufrió más de un desprecio de los blancos»…El verdadero nombre de Toni Morrison es el de Chloe Anthony Wolford (n. 1932, Lorain, Ohio), es hija de un obrero soldador católico y de una criada en una familia de narradores natos, su abuela anotaba en un cuaderno sus sueños...A los 13 años, Toni trabajaba como asistenta en casa de blancos, gracias al apoyo familias cursó estudios universitarios, y después de haber ejercido una impresionante labor como editora, posibilitando la publicación de hombres y mujeres negros, escribiría siete novelas, Ojos azules (1970), Sula (1973), La canción de Salomón (1977), La isla de los Caballeros (1981 -aparecida en Anagrama, Barcelona), Jazz (1992), y Paraíso (Ed. B. Barcelona, 1998). Beloved (1987) es hasta ahora la única adaptación cinematográfica de una de sus obras,.

(*) Este trabajo es una edición revisada de un capítulo de Si Bwana. Cine y colonialismo (https://issuu.com/angelaramirez57/docs/20958297-gutierrez-alvarez-pepe-bwa)



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