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Elecciones presidenciales
El significado de Francia Insumisa
28/04/2017 | Grégory Bekhtar

La campaña de Mélenchon ha dado nuevo vida a la izquierda francesa en las últimas semanas elevándose a una posición competitiva en los sondeos y reunión a cientos de miles en sus actos. Pero tras su estrecha derrota hoy, siguen en pie varias preguntas. ¿Qué representa Mélenchon? ¿Qué nos dicen los orígenes de Francia Insumisa sobre su política? Y, ¿dónde puede ir en adelante?

Grégory Bekhtari, miembro de la formación de izquierda radical Ensemble!, que apoyó la campaña de Mélenchon, explora estas cuestiones comenzando con la salida de Mélenchon del Partido Socialista.

Orígenes

Jean-Luc Mélenchon comenzó su carrera política como concejal y luego como senador del Partido Socialista (PS) en los años 80, siendo el líder de una minoritaria corriente del ala izquierda del partido. Rompió con la principal fuerza socialdemócrata francesa en 2008 para formar el Partido de Izquierda (PG) —a inspiración en aquel momento de la alemana Die Linke—, que a su vez fundó el Frente de Izquierda (FDG), en alianza con el Partido Comunista Francés (PCF) y la Izquierda Unitaria (GU).

La trayectoria de Mélenchon hacia la izquierda estuvo marcada desde el principio por su oposición a las políticas sociales y económicas de la Unión Europea, basadas en los tratados ultra-liberales y por las directivas apoyadas por el PS. En 2005, dirigió una exitosa campaña por el No en el referéndum sobre el Tratado Constitucional Europeo, momento en el que, en nombre de su tendencia y desafiando a la dirección del PS, formó una alianza que incluía al PCF y la Liga Comunista Revolucionaria (antecesora del Nuevo Partido Anticapitalista actual), entre otros. El laboratorio político que constituyó esta batalla, ayudó a Mélenchon a creer que podía existir una nueva fuerza política al margen del PS: una fuerza con vocación mayoritaria y que siguiera una línea verdaderamente de izquierda.

En 2012, Jean-Luc Mélenchon fue el candidato del Frente de Izquierda en las elecciones presidenciales. Tras una campaña activa y popular en la que muchos actos al aire libre se transformaron en asambleas de decenas de miles de personas, se consiguió el 11% del voto. Fue un resultado decepcionante en vista de la dinámica ascendente de la campaña que tuvo un profundo impacto entre gente que había participado en movimientos sociales de resistencia a la presidencia de Nicolas Sarkozy. Tampoco fueron elegidos muchos diputados en las elecciones legislativas celebradas seis semanas después. La idea de permitir a la gente unirse directamente y de forma individual al Frente de Izquierda fue rápidamente abandonada y el capital construido durante la campaña presidencial fue dilapidado gradualmente.

La inercia y los desacuerdos estratégicos impidieron desarrollarse al Frente de Izquierda, cuyo portavoz era Jean-Luc Mélenchon. Los conflictos entre él y la dirección del PCF se multiplicaron a medida que los dos luchaban por la hegemonía. Mélenchon justificaba su negativa a hacer compromisos en las estructuras colectivas de toma de decisiones del Frente de Izquierda en su oposición a la continua tendencia del PCF a concertar alianzas gubernamentales con el PS en la primera vuelta de las elecciones locales, un acuerdo que hacían con la esperanza de mantener su propio aparato de partido. Al mismo tiempo, los movimientos sindicales y sociales trataban de movilizarse contra el conjunto de ataques (a las pensiones, el “pacto de responsabilidad” o el “proyecto de ley de crecimiento económico” del ministro de finanzas Emmanuel Macron) llevados a cabo por el gobierno socialista.

En febrero de 2016, Jean-Luc Mélenchon anunció públicamente su candidatura para las elecciones presidenciales, sin haberlo discutido con sus socios del Frente de Izquierda, el PCF o Ensemble!. Mélenchon rechazaba la idea, propuesta entonces por el PCF, de participar en unas “primarias de la izquierda”. De diversas formas, la misma idea había sido propuesta por parte de figuras de la sociedad civil como Thomas Piketty, descontento con el balance de la presidencia de Hollande, y por una dirección del PS en busca de formas de legitimar la reelección del entonces presidente, a pesar de haber alcanzado mínimos históricos de popularidad. Presentando su nuevo proyecto de Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon demostró en la práctica que consideraba ya que la experiencia del Frente de Izquierda había terminado.

Un viraje populista

Al ser preguntado por periodistas acerca de cuál era su base de apoyos, Mélenchon respondió: “convicciones, eso es lo más importante, y quizá el pueblo francés. No podemos hacer nada de lo que acabo de decir en la medida en que estemos atados a los tratados europeos”.

Ciertamente, Jean-Luc Mélenchon se inspira explícitamente en las teorías de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe —una de sus partidarias oficiales— y adopta las fórmulas ya utilizadas por Podemos al definir ”el pueblo” en oposición a “la casta” o “la oligarquía”. La adopción de este enfoque queda claramente expuesto en libros como L’ère de peuple [La era del pueblo] o Le choix de l’insumission [La opción de rebelarse]. Mélenchon no usa ya el término “izquierda”, que según su visión ha sido corrompido por el PS en el poder y no es atractivo para el gran público. Este discurso se evidencia también en la posición que ha tomado como político que se dirige directamente a la población sin mediación de un partido político ni de sus instancias de toma de decisiones —tampoco del partido del que es aún miembro, el Partido de Izquierda (PG)—. En vez de ello, ha privilegiado la creación de Francia Insumisa, un nuevo movimiento sin estructuras electas cuya unidad de base es el “grupo de apoyo” local que apoya su candidatura.

Al principio, se llamaba a los ciudadanos a unirse a este movimiento para apoyar la campaña presidencial de Mélenchon. Se les ofrecía entonces la oportunidad de participar en la elaboración del programa, por medio de contribuciones online que eran después registradas y sintetizadas, y de elegir, por otra parte, los candidatos de Francia Insumisa a las elecciones parlamentarias que vendrían poco después de las presidenciales. Como pasaba en Podemos, FI criticaba la “forma-partido” como desfasada e incapaz de afrontar el reto de la actual crisis de la democracia. Se defiende la estructura abierta y poco rígida de Francia Insumisa como un factor que ayudará a agrupar ciudadanos descontentos que no quieren ya subordinarse a la «clase política» que dirige la V República.

Sin embargo, los puestos clave de dirección y dinamización de la campaña de Francia Insumisa quedaron asegurados a personas cercanas a Mélenchon, casi todos ellos miembros del Partido de Izquierda. Hoy, cerca de 400 000 personas han firmado una declaración telemática de apoyo. El candidato afirma que un total de 125 000 miembros participan en sus grupos de apoyo. Hay probablemente 15 000 militantes haciendo campaña de forma activa que forman parte de Francia Insumisa.

Ruptura y renovación

El programa “Futuro en común” fue adoptado en octubre de 2016 en un congreso que reunió a 1.000 personas, de las cuales dos tercios había sido elegidas por sorteo. La intención explícita de incluir nuevos insoumis en la redacción del programa no impidió —lógicamente— que influyeran sobre él el programa del Frente de Izquierda de 2012, las tesis del Partido de Izquierda sobre ecosocialismo y la estrategia de un “Plan B” para la Unión Europea. De todas las medidas propuestas, destacaron con especial fuerza cuatro ideas principales en su comunicación de campaña: la transición a la VI República, ruptura con los tratados europeos, planificación ecológica y mayor independencia de la política exterior francesa.

Francia Insumisa reclama la “abolición de la monarquía presidencial”, desafiando el papel del presidente y de la cámara alta (el Senado). Propone la convocatoria de una Asamblea Constituyente, apoyándose en la eventual elección de Mélenchon como presidente. Este sería el hecho fundador de la VI República. Después de completarse las labores de redacción de una nueva Constitución que integrara nuevos derechos universales, Mélenchon renunciaría a la presidencia y convocaría nuevas elecciones parlamentarias.

Se plantea también un “plan B” para la Unión Europea, en caso de que su plan A —i. e. asegurar el paso a nuevos tratados europeos, basados en una refundación democrática, social y ecológica de la UE— fracasara. Jean-Luc Mélenchon afirma que ha sacado conclusiones del fracaso del gobierno de Syriza en Grecia y que está preparado para usar todas las formas de presión disponibles en un país como Francia —la sexta mayor potencia económica del mundo— para romper con las políticas europeas de austeridad presupuestaria, libre comercio y destrucción de servicios públicos. En particular, esto podría implicar restaurar controles sobre el capital y sobre mercancías en la frontera si fuera necesario. Se opone también frontalmente a la firma de los acuerdos del CETA y del TAFTA respaldados por la Comisión Europea.

Francia Insumisa aboga por un modelo social ecológicamente sostenible: i. e., no tomar de la naturaleza más de lo que esta pueda reproducir y no producir más de lo que la naturaleza pueda soportar. Esta «norma verde» que Jean-Luc Mélenchon plantea aplicar para fundar una transición ecológica estaría también reflejada en la nueva constitución. Implica, entre otras cosas, una ruptura con la energía nuclear y la basada en el carbón, poniéndose como objetivo para el 2050 el 100% de energía renovable.

Defiende la independencia militar y diplomática de Francia, considerando que a día de hoy el país está sometido a potencias extranjeras. Desde su perspectiva, esta política debería proceder abandonando la OTAN y poniendo fin al permanente apoyo que los gobiernos franceses han facilitado a las intervenciones beligerantes de EEUU. Significa también el fin de los acuerdos con las petro-monarquías del Golfo. Esta política implicaría también paralelamente, la formación de una nueva alianza planetaria junto con los países BRIC.

Una campaña de avances, buena para Netflix

De algún modo, se subestiman los comienzos de la campaña de Francia Insumisa. Los primeros meses correspondieron a las amplias movilizaciones callejeras contra la Ley del Trabajo, que desde marzo a junio de 2016 vincularon amplias huelgas y manifestaciones con el movimiento Nuit Debout. Este último arrojó luz sobre la crisis democrática e institucional de Francia. Cuando, hacia finales del otoño, el fracaso de estas movilizaciones se había hecho evidente, cierto sector de los trabajadores activos en esta batalla empezó a considerar Francia Insumisa como una especie de extensión política de su protesta, al menos en principio.

Pero la candidatura de Jean-Luc Mélenchon se esforzaba por unir fuerzas con la izquierda del Partido Socialista. Sus socios del Frente de Izquierda no estaban conformes con su auto-proclamación como candidato, ni ciertamente con el funcionamiento de la campaña, que sólo permitía el papel de consultores a los partidos que participaban en su causa —impidiendo así que sus direcciones pudieran contribuir en su programa o en la línea que se seguía—. Junto con este modus operandi anti-pluralista, algunas de sus problemáticas salidas en los medios fueron mal recibidas por los militantes del PCF y Ensemble!, por ejemplo, cuando dijo que los detached workers/trabajadores liberados “robaban el pan a los franceses; respecto a los migrantes”, cuando la primera idea que expuso fue la de que “nunca había estado a favor de la libertad de movimiento”; respecto de la guerra en Siria, contemplando a Bashar al-Assad como el mal menor frente al Estado Islámico; o su rechazo a reconocer la existencia de un imperialismo ruso operando en el conflicto. A pesar de las declaraciones en su defensa —que consistieron en decir que sus argumentos y posiciones estaban siendo deformados para perjudicarle— no podemos descartar por completo el argumento de que Jean-Luc Mélenchon ha tratado de utilizar expresiones de moda para atraer la atención de votantes desorientados que se debatían entre la abstención o en votar al Frente Nacional.

A finales de otoño de 2016, en ausencia de otra candidatura unitaria, el PCF y Ensemble! dieron finalmente su apoyo a Jean-Luc Mélenchon, pero sin unirse a Francia Insumisa. Tras la sorpresiva decisión del presidente François Hollande de no presentarse a la reelección, el debate político se centró en la “primarias de la izquierda”. Mélenchon decidió boicotear este desafio, a pesar de las reiteradas ofertas que le hizo la dirección del Partido Socialista para participar. Votaron más de dos millones de personas, dándole sorprendentemente a Benoît Hamon una mayoría en la segunda vuelta y eliminando así al candidato favorito, el ex-primer ministro Manuel Valls. Fue como ser testigo de la venganza de la base electoral del PS con la tendencia más izquierdista del partido, venciendo a la persona que simbolizaba la tendencia más liberal, autoritaria y securitaria y la que mejor encarnaba el desastroso balance que el partido dejaba tras sí, finalizado el período de presidencia socialista.

Comenzaba también una etapa difícil para Jean-Luc Mélenchon, cayendo por primera vez por debajo del 10% en las encuestas de opinión. Proliferaron los llamamientos a la unidad y las peticiones de que se uniera a Hamon para hacer posible una victoria de la izquierda. Ciertamente, la campaña de Francia Insumisa se había diseñado para combatir a Hollande, llamando así al electorado a castigar su gestión votando a Mélenchon. Esto perdía gran parte de su sentido ahora que se enfrentaban a Hamon, representan de una línea crítica con la presidencia de Hollande. El candidato socialista demostró además gran capacidad para simbolizar la unidad de la izquierda, ganándose al candidato verde Yannick Jadot.

Al rechazar cualquier debate o confrontación pública con Hamon sobre sus áreas de convergencia o de desacuerdo, Mélenchon selló tácitamente un pacto de no agresión con el candidato socialista. Sin embargo, dos factores —uno externo a su campaña, interno el otro— le permitieron despegar en esta difícil etapa y esquivó sus dificultades tácticas con el candidato socialista llevando a su marginación en la carrera presidencial. El primer factor fue la presión que ejercía sobre el candidato socialista la candidatura de Emmanuel Macron —el ex ministro de finanzas de Hollande—. Los anuncios de cuadros dirigentes del PS pasándose a la campaña de Macron se multiplicaron hasta el punto de que Manuel Valls hizo saber públicamente que votaría por el candidato neoliberal, en vez de por Hamon, afirmando disolver la distinción Izquierda/Derecha. Este último parecía así cada vez menos capaz de agrupar al PS, la mayoría de cuyo aparato no le apoyaba. Esto es un problema para alguien que afirma estar agrupando a toda la izquierda.

Paralelamente a esto, la estrategia mediática de Francia Insumisa, empezó a dar resultado. Su responsable de comunicación, Sophia Chikirou, dice que extrajo lecciones de las campañas de Podemos y de Bernie Sanders, de las que fue testigo de primera mano. Llevó a Mélenchon por los grandes medios de comunicación tradicionales y a tomar la web, convirtiéndose ciertamente en el candidato con más presencia en la red. Es de lejos el más seguido, ya sea en su canal de YouTube, Facebook o Twitter. Se sirvió de la cultura geek para asegurarse el apoyo de una red muy activa de ciber-militantes y jóvenes en general: intervenciones en el foro de jeuxvideos.com, programas de televisión online, sus discursos en hologramas, la versión en cómic de su programa y, más recientemente, un videojuego online, Fiscal Kombat, en el que él es el héroe. Esto ha sido tan efectivo que Jean-Luc Mélenchon está en cabeza del voto joven, destronando a Marine Le Pen con un 29% de apoyo de jóvenes entre 18 a 24 años.

El actual avance de Jean-Luc Mélenchon tuvo lugar en dos etapas, conectadas ambas con los dos principales debates televisivos a finales de marzo y a principios de abril que enfrentaron a diferentes candidatos. El primero tuvo lugar solo días antes de la manifestación de Francia Insumisa por la VI República, seguida de una concentración en la Plaza de la Bastilla que reunió a 120 000 personas según los organizadores (y, en cualquier caso, de 70 000 personas como mínimo). En el debate televisivo, Mélenchon resultó más convincente que Hamon y ciertamente que el resto de los candidatos. Fue el momento en el que el candidato del PS empezó a decaer y el siguiente debate lo confirmó. Los hábiles y agudos ataques de los candidatos de la extrema izquierda Nathalie Arthaud (Lutte Ouvrière, Lucha Obrera) y Philippe Poutou (NPA, Nuevo Partido Anticapitalista) contra el candidato de la derecha conservadora François Fillon y la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen —lastrados ambos por acusaciones de fraude—, así como contra Macron —acusado de desconocer la vida y existencia cotidianas de los trabajadores— ayudaron a Jean-Luc Mélenchon, que se concentró en el aspecto renovador de su programa.

Salió del debate como el voto de izquierda más eficaz de entre todos los «grandes candidatos». Incluso más allá de la izquierda, ejerció un cierto poder de atracción entre los votantes de derecha, seducidos por su integridad y sus llamadas a una ruptura limpia, interpretadas como una promesa de poner fin al sistema que solo beneficia a la «clase política» y a la «oligarquía». Así, solo días antes de las elecciones se encontraba en tercer lugar en las encuestas, empatado con Fillon. Empezaba a vislumbrarse la posibilidad de que Mélenchon llegara a la segunda vuelta —incluso enfrentándose ahí con Le Pen—.

¿Qué afronta Francia Insumisa?

El hecho de que un candidato de la izquierda radical haya sido capaz de presentarse como el “remedio” en unas elecciones presidenciales francesas plantea por sí mismo una serie de preguntas. El nivel de conflicto y movilización social en Francia no es comparable con lo que han visto Grecia y España estos últimos años. Además, la dinámica de campaña de Francia Insumisa no es mucho más fuerte de lo que fue la del Frente de Izquierda en 2012. La rigidez organizativa de sus estructuras —que tampoco son democráticas— es también un freno tanto a la integración de otras corrientes políticas como a la vinculación con capas militantes provenientes de los movimientos sociales y sindicales.

Este límite queda, sin embargo, parcialmente compensado por la efectividad de la agresiva campaña que se ha lanzado online. Además, minimizar el discurso tradicional de la izquierda y de la lucha de clases, en favor de significantes mucho más vagos y ambiguos como “el pueblo” constituye una respuesta debatible a la coyuntura política actual, en la que la mayoría de la población francesa carece de orientaciones/tradiciones políticas, está atrapada en un proceso de alienación, sin duda irreversible, respecto de los viejos partidos gobernantes. Pero es una respuesta que puede cosechar frutos —al menos en términos electorales— venciendo a los otros tres candidatos que tienen muchas debilidades y repelen a buena parte del electorado. En contraste, el hasta ahora divisivo Jean-Luc Mélenchon ha adoptado la postura menos áspera y más aseguradora del pedagogo y del potencial padre fundador de un nuevo régimen. La clase dominante no ha pasado esto por alto y ha comenzado a construir una campaña mediática para demonizar al candidato de Francia Insumisa.

Desde su ascenso en las urnas, su discurso sobre la inmigración ha mejorado notablemente (proponiendo medidas de regularización masiva y guardando un minuto de silencio en su acto de campaña en Marsella por los miles de migrantes muertos). ¿Puede haber tenido en cuenta la posición de Benoît Hamon, que ganó las primarias sobre la base de un discurso claramente a favor de dar la bienvenida a los migrantes? ¿Le ha acabado animando, y no preocupando, el éxito de Le Pen a la hora de silenciar sus posiciones en estos aspectos? Incluso su posición en Siria —aunque sigue siendo problemática— tiene ahora un perfil más matizado y equilibrado. Hay aún, por supuesto, varios problemas, empezando con la línea chovinista de Francia Insumisa, su ceguera respecto al imperialismo francés y la incapacidad de pensar sobre el lugar de los residentes extranjeros en el país excepto en los términos asimilacionistas de la ideología republicana tradicional, que contempla Francia como la encarnación del universalismo.

La estrategia de transformación social por medio de una revolución en las urnas electorales deja muchos interrogantes. Podemos esperar una violenta reacción de la burguesía para proteger su poder y privilegios. Pero en el presente contexto, la esperanza del paso adelante que podría venir del hecho de que Francia Insumisa tome el poder y la posibilidad de que le siga un periodo de radicalización, se presenta más viable para movilizar a las masas que cualquier advertencia abstracta sobre futuras traiciones que pueda cometer Jean-Luc Mélenchon una vez sea elegido presidente.

23/04/2017

https://www.jacobinmag.com/2017/04/the-meaning-of-france-insoumise/





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