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Turquía
Referéndum: un sí ilegítimo
18/04/2017 | Emre Öngün

Las fuentes progubernamentales afirman que el "sí" a la reforma constitucional de Erdogan ha obtenido el 51,3% en el referéndum del domingo 16 de abril. Ahora bien, estas cifras no solo son discutibles sino que constituyen la sanción de una apuesta parcialmente perdida por Erdogan.

Al poner en pie su proyecto de modificación constitucional, Recep Tayyip Erdogan quería terminar su proyecto de reformateo del Estado teniendo por eje el modelo de “hombre fuerte” para detener la crisis política, social y económica endémica a la que ha arrastrado a Turquía. Esta modificación de la Constitución hace legalmente del presidente en la República la única fuente de decisión y de iniciativa política del país.

El cálculo era bastante sencillo: la suma de los votos del AKP y del partido ultranacionalista MHP en las elecciones del mes de noviembre de 2015 se acerca al 60%. La legitimidad dada por la tentativa de golpe de Estado fracasado del 15 de julio de 2016 y una mayor represión aún sobre el HDP [Partido Democrático de los Pueblos], único partido demócrata consecuente en el Parlamento… todo eso debía asegurar una victoria bastante fácil.

Y el régimen del Estado-AKP (el partido de Erdogan) ha utilizado todos los medios de que dispone. Centenares de militantes kurdos y de organizaciones de izquierda han sido detenidos, el y la copresidente del HDP así como una docena de diputados y diputadas están en prisión, la mayor parte de las ciudades dirigidas por el BDP (Partido de la Paz y de la Democracia, componente del HDP en Kurdistán) han visto cómo sus alcaldes eran destituidos y en gran parte encarcelados, numerosos periódicos han sido prohibidos, decenas de miles de funcionarios han sido despedidos, durante las sesiones en el Parlamento consagradas a la reforma hubo diputados agredidos…

La propia campaña ha sido un simulacro, con un reparto del tiempo de palabra totalmente desigual entre los diferentes partidos, principalmente en detrimento del HDP, etc.

En resumen, el referéndum de Turquía se ha desarrollado en un contexto de represión a todos los niveles contra los partidarios del "no", sobre todo el HDP y la izquierda radical, y en condiciones alejadas incluso de los mínimos de una democracia burguesa.

Sin embargo, paradójicamente, el dispositivo que debía completar el triunfo del proyecto autoritario-sunita-conservador ha revelado las contradicciones internas y las debilidades de las fuerzas que lo defienden. Así, el MHP está atravesado por una grave crisis interna de la que nada indica que se va a recomponer: varios de sus diputados han apoyado el “no” contra la opinión del presidente del partido y era curioso ver a veteranos del fascismo alla turca defender los derechos del Parlamento frente al poder de un individuo solo. Sobre todo, esta crisis es aún más profunda en la base electoral de este partido. A partir de ahí, el “no” tenía reales posibilidades de ganar… aunque no fuera principalmente sobre una base de izquierdas.

El día de la votación, el contexto represivo no ha bastado al régimen. Despreciando su propia legalidad, el Alto Consejo Electoral ha declarado, en medio del recuento de votos, que las papeletas que no tenían el sello oficial que permite demostrar su validez serían no obstante consideradas como válidas “a menos que haya pruebas de que hayan sido traídos del exterior”… lo que por supuesto es absolutamente imposible. Así, papeletas de voto no verificables han sido tenidas en cuenta. El CHP (Partido Republicano del Pueblo, pseudo-centro-izquierda nacionalista, partidario del “no”) estima que 1,5 millones de votos se ven afectados y, por su parte, el HDP estima que los 2/3 de las mesas electorales han sido objeto de irregularidades y ha afirmado no reconocer los resultados mientras sus averiguaciones no hayan acabado.

A pesar de todo esto -la represión, la desigualdad de la campaña, las irregularidades el día de la votación- el "sí" no habría obtenido más que el 51,3% de los votos según la agencia de prensa progubernamental Anadolu. En otros términos, con una campaña durante la cual los derechos democráticos habrían sido respetados y con un escrutinio sin mancha de irregularidades, el “no” habría sin duda logrado la victoria.

Además, incluso con esas cifras, los resultados son malos para el bloque del Frente Nacionalista AKP-MHP (por retomar la denominación de coaliciones gubernamentales de derecha y de extrema derecha durante los años 1970 en Turquía).

Este bloque ha perdido cerca de 10 puntos si se comparan los resultados con los de las elecciones legislativas de noviembre de 2015. Una gran parte del electorado del MHP no ha respondido. Un ejemplo llamativo es el departamento de Osmaniye, cercano a la frontera siria y el Kurdistán, bastión del nacionalismo. En noviembre de 2105 el AKP y el MHP habían totalizado el 81% de los votos (47% el AKP y el 34% para el MHP), según incluso las cifras discutibles que dan al "sí" como vencedor, el "sí" no habría logrado más que el 60% de los votos en este departamento, es decir una pérdida de un tercio de los votos del bloque AKP-MHP.

Aún más importante es el voto en Estambul y Ankara donde, según esas mismas cifras discutibles, el “no” habría ganado con el 51% de los votos mientras que el bloque AKP-MHP conseguía respectivamente el 56% y el 63% de los votos en noviembre de 2015 y sobre todo ya que se trata de alcaldías del AKP. Así, el AKP ha perdido un escrutinio por primera vez en estas dos ciudades desde las elecciones locales de 1994 … (en las que se produjo la elección de Erdogan a la alcaldía de Estambul). El “no” es por tanto, en todos los casos, mayoritario en las tres mayores metrópolis del país (Estambul, Ankara y Esmirna donde el AKP es tradicionalmente minoritario). El sentido de este voto no es solo simbólico: es una dificultad (no insuperable ciertamente) para un poder fuerte tener contra él a la mayoría de las tres mayores metrópolis del país…

Los bastiones del movimiento nacional kurdo han continuado siendo muy fuertemente de oposición dando amplios resultados para el “no”… el detalle de los resultados debe ser abordado con particular prudencia puesto que esos departamentos son objeto de una fuerte represión por el Estado.

Precisamente cuando fijaba como objetivo un resultado de entre el 55% y el 60% por el “sí”, el régimen mostraba un cierto agotamiento. Por supuesto, la multitud de erdoganistas exaltados ha ovacionado a los dirigentes del AKP. Pero el corazón no estaba en el discurso del aburrido primer ministro Binali Yildirim estimando que “nadie había perdido y que solo la democracia había triunfado”. Sus llamamientos a la concordia nacional han sido repetidos, con más talento, por Erdogan ante la prensa, y luego por la multitud que les apoya. Para cualquier observador de Turquía, se estaba lejos de su arrogancia triunfalista, de sus amenazas y de su grandielocuencia habitual, el discurso era más bien apagado, con alguna salida denunciado ls prohibiciones de mitines en Europa (argumento que los dirigentes europeos le han servido en bandeja de plata) pero incluía una nueva amenaza con el anuncio de un nuevo referéndum sobre el restablecimiento de la pena de muerte. Esta iniciativa intenta evidentemente recuperar en su beneficio el voto nacionalista perdido, asegurar un referéndum que está seguro de ganar.

Tendremos ocasión de ver las consecuencias de esta maniobra. Sin embargo, no hay que equivocarse. Con esta iniciativa, Erdogan intenta recuperar las riendas. Pero un referéndum sobre la pena de muerte tiene forzosamente una amplitud menor, concede una legitimidad menor que un referéndum sobre un cambio de régimen constitucional. No se trata tampoco de pintar de rosa la situación general: el régimen, forzando por todos los medios, intenta arrancar la obtención de un “sí”. Lográndolo, gana un nuevo asalto, pero ¿a qué precio? Las pretensiones de estabilidad del régimen se han evaporado definitivamente y la huida hacia adelante va a continuar poniendo en una situación cada vez más incómoda a sectores significativos de la burguesía sin arreglar los problemas sociales. La única opción practicable para mantenerse en el poder es más que nunca una política exterior belicista y una política interna fascistoide. Pero ¿sigue ahí el resorte? La puesta en marcha del sistema hiperpresidencialista está prevista para noviembre de 2019, para las próximas elecciones generales (presidenciales y legislativas). Mucha agua bajo los puentes y sobre todo mucha sangre pueden correr hasta entonces.

Hay que subrayar igualmente la importancia de este escrutinio para fracciones de las poblaciones musulmanas confrontadas al racismo en Europa y para las que, por derivación, Erdogan puede representar una figura positiva que no duda en denunciar la islamofobia en curso en Europa… a la vez que reprime ferozmente en su país. Hay ahí una verdadera dificultad política. No son las gesticulaciones hipócritas de los dirigentes políticos occidentales, efectivamente racistas, las que nos serán útiles sino más bien el hacer fracasar a Erdogan en la propia Turquía lo que permitirá la deconstrucción de su imagen de líder bien amado.

Los combates democráticos y de clase en Turquía, intrínsecamente ligados, siguen ahí. El régimen ha ganado puntos a la vez que perdido en legitimidad lo que había ganado tras la tentativa de golpe de Estado del 15 de julio, y más aún. Los y las jóvenes que han participado en las manifestaciones nocturnas espontáneas en las calles de los distritos opositores de Estambul, Ankara o Esmirna, cuando son escritas estas líneas, nos lo recuerdan: “No es más que un comienzo, continuemos el combate!”.

Emre Öngün. Activista y analista turco. Miembro de Ensemble! en Francia.

16/04/2017

https://www.ensemble-fdg.org/content/referendum-en-turquie-un-oui-illegitime

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur





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