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brecha.com.uy |  Venezuela
El Estado y el poder. Cuando la izquierda es el problema
12/04/2017 | Raúl Zibechi

Estamos ante una lucha entre una burguesía conservadora venezolana que fue
apartada del control del aparato estatal y una burguesía emergente que
utiliza el Estado como palanca de acumulación.

Lo que está sucediendo en Venezuela no tiene la menor relación con una
“revolución” o con el “socialismo”, ni con la “defensa de la democracia”,
ni
siquiera con la manida “reducción de la pobreza”, por desgranar los
argumentos que se manejan a diestra y siniestra. Podría mentarse “petróleo”,
y estaríamos más cerca. Pero los hechos indican otras inflexiones.

Estamos ante una lucha sin cuartel entre una burguesía conservadora que fue
apartada del control del aparato estatal, aunque mantiene lazos con el
Estado actual, y una burguesía emergente que utiliza el Estado como palanca
de “acumulación originaria”.

No es la primera vez que esto sucede en nuestras breves historias. Las
guerras de independencia fueron eso: la lucha entre los decadentes “godos”
(peninsulares monárquicos) y la emergente oligarquía “criolla” que utilizó
el control del aparato estatal para legalizar la usurpación de tierras de
los pueblos originarios. Los segundos se apoyaban en las potencias
coloniales británica y francesa que competían con la decadente España por el
control de las colonias independizadas, con la misma lógica de los
progresismos que se apoyan en China, incluyendo conservadores como Macri,
frente a la imparable decadencia estadounidense.

La débil burguesía criolla se montó en la movilización de los pueblos
(indios, negros y sectores populares) para derrotar a los poderosos
peninsulares. Concedió la emancipación de los esclavos con los mismos
objetivos que hoy la nueva burguesía aplica políticas sociales que reducen
la pobreza: en ambos casos los de abajo siguen estando en el sótano como
mano de obra barata, sin haberse movido un ápice del lugar estructural que
ocupan.

Nuevas élites

Las nuevas elites venezolanas, lo que popularmente se denomina
“boliburguesía”, son una mixtura de altos funcionarios de empresas públicas
y del aparato estatal, militares de alta graduación y algunos empresarios
enriquecidos a la sombra de las instituciones. Gestores incrustados en el
aparato estatal. Por eso se resisten a perder poder, ya que todo el
entramado se les vendría abajo.

Algunos ya consiguieron trans­formar la renta apropiada en propiedad
privada. Pero una buena parte está aún en ese proceso. Por eso el sociólogo
brasileño Ruy Braga denomina a los gestores sindicales de los fondos de
pensiones de su país, la nueva clase emergente, como parte de una “hegemonía
frágil”.

Roland Denis sostiene que en su país gobiernan las mafias: “Maduro podrá
tener la mejor voluntad pero se ha impuesto un lobby muy fuerte de mafias
internas del gobierno” (La Razón, 27-XII-17). El filósofo y ex viceministro
de Planificación y Desarrollo (2002-2003) asegura que varias de estas mafias
son banqueras y otras vienen de viejos grupos de “chupa-renta petrolera”
instalados desde hace muchos años.

Le pega duro a los “intelectuales” que encubren las matufias del poder. “Con
un lenguaje de izquierda justifican una política que sólo ha favorecido a
banqueros, grandes importadores, cadenas monopólicas y trasnacionales. A su
vez, es una política que mediante la imposición de precios y corporaciones
ha destruido al pequeño productor de azúcar y café para beneficiar a los
importadores. Mientras tanto, los paquetes de Café Venezuela que vienen en
las bolsas de los comités locales de abastecimiento y producción (Clap) sólo
sirven para confundir a incautos.”

La otra mirada, la chavista-madurista que culpa de todo a otros, es la que
esboza Marta Harnecker: “El tiempo histórico está a nuestro favor. Lo que
nos ayuda en esta lucha contra las fuerzas conservadoras es que el tipo de
sociedad que proponemos, y que estamos empezando a construir, responde
objetivamente al interés de la inmensa mayoría de la población, en contraste
con las fuerzas conservadoras que sólo benefician a las elites” (Rebelión,
4-IV-17).


Misma urdimbre

A la luz de lo sucedido en la región en las dos últimas décadas podemos
arribar a una redefinición del concepto de izquierda: es la fuerza política
que lucha por el poder, apoyándose en los sectores populares, para incrustar
sus cuadros en las instituciones que, con los años y el control de los
mecanismos de decisión, se convierten en una nueva elite que puede desplazar
a las anteriores, negociar con ellas o fusionarse. O combinaciones de las
tres.

La izquierda es parte del problema, ya no la solución. Porque, en rigor,
aunque ahora empiecen los deslindes, los progresismos son hechuras de la
misma urdimbre. Miremos al PT de Lula. Niegan la corrupción que es evidente
desde hace una década, cuando Frei Betto escribió La mosca azul luego de
renunciar a su cargo en el primer gobierno Lula, cuando se destapó el
escándalo del mensalao: “La picada de la mosca azul inocula en las personas
dosis concentradas de ambición por el poder. Las personas, entonces, son más
receptoras al veneno de la mosca cuando viven situaciones en las cuales
disponen, de hecho, de posibilidades más concretas de ejercer un poder
mayor. Esto es, cuando las condiciones objetivas son favorables a los
impulsos que están siendo estimulados en el plano subjetivo”.

¿Qué tipo de personas (militantes, activistas, dirigentes) surgirían en un
proyecto político que no se proponga tomar el poder? Esta pregunta se la
formularon, palabras más o menos, los zapatistas hace ya cierto tiempo.
¿Cómo le llamaríamos a una fuerza que se proponga, “apenas”, transformar la
sociedad desde la vida cotidiana?

No lo sabemos porque el imaginario construido durante dos siglos apunta en
dirección al poder estatal. Como si lo que hubiera que transformar fuera
algo externo y no pasara, en primerísimo lugar, por las mismas personas que
se dicen militantes. Lo que sí sabemos es que la izquierda realmente
existente se ha convertido en un obstáculo para que las mayorías se hagan
cargo de sus vidas. La polarización derecha-izquierda es falsa, no explica
casi nada de lo que viene sucediendo en el mundo. Pero lo peor es que la
izquierda se ha vuelto simétrica de la derecha en un punto clave: la
obsesión por el poder.

7/4/2017

http://brecha.com.uy/cuando-la-izquierda-problema/



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