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Experiencias municipalitas
Ecología, capital, ciudad
01/04/2017 | Juanjo Álvarez

Casi resulta absurdo empezar un artículo diciendo que la crisis que vivimos desde 2007 se ha enquistado y que las soluciones propuestas no son más que la consolidación de los nuevos esquemas de distribución – de abajo a arriba – de la riqueza y de generalización de la precariedad. Y sin embargo, es importante recordarlo tantas veces como sea necesario para tratar de corregir las líneas de discurso que mayoritariamente están tratando de normalizar la situación socio-económica, ya sea mediante la defensa de las magras cifras de crecimiento – que sólo pueden servir al empobrecimiento social – o mediante la construcción de salidas teóricamente populares. No hace falta decir que la primera opción es la que, en el Estado español, defiende el gobierno austeritario del Partido Popular. Pero es quizá más interesante evaluar las salidas de los llamados “municipios del cambio” en sus procesos de transformación, particularmente en el terreno ecológico, por lo que tiene que ver con la estructura económica. Y es que la transición hacia ciudades ecológicamente sostenibles – sostenibles en toda la extensión del término, no “verdes” en la línea mercantilizadora – tiene un impacto económico de primer orden y permite observar los límites y contradicciones de los proyectos municipalistas.

El repertorio de los gobiernos del cambio ha pasado, en términos generales por el repertorio clásico de los proyectos de izquierda institucional: participación, aumento del gasto social, política cultural de orientación popular. El elemento más novedoso es sin duda el ecológico porque es el principal cambio en el escenario político desde los noventa, cuando el mapa político consolidó la hegemonía de la derecha a través de las victorias electorales de la derecha y de la conversión definitiva del PSOE en un partido neoliberal . Y así hemos visto que los distintos gobiernos municipales de carácter municipalista han tratado de elaborar programas ecológicos, si bien con un impacto desigual. Nos detendremos en Madrid, que es por muchas razones ejemplo paradigmático. Por una parte, Ahora Madrid (AM) implica de forma ejemplar el compromiso que los proyectos municipalistas han adquirido con elementos de la vieja izquierda a la que pretenden superar, empezando por poner a la cabeza del proyecto a una persona ideológicamente vinculada al PSOE y una formación que viene principalmente de su experiencia como jueza, es decir, como representante de los altos estamentos del aparato burocrático -y represivo- del Estado. Por otra parte, se trata de una ciudad que está sociológicamente muy lejos de apoyar procesos de ruptura política, con una población que oscila entre clases medias y altas que apoyan resueltamente a la derecha y barrios populares que sí han votado a AM pero que no dejan de estar socializados en un modelo de ciudad hiper-desarrollista, construida en torno a la idea de progreso económico en un contexto en el que ese supuesto crecimiento llegaba a cada esquina, con efectos brutales en términos de desigualdad económica y distribución de poder, por supuesto. Y todo ello bajo el foco distorsionador que da la capitalidad del Estado.

¿Qué elementos de transformación ecológica ha abordado este gobierno municipal? Se pueden identificar varios frentes, de los cuales el más elemental es el de la calidad del aire. Es quizá el único tema que ha venido siendo una evidencia desde hace treinta años –ya en los ochenta se hablaba de la “boina”, la nube artificial de humos negruzcos que cubre la ciudad y que es perfectamente visible desde los alrededores– pero no por ello deja de ser un caballo de batalla en cualquier proceso político, porque ataca uno de los fetiches de las clases medias. Y es que para el neoliberalismo desarrollista el coche es un elemento diferenciador y una marca de éxito social: lo mínimo que puede tener una persona bien asentada en la sociedad capitalista es un coche. La política de la corporación municipal desde la llegada de AM al gobierno ha tenido idas y venidas en relación con las restricciones a la circulación, aunque como veremos, no es el aspecto más susceptible de crítica. Es uno de los pocos ámbitos en los que AM ha conseguido una modificación de la normativa municipal y ha puesto en marcha movimientos visibles que han llevado al enfrentamiento con los sectores conservadores; faltan, claro está, una orientación más potente de la peatonalización que incida en la recuperación del espacio público y lo articule de forma efectiva: es decir, falta un plan de limitación de la circulación de vehículos privados más allá de vías representativas y días vacacionales.

Más significativo es el tema del uso turístico y comercial de la ciudad. La gentrificación y turistificación de las ciudades viene siendo un tema de discusión en la izquierda alternativa desde hace al menos una década, pero no había saltado a la política mainstream hasta la formación de los gobiernos del cambio, y otro tanto podríamos decir de la proliferación de infraestructuras turísticas y la depredación del patrimonio en favor del modelo dominado por la comprensión de las calles como una mezcla de museo, mercado e instalación hostelera. Y aquí sí tocamos hueso en lo que se refiere al capital. Madrid recibe cientos de miles de visitantes cada año a la busca de una experiencia de ocio: el hotel más céntrico, el barrio más hispter y el restaurante más alternativo. La gentrificación, por su parte, campa por sus respetos y lamentablemente ya ha rendido buena parte de la parte más característica de la ciudad: centro, Lavapiés, Chueca, Malasaña. El montante de la cuenta es ingente, y eso pesa en la política municipal, hasta el punto de que la primera ruptura fuerte en el partido de gobierno fue esa: el voto de seis concejales en contra de su propio grupo –con motivo de la autorización de la construcción de viviendas en el lugar del ahora derruido TPA – deja claro que la posición ante la mercantilización de la ciudad era un conflicto de primer orden en el mismo seno del “partido del cambio”.

No ha sido, por supuesto, el único conflicto: cada posible autorización de un proceso de construcción en la ciudad ha acabado suponiendo no sólo un conflicto con la oposición, sino una fractura interna. Así ha sucedido con el asunto de Plaza de España, que sólo se ha resuelto debido a la denuncia que varias organizaciones –con el liderazgo de Ecologistas en Acción– habían interpuesto, lo que les ha permitido negociar en muy buenas condiciones y llevar al gobierno municipal a una posición aceptable. En el otro extremo, la inacción absoluta de la corporación en el caso de Canalejas –una operación que construirá otra dotación comercial y turística en medio de la ciudad a costa de arrasar un edificio de enorme valor histórico-artístico– muestra a las claras el escaso interés de AM por entrar en guerras que pongan palos en las ruedas de la acumulación de capital.

Para no alargar más de la cuenta, cerraremos el repaso sumario con una alusión a la política en materia de zonas verdes. Con una preocupación casi enfermiza por el tema de la limpieza –y decimos enfermiza no porque sea excesiva, sino porque es compulsiva pero al mismo tiempo incapaz de producir soluciones– la creación de mecanismos municipales de gestión de los espacios verdes está liquidada, y la contratación por cuatro años -¡toda la legislatura!– del servicio de basuras no hace esperar nada bueno de la actuación en zonas verdes, que depende del mismo área de gobierno, liderada por la representante más visible de… Equo. Esto en una ciudad que necesita con urgencia una reconversión de su tramado urbano para recuperar espacios abiertos, reorientar la movilidad en clave de barrio y desarrollar las zonas verdes en los distritos y en las zonas limítrofes de los mismos.

No se trata, por supuesto, de hacer una crítica gratuita de los límites de los proyectos reformistas, sino de asumir cuáles son las potencialidades de la orientación socialdemócrata que han tomado buena parte de los proyectos municipalistas. El límite está en una cuestión que apuntaban correctamente Brais Fernández y Emmanuel Rodríguez en un muy buen artículo (http://ctxt.es/es/20170322/Firmas/11800/ahora-madrid-manuela-carmena-ayuntamiento-podemos.htm) , y es que cuando se entra por el vía del adaptacionismo a la realidad política-institucional, lo único que queda es un terreno gestionario en el que no hay opción de transformación: “En definitiva, de lo que se trata ahora es de gestionar lo existente”.

Una opción con potencial ecológico real tiene que ser una opción por la vida buena de las mayorías, con un discurso solvente que ponga a la luz las incapacidades de la sociedad capitalista y sobre todo su exclusión de las clases populares, pero también con una política de transformación de la realidad material de la vida. Esto quiere decir que necesitamos mucho más que “gestionar lo existente”; necesitamos una política que ataque los elementos centrales del Estado neoliberal: privatizaciones y mega-contratos de servicio – una peculiar forma de privatización que convierte la administración en una inmensa plataforma de subasta de contratos – y subordinación de las inversiones a la generación de valor mercantil en lugar de a las necesidades y decisiones colectivas.

En el fondo, una cuestión en disputa: la ciudad como herramienta para la valorización del capital o la ciudad como espacio de vida en común. Sin embargo, la política ecológica de AM ha venido marcada por la abundancia de gestos y las sistemáticas retiradas en los temas que ponen en cuestión el capital. Es un tema que hay que tratar sin inocencias, por supuesto: no se trata de volver a un llamamiento vacío a los soviets y la toma del palacio de invierno, sino de poner en marcha procesos de creación colectiva que generen espacios vivos desde los que ir cambiando el modelo social neoliberal, y de acompañarlos con reformas fuertes en el terreno de la gestión institucional – con la municipalización y la deuda en primer plano, pero también con iniciativas de transición ecológica urgentes y con la puesta en marcha de nuevos programas sociales que tiendan a garantizar las condiciones de una vida digna para todas. Se trata de poner en juego transformaciones que ataquen el hecho de que el capital mercantiliza la ciudad, mercantiliza las relaciones y mercantiliza la propia vida de las clases subalternas.

1/04/2017

Juanjo Álvarez es militante de Anticapitalistas y forma parte de la Comisión de Ecosocialismo de esta organización.



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