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Francia
Marine Le Pen: "Poner la República en orden"
27/03/2017 | Soledad Bengoechea, Maria Cruz Santos

Más de una cuarta parte de la Francia actual, titubeante en lo económico, desdibujada en Europa y castigada por el terrorismo yihadista, se ha visto reflejada en el partido de Marine Le Pen, el Frente Nacional (FN), fundado por su padre, Jean-Marie Le Pen, en 1972. Un partido no nuevo, sino de raíces profundas, orígenes filonazis, discurso simple, directo potente, mentiroso o emitiendo afirmaciones sin evidencias… con un personalismo patriarcal transformado hoy en una fuerza indescriptible, que va en una sola dirección: convertir a Marine en la antesala de la VI República Francesa. En las elecciones municipales del 2014, el FN consiguió hasta once alcaldías en todo el país, de ciudades medianas, y más de 1 600 escaños de concejales. La mayoría se sitúan en el sud-este mediterráneo, zonas donde hay más paro, más inmigración y, en ciudades como Marsella, a menudo más inseguridad. Con la vista fijada en Trump, Marine se prepara de nuevo para protagonizar el siguiente terremoto político en Europa.

El rechazo a la Unión Europea (UE), a la que se acusa de suprimir fronteras, a la globalización, considerada como una amenaza económica, cultural y política y a la salida del euro son temas comunes de las extremas derechas europeas y en este momento encuentran un eco muy favorable en el ánimo de tantos europeos violentamente golpeados por la globalización y la crisis. Una crisis que Bruselas ha agravado con el Pacto de Estabilidad para los países del Eurogrupo y sus políticas de austeridad y de recortes. Pero no solo la crisis ha alentado el discurso de las extremas derechas: en países como Portugal, Irlanda o España estos movimientos no han encontrado eco; e incluso en Grecia, como las anteriores gravemente afectada por la crisis, Amanecer Dorado tiene escasos seguidores, aunque son muy beligerantes.

Una condición previa para el actual ascenso electoral e institucional de las extremas derechas europeas, que en general presentan distancias con el nazismo y el fascismo, ha sido la banalización progresiva de su discurso. Ha conseguido que las campañas electorales giren en torno a su agenda, ajenas al debate sobre los errores cometidos en la gestión de la crisis y sobre las reformas necesarias para recuperar la cohesión social y las expectativas de futuro, que debería ser lo propio en un momento democrático tan importante. Tanto el debate general como muchas políticas públicas relacionadas con la seguridad y con la inmigración (refugio, asilo, integración, interculturalidad) están cargados de contenidos introducidos por las nuevas derechas. Ello tiene que ver con el fenómeno del terrorismo islamista, asociado de alguna manera también a la inmigración… Se apunta a los inmigrantes, preferentemente pobres y “no occidentales”, como chivos expiatorios de una supuesta degradación socioeconómica y cultural de Europa y de los países receptores. La crisis de los refugiados reforzó este discurso, sin duda porqué el miedo se rentabiliza políticamente, y la extrema derecha es consciente de ello. La actitud expresada por Merkel respecto a los refugiados no es ajena tampoco a esta diatriba. En fin, el culto a las construcciones identitarias está también en su punto de mira, pues esta ideología busca volver al Estado nación, a un cierre de fronteras y, en países irredentos, como Hungría, a la “gran Hungría”, o, en el caso francés, a la “gran Francia” de años atrás. En el caso que nos concierne, es también importante las dificultades de convivencia de franceses con otras comunidades que se han traducido en disturbios y motines de varios días de duración, la información de los cuales acaban siendo magnificadas por los medios de comunicación de una forma casi connatural.

El próximo 17 de mayo tenemos una cita con las elecciones francesas, muy importantes por dos cuestiones: Francia es uno de los grandes países occidentales, así como nuestro país vecino y nos afecta en muchas cosas. En este caso y en vista a lo que ha pasado en anteriores elecciones, veamos el caso del FN, el partido de Jean-Marie y Marine Le Pen y el ascenso de la extrema derecha en Francia.

Viejo y nuevo lepenismo

Según el eurodiputado español de Podemos, Miguel Urbán, el primer avance significativo de la extrema derecha francesa tras la Segunda Guerra Mundial fue el poujadismo, un movimiento político de derechas, rozando la extrema derecha, que surgió en Francia a mediados de la década de los años cincuenta del pasado siglo, organizado en torno a la Union de Défense des Commerçants et Artisans. Debe su nombre a Pierre Poujade, un librero francés que formó este movimiento dinámico y agresivo. Fue activo entre 1954 y 1958. En 1956 obtuvo 2 600 000 votos (11,6) y 51 diputados, entre los que se encontraba Jean Marie Le Pen. Le Pen rompió al año siguiente para participar en la creación del Frente Nacional para la Argelia Francesa, que protagonizó disturbios, manifestaciones e incluso sabotajes ante la posición del gobierno de emprender la descolonización de Argelia. Le Pen perdió un ojo en uno de estos altercados. Al año siguiente fue reelegido diputado de la Asamblea Nacional Francesa, esta vez con el partido de Independientes y Campesinos (CNIP), liderado por Antonie Pinay.

Al calor del malestar por la guerra de Argelia, la extrema derecha francesa inició un claro proceso de ascenso en el que proliferaban los grupos que centraban su discurso en la unidad territorial del Estado francés.

En 1972, sobre la base de antiguos militantes de la extrema derecha liderada por el propio Le Pen y los restos del ilegalizado Ordre Nouveau -un grupo de acción con importante implantación en los ambientes de combate “nacional-revolucionarios” que coincidieron con la movilización de 1968- se creaba el FN. Una fuerza minúscula hasta los 80. La profesora de ScienciesPo de París y exdirectora del Centre Nacional de Investigaciones Científicas, Nonna Mayer, hace décadas que estudia la extrema derecha. Mayer nos dice: “Para entender el fenómeno del FN es preciso remontarnos a la Europa de finales de los ochenta. Entonces aparecían una serie de extremas derechas, diferentes las unas de las otras con un denominador común: la lucha primero contra la inmigración y progresivamente contra la UE y las élites. Cuando nació el FN en 1972 el enemigo era el comunismo, cuando cayó el Muro de Berlín el enemigo pasó a ser el Islam”.

El éxito del discurso de Le Pen en las elecciones de 2002, basado fundamentalmente en la inseguridad ciudadana, confirmó su triunfo como el partido guía de la extrema derecha del espectro político a nivel europeo, pero los siguientes resultados electorales no consiguieron mantener su línea ascendente, sino más bien al contrario. Una tendencia descendente que la renovación estética, discursiva y el liderazgo de su hija Marie Le Pen ha logrado revertir.

Ahí se encuadran los resultados del FN en las municipales y europeas del 2014, que supusieron la primera victoria nacional del FN con su renovado discurso patriota, xenófobo y populista. Nada más saberse los resultados, una exultante Marine Le Pen apareció para dar las gracias a los franceses por haber dicho “¡basta! a ser “gobernados desde fuera”. Les prometió que el ciclo de una miseria determinada por la pérdida de la identidad y la soberanía empezaba a cancelarse con el triunfo de aquella misma noche.

La exitosa construcción populista de Marine Le Pen va de la mano de una estrategia de “desdiabolización” cuyo objetivo es escapar de la imagen de partido neonazi que el FN tenía hasta hace unos años. Jean-Marie Le Pen representaba perfectamente esa imagen. Fue condenado varias veces por hacer declaraciones racistas o afirmar que las cámaras de gas nazis fueron “un detalle en la Historia de la Segunda Guerra Mundial”. En 2015, la nueva dirección del partido expulsó a Jean-Marie Le Pen de la organización por estas declaraciones.

En definitiva, el marinismo supone una modernización del lepenismo, tanto en la imagen como en el discurso, adaptándolo aún más a la política espectáculo de la actual centuria, hasta el punto que la expresión parece mudar el sustantivo en adjetivo: ¿Política espectáculo o espectáculo político?

Patria, soberanía, libertad, seguridad, son puntales del programa de Marine Le Pen, que arrancó su camino hacia la primera vuelta de las primarias francesas a comienzos de febrero en Lyon. Ante una audiencia de unos 3 000 congregados, Le Pen ha identificado también las causas enemigas contra las que va a luchar, "totalitarismos que amenazan a Francia" como la globalización económica y el fundamentalismo islamista. La líder ultraderechista se ha comprometido con los franceses para luchar contra esas amenazas y ha presentado las herramientas con las que piensa combatirlas, como "el patriotismo económico". Parte de la tesis de que los franceses han sido desposeídos del derecho de "amar su país", y aunque criticó las voces que tachan a su partido de xenófobo, enumeró una serie de medidas encaminadas a contentar al porcentaje de votantes radicalizados en materia de inmigración: Impuestos para extranjeros que trabajan en Francia, expulsión de todos aquellos que no tengan los papeles al día, ponerle fin al derecho a la reagrupación familiar... son algunas de ellas. "No hay ni habrá otros valores y leyes en Francia que las francesas… si querían vivir como en su país, que se hubieran quedado en casa".

"Tenéis derecho a amar a vuestro país y tenéis derecho a mostrarlo. Es tiempo de revivir el sentimiento nacional", siguió clamando Marine en Lyon. Se presentó como la "candidata de la Francia del pueblo" frente a "la derecha de la pasta" y equiparó globalización y yihadismo: "Han construido una ideología, el mundialismo económico que rechaza todas las regulaciones y arrebata a la nación sus elementos constitutivos, permitiendo que nazca y crezca otro mundialismo, el fundamentalismo islámico", poniendo Europa, las grandes entidades financieras y el denominado Estado Islámico en el mismo saco. Y es astuta: mezcló en un cóctel potente los temas tradicionales de la extrema derecha (nacionalismo y xenofobia) y otras cuestiones que apelan a un electorado más amplio, como la preservación del Estado del Bienestar, la seguridad y las libertades públicas. Como eje, el ultranacionalismo, que se traduce fundamentalmente en rechazo al "perverso europeísmo". En cierto modo, si se confirma lo que todos los sondeos predicen y Le Pen llega a la segunda vuelta, el 7 de mayo los franceses tendrán que votar lo mismo que los británicos en su referéndum: sí o no a la Unión Europea.

Y prometió introducir en la Constitución la "preferencia nacional": al solicitar un empleo, una subvención, una plaza escolar o cualquier otra cosa, “un francés tendrá siempre preferencia ante un extranjero”, aseguró. El FN sin embargo, suele considerar "extranjeros" a muchos ciudadanos de religión musulmana, nacidos en Francia y con pasaporte francés: todo eso podrá financiarse, según Marine Le Pen, gracias a los aranceles sobre las importaciones. Es la misma fórmula mágica que utiliza Donald Trump.

Votantes del FN

El coordinador federal de IU y diputado de Unidos Podemos, Alberto Garzón, señala que las clases populares de Europa son parte de las grandes perdedoras de la globalización y por eso la extrema derecha ha conseguido llegar a estas víctimas a través de proyectos políticos que implican promesas de protección construidas mediante discursos que llevan a guerras entre pobres (entre los de muy abajo y los de abajo de una sociedad). Los votantes del FN ya no responden a un estereotipo concreto. Le Pen es más popular entre los que tienen menos estudios, pero su popularidad ha crecido sobre todo en aquellas zonas en las que hay más desigualdad social y en las que la globalización ha producido el fenómeno de la deslocalización.

El historiador Xavier Casals, experto en el estudio de las extremas derechas, destaca unas palabras del politólogo Florent Gougou: “Francia no ha asistido tanto a una mutación del electorado como a la configuración de una tendencia de larga duración, iniciada con la eclosión política del FN en los comicios europeos de 1984, en los que obtuvo el 11 % de los sufragios. El voto obrero a este partido muestra un incremento prácticamente continuo en el primer turno de las sucesivas elecciones presidenciales celebradas desde entonces: 17,6 % en 1988; 21,1 % en 1995; 25,6 % en el 2002; 15,6 % en el 2007; 30,9 % en el 2012. Además, recibe el apoyo de los obreros más jóvenes, que han crecido cuando Le Pen ya era un referente electoral, han asistido a los fracasos de los gobiernos de derecha e izquierda para acabar con el paro y se ubican a la derecha o se definen como “ninistas”, esto es, quienes no se sienten ni de derechas ni de izquierdas y votan contra los otros partidos, la clase política y el sistema”.

En este sentido resulta interesante detenerse en un nuevo perfil de votante de la extrema derecha que Nonna Mayer, especialista en el estudio del FN, ha puesto de manifiesto. Las características asociadas a este perfil serían: mujer, joven, precaria. Ejemplo: cajera de supermercado. El precariado, que en Francia también tiene tintes femeninos, no es ya hostil a un partido que durante muchos años estuvo afectado por una acusada brecha de género en su electorado. El radical right gender gap al que se refería Terri Givens ya no se aplica a un partido que, con la llegada de Marine Le Pen, ha abandonado el olor de “venganza antifeminista” que presidía sus discursos de antaño para pasar a hablar “en nombre de las mujeres” contra las que los musulmanes amenazan su libertad y sus derechos adquiridos.

También los funcionarios, categoría anteriormente reacia a votar por el FN, son un caladero importante de votos para la extrema derecha. Los resultados de una amplia encuesta elaborada por el prestigioso centro de investigación política CEVIPOF resultan curiosos porque reflejan una especie de venganza de las clases medias y bajas, las más devaluadas, contra las clases medias altas a las que la crisis no ha afectado tanto. Probablemente, los funcionarios serían sobre todo afectados en el aumento de su volumen de trabajo. En definitiva, la encuesta señala que Marine Le Pen está a la cabeza de intención de voto para la primera vuelta entre este colectivo. Especialmente significativo es que la candidata frontista no sea mayoritaria entre los funcionarios de mayor rango (clase A), pero sí entre aquellos de clase B y a gran distancia de sus contrincantes entre los funcionarios de clase C. Marine Le Pen domina el voto entre los policías (46,3 %) y militares (46,8 %) al tiempo que gana posiciones entre profesores, médicos y enfermeros prometiendo la contratación de más personal sanitario para reforzar la calidad de los servicios públicos.

En La France peripherique. Comment on a sacrifié les classes populaires, el geógrafo Christophe Guilluy afirma que hay dos Francias que se ignoran: la Francia de las metrópolis, brillante vitrina de la globalización feliz, donde cohabitan cuadros e inmigrantes, y la Francia periférica de las ciudades pequeñas, de las zonas rurales alejadas de los centros de empleo más dinámicos.

De esta última, donde se concentra el 60 por ciento de la población, afirma Guilluy, nadie habla nunca. Olvidada y despreciada, esta Francia que vive en la precariedad social representa el objetivo perfecto para el FN.

Es precisamente esa Francia rural, alejada de las urbes e incluso de las banlieues, la nueva Francia pobre y olvidada de las vitrinas urbanitas de las grandes aglomeraciones soñadas por la reforma territorial, el nuevo objetivo del FN. Como muchos analistas han dejado escrito en los últimos meses, ese abandono le puede costar caro a los partidos tradicionales.

Pilles Ivaldi, investigador del Centre Nacional de Investigación Científica y profesor de la Universidad de Niza Sofía Antipolis, aporta otro dato: la edad. La mayoría de votantes del FN se sitúan en la población activa: “La gente mayor es más reticente porqué tiene más poder adquisitivo y entonces es menos sensible al sociopopulismo de Le Pen, o simplemente por temor a la salida de la Unión Europea y del euro”, afirma Ivaldi.

El primer partido de los trabajadores en Francia es la abstención, afirmaba el pasado 18 de febrero el director del Centre de recherches politiques de Sciences Po Martial Foucault, muy por delante del FN. Sin embargo, entre los trabajadores que irán a votar (58 %), el 44 % votarán al FN, el 16 % a Macron, el 14 % a Mélenchon y un 12 % al reciente ganador de las primarias socialistas, Hamon. En total, el voto de clase encarnado por los trabajadores se ha apartado de la izquierda, porque todos los candidatos situados a la izquierda (Nathalie Arthaud, Philippe Poutou, Jean-Luc Mélenchon, Benoît Hamon, Yannick Jadot) recogen sólo el 16 % del total de los votos de los trabajadores y el 28 % de los votos de los que tienen decidido votar.

Y un dato llamativo: Le Pen es la candidata más votada entre los jóvenes de 18 a 35 años por delante de Emmanuel Macron y muy por encima de Jean-Luc Mélenchon y Benoît Hamon, según el periodista Juan Pedro Quiñonero, corresponsal en París.

El pasado 20 de marzo, con un 25,5 % de intención de voto expresado por las personas interrogadas por Elabe pour BFMTV et L’Express, Emmanuel Macron avanzaba en 0,5 puntos a Marine Le Pen (25 %, -1) en la primera vuelta de las próximas elecciones francesas. Ello significa una novedad en los resultados de las encuestas realizadas durante estos últimos meses: todo apunta a que Macron, que rechaza ser de izquierdas o de derechas, y Le Pen, la candidata más segura de sí misma, pasarán el corte el 23 de abril y competirán por el Eliseo en el pulso bis a bis del 7 de mayo. Pero durante las semanas que faltan para estos comicios las encuestas aún pueden alterarse, sobre todo si se van repitiendo los casos de corrupción que han alterado la vida política francesa en los últimos tiempos, o se van produciendo más actos terroristas en Europa.

Un balance

En un interesante capítulo del libro ¿Dónde vas, Europa? (Herder), la socióloga Eva Illouz sostiene que Europa está pasando de una crisis de esperanza a una crisis de miedo. Y es cierto, ya no lo vemos, pero la idea de la Unión y su materialización ha sido la más fabulosa expresión de esperanza que la política haya sido capaz de alumbrar. Unirse con la esperanza de acabar con siglos de conflictos y guerras devastadoras. Pero esa esperanza parece agotada. Tras el Brexit, “el desencanto está dando paso poco a poco a un sentimiento de crisis a gran escala, una crisis de miedo” dice Illouz. Miedo al futuro, miedo al extraño, miedo a la desintegración, miedo a perder la identidad, y no menos importante, a perder las seguridades básicas de la vida protegidas por el Estado de bienestar. Así ha ganado Trump. Entre esos dos sentimientos bascula nuestro mundo de hoy. Y aunque la esperanza se imponga en algunos casos, como en las recientes elecciones de Austria y Holanda, no está claro que el miedo no vaya a ganar. Y la extrema derecha sabe que ese miedo es políticamente rentable.

A diferencia de lo que ocurre en otros países, como testificaban los periodistas que estaban a pie de urna el 15 de marzo pasado en las elecciones de Holanda, el voto al FN ya no es un voto secreto y semiclandestino; ya no es objeto de culpa y ya no produce estigma. Y ello en primer lugar porque es un voto cada vez más potente en términos cuantitativos, y, en segundo lugar, porque es un voto que cualitativamente se ha transformado: ya no es un voto a la contra de la comunidad política y sus consensos básicos, sino que es un voto que se enuncia como beligerantemente protector de la comunidad política (La République), sus valores y su cultura. Un voto al mismo tiempo comunitario y republicano, síntoma de la ambigüedad de la oferta política del FN, pero también de la fuerza de su capacidad reinterpretativa. El resultado es que hoy en Francia no resulta raro encontrar personas que reconocen abiertamente y con orgullo que están dispuestas a votar por Marine Le Pen, a pesar de su discurso nacionalista a ultranza, racista y xenófobo. Pero es que el nacionalismo apela a los sentimientos, a lo visceral, a las emociones. Y la xenofobia y la circulación de mentiras ponen encima de la mesa el elemento identitario. En fin, Le Pen extrae votos al desvelar abiertamente su odio al extranjero, algo que resulta ajeno e incómodo a otros partidos, sobre todo si son de izquierdas.

Hay que hacerse a la idea de que la ultraderecha francesa puede ganar, aun no siendo lo más probable. Tenemos el ejemplo de la insospechada derrota de Winders en Holanda, a pesar de su acenso. En el caso francés las cartas estaban ya repartidas. El FN, de la mano de Marine Le Pen, iba a enfrentarse en la segunda y definitiva vuelta a François Fillon, el exprimer ministro de Sarkozy y candidato de Los Republicanos. Los valores conservadores de Fillon en lo relativo a la familia y sus ideas muy escoradas a la derecha, así como sus declaraciones en torno a “las raíces cristianas de Francia”, su énfasis en el “patriotismo”, sus críticas en torno a la inmigración y al islam y su agenda de política extranjera “pro-Putin” coinciden en gran medida con el programa de Le Pen. Esto representaba un peligro para la candidata. Pero el caso “Penélope” obliga a barajar de nuevo. En este momento, Le Pen trabaja para atraerse al conjunto de la derecha con vistas a un enfrentamiento final con alguien de la izquierda, sea el centrista Emmanuel Macron, sea el socialista Benoît Hamon, sea el radical Jean-Luc Mélenchon, que sin renunciar al populismo ("En nombre del pueblo" es su lema de campaña), asegura que su programa es pragmático.

Y, mientras ¿qué hacen las izquierdas? ¿Qué ideas deben elaborar y cómo han de organizarse para plantar cara al auge del neofascismo y la extrema derecha en Europa? Dejar de mirarse el ombligo, de discutir entre ellas si se trata de galgos o podencos y enfrentarse a los debates más difíciles. Recogemos la voz de Marie-Christine Vergiat, eurodiputada francesa del Front de Gauche, que pertenece al Grupo Confederal de la Izquierda Europea: “La izquierda debe partir de lo que le da sentido común: el rechazo a las políticas de austeridad, un verdadero reparto de las riquezas, más equitativa, el sentido de solidaridad, el respeto por los demás… Construir un nuevo proyecto político, una nueva vía que devuelva la esperanza a la gente, una nueva hegemonía cultural”.

21/03/2017

Soledad Bengoechea, doctora en Historia y miembro del Grupo de Investigación Consolidado “Treball, Institucions i Gènere de la Universitat de Barcelona”.

Maria Cruz Santos, doctora en Historia y vicepresidenta de SOS Monument

Referencias:

Luc Rouban, “Les fonctionnaires et le Front nacional”, “L’enquéte électorale française: comprendre 2017”, Centre de Recherches Polítiques de Sciences Po (CEVIPOF), Sciences Po París, diciembre de 2015.

Vergiat: “Hay que construir una nueva vía que devuelva la esperanza a la gente” 3 3n3ro 2017, http://www.lamarea.com/2017/01/03/la-izquierda-europea-aun-no-digiere-la-caida-del-muro-de-berlin/

Pablo Castaño, Populismo y desdiabolización, la receta de Marine Le Pen para ganar las elecciones presidenciales en Francia, http://www.publico.es/culturas/television/58

La xenofobia institucional y la austeridad. Gasolina política para el auge electoral de la extrema derecha Construïm Poder Popular, http://www.anticapitalistes.net/spip.php?article6604

Le Pen arranca su campaña con la intención de emular a Trump y el "Brexit" (Público), http://www.publico.es/internacional/le-pen-arranca-campana-intencion.html

Marine Le Pen se presenta como la candidata del "pueblo" contra la "globalización", http://www.elmundo.es/internacional/2017/02/05/58974cb946163f2e0f8b45d0.html, Enric Gonzálea, París, 5 febrero 2017.

Le Pen busca el voto de la Francia "olvidada y despreciada", http://www.elconfidencial.com/mundo/2015-03-22/le-pen-busca-el-voto-de-la-francia-olvidada-y-despreciada_732359/ Luis Rivas Paris 23-3 15 El Confidencial.

Como ciervos abrumados, Sami Naïr, El País, 10-2-17, http://internacional.elpais.com/internacional/2017/02/10/actualidad/1486733872_800802.html

Adresse du Parti communiste au peuple de France, L’Humanité, 21 febrer, 2017, http://www.humanite.fr/adresse-du-parti-communiste-au-peuple-de-france-632459

Marine Le Pen se prepara para protagonizar el siguiente terremoto político en Europa, Angelique Chrisafis – París, 18/12/2016 - 19:30h El Diario.es, http://www.eldiario.es/theguardian/Marine-Pen-Podria-Francia-protagonizar_0_591091896.html

Elecciones presidenciales y clases sociales: la desintegración del voto de izquierdas continúa en Francia, Martial Foucault, 19/02/2017, http://internacional.elpais.com/internacional/2017/02/27/actualidad/1488218012_833373.html

Dossier de Nicolás Tomás, “Viatge a la França del Front Nacional”, El Temps, nº 1708, 7 de marzo de 2017, pp. 30-43

MAYER, Nonna, “El votant del Front Nacional no se sent defensat ni per la dreta ni per l’esquerra”, El Temps, nº 1708, 7 de marzo de 2017,pp. 45-46.

EL VOTO OBRERO A LA ULTRADERECHA: ¿MUTACIÓN POLÍTICA O REAJUSTE ENTRE DEMANDA Y OFERTA POLÍTICA?* Blog de xavier Casals

https://xaviercasals.wordpress.com/2016/12/24/el-voto-obrero-a-la-ultraderecha-mutacion-politica-o-reajuste-entre-demanda-y-oferta-politica/

URBÁN, Miguel, El viejo fascismo y la nueva derecha radical, Barcelona, Crítica Alternativa, 2014.

Los olvidados de Marine Le Pen, Guillermo Fernández Vázquez, 15/3/2017, ctxt.es/es/20170315/Politica/11575/Frente-Nacional-Marine-Le-Pen-Emmanuel-Macron-olvidados-Francia.htm

Andrés Gil, Wilders, Le Pen y la sombra de los años 30, El Diario.es, 16/3/2017http://www.eldiario.es/politica/Wilders-Pen-sombra-anos_0_622588176.html

http://www.elconfidencial.com/mundo/2017-02-05/le-pen-campana-primarias-francia-contra-ue-islamismo_1327043/ Le Pen arranca su campaña en contra de la UE, la inmigración y el islamismo. 5/2/17

Intentions de vote – Election présidentielle 2017, 20/3/17

http://elabe.fr/intentions-de-vote-election-presidentielle-2017-5/



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