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Sobre la islamofobia
Desvelando el hiyab
23/03/2017 | Sirin Ablbi Sibai

El dictamen del TJUE apunta con claridad a la discriminación de las mujeres musulmanas a través de la regulación sobre sus cuerpos y vestimentas por lo que supone una vulneración del tan alardeado respeto a los Derechos Humanos en el viejo y decrépito continente.

El debate no es el del hiyab, sobre el cual únicamente las mujeres musulmanas tendrían que tener legitimidad para hablar, decidir y opinar sobre el mismo. El verdadero debate no es ni mucho menos el del significado o la interpretación de este como “símbolo patriarcal” o como símbolo de liberación, emancipación y reivindicación. El verdadero debate que aquí debe plantearse es el del racismo, el sexismo y la colonialidad intrínsecos y estructurales a una civilización en decadencia que está poniendo en peligro la vida misma sobre el Planeta y la diversidad y heterogeneidad de la existencia. Es esto lo que está en juego y lo que la islamofobia esconde y que se traduce al interior y al exterior de las fronteras europeas en políticas y prácticas opresoras diversas.

El verdadero debate es sobre la Europa que, parafraseando a Franz Fanon, “no deja de hablar del hombre, mientras lo asesina por todas las esquinas del mundo” y no deja de hablar de los derechos y las libertades de las mujeres musulmanas mientras les roba la voz y la imagen y las ridiculiza y representa como menores de edad, pasivas, sumisas, ignorantes e inconscientes. No deja de hablar de su liberación mientras les roba sus derechos y las discrimina al interior de sus fronteras, mientras que al exterior apoya logística y armamentísticamente a las dictaduras existentes en algunos países de mayoría de población musulmana o los invade y los coloniza, ocupando sus tierras, explotando sus recursos y violando, torturando y asesinado a sus poblaciones.

El verdadero debate es sobre las agendas geopolíticas, geoeconómicas, geoestratégicas y geoideológicas, así como electorales, que todas estas regulaciones sobre los cuerpos de las mujeres musulmanas muy en particular, y que constituyen el eje transversal a todos los discursos islamófobos en general, están escondiendo. Es decir, el colonialismo e imperialismo que nunca han dejado de existir y que nunca han sido superados, sino más bien encubiertos por los aparatos discursivos del desarrollo, la democratización, la lucha contra el terrorismo que ellos mismos han creado y financian y la liberación de las mujeres.

La islamofobia creciente y la subida de la extrema derecha globalmente en Occidente no es sino el espejo de la decadencia y de las crisis identitarias, políticas, culturales, morales, éticas y económicas que acucian Europa y que, una vez más, convierten a las y los musulmanes en su chivo expiatorio. Nos encontramos ante un panorama de persecución y acoso a los musulmanes similar al que los judíos vivieron antaño en la Alemania nazi.

El Tribunal de Justicia europeo nos está queriendo decir que a partir de ahora la libertad de empresa está por encima de todo. Por encima del derecho inalienable a la libertad individual: el derecho a la libertad de expresión, de conciencia y el derecho a disponer de la imagen propia. Por encima de los derechos de las y los trabajadores. Por encima de la igualdad de género. Por encima de la dignidad, la libertad y los derechos de las personas. Todo ello desde una base islamófoba que nos recuerda de nuevo que el racismo, el sexismo y el colonialismo no son una consecuencia del sistema capitalista neoliberal sino que constituyen su otra cara, es decir, son elementos intrínsecos al mismo.

La supuesta “neutralidad” a la que apela el Tribunal esconde unas estructuras de poder colonial, racista, sexista y patriarcal que ubican ese otro punto de vista del que quiere hacerse pasar por neutral, en un lugar de superioridad desde el que puede ejercer todo tipo de censura, opresión y violencia sobre las otras y los otros que son representados en contraposición como lo concreto, lo localizado, lo tradicional o lo subdesarrollado. Esto es lo que se denomina racismo cultural y epistemológico y lo que el filósofo colombiano Santiago Castro-Gómez ha denominado la hybris del punto cero, la ubicación en el no lugar del universal abstracto de la perspectiva occidental (invisibilizando y negando su condición concreta y local) y, por lo tanto, su construcción de superioridad. Esto es lo que sucede con el laicismo occidentalocéntrico y cristianocéntrico pseudouniversal.

Lo que debe ser neutro es el lugar de trabajo y el derecho de acceso por parte de todas las personas, con independencia de su sexo, raza, clase o confesión a las mismas oportunidades y condiciones laborales.

El sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel ya nos decía que el racismo es siempre institucional. El racismo no es un conjunto de estereotipos negativos, enraizados o no históricamente y que por lo tanto pueda “curarse” mediante campañas educativas y concienciación. El racismo es un sistema que opera mediante toda una serie de instituciones que implantan de manera estructural jerarquías, privilegio, opresión, desigualdad y violencia.

* Sirin Adlbi Sibai, pensadora y activista musulmana decolonial. Doctora en Estudios Internacionales Mediterráneos. Experta en Teoría Política, en estudios descoloniales y postcoloniales y en feminismos e Islam. Autora del ensayo La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial (Akal, 2016).



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