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Entrevista a Gilbert Achcar
“Una fase contrarrevolucionaria que no es en sí misma más que una etapa en el proceso de larga duración”.
20/03/2017 | Hassina Mechaï

El libro /1 de Gilbert Achcar comienza con una cita de Gramsci que le da su título: “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo antiguo muere y lo nuevo no puede nacer: durante ese interregno se observan los fenómenos mórbidos más variados”. Gilbert Achcar ausculta esos síntomas mórbidos que parecen presentar los levantamientos árabes. En su opinión, solo “el cambio radical social y político” podrá constituir la panacea política a la “agravación del choque de las barbaries” que amenaza a esta parte del mundo.

A través del análisis del proceso revolucionario en Siria, Egipto, Libia y Yemen, también intenta esbozar las lecciones estratégicas útiles para el futuro. Tras las llamadas “Primaveras árabes”, el mundo árabe no está forzosamente condenado al invierno y la glaciación políticas. Ciertamente, Gramsci hablaba también de un “claroscuro” del que “nacen monstruos” y el Estado Islámico es su ejemplo más claro. Pero en ese claroscuro global también puede haber matices. Matices político que Gilbert Achcar intenta exponer en su libro y que desea para los países árabes.

¿Cómo explicas que, al principio la mirada dirigida hacia el mundo árabe haya sido pesimista en base a la idea, tan querida por Bernard Lewin, de que ese mundo era refractario a toda democracia debido a su propia cultura; después fuera ingenuamente optimista cuando se produjeron las llamadas Primaveras árabes y finalmente pesimista con el invierno, incluso glaciación, actual que conoce esta parte del mundo?

Este cambio de opinión se explica en primer lugar por la subestimación de la amplitud del desafío al que hizo frente lo que se llamó en 2011 la Primavera árabe. La euforia era debida a que se comprendieron estos movimientos como una simple transición democrática que sería regulada por una nueva Constitución y elecciones libres. En los tres países en los que hubo elecciones libres en 2011-2012, Túnez, Egipto y Libia, éstas no constituyeron una solución. El problema es mucho más profundo y concierne al conjunto del sistema social y económico.

Al mismo tiempo se subestimó la dificultad que representa el cambio socioeconómico necesario, que es mucho más radical que un simple cambio constitucional.

Lo que comenzó en 2011 no fue una “primavera”, a menos de considerar esta primavera como una primera estación en una larga sucesión de estaciones. 2011 fue el comienzo de un proceso revolucionario a largo plazo que durará largos años, incluso decenios. No se llegará a una estabilización regional más que al precio de un cambio profundo del orden social y político. A falta de ello, asistiremos a una alternancia inevitable de fases revolucionarias y contrarrevolucionarias, que, visto lo que está en juego, no pueden ser más que sangrientas. Después de todo, como analogía histórica, habría que señalar que seis años después de 1789, Francia era un país muy ensangrentado.

El mundo árabe vive un momento contrarrevolucionario, desde que la onda de choque de 2011 tropezó con el régimen sirio. Este último estuvo en el origen del cambio de fase en 2013, gracias al apoyo aportado por Teherán. Irán intervino masivamente al lado del régimen sirio a través de sus aliados regionales [Hezbolá y milicias chiitas iraquíes], lo que le salvó y le permitió lanzar una contraofensiva tras haber estado al borde de la derrota. Esto señaló el cambio de fase: de la fase revolucionaria de los años 2011-2012, se pasó a una fase contrarrevolucionaria a partir de 2013. Al golpe de Estado del 3 de julio en Egipto organizado por el mariscal Sissi le seguirá la guerra civil en Libia y Yemen.

En sí misma, esta fase contrarrevolucionaria no sino una etapa en el proceso de larga duración. Igual que la euforia de 2011 era miope, el pesimismo absoluto actual es también de naturaleza impresionista. El potencial explosivo de 2011 permanece intacto, pues nada ha sido resuelto. Las cuestiones social y económica, que son las verdaderas raíces del levantamiento de 2011, antes incluso que la cuestión política, no hacen más que agravarse. Inevitablemente asistiremos a otras explosiones en esta región: quizás también otras “primaveras”.

¿Qué diferencias haces entre las llamadas Primaveras árabes y las revoluciones de terciopelo europeas?

Lo ocurrido en Europa del Este ha sido un cambio radical de las estructuras sociales, económicas y políticas. Un cambio radical el mismo orden es el que se requiere en el mundo árabe. Sin embargo, la diferencia mayor es que en Europa oriental el Estado era una excepción histórica, un Estado dominado por burócratas y no por clases posesoras. Los burócratas no tienen el mismo interés que los poseedores en defender encarnizadamente el sistema burocrático. Pueden esperar reciclarse en un nuevo sistema, como lo hicieron muchos. Esa es la razón por la que esas dictaduras europeas, que se creían irreversibles, se hundieron como un castillo de naipes. En el mundo árabe, ya sea en las monarquías o en algunas autodenominadas Repúblicas, las familias reinantes poseen una parte muy importante de la economía y consideran al propio Estado como su propiedad privada. El aparato represivo está constituido, a partir de ahí, como la guardia pretoriana de la familia reinante.

Muestras que hubo una triangulación entre un polo revolucionario y dos polos contrarrevolucionarios, partidos islamistas y defensores del antiguo régimen. ¿Vale esta triangulación para Túnez?

De los seis países que conocieron levantamientos en 2011, Túnez presenta las mejores condiciones políticas en el sentido de que las conquistas democráticas se han podido salvaguardar en dicho país hasta el momento actual. En Túnez, los dos polos contrarrevolucionarios han preferido aliarse, en lugar de hacerse la guerra como en otras partes.

Esto no es debido a Ennahda [Movimiento del Renacimiento -Nahda en árabe-, partido al que se considera “islamo-conservador”; fundado en 1981 sobre la base de una estructura preexistente ligada a los Hermanos Musulmanes; el nombre actual fue adoptado en 1989], ni a Nidaa Tounes [“Llamamiento por Túnez” lanzado por Beji Caid Essebsi en 2012, un histórico del régimen con altos y bajos, desde mediados de los años 1960], sino primero y ante todo al movimiento sindical, el movimiento obrero tunecino. Que por otra parte ha recibido el premio Nobel de la paz en 2015 por su importante papel en la evolución democrática del país. Es ahí donde Túnez aparece como una excepción en el mundo árabe: es el único país en el que existe un movimiento sindical fuerte e independiente.

En Túnez, tenemos ya una alianza de conveniencia entre los caciques del antiguo régimen y Ennahda. Una revolución de la juventud que ha conducido finalmente a un presidente de más de 90 años, venido a asegurar la continuidad del Estado burguibista [Habib Burguiba, 1903-2000, presidente de la República de Túnez de 1957 a 1987, del Estado que preexistía a Ben Alí, -Ministro del Interior y Primer Ministro, de presidente de 1986 a 1987, luego Presidente de noviembre de 1987 a enero de 2011]. Es verdad que no es eso a lo que aspiraba la juventud en 2011. La frustración política de la juventud tunecina, que se une a un paro masivo, explica también por qué ese país ha proporcionado el mayor contingente, en proporción a su población, al Estado Islámico.

Has tenido declaraciones muy duras contra la política de Barack Obama en Siria. ¿Podía actuar de otra forma?

Barack Obama tiene una parte considerable de responsabilidad en la tragedia siria. Hay dos tipos de responsabilidades posibles en la devastación de un país: la de haberla perpetrado directamente, como hizo la administración Bush en Irak, y la que consiste en dejar producirse esta devastación, como ha hecho la administración Obama en Siria. Llamo a esto “no-asistencia a un pueblo en peligro”. Barack Obama se negó a apoyar a la oposición siria cuando laicos y demócratas jugaban en ella aún un papel importante. No solo se negó a armar a la oposición siria, sino que también opuso su veto a toda entrega de armas antiaéreas a esta oposición por parte de sus aliados regionales. La CIA controlaba las fronteras de los lados turco y jordano a fin de impedir la entrega de armas de ese tipo a la oposición siria. A partir de ahí, ésta ha sido dejada al descubierto frente a la aviación del régimen de Assad, que ha destruido el país y masacrado a la población, incluso por medio de barriles-bomba lanzados con helicópteros sobre zonas de población civil.

Por otra parte, delegando en las monarquías del Golfo la tarea de financiar, gestionar y armar a la oposición siria, Obama dejó que se produjera la situación en la que hemos visto progresivamente a grupos yihadistas convertirse en preponderantes en la oposición siria armada. Porque son ellos lo que han sido financiados de forma prioritaria por las monarquías petroleras. Europa ha mostrado, por su parte, su impotencia, dejando hacer. Francia, por ejemplo, había mostrado, al menos de palabra, el apoyo más enérgico a la oposición siria. Pero este apoyo no se materializó. Como de costumbre, Europa siguió a Estados Unidos y no supo desarrollar una política propia. Habría debido hacer lo que Estados Unidos se han negado a hacer, ya que Europa está más directamente concernida por las consecuencias: tanto por la crisis de las personas refugiadas como por el terrorismo.

¿Está Trump encerrado en una contradicción? En el asunto sirio, parece apoyar a Rusia, mientras que mantiene un discurso anti-Irán. Ahora bien Irán es aliado de Rusia. ¿Cómo resolver esta contradicción?

Me parece que la contradicción está más en el lado ruso. En efecto, Donald Trump y Vladimir Putin tienen en común la islamofobia y una visión del mundo en términos de choque de civilizaciones. La contradicción está en que Rusia se encuentra aliada a Irán en Siria, con grupos integristas como el Hezbolá libanés o los grupos chiitas iraquíes. Esto muestra hasta qué punto pretender que el régimen sirio sea una muralla contra el integrismo es un engaño cuando se sabe que son Hezbolá y sus socios quienes controlan la situación sobre el terreno del lado del régimen.

Se puede pretender que la nueva administración Trump ponga como condición, para la mejora espectacular de las relaciones ruso-americanas que su presidente ha prometido, el que Rusia haga frente común con Estados Unidos contra Irán. Lo que implicaría una recomposición de las alianzas sobre el terreno en Siria, con el objetivo de sacar fuera del país a las fuerzas mandadas por Teherán. Es una suposición lógica, pero hay que tener en cuenta la imprevisibilidad de Donald Trump.

Escribes que “si lograra imponerse una experiencia democrática en Siria, constituiría un desafío mucho más importante al orden regional dominado por Estados Unidos que todo lo que puede representar el autodenominado Estado Islámico”. ¿Qué quieres decir con esto?

Para Arabia saudita, el Estado Islámico es un problema militar, pero no es en absoluto un contramodelo. Su inspiración ideológica es común: la interpretación más reaccionaria del islam generalmente designada con el apelativo de “wahabismo”. Por el contrario, una verdadera revolución democrática sería una amenaza mucho más grande para los dirigentes sauditas. Es así como se ha podido observar una convergencia de hecho, sobre el terreno, entre el régimen de Assad y las monarquías del Golfo para ahogar la revolución siria en el islam más integrista. En los primeros meses del levantamiento, Bachar al-Assad liberó a los yihadistas de sus cárceles para que actuaran en el seno de la oposición siria. Por su parte, las monarquías hicieron todo lo que pudieron para favorecer el desarrollo de grupos integristas dentro de dicha oposición.

A propósito de Egipto, ¿por qué el mariscal Sissi parece gozar de una comprensión en Occidente cuando describes una represión de una gran amplitud desde su toma del poder? ¿No se prefiere una vez más un poder fuerte antes que el caos?

Cualquiera que prefiera el poder fuerte al caos no comprende que es la dictadura la que lleva directamente al caos. Es elemental. Se ha visto tanto en Siria como en Libia, dos de las peores dictaduras del mundo árabe. Desde la guerra fría, Occidente ha privilegiado la relación con regímenes despóticos en el mundo árabe. No obstante, en 2011, los gobiernos occidentales parecieron expresar un apoyo a los movimientos democráticos en la región. Sin embargo, lo natural ha vuelto a galope: hay una resignación de nuevo a tratar con las dictaduras.

Sissi está creando las condiciones de una explosión mayor en Egipto, que no será una plaza Tahrir bis, sino algo bastante más trágico. Al día siguiente del golpe de Estado del 3 de julio de 2013, la Unión Europea intervino para intentar negociar un compromiso entre militares y Hermanos Musulmanes, pero Sissi se negó a cualquier compromiso. Luego estableció relaciones con Moscú para contrarrestar las presiones occidentales. Muy rápidamente hemos visto a los gobiernos europeos ofrecer el desolador espectáculo de las relaciones normalizados con ese brutal dirigente. Francia, desgraciadamente, ha estado a la cabeza vendiendo aviones de guerra Rafale a Sissi, cuando Egipto tiene ya una deuda enorme y sufre las consecuencias de una grave crisis económica.

Para evitar que el mundo árabe siga atrapado entre el militar y el yihadista, ¿dónde se sitúa la esperanza?

Distingo optimismo de esperanza. Desgraciadamente, hoy no hay ninguna razón para ser optimista. Pero la esperanza sigue estando permitida mientras el potencial de liberación revelado en 2011 siga ahí, en la generación que ha hecho la formidable experiencia de la Primavera árabe y que podría constituir una alternativa a los dos polos contrarrevolucionarios representados por los antiguos regímenes y los integristas. Incluso en el caso de un país como Siria: hay que alegrarse de que una gran parte de la juventud que hizo el levantamiento de 2011 haya salido al exilio. Han podido así sobrevivir y preservar un potencial de cambio político. No será fácil, pero no es imposible. Sobre todo si no se olvida que estamos aún en los inicios de un largo camino histórico.

3/03/2017

Entrevista realizada por Hassina Mechaï para Point Afrique.

http://alencontre.org/moyenorient/monde-arabe-une-phase-contre-revolutionnaire-qui-nest-elle-meme-quune-etape-dans-le-processus-de-longue-duree.html

10/03/2017

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur.

Notas

1/ Symptômes morbides. La rechute du soulèvement arabe. Sindbad, Actes Sud, 2017





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