aA+
aA-
Grabar en formato PDF

8 de Marzo: Día Internacional de las Mujeres
La segregación ocupacional horizontal por género
07/03/2017 | Mar Maira Vidal

La segregación ocupacional horizontal y vertical por género /1 en el mercado de trabajo, y la desigualdad de oportunidades de mujeres y hombres en el acceso, el mantenimiento y la promoción en el empleo siguen constituyendo un problema social de primer orden en nuestras sociedades a día de hoy. Un problema que acarrea consecuencias muy negativas para las mujeres tanto en el ámbito laboral en concreto como personal en general. Por ejemplo, la segregación ocupacional horizontal por género, cuestión que vamos a abordar en este artículo, es uno de los factores explicativos de la brecha salarial entre géneros.

En nuestras sociedades existen muchas más ocupaciones y sectores productivos masculinizados que feminizados /2, por lo que las mujeres tienen menos opciones y oportunidades en el mercado laboral. Asimismo, los varones son mayoría en las actividades económicas con mayor reconocimiento socio-profesional y en los empleos con salarios más altos.

La infrarrepresentación de las mujeres en muchos sectores productivos y ocupaciones es muy destacable en la Unión Europea y el Estado español en la actualidad (también en otros Estados). En el Estado español, el número de féminas en el mercado laboral aumentó en más de un millón y medio entre 2001 y 2011; no obstante, los índices de segregación horizontal por género apenas han variado. La mayoría de mujeres o varones trabajan en ramas de actividad en las que prevalece su propio género: en 2011 el 50 % de las trabajadoras se concentraban en 13 ocupaciones de las 169 de la Clasificación Nacional de Ocupaciones (CNO11), mientras sólo un 18 % de la mano de obra trabajaba en ocupaciones en las que había paridad.

Las trabajadoras se concentran de manera importante en sectores como la educación y la sanidad, habiéndose prácticamente estancado sus porcentajes de acceso a sectores masculinizados en las últimas décadas. Por ejemplo, en el Estado español la tasa de ocupación femenina era de un 26,1 % en el sector de industria manufacturera y un 8,61 % en la construcción en 2015. Asimismo, las mujeres se encuentran con muchas más barreras cuando acceden a ocupaciones masculinizadas (discriminación por razón de género /3; acoso por razón de género /4 o sexual /5; etc.) que les dificultan mantener el empleo y promocionar, que los varones que acceden a ocupaciones feminizadas, que en muchas ocasiones incluso promocionan con más facilidad que sus compañeras de trabajo.

En el Estado español, el tejido empresarial está formado en su mayor parte por pequeñas empresas que invierten escasos recursos en la selección de trabajadores. El acceso a un puesto de trabajo en muchos sectores productivos no se realiza por lo general a través de procesos de selección de personal formales y protocolizados, sino a través de contactos realizados dentro de redes informales. Los seleccionadores de personal no cuentan en muchas ocasiones con formación en recursos humanos, ni con la objetividad para evitar la influencia de prejuicios que suponga el respeto al principio de igualdad de oportunidades entre mujeres y varones al que obliga la legislación. Muchos empleadores o seleccionadores de personal tienden a descartar a quienes consideran que no encajan con la ocupación de acuerdo con determinados estereotipos sociales y a contratar a personas similares demográficamente a sí mismos y a la plantilla existente por distintas razones: los prejuicios de género; la consideración de que los puestos de trabajo están sexuados; la concepción de que de esta manera el grupo de trabajo no perderá cohesión, etc. Todo esto perjudica de manera importante a las mujeres, les expropia la posibilidad de optar a determinados empleos en igualdad de condiciones.

Muchas ocupaciones están claramente sexuadas a favor de los varones (maquinista de tren, albañil, mecánico, piloto, etc.), puesto que requieren de aptitudes que se presuponen en estos y no en las mujeres. De acuerdo con la construcción social de género y del trabajo, se atribuye una determinada naturaleza a las mujeres que es proclive al desarrollo de las ocupaciones existentes en el mercado de trabajo que son una prolongación de las tareas domésticas y el cuidado de personas dependientes. En nuestras sociedades, la visión estereotipada de género atribuye a las mujeres determinadas competencias, como son el cuidado, el buen trato con las personas, la meticulosidad y la limpieza; y a los varones la fuerza física o el manejo de herramientas, maquinaria y tecnología.

Existen determinados mitos en torno a la fisiología de los varones y las mujeres y se asume que la fuerza física viene dada por naturaleza en los primeros, pero no en las segundas. No se concibe que la fuerza se desarrolla y sea en buena medida fruto de una determinada construcción del cuerpo, que tanto mujeres como hombres sean potencialmente fuertes. La socialización de género y la desaprobación social evitan que las mujeres desarrollen su fuerza, lo que les lleva a pensar que no pueden alcanzarla. Este estereotipo negativo dicta que las mujeres no tienen suficiente fuerza física para desempeñar determinadas ocupaciones a pesar de que muchas de ellas no requieren en absoluto de un desarrollo excesivo de la misma.

Así, existe una mistificación en torno a determinadas ocupaciones masculinizadas que funciona como barrera a la incorporación de las mujeres; esto ocurre con muchas de las del sector de la industria y la construcción. Se supone que las ocupaciones masculinizadas son mucho más exigentes que las feminizadas tanto a nivel físico como psicológico y se invisibiliza la penosidad de las segundas. Sin embargo, determinados estudios han roto con estos mitos y subrayan la severidad de ocupaciones feminizadas como las desarrolladas por el personal sanitario, en las que por lo general se levanta mucho peso en posiciones corporales muy incómodas cuando se mueven los cuerpos de los enfermos, se trabaja de pie, en turnos de noche, los fines de semana, y con importantes cargas emocionales. En esta línea, es habitual infravalorar tanto las cualificaciones de las ocupaciones feminizadas como su rudeza. De acuerdo con la Encuesta sobre Seguridad y Salud en el trabajo de 2007 del Instituto Federal de Seguridad y Salud en el Trabajo de Alemania (BAuA), un porcentaje importante de las y los trabajadores del sistema de salud levantan en el día a día más peso que los trabajadores de la construcción.

En este sentido, es importante resaltar que en este mundo androcéntrico los varones constituyen por lo general una supuesta figura neutra y el referente de normalidad para realizar, por ejemplo, las valoraciones de muchos puestos de trabajo. Por tanto, cuando los hombres no pueden realizar una determinada tarea por su penosidad, como por ejemplo levantar un determinado peso en un taller de reparación y mantenimiento de vehículos a motor, se recurre a la ayuda de otro sin problematizar la situación; pero cuando las mujeres no pueden hacerlo se visibiliza y pone en evidencia su necesidad de apoyo y se atribuye a su supuesta debilidad.

Los estereotipos de género establecen también que la supuesta naturaleza de las mujeres no es proclive a que sean buenas profesionales en aquellos empleos que implican la manipulación de herramientas, maquinaria y tecnología. También se les supone poco inclinadas a ensuciarse en el puesto de trabajo (por ejemplo, el de mecánica/o), puesto que se considera que la limpieza y el rechazo a mancharse con determinadas sustancias son atributos naturales de las mujeres.

Dicho esto, es importante hacer hincapié en que en nuestra sociedad el punto de vista esencialista de género sigue institucionalizado en la familia, el sistema educativo, el mundo empresarial, etc. Así pues, las orientaciones hacia el trabajo de niñas y niños son diferentes y esto tiene un peso importante a la hora de analizar las elecciones de unas y otros de los estudios y ocupaciones a desempeñar. La socialización de género les lleva por lo general a interiorizar distintos gustos, preferencias y expectativas. Además, las y los jóvenes saben de manera más o menos consciente que, por lo general, los distintos estudios y empleos tienen género (cuidador/a de guardería, estibadoras/es; etc.), y suelen elegir aquellos que no les supongan dificultades en el acceso, el mantenimiento y la promoción en el empleo.

En este sentido, cuando las mujeres acceden a estudios u ocupaciones masculinizadas se encuentran en muchas ocasiones con que no se aprecia de la misma manera sus aptitudes que las de los varones y se ven obligadas a esforzarse mucho más que ellos para demostrarlas. Por tanto, se encuentran en la tesitura de desplegar una energía extra en el entorno educativo y el laboral. Tienen que estudiar o trabajar mucho más y mejor que sus compañeros varones con el fin de hacer valer su esfuerzo.

Asimismo, sufren en algunos casos distintas formas de discriminación por razón de género, acoso por razón de género o sexual por parte de directores de centros educativos, profesores, otros estudiantes, jefes o compañeros de trabajo. La incorporación de las mujeres a las ocupaciones masculinizadas supone mayor competencia para los trabajadores varones, que se sienten amenazados o desplazados por éstas. Además, la socialización de género de los varones supone que estos creen en buena parte su propia identidad en oposición al género femenino y, al igual que las mujeres, en torno a la profesión que desempeñan. Por consiguiente, en algunos casos perciben que su identidad masculina se tambalea y se muestran renuentes, o incluso ofensivos y violentos, cuando las mujeres acceden a espacios que consideran de su uso exclusivo, a estudios, sectores u ocupaciones masculinizadas.

En esta línea, el acoso por razón de género o sexual es una sanción social bastante frecuente de acuerdo con las mujeres que desempeñan estudios u ocupaciones masculinizadas, que viven situaciones en las que compañeros de estudios o trabajo o jefes las aíslan socialmente, tanto en el propio centro de trabajo o estudios, como de los encuentros o eventos informales que se organizan fuera de este; no les comunican información importante para desarrollar su trabajo o estudios; no les prestan ayuda o apoyo; les niegan la ropa y las herramientas necesarias; les reprenden continuamente sin felicitarles por su logros; les tratan de manera diferenciada a los varones; les degradan y minan la autoestima hasta provocar problemas de salud importantes; y/o las consideran en ocasiones como un mero objeto de burlas, rumores, chistes, comentarios humillantes y atención sexual. Este tipo de situaciones afectan a las estudiantes o trabajadoras seriamente en muchos sentidos, tanto a nivel psicológico, como social y laboral. En muchos casos concluyen con el abandono de los estudios, el puesto de trabajo o la ocupación.

Dicho esto, hay que resaltar que la legislación es imprescindible pero no suficiente y existe en las instituciones educativas y el mercado de trabajo un problema grave de segregación, discriminación y acoso por razón de género y sexual. Por tanto, es necesario que los poderes públicos diseñen y pongan en marcha, junto con los sindicatos y las organizaciones y movimientos sociales correspondientes (feministas, AMPAS, etc.), campañas, guías, protocolos de prevención y actuación y planes de acción correctivos que estén dirigidos a la dirección, el profesorado y el estudiantado de los centros educativos desde infantil y primaria. El fin es romper con los estereotipos de género, promover el acceso de las mujeres a los estudios y las ocupaciones masculinizadas y detectar los casos de discriminación y acoso y actuar al respecto. Es indispensable que las administraciones públicas hagan cumplir con la legislación en materia de igualdad en las instituciones educativas.

Asimismo, las administraciones públicas deben fomentar el acceso, la estabilidad en el empleo y la promoción de las mujeres en las ocupaciones y subsectores productivos masculinizados. Es imprescindible que tanto las administraciones públicas como los agentes sociales asuman el importante papel de informar, formar y sensibilizar a los empleadores y las plantillas sobre la obligación de cumplir con la normativa vigente en materia de igualdad. El fin es que se alcancen suficientes conocimientos para identificar, prevenir, denunciar y corregir las dinámicas discriminatorias y de acoso. En cualquier caso, las administraciones públicas deben actuar de acuerdo con la legislación sancionadora en aquellos casos en los que las prácticas de discriminación y acoso de distinta índole no se corrijan.

Por otro lado, es fundamental que la negociación colectiva aborde con detalle los principios de igualdad y no discriminación y se incluyan en los convenios colectivos sectoriales y de empresa formas de acceso al empleo nítidas y objetivas; cláusulas, protocolos y procedimientos de prevención, denuncia y sanción de la discriminación por razón de género, el acoso por razón de género y el acoso sexual; así como medidas correctoras adecuadas. Existen convenios que abordan la igualdad en el trabajo y la no discriminación o acoso por razón de género o sexual; no obstante, lo hacen en su mayoría de manera muy general y no adoptan medidas concretas. Es relevante también que, con relación al acoso sexual, se establezcan faltas y sanciones de acuerdo con una gradación con el fin de evitar que sólo se castiguen las agresiones sexuales físicas directas.

En la actualidad, las oportunidades de mujeres y hombres no son en absoluto las mismas en el mercado de trabajo. Ni sus oportunidades, ni su situación laboral, ni sus salarios son por lo general similares. Y esto tiene consecuencias negativas importantes para muchas mujeres en su día a día, en muchas ocasiones en términos de precariedad vital; una escasa capacidad adquisitiva; unas pensiones poco cuantiosas, etc.

7/03/2016

Mar Maira Vidal es profesora de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid

Notas:

1/ La segregación ocupacional por género hace referencia a una distribución desigual de mujeres y hombres en la estructura ocupacional o los distintos sectores productivos. Hay dos formas diferentes de segregación ocupacional por género: la vertical, que describe el desigual reparto de mujeres y hombres en la escala jerárquica, ocupando los varones los puestos más altos; y la horizontal, por la que unas y otros se concentran principalmente en ocupaciones y ramas de actividad diferentes(enfermeras/os; trabajadoras/es domésticas/os; electricistas; fontaneras/os, ingenieras/os; etc.).

2/ Ocupaciones y sectores masculinizados son aquellos en los que existe un alto porcentaje de trabajadores varones. En los feminizados hay un alto porcentaje de trabajadoras.

3/ Discriminación por razón de género: situación en la que se dispensa a determinadas personas un trato diferente y menos favorable debido a su género.

4/ Acoso por razón de género: Comportamientos que consisten en crear un entorno intimidante, degradante u ofensivo para las personas de un determinado género, sirvan como ejemplo las situaciones en las que los varones aíslan socialmente a las féminas en el trabajo por el simple hecho de ser mujeres.

5/ Cualquier comportamiento verbal o físico de naturaleza sexual no deseado que tenga como propósito intimidar, degradar u ofender a las personas de determinado género u obtener favores sexuales.



Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons