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directa.cat | Historia: Roca 77, la huelga olvidada
"Nos quisieron enterrar, pero no sabian que eramos semilla"
05/03/2017 | David Fernández

Versión original: https://directa.cat/roca-77-vaga-oblidada-ens-van-voler-enterrar-pero-no-sabien-que-erem-llavor

El 11 de febrero de 1977 concluía en el Baix Llobregat la histórica lucha obrera de Roca Radiadores; atrás quedaban 95 días de paro completo. Fue una huelga contra el poder empresarial de Roca Radiadores, entonces la segunda empresa del país (Catalunya) después de la SEAT. Entonces tenía 4 700 trabajadoras. Hoy, apenas 500. Los 95 días finales de la huelga fueron un ejemplo de una lucha basada en “la unidad obrera, basada en la asamblea como órgano soberano y movilizador”. Varios abogados laboralistas que defendieron el colectivo obrero se han reunido para recordar los hechos.

Espejo autónomo de memoria obrera, mañana se cumplirán 40 años del final de la larga huelga -la larga lucha- de Roca Radiadores, que sacudió el Baix Llobregat durante el invierno de 1976. Una huelga (primer aviso) que no sale mucho en ninguna historia oficial: ni en la institucional ficticia de la transición ni la sindical pactada de la concertación. 40 años después, la huelga de Roca todavía molesta y estorba: es todavía otro tipo de huelga, bajo parámetros sindicales asamblearios, vindicaciones sociopolíticas alternativas y formas autónomas de lucha. Pero contra los organizadores del olvido, sobrevive aún en el tálamo de la memoria y la piel de la dignidad.

Puede ser por ello -o precisamente contra ello-, el jueves pasado la pequeña Aula 75 del Colegio de la Abogacía de Barcelona estaba llena para rememorar los 40 años de la huelga de Roca. Y para ello, a convocatoria de la Comisión de Defensa, desde la perspectiva de quienes fueron también testigos privilegiados: los abogados laboralistas que la defendieron. Memoria y camino, en una mesa tan larga como la trayectoria de quienes hablaron se sentaba un dream team del laboralismo hecho autodefensa: Ignasi Doñate, Joan-Lluís Jornet y Francisco Gallisà -fundador del Colectivo Ronda- , Simeón Miguel y August Gil Matamala. Cinco abogados con tanta mochila hacía flotar la duda de cómo se lo montarían, pero se lo hicieron a la manera de Roca: en asamblea, en equipo y en perspectiva.

Arrancó sin rodeos Ignasi Doñate, el Doñate de Cornellà: "Sin pasado y sin memoria se impuso la dictadura; sin pasado y sin memoria se edificó la democracia: ¿por qué se ha silenciado tanto la huelga de Roca?". Y dijo más cosas, a viva voz, y recordó la única vez que fue a un cuartel de la Guardia Civil a rescatar trabajadores detenidos: lo hacía, claro, escoltado por mil trabajadores que se plantaron ante las falanges beneméritas que los esperaban. Por la noche, los detenidos ya salían en libertad. Otras cosas nunca repetidas también las vivió: "nunca más he informado de un juicio ganado encima de una roca en una montaña, ante 300 trabajadores". Hasta allí tuvo que subir a pie, zanjas urdidas para evitar la acción policial, para comunicarlo. Memoria de un futuro anterior: "la de Roca fue una huelga combativa, unitaria e ilegal que fue, ante todo, un enorme ejercicio continuado de derechos perseguidos y libertades prohibidas". La misma lucha recuperaba, en medio del continuismo franquista, lo que cada día la dictadura había negado. Sin pedir permiso, sin pedir perdón, se recuperaban y materializaban los derechos de reunión, de expresión, de manifestación, de huelga cuando todavía estaban prohibidos y prescritos.

El conflicto venía de lejos y 1976 no fue un año cualquiera: en un país que siempre ha avanzado a golpe de huelgas, ese año registró los mayores niveles de conflictividad obrera: 40 175 conflictos abiertos y casi tres millones de huelguistas en todo el Estado. Se venía de la huelga de Sabadell -cuando la calle fue de los obreros-, de los asesinatos del 3 de marzo en Vitoria, de las manifestaciones por la amnistía. La retina de Doñate recuerda un nuevo modelo de implicación sindical -lejos del verticalismo del régimen, lejos de las nuevas jerarquizaciones políticas que se anunciaban-, de base asamblearia y nada delegativa. Y con una demanda poco economicista y de raíz antirepressiva, política y democratizadora: readmisión de los despedidos y reconocimiento del nuevo funcionamiento asambleario. Fue una huelga, pues, contra el poder empresarial de Roca Radiadores, entonces la segunda empresa del país después de la SEAT. Entonces tenía 4 700 trabajadoras. Hoy, apenas 500.

La vieja memoria letrada recuerda la ocupación de la iglesia y del poblado, la autodefensa ante la represión policial, los restos de doscientas balas esparcidas en calles y balcones, las asambleas multitudinarias de 3 000 trabajadoras, la violencia de la extrema derecha -vindicada por la fantasmagórica Alianza Apostólica Anticomunista de España- o la solidaridad con los despedidos en el concierto de solidaridad ofrecido por Lluís Llach en el Pabellón de Viladecans. Los lemas y las consignas -"cuando vayas a cagar, acuérdate de Roca"-, las cintas de cassetes que reviven las asambleas, el apoyo vecinal, social y cultural. Y jurídico y legal.

Simeón Miguel revive que fueron un equipo de abogados laboralistas singulares que "nunca suplantó nada, sólo apoyaba y acompañaba". "Éramos un servicio a la causa del movimiento obrero en un contexto de represión y violencia brutal, en una relación fluida de respeto, solidaridad y amistad", reseña Jornet. Y no le sobra razón: la huelga de Roca tenía lugar en medio de los 7 días de enero que violentaron la transición y que filmó Juan Antonio Bardem. El 23 de enero moría asesinado Antonio Ruiz en una manifestación por la amnistía, el 24 se produce la matanza ultraderechista de los abogados de Atocha, el 25 muere la estudiante universitaria María Luz Nájera, por impacto de bote de humo policial, cuando protestaba por el asesinato de Ruiz; en medio, los GRAPO secuestran al teniente general Villaescusa.

El 29 era la vista por el juicio de Roca y el centro de Barcelona apareció perímetrado y blindado policialmente. La estrategia inicial era ir a hacerse el harakiri: "no reconocemos ninguna autoridad legal ni política a éste tribunal, que es un utensilio del capitalismo". Pero la asamblea lo moduló. Y el 1 de febrero, la magistratura sentenciaba a favor de los trabajadores. Le toma la palabra su compañero Francisco Gallisà, que cuenta, con mirada larga y perspectiva profunda de derrota histórica: "aquello fue el final de un ciclo: nos han ganado por goleada y hoy se están atreviendo con todo, la clase obrera ha desaparecido del relato y de la realidad».

Pero aquellos 95 días finales de huelga -con cinco requerimientos empresariales de reincorporación desoídos completamente- fueron un ejemplo de una lucha basada en «la unidad obrera en base a la asamblea como órgano soberano y movilizador". Galli no se olvida de algunas izquierdas concretas ni de esquemas sindicales que miraron siempre a otro lado y que les decían: “en toda guerra hay muertos y no pensamos mover un dedo por vosotros”. Llamamientos soterrados a no movilizarse, estigmas tan antiguos como modernos - "son violentos" - y la nula solidaridad de ayer. Hoy, de propina, el borrado de la historia oficial del movimiento obrero. La historia, dicen, la escriben los vencedores: dentro de las izquierdas oficiales, también. Con el tampón del olvido y el precinto de la amnesia.

La guinda final, la asamblea reconvocada de abogados laboralistas el jueves contra la ley del silencio ha decidido que, como punto final, August Gil Matamala ubique el contexto sociopolítico -múltiple y complejo- del momento. Detalles, reflexiones y matices que separan complejidades pasadas, posibilidades truncadas y opciones de futuro. Económicamente, la huelga de Roca -como tantas otras luchas autónomas silenciadas- se ubica en el ciclo creciente de luchas asamblearias y anticapitalistas, que arranca bajo el influjo de mayo del 68 y estalla en el período 1974-1977 cuando empeoraron las condiciones de trabajo como consecuencia de la crisis del petróleo de 1973. y justo antes de que Reagan y Thatcher pongan en marcha la ofensiva neoliberal.

Políticamente, la huelga se mueve en el fin del continuismo franquista del gobierno Arias Navarro y la llegada del dispositivo reforma Suárez contra la opción de ruptura democrática. Sindicalmente, en medio de un movimiento obrero ya dividido y muy alejado de las primeras Comisiones Obreras y donde la huelga de Roca condensaba las discrepancias en un triple ámbito: las formas de organización y lucha, la relación con los partidos políticos y los objetivos inmediatos y estratégicos. Asamblea o delegación, autonomía o control, ruptura o reforma.

Monitorizadas, las CCOO ya se habían puesto al servicio de la estrategia del PCE y del PSUC que concluiría, poco después, en los Pactos de la Moncloa, con una UGT oportuna y repentinamente reaparecida, que ostentarían el reconocimiento oficial y exclusivo.

Gil Matamala apunta que en aquella estrategia y huelgas como la de Roca eran un estorbo que había que quitarse de encima: algunos ya habían decidido limitar las aspiraciones, integrándose en la democracia formal y renunciando "a alterar las bases de la dominación social del capital". La izquierda, recuerda también, ya era un rosario de fraccionamientos, tendencias y escisiones, en el seno del "conglomerado anticapitalista" anidaban también divisiones y contradicciones - "y exceso de sectarismo grupuscular y mitificación de la espontaneidad obrerista" -, mientras abundaba la inspiración italiana -Autonomía Operaia, Quaderni Rossi- y en Roca corrían los textos de Luxemburgo y las palabras de Panekoek.

"Ni periférica ni marginal", Gil Matamala constata que la huelga de Roca "fue tan ejemplar que por eso ha sido deliberadamente menospreciada y silenciada". Allí flota una pregunta de respuesta inacabada y ucrónica ya: "¿qué hubiera podido pasar si se hubiese cedido, rendido y retrocedido menos?". Y desde el recuerdo personal - "intenso e impresionante, que te marca" -, abogando porque falta todavía la historia de la otra historia, se atreve a esbozar los hilos rojos de continuidad con el presente: "vuelven las palabras -anticapitalistas- , flotan nuevos movimientos sociales, se abonan cups y comunes; cuál es el vínculo?".

Mientras buena parte de la clase obrera se refugia en la extrema derecha, la abogada Mireia Montesinos, que oficia el inicio y final del reencuentro, liga y religa el espejo con la hemeroteca. Titular de febrero del 77, El País:

Ha terminado la huelga de Roca Radiadores. La decisión de volver al trabajo Ia tomaron los trabajadores en el transcurso de una asamblea, celebrada en un descampado del Poblado Roca, a la que asistieron unos 3.000 obreros [...]. La reincorporación se ha producido con el compromiso de la empresa de no imponer sanciones ni abrir expedientes a causa de la huelga.

8 de febrero de 2017. Titular en TV3.

Una empresa implanta chips subcutáneos a los trabajadores. Un chip, pequeño como un grano de arroz, permite acceder a las dependencias de la empresa y a los ordenadores, pero también guardar datos personales". "El control de los subalternos", denuncia Montesinos, "cuando el avance tecnológico va de la mano de la involución laboral". Suerte que Jornet recordó lo que le dijo un obrero: "vinieron a matarnos y a enterrarnos, pero se olvidaron que somos semilla.

10/02/2017

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