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Prou excuses! Acollim ara (¡Basta de excusas! Acojamos ya).
Macromanifestación en Barcelona
27/02/2017 | Brian Anglo

Dos personas van a Grecia y quedan impactadas por el trato dispensado a los y las refugiadas. De vuelta a Catalunya, en pocos meses organizan la mayor manifestación habida en Barcelona desde al menos cinco años; montan un macroconcierto en el Palau Sant Jordi, transmitido por TV3, Radio 3, RAC1, Catalunya Ràdio y la Cadena SER Catalunya, con artistas de primer nivel prácticamente haciendo cola para actuar en él y miembros del gobierno catalán ansiosos de dejarse ver entre el público; y por si esto fuera poco, son recibidos por el presidente de la Generalitat y varios de sus ministros. ¿Quién da más?

Entonces, ¿será que nos hemos equivocado las y los que, día tras día, año tras año, trabajamos por construir un movimiento desde la base en defensa de los derechos de todas las personas migrantes, sean consideradas refugiadas o no, y con esta gente como destacados sujetos activos, y hemos estado perdiendo el tiempo? Para responder a esta pregunta, será necesario situar esta impresionante movilización en su contexto geográfico, histórico y político.

En lo que va del siglo, no es la primera vez que Barcelona ha conocido movilizaciones de gran envergadura. Entre ellas podemos destacar la manifestación de repudio por el asesinato de Ernest Lluch (2000), la gigantesca manifestación contra la guerra de Iraq (2003), el movimiento del 15M (2011) y las manifestaciones y concentraciones del 11 de setiembre a partir de 2012. Pero una de las más importantes, entre otras cosas porque fue sostenida en el tiempo y tuvo un resultado concreto positivo, fue la protagonizada por inmigrantes en 2001.

En enero de ese año, con Aznar al frente de un gobierno del PP comandando una mayoría absoluta en el Congreso, unos mil “sin-papeles” se encerraron en once iglesias en demanda de “papeles para todos” y acto seguido se declararon en huelga de hambre. A pesar de la oposición de CC OO, UGT, SOS Racisme e ICV, la audacia y la contundencia de esta iniciativa despertaron la simpatía y el apoyo de amplios sectores populares y atrajeron la atención de los medios de comunicación. Después de 15 días sin comer y 47 de encierro, todas las personas implicadas obtuvieron sus papeles y la victoria abrió la puerta para decenas de miles más.

En los últimos años las políticas neoliberales de los sucesivos gobiernos con sus privatizaciones, contrarreformas laborales y recortes, agravadas a partir de 2008 por la crisis, el paro y la precariedad, han cambiado el panorama por completo. Seguía habiendo campañas por los derechos de la inmigración, algunas de las cuales lograban cierta repercusión puntual, pero hacía mucho que las dificultades de los y las inmigrantes ya no suscitaban ni tanto interés ni tanta solidaridad.

En cambio, la situación de las personas consideradas como refugiadas -sobre todo, pero no solo, las que han huido de Siria pero no han conseguido llegar a su destino preferido- ha capturado la imaginación de mucha gente y ha dado lugar a una gran ola de simpatía, lo que hay que celebrar. No obstante, esta actitud no está exenta de contradicciones. Por un lado, existe una relativa indiferencia para con las condiciones en que se encuentran y los obstáculos a que se enfrentan las y los migrantes que ya viven en el Estado español, aunque hayan huido de circunstancias en muchos sentidos comparables y han conocido travesías tan traumáticas como las de quienes se escapaban de la guerra.

Y por el otro, hay una indiferencia aún más llamativa para con las y los que continúan padeciendo la guerra, porque (¿todavía?) no han podido, o no han querido, fugarse. Las concentraciones convocadas cada tercer jueves del mes en Barcelona por la plataforma Aturem la guerra con el lema “paremos la guerra en Siria” apenas reúnen unas ciento cincuenta personas.

Enfoques en disputa

Por lo que respecta a algunos de estas problemáticas, la campaña Casa Nostra, Casa Vostra/1 ha adoptado posiciones más o menos correctas, si bien no siempre de forma consecuente.

Aunque determinados componentes se inclinaban por mantener una distinción rígida entre refugiados en un sentido restringido e “inmigrantes económicos”, y concentrarse exclusivamente en aquellos, el manifiesto habla de “crisis migratoria” e incluso reconoce que “una vez que llegan a nuestros pueblos y ciudades, corren el peligro de los CIE, la exclusión y el racismo”. Además, la consigna muy genérica de Volem acollir (Queremos acoger) bajo la cual se convocó la manifestación del 18 de febrero, se completó con la más precisa “por la acogida de refugiados y migrantes”.

El manifiesto plantea una serie de reivindicaciones a las instituciones catalanas, otra vez bastante generales y mayoritariamente asumibles. En esta línea, la primera pancarta de la manifestación, así como las miles de minipancartas oficiales distribuidas entre las y los participantes, rezaban Prou excuses! Acollim ara (¡Basta de excusas! Acojamos ya). Pero estas minipancartas azules fueron contestadas por otras miles de rojo carmesí que ponían los puntos sobre las íes.

Estas especificaban que lo de Prou excuses iba dirigido a los polítics catalans. Donde aquellas ponían Obrim fronteres (Abramos fronteras), estas clamaban Trenquem fronteres (Rompamos fronteras) y añadían Desobeïm! (¡Desobedezcamos!), haciendo alusión a un concepto en boga en relación a un posible referéndum sobre la independencia para el cual la Generalitat no tiene competencias pero que se declara dispuesta a convocar.

Y hacían eco también del reproche lanzado directamente a la cara de “las autoridades” catalanas por el periodista Jordi Évole en el concierto de la semana anterior.

La ciudadanía ha vuelto a demostrar que va muy, muy por delante de nuestras autoridades. Por eso creo, sinceramente, que en un concierto como este no debería haber un palco reservado para autoridades. La única autoridad la tiene la gente. Consideren, autoridades, que lo que están aplaudiendo desde el palco también nace de su incapacidad política para resolver este tema. Sabemos que algunos de ustedes luchan y luchan por conseguir que esto no sea así. Pero otros se refugian y dicen que es un problema de competencias. Yo creo que no es un problema sólo de competencias, sino un problema de incompetencias /2.

Como era de esperar y se supone que era su intención, esto causó un tremendo revuelo y levantó no pocas ampollas. Puestos a la defensiva, el gobierno catalán y sus partidarios intentaron escudarse, como de costumbre, en la falta de competencias, echando la culpa al “Estado” y luego arrimando el ascua a su sardina: con la independencia, todo arreglado. Pero este argumento no se aguanta en absoluto.

Primero, porque la Generalitat no utiliza competencias que sí tiene. Un pequeño ejemplo: En marzo de 2016, el Parlament aprobó una moción que, entre otras cosas, decidió “suprimir las tasas establecidas por la Generalitat respecto a los informes [de arraigo, de esfuerzo de integración] que dependen de la misma”. Un año después, esta medida todavía no se había aplicado.

Segundo, porque buena parte del govern está de acuerdo con lo fundamental de la política de extranjería estatal. CiU, el antecesor del PDECat, ha votado a favor de todas las Leyes de Extranjería desde la primera en 1985.

Tercero, porque ha apoyado la mayoría de las políticas económicas, sociales y de exteriores de los sucesivos gobiernos del Estado español que han repercutido negativamente en las capas más vulnerables de la población. Y, por supuesto, el actual gobierno catalán (es decir, también Esquerra Republicana) viene implementando, por decisión propia, un conjunto de políticas neoliberales -desde privatizaciones hasta recortes- consciente de sus efectos perjudiciales sobre los sectores más desfavorecidos, incluidas las personas inmigradas, y de sus peligros para la cohesión social.

Y finalmente, porque, habiéndose declarado dispuesto a actuar unilateralmente en relación a ciertas cuestiones que le interesan, si tuviera la necesaria voluntad política, también podría hacerlo en esta.

La inmigración movilizada

Volviendo a la manifestación, se había logrado que hubiera migrantes en la cabecera, pero llegado el momento, los representantes de los manteros pudieron colocarse allí solo después de un tira y afloja. Más atrás se constituyó un “bloque crítico” que reunió a muchas organizaciones de personas migradas y refugiadas o de autóctonas que defienden sus derechos.

Esta confluencia en la acción fue en parte fruto de una primera experiencia de trabajo conjunto y ayudó a reforzarlo. En diciembre de 2016, varios grupos /3 se habían puesto de acuerdo para organizar un encierro de 24 horas en la Universidad de Barcelona respetando las demandas particulares de cada uno. Cuando terminó, salieron para unirse a la manifestación del Día Internacional contra el Racismo, formando un nutrido cortejo que fue recibido con entusiasmo por el resto de la marcha.

En la manifestación del 18 de febrero, este bloque, considerablemente aumentado y con una presencia notable de mujeres, denunció con más claridad que los lemas oficiales la precariedad y la vulneración de los derechos de las inmigradas y refugiadas presentes en el país, identificó las causas subyacentes y aportó las reivindicaciones específicas de los grupos afectados. Como dice un comunicado difundido después de la manifestación /4:

Con este sistema jurídico no es posible una acogida digna e igualitaria. No puede haber acogida digna sin papeles para todos y todas, sin derecho al trabajo, sin acceso a la vivienda, sin sanidad y educación pública, universal y gratuita para todos y todas, sin derecho al voto, sin acceso a la nacionalidad sin examen que lo limite. No habrá acogida con CIE’s ni deportaciones.

¿Qué actitud hacia las administraciones?

Luego, llegó la sorpresa. Resulta que la misma tarde de la manifestación los organizadores/impulsores, Ruben Wagensberg y Lara Costafreda, fueron recibidos en el Palau de la Generalitat por el presidente de Catalunya acompañado por varios de sus consellers y conselleres (ministros). Al día siguiente la prensa anuncia que han propuesto un gran pacto social que trabaje por la inmigración y el refugio (algo nunca discutido en las asambleas de la campaña) y que Puigdemont ha aceptado tirar adelante un frente común entre instituciones, entidades y ciudadanía. A mucha gente esto le ha recordado el nefasto Pacto Nacional por la Inmigración, no firmado por organizaciones tan poco beligerantes con las administraciones como SOS Racisme y calificado por algunos como “la aplicación de la Ley de Extranjería en Catalunya”.

En una asamblea de Casa Nostra, Casa Vostra varios días después, Ruben y Lara explicaron que el encuentro con el presidente de la Generalitat ya estaba previsto en el dossier que presentaron en setiembre de 2016 y negaron que hubiera ningún acuerdo. Con respecto a esto último, habría que aceptar su palabra, pero, este no les eximiría de la responsabilidad de haberle dado un balón de oxígeno al govern.

A pesar de que en seguida quedó claro cómo esteestaba utilizando la reunión para apropiarse el prestigio de la manifestación (“Catalunya es un país preparado, coordinado y movilizado” /5), instrumentalizarlo para echar la culpa al gobierno español y presentarse como liderando una respuesta adecuada, esta contraofensiva nunca fue contrarrestada por ningún desmentido público.

En todo caso, la “filosofía” que hay detrás de esta propuesta ya se había esbozado en un artículo de opinión escrito por Ruben junto con Oscar Camps, fundador de la ONG Proactiva Open Arms, y Jordi Cuixart, presidente de Ómnium Cultural: “Los culpables de esta situación son los que son. Pero hoy no solo se trata de hablar de los culpables sino también de los responsables.Y responsables somos todos /6.”

Está bien decir que todos somos responsables si se entiende en el sentido que no hay que resignarse a aceptar la situación tal como está, que todo el mundo puede contribuir a cambiarla, siempre que se añada que las responsabilidades no son iguales. Dejar de señalar a “los culpables”, es decir, a los que hay que exigir y presionar, no hace más que desviar y disipar la inmensa fuerza acumulada por la campaña.

Afirmar, como hacen estos autores, que “una Europa de responsables multicolorespuede ayudar a reflexionar a los culpables monocolores de ideas fijas” puede sonar bonito, pero es demasiado vago para canalizar y orientar las enormes energías presentes en la sociedad civil y someter las distintas administraciones a una presión capaz de arrancarles las demandas concretas de la mayoría de manifestantes y de los grupos directamente afectados.

El asunto de quiénes son los interlocutores reconocidos, mejor dicho, escogidos, por la administración fue otro motivo de malestar y frustración de mucha gente inmigrada:

Llevamos 15 años en la invisibilidad, como consecuencia del Paternalismo de parte de algunos Partidos Políticos, Entidades y ciudadanos de Catalunya con nuestros colectivos, que más allá de buenas intenciones, ha sido negativo para nuestro desarrollo como ciudadanos plenos y han creado la percepción, de que esta no es nuestra casa y que los dueños son los autóctonos, que piensan, hablan y deciden por nosotros /7.

Balance provisional de la campaña

Pese a todas las críticas que cabe hacerle, la campaña ha tenido efectos innegablemente positivos, extendiendo la preocupación por el destino de las y los migrantes de toda clase entre la población, denunciando la pasividad de la “clase política”, legitimando una serie de reivindicaciones hace poco minoritarias, provocando un debate en la sociedad, creando un marco común para la colaboración entre una extensa y variada gama de organizaciones y personas, y, huelga decirlo, movilizando a centenares de miles de personas.

Ahora bien, aun con la extraordinaria colaboración (interesada) que ha recibido de los medios de comunicación en la difusión de la campaña, la promoción del concierto y la convocatoria de la manifestación, difícilmente hubiera alcanzado tanto éxito sin la multitud de iniciativas, de todo tipo y escala, que la habían precedido y que en ningún momento habían cesado.

En los últimos dos años, mucha gente ha ido Grecia, con sus propios recursos o a través de ONG pequeñas o grandes, a ayudar al rescate en el mar o la supervivencia en los campamentos, y ha vuelto para explicar lo que han visto y vivido. Se han creado redes y plataformas muy amplias, como Stop Mare Mortum o Ciutats y Barris Refugi. Grupos de maestras han llevado el tema a las escuelas y colegios. Y al mismo tiempo, las movilizaciones, de mayor o menor tamaño, a favor de los derechos de las personas inmigradas (por los papeles, contra los CIE…) han sido constantes.

Este trabajo de la sociedad civil no solo había abonado el terreno, sino que la inmensa mayoría de las personas y organizaciones que lo habían llevado a cabo se sumaron al proyecto Casa Nostra, Casa Vostra que de esta manera aglutinó a casi todo lo que se movía en torno a estas cuestiones.

Por otra parte, cabría preguntarse, como sugirió un compañero infatigable de luchas mil con logros limitados, si este impresionante ejercicio comunicativo no tiene nada útil que enseñarnos, de la misma forma que la izquierda radical aprendió de Podemos ciertas maneras de llegar a un público mucho más vasto, sin que esto implicara la necesidad de imitar todos sus métodos ni mucho menos copiar el contenido político de sus mensajes. El estudio detallado que esto requeriría, y posiblemente merecería la pena, está por hacer.

De cara al futuro

Con la manifestación (y la entrevista con Puigdemont), la campaña diseñada por los promotores originales había terminado, así que en la primera asamblea de balance la pregunta que había que contestar era cómo seguir a partir de ahora. No obstante la heterogeneidad de los y las participantes, cierto consenso emergió respecto a varios puntos, aunque generalmente sin plasmarse en acuerdos precisos.

En cuanto a los principios éticos o ideológicos, parece aceptado, aun con distintos grados de énfasis, que hay que negarse a diferenciar entre migrantes y refugiados, entre los que ya están aquí y los que están por venir. Con respecto al funcionamiento, la campaña se tendría que regir en adelante por métodos democráticos, desgraciadamente aún sin especificar. El dinero recaudado se repartiría a través de una convocatoria pública de proyectos. Había una preocupación generalizada por mantener la unidad para conseguir cosas concretas y una de las pocas decisiones tomadas fue la de acabar de elaborar un “decálogo” de medidas a exigir a las administraciones que serviría de base para futuras acciones y cualquiera negociación.

Quedaron sobre la mesa propuestas para afianzar el trabajo cotidiano en los pueblos y barrios, aprovechar el ímpetu y la consciencia conseguidos para preparar una movilización –por ejemplo un encierro prolongado- que llevara la presión sobre los gobiernos a un nivel superior, y ver cómo extender la campaña al resto del Estado español para mejorar la relación de fuerzas frente al gobierno central que hoy por hoy retiene muchas de las competencias clave.

Salimos de esta fase con un marco unitario que ha tenido la gran virtud de superar la tremenda dispersión que mermaba la eficacia de las distintas campañas y esfuerzos preexistentes. Este espacio, es todavía muy frágil y diverso, y será el lugar de una pugna crucial por definir las siguientes metas y los métodos para alcanzarlas. Es una disputa política, y en cierta medida ideológica, que ofrece a la izquierda radical, las organizaciones de migrantes y las personas que defienden consecuentemente los intereses de refugiados e inmigrados, la oportunidad de ganar para su causa a decenas, si no centenares, de miles de personas, con tal de que la aborden con firmeza de principios pero rehuyendo todo sectarismo.

Como dice el comunicado citado más arriba “las personas y organizaciones que hemos participado en la convocatoria de la manifestación del 18 debemos continuar nuestra lucha unitaria por una acogida digna y con plenos derechos de las personas migrantes y refugiadas.” A lo que se pueden añadir las acertadas palabras de alguien en la reunión de balance: “no se trata de caridad; defender sus derechos es defender los nuestros”.

26/02/2017

Notas:

1/ Nombre inspirado por unos versos de la canción de Jaume Sisa Qualsevol nit pot sortir el sol que han sonado incesantemente durante toda la campaña:

Oh, benvinguts! Passeu, passeu, de les tristors en farem fum,
que casa meva és casa vostra… si és que hi ha cases d’algú.

(¡Oh, bienvenidos! Pasad, pasad, de las tristezas haremos humo,

que mi casa es vuestra casa… si es que hay casas de alguien.)

2/ http://www.elcritic.cat/blogs/sentitcritic/2017/02/12/discurs-integre-de-jordi-evole-al-concert-en-favor-dels-refugiats-del-sant-jordi/

3/ Papers i Drets per a Tothom, Sindicat Popular de Venedors Ambulants, Tras la Manta, Tanquem els CIE, Campanya Papers sense Contracte, Campanya Nacionalitat sense Examen ni Taxes.

4/ Firmado por: Associació Papers i Drets per a Tothom, Casa Retruco de Solidaridad con Argentina, Cornellà sense Fronteres, Grup de refugiats que resideixen a la Casa Bloc, Intersindical Alternativa de Catalunya, Punt de Suport a les Persones Migrants, Raíces Solidarias, Sindillar/Sindihogar, Sodepau.

5/ Neus Munté, consellera de la Presidència. http://www.elnacional.cat/ca/politica/munte-govern-espanyol-piles-refugiats_138495_102.html

6/ http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/lucha-compartida-acogida-refugiados-manifestacion-5844979. Hay que decir que a veces se nota cierto cofoisme –mezcla de autosatisfacción y envanecimiento- también entre miembros de la campaña cuando proclaman con entusiasmo que “no ha habido nada parecido en ninguna otra ciudad de Europa”.

7/ La Federación de Asociaciones de Inmigrantes del Vallès, junto con otras organizaciones de inmigrantes y refugiados.





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