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Magreb
Elementos de debate sobre la situación
25/02/2017 | Nadir Djermoune

1. La región del Magreb, Marruecos, Argelia, Túnez, está atravesada, a ritmos desiguales por movimientos sociales de amplitud revolucionaria. El más representativo por la dinámica revolucionaria trazada y el más conseguido, o el más avanzado, en la construcción de una ruptura democrática y social es claramente el movimiento desencadenado por Mohamed Bouazizi en Túnez en 2011 [vendedor ambulante, muerto el 4/01/2011 en Ben Arous, como consecuencia de su suicidio por inmolación]. Constituye hasta hoy un modelo de referencia a ojos de los movimientos y de las protestas de la región. Una decena de años antes, en 2001, Argelia conoció el mismo tipo de movimiento de protesta, con la misma amplitud y un nivel de organización incluso superior, pero sin lograr ningún cambio político en la estructura del poder. La circunscripción del movimiento en un territorio, la Kabilia, su connotación identitaria y cultural ligada a su especificidad en la historia política del país lo marginó en parte. No deja de ser cierto que las dimensiones sociales y democráticas estructuraron profundamente el movimiento [Mohamed Guermah, llamado Massinissa, sucumbirá debido a sus heridas el 20 de abril de 2001, tras haber sido herido por una ráfaga de metralleta el 18 de abril; su muerte sreá el desencadenante de una amplia revuelta].

Recientemente, en Marruecos, la región de Al Hoceima [a finales de octubre y comienzos de noviembre de 2016, la población manifestó con vigor su cólera contra los abusos del poder, la injusticia -la hogra- tras la muerte de un vendedor de pescado, Mouhacine Fikri, originario del Rif, aplastado en un camión de basura, como consecuencia de la acción de la policía ver http://vientosur.info/spip.php?article11910] conoció un movimiento similar, portador del mismo tipo de reivindicación social y democrática con el mismo alcance político. Este movimiento marroquí recuerda el caso tunecino por el elemento desencadenante y el caso argelino por su circunscripción a un territorio en el que la referencia a la dimensión identitaria bereber de la región intenta estructurar el movimiento.

La desigualdad de expresión de estos movimientos en el tiempo así como en los ritmos está en última instancia ligada a las historias respectivas y a los grados de inserción de los tres países en los capitalismos mundiales. Tienen, sin embargo, algo en común en la puesta en un primer plano de la cuestión social y política.

2. La relación de la sociedad argelina con el capitalismo es más conflictiva que la de sus vecinos. Históricamente, la emergencia del capitalismo en el territorio que será más tarde Argelia está acompañada de una violencia y de una radicalidad que no deja de parecerse a un genocidio cultural. La colonización de poblamiento desde comienzos del siglo XIX, saludada por otra parte por los pensadores de las Luces incluso por ciertos socialistas, en particular los utopistas, ha moldeado la Argelia moderna y ha reestructurado en profundidad, hasta el desenraizamiento /1, la sociedad y su territorio.

Pero esta “modernización” capitalista, lejos de crear una sociedad nueva y construir su emancipación, tan querida por los utopistas, ha engendrado más bien una exclusión. Esta exclusión es vivida como una ruptura con el mundo oriental representado entonces por el imperio otomano en agonía. Esta exclusión se expresó en primer lugar en un repliegue identitario y un rechazo, por desesperación, de esta “modernidad”. Ésta está asociada más a la violencia colonial que a los “beneficios” históricos del capitalismo. Generó a continuación una resistencia y luego una ruptura tan radical como violenta con la colonización, y la cultura “occidental” que le está asociada, sin un corte explícito con su corolario, el capitalismo.

Esta agitada historia puede explicar en parte el “pánico identitario” /2 con el que se ha construido en nacionalismo argelino. Sostenida y alimentada durante estos últimos decenios por los arabistas (Baasistas… entre otros de Siria), los islamistas o también los berberistas con su avatar reciente entre los autonomistas de Kabilia del MAK (Movimiento por la Autodeterminación de Kabilia, aparecido en 2001, su nombre actual data de 2013), esta problemática culturalista ha logrado, sin embargo, solo en parte colocar la cuestión identitaria en el centro de la vida política y no ha borrado totalmente la cuestión social de la agenda política. Ésta ha estado todo el tiempo presente.

3. Introducido por un colonialismo más “soft”, bajo la forma de protectorado a finales del siglo XIX para Túnez y al comienzo del siglo XX para Marruecos, el capitalismo apostó más por la integración de las élites locales (el Majzén en Marruecos) que por la exclusión en los nuevos mecanismos de dominación colonial y capitalista. La reestructuración territorial y urbana está hecha a imagen de las transformaciones sociales de los dos países. Las huellas del patrimonio urbano y cultural son visibles con fuerza hoy en Marruecos y en menor grado en Túnez, mientras que están totalmente, o casi, borradas en Argelia.

Las condiciones del triunfo del capitalismo y de la cultura burguesa europea conquistadora en estos países del Magreb han condicionado fuertemente su desarrollo económico y social capitalista ulterior, más inclinado a integrarse en una relación de dependencia asumida para las burguesías marroquí y tunecina que a autonomizarse como la naciente burguesía argelina. Esto explica también, en parte, la aceptación por las clases subalternas de la jerarquía social tradicionalmente no igualitaria en Marruecos y, en un grado menor, en Túnez pero sistemáticamente puesta en cuestión en Argelia donde el espíritu igualitario está muy anclado en las capas populares. Esta postura en Argelia procede más por las condiciones de resistencia tenaz al proceso de expropiación-privatización realizado por el colonialismo francés que intentan retomar con dificultades las nuevas clases dominantes y no a cualquier cariño a una “ideología socialista” que habría marcado los primeros decenios de independencia.

4. Estos aspectos históricos y culturales no explican todo. La emergencia de las luchas sociales que ocupan cada vez más un lugar importante en el espacio político de la región está directamente ligada a la política cada vez más neoliberal llevada a cabo por los gobiernos de los tres países. La evolución de las estructuras capitalistas concurre hacia un punto común: una dependencia económica directa del capitalismo mundial (bancos, grupos industriales, servicios…), incluso si el capitalismo argelino logra una cierta autonomía, en particular en el plano financiero, a causa o gracias a sus rentas energéticas en petróleo y gas. Esta dependencia provoca una forma de explotación del mismo tipo de los trabajadores y del medio ambiente: una precarización cada vez mayor de los trabajadores, de un lado y, del otro, un saqueo de las riquezas naturales (hidrocarburos, fosfatos o, también, productos agrícolas…), sin preocupación alguna por el equilibrio ecológico y medioambiental directamente afectado por la crisis climática mundial. En el plano social, esta evolución provoca un aumento de las desigualdades sociales. Hay incluso una voluntad hipócrita por integrar a los nuevos migrantes subsaharianos en la economía, de una manera informal, para mejor explotarles.

Esta evolución engendra, en el caso de Marruecos, regiones de “desarrollo” intenso en la industria turística, la industria automóvil, de las zonas francas así como las inmensas partes del territorio relegadas a la periferia como el Rif, el Atlas…. Ocurre lo mismo en Túnez que conoce el mismo tipo de apropiación privativa y de distribución desigual de sus recursos naturales, con el mismo tipo de desarrollo geográfico y territorial desigual. Entre “un país útil” a lo largo del Sahel mediterráneo, y un interior oeste y sudoeste, las desigualdades aparecen a simple vista. Esto da un sentido al proceso revolucionario en curso comenzado en esta parte del territorio en 2011. Es también la misma explicación que se podría dar a la revuelta actual en Marruecos, en el Rif.

Esta desigualdad social y territorial es ligeramente diferente en Argelia a pesar de su amplio territorio. Esto no la excluye sin embargo de la misma dinámica en curso. La lógica desarrollista tomada por el capitalismo argelino en la vía de la “industria industrializante” de los treinta primeros años de independencia del país fue realizada con la preocupación por una integración global de los territorios y de las poblaciones. Engendró además un movimiento de aumento de población y de urbanización alrededor de los grandes centros urbanos así como de las ciudades medias. Desde este punto de vista, las recurrentes e importantes revueltas en Kabilia no deben ocultarnos las revueltas igualmente recurrentes y numerosas en los grandes centros urbanos. Las protestas en Argel, Constantine, Bejaia, Annaba así como en Ouargla y el valle del Mzaba -estando estas dos últimas presentadas como “revueltas del sur” con la intención de regionalizarlas- tienen todo un carácter urbano. Son “luchas urbanas”, es decir una generalización progresiva de movimientos sociales urbanos, de sistemas de prácticas sociales contradictorias que ponen en cuestión el orden establecido a partir de contradicciones específicas de la problemática urbana /3.

Pero, igual que no puede existir “un socialismo en un solo país”, se podría decir que no puede haber un desarrollo integrado en el marco del capitalismo en un solo país. Rompiendo con este proyecto desde finales de los años 1980, la política proseguida ha buscado la destrucción del aparato productivo balbuciente, ciertamente, pero real. El proyecto económico, industrial, energético o agrícola llevado a cabo por el poder de Abdelaziz Bouteflika [mandato presidencial iniciado en 1999] intenta una integración “consecuente” a la economía neoliberal y al mercado mundial. Resulta de ello no solo una erosión industrial, sino también una erosión de la estructura territorial emprendida en una reordenación global cuyo objetivo principal es facilitar la circulación de mercancías e inversiones de capitales extranjeros (autopista este-oeste, la transahariana, la telefonía móvil, grandes pantanos, sondeos en la capa freática del Sahara, energía solar y gas de esquisto, etc.).

5. El corolario de esta carrera hacia una integración en el mercado mundial y la economía neoliberal es la competencia entre las burguesías de los tres países, en particular entre la burocracia burguesa en el poder en Argelia y el Majzén marroquí. Si esta competencia se realiza de forma solapada y escondida entre la industria turística tunecina y el turismo marroquí, éste saca sus dividendos del debilitamiento de aquél, la “paz fría” /4 entre el régimen argelino y el rey marroquí, que tiene como pretexto declarado el conflicto fronterizo con un trasfondo de crisis en Sahara Occidental, oculta mal la voluntad de los dos regímenes de tomar el liderazgo en la subcontratación con el imperialismo mundial en la región y, porqué no, en África. Lo que explica la carrera en la realización de los grandes trabajos (autopistas, TAV Casablanca-Tánger…). Lo que explica también la puesta en valor de la “capacidad del ejército argelino” para proporcionar seguridad a la región o, dicho de otra forma, para jugar el papel de gendarme de las potencias mundiales.

Ahora bien, en el plano económico, el poder argelino vive mal su “retraso” respecto a la economía de la monarquía, visto bajo el ángulo del nivel de inserción en la economía neoliberal y del mercado mundial. Desde este punto de vista, el cierre de las fronteras entre los dos países se convierte en una ganga para el poder argelino. Tiene necesidad de una mejora. Pues si esas fronteras se abrieran, dibujarían para las empresas europeas y americanas que operan en el reino cherifeño el horizonte de una conquista poco costosa del mercado argelino. Lo que pondría a la economía argelina, que se liberaliza con prudencia, ante una competencia desigual. La empresa automovilística francesa Renault, por citarla como ejemplo, que posee en Tánger una gran fábrica que comenzó su producción en febrero de 2012 (170 000 vehículos/año en 2013 y 400 000 a medio plazo, de ellos el 90% destinado a la exportación) podría sacar beneficio de la normalización fronteriza argelino-marroquí. Lo que le permitiría satisfacer, desde el territorio marroquí -y no ya desde Francia o Rumanía como ocurre actualmente- una demanda automovilística que crece sin cesar. Lo que haría caduca toda veleidad de inversión en ese terreno en Argelia /5.

6 Esta competencia intergubernamental construye en cambio un bagaje común de las poblaciones de la región, en particular las masas trabajadoras. Las poblaciones de los tres países no se benefician (o de forma muy selectiva socialmente) de las riquezas y potencialidades de sus respectivos territorios. Esta lógica neoliberal dominante margina cada vez más a sectores de la población y regiones enteras con sus consecuencias de ahondamiento constante de las desigualdades sociales y territoriales. Si este fenómeno está ideológicamente admitido en Marruecos y en Túnez, se infiltra y gana terreno en la cultura argelina a pesar de las resistencias. Es lo que explica en este caso las revueltas recurrentes. Gana hoy todo el territorio del Magreb /6.

Así, se asiste en los tres países a la emergencia de un movimiento diversificado, social, sindical, medioambiental, cultural y asociativo que constituye la matriz de la oposición a los poderes autoritarios y a sus políticas antidemocráticas y neoliberales. Con sus batallas y sus tenaces resistencias, dan consistencia a la reivindicación política y al combate democrático y social.

Política e ideológicamente, estas resistencias siguen huérfanas de un proyecto revolucionario social y democrático. El fantasma del islamismo resurge en cada momento, en particular frente al ascenso de las extremas derechas en el mundo. El término “islamismo” toma hoy múltiples definiciones, desde el campo cultural al político. La dominación del islam sobre las costumbres y la cultura de los pueblos del Magreb no es un hecho nuevo. La independencia de los tres países no acabó de realizar, desgraciadamente, la dimensión democrática y cultural del proceso revolucionario aunque, hacia el islam, haya seguido trayectorias diferentes y desiguales en los tres países, más “laica” en Túnez, domado e institucionalizado en Marruecos y subrepolitizado en Argelia. El ascenso del islam político que se designa con el término “islamismo” ha consolidado este conservadurismo y ha alejado el necesario avance hacia un laicismo del espacio público y de las instituciones. Hoy es preciso remontar la pendiente para volver a las escasas conquistas de la independencia en este terreno.

La respuesta está sin embargo en al análisis de cada movimiento que se reclama del islam en su dinámica real y superar la simple lectura formal de su expresión.

Hoy, el asunto inmediato que defiende el islamismo en sus diferentes expresiones oscila entre, por un lado, la legítima reacción de las sociedades musulmanas frente a la islamofobia ambiente en las sociedades occidentales y, del otro lado, el ascenso de un culturalismo conservador y reaccionario en guerra contra la razón y las conquistas del pensamiento ilustrado del que salió el marxismo. Este culturalismo abre el camino a las extremas derechas y barbaries en ascenso de las que el islamismo constituye un agente. Por ello, es necesaria una valoración equilibrada: no caer en la trampa de la defensa ahistórica del “islam” contra la islamofobia con el riesgo de no ver en el islamismo más que una “islamización de la radicalidad” de los desfavorecidos o de los excluidos; no esencializar el islam y no ver en él más que la barbarie fascista.

La crisis que se instala, que puede a medio plazo agudizar las contradicciones de la liberalización capitalista en curso, no coloca de una forma mecánica a los islamistas de todo tipo como alternativa. Una dinámica de fascistización tras corrientes islamistas no es posible más que en una situación de crisis revolucionaria sin salida. Hoy, y a ojos de las poblaciones, el peligro está sobre todo en una degeneración regional que puede abrir la vía a una “daechización” desde el exterior. Lo que contribuye más bien a reforzar el frente interno alrededor de los poderes que por el momento no muestran grandes signos de agotamiento a pesar de la “enfermedad” y la vejez de sus líderes respectivos, rey y presidentes.

3/02/2017

http://alencontre.org/moyenorient/tunisie/maghreb-elements-dun-debat-sur-la-situation-mohamed-bouazizi-guermah-massinissa-et-mouhacine-fikri-le-meme-combat.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Ver sobre este tema, P. BOURDIEU, A. SAYAD, Le déracinement, la crise de l’agriculture traditionnelle en Algérie, Ed. de Minuit, Paris, 1964.

2/ Expresión tomada de D. BENSAID, La discordance des temps, Ed. de la Passion, Paris, 1995, p. 149.

3/ Por “problemática urbana” nos referimos “a toda una serie de actos y de situación de la vida cotidiana cuyo desarrollo y características dependen estrechamente de la organización social en general. Son, en un primer nivel, las condiciones de vivienda colectiva (escuelas, hospitales, guarderías, jardines, áreas deportivas, centros culturales, etc.) en una gama de problemas que van desde las condiciones de seguridad en los edificios, al contenido de las actividades culturales de los centros de jóvenes, reproductora de la ideología dominante (…), son para millones de hombres largas horas agotadoras de transporte, por la mañana y por la noche (…) impotentes en una ola de coches inmóviles en la que los motores funcionan y se gastan (…) es también el tiempo fraccionado de la jornada, la separación fraccional de las diferentes actividades (…)”, ver Manuel CASTELLS, Luttes urbaines, Ed. Maspero, Paris 1975, p. 8. Al respecto, ver también H. LEFEVBRE, La révolution Urbaine, Ed. Gallimard, Paris, 1970, ou encore, D. HARVEY, Villes rebelles, du droit à la ville à la révolution urbaine, Ed. Buchet Chastel 2015.

4/ Ver para esta “paz fría”, Akram Belkaid, http://www.courrierinternational.com/article/2009/04/09/un-differend-qui-n-a-que-trop-dure.

5/ Ver sobre este tema Y. TEMLALY, L’avenir du capitalisme marocain se joue aussi en Algérie, http://www.maghrebemergent.com/contributions/opinions/

6/ Ver también, como texto de referencia sobre la evolución de la cuestión social y política en el Magreb, Ramdane MOHAND ACHOUR, La nouvelle Etoile nord-africaine, Libre-Algérie.





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