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Raíces económicas de las tensiones políticas y malestares actuales
¿Ha topado el capitalismo con límites infranqueables?
18/02/2017 | François Chesnais

En su número 631/632 de noviembre de 2016, la revista Inprecor publicó un texto traducido del castellano de la revista Herramienta, cuyo original estaba en lengua inglesa. Eran las conclusiones de un libro −Finance Capital Today. Corporations and Banks in the Lasting Global Slump, aparecido en la colección “Historical Materialism Book Serie” de Editions Brill (Leiden y Boston)− sobre el capital financiero y las finanzas que escribí en relación a la crisis de 2007-2008 y de las transformaciones en las formas mundializadas de la explotación del proletariado /1. La conclusión del libro y del texto publicado en Inprecor tienen como horizonte las perspectivas de la sociedad humana. Las observaciones de amigos que lo han leído me han convencido de la necesidad de clarificar algunos argumentos. Por su parte, bastantes acontecimientos políticos de los últimos meses invitar a ajustar el horizonte de la reflexión. En los últimos dos o tres años se han publicado muchos ensayos sobre las tensiones políticas mundiales, domésticas e internacionales, así como sobre los malestares sociales francés y europeos. No pocos autores relacionan estas cuestiones con el neoliberalismo, la “globalización” y sus consecuencias. Aquí se relacionan con el curso del capitalismo y con su impasse. Mi texto vuelve, de los acontecimientos a nivel de la “superestructura”, a la “infraestructura”, al movimiento de la acumulación del capital en el largo período y a las barreras que encuentra. La perspectiva es una situación en la que las consecuencias políticas y sociales de un débil crecimiento y de una inestabilidad financiera endémica, con el caos político que crean ahora mismo en algunas partes del mundo, y potencialmente en otras, están convergiendo con el impacto social y político del cambio climático.

Evidentemente, este texto tiene grandes implicaciones políticas. Es la expresión de un vuelco teórico radical personal, puesto que hace todavía diez años la revista Carré rouge participó en una red de discusiones sobre “la actualidad del comunismo” donde los participantes expresaron diversas apreciaciones sobre el período /2. Pero ya en 2008 comenzó este giro como ya se puede ver en un texto, publicado también en Herramienta y después en Inprecor, donde intentaba articular crisis económica y financiera y crisis del cambio climático /3.

La noción de “barreras” o de “límites” en el modo de producción

Casi diez años después del inicio de la crisis económica y financiera mundial, que comenzó en julio-agosto de 2007 antes de estallar en setiembre de 2008, el aspecto del tipo de crecimiento del PIB mundial era el siguiente. Las últimas proyecciones del FMI son del 3 % tanto para 2017 como para 2018 /4.

En discusión: saber si la crisis económica y financiera mundial de 2007-2008 puede ser vista simplemente como una “crisis muy grande” de un capitalismo capaz todavía de abrir una nueva fase larga de reproducción ampliada a escala del “finalmente constituido mercado mundial”, o es, por el contrario, el punto de partida del momento histórico en que el capitalismo encontraría límites que ya no podría superar. En el libro III de El Capital, Marx argumenta que la producción capitalista tiende sin cesar a superar los límites que le son inmanentes, pero sólo lo consigue empleando medios que de nuevo, y a una escala mayor, levantan ante sí las mismas barreras /5. La cuestión planteada es saber si la producción capitalista se enfrenta ya a barreras que no puede superar, ni siquiera temporalmente. Estaríamos en presencia de dos formas de límites infranqueables con grandes implicaciones para la reproducción del capital y la gestión del orden burgués, sobre todo para la vida civilizada. El primero, que tiene en cuenta los efectos de la automatización, se remonta al siglo XIX y tiene un carácter inmanente, interno al movimiento del capital sobre la cual insistió Marx. El otro, considerando la destrucción de los equilibrios eco-sistémicos por la producción capitalista, en particular la biosfera, no había sido prevista por Marx y fue definida como límite externo.

Comencemos por el primero, sobre el cual Ernest Mandel defendió, desde 1986, la tesis de un cambio cualitativo. La maximización del beneficio, en sí misma sin límites, se basa en la maximización de la cantidad de plusvalía, o sobrevalor, producida y realizada. Supone, contradictoriamente, el empleo del mayor número posible de proletarios y el recurso a la mecanización, por tanto a la sustitución del trabajo vivo (los asalariados) por el trabajo muerto (las máquinas), o de otro modo la disminución de la cantidad de trabajo vivo necesario para dar valor a un capital determinado. Por este hecho, escribía Marx, la extensión de la producción se afirma bajo un doble aspecto: empuja al crecimiento del sobretrabajo, es decir a la disminución del tiempo indispensable para la reproducción de la fuerza de trabajo; y restringe el número de obreros necesarios para poner en movimiento un capital dado /6. Ahí se encuentra la causa del descenso de la tasa de ganancia. Siendo entonces el capitalismo un sistema que conocía tecnologías mucho menos drásticas que hoy en cuanto a “labour saving”, y con el planeta todavía por conquistar, Marx pudo escribir que si el crecimiento del capital depende a la vez de su masa y de la tasa de ganancia, el desarrollo de la producción capitalista provoca el descenso de la tasa de ganancia, pero al comportar la puesta en marcha de capitales cada vez más considerables, aumenta la masa. La acción de “estas influencias contradictorias” se afirma periódicamente por medio de crisis, que son irrupciones violentas tras las cuales el equilibrio se restablece momentáneamente /7.

Mandel defiende la idea de un cambio en la fuerza respectiva de las influencias contradictorias, bajo la forma de un análisis de las consecuencias de lo que denominaba el “robotismo”, entonces en sus comienzos. En 1968, en su prefacio a la edición Penguin Books del volumen III de El Capital, Mandel argumenta que la extensión de la automatización más allá de un cierto límite conduce, inevitablemente, primero a una reducción del volumen total del valor producido y, después, a una reducción del volumen del sobrevalor realizado. Veía en ello un límite infranqueable” portador de una “tendencia del capitalismo al hundimiento final /8. Mucho más recientemente, la relación de la automatización con la crisis mundial de 2007-2008 ha sido expuesta en 2011 por un autor marxista de distinta trayectoria, el jefe de filas del grupo Krisis, Robert Kurz. Kurz habla de “insuficiente producción real de sobrevalor” (…) con el fondo de una nueva ruptura estructural en el desarrollo capitalista, marcada por la tercera revolución industrial (la microelectrónica) y del límite interno del capital que acaba por volverse un límite absoluto /9.

La segunda barrera fue acotada teóricamente por los debates, entre otros, en el seno de la ecología política estadounidense, sobre todo entre James O’Connor, John Belamy Foster, Joel Kovel y Jason Moore. Comenzaron con el artículo de 1988 de James O’Connor sobre la “segunda contradicción” del capitalismo. En el caso de la ecología, los debates sobre los “límites absolutos”, de los que se tratará más adelante, afectan por una parte a la amplitud de los efectos sobre la tasa de ganancia de la disminución de los recursos naturales no renovables, y por otra a las graves consecuencias de la incapacidad del capitalismo para frenar el avance del cambio climático, habiendo desarrollado el modo de producción capitalista un tipo de relación con su entorno que transforma la biosfera hasta el punto de amenazar las relaciones civilizadas /10.

La cuestión del futuro del capitalismo se ha convertido en una cuestión tan acuciante como para que Michael Roberts consagre el último capítulo de su reciente libro a la posibilidad de que el capitalismo haya alcanzado su fecha de caducidad, cuando hasta entonces apenas había citado frases episódicas en los artículos de su blog. Después de muchas tergiversaciones concluye que la Larga Depresión no es una especie de crisis final”, que hay “cada vez más seres humanos que explotar y que siempre habrá innovaciones tecnológicas para lanzar un nuevo Kondratiev, aunque incluye en ese mismo capítulo elementos que sugieren lo contrario. Considera que en un momento dado, el capitalismo recuperará la salud, proponiendo, para terminar, una definición muy particular de la barbarie, como una caída a un nivel de productividad del trabajo y en condiciones de vida precapitalistas que contrasta singularmente con la de Mandel que citamos más adelante /11.

Los retos políticos

Que el capitalismo encuentre límites que no puede franquear no significa en modo alguno el fin de la dominación política y social de la burguesía, menos aún su muerte, pero abre la perspectiva de que arrastre a la humanidad a la barbarie. El reto está en que quienes son explotados por la burguesía o no están atados a ella encuentran los medios para separarse de su mortífero recorrido. Las implicaciones sociales y políticas de un “estancamiento secular”, mucho más serio en sus fundamentos que en los años 1930, son difíciles de medir pero indudablemente son inmensas; más aún cuando la situación puede variar en caso de ruptura de un punto del ecosistema bajo el efecto del cambio climático. El muy débil crecimiento del PIB mundial, y más aún del PIB per capita, plantea ya grandes problemas a las burguesías. El mercado mundial está formado por grupos industriales y bancarios en brutal concurrencia y por oligarquías nacionales profundamente rivales. La política de Donald Trump traduce una situación en que se permitirán todos los golpes entre burguesías. En el plano interno, las desigualdades (rentas, patrimonios, acceso a la educación y a la salud) crecen y sus consecuencias son cada vez más difíciles de gestionar. Mandel hablaba en 1986 de los desafíos crecientes de todas las relaciones burguesas fundamentales y de los valores de la sociedad en su conjunto, como consecuencia de un aumento del desempleo masivo y de los sectores marginalizados de la población, del número de los que “abandonan” y de todos aquellos a quienes el desarrollo “final” de la tecnología capitalista expulsa del proceso de producción. Para las y los “de abajo” que viven en una sociedad mundializada dominada por completo por el capitalismo, las implicaciones son extremadamente importantes, tanto en el plano cotidiano como en el horizonte histórico.

En efecto, Mandel escribía que

la tendencia del capitalismo al hundimiento final (…) no es necesariamente favorable a una forma superior de organización social o de civilización. Precisamente en función de la degeneración propia del capitalismo, se multiplican los fenómenos de decadencia cultural, de regresión en los ámbitos de la ideología y del respeto a los derechos humanos, como consecuencia de las crisis multiformes con que esta degeneración nos hará frente (ya nos lo hace, F.Ch.)”.

Influido por las formas que adoptó la barbarie en el siglo XX, Mandel pensaba que

la barbarie, como resultado posible del hundimiento del sistema, es una perspectiva mucho más concreta y precisa hoy de lo que fue en los años 1920 o 1930. Incluso los horrores de Auschwitz y de Hiroshima parecerán mínimos en comparación con los horrores que la humanidad deberá afrontar en la continua decrepitud del sistema. En esas circunstancias, la lucha por una salida socialista adquiere el significado de una lucha por la supervivencia de la civilización humana y del género humano /12.

Mandel moderaba esta perspectiva catastrófica con este mensaje de esperanza inspirado en el enfoque del Programa de Transición (de 1938):

El proletariado, como lo demostró Marx, une todos los prerrequisitos para conducir esta lucha con éxito; hoy día eso sigue siendo más cierto que nunca. Y tiene al menos el potencial para adquirir también los prerrequisitos subjetivos para una victoria del socialismo mundial. La realización de este potencial dependerá, en última instancia, de los esfuerzos conscientes de los marxistas revolucionarios, integrándose en las luchas espontáneas periódicas del proletariado para reorganizar la sociedad según los principios socialistas y conduciéndolas hacia objetivos precisos: la conquista del poder de Estado y la revolución social radical. No veo razones para ser más pesimistas hoy sobre el resultado de esta empresa de lo que era Marx cuando escribía El Capital /13.

En 1986 aún se podía esperar, al límite, que el hundimiento de la burocracia soviética liberase la vía a la “revolución política” en la URSS y en las democracias populares; y en aquella época apenas había comenzado el movimiento contemporáneo de mundialización del capital. La situación en la que estamos es muy distinta. Los procesos de superación del capitalismo y de paso a la sociedad liberada de la propiedad privada que contenía, parecía, el mismo movimiento del capital, y que la gente de mi generación enseñábamos a los jóvenes militantes, ha perdido su validez, incluidos los presentados por el propio Marx /14. La bifurcación respecto a la dirección actual de la ruta en que está implicada la humanidad dependerá de la lucha, y por tanto del estado de las relaciones políticas de clase entre los trabajadores largo sensu y la burguesía (las “relaciones de fuerza”). Ahora bien, en el plano global, por el momento son muy desfavorables a los primeros.

Algunos rasgos originales de la crisis económica y financiera abierta en 2007-2008

Antes de hablar con más detalle de la manera y el grado en que son infranqueables las dos barreras, hay que caracterizar la crisis económica y financiera mundial comenzada en 2007-2008. Entre los marxistas que trabajan dentro del mundo anglófono y los heterodoxos estadounidenses como Paul Krugman y Joseph Sriglitz, existe un consenso amplio pero, desde luego, muy impreciso para decir que se trata de un gran crisis, de una importancia análoga a la de 1929. Algunos la caracterizan como “estructural” o “sistémica”. Pero incluso entre éstos, la gran mayoría de los economistas críticos o anticapitalistas esperan que tenga fin, que en un momento dado haya una recuperación de la acumulación. Entre los economistas de lengua francesa los términos “estructural” y “sistémico” se refieren poco o mucho (sobre todo el primero) a la teoría de la Regulación, cuyos defensores están divididos sobre la naturaleza de la crisis actual /15.

Intento evitar estos términos, en particular “estructural”, con muchas connotaciones con el fordismo, apoyándome en las consideraciones de Paul Mattick: Aunque la crisis encuentra su razón última en el propio capitalismo, cada crisis particular se distingue de la precedente, precisamente a causa de las transformaciones permanentes que afectan a escala mundial a las relaciones de mercado y la estructura del capital. En esas condiciones, no se puede determinar por adelantado ni las propias crisis, ni su duración y gravedad, y aún menos porque los síntomas de crisis aparecen posteriormente a la crisis misma y no hacen más que hacerla manifiesta a los ojos de la opinión pública. Tampoco se puede reducir la crisis a factores puramente económicos, aunque sobrevenga por completo de manera puramente económica; es decir, tenga su origen en relaciones sociales de producción travestidas en formas económicas. La competencia internacional, que se lleva a cabo también con medios políticos y militares, reacciona sobre el desarrollo económico, al igual que éste estimula a su vez las diversas formas de competencia. No se puede comprender cada crisis concreta más que en la relación que mantiene con el desarrollo de la sociedad global /16”.

De manera telegráfica se pueden destacar las siguientes particularidades de la crisis de 2007-2008:

1. Ha estallado al término de una fase muy larga, setenta años de acumulación ininterrumpida, sin paralelo en la historia del capitalismo. La crisis de 1974-1976 con su douple dip de 1980-1982 supuso un cambio de ritmo en los países capitalistas avanzados, pero no mermó la dinámica de reproducción ampliada a nivel mundial. A diferencia de Jean-Marie Harribey, Michel Husson, Esther Jeffers, Frédéric Lemaire, Dominique Plihon en el muy reciente libro de Attac17 Cette crise qui n’en finit pas… par ici la sortie [Esta crisis que no acaba… la salida por aquí], no pienso que las tres décadas que separan 1976 y 2007 sean una especie de crisis “estructural” permanente con episodios multiformes. El período que comienza en 1982 contempla a las burguesías capitaneadas por Reagan y Thatcher no sólo lanzarse contra la clase obrera a diferentes ritmos según los países, sino volverse hacia el mercado mundial y concluir su construcción completa con la reintegración de China.

2. Nunca hay que perder de vista que la fase fordista, primero, y el largo período de acumulación se realizaron en condiciones históricas muy particulares. Tuvieron lugar a continuación de la Gran Depresión de los años 1930 con sus consecuencias de cierre masivo de capacidades de producción y tras la Segunda Guerra mundial con su destrucción a una escala grande, grandísima. El terreno para la inversión rentable estaba desbrozado. Otra dimensión muy importante también es que el capital pudo abrevar en un stock todavía poco explotado de tecnologías creadoras de grandes sectores industriales así como en una reserva de conocimientos científicos con potencialidades todavía poco explotadas. Incluso la pasajera debilidad política de la burguesía frente a la clase obrera en 1945 jugó a favor del relanzamiento de la acumulación. Sin las concesiones que el capital se vio obligado a hacer al proletariado, nunca habría habido regulación “fordista”.

3. El terreno en el que ha operado la crisis desde 2007-2008 es el mercado mundial plenamente constituido. China nunca ha sido una “periferia” /18 del capitalismo mundial, sino un país de talla continental con una tradición científica antigua, formado por hombres y mujeres educados, que escapó durante cuarenta años a su dominación. Todavía en 2009, el capitalismo encontró factores de impulso en reserva (tecnología y proletarios), antes de que, como se visto más arriba, la curva de la tasa de crecimiento del PIB tuviese una inflexión hacia abajo para volverse casi plana.

4. Estados Unidos han estado en el origen de los principales impulsos de la mundialización contemporánea y ha sido el principal arquitecto y beneficiario del régimen institucional mundial, cuyos pilares son el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Pero al combatir la tendencia a la baja de la tasa de ganancia en su casa mediante deslocalizaciones masivas hacia China, Estados Unidos ayudó a emerger a un poderoso rival. Diez años después del comienzo de la crisis, se perfila la guerra comercial, característica de los años 1930, con los Estados Unidos de Donald Trump dispuesto a lanzarla.

5. En todos los países, las clases obreras largo sensu han abordado la crisis en el marco de relaciones económicas y políticas extremadamente favorables al capital. La liberalización de los intercambios y de las inversiones directas ha internacionalizado el proceso de centralización y concentración del capital y ha permitido la formación de inmensos grupos industriales. También y aún más grave, ha permitido la competencia entre trabajadores de país a país, y de continente a continente. Ha habido una mundialización del ejército industrial de reserva. Cada burguesía debe gestionar sus consecuencias como puede, además de las que nacen de la extensión de la robótica, pero lo hace partiendo de posiciones de fuerza muy favorables frente a los trabajadores.

6. La crisis que estalló en 2007-2008 es una crisis de sobreacumulación y de sobreproducción de carácter mundial, aunque vividas en países, sectores e industrias determinadas. Se solapa con una crisis de rentabilidad que los economistas miden con ayuda de diferentes cálculos de la tasa de ganancia. Aquí le doy el sentido de Mandel y Kurz, es decir, de una caída del volumen total del valor producido y del volumen del sobrevalor o plusvalía realizada.

7. La sobreacumulación de capital productivo ha ido acompañada de una fuerte acumulación de capital ficticio. Iniciada en los años 1960 y creciendo rápidamente con la deuda del Tercer Mundo en los años 1980, se aceleró aún más después de 1998 con el recurso masivo al endeudamiento de Estados Unidos para sostener el crecimiento, y en Europa de forma más diferenciada según países. A partir de 2005, el endeudamiento de las empresas y de las economías domésticas ha ido acompañado del endeudamiento de los bancos entre ellos. Se caracteriza por un salto en las técnicas de titularización y va acompañada de la formación de un “sistema bancario a la sombra” que escapa a cualquier control gracias a la desregulación financiera /19.

8. A diferencia de la crisis de los años 1930, como consecuencia del rescate de los bancos y de los mercados financieros, la destrucción de capital ficticio ha sido limitada, mientras que la del capital productivo sólo ha tenido lugar de manera lenta y desigual, y en el caso de China en absoluto. La función reguladora de las crisis, de desbrozar el terreno para una nueva fase de acumulación, no ha tenido lugar.

9. El análisis de la economía mundial como totalidad incluye la dimensión de “las relaciones de los hombres con la naturaleza”. El capitalismo se ha comportado como si el planeta −tanto como conjunto de recursos no renovables y de espacios terrestres y marítimos a agotar, como biosfera que gobierna la reproducción de las sociedades humanas− pudiera soportar indefinidamente la intensidad de la explotación a que está sometido /20. La muy larga fase de crecimiento del PIB mundial ha sido también la de las emisiones de CO2.

La informatización, ¿estancamiento secular o límite infranqueable del capital?

Volvamos al tema de las dos barreras. En primer lugar, la que se refiere al movimiento de la tasa y de la masa de ganancia, es decir, de la plusvalía producida y realizada. Michel Husson publicó en junio de 2015 un estudio titulado “¿Estancamiento secular o crecimiento digital?” (http://hussonet.free.fr/ade122.pdf). En lo esencial estoy de acuerdo con lo que escribe, tanto más porque en el texto publicado por Inprecor me refiero a los mismos estudios estadounidenses, en particular los de Richard Gordon. Husson habla de la extrema polarización del debate estadounidense y examina los argumentos de quienes, a diferencia de Gordon, apuestan por el crecimiento digital, es decir las tecnologías que llevan cada vez más lejos la robotización. El análisis de Husson recurre a estadísticas y a cálculos que los economistas neo-clásicos no pueden contestar. Las relaciones estadísticas entre rentabilidad y productividad establecidas por Husson muestran que hasta mediados de los años 1980, la ralentización de las mejoras de productividad se traduce en una baja tendencial de la tasa de ganancia en las grandes economías. Después, durante la fase neoliberal, el capitalismo consigue restablecer la tasa de ganancia a pesar de una ralentización de las mejoras de productividad. Pero sólo lo pudo hacer a base de una reducción de la parte de los salarios en el valor añadido y por la puesta en marcha de diversos mecanismos que no eran sostenibles y que condujeron a la crisis/21.

Hoy en día se puede afirmar, sin gran riesgo de equivocarse, que el capitalismo no podrá recurrir a estos “mecanismos insostenibles” (sobre todo endeudamiento de los pequeñas y medianas empresas y de las economías domésticas), y constatar, por otra parte, que el recurso del capital a las tecnologías de automatización acentúa aún más el proceso, analizado por Mandel y Kurz, de reducción del volumen total del valor producido y del sobrevalor realizado” y de “producción efectiva insuficiente de sobrevalor. Husson cita los resultados de un estudio posterior al de Gordon /22. Muestra que cuando se pueden observar mejoras de productividad ligadas a las nuevas tecnologías son resultado de un descenso de la producción relativa [del sector considerado] y de un descenso aún más rápido del empleo. Por tanto es difícil, escribe Husson, conciliar estos descensos de producción con la idea de que la informatización y las nuevas tecnologías incorporadas en los nuevos equipamientos estén en el origen de una revolución de la productividad. Tal o cual empresa puede beneficiarse de mejoras de productividad en la industria y una parte de los servicios. “Pero, escribe Husson, las innovaciones necesitan inversiones, y éstas deben satisfacer el criterio de una rentabilidad elevada. Una figura diseñada por los economistas de la US Conference Board (uno de los lobbys de la patronal estadounidense) y publicada por Michael Roberts en su blog ilustra este proceso acumulativo de descenso combinado de la productividad del trabajo y de la inversión. La inversión en los TIC no se comporta de forma diferente a la de los otros sectores.

Hablar, siguiendo a Mandel y Kurz, de una situación de penuria creciente de plusvalía o sobrevalor debida al descenso conjunto del empleo y la inversión, facilita más el debate que la problemática de las causas y contra-causas del descenso de la tasa de ganancia. Más en concreto, habría que hacer los cálculos tanto sobre la masa de las ganancias como sobre la tasa y examinar el posible movimiento tendencial a la baja de esta masa bajo el doble efecto del descenso de la inversión y de su desvío robótico: algo que no hicieron Mandel o Kurz, ni a fortiori yo mismo. Esto permitiría apreciar si a medida que se profundiza la penuria de plusvalía y se vuelve estructural, lo que de partida se presenta como un “límite interno (inmanente) del capital” susceptible de ser superado temporalmente acabaría por volverse infranqueable.

Husson deja implícita la cuestión del descenso de la masa de plusvalía. Pero, al igual que señala Mandel en relación a las dificultades de gestión económica, social y política de la automatización por la burguesía, ésta “pone en cuestión la coherencia de las sociedades (paro masivo, polarización entre empleos cualificados y pequeñas chapuzas, etc.) y agrava una presión esencial, la de la “realización”. En efecto, hace falta que los mercados existan y aquí se cae en la contradicción fundamental de la automatización: ¿quién va a comprar las mercancías producidas por robots?/23. [Husson] hace referenbcia a un artículo de Mandel /24 donde hablaba de una sociedad dual: por un lado, quienes continúan participando en el proceso de producción capitalista y, por otro, quienes sobreviven “por cualquier medio distinto a la venta de su fuerza de trabajo: asistencia social, aumento de las actividades “independientes”, campesinos parcelarios o artesanos, vuelta al trabajo doméstico, comunidades “lúdicas”.

El carácter inmanente de la infranqueable barrera ecológica y climática

Se podría poner un interrogante al final del intertítulo anterior, pero no lo hago. Es posible que Robert y otros tengan razón al pensar que la barrera del descenso de la ganancia, en tasa y en masa, aún pueda ser superada por el capital, antes de alzarse de nuevo y muy pronto delante suya. Basta con consultar la entrada “Cambio Climático” en Wikipedia para que no sea así cuando los procesos retroactivos no datables, pero previsibles, se produzcan. La noción de barbarie, asociada por Mandel a las dos guerras mundiales y al Holocausto, se aplicará entonces a las consecuencias sociales del cambio climático. Uno de los primeros en plantear de manera general esta hipótesis sobre cuestiones medioambientales ha sido Mészáros:

En cierta medida, Marx ya era consciente del “problema ecológico”, es decir de los problemas de la ecología bajo la dominación del capital y de los peligros implícitos que ello provoca para la supervivencia humana. De hecho, fue el primero en conceptualizarlo. Habló de la contaminación e insistió en que la lógica del capital −que debe perseguir el beneficio, conforme a la auto-expansión y la acumulación− no puede tomar en consideración los valores humanos ni siquiera la supervivencia de la humanidad (…). Lo que no se puede encontrar en Marx, evidentemente, es una explicación de la extrema gravedad de la situación a la que hacemos frente. Para nosotros, la supervivencia de la humanidad es una cuestión urgente /25.

Por supervivencia de la humanidad hay que entender, desde luego, supervivencia de la “vida civilizada” tal como la seguimos entendiendo de manera general, y por tanto vaga, a partir de los resultados (las “adquisiciones” de la lucha de clases en Europa). Los humanos sobrevivirán, pero si el capitalismo no es derrocado, vivirán a nivel mundial en una sociedad del tipo de la descrita por Jack London en su gran novela “distrópica” (contra-utópica) El talón de hierro (1908).

La reflexión de Mészáros se apoya en los debates y las investigaciones teóricas llevadas a cabo en Estados Unidos, seguidos más tarde en los países de lengua francesa, a partir de la tesis de la segunda contradicción desarrollada por O’Connor. Para O’Connor, la primera contradicción, interna, sería la sobreacumulación y la sobreproducción, presentadas de manera “marxo-keynesiana”, y la segunda, externa, el descenso de la tasa de ganancia y de la tasa de acumulación inducidos por el coste creciente de las materias primas (parte “capital circulante” del capital constante) que podría llegar a provocar un fenómeno de “subproducción”. En la sección 6 de su innovador artículo (lanzado por la revista donde será redactor jefe) −”Capitalism, Nature, Socialism: A Theorerical Introduction”, Capitalism, Nature, Socialism, 1 (1): 11-38, 1988− defiende la idea de que aunque las cuestiones ambientales sólo encontrarán solución en el socialismo y deben formar parte del programa socialista (eco-socialista), el capital sería capaz de reconocer su movimiento destructor y el Estado de poner en marcha mecanismos de regulación. Incluso hace de las cuestiones ambientales el terreno de posibles compromisos de clase /26. O’Connor ha sido atacado, y con razón, sobre el primer punto. Y el libro de 2002 de Joel Kovel, El Enemigo de la naturaleza: ¿el fin del capitalismo o el fin del mundo? se ha convertido en el libro de referencia del eco-socialismo en lengua inglesa.

Hay que criticar a O’Connor /27 por la oposición entre “contradicción interna” y “contradicción externa” y la imposibilidad del capitalismo para modificar sus relaciones con el medio ambiente. La observación metodológica general más recogida de Marx sobre las relaciones de los hombres con la naturaleza viene de un texto poco leído hoy en día: Para producir, los hombres entran en relaciones determinadas los unos con los otros, y es en los límites de estas relaciones sociales donde se establece su acción sobre la naturaleza /28. Decir que las “relaciones sociales” en cuyo marco la sociedad mundial contemporánea dominada de parte a parte por el capital “establece su acción sobre la naturaleza”, que son las que oponen capital y trabajo, es proceder a una simplificación de la que Marx no se libra y que no basta para una comprensión de los retos actuales.

La definición pertinente es la de relaciones sociales regidas por la valorización sin fin del dinero convertido en capital en un movimiento marcado por la reducción del trabajo concreto en trabajo abstracto y la producción y venta de mercancías, también sin fin. En los Manuscritos de 1857-58, Marx escribía que el capital en tanto que representa la forma universal de la riqueza −el dinero− es la tendencia sin límite y sin medida de superar su propio límite. Si no, dejaría de ser capital, el dinero que se produce a sí mismo /29. Por tanto, necesita abrevar sin límites en las reservas terrestres de materias primas, de recursos del suelo y del subsuelo, a la espera de que en un momento dado alcance cada vez más gravemente a la biosfera y a los muy frágiles ecosistemas vinculados a ella. La explotación sin límites de la fuerza de trabajo comprada y la explotación sin límites y hasta el agotamiento de los recursos naturales −acompañados a partir de mediados del siglo 20 por modos de producir y de consumir que provocan el crecimiento exponencial de las emisiones de gas de efecto invernadero− van juntas. Están contenidas en la noción de capital y en la inseparable producción de mercancías, una parte de la cual es masiva y socialmente inútil. Y su producción material, es devoradora de recursos que no son o son difícilmente renovables así como fuertemente emisores de gases de efecto invernadero.

El mecanismo que conduce a la “sociedad de consumo” y su despilfarro insensato es el siguiente. Para que la auto-reproducción del capital sea efectiva, es preciso que el ciclo de valorización se cierre con “éxito”, por tanto que las mercancías fabricadas, la fuerza de trabajo comprada en el “mercado de trabajo” y utilizada de forma discrecional por las empresas en los lugares de producción, sean vendidas. Para que los accionistas estén satisfechos, hace falta que una vasta cantidad de mercancías que cristalizan el trabajo abstracto contenido en el valor, sean vertidas en el mercado. Para el capital, es absolutamente indiferente que estas mercancías representen realmente “cosas útiles” o que simplemente tengan la apariencia. Para el capital, la única “utilidad” es la que permite extraer beneficios y continuar el proceso de valorización sin fin, de manera que las empresas han llegado a dominar con la publicidad el arte de demostrar a quienes tienen poder de compra real o ficticio (crédito), que las mercancías que les proponen son ´”útiles”.

Las múltiples dimensiones de la catástrofe silenciosa de la era del “capitaloceno”

Daniel Tanuro ha utilizado la expresión “catástrofe silenciosa en marcha” antes de describir la multiplicidad de los efectos del cambio climático y de las innumerables degradaciones ecológicas en curso desde el período que se remonta a los años 1960 /30. Los efectos económicos y sociales de estos procesos se producen de forma desigual y diferenciada en el espacio mundial, planteando así una gran dificultad política. En un determinado momento la cuestión climática es “social”, en el sentido básico y radical de la destrucción de las condiciones eco-sistémicas de la reproducción en un número creciente de partes del mundo /31. Los efectos del cambio climático son ya desastrosos, entre otros, para los habitantes autóctonos del Ártico, de Groenlandia y del Himalaya, para los pastores del Este africano, los insulares de los pequeños estados del Pacífico, para las poblaciones rurales del delta del Ganges. Las primera poblaciones amenazadas son las que están más alejados y son menos “beneficiarias” de los mecanismos de derroche de la “sociedad de consumo”.

En los países del centro del sistema capitalista mundial las amenazas parecen todavía lejanas, pero hay fenómenos que golpean al imaginario social, al menos un poco. Las degradaciones ecológicas en curso incluyen lo que los científicos denominan la sexta gran extinción de las especies. El editorial del diario Le Monde del viernes 20 de enero de 2017, utilizó un lenguaje inusitado al hablar de la desaparición de los monos. Comienza por recordar que los primates son nuestra parientes más próximos, y continúa pero el apetito del hombre por los bienes del planeta no tiene límites. El editorialista escribe como conclusión que los científicos recomiendan establecer una gobernanza equitativa de los recursos (…) pero sobre todo producir mejor y consumir más razonablemente. Los humanos pueden seguir ignorando el mensaje de los científicos, pero con ello corren el riesgo de formar parte de las especies que desaparecen. No es “el hombre”, sino el capitalismo, quien tiene un apetito sin límites por los bienes del planeta. Jason Moore, al que cito en el texto publicado en Inprecor, tiene argumentos para sostener que el término “capitaloceno” debería ser utilizado en lugar de antropoceno para designar la nueva era geológica, en la que el hombre se ha convertido en una fuerza geofísica que transforma la biosfera hasta tal punto que la capacidad del planeta para acoger la vida está amenazada /32.

Qué implicaciones políticas, tal como las entiendo

Sólo la verdad es revolucionaria, escribía Gramsci en los años 1930: en un contexto muy, muy diferente del nuestro, puesto que a pesar del fascismo y el control logrado por Stalin en la URSS, la vía hacia la revolución todavía estaba abierta y la palabra socialismo conservaba todo su sentido. Este ya no es el caso. La bifurcación respecto a la dirección actual de la ruta por la que el capital arrastra a la humanidad dependerá exclusivamente de la lucha, por tanto del estado de las relaciones políticas de clase entre los trabajadores largo sensu y la burguesía (las “relaciones de fuerza”). Pero a nivel global son por ahora muy desfavorables a los primeros, aunque menos a nivel local, donde son posibles victorias, al menos temporales.

A los militantes se les debe explicar la situación histórica, de la que la mayoría es muy consciente, y decirles que en lo inmediato sólo pueden fiarse de las palabras de Marx citadas al final de mi libro y en el artículo publicado en Inprecor: que la única certidumbre es la necesidad de luchar. Después, informarles de manera que sepan poner por delante la cuestión de la propiedad, entendida como posesión de los medios de decidir y de actuar, en relación con todas las cuestiones en que está comprometido el movimiento anticapitalista. En fin, advertirles de manera que sepan defender la autoorganización en las luchas, aún cuando la organización del trabajo −la fragmentación de la que se ha hablado más arriba− hace aún más difícil que se puedan poner en pié formas como el comité de huelga elegido. En la juventud, los reflejos internacionalistas son fuertes y que hay que ayudar a que puedan expresarse. Hay una sed de conocimientos sobre las luchas de otros sitios, sus objetivos y sus métodos. Pero la lucha contra el racismo de Estado es el frente más esencial y principal.

En el terreno ecológico, Tanuro ha abierto buenas pistas que se desprenden del ecosocialismo. En primer lugar, explicar sin cansancio y en todas partes la gravedad de la situación y su causa. Hablar es ya actuar, es sembrar los gérmenes de la indispensable gran cólera. Después, pelear en todas partes contra los grandes proyectos de inversión: los nuevos aeropuertos, los nuevos oleoductos, las nuevas autopistas, las nuevas prospecciones, las nuevas minas, la nueva locura del gas de esquistos, los nuevos caprichos de los geo-ingenieros que sueñan con dotar a la Tierra de un termostato… que ellos controlarían. Movilizaciones como las de Notre-Dame de las Landas, o contra el oleoducto Keystone XL, o del parque Yasuni, son como cerrojos que les cierran el camino. Igualmente, apoyar todas las iniciativas alternativas colectivas, sociales y democráticas que hacen avanzar la idea de lo común, no mirar por arriba a los grupos de compra de productos locales de la agricultura orgánica y otras iniciativas que tienden a la soberanía alimentaria, por ejemplo. Pueden ser palancas de conciencia, en particular cuando organizan el diálogo y rompen por consiguiente la separación −generalizada por el capital− entre productores y consumidores, o cuando implican al movimiento sindical.

Las medidas preconizadas por Michel Husson al final de su estudio sobre el estancamiento, sobre todo el reparto de las horas de trabajo, están llenas de buen sentido. La cuestión es saber quién las pondrá en marcha y cómo se levantarán los medios de decidir y de actuar designando las formas de propiedad y de poder que asegurarán su concretización. Lo que queda de propiedad pública debe ser defendido con uñas y dientes. En el mismo movimiento, en el curso de múltiples movilizaciones a las que ya se ha aludido, se afirma concretamente una experiencia social y política colectiva. Esta última puede alimentar el diseño de una democracia efectiva, socializada que invalida, de facto, las simulaciones de una “democracia participativa” que coexisten con el poder destructivo y asfixiante de la propiedad privada estratégica.

Sembrar los gérmenes de la cólera −aunque sea dirigida contra el capitalismo realmente existente− y apoyarla cuando estalle en los numerosos ámbitos donde las desigualdades suscitan la indignación es, a la espera de que el horizonte se despeje, una tarea política cotidiana.

En otro tiempo nunca habría pensado terminar un artículo político de esta manera, pero ahí es donde estamos.

28/01/2017

Notas:

1/ Ver: http://www.vientosur.info/spip.php?article11569

2/ Durante más de dos años, militantes pertenecientes a los colectivos que publican A Contre-Courant, Carré Rouge y L’Emancipation sociale, o agrupados en torno a la revista A l’encontre, se reunieron a intervalos bastante regulares para trabajar en la cuestión de la actualidad del comunismo. Un proyecto de texto tipo “manifiesto”, Penser le socialisme, penser le communisme aujourd’hui, fue difundido entre ellos en vísperas de la reunión celebrada en mayo de 2006 en Nyon, Suiza. http://www.carre-rouge.org/spip.php?rubrique22 . También se puede encontrar un intercambio entre Alain Bihr y yo mismo.

3/ François Chesnais, La crise climatique va se combiner avec la crise du capital, Inprecor nº 541/542, setiembre-octubre 2008.

http://www.labreche.com/catalog/product_info.php?products_id =1943

4/ http://www.imf.org/external/pubs/ft/weo/2017/update/01

5/ Marx, El Capital, libro III, tomo 6. (Editions Sociales, Paris, pg. 263)

6/ Ibid. pg 260.

7/ Ibid. pg 262.

8/ Ernest Mandel, Introducción, en Karl Marx, Capital, libro III (Penguin 1981), pg. 78.

9/ Robert Kurz, “Théorie de Marx, crise et dépassement du capitalisme”, 2011, extraído de la entrevista realizada a modo de presentación del libro de Kurz, “Vies et mort du capitalismo. Chroniques de la crise” (Lignes, 2011) y publicado en la revista Archipel (Longo Maï), nº 203, mayo 2012. Kurz había presentado una primera formulación de sus tesis en 1991 en un libro no traducido al francés, El hundimiento de la modernización.

10/ John Bellamy Foster, “The Epochal Crisis – The Combined Capitalist Economic and Planetary Ecological Crisis”, Monthly Review, nº 65/5 (octubre 2013)

11/ Michael Roberts, The Long Depression. How it Happened, Why it Happened and What Happens Next, Haymarket Books, Chicago, Illinois, noviembre 2016, pg. 235 y 270.

12/ Ibid. Mandel p. 89.

13/ Ibid. Mandel p. 89-90.

14/ Estoy pensando sobre todo en el proceso presentado por Marx en el capítulo XXXII del primer libro de El Capital: Esta expropiación se realiza por el juego de las leyes inmanentes de la producción capitalista, que conducen a la concentración de capitales. Correlativamente a esta centralización, a la expropiación del gran número de capitalista por el pequeño número, se desarrollan a una escala siempre creciente la aplicación de la ciencia a la técnica, la explotación de la tierra con método y en conjunto, la transformación de la herramienta en instrumentos poderosos sólo para el uso común, partiendo la economía de los medios de producción, el entrelazamiento de todos los pueblos en la red del mercado mundial, por ello el carácter internacional impreso al régimen capitalista. A medida que disminuye el número de los potentados del capital que usurpan y monopolizan todas las ventajas de este período de evolución social, se acrecienta la miseria, la opresión, la esclavitud, la degradación,la explotación, pero también la resistencia de la clase obrera cada vez más grande y más disciplinada, unida y organizada por el mecanismo mismo de la producción capitalista. El monopolio del capital se convierte en un obstáculo para el modo de producción que ha crecido y prosperado con él y bajo sus auspicios. La socialización del trabajo y la centralización de sus resortes materiales llegan a un punto en que no pueden mantenerse en su envoltorio capitalista. Este envoltorio se rompe en pedazos. La hora de la propiedad capitalista ha sonado. Los expropiadores son a su vez expropiados”.

15/ En su último libro (Economie politique des capitalismes: Théorie de la régulation et des crisis, La Découverte, 2016) Robert Boyer no se pronuncia sobre la “Gran Recesión” estadounidense de 2008 y su extensión internacional. La lectura de su libro, sobre todo de las páginas 86-105, sugiere que se trata de la etapa más reciente de la crisis del régimen de acumulación y de la regulación fordista comenzada en 1974-1976, con las finanzas atacando a varias de sus formas institucionales esenciales. En su opinión, el régimen de crecimiento financiarizado ha sido todo lo más un “potencial sucesor del modelo de desarrollo fordista”. En cambio, otro libro regulacionista de Jacques Mazier, Mickäel Clevenot y Vincent Duwicquet (Quand les crises reviennent… [Cuando vuelven las crisis…], Economica, 2016) identifica la formación a favor de liberalización financiera de un régimen de crecimiento financiarizado, cuyos rasgos describe, sobre todo un cierre macroeconómico basado en un recurso creciente al endeudamiento y un modo de regulación muy singular hecho de una sucesión de pequeñas crisis financeras y de intervención de los bancos centrales. Esto conduce a los autores a analizar cuidadosamente la crisis de 2007-2008 bajo sus aspectos de crisis financiera. Sin embargo, dudan en cuanto a saber si se trata de “una ‘gran crisis’ que define el agotamiento del modo de regulación por medio de las crisis”, o a pesar de su amblitud, es todavía una “pequeña crisis”, puesto que “las finanzas como actor dominante del régimen de crecimiento no han sido cuestionadas”.

16/ Paul Mattick, Crises et théories des crises, Editions Champ Libre, París 1976, en su traducción francesa, pg. 48. Se apoya en observaciones de Engels.

17/ Jean-Marie Harribey, Michel Husson, Esther Jeffers, Frédéric Lemaire, Dominique Plihon, “Cette crise qui n’en finit pas… par ici la sortie”, Editions Les Liens qui Libèrent, 2017.

18/ Es el término utilizado por los autores de “Cette crise qui n’en finit pas… par ici la sortie” para hablar de los llamados países “emergentes”

19/ Esther Jeffers y Dominique Plihon, Le shadow banking system et la crise financière, la documentation française. Cahiers français, nº 375, junio 2013.

20/ Esto vale para el “socialismo real” durante los sesenta años de su existencia. Ver François Chesnais y Claude Serfati, “Les conditions physiques de la reproduction sociale”, en J-M Harribey y Michael Lowy (coord.), Capital contre nature, Actuel Marx Confrontation, Presses Universitaires de France, París, 2003.

21/ Michel Husson, “Stagnation séculaire ou croissance numérique”, Analyses et Documents Économiques, nº 122, junio 2016.

22/ Daron Acemoglu, David Autor, David Dorn, Gordon H. Hanson y Brenan Price (2014), “Return of the Solow Paradox?”, American Economic Review, vol. 104, nº 5, http://www.ddorn.net/papers/AADHP-SolowParadox.pdf.

23/ Michel Husson, Ibid. 2016.

24/ Ernest Mandel (1986), “Marx, la crise actuelle et l’avenir du travail humain”, Revue Quatrième Internationale, nº 20, mayo.

25/ Istvan Mészáros, The Alternative to Capital’s Social Order – From the “American Century” to the Crossroads Socialism or Barbarism, Monthly Review Press, New York, 2001, pg. 99.

26/ James O’Connor, “Capitalism, Nature, Socialism: A Theorerical Introduction”, Capitalism, Nature, Socialism, 1 (1): 11-38, 1988.

http:// www.columbia.edu/ Inp3/second_contradiction.htm.

27/ Jean-Marie Harribey ha hablado de esta contradicción como no “lógica; el capitalismo desarrolla las dos contradicciones conjuntamente −son por tanto internas a sí mismo”. “Marxisme écologique ou écologie politique marxienne”, Bidet J., Kouvélakis E. (bajo la dirección de), Dictionnaire Marx contemporain, Paris, PUF, Actuel Marx Confrontation, 2001, pg. 183-200. http://harribey.u-bordeaux4.fr/travaux/soutenabilite/marxisme-ecologique.pdf.

28/ Marx, Travail salarié et capital, Editions sociales, París, 1952, pg. 31. Retomo aquí un análisis que he desarrollado en mi capítulo del libro coordinado por Vincent Gary, Pistes pour un anticapitalisme vert, Syllepse 2010.

29/ Marx, Manuscrits de 1957-58, Editions Sociales, París, 1980, volumen I, pg. 273.

30/ http://www.inprecor.fr/article-CLIMAT-Face%20%C3%Ao%20l’urgence%20%C3%A9cologi que?id_1795.

31/ Ver François Chesnais y Claude Serfati, “Les conditions physiques de la reproduction sociale”, citado en la nota 19. En su trabajo de antropólogo, Maurice Godelier había hecho mucho antes de las condiciones de reproducción (y de no-reproducción) sistemas sociales, bajo la doble presión de sus estructuras internas y de su entorno ecológico, uno de sus campos de investigación, utilizando incluso el término ahora poco usado de ecosistema. Ver Maurice Godelier, Reproduction des écosystèmes et transformation des systèmes sociaux, Economie rurale, 1978, nº 124.

32/ Jason W. Moore, Capitalism in the Web of Life, Ecology and the Accumulation of Capital, Verso New York, 2015.



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