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Tribuna VIENTO SUR
El momento Podemos
03/02/2017 | Manuel Garí

Los medios de comunicación han encontrado en las disputas entre Iñigo Errejón y Pablo Iglesias una fuente inagotable para rellenar columnas y horas de emisión sin pizca de contenido: chismes, banalidades y chascarrillos. Todo ello avivado por el uso de las redes sociales y las cámaras por parte de los partidarios de uno y otro para ejercer una suerte del “y tú más” de los partidos del régimen del 78, pero esta vez no en sede parlamentaria sino en el gran foro de internet dónde se ha hecho un simulacro de debate interno sin objeto de debate. Estamos ante un caso de debate líquido –abusando una vez más de la expresión de Zygmunt Bauman- pero sobre todo hemos vivido un bochornoso espectáculo que en nada sirve ni a los intereses populares ni a la consolidación de Podemos como alternativa.

Fin del espectáculo, es la hora de la política

El primer paso que debe dar Podemos en su crecimiento y maduración es acabar con el adolescente “ombliguismo” que ha presidido la puesta en escena de sus debates. ¿Alguien cree que interesan realmente a los intereses de las clases subalternas? ¿De esta manera podemos ganar la confianza del electorado para presentar nuestra candidatura al gobierno? ¿Hablando de si mismo se elabora / presenta un proyecto de cambio con la profundidad e intensidad necesarios frente al “golpismo” de la oligarquía europea y española? Hay que poner fin al ensimismamiento y responder a las necesidades de la gente. Pero para lograrlo es preciso que cambiemos: seamos responsables, seamos serios y serias, seamos fraternales.

La responsabilidad y la seriedad en los argumentos, el trato solidario y fraternal entre compas y la práctica de la cooperación frente a la competencia en el seno de Podemos, se han convertido en criterios clave para discernir la actitud y la actuación de cada cual en Podemos. Y, desde mi punto de vista, cuando parecía que estaba en riesgo la misma celebración de la Asamblea Ciudadana Vistalegre II, ha sido Podemos en Movimiento, la candidatura animada por Anticapitalistas la que ha logrado salvar obstáculos y hacer propuestas que si bien no satisfacían a todas las partes, al menos permitían que todas las partes pudieran seguir remando hacia el 11 y 12 de febrero.

Podemos es demasiado necesario para la sociedad, para las clases trabajadoras, para quienes han sido sus electores y electoras y para quienes pese a todo siguen siendo sus militantes en los Círculos, como para poner en riesgo su existencia por disputas ininteligibles para el común de las gentes. Disputas cuyo trasfondo no se hace público y se viene dirimiendo en el seno de una élite muy reducida en la dirección de Podemos desde marzo de 2016 cuando se hizo evidente que la vía Vistalegre I había resultado, pese a los excelentes logros electorales, un fiasco para construir una nueva mayoría política, un gobierno alternativo y un partido vivo y empoderado.

En 2014 se teorizó que la excepcionalidad del momento exigía una máquina de guerra electoral jerarquizada donde primaba la eficiencia sobre la democracia, y en la práctica, al olvidarse de la correlación de fuerzas entre las clases sociales y la situación de postración de las subalternas, se acabó construyendo un aparato técnico con graves carencias políticas, con lagunas democráticas y poco eficiente.

A través de metáforas se mantuvo un “debate-no debate” estratégico sin estrategia pues ni se han explicitado objetivos, ni se ha propuesto un bloque político-social histórico alternativo capaz de generar una nueva hegemonía, ni construido un partido movimiento capaz de recoger las energías e imaginado un proyecto de sociedad por el que luchar. La imagen sustituyó al contenido, la postura de cada día a la táctica y se hizo de la táctica la estrategia. Se elevó a la categoría de rey al discurso y no hubo lugar para la propuesta. Estrategia carente de programa con el que construir; programa que diera sentido a la nueva alianza de los de abajo y que supusiera el compromiso firme de un gobierno dispuesto al cambio en profundidad.

No es casual que en todo este tiempo no se haya reflexionado colectivamente sobre la experiencia / fracaso / traición de Syriza. En el fondo lo que ha prevalecido es la falsa idea de que el discurso político prefigura la realidad y que por tanto que la política es un campo con total autonomía respecto a la realidad social (correlaciones, luchas, conflictos…) que queda subsumida en el mero juego de la política estrictamente electoral e institucional.

Pero además, y por suerte, Podemos no está solo en la labor de ganar a los que faltan y re-ilusionar a los que se fueron, están apareciendo nuevos sujetos políticos que no son “ideales” pero son los aliados con los que establecer vínculos sólidos. Con ritmos y características diferentes los vemos en los municipios, en Catalunya, en Euskadi y en la coalición Unidas Podemos.

Tras Vistalegre II va a ser imprescindible emprender los debates estratégicos y programáticos con estas fuerzas para evitar un cierre restauracionista del régimen, impulsar la movilización y la autorganización social frente a los ataques de la oligarquía y tener capacidad de plantar cara a los dictados de la Troika. Esto no se arregla con disputas sin sentido en torno a cuestiones internas, fundamentalmente vinculadas a las cuitas de poder en el seno de Podemos.

Por una nueva cultura política

Superar esta fase exige por una parte identificar realmente los problemas y reconocer el agotamiento del modelo de Vistalegre I y, por otra, no buscar cauterizaciones formales de las heridas, bien al contrario significa cambiar de cultura política en el seno de Podemos y en la relación de este con terceros, sean agentes políticos o sociales. Una nueva cultura política que acabe con la dialéctica amigo/enemigo (por cierto, tan querida por el jurista nazi Carl Schmitt) y pase de la aceptación pluralidad de facto (es una evidencia de la vida misma) a una concepción pluralista del funcionamiento. La aceptación de las diferencias es normalizar la vida política sin recurrir a falsas imágenes de la unidad en el silencio, lo que significa democratizar la vida interna de Podemos; o sea, construir órganos de dirección mediante sistema de votación proporcionales, impulsar la libre deliberación antes de la votación, articular la vida de los círculos en el seno de la organización para que sean un factor decisivo en la configuración de las decisiones.

Salir de la trampa organizativa de Vistalegre I significa descentralizar la organización, empoderar a las organizaciones territoriales –asunto particularmente importante dada la naturaleza del Estado español-, empoderar a los círculos y poner en su sitio (y al servicio de todo Podemos) ese enorme aparato concentrado en la calle Princesa de Madrid.

El correlato a lo anterior es considerar que Podemos no es el campo de batalla, que la batalla se da en la sociedad y que para ello se necesita un Podemos configurado como partido-movimiento que gaste su energía no hacia dentro sino hacia la fuera, hacia la sociedad, hacia quienes justifican su existencia: las gentes oprimidas, explotadas y vejadas.

Las diferentes candidaturas deberán responder a una batería básica de preguntas: ¿Cómo aumentar la conciencia del pueblo? ¿Cómo contribuir a su autorganización? ¿Para qué, con quién y cómo gobernar?¿Qué hacer si energéticas, banca, Comisión europea, FMI y demás conmilitones impiden la acción del gobierno en su programa de cambio?

Les invito a leer las principales propuestas que se debatirán en Vistalegre II. La de Podemos en Movimiento (equipo Teresa Rodríguez-Miguel Urbán) significa un giro de 180 grados en la deriva de Vistalegre I tanto en lo político como en lo organizativo y recuperar el aliento fundacional de Podemos inspirado por el 15 M; la de Podemos para todas (equipo Pablo Iglesias) es sumamente continuista si bien hace un aggiornamento y apunta elementos democratizadores en lo interno y una mayor beligerancia en el discurso frente a la oligarquía; y la de Recuperar la ilusión (Equipo Iñigo Errejón) supone en el fondo una reafirmación –no exenta de auto correcciones ante algunas evidencias- de la orientación política aprobada en Vistalegre I, si bien en lo organizativo plantea elementos democratizadores que corrigen los propios desmanes anteriores (compartidos por todos los dirigentes elegidos hace dos años) pero que orienta la nave Podemos hacia una homologación como fuerza institucional opositora en el marco del actual estado de cosas.

Es claro que la Asamblea Ciudadana esta vez va a tener que debatir. No nos queda otra.

3/02/2017

Manuel Gari es economista, militante de Anticapitalistas, miembro de Podemos y del Consejo Editorial de Viento Sur



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