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Central nuclear de Almaraz
De nuevo lo nuclear, de nuevo el peligro
03/02/2017 | Paca Blanco

El 4 de enero se celebró en Lisboa una conferencia Internacional organizada por el Movimiento Ibérico Antinuclear (MIA) que, desde su fundación en 2015, pretende poner en primer plano la cuestión nuclear, después de décadas en las que ha estado fuera del foco mediático pero también de las prioridades militantes de muchas organizaciones. No es casual, por supuesto: desde que se empezaran a construir las centrales en el estado español, ha habido diversos momentos de lucha antinuclear, y en estos momentos afrontamos otro ciclo fuerte, marcado por la caducidad de las centrales de nuestro estado – ya que muchas de ellas cumplen su fecha de obsolescencia en estos años o en los próximos.

El casus belli, esta vez, es el cierre de la central extremeña de Almaraz, que llega al final de su periodo de explotación en 2021. Mientras, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) da visto bueno a la construcción del Almacén Temporal Individual (ATI) – lo que abre la puerta a la prolongación de la explotación. En 2021 Almaraz cumplirá 40 años, después de alargar la explotación 10 años más de lo previsto, seguir sumando sería catastrófico. El Gobierno portugués ha exigido por carta y por vía diplomática a España que mantenga la fecha de cierre dando curso así a una iniciativa parlamentaria iniciada por el Bloco de Esquerda. Desde el MIA, que agrupa a unas 50 organizaciones ecologistas y ciudadanas de España y Portugal, hemos entendido desde el primer momento que esta es una batalla fundamental en la medida en la que pone en marcha las actuaciones para luchar contra la extensión de las centrales nucleares en el estado. Precisamente el primer acuerdo que tomó nuestra organización fue exigir el cierre escalonado de estas centrales y pedir a los partidos políticos su compromiso con esta lucha.

Se trata de un panorama que no es ajeno a la realidad energética internacional. No en vano, hasta hace pocos años, los gobiernos y las multinacionales energéticas esperaban construir cerca de 2000 nuevas centrales en el mundo, pero tan ambiciosos objetivos se han visto reducidos a 400 debido a los continuos accidentes. Mientras, en Portugal se produce mediante energía eólica el equivalente a lo que producen cinco centrales nucleares. Desmantelar la central nuclear es una oportunidad de crear empleo durante 15 a 20 años, para una zona con un alto índice de desempleo a pesar de tener dos reactores nucleares. El cupo energético daría la oportunidad de crear empleo poniendo en marcha plantaciones solares y aprovechando las subestaciones, a lo que podría sumarse la producción de biomasa. Esto, en una zona en la que cerca de doscientos municipios situados en el entorno de la frontera hispanolusa han constituido la primera cooperativa ibérica que comercializará energía eléctrica a ambos lados de la frontera.

El panorama, por lo tanto, es complejo para una industria, la energética, que obtiene pingües beneficios y que en nuestro país – y en los de nuestro entorno – dispone de un evidente apoyo por parte del gobierno. A día de hoy, hay cinco centrales nucleares en el estado español que cuentan con siete reactores. Y no en vano Almaraz es la que dispone de mayor potencia y debería ser la primera en cesar su actividad. Ahora, con la reducción de las expectativas de nuevos negocios en lo nuclear y la crisis energética y económica, parece evidente que la resistencia al cierre será fortísima y, por lo tanto, se abre un nuevo ciclo de lucha.

El horizonte de los conflictos es amplio, pero incorpora una fuerte campaña con la implicación de colectivos sociales y políticos a ambos lados de la frontera hispano-portuguesa y, sobre todo, un incremento de la presión popular. El primer punto de esta fase movilización llegó el pasado mes de junio, cuando más de 2.000 personas, convocados por organizaciones más de 40 organizaciones ecologistas y apoyados por figuras visibles de todo el espectro de la izquierda política y social, abarrataron las calles de Cáceres en una protesta sin precedentes en esta pequeña ciudad extremeña. El cierre de Almaraz es una reivindicación de los grupos ecologistas, tanto españoles como portugueses, que ya vieron como su actividad se prorrogaba diez años poco antes de que llegara la fecha prevista del cierre, en 2010. Pero además, Almaraz se ha convertido en un problema internacional, por eso han cruzado la frontera unos 600 portugueses para participar en la manifestación, acompañados por diputados de la Asamblea de la República. Y es que el Tajo tiene 3 centrales nucleares en su recorrido, con el evidente riesgo que conlleva para el abastecimiento de agua y las tierras del Alentejo portugués en caso de un eventual accidente. Dos vecinos, tradicionalmente con excelentes relaciones, se ven las caras por una central nuclear con la Comisión Europea como árbitro, ante la negativa del gobierno de Madrid a siquiera negociar el cierre, lo que ha producido la presentación de una queja formal contra España.

Distintas protestas ciudadanas han venido a sumarse a este conflicto: el 12 de Enero, activistas antinucleares se concentraron ante el Consulado de España en Lisboa, en lo que ha sido sólo el anticipo de otras concentraciones y que culminará con la Conferencia Internacional en Lisboa en la que se prevé una participación masiva. Es el momento de lanzar una campaña fuerte, y desde el MIA queremos transmitir la idea de que es necesaria una movilización de primer nivel contra una fuente de energía subvencionada indirectamente por el estado, cuyos residuos no podemos tratar y cuyo potencial destructivo es tan desmesurado como quepa imaginar. Almaraz ha sido motivo de denuncias tanto por parte de asociaciones antinucleares como por los inspectores del Consejo de Seguridad Nacional, quienes hace un año revelaron que había fallos potencialmente catastróficos en el sistema de refrigeración de la planta. Y no podemos olvidar que Cofrentes, Ascó, Garoña y Vandellós han sufrido distintos “incidentes”, que en el caso de esta última fueron ocultados por la empresa explotadora y acabaron obligando al cierre de la central. ¿Seguiremos comprando participaciones de esta lotería siniestra cuyo premio ya han probado en Chernobil o Fukushima?





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