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Corrupción en Israel
Poder, dinero, medios: los olores fétidos de la calle Balfour
31/01/2017 | Michael Warschawski

La opinión compartida por una mayoría de cronistas es que esta vez Netanyahu no logrará salir del aprieto, y que está cercano el fin de quien ha estado a la cabeza del gobierno más tiempo que todos sus predecesores, incluyendo David Ben Gurion. Lo desolador es que Netanyahu no esté en el banquillo de los acusados por las decenas de millones de dólares de comisión en la compra de submarinos alemanes que han ido al bolsillo de uno de sus amigos, sino por las (centenas de) miserable cajas de puros y cajas del champán rosa que le gustan a su mujer. Pobre Sara: ¡el champán rosa es tan hortera! Puros y champán, regalos de millonarios a los que el Primer Ministro israelí ha sabido pasar la mano por el lomo de cara a jugosos contratos, o para facilitar la obtención de una green card para hacer negocios en los Estados Unidos.

Tres primeros ministros sucesivos, tres corruptos: Ariel Sharon por el asunto de la “isla griega”, cuyos hijos aceptaron asumir la responsabilidad; Ehud Olmert por muy importantes sobornos (¡en sobres!) y que purga actualmente su pena en la prisión de Maasiyahu; y ahora Benjamin Netanyahu, de camino al tribunal, a menos que el Consejero jurídico del gobierno le arranque una salida dulce de la política a cambio de un sobreseimiento del asunto.

Decididamente huele a podrido en la calle Balfour. Hace unos meses, yo mismo publicaba en hebreo con el título “La cortina negra de la familia Netanyahu” unas líneas en las que describía la inmensa cortina negra que oculta la calle Balfour [Residencia oficial en Jerusalén del Primer Ministro. Ndt] de los ojos de la gente que pasa. “¿Qué quieren ocultarnos?”, me preguntaba, y con gran ingenuidad respondía que “esa cortina no oculta nada, sino que permite a la pareja Netanyahu no ver al pueblo, al que desprecian profundamente”. Gran error: ocultan no solo las cajas de puros y las cajas de champán rosa, sino sobre todo a los hombres de negocios locales e internacionales con los que el Primer Ministro -por unos meses aún- realiza negocios jugosos para los que la mayor parte de los medios no dudan ya en utilizar el término de corrupción.

Poder político/capital -una vieja pareja que, como he dicho, hemos visto cruzarse a menudo en la cúspide del Estado. Pero esta vez, la pareja deja su lugar a un trío, pues al poder político y al poder financiero se ha unido el poder mediático. La policía tiene las grabaciones de las conversaciones entre Netanyahu y Noni Moses, el patrón de Yediot Aharonot, el mayor diario local y de la página web YNet. En esas grabaciones, Moses promete limitar las críticas contra el compromiso de Netanyahu de reducir la difusión de su periodicucho gratuito “Israel hoy”. Se trataba ahí también de muy grandes cantidades de dinero, en particular por los ingresos de publicidad.

La corrupción existe, desgraciadamente, por todo el planeta, pero la recurrencia de los asuntos de corrupción en las más altas instancias del Estado hace que Israel se parezca más a una república bananera que a los países occidentales a los que nuestros dirigentes pretenden identificarse.

17/01/2017

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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