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La recuperación de la economía española
¿Un velo para ocultar problemas de fondo?
30/01/2017 | Daniel Albarracín

En este “país de países” arrastramos cuanto menos desde la Transición un viejo simplismo ideológico, fundado en la escisión artificial entre lo económico y lo político. Desde entonces se optó por dividir conceptual y prácticamente ambas esferas. Se facilitaron reformas que podrían conducir al aperturismo democrático y las libertades públicas, a cambio, ni que decir tiene, de fuertes renuncias materiales para las clases populares y trabajadoras, en materia de salarios, condiciones laborales y mayor racionalización económica. Las fuerzas políticas se dedicaron a tomar las instituciones y las sindicales a negociar en el ámbito laboral. Desde ahí, se produjo un largo retroceso en la influencia de las clases populares en cuanto a sus condiciones de vida materiales. Reestructuraciones, salarios contenidos e inestabilidad laboral llegaron a continuación. Más tarde, la resistencia y la respuesta apareció de nuevo, primero en el campo de los movimientos sociales y tras conmociones de alcance internacional, con el movimiento antiglobalización de los 2000, las primaveras y el 15-M de 2011. Se formaron después nuevas herramientas políticas hoy en el centro de la escena y que siguen despertando enormes expectativas.

Este tipo de aproximación ha conducido a dos excesos: el economicismo, entendiendo tal cosa como una maquinaria técnica que sólo cabe gestionar y de cuyos resultados se derivan los comportamientos sociales y políticos; y el politicismo, que piensa que basta con invocar meramente al discurso para conducir a las mayorías. Ni la realidad social, histórica y política son fruto de ninguna ley exacta universal, ni los sujetos están al margen de sus realidades materiales. Más bien, debemos entender, que los sujetos intervienen en su propia experiencia desde un punto de partida que no eligen, pero cuyo destino colectivo no está predeterminado y se construye. La relación con los recursos y el entorno, las formas de producir y distribuir, el modo de vida, representan el material central del debate político por antonomasia.

El régimen, aunque en entredicho, sigue reproduciendo el esquema vulgar del economicismo, confiándolo todo a una recuperación económica para recuperar adeptos. Por nuestro lado, huyendo de cierto miserabilismo que piensa que sólo es posible avanzar en medio de la desesperación, pensamos que un ciclo como este facilita las condiciones para la autoorganización popular y el avance de nuevas ideas, tal y como se experimentó en ciclos económicos positivos (el ciclo del 68, el movimiento contra el capitalismo global a comienzos de los 2000, etc…). La cuestión de contar con “los que faltan” debe consistir tanto en organizar a los que se indignaron -y que reflexionaron sobre la experiencia colectiva para llegar a conclusiones de que es necesario cambiar-, como en tratar de dialogar con el sentido común mayoritario, para interpretar lo que nos sucede y construir juntos un proyecto de sociedad que acabe con las causas de la injusticia.

Las frágiles bases de la recuperación actual

La economía española ha crecido un 3,2% el año pasado, por encima del entorno europeo. Ahora bien, el nivel del PIB aún no ha alcanzado el nivel de producción de 2008. La recuperación comenzó en 2014, y tuvo su momento álgido en 2015. Ya se empieza a desinflar. La recuperación, será probablemente corta. La inversión se aceleró rápido en 2014 y 2015 pero pronto ha perdido ritmo y está a distancia de los niveles de anterior a la crisis. La rentabilidad efectiva, tras desplomarse en el periodo recesivo, se ha recuperado muy tímidamente.

Fuente: Banco de España

Entonces, ¿qué ha ocasionado esta recuperación?. ¿Hasta qué punto es importante?.

La economía describe ondas largas y ciclos, no es lineal. Se ha producido un efecto rebote del ciclo industrial tras lo que fue una fuerte recesión del ciclo 2008-2013. La desaparición de empresas y empleos, ha causado un fuerte ajuste, y las empresas supervivientes ocupan los mercados con menos competencia, observándose una fuerte concentración empresarial.

Las relaciones económicas con el exterior han mejorado en este contexto, arrojando una capacidad de financiación positiva, con una cuenta corriente y de capital positivas. El sector turístico se ha comportado muy positivamente. Debe destacarse que la exportación manufacturera ha tenido también un buen comportamiento. La economía española se ha beneficiado del efecto de arrastre de la exportación, especialmente con la automoción. Nuestra industria es auxiliar de la centroeuropa que, sin crecer fuerte (1,9 %), disfruta de un Sistema Euro, algo que le permitió trasladar parte de la crisis a la periferia europea. Un centro europeo que sigue ostentando el control de las fases estratégicas de la industria y la cadena de valor (finanzas, ingeniería, distribución comercial).

Se produjo una relajación de los recortes en el periodo electoral y de gobierno en funciones en 2016.

Atravesamos una caída coyuntural de los precios del petróleo (cuyo motivo fundamental es la mayor oferta ocasionada por EE UU y la extensión del fracking), que han abaratado los costes de producción.

Por otro lado, se ha dado un abaratamiento de los costes financieros a las empresas debido a la política del BCE, mediante la flexibilidad cuantitativa y la compra de activos facilitando tipos de interés reales negativos, eso sí reservados a empresas industriales y financieras, y no para nadie más.

El capital ha operado para recuperar sus beneficios mediante una depresión salarial y cierta creación de empleo inestable, que ha hecho bajar el desempleo por debajo del 19 %, merced a las ventajas arrebatadas con sucesivas reformas laborales, y el poder de negociación que ofrece los altos niveles de paro. La tasa de temporalidad sigue en el 27 % y el empleo indefinido no consigue ser duradero. El peso de las remuneraciones de las y los asalariados en la renta nacional bruta ha pasado del 51,6 % a tan sólo el 47,6 %, entre 2008 y 2015, lo que supone un ascenso del peso del excedente empresarial en la renta nacional. Los salarios, que han sufrido en todo el periodo de recesión, en esta recuperación se han mantenido estancados y evolucionando en casi todo momento por debajo de la productividad. La eficacia de los salarios pactados en convenio (1,1 %) para que se trasladen a los salarios reales pierde fuelle como referencia al desuniversalizarse la negociación colectiva.

Sin embargo, estos elementos que explican la recuperación encierran su propia condena, por las siguientes razones.

• El ciclo se encuentra en una onda larga declinante, de ciclos industriales cortos, desde los años 70. Apenas se cuenta con una tasa de beneficio efectiva del 2,1 % (en el periodo anterior a la gran recesión superaba el 10 %), según datos del Banco de España.

• La aplicación del Informe de los 5 Presidentes en la UE, los nuevos recortes que van a venir, junto con más impuestos, la ausencia de mecanismos compensadores en Europa, y la falta de redistribución, siguen estableciendo políticas de austeridad social en un contexto de generosidad con las empresas, mediante favores al sector bancario y el apoyo a las empresas energéticas, que mantienen el curso de la conversión de la deuda privada en pública.

• El factor de abaratamiento de costes en materias primas y financieros ha permitido un relativo desendeudamiento privado en España, como relativa excepción internacional, que, sin embargo, mantiene los niveles de deuda en porcentajes explosivos si hubiese una nueva recesión. La deuda global, no obstante, sigue en niveles muy altos, un 304 % en 2016 (un 322 % en 2015), y el sector público arrastra una deuda del 100 % del PIB. Con todo, la losa de la deuda sigue impidiendo cualquier lanzamiento de la inversión, porque los excedentes obtenidos se dedican principalmente a honrarla.

• Debemos tomar en cuenta que el abaratamiento del petróleo no se prevé que sea muy prolongado, aunque esto está en duda con la política fosilista de Trump que podría ir más lejos, extrayendo yacimientos más arriesgados medioambientalmente si cabe.

• No sabemos por cuánto tiempo durará la política actual del BCE. En Japón se ha sostenido una política similar durante más de dos décadas. Pero lo que resulta evidente es que esta política no es capaz de animar vigorosamente la inversión y las expectativas son que no durará eternamente.

• La política del capital consigue retrasar los procesos de desvalorización de activos de las grandes empresas y lo que, en otros términos, se denomina capital ficticio. Pero este factor obstaculiza cualquier recuperación fuerte.

• Por eso, parece que la opción que puede profundizarse, dado que las tasas de beneficio y los mercados se reactivan muy débilmente, consiste, para los de arriba, en seguir agrediendo al mundo del trabajo y a los derechos sociales, potenciando una política de Estado que blinde los privilegios de las grandes empresas y, especialmente, al sistema financiero privado.

Perspectivas políticas para otra economía y otra sociedad

De tal manera que, cualquier perspectiva que nos haga pensar que lo peor ya pasó o se equivocaría o nos engañaría. Las tentaciones de un posible triunfalismo de los que gobiernan, o una interpretación política que conduzca a sugerir una moderación de nuestras aspiraciones de cambio, sería un craso error.

Muy al contrario, se abre un ciclo político en el que seguir cuestionando el modo de vida existente, las relaciones que mantiene la sociedad con nuestro entorno natural, cómo disponemos de nuestro tiempo y cómo tomamos nuestras decisiones colectivas, resulta crucial. No podemos apelar al miserabilismo, sino interpelar a la reflexión, la autoorganización y la propuesta superadora. No es cierto aquello de que cuanto peor mejor, más bien al contrario. La autoorganización popular es más consistente cuando la respuesta dada no es fruto de la desesperación sino del debate y crítica colectivos, la perspectiva práctica y alternativa que se pueden derivar de ello, esto es, del noble arte de la política bien entendida. Y no es cierto que cuanto “más recuperación” la gente se contenta más, porque esa recuperación es la de los beneficios o privilegios de unos pocos contra la vida y el trabajo de todos los demás, no es para todas los grupos sociales, y el modelo de producción que se ofrece tiene serios impactos contra la bioesfera y el clima.

Por estas razones, debemos abordar la cuestión de la centralidad del tablero político entendiendo que este se dibuja en un mapa irregular, donde los polos gravitatorios se separan del centro. Un mapa que hay que habitar dando respuesta a las demandas y aspiraciones de la mayoría social, de las clases trabajadoras, en clave de construcción de propuestas políticas emancipatorias y democráticas abordando las causas de los problemas de las mayorías trabajadoras. Esto es, yendo a la raíz de los mismos.

Eso supone cuestionar la arquitectura institucional de la UE; las políticas de austeridad social y rescate permanente del sistema bancario que, combinadas, conducen a una conversión de la deuda privada en pública; implica abordar la cuestión de los sectores estratégicos que debieran reservarse al ámbito público para darles una orientación democrática, social y sostenible ecológicamente; abrir las puertas a la democracia en el espacio del trabajo, para garantizar el derecho a una vida y un empleo digno, estable y mejor pagado, con la reducción y reparto del tiempo de trabajo y el protagonismo de los y las trabajadoras en la producción (y en la reproducción de la vida) como bandera; en un contexto social donde todos los trabajos socialmente útiles se vean reconocidos, extendiendo los servicios públicos, las libertades y derechos sociales de y para todas las personas.

30/01/2017

Daniel Albarracín Economista y sociólogo. Asesor en el Parlamento Europeo con EuroPodemos y del Consejo Asesor de VIENTO SUR

http://blogs.publico.es/dominiopublico/19214/la-recuperacion-de-la-economia-espanola-un-velo-fugaz-para-las-cuestiones-de-fondo/

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