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México
¿“Gasolinazo” o la génesis de una revolución?
19/01/2017 | Aleksandro Palomo Garrido

La impopular medida supone incrementos en el costo de la gasolina de hasta un 20%. El gobierno se tambalea mientras las protestas aumentan y la situación económica empeora cada día.

Lo anunciaron un par de días después de Navidad y entró en vigor el 1 de enero de 2017. Conforme pasa el tiempo está generando más protestas y descontento en la población. Se han organizado manifestaciones y bloqueos de carreteras. Aprovechando el caos se han producido saqueos en gasolineras y comercios. Hasta el momento, los estados más afectados por el desorden son los de Chihuahua, Morelos, Durango, Michoacán, Hidalgo, Veracruz y el Estado de México.

El motivo de todo este caos es la subida por decreto del precio de los combustibles. La impopular medida supone incrementos en el costo de la gasolina de hasta un 20% y el mayor incremento en el precio de los combustibles en México en casi 20 años. Debido al alza del precio, la gasolina en el segundo país con más petróleo de América Latina (solo por debajo de Venezuela) será más cara que en EEUU. ¿A qué se debe esta espectacular subida del precio decretada por el gobierno de Enrique Peña Nieto (PRI)? Paradójicamente, la intervención del gobierno busca favorecer el libre mercado.

Causas del gasolinazo

El incremento del precio de los combustibles en vigor forma parte de los pasos previos necesarios para la desregulación de los precios y la liberalización del mercado energético. Esta liberalización es parte de lo que el gobierno nombró con pompa y circunstancia como la “Reforma Energética”. Esta reforma fue una de las banderas del mandatario mexicano y fue aprobada en diciembre de 2013. La liberalización abría al mercado la explotación de hidrocarburos y electricidad, que hasta entonces había estado en manos de empresas públicas.

En realidad, la liberalización ya había sido intentada por el anterior gobierno de Enrique Calderón (PAN), pero finalmente se echó atrás por la alta impopularidad que generaba. Aparte de las consecuencias económicas, como las que ahora padece el consumidor mexicano, existían emotividades históricas y nacionales. El petróleo fue nacionalizado en 1938 por el gobierno, después de que las compañías estadounidenses se apoderaran de su propiedad y México tuviera que importar petróleo mexicano de EEUU.

En esta ocasión, el PRI, el mismo partido que nacionalizó el petróleo en el pasado siglo, lo privatizó casi 100 años después. Si el gobierno del PAN no fue capaz, el del PRI fue más hábil a la hora de captar apoyos políticos. El PRI y el PAN, los dos partidos mayoritarios, votaron a favor de la Reforma junto con diversos apoyos.

Para mitigar la impopularidad de la medida, se lanzó una intensa campaña mediática que generó en la población la expectativa de que con la liberalización se reducirían los precios de los combustibles. El propio presidente lo aseguró en 2015 y lo volvió a decir el año pasado: “En México bajará el precio del combustible y la energía será más barata”. Estas afirmaciones de Peña Nieto están siendo recordadas por los ciudadanos estos días. Ya que no hay nada más lejos de la realidad. Desde que Peña Nieto accedió al gobierno, la gasolina más consumida por los mexicanos ha incrementado su precio un 48%.

La subida del precio de los combustibles por decreto forma parte de un ajuste de precios encubierto. La entrada de las compañías privadas en el negocio está prevista para 2018. Antes de esa fecha, que además es año de elecciones presidenciales, el gobierno precisaba ajustar al alza el precio de los combustibles. Hasta ahora, el precio de los combustibles en México era un precio establecido por una compañía pública, PEMEX, que no buscaba el beneficio económico. Por tanto, el precio era sustancialmente bajo y casi a nivel de coste.

Por el contrario, las compañías privadas que van a entrar a competir en ese mercado sí que buscan el beneficio económico. Lógicamente, no podrían obtenerlo partiendo de un precio equivalente a los costes de producción. Por tanto, era preciso elevar el precio hasta un nivel que asegure un margen de beneficios para las compañías privadas. Ese margen de beneficios del 20% coincide con la subida decretada por el gobierno. En conclusión, la subida de precios de los combustibles es una consecuencia directa de la Reforma Energética, ya que si no se elevan los precios no habrá margen de beneficios para las compañías privadas y esto ahuyentaría la inversión extranjera en el sector.

No es la reforma, dice el gobierno

Tras estallar la bomba, todos los defensores de la Reforma Energética se han apresurado a desmentir que la subida de precios sea una consecuencia directa de ésta. El gobierno y su aparato mediático están defendiendo que la subida de precios se debe a las circunstancias del mercado y no a la Reforma Energética. Sin embargo, parece una tarea tan inútil como intentar tapar el sol con un dedo. El aumento del precio de los combustibles ha ensuciado la credibilidad en la Reforma Energética y ha dejado al gobierno en una posición incómoda.

“Es una medida responsable, difícil, que nos hubiera gustado no tener que tomar”, pero “cuida las finanzas públicas” dicen desde el gobierno. De haber mantenido el precio bajo, hubiera significado más impuestos, más deuda o recortes de gastos públicos importantes, amenazan desde el gobierno de Peña Nieto. El gobierno saca sus cuentas y dice que entre 2006 y 2014, los recursos que el gobierno empleó para subsidiar el precio de la gasolina ascendieron a 1,1 billones de pesos (unos 53.000 millones de dólares).

Sin embargo, estas cuentas no quedan tan claras. Sobre todo, si tenemos en cuenta que el 36% del costo de un litro de combustible corresponde a impuestos que van al fisco, por lo cual es una fuente importante de ingresos para las arcas públicas. El otro argumento empleado por el gobierno son las pérdidas económicas que genera la empresa pública petrolera, PEMEX. En realidad, dichas pérdidas no eran tan grandes, como quería hacer ver el gobierno, hasta que se aprobó la Reforma Energética.

Antes de la Reforma Energética, las pérdidas de PEMEX se debían a una pésima gestión y a la falta de inversión en la compañía. Ambas circunstancias son responsabilidad directa del gobierno, que ha permitido la incompetencia de los gestores de PEMEX y no ha saneado la empresa para buscar su rentabilidad. Lo cual alimenta la suspicacia, que desde el gobierno han dejado morir a la empresa pública intencionadamente.

Consecuencias económicas

Durante lo que va de siglo, México ha formado parte del grupo de las potencias emergentes. Países con un alto crecimiento económico, que a pesar de la crisis de 2008, han crecido por encima del 3% en promedio anual. Sin embargo, es un misterio descubrir a donde ha ido a parar toda esa riqueza. Mientras en otras potencias emergentes, como China, se ha elevado considerablemente el nivel de vida de la población, en México ha ocurrido lo contrario. Desde el mandato de Calderón (2006-2012) y hasta el de Peña Nieto (2012-?) la pobreza no sólo no ha bajado, sino que se ha incrementado y afecta en la actualidad a 55,3 millones de personas, el 46,2% de la población.

A este panorama hay que añadir las consecuencias económicas del gasolinazo. Vamos a esbozar las más inmediatas y que van a notar la mayoría de los mexicanos. Las consecuencias para las familias no van a tardar en sentirse y se resumen en un aumento en el costo de vida y por lo tanto un menor nivel de bienestar. Los conductores tendrán que desembolsar más dinero para llenar el tanque de gasolina. Por sí sola, esta consecuencia ya reviste suficiente gravedad en un país, que es el cuarto mayor consumidor por persona de combustible (190 millones de litros al día). Debido a este elevado consumo y a los bajos salarios, los mexicanos, ya antes del gasolinazo, eran los que más porcentaje de su ingreso anual (3,5%) destinaban al gasto en combustibles en todo el mundo/1.

También, se producirá un aumento en las tarifas del transporte público que repercutirá en los usuarios. Otro efecto más indirecto y menos evidente será el aumento de los precios de todos los productos que precisan ser transportados hasta el mercado. Al aumentar los costes de transporte, ese sobrecoste se trasladará al precio final del producto. El aumento de los precios de los productos se traducirá en un aumento de la inflación. El Banco de México intentará controlar la inflación elevando los tipos de interés y esto repercutirá en el sistema crediticio. Los costes financieros aumentarán perjudicando sobre todo a los hipotecados y prestatarios.

El “trumpazo”

A la precaria situación interna hay que sumar factores externos que ponen a la economía mexicana al borde del precipicio. La llegada de Trump al poder en Estados Unidos ha desatado un huracán sobre México. Las amenazas del republicano de renegociar el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (ALCA) y de construir un muro en la frontera entre ambos países y obligar a México a pagarlo, han caído como aceite hirviendo sobre la cabeza de los mexicanos.

La dependencia comercial de México de su vecino del norte, tan conveniente durante toda la globalización, sitúa ahora a la economía mexicana en un callejón sin salida. Si Trump cumple su amenaza, los productos mexicanos tendrían problemas para llegar hasta el mercado estadounidense. De igual forma, las remesas de los emigrantes mexicanos, que son la tercera fuente de ingresos del país, podrían encontrarse también con dificultades para ingresar en México.

Las temidas dificultades para exportar a Estados Unidos han ahuyentado las inversiones en México. Numerosas compañías que pensaban instalarse en México han rectificado sus planes y es más que posible, que algunas que ya estaban instaladas decidan marcharse. A los productores en su retirada les acompañan los financieros, que están protagonizando una incesante fuga de capitales.

El primer efecto inmediato de todo este maremoto ha sido el desplome del peso mexicano. Los grandes poseedores de la divisa mexicana temen la pérdida de valor del peso mexicano y lo están sacando a los mercados de forma masiva, provocando un aumento de oferta que empuja su valor a la baja. La caída del peso está encareciendo las importaciones y está ejerciendo una presión al alza sobre los precios y la inflación.

Panorama político

A la difícil situación económica, se une una delicada situación política. La gran mayoría de los mexicanos desaprueban la labor del presidente Peña Nieto. Apenas dos de cada diez mexicanos aprobaban su gestión antes del gasolinazo. Era la cifra más alta de impopularidad para un presidente mexicano desde 1995. Después del gasolinazo lo más probable es que su popularidad haya descendido más todavía.

Los principales problemas, junto con la situación económica, que han limado la credibilidad en el gobierno, han sido la rampante corrupción y la inseguridad en el país. En el caso de la corrupción, es bastante ilustrativo el hecho de que hasta el momento hay seis gobernadores de Estados mexicanos que encaran serias causas judiciales por corrupción (dos de ellos están prófugos de la justicia).

En materia de seguridad, aunque el gobierno defienda lo logrado, la realidad es que la estrategia de seguridad no da sus frutos y México se continúa desangrando. Las cifras así lo demuestran. Los homicidios van en aumento y ahora se cometen en México casi 60 al día. De mantenerse este promedio, el mandato de Peña Nieto será el más violento desde que comenzó la guerra contra el narco en 2006. Y eso no es decir poco en un país que acumula en la última década casi 30.000 desaparecidos y más de 120.000 muertos. Por si esto fuera poco, el caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, el 26 de septiembre de 2014, dejó la imagen, dentro y fuera del país, de que es el propio Estado el que termina involucrado en la orgía de asesinatos.

Todos estos problemas deben ser afrontados por un gobierno en el que nadie confía y al que todavía le quedan dos años de mandato. El adelanto de elecciones es un mecanismo no empleado en el sistema político mexicano, aunque parece un período de tiempo demasiado largo para un gobierno moribundo. Hay que tener en cuenta que los desafíos que tendrá que enfrentar este gobierno son colosales.

El gobierno de Peña Nieto, herido de muerte, tendrá que hacer frente a la “tempestad Trump” en un estado de debilidad extrema. Si planta cara al mandatario estadounidense, caerán todas sus furias sobre México complicando la situación económica. Si se pliega a las exigencias de Trump, el coste de la crisis estadounidense caerá sobre México y el sentimiento nacionalista del pueblo mexicano estallará colocando al gobierno en la picota. Parece más probable el segundo escenario. Por lo que habrá que estar atentos al surgimiento de un movimiento nacionalista en México que protagonice el escenario político en los próximos años.

Aleksandro Palomo Garrido. Profesor en la Universidad de Colima (México)

Notas

1/ BBC Mundo. http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-38514442. (8/1/17).



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