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Líbano. Oriente Medio
Hezbolá, una fuerza contrarrevolucionaria
19/01/2017 | Joseph Daher

Partido político y militar nacido en la comunidad chiita de Líbano, Hezbolá ha sido considerado mucho tiempo por sectores de extrema izquierda como una fuerza plebeya y antiimperialista. En dirección contraria a estas interpretaciones, el autor analiza aquí la composición social y los intereses de clase -cada vez más claramente burgueses- que defiende Hezbolá, así como su papel contrarrevolucionario tanto en Líbano como en la guerra de Siria, al lado de régimen de Assad /1.

A pesar de sus raíces en los barrios de las poblaciones chiitas pobres de Líbano, Hezbolá se ha convertido en un partido cuyos miembros y cuadros reflejan cada vez más la fracción chiita de la clase media y de la burguesía ascendente -en particular en Beirut. En sus suburbios del sur, numerosos miembros de las familias más ricas y la mayor parte de los comerciantes han sido integrados en el seno de esta organización, mientras que las actividades y las instituciones del partido (en particular las ligadas al turismo y al ocio) responden a las necesidades y proporcionan servicios a los chiitas de la clase media.

Esta transformación se refleja en el perfil de los cuadros del partido, que no están ya compuestos por religiosos provenientes generalmente de los medios de la clase media baja, como lo eran en el momento de su fundación en 1985, sino que ahora provienen en gran medida de una clase profesional que tiene titulación universitaria “secular” (no religiosa).

La implantación en las asociaciones profesionales

El peso creciente de los militantes en las asociaciones profesionales ilustra esta transición. El colegio de ingenieros y de arquitectos, por ejemplo, ha estado dominado por Hezbolá desde 2008, cuando el partido logró la mayor parte de los votos en las elecciones de la corporación. Hezbolá estima que al menos 1300 ingenieros estaban afiliados en 2006. Este elevado número de ingenieros está ligado en particular a la reconstrucción del Sur y de Dahyeh [barriada del sur de Beirut] como consecuencia de los diferentes conflictos armados, sobre todo tras el fin de la guerra civil, la guerra y de 2006 y el desarrollo de proyectos inmobiliarios que siguieron.

En el seno del colegio de médicos, Hezbolá estaba presente en la lista victoriosa en las elecciones de 2013. Igualmente, en la asociación libanesa de dentistas, el vicepresidente Muhammad Kataya está apoyado por Hezbolá. En lo que se refiere al colegio de farmacéuticos libaneses, que cuenta con 7000 miembros inscritos, un representante de Hezbolá ha estado a punto de llegar a la dirección en las elecciones de 2012 -perdiendo por solo 131 votos frente a un candidato apoyado por la “Corriente del futuro” [principal partido de la mayoría parlamentaria]. La única excepción a esta tendencia es el Colegio de Abogados en el que, a pesar de un número creciente de afiliados y de una puesta en cuestión creciente de la dirección controlada por el movimiento Amal, Hezbolá no ha logrado aún hacerse dominante.

Los dirigentes políticos de Hezbolá han salido generalmente de capas instruidas y prósperas de la comunidad chiita. Así, en las elecciones nacionales de 2009, cinco de sus diez diputados elegidos habían obtenido un doctorado y al menos otros cuatro estaban trabajando en empresas libanesas de primer rango. El más antiguo diputado del partido en el Parlamento, Ali Ammar, viene de una de las familias más ricas de Burj Al-Barajneh. A nivel municipal, encontramos de nuevo estas características con candidatos elegidos entre las familias chiitas más poderosas, como Al-Khansa, Kazma, Kanj, Kumati, Farhat, Rahhal y Slim.

¿Y los apoyos y simpatizantes de la organización? Judith Palmer Harik, profesor de la Universidad Americana de Beirut, ha examinado la diversidad social de la base de Hezbolá. Ha constatado que a partir de mediados de los años 1990, sus partidarios podían ser encontrados en todas las clases sociales, y no estaban ya limitados en su mayoría a las capas piadosas más pobres de la población chiita. Esta tendencia a la diversificación ha continuado durante los años 2000, como queda indicado por los resultados muy elevados del partido en las elecciones legislativas de 2009 en las zonas chiitas que no son tradicionalmente las más pobres, como Nabatiyeh y Jbeil. En una entrevista realizada para este artículo, Abd Al-Halim Fadlallah, director del Centro Consultivo de Estudios y Documentación, un centro de investigaciones afiliado a Hezbolá, ha confirmado también que un gran número de jóvenes de las clases medias y superiores de la población chiita apoyan (o se han sumado) al partido,incluso entre las élites tribales del valle de la Bekaa, tradicionalmente opuestas a la organización.

Otro ejemplo, la evolución de la base social de Hezbolá se traduce en los muy elevados gastos de escolaridad requeridos para inscribirse en las escuelas de la red al-Mustafa, controladas por el número dos del partido, Naim Qassem. Según Catherine Le Thoms, estas escuelas están dirigidas a los hijos de los miembros de la dirección, así como a las fracciones superiores y clases medias de la población chiita. La escuela al-Bathoul, una escuela de chicas que forma parte de la red al-Mustafá, tiene gastos de matrícula anuales del orden de 1600 dólares, una suma inabordable para la mayoría de los libaneses. C. Le Thomas concluye que “la red de escuelas de Al-Mustafá, que se puede considerar que forma parte de la categoría superior de las escuelas de Hezbolá, proporciona un servicio a la clase chiita rica y propaga la ideología política del partido bajo la supervisión de Naim Qassem /2”.

Otras instituciones afiliadas se orientan igualmente hacia esas capas más acomodadas de la población chiita. El hospital Rasul Al-Azam es un ejemplo de ello. Su página web afirma: “Es cierto que la atención médica es un servicio básico, pero la dirección administrativa no olvida proporcionar los mejores servicios hoteleros a sus pacientes teniendo dos alas VIP y dos alas Super VIP”.

Competencia y cooperación intercapitalistas

Estas características de la evolución de la representación política y de la base social de Hezbolá indican que aunque la organización continúe atrayendo el apoyo de personas provenientes de todas las capas de la sociedad, sus prioridades están cada vez más orientadas hacia los estratos más altos de ésta. El diputado Ali Fayyad reconoció esta tendencia en 2010, cuando subrayó que “Hezbolá no es ya un pequeño partido, es una sociedad entera. Es el partido de los pobres, si, pero al mismo tiempo hay muchos hombres de negocios en su seno, tenemos mucha gente rica, algunas personas salidos de la élite”. El jefe de la organización, Hassan Nasralá, ha confirmado igualmente -de forma indirecta- esta evolución en un discurso de septiembre de 2009, exhortando a sus miembros a abandonar el “amor al lujo”, invitándoles a creer en Dios simplemente a causa del “miedo al final”.

Por otra parte, se ha desarrollado una nueva fracción de la burguesía ligada al partido a través de los capitales e inversiones iraníes, mientras que el resto de la fracción chiita de la burguesía, ya sea en Líbano o en la diáspora, ha caído cada vez más bajo su égida -o al menos se muestra más cercana al partido- debido a sus poderes políticos y financieros. En paralelo a su importancia económica creciente y a su integración en el sistema político, Hezbolá ha estado también ligado a asuntos de corrupción y a diversas prácticas clientelistas.

Su importancia económica y política en Líbano ha hecho de Hezbolá un rival cada vez más significativo para la fracción de la burguesía libanesa reunida alrededor de Hariri y de la alianza política del “14 de marzo”, ligada los capitales de las monarquías del Golfo, en particular tras la retirada de Siria del país en 2005. La oposición política de Hezbolá a las fuerzas del 14 de marzo /3, apoyadas por los Estados occidentales y las monarquías del Golfo, debe ser también comprendida como una rivalidad intercapitalista entre dos fuerzas ligadas a diferentes potencias regionales. A pesar de esta competencia, estos dos bloques capitalistas han cooperado uno con el otro en varias ocasiones en momentos de crisis -como muestran sus actitudes similares hacia diferentes movimientos sociales y obreros, su orientación favorable a las reformas neoliberales y su acercamiento mutuo en el seno del gobierno tras la salida del ejército sirio de Líbano en 2005.

Apoyo al Estado confesional y burgués

La oposición radical inicial de Hezbolá al sistema político confesional y burgués libanés de hecho ha quedado disminuida considerablemente tras su entrada en el Parlamento y su participación en el seno del sistema político sobre líneas confesionales, aunque continúe con su crítica retórica y populista.

Partiendo de un rechazo total a participar en el sistema confesional, la organización se ha integrado progresivamente en él como uno de sus principales actores, a la vez que declaraba mantener su objetivo inicial de establecer un Estado islámico. Esta evolución está ligada a diversos factores: en primer lugar, al cambio de dirección política en el seno de la República Islámica de Irán (RII) que se ha orientado (tras la muerte del Guía supremo, Jomeini) hacia una política más pragmática, intentando mejorar sus relaciones con los países occidentales y las monarquías del Golfo; luego, al desarrollo de Hezbolá como un partido de masas que no está ya mayoritariamente compuesto de jóvenes clérigos radicales; finalmente, a la necesidad de proteger su aparato militar y sus crecientes intereses económicos y políticos en el país.

La base, que comprende cada vez más fracciones de las clases medias y burguesas chiitas, sobre todo en Beirut, no aspira necesariamente a vivir en una República Islámica según el modelo iraní y se satisface con una perspectiva de vuelta a la paz acompañada de una mejora en términos de representación política. Esta evoluciones reflejan también la nueva importancia política y económica de la población chiita en Líbano, en particular como consecuencia del acuerdo de Taef /4. Además, la retirada del ejército sirio de Líbano en 2005 ha obligado al partido a participar en todos los gobiernos libaneses desde entonces, reforzando aún más su integración.

A la luz de esta evolución, es evidente que Hezbolá no constituye en forma alguna, y esto desde hace un cierto tiempo ya, un desafío para el sistema confesional y burgués libanés. Al contrario, así como cualquier otro partido político del sistema, esta organización ve el sistema político como un medio de proteger sus propios intereses. El partido ha intentado así realizar acuerdos y cooperar con el resto de las élites libanesas, a pesar de algunas diferencias políticas, en particular durante los períodos de crecimiento de la movilización social.

Se ha podido constatar lo anterior durante las movilizaciones populares del verano de 2015 alrededor de la campaña “¡Apestas!” (ver VIENTO SUR, http://vientosur.info/spip.php?article10428 ndt), que se ha radicalizado durante semanas para poner en cuestión el conjunto del sistema político libanés confesional y burgués. Como habitualmente, Hezbolá ha visto con sospecha esta nueva tentativa de poner en cuestión este sistema desde el exterior del parlamento y, lo mismo que no había participado en las manifestaciones de comienzos de 2011 que pedían el fin del régimen confesional, tampoco ha movilizado a sus miembros en 2015.

Además, Hezbolá, aunque haya apoyado esas manifestaciones de palabra, tras haberlas acusado inicialmente de estar controladas por actores extranjeros, ha afirmado a continuación que la lucha contra los takfiristas [extremistas islámicos sunitas] y el Estado sionista se habían convertido en las cuestiones centrales. Hassan Nasralá ha subrayado que el partido había adoptado una “posición neutra hacia el movimiento porque no conocemos quién lo dirige, ni su proyecto y sus objetivos”. El movimiento fundamentalista islámico libanés ha apoyado igualmente, como un medio para resolver la crisis, el diálogo convocado por el presidente del Parlamento Nabih Berri y la elección de Michel Aoun, jefe de la Corriente Patriótica Libre (CPL), como presidente de la República, propuestas que mantienen por entero el marco político existente en el país. Hezbolá, como los demás partidos políticos confesionales y burgueses, quería de hecho cooptar el movimiento para su propio beneficio político, y sobre todo para poner fin a las movilizaciones.

La posición “participativa” adoptada por Hezbolá hacia el Estado refleja a la vez una tentativa de moderar las contradicciones estructurales del capitalismo libanés, así como las rivalidades que existen en el seno de la burguesía entre las fracciones hegemónicas y no hegemónicas. Las fracciones no hegemónica de la burguesía libanesa, como había señalado el marxista libanés Mehdi Amel /5, reflejan “la conciencia de las capas no hegemónicas de la burguesía en su aspiración legítima a ocupar posiciones hegemónicas ocupadas por otras fracciones, o de alcanzar su nivel identificándose si es posible a ellas en el terreno político y económico. Esta capa no hegemónica de la burguesía quiere el final de la fracción hegemónica sin suprimir la dominación de la clase burguesa”.

Esta evolución está igualmente ligada a los aliados regionales de Hezbolá, Siria (o al menos el régimen de Assad) e Irán, que querían ambos una integración del partido en el seno de la escena política libanesa tras el fin de la guerra civil libanesa. Al mismo tiempo, el aparato militar de Hezbolá ha sido subordinado a sus intereses políticos, orientados en particular hacia el mantenimiento de la estabilidad en Líbano. Esto ha conducido a un aumento de la colaboración con los servicios de seguridad y el ejército libaneses a fin de impedir un conflicto militar en el sur de Líbano con Israel, de colaborar en la lucha contra los grupos salafistas y yihadistas, y finalmente garantizar la seguridad de ciertas regiones y zonas compuestas por poblaciones chiitas. Esto no significa que la componente militar de Hezbolá no haya jugado y no juegue un papel contra las agresiones y las actividades guerreras de Israel, sino que el armamento de Hezbolá ha sido utilizado cada vez más para otros fines, en particular tras la guerra de 2006.

Armonía y cooperación entre las clases

Hezbolá cree en la unidad de la comunidad y en la cooperación entre las clases. Como Jomeini acostumbraba decir, los trabajadores no deberían exigir más que lo que es concedido por la burguesía y ésta tiene la obligación de ser caritativa hacia los pobres. La lucha de clases está considerada como algo negativo porque fragmenta la comunidad (Umma). La islamización de amplios sectores de la población chiita perseguía este objetivo, a fin de fragmentar y debilitar las solidaridades entre las diferentes comunidades confesionales de Líbano, mientras que antes de la guerra civil libanesa los chiitas eran los más numerosos en los partidos nacionalistas y progresistas, que estaban a la cabeza de las luchas sociales. En Líbano, el confesionalismo ha sido siempre una herramienta utilizada por la burguesía para impedir toda movilización social de conjunto y Hezbolá no constituye una excepción.

El lamentable balance de Hezbolá en el terreno de las cuestiones sociales y de las movilizaciones de trabajadores refleja la evolución de los intereses de clase defendidos por el partido, así como su oposición a una autonomización y a un refuerzo político de las clases populares. La posibilidad de movilizaciones interconfesionales y del desarrollo de movimientos sobre bases de clase representa una amenaza potencial para todos los partidos confesionales y burgueses de la clase dirigente, de la que Hezbolá forma parte ahora. Es la razón por la que no ha movilizado nunca su base popular sobre la base de reivindicaciones puramente socioeconómicas en una perspectiva interconfesional, aunque apoye en palabras a la CGTL y/o sus reivindicaciones sociales.

La reticencia de Hezbolá a intervenir y participar en las luchas obreras se ha demostrado particularmente llamativa durante los doce últimos años. Desde 2004, se ha observado un aumento significativo de las luchas sindicales y obreras, caracterizado en particular por llamamientos a la huelga general en 2004 y 2008, el debate tumultuoso sobre la alternativa en 2011 de Charbel Nahas [Ministro de Trabajo, que dimitió tras la adopción de medidas desfavorables a los asalariados] y las movilizaciones organizadas por el Comité de Coordinación Sindical (CCS). Estas luchas han mostrado las contradicciones de Hezbolá, que afirma representar a las capas pobres y marginadas de la población chiita a la vez que está implicado en un proceso de integración en el seno de la élite política, marcado por sus lazos crecientes con la burguesía emergente chiita.

En cada ocasión importante, Hezbolá ha expresado una preocupación verbal sobre cuestiones como las privatizaciones, las implicaciones de acuerdos del tipo de París-3 [plan de ayuda internacional adoptado en 2007, a cambio de reformas estructurales neoliberales] y la bajada de los salarios reales. Esto, a la vez que se resistía y se oponía con fuerza a toda tentativa de movilizar a su propia base popular de una forma que apoyara realmente iniciativas independientes que superaran las diferenciaciones confesionales. De forma general, estas tensiones han sido “resueltas” por la puesta en pie de reformas neoliberales, en particular en los períodos en los que Hezbolá ha ocupado puestos gubernamentales.

La lucha contra el deterioro de las condiciones de existencia del pueblo libanés ha estado siempre subordinada al reconocimiento de la legitimidad de la estructura armada de Hezbolá, y esa es la razón por la que Hezbolá ha llamado a Saad Hariri -en varias ocasiones- a buscar marcos de colaboración y una participación en un gobierno fundado en los acuerdos que el partido había concluido con su padre, Rafiq Hariri. Esto era comprendido de la forma siguiente: Hezbolá se ocupa de la “resistencia” a Israel y Hariri toma a su cargo las políticas económicas y sociales del país, sin que haya interferencia de uno en los asuntos del otro.

Hezbolá, como hemos visto, a pesar de sus críticas y de su retórica populista contra lo que llamaba en su manifiesto de 2009 el “capitalismo salvaje”, no ha desarrollado ninguna alternativa. Al contrario, continúa apoyando el capitalismo, el libre mercado y las políticas neoliberales. La presencia de Hezbolá en el seno de todos los gobiernos desde 2005 ha reforzado las políticas llevadas a cabo por todos los gobiernos libaneses precedentes. Hezbolá se ha convertido así en parte integrante de la burguesía libanesa, en cuyo seno existen rivalidades pero que son superadas en cada ocasión que hay revueltas o movilizaciones que amenazan el sistema político establecido, confesional y burgués.

Dominación masculina, cultura confesional

En lo que se refiere a las mujeres, Hezbolá promueve una visión conservadora en la que la dominación de los hombres sobre las mujeres es la regla y lo que atribuye papeles específicos a las mujeres en la sociedad, siendo el primero y más importante de ellos el de la “maternidad”, a fin de educar a las generaciones futuras según los principios islámicos. En el movimiento islámico libanés, las mujeres no están presentes en los órganos de toma de decisiones. Las estructuras patriarcales de la sociedad no son en ningún caso puestas en cuestión por el partido, mientras que los vestidos y el cuerpo de las mujeres deben conformarse a normas particulares a fin, según las explicaciones que se dan, de preservar su honor y el de su familia.

El modelo islámico es el único camino justo para las mujeres, so pena de ser consideradas como extranjeras en su propia sociedad, cuando no sospechosas de extender la influencia del imperialismo cultural occidental. Como señala el investigador Adam Hanieh, “las estructuras conservadoras sobre el papel de las mujeres forman parte integrante de objetivos contrarrevolucionarios más amplios” /6.

A pesar de las críticas y condenas del confesionalismo político, Hezbolá es un movimiento que usa una propaganda confesional que hace la promoción de una cultura confesional “chiita” a través de sus instituciones y medios. Utiliza cada vez más entre sus miembros un discurso chiita religioso a fin de legitimar y justificar su intervención militar en Siria.

Hassan Nasralá, por ejemplo, ha declarado que Hezbolá debía intervenir en Siria no solo para proteger a la “resistencia”, sino también para defender a los pueblos chitas mediante el envío de soldados de Hezbolá a la frontera. Ha subrayado igualmente el papel de Hezbolá en la protección de los símbolos religosos chitas como el mausoleo de la nieta del profeta Mahoma, el santuario de al-Sayyida Zaynab en Damasco que “ya ha sido atacado en varias ocasiones por grupos terroristas”. Nasralá ha añadido que es una cuestión muy sensible, dado que algunos grupos extremistas han anunciado que si alcanzaban ese santuario, lo destruirían.

Algunos informes señalan que los solados de Hezbolá llevaban alrededor de la cabeza pañuelos con la inscripción “O Husayn/7. Durante las celebracines de la Achura /8 de 2013, eslóganes como “¿Hay alguien que nos defienda? Estamos todos a tus órdenes, Zaynab!, “Oh, Zaynab! Todos somos vuestros Abbas! Y “Juramos por Hassan y Hussein, Zaynab no será capturada dos veces/9, han sido gritados para llamar a la defensa del santuario de Zaynab, protegido por Hezbolá y otros grupos confesionales chiitas contra eventuales ataques de grupos armados de la oposición siria.

Hay que recordar igualmente que, tras la invasión de Irak en 2003 por los ejércitos americano y británico, Hezbolá había enviado consejeros militares para apoyar la formación y las operaciones del Ejército del Mahdi y de otros grupos islámicos políticos, confesionales chiitas, bajo la dirección de los Guardianes de la Revolución iranís, conocidos con el nombre de Pasdaran. Estos grupos han estado implicados en la lucha contra las fuerzas de ocupación occidentales y contra grupos confesionales sunitas iraquíes, pero han atacado también a civiles sunitas iraquíes. Han estado implicados en la guerra civil confesional en Irak entre 2005 y 2008.

Frente a los procesos revolucionarios en Medio Oriente y África del Norte

Recordemos en primer lugar que antes del comienzo de los levantamientos populares, en 2010-2011, Hezbolá no tenía en absoluto una posición radical respecto a la región del Medio Oriente y África del Norte (MOAN). El jeque Naim Qassem [el número dos de Hezbolá] ha criticado que habría sido un error, que luchar contra los regímenes autocráticos y despóticos en el mundo árabe era erróneo, que los movimientos populares debían al contrario luchar por la liberación de Palestina a fin de liberar los regímenes árabes y sus pueblos.

Algunos meses después de la primera guerra lanzada por Israel contra Gaza [Operación plomo endurecido, diciembre 2008-enero 2009], Nasralá había declarado que Hezbolá no tenía “ningún conflicto o problema con nadie, con el sistema político árabe en tal o cual país árabe, ya sea democrático o dictatorial, real o dinástico, religioso o laico, legal o ilegal (…) Independientemente de la descripción, no interferimos en este tipo de asuntos”. Hezbolá “no quiere querellas con ningún régimen (…) No queremos ningún conflicto con ningún régimen árabe, no queremos rivalidad con ningún régimen árabe, no queremos evidentemente entrar en conflicto con ningún régimen árabe, ni a nivel securitario, ni político, o militar, ni siquiera en los medios”.

A comienzos de 2011, Hezbolá había declarado que los levantamientos populares en la región formaban parte del “proyecto de resistencia” y se oponían a los Estados Unidos y a sus aliados en la región, mientras que Hassan Nasralá condenaba las acusaciones y explicaciones conspiracionistas que pretendía que los Estados Unidos se encontraban detrás de esas revoluciones. Pero el discurso oficial de Hezbolá y sus cuadros cambió luego radicalmente. Los procesos revolucionarios se habían convertido en una conspiración fomentada por las potencias extranjeras contra el “proyecto de resistencia”, teniendo por objetivos a Irán, Siria y Hezbolá. En 2013, el “Lebanese Communication Group” (brazo mediático de Hezbolá), presentaba excusas oficiales al régimen de Barhein por su cobertura mediática del levantamiento popular existente en ese país desde hacía tres años.

Eso ha cambiado de nuevo, en particular debido al ascenso de las tensiones entre por un lado, Arabia Saudita y las demás monarquías del Golfo y de otra parte, Irán y Hezbolá, sabiendo que Hezbolá apoyaba totalmente y con medios importantes al régimen de Assad en Siria. A comienzos de 2015, Hassan Nasralá saludó, además, la vuelta de Egipto a las arenas árabe y regional, bajo la férula del exjefe de las fuerzas armadas egipcias y actual presidente Abdel Fattah al-Sissi, afirmando la importancia de Egipto como actor esencial de la estabilidad regional.

En lo que se refiere a Yemen, Hezbolá -que se opone a la intervención militar dirigida por Arabia saudita desde marzo de 2015- está implicado en el apoyo al movimiento de los huthi, a pesar de la alianza de estos últimos con el antiguo dictador y enemigo Ali Abdalá Saleh, que había declarado en marzo de 2011 que los levantamientos árabes no eran revoluciones más que en los medios, dirigidos de hecho por los Estados Unidos a partir de una oficina en Tel-Aviv /10. Según ciertas fuentes, el comandante de la unidad 3800 de Hezbolá, Khalil Harb, fue visto en Yemen en 2012, entrenando a rebeldes huthi. Ha sido acusado igualmente de facilitar la circulación de su favor de grandes cantidades de dinero.

El giro mayor de Hezbolá en lo que concierne a los acontecimientos en la región es sin duda alguna el producido con el comienzo del levantamiento popular en Siria. El movimiento islámico chiita libanés ha sido un actor extranjero determinante, asistiendo al régimen de Assad al lado de la República Islámica de Irán y de Rusia. Hezbolá ha intervenido militarmente al lado de las fuerzas armadas del régimen sirio, ha dado un apoyo técnico y logístico a Damasco, y ha ayudado a una parte de la población chiita de Siria a desarrollar sus propias milicias de autodefensa.

Hezbolá ha abierto igualmente campos de entrenamiento en zonas cercanas a la ciudad de Baalbek, en el valle de la Bekaa cerca de la frontera siria, para formar a jóvenes de diferentes confesiones religiosas (aunque lo esencial de ellos fueran chiitas) a fin de desarrollar milicias de autodefensa similares a las que actúan en Siria. El número de los combatientes de Hezbolá en Siria está estimado entre 7000 y 9000.

La expresión por Hezbolá de su solidaridad con los oprimidos del mundo entero responde en gran parte a sus intereses políticos, ellos mismos estrechamente ligados a los de Irán y los del régimen de Assad. La confrontación militar con Israel, que ha estado en el corazón de su identidad, está subordinada a los intereses políticos del partido y de sus aliados regionales. El aparato militar de Hezbolá ha estado cada vez más orientado hacia objetivos diferentes de la lucha contra Israel, incluso a través de ataques militares contra otros partidos políticos en Líbano y tentativas de impedir en el Sur de Líbano cualquier acto de resistencia que no fuera propuesta suya.

La defensa del “eje de la resistencia” y del aparato armado del partido ha sido utilizada por Hezbolá como una herramienta de propaganda a fin de justificar su política y sus acciones. El último ejemplo de ello es su intervención militar en Siria bajo el pretexto de defender a la “resistencia” contra el “proyecto americano-israelí-takfiri”.

Todo salvo una alternativa

Estos elementos conducen a afirmar que Hezbolá no construye una contrasociedad o un proyecto contrahegemónico en sí, como sugieren algunas personas de las corrientes de izquierda y/o de los medios académicos, sino que intenta islamizar las capas más amplias de la población chiita. Hezbolá no es en cualquier caso una amenaza para el sistema político dominante en su propia sociedad ni a un nivel más amplio.

Su proyecto no representa una alternativa al sistema capitalista y confesional, dominante en Líbano y en la región. Al contrario, lo sustenta, como ilustra su defensa del sistema confesional, de las discriminaciones respecto a las mujeres, pero también su ausencia de intervención en favor de los trabajadores y de los refugiados palestinos y sirios.

Además, su distribución de servicios a través de sus redes organizativas no difiere de las demás comunidades políticas y confesionales, salvo en lo que se refiere a su amplitud y su eficacia, favoreciendo y promoviendo su seguro y gestión privada, confesional y patronal, de los riesgos sociales /11. En el plano regional, ha participado en la represión, al lado del régimen de Assad, del movimiento popular revolucionario en Siria, a la vez que trabaja a favor de una forma de statu quo de orden imperial, cuyos representantes desean el mantenimiento del régimen de Assad.

Todo proyecto verdaderamente contrahegemónico en Líbano exige una ruptura con el sistema político confesional y burgués. Ahora bien, como hemos visto, una ruptura así no está promovida en absoluto por Hezbolá, como tampoco una ruptura con el sistema imperialista, regional e internacional.

El papel de Hezbolá en los diferentes procesos en curso en Líbano y en la región confirma que no representa un desafío fundamental al marco de la economía política actual de Líbano. Al contrario, la organización ha sido progresivamente integrada en ese sistema como una fracción política ligada a la burguesía confesional. En este sentido, el primer estudio realizado por Mehdi Amel sobre el comportamiento de la burguesía islámica en los años 1980 puede, desde muchos puntos de vista, explicar la evolución de Hezbolá: “la aspiración de las fracciones de la burguesía islámica a reforzar sus posiciones en la estructura del poder, o más bien a modificar el lugar que ocupan en el seno del sistema político confesional, a fin de compartir mejor la hegemonía y no cambiar el sistema (…) Su participación conducirá a un refuerzo y a una consolidación del sistema político confesional y no a su transformación o a su supresión. Esta solución no constituye una solución, pues no puede conducir mas que a una agravación de la crisis del sistema”.

Esa es la razón de que todo movimiento popular en Líbano que aspire a un cambio radical debe poner en cuestión a todos los actores del régimen, desde Hezbolá a la Corriente del Futuro, así como a todos los actores regionales, de Siria y la República Islámica de Irán a Arabia Saudita, Qatar y Turquía. Al mismo tiempo, es absolutamente necesario para los movimientos progresistas comprender la relación íntima entre la liberación de las clases populares de la región y la de Palestina, y hacer esta relación visible.

La liberación de Palestina y de las clases populares está ligada de forma estrecha a la liberación y a la emancipación de las clases populares en la región, contra sus clases dirigentes y las diversas fuerzas imperialistas y subimperialistas que actúan en el marco regional. Una lógica así vale igualmente para la liberación del pueblo kurdo. Igualmente, hay que oponerse a todas las tentativas provenientes de los regímenes autoritarios y de las fuerzas reaccionarias religiosas, de dividir a las clases populares en función de su sexo, de sus denominaciones religiosas, de sus nacionalidades, etc. Estas operaciones de división no pueden sino impedir su liberación, igual que la emancipación de las clases populares palestinas y kurdas.

En términos más positivos, hay que intentar construir un gran movimiento que ligue las cuestiones democráticas y sociales, oponiéndose a todas las fueras imperialistas y subimperialistas, a la vez que se favorecen políticas progresistas, una transformación social por abajo mediante la construcción de movimientos en los que los individuos sean los verdaderos actores de su emancipación.

En una región que ha visto levantamientos populares continuos desde 2011, cambios políticos intensos y rápidos, va a resultar cada vez más difícil a la dirección del movimiento islámico libanés continuar, en particular ante su base popular, proclamando su apoyo a los “oprimidos del mundo entero” a la vez que sigue sometido al neoliberalismo libanés y a la élite política del país.

https://npa2009.org/idees/international/le-hezbollah-une-force-contre-revolutionnaire

Revue L´Anticapitaliste nº 81 (noviembre 2016)

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Joseph Daher, profesor asistente en la Universidad de Lausana, es miembro de la Corriente de la izquierda revolucionaria de Siria, ha fundado el blog Syria Freedom Forever y es uno de los coautores del libro “ The People Demand. A Short History of the Arab Revolutions”, Counterfire 2011). Es el autor del libro “Hezbollah, The Political Economy of the Party of God ” que se publicará en Pluto Press, Londres (320 pg). Este artículo apareció inicialmente el 12 de julio de 2016 en la página de la revista Contretemps http ://www.contretemps.eu/le-hezbollah-une-forc...... Algunas precisiones -entre corchetes y en itálica- han sido añadidas en el cuerpo del texto. Los intertítulos son de nuestra redacción y solo una parte de las notas que figuran en el texto original está reproducida aquí (las que siguen son del autor, ndr).

2/ Catherine Le Thomas, “Les écoles chiites au Liban”, Paris, Karthala-IFPO, 2012, page 179.

3/ La Corriente del Futuro, con Saad Hariri a la cabeza, domina esta alianza con el Partido Socialista Progresista (druso) de Walid Joumblatt y algunas componentes de los partidos cristianos (Kataeb y Fuerzas libanesas).

4/ El Acuerdo de Taef fue firmado el 22 de octubre d e1989 para intentar poner fin a la guerra civil libanesa. Es fruto de un acuerdo entre Arabia saudita, Estados Unidos y Siria, impuesto a los diputados libaneses y que había confirmado entonces la posición dominante del régimen sirio en Líbano.

5/ Mehdi Amel, su verdadero nombre era Hassan Abdullah Hamdan, dirigente y pensador importante del Partido Comunista Libanés, fue asesinado en 1987, muy probablemente por Hezbolá.

6/ Adam Hanieh, “Lineages of Revolt, Issues of Contemporary Capitalism in the Middle East”, Haymarket Books, Chicago, 2013, page 172.

7/ La mayor parte de los chiitas consideran a Hussein (el más joven de los hijos de Ali producto de su matrimonio con Fátima, la hija del profeta, el tercer imam chiita). Que fue muerto en la batalla d Karbala en 680, como un mártir.

8/ La fiesta chiita de la Achura conmemora el martirio de Hussein.

9/ Abbas, igualmente muerto en la batalla de Karbala -era el medio hermano de Hussein y su fiel lugarteniente. La mezquita de Sayyidah Zaynab, en Damasco, supuesta sepultura de Zaynab, nieta del profeta Mahoma, está considerada como un lugar santo en la tradición chiita.

10/ Ali Abdallah Saleh había realizado seis guerras brutales contra los huthi entre 2004 y 2016, con la ayuda y el apoyo del reino de Arabia Saudita (los combates habían producido más de 10 000 muertos y de 300 000 desplazados). Había acusado al movimiento de los huthi de estar a las órdenes de Irán. Saleh era un viejo aliado de las monarquías del Golfo y de los Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo.

11/ Ver Myriam Catusse y Joseph Alagha, “Les services sociaux du Hezbollah”, in Sabrina Mervin (dir.), “Le Hezbollah. Etat des Lieux”, Sindbad, Actes Sud and IFPO, Paris, 2008





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