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El mundo en la era Trump
¿Qué podemos esperar?
09/01/2017 | Inmanuel Wallerstein

Hacer predicciones en el corto plazo es la más traicionera de las actividades. Normalmente trato de no hacerlas. En cambio, trato de analizar lo que está ocurriendo en términos de la larga duración de su historia y las probables consecuencias a medio plazo. No obstante, esta vez he decidido hacer predicciones a corto plazo por una simple razón. Me parece que todo el mundo, en todas partes, está dirigiendo su mirada hacia lo lo que ocurrirá en este corto plazo. No parece haber otro objeto de interés. La ansiedad está al máximo y necesitamos lidiar con ella.

Déjenme comenzar diciendo que pienso que el 95 % de las políticas que emprenderá Donald Trump en su primer año en el cargo serán absolutamente terribles, peor de lo que anticipamos. Esto puede constatarse en las designaciones de cargos importantes que ya anunció. Al mismo tiempo, es muy probable que se meta en problemas importantes.

Este resultado contradictorio es consecuencia de su estilo político. Si echamos un vistazo a cómo ganó la presidencia de Estados Unidos, vemos que lo hizo contra todas las probabilidades con cierta técnica retórica deliberada. Por una parte, utilizando lenguaje codificado, realiza constantes declaraciones que responden a los temores importantes de la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas estadunidenses, de forma que quienes lo escuchan lo reciben como un respaldo a políticas que piensan podrán aliviar sus múltiples penurias. Lo hizo a menudo a través de breves tuits o en mítines públicos estrictamente controlados.

Al mismo tiempo, nunca fue claro sobre las políticas concretas que pondría en pie. Sus declaraciones casi siempre fueron seguidas de interpretaciones por parte de sus principales seguidores, y con frecuencia éstas diferían o eran interpretaciones opuestas. En efecto, logró apoyo en base a declaraciones fuertes y dejó que otros asumieran el descrédito por las políticas precisas. Esto fue una técnica muy efectiva. Le llevó a donde está y parece claro que una vez en el cargo pretende continuar con esa técnica.

Hay un segundo elemento de su estilo político. Toleró todas las interpretaciones siempre y cuando constituyeran un respaldo a su liderazgo. Si percibía alguna duda en torno a que lo respaldaran personalmente, se vengó rápidamente atacando públicamente a quien le hubiera ofendido. Exigió fidelidad absoluta e insistió en que ésta fuera pública. Aceptó el remordimiento penitente, pero no la ambigüedad acerca de su persona.

Parece que él cree que la misma técnica le servirá bien en el resto del mundo: retórica fuerte, interpretaciones ambiguas a cargo de la variada panoplia de sus principales seguidores y, al final, unas políticas reales más bien políticas impredecibles.

Parece pensar que además de Estados Unidos sólo hay dos países en el mundo que importan hoy en día: Rusia y China. Como apuntaron tanto Robert Gates como Henry Kissinger, está utilizando la técnica Nixon al revés. Nixon hizo llegó a un acuerdo con China con el fin de debilitar a Rusia. Trump está haciendo un trato con Rusia para debilitar a China. Esta política pareció resultarle a Nixon. ¿Le funcionará a Trump? No creo, porque el mundo de 2017 es bastante diferente del mundo de 1973.

Miremos ahora cuáles son las dificultades que le esperan a Trump. Sin duda, su mayor dificultad en casa es con los republicanos en el Congreso, en particular con aquellos que están en la Cámara de Representantes. Su agenda no es la de Donald Trump. Por ejemplo, ellos quieren destruir el Medicare. De hecho, desean revocar toda la legislación social del último siglo. Trump sabe que esto acarrearía una revuelta de su base electoral real, que quiere bienestar social al mismo tiempo que un gobierno profundamente proteccionista y una retórica xenofóbica.

Trump cuenta con intimidar al Congreso y que se alinee con él. Tal vez lo consiga. Pero después serán evidentes las contradicciones entre su agenda en favor de los acaudalados y su parcial mantenimiento del Estado de bienestar. O el Congreso prevalecerá sobre Trump. Y esto le resultará intolerable. Y lo que hará al respecto constituye una adivinanza para todo el mundo. Ni el mismo lo sabe lo que hará hasta que no se enfrente a una situación difícil como esa.

Lo mismo es cierto de la geopolítica en el sistema-mundo. Ni Rusia ni China están dispuestas a retractarse en lo más mínimo de sus políticas actuales. ¿Por qué deberían hacerlo? Estas políticas les han funcionado. Rusia es de nuevo una potencia importante en Medio Oriente y en todo el mundo ex-soviético. China, de forma lenta pero segura, reafirma su posición dominante en el nordeste y el sureste de Asia e incrementa su papel en el resto del mundo.

No hay duda de que Rusia y China se encuentran en dificultades de tiempo en tiempo y ambas están listas para hacer concesiones puntuales a otros, pero no más que esto. Así que Trump va a descubrir que internacionalmente no es el gran jefe a quien todo el mundo le debe rendir reverencia. ¿Entonces?

Una vez más, lo que pudiera hacer si se ignoran sus amenazas constituye la pregunta del millón. Todo el mundo teme que actuará precipitadamente con los militares militares a su alcance. ¿Lo hará? ¿O será refrenado por su círculo más próximo? Nadie puede asegurarlo. Solo podemos confiar en que así sea.

Esto es lo que hay. Desde mi punto de vista, no es un panorama bonito pero no es desesperante. Si de una manera u otra el año en que entramos alcanzamos una estabilidad provisional en Estados Unidos y en del sistema-mundo como un todo, entonces, a nivel analítico, adquirirá más importancia el medio plazo. Y ahí la historia, aunque aún siga siendo sombría, al menos tendrá mejores perspectivas para aquellos que como nosotros quieren un mundo mejor del que tenemos actualmente.

1/01/2017

Traducción: Ramón Vera Herrera editada por VIENTO SUR





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