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¿Un proyecto para las ecosocialistas?
"Ciudades en transición"
07/01/2017 | Guillermo Amo de Paz y Juanjo Álvarez

No es éste el lugar para volver al detalle de la problemática ecológica que se nos plantea a corto y medio plazo – tan corto que en muchos casos tenemos que hablar de los efectos presentes de la crisis – pero nunca está de más insistir en la inminencia de los efectos de la crisis y en los desafíos que nos plantea. Autores como Tanuro han mostrado, con investigaciones de alto nivel y un rigor tan científico como político, que la actual dinámica no puede ser revertida sin una transformación que lleve a nuestras sociedades fuera del sistema capitalista y nos sitúe en la senda adecuada para crear otras relaciones, más comunitarias, en las que lo material, lo social y lo humano estén vinculados. En nuestro contexto más cercano, autores como Jorge Riechmann, Yayo Herrero, Luis González Reyes o Emilio Santiago Muiño han aportado tanto análisis y diagnóstico como una reflexión estratégica sobre el escenario al que deberíamos dirigirnos y lo hacen con una solvencia indiscutida.

¿Por qué plantear aquí, entonces, el proyecto de Ciudades en Transición? No porque sus aportes vengan a sumar o modificar los planteamientos de los autores que hemos mencionado, ni mucho menos lo que la tradición ecosocialista – joven aún, pero cargada ya con un buen bagaje teórico – ha venido elaborando en las últimas décadas. En ese plano, creemos que la iniciativa tiene poco que aportar al alto nivel de análisis del que disponemos. Sin embargo, existe un fuerte contraste entre la buena salud de la teoría y la escasa consistencia de movimientos de agitación y práctica política y social. Lo que en otros momentos se articuló en torno a cuestiones como la lucha contra las nucleares, la salud en el trabajo (como vía para entrar a la lucha sindical) o la defensa del patrimonio natural, por poner algunos ejemplos, está hoy falto de un elemento de lucha que sea capaz de agrupar a nivel de masas.

Es cierto que siguen vigentes algunos focos de lucha sobre temas específicos como el fracking y que el TTIP y los demás proyectos de tratados internacionales de comercio han encontrado resistencia en la calle; pero hay que reconocer que los primeros están muy circunscritos a los territorios en los que se produce el conflicto y que el segundo – que estaba llamado a convertirse en un frente de lucha colectiva – no ha alcanzado el nivel esperado. Así pues, hay una necesidad de construir elementos de trabajo colectivo con vocación de continuidad, y aquí es donde merece la pena detenerse en la iniciativa Ciudades en Transición.

¿Qué es Ciudades en Transición?

Se trata de un movimiento que nace en Reino Unido en 2005 con una iniciativa local, en la ciudad de Totnes, y se extiende a gran velocidad, primero en el ámbito anglosajón y en seguida en otros estados. En el plano teórico, gira sobre cuatro ideas-fuerza: la reducción inevitable de consumo energético, la vulnerabilidad de nuestras sociedades, la posibilidad de construir un escenario en el que esa reducción energética sea deseable y la defensa de un resultado positivo en términos sociales.

Son los dos últimos puntos los que introducen una novedad en el tratamiento de los temas ecosociales, puesto que introducen un cambio en el enfoque, destacando el componente “positivo” de la transición y alentando una idea de movilización activa que la dirija. Las cuatro ideas-fuerza encuentran su desarrollo en una serie de elementos centrales para el desarrollo efectivo del movimiento: la resiliencia como orientación para abordar el cambio, el carácter práctico, la visibilización de los aspectos positivos y la vocación de inclusión, la cercanía respecto a lo local y la voluntad de actuar junto a las instituciones de ámbito municipal como aliados potenciales.

Si nos detenemos a examinar la coherencia interna de las cuatro líneas teóricas que utiliza como planteamiento y los postulados que le siguen, no encontramos discontinuidad, aunque es cierto que la amplitud y el carácter abiertamente psicologista de muchos puntos hacen que sea tan fácil encontrar nexos de unión como difícil dibujar líneas de trabajo específicas. En este sentido, uno de los rasgos más claros de Ciudades en Transición es precisamente que su orientación específicamente práctica y su laxitud en el diagnóstico hacen que sea una iniciativa enormemente abierta, lo que puede ser utilizado para atraer a un público amplio pero también para construir proyectos más bien vacíos de contenido político-social.

Por otra parte, las cuatro ideas del diagnóstico encajan de diversas formas y en distinta medida con el diagnóstico ecosocial más sólido al que nos referíamos al principio de este artículo. En efecto, la reducción energética es un hecho indiscutible ante la realidad del pico del petróleo y la inviabilidad de otras formas de energía – exceptuando la nuclear, cuya problemática específica la hace igualmente negativa en términos ecológicos y sociales – y en este punto podemos tomar la iniciativa como una apuesta valiosa, mucho más en un momento en el que el sistema económico sigue negando la crisis energética que nos viene y la sociedad no parece ni mucho menos consciente de sus consecuencias. Pero el planteamiento “en positivo” deja poco espacio para hablar de los colapsos1/ y nos coloca en una óptica desde la que será muy difícil poner sobre la mesa las medidas radicales que, sin duda, son necesarias para una transición socioecológica que, si no evita, al menos mitigue los efectos del cambio climático, repartiendo los costes de acuerdo con las responsabilidades e introduciendo un componente de clase que está ausente en los planteamientos de Ciudades en Transición.

Sumarse o no a la iniciativa

Cabe entonces preguntarse qué interés tenemos las anticapitalistas en sumarnos a un proyecto de estas características. Creemos que existen varias cuestiones por las que merece la pena tenerlo en cuenta.

En primer lugar, porque la amplitud del movimiento, que es una limitación en muchos aspectos, es una ventaja en un momento en el que lo que más falta hace para la lucha ecosocialista es ganar masa social, y eso pasa por intervenir en espacios amplios. Y a este punto se une el carácter insistentemente práctico de Ciudades en Transición, puesto que es en el trabajo militante en el que se puede aspirar a la socialización política de la gente.

En segundo lugar, la escasa base teórica y estratégica radica en el concepto de transición y en la asunción de la escasez energética a la que nos acercamos; este es un punto en el que el negacionismo sigue siendo la pauta general, y por eso, el hecho mismo de que se plantee ya es un logro considerable.

En tercer lugar, porque está sumando gente. Ciertamente, no se puede decir que éste sea un argumento de gran calado teórico, pero lo cierto es que, como decíamos al principio del artículo, lo que nos falta son luchas colectivas que impliquen a activistas en el medio y largo plazo para salir de esta situación en la que cuadros militantes realizan una labor investigadora y de difusión de alto nivel con un impacto que casi nunca supera el entorno de los ya convencidos. Esto es lo que parece estar consiguiendo, con mucha menos elaboración, el movimiento Ciudades en Transición.

Y en cuarto lugar, el Movimiento de Ciudades en Transición permite crear un marco en positivo en el que imaginar colectivamente una sociedad ecológicamente sostenible, socialmente justa y democráticamente construida, y no sólo imaginar, sino buscar los caminos para llevarla a cabo. Esa combinación de crear un imaginario de horizonte compartido y deseable (de buen vivir colectivo…), con la vocación práctica de la iniciativa de Ciudades en Transición supone un complemento deseable a la propuesta ecosocialista, que al igual que las culturas emancipatorias sufre de una cierta carencia de “sueño colectivo” proveniente de las derrotas del siglo XX.

Queda por ver cómo se superan los límites del psicologismo, la obsesión transversal y no conflictiva y la indefinición de muchos puntos, pero la iniciativa, en la medida en la que permita una intervención sólida por parte de las ecosocialistas, parece un campo susceptible de ser tomado como espacio de trabajo.

Guillermo del Amo Paz y Juanjo Álvarez son miembros de la Comisión de Ecosocialismo de Anticapitalistas en Madrid

1/ En este punto no podemos dar por hecha la posibilidad de una salida socioecológica e igualitaria a la crisis; más bien al contrario – y al margen de que existan distintas posturas en la comunidad científica – tenemos que asumir el hecho de que una parte de las consecuencias de los excesos capitalistas son ya irreversibles, puesto que los ritmos del planeta, geológicos, están ya en marcha.



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