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Argelia
Liberalización y consenso autoritario
30/12/2016 | Nadir Djermoune

1. La situación económica en Argelia está marcada por una vuelta, “modesta” pero real, hacia el endeudamiento exterior. En efecto, el gobierno de Bouteflika acaba de contratar un préstamo de 900 millones de dólares con el Banco Africano de Desarrollo (BAD). Es un giro radical en las posiciones de las autoridades argelinas que se niegan desde hace más de 15 años a recurrir al endeudamiento. Los dos reescalonamientos de la deuda pública en los años 1990, en plena guerra civil, fueron acompañados de medidas severamente restrictivas. Pero hoy, con un déficit presupuestario de alrededor del 16% del PIB, según las fuentes de información mediáticas, y una bajada importante de las inversiones públicas y estatales, el endeudamiento exterior parece ya inevitable para el liberalismo argelino.

Tras haber optado por el mercado de obligaciones y el ajuste voluntario para paliar la escasez de recursos financieros, lo que ha permitido obtener hasta ahora 568 000 millones de dinares de los suscriptores argelinos, el gobierno se ha visto llevado a validar la opción de la financiación exterior. Ha sido el primer ministro, que ha permanecido prudente al respecto durante mucho tiempo, quien acaba de confirmar lo que está ya en la ley presupuestaria de 2017. No obstante, en el discurso sigue siendo prudente. Defiende un nivel de endeudamiento que no debería poner en cuestión la “soberanía de la decisión económica nacional”. El nivel de endeudamiento no debe ser “elevado”, no debe, “comprometer el porvenir de las generaciones futuras”.

Concretamente, el gobierno ha autorizado a las empresas públicas a recurrir a él bajo ciertas condiciones que consisten en proporcionar garantías sobre la eficacia de los proyectos elegidos para la financiación exterior. Y ha sido para una empresa pública como Sonelgaz o para la financiación del proyecto del gran puerto de Cherchell como se ha reintroducido el recurso a la lógica del endeudamiento exterior.

Las nuevas medidas planteadas en la “Ley de Presupuestos 2017” condicionan el recurso al endeudamiento exterior por el hecho de que la deuda debe concernir a inversiones creadoras de empresas. Igual que las sociedades nacionales que piden préstamos deben probar que el volumen de financiación de un proyecto no puede ser soportado solo por las posibilidades locales.

La actitud actual del gobierno confirma los “consejos” de la última misión del FMI a Argel en marzo de 2016 que considera el endeudamiento como “inevitable”.

2. En el marco de un acuerdo firmado en 2002, la Unión Europea (UE) y Argelia debían poner en pie una zona de libre cambio para 2017. Pero los plazos han sido atrasados 3 años. 2020 será finalmente el nuevo horizonte para la puesta en pie de la zona de libre cambio entre Argelia y la Unión Europea.

Hay que recordar que la UE y Argelia firmaron el 22 de abril de 2002 en Valencia este acuerdo a fin de “facilitar” los intercambios comerciales entre las dos partes, así como una puesta en común de medios en la “lucha contra la criminalidad y el terrorismo”. Debía ser efectivo desde 2017, pero una revisión del calendario se ha impuesto para este levantamiento de las barreras tarifarias. Ha sido sobre la base de una demanda de Argelia, planteada en 2010, como las dos partes han decidido negociar este retraso.

El poder argelino ha preferido retrasar este acuerdo con el objetivo de “asegurar a las empresas e industrias nacionales una preparación óptima, y reforzar su mercado”. El objetivo de una zona de libre cambio no es permitir a la industria local reconstruirse. Desde la firma de Valencia, el acuerdo preveía una bajada progresiva de esas barreras hasta 2020. Dos listas de productos europeos importados en Argelia debían ver modificado su precio. Sin embargo la situación “competitiva” de ciertos productos argelinos había inquietado a algunos actores económicos, razón por la cual Argelia ha preferido retrasar los plazos hasta 2020.

3. Políticamente, el poder sigue siendo prudente. Continúa posicionándose, en el discurso, como defensor del carácter social del Estado y de un cierto “patriotismo económico”. Pero, en la práctica, hace exactamente lo contrario. Continúa su política de integración en las finanzas mundiales. El “nuevo modelo económico”, como nuevo eslogan del gobierno, suena como un paso más en el proceso de liberalización emprendido hace ya algún tiempo.

La vuelta al endeudamiento exterior está acompañada de nuevas ventajas ofrecidas a los inversores extranjeros, a través de la flexibilización de la regla del 51/49% que constituye el cerrojo del código de la inversión en Argelia. Es con el objetivo de “atraer Inversiones Directas Extranjeras (IDE)” dirá Abdesselam Bouchouareb Ministro de Industria y Minería. Éste proclama que el gobierno crea una “dinámica sin precedentes con el objetivo, a medio plazo, de una integración efectiva y positiva de la economía argelina en el sistema económico mundial”. Sin embargo, la realidad va en contra de esta integración “positiva”. El acuerdo de asociación con la Unión Europea ha permitido a Argelia exportar por valor de 12 mil millones de euros hacia la UE. ¡Pero esta última ha exportado el equivalente a 195 mil millones de euros hacia Argelia!

En el mismo tono y en el plano de las subvenciones, la política gubernamental, apoyada por la crítica liberal, ataca las escuálidas ayudas del Estado a los productos básicos, leche, pan, azúcar… aún en vigor. Las clases populares sufrirán así una reducción de las subvenciones sobre los productos de primera necesidad, una subida del 2% del IVA, una subida de las tarifas de la energía y por consiguiente de los transportes. El bloqueo de las contrataciones en la Función Pública y la congelación de determinadas inversiones públicas harán subir el paro.

En el mismo impulso, la ley sobre las jubilaciones de los asalariados que prohíbe la jubilación tras 32 años de trabajo ya ha sido introducida en el debate de la Asamblea. Es una medida que prepara el desguace del sistema de protección social.

En cambio, las contribuciones y otras ventajas llueven sobre los ricos y las clases dominantes a través de la bajada del impuesto sobre la actividad profesional, la ausencia de impuesto sobre la fortuna o el laxismo fiscal. Al mismo tiempo, el ejecutivo prepara la privatización de las empresas públicas por la entrada de los hombres de negocios en su capital. “Regulariza” las situaciones adquiridas en el sector informal y abre la vía a la creación de hospitales y de universidades privadas.

4. Esta situación es la expresión de una contradicción latente entre un poder liberal autoritario y una oposición demócrata ultraliberal. Dos campos se oponen en el seno de las clases dominantes. El primero, el del poder, se presenta como garante de la perennidad del Estado, pretendiendo reforzar su carácter civil y democrático, a través de las revisiones constitucionales repetidas pero también de un discurso que se opone a las políticas ultraliberales. Bouteflika goza así de una cierta popularidad. Esta popularidad está reforzada por una actitud clientelista y un discurso ideológico islamo-nacionalista. Aparece como una garantía de estabilidad y una muralla contra toda crisis del tipo sirio o libio.

Pero en la realidad el poder, alrededor de un presidente debilitado físicamente pero presente políticamente, impone un cuarto mandato, toma en sus manos la organización patronal, el FCE (Fórum de los Jefes de Empresa), pero también el FLN y logra controlar el sindicato de los trabajadores UGTA (Unión General de los Trabajadores Argelinos). La caída de los precios del petróleo reduce sin embargo su margen de maniobra y exacerba sus contradicciones. El FCE se vuelve cada vez más agresivo planteando exigencias económicas tan liberales como las del FMI, el Banco Mundial y la oposición. El gobierno decide la supresión del derecho de retracto del Estado.

El segundo campo, el de la oposición demócrata ultraliberal representada por una coalición de partidos, reduce la crisis al autoritarismo del poder. Se reclama también de la democracia pero sin el pueblo por miedo a ser desbordado. Su programa es ultraliberal y antinacional. Su función histórica consiste en expulsar a la burocracia-burguesía en el poder para permitir a la burguesía gobernar, al fin, directamente.

La correlación de fuerzas está a favor del poder que conserva una cierta holgura financiera y dispone de un apoyo clientelista en el seno de la población y del imperialismo. Esta situación no parece arreglarse por un consenso. Puede profundizarse para provocar, a medio plazo, una crisis política abierta.

5. En el medio popular y entre los trabajadores, la combatividad hace temer una explosión social. Frena el ritmo y la amplitud de las reformas liberales. Lo que exacerba las contradicciones en el seno de los dos campos políticos. Pero los trabajadores presentan grandes carencias de solidaridad y de organización. La represión estimula objetivamente el combate democrático y crea las condiciones para una convergencia de las luchas y de las protestas populares. La ausencia de una fuerza política portadora de una orientación democrática, antiliberal y antiimperialista frena la constitución del movimiento popular como fuerza independiente. Lo que deja la vía libre a la ofensiva de las clases dominantes.

Para hacer frente a esos ataques, respondiendo al llamamiento de la coordinadora de los sindicatos autónomos o de las estructuras combativas de la UGTA, los trabajadores se han movilizado estos últimos tiempos. Los parados de la ciudad petrolera de Ouargla, afiliados al CNDDC (Comité Nacional para la Defensa de los Derechos de los Parados), se han manifestado. Los estudiantes inquietos por su futuro se movilizan en Boumerdes, Orán, Constantine. Los habitantes de las ciudades y pueblos del país denuncian la carestía de la vida (Adrar, Ouargla, Béchar, El Oued…) y manifiestan su descontento. Pero la resistencia sigue siendo laboriosa. Las últimas manifestaciones sobre las jubilaciones organizadas por los sindicatos autónomos se han quedado muy por detrás de las movilizaciones deseadas. La jubilación no es tan movilizadora como las reivindicaciones salariales, subraya el secretario general del CLA, tanto más en la medida que hay cada vez más trabajo informal y precario, lo que preocupa al mundo del trabajo.

Frente a la inquietud y al descontento legítimos que no dejan de ampliarse, el poder rechaza toda concertación y reprime. Los ataques a las libertades democráticas se multiplican.

Ante la degradación de la situación, es el momento de la resistencia contra la política de expoliación de las riquezas y de la economía nacional en beneficio de una minoría de especuladores argelinos y de empresas extranjeras. Hay que continuar denunciando la puesta en cuestión de las conquistas sociales y la represión de la que son víctimas las clases populares y sus representantes sindicales, asociativos, políticos, aportar pleno apoyo a las luchas de los trabajadores, de los parados y de los estudiantes, con vistas a una convergencia democrática, antiliberal y antiimperialista y construir una alternativa popular a la actual política.

21/12/2016

http://alencontre.org/moyenorient/algerie/algerie-liberalisation-et-consensus-autoritaire.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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