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Posverdad
La no realidad
22/12/2016 | Tomás Alberich

En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira,
todo es según el color del cristal con que se mira. 
Ramón de Campoamor (s. XIX)

Están de moda los conceptos no y pos: la no verdad o posverdad, los no espacios,...

La posverdad es ya un término consagrado por los posmodernistas. Incluso diríamos por los sucesores del posmodernismo, que son aquellos que quieren superar lo moderno (las ideologías) para llegar a lo pos, a lo pos de lo pos, es decir a la posnada.

El Diccionario Oxford ha elegido la posverdad como palabra del año, con la definición de "Relativo o referido a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales".

Javier Gallego: “No es nada nuevo, es lo que hacen constantemente la política, la propaganda, la publicidad y el mal llamado periodismo, apelar más a los sentimientos que a la verdad. Pero esto tenía ya un nombre: mentira y manipulación ... La ‘posverdad’ es una palabra posmoderna y ‘posverdadera’ ... , no hay que dejarse embaucar por su misma neolengua que vacía la realidad de su crudeza a base de eufemismos ... La ‘posverdad’ es otra victoria de la mentira” (eldiario.es 14/12/16). Y antes Iker Armentia aclaraba que “La gente prefiere confirmar sus ideas antes que contrastarlas con la realidad”. Algo que nos ocurre constantemente, ya que elegimos los medios de comunicación y las redes comunicativas que nos son afines.

“El nuevo enemigo de los medios serios son las redes sociales porque han roto con el cártel de comunicación que hemos vivido hasta ahora ... Iñigo Lobato lo llama Ataque de Pánico de los Emisores Legitimados...” (Armentia, eldiario.es, 2/12/16). Son los grandes medios de comunicación los que, a base de manipular, ahora se escandalizan con las redes sociales por hacer lo mismo, pero masivamente y sin su permiso.

Los No Espacios son los territorios excepcionales, donde no rige la legislación, son espacios bajo permanente estado de excepción. Anteriormente Marc Augé nos había hablado de “Los no lugares” (Gedisa, 2009) como “espacios propiamente contemporáneos de confluencia anónimos, donde personas en tránsito deben instalarse durante algún tiempo de espera, sea a la salida del avión, del tren o del metro que ha de llegar. Apenas permiten un furtivo cruce de miradas entre personas que nunca más se encontrarán”. Ahora se ha dado una nueva vuelta de tuerca, los no espacios son cada vez más numerosos: espacios entre vallas fronterizas, espacios entre alambradas donde los humanos no tienen derechos humanos. Salvo que sean miembros de las fuerzas del “orden”. Pueden arbitrariamente ser enviados a un país u otro, a un lado u otro de la doble frontera.

No espacios multiplicados en cientos de campos de refugiados, donde miles, cientos de miles de personas, no tienen derechos porque son refugiados no reconocidos. Se les considera “inmigrantes ilegales”, apátridas sin espacio que viven en permanente estado de excepción (lo cual es una contradicción en sí mismo), ya que no se les aplica la legislación normal de ningún país. Con el campo de concentración de Guantánamo Bush inauguró estos no espacios en el siglo XXI.

Pero tenemos más.

En las no guerras actuales los ejércitos juegan a bombardear como si de un video juego se tratase, hasta el punto de que algunos pilotos han confesado que bombardean como si estuvieran con el videojuego y que es difícil distinguir la realidad no virtual de la que es. Más del 90% de los muertos en las guerras de este siglo son civiles (perdón, no son muertos ni asesinatos: son bajas por efectos colaterales, que no termino de usar la neolengua de la posverdad). Con los drones más. Con Obama, Presidente-Nobel de la Paz, y su ministra de exteriores Hilary Clinton, se ha multiplicado por mil el uso de drones para bombardear objetivos sospechosos. Tan sospechosos como celebrar una boda o un funeral en zonas de conflicto. Pero no se preocupen señores Obama-Clinton. Todo es empeorable. Estamos en el año cero de la era Trump y ustedes pueden pasar a la historia como unos angelitos, un periodo en que todo empeoró pero mucho menos que en el siguiente.

En España tenemos un No Presidente que gobierna sin gobernar y así no da problemas. Ha elevado a sagrado la no política: hacer nada es lo más eficaz para él y su partido, los demás se van desangrando hasta perecer en luchas internas y en no-debates sobre si pactar o no pactar, o sobre el significado de “no es no”. Ahora ya sabemos que no realmente significa que en principio “de entrada” no, pero también puede ser no votar o abstenerse.

Y tenemos la No-Prensa que antes informaba. El posPaís es el no periódico por excelencia. Cada día, puntualmente, nos regala una no-no ticia (valga la redundancia nonera) sobre las crisis de Podemos. Haciendo exuberancia de imaginación desbordante.

Pero no solamente sobre los podemitas inventan titulares amarillos. Por ejemplo, hace un par de semanas sobre Portugal: Por qué un país en quiebra es el único de Europa que mejora en el informe PISA Así de paso nos enteramos de que nuestro país vecino está en quiebra, o ¿es El País el que está en quiebra? y se les ha escapado un error freudiano. Y nosotros sin saberlo ¿O será porque en Portugal toda la izquierda se puso de acuerdo en unos mínimos para gobernar? Y, eso, ya sabemos que no se tolera, ni aquí ni allí.

En España somos los campeones de la no realidad: no tenemos tabloides amarillos, porque el amarillo es el color preferido de los oficiales, han tomado los medios de comunicación exserios. No tenemos partidos de ultraderecha ni neofascistas en los parlamentos, porque todos sabemos que la mitad del PP lo es.

Tenemos otros fenómenos curiosos: noticia de actualidad en el último mes multiplicada por mil: los padres de Nadia son unos presuntos estafadores. Pero ¿quién sacó en los platós de televisión y en los medios-espectáculo a unos pobres padres que buscaban dinero para curar la enfermedad rara de su hija? ¿A algún periodista o directivo comunicativo se le ocurrió contrastar mínimamente la información antes de pensar que el espectáculo lloroso daba audiencia? No, para qué. Antes el espectáculo era sacar a los padres, ahora lo es acusarles de corruptos y de mil tropelías. Saldrán mil abusos fraudulentos ¿qué periodista va a explicar que fueron los medios los corresponsables del escándalo?

Hasta hemos visto numerosos no-accidentes en corruptas familias pperas y de forma natural infartos no tan naturales, viudas tiroteadas no se sabe por quién, con funerales valencianos infestados de gürtelianos. Qué curioso ¿avisos a navegantes? ¿realidad, ficción? ¿realidad virtual? ¿Cómo distinguirlo?

Tomás Alberich es sociólogo.

 



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