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tonirico,blogspot | País Valencià
Hacia un nuevo valencianismo desde el fusterianismo
10/12/2016 | Toni Rico

En los últimos tiempos han proliferado entre el valencianismo posturas contrarias a la idea de los Països Catalans. Hasta aquí correcto. No lo comparto, pero reconozco que es legítimo. En el campo del nacionalismo y en la interpretación de un concepto tan abstracto y abierto como es el de "nación", todo el mundo está invitado a opinar y mostrar cuál es su proyecto. El debate, sin embargo, muchas veces termina viciado por la adjetivación constante de los planteamientos que se hacen, tanto de un lado como del otro, una situación que nos lleva a posicionamientos defensivos y poco útiles para la loable tarea de "valencianizar"el País Valencià y avanzar hacia la plena soberanía de nuestro pueblo.

El antifusterianismo visceral

El primer punto sobre el que me gustaría hablar es del antifusterianismo que ha proliferado en determinados sectores, especialmente desde la muerte de Fuster. Un antifusterianismo que se inspira fundamentalmente en el ensayo De impura natione de Damià Mollà y Eduard Mira. Una obra que, se ha de convenir, se debe leer de manera obligatoria al igual que lo hacemos con Nosaltres els valencians, sobre todo por un motivo fundamental: porque de no hacerlo, no entenderemos nada o sólo una parte de la discusión. Los seguidores de Mollà y Mira, sin embargo, han acabado haciendo lo mismo que aquello de lo que acusan al valencianismo de raíz fusteriana: han sacralizado su obra de cabecera. Y es que, ni el Nosaltres... es la Biblia ni De impura natione el Corán. La sacralización, además, conlleva una consecuencia directa que es contraproducente para el debate: el adjetivación del contrario y el menosprecio hacia todo lo que este representa.

Para los antifusterianos, el intelectual de Sueca es una especie de demonio con rabo que ha sido el culpable absoluto de la situación actual del valencianismo. Primer reduccionismo visceral y tonto. Joan Fuster fue un intelectual gracias al cual hoy día todavía tenemos valencianismo. Esto lo afirmo porque lo creo firmemente. Ahora bien, Joan Fuster, como buen ser humano que era, se equivocó en muchas ocasiones. Desde mi punto de vista no tanto en la teoría como en la práctica. De aquí, sin embargo, a acusarle de todos los males del país va un buen trecho. ¿Por qué existe un antifusterianismo tan visceral, entonces? Por una razón muy concreta: aquel que tiene una visión frustrada del País Valencià ha de crear su culpable particular y, en este sentido, Joan Fuster es un buen enemigo a batir. Con esto terminan haciendo, otra vez, lo mismo que, según ellos, hizo Fuster toda la vida: buscarse un enemigo. Fuster lo encontró en el regionalismo y ellos lo encuentran en el catalanismo. Y yo me pregunto: ¿sirve esto para algo? Y tengo también la respuesta: no. El enemigo tiene nombres y apellidos: se llaman España y españolismo. Si el valencianismo como movimiento no llega a esta conclusión será toda la vida un movimiento frustrado, errado, fracasado, sin un horizonte claro. Un movimiento que seguirá arrastrando las mismas fobias y planteamientos erróneos, los mismos fracasos y frustraciones.

Si la autoproclamada "tercera vía" quiere ser tomada seriamente, lo primero que tendría que hacer es dejar de demonizar a Fuster y a sus seguidores, que a día de hoy, les guste o no, aun somos muchos. Es más, me atrevo a hacer otra afirmación: dentro del mismo Bloc Nacionalista Valencià, los fusterianos -en términos amplios- todavía son mayoría, eso sí, una mayoría silenciosa y silenciada. La realidad del País Valencià es muy compleja y variada. Intentar reducir la identidad valenciana en su conjunto a lo existente en una zona muy concreta del país no ayuda, en absoluto, a la valencianización del territorio. Así como no se deben despreciar los rasgos identitarios y tradicionales del centro del país, tampoco se puede pretender hacernos creer al resto de los valencianos que estos son los que nos identifican a todos como pueblo. Para entendernos, la senyera con franja azul, muy bien, pero en Valencia que para eso es la de esta ciudad. Las fallas, maravillosas, pero que se hagan donde realmente son tradicionales y que no nos las intentan colar con calzador al resto de valencianos. Criticar el valencianismo de raíz fusteriana por haber creado un imaginario falso donde predominan los elementos “catalanes" frente a los "valencianos" y, a la vez, uniformar el territorio valenciano bajo la identidad folclórica creada por Teodoro Llorente o Blasco Ibáñez, no es la mejor manera de diferenciarte de lo que criticas.

Un catalanismo sin horizonte claro

Frente a las posturas "terceraviaistas", ha continuado existiendo, en tierras valencianas, un planteamiento nacional identificado con los posicionamientos fusterianos que apuesta por la construcción de un valencianismo que tiene como horizonte la construcción de los Països Catalans. Este valencianismo, que podríamos calificar como catalanista, ha sido mayoritario en el nacionalismo valenciano desde la aparición del clásico fusteriano Nosaltres els valencians y ha tenido diferentes representaciones políticas a lo largo de la historia, representadas mayoritariamente por las ideologías de izquierdas. El valencianismo de raíz fusteriana, sin embargo, ha caído en las mismas trampas que su fundador: el rechazo y el enfrentamiento constante con el regionalismo valenciano y el hecho de pensar que los valencianos somos un país frustrado. Este posicionamiento, muchas veces también radical y visceral, ha llevado al valencianismo fusteriano a ser identificado por diferentes sectores del pueblo valenciano como colonizador y foráneo, y no como la representación identitaria propia. Cabe decir que, evidentemente, el españolismo militante ha jugado un papel fundamental en la creación de una mitología anticatalanista surrealista y esperpéntica, en la que parece que los catalanes del Principat tengan los tanques preparados a la altura del Ebro dispuestos a entrar en tierras valencianas y arrasarlo todo. Pero, ¿todo es culpa del españolismo? ¿Tan importante es el enemigo y tan débiles somos los valencianos? Quizás sería necesario que el valencianismo fusteriano hiciera un poco de autocrítica y reflexionara sobre si su discurso se adecua a la realidad del país, a las necesidades de una sociedad que poco a poco se ha ido alejando de debates identitarios, y se ha acercado más a planteamientos de una indiferencia ilustrada predominante, fruto más del agotamiento y del cansancio que de la frustración nacional que el fusterianismo ha planteado como base teórica.

Estos planteamientos nos han llevado a un cierre en banda extremo, en el que todo el que no apuesta claramente por los Països Catalans ya es una especie de traidor, de botifler, de neoblavero o tonterías semejantes, lo que nos lleva a no escuchar a aquellos que plantean alternativas diferentes por la simple razón de que cuestionan las esencias fundamentales de nuestro cuerpo teórico. Y esto, ¿ha ayudado a hacer avanzar la idea de los Països Catalans en la sociedad valenciana? No, todo lo contrario, es la misma estrategia errónea que la de los "terceraviaistas” acérrimos cuando creen que eliminando los Països Catalans de su vocabulario básico ya llegarán al 5% de los votos. Son las mismas equivocaciones que las que cometen los antifusterianos cuando pontifican personajes como Teodoro Llorente o Blasco Ibáñez y demonizan a Fuster. Encontrar el enemigo en aquellos con los que compartes más puntos de los que realmente te separan es hacer el juego al españolismo, es digno de un infantilismo prepolítico. Ahora bien, debemos reconocer que es mucho más fácil ir siempre a la contra de todo que no ponerse a encontrar puntos de confluencia, estrategias comunes a partir de las cuales podamos avanzar en la construcción nacional del País Valencià.

Hacia un nuevo fusterianismo: el valencianismo del siglo XXI

Llegados a este punto de divergencia entre un valencianismo y otro, ¿qué tenemos que hacer? Lo primero es revisar todo lo que se ha dicho y escrito en los últimos cincuenta años y adaptarlo a la realidad social del siglo XXI. El valencianismo de la II República, el pensamiento y la obra de Joan Fuster, las propuestas de Carles Salvador, los textos de los años setenta y el legado de personas como Vicent Ventura, las reflexiones “terceraviaistas” y todo aquello que parta del reconocimiento de los valencianos como pueblo, debe ser el cuerpo teórico a partir del cual empezar a trabajar. Habrá gente a la que puede sorprender la mezcla de fuentes, pero creo que si no abrazamos todas las familias del valencianismo e intentamos crear algo juntos nunca saldremos adelante. Todo el mundo tiene su parte de razón, sus equivocaciones y confusiones, es algo que tenemos que asumir.

Por tanto, el primer paso que hay que hacer es el de reconocer que los valencianos de todas las comarcas históricas del país formamos una misma comunidad humana, un mismo pueblo. Esto ya lo decía Fuster, no invento nada nuevo, el problema es que la evolución de la idea de los Països Catalans ha llevado muchas veces a sus partidarios a confundir la realidad y las ideas de Fuster, llegando al punto de no saber distinguir entre conceptos tan diferentes como país y comarca por el simple hecho de defender una territorialidad concreta. El País Valencià no es una comarca ni una extensión del Principat de Catalunya, y quien lo piense así se confunde y además partirá de un planteamiento antihistórico. El País Valencià forma un todo en sí mismo, sin la necesidad obligada de compartir proyectos políticos con otros territorios cercanos. Los valencianos son mayores de edad para tomar sus propias decisiones, sin apadrinamientos de nadie ni tutorizaciones per se.

¿Esto quiere decir que el País Valencià se ha de descolgar de la idea de los Països Catalans? No, ni mucho menos. Y es más, creo que nuestra plenitud nacional sólo la podremos conseguir yendo de la mano de catalanes, de la gente de les Illes y de las de Andorra en la construcción de un proyecto nacional y político común. Este proyecto, sin embargo, debe partir de la heterogeneidad y el respeto a la diversidad existente dentro de lo que llamamos nación catalana y que engloba a toda la ciudadanía que comparte el catalán como lengua o bien habitan los territorios donde ésta es hablada. Los "terceraviaistas" han avanzado en sus textos en la idea de federalismo, el problema es que mientras ellos apuestan por un federalismo enmarcado dentro del conjunto de los países de la península ibérica, el planteamiento del valencianismo debe ser el de avanzar en el federalismo de los Països Catalans. Como decía Carles Salvador: "quisiera (...) un Estado Catalán que comprendiera todas las tierras de lengua catalana y mi País Valencià autónomo dentro del Estado Catalán".

El federalismo, pues, reconoce la identidad particular de cada uno de los territorios de los Països Catalans y los dota de entidad y soberanía propia. Querer construir una nación catalana de Salses a Guardamar y de Fraga a Maó sin reflejar esta diversidad territorial es tan irreal como querer construir una supuesta nación valenciana que no tiene ningún nexo de unión con el resto de territorios con los que comparte lengua, historia y, hay que decirlo también, problemáticas económicas comunes. Tanto una propuesta como la otra no ayudan a la valencianización del país, a la liberación del sujeto que dicen defender sino todo lo contrario, parten de premisas cerradas e inapelables que no dejan evolucionar el proyecto nacionalista valenciano. Hay, pues, que valencianizar el discurso del valencianismo político sin dejar de lado, sin embargo, las referencias al proyecto común de los Països Catalans. Otra cosa es si la estrategia política concreta que ahora mismo más nos beneficia es la de hablar de la nación catalana o más bien hacerlo casi de manera exclusiva del País Valencià. Es posible, no lo negaré yo, pero lo que sí que no puede hacer el valencianismo es prescindir del proyecto compartido con los otros catalanes. Esto es un error monumental, no sólo desde el punto de vista histórico o lingüístico, sino también económico y político.

Una vez reconozcamos la diversidad territorial de los Països Catalans hay que avanzar en la consecución del proyecto común. En el proceso de construcción nacional catalán, la creación de redes, de sinergias entre los distintos países es fundamental para la creación de una conciencia compartida por parte de todas aquellas personas que deben entrar a formar parte. Partidos políticos de ámbito nacional, periódicos, organizaciones culturales, deportivas, redes de centros educativos, instituciones políticas como la Asamblea de Concejales de los Països Catalans, entre otros, son elementos fundamentales para empezar a conocernos y para iniciar este proceso de vertebración del territorio. Además, nos encontramos en un momento clave de todo el proceso, más aún si tenemos en cuenta que actualmente hay una zona de la nación, el Principat de Catalunya, que se encuentra inmerso en un proceso de crecimiento del independentismo como nunca se había visto en su historia contemporánea. Si el resto de territorios no quieren quedarse descolgados, y pienso sobre todo en el País Valencià, es necesario que el valencianismo comience a trabajar para conseguir una mayoría social como la que, poco a poco, se ha ido construyendo en el Principat. Y es necesario un valencianismo valiente y sin complejos que hable de tú a tú con el nacionalismo del Principat, que hable del País Valencià pero también de los Països Catalans como un proyecto de futuro beneficioso para la sociedad valenciana y no como una nación ancestral y romántica fundamentada en unas esencias patrias que no podemos perder. La sociedad debe entender que la liberación del País Valencià en el marco federal de unos Països Catalans libres es la propuesta más beneficiosa para su bienestar individual y colectivo. Si no lo hacemos así, seguiremos siendo unos seres extraños en una sociedad dormida y "despreocupada" que se conforma con poder llegar a fin de mes viendo como el Valencia, el Hércules, el Villarreal, el Mallorca o, como no, el Barça, ganan sus respectivos partidos. ¿Es esto lo que queremos? Pues manos a la obra que como dijo el poeta "todo está por hacer y todo es posible".

24/10/2016
http://tonirico.blogspot.com.es/2010/10/cap-un-nou-valencianisme-des-del.html



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