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Francia. Balance de las movilizaciones contra la Ley del Trabajo
Formas inéditas y problemas políticos
08/12/2016 | Patrick Le Moal

"Nuestra revuelta no tiene nada que ver con las pantomimas encorbatadas de quienes nos gobiernan. Ha sido la traducción visible de una fuerza invisible. La expresión pública de una pulsión vital. De las tripas y del corazón. No se puede hacer un balance de las tripas de la misma forma que no se puede encerrar el corazón en un balance de sumas y restas."

Manuel Cervera Marzal/1

El 15 de septiembre de 2016, entre 100 000 y 150 000 manifestantes tomaron parte en la 14ª jornada de movilización nacional [contra la Ley El Khomri]. Este nivel de participación, aún cuando resultara pequeño, mostraba que el rechazo a la Ley del Trabajo y "su mundo" continuaba intacto incluso tras su aprobación el 21 de julio: los equipos militantes combativos ocupaban las calles contra el gobierno y el sistema político. Ni los atentados del verano ni las peripecias mediáticas propias del inicio de la campaña para las presidenciales [mayo 2017] lograron impedir su expresión tras el período estival.

Actualmente asistimos al aparente fin de la ola de movilización que iniciada en febrero con la firma de del manifiesto contra la Ley del Trabajo a través de las redes sociales. Manifiesto que logró más de 1 millón de firmas en solo dos semanas. Pero no la enterremos tan pronto porque, dada la dimensión de la crisis social y política actual, puede resurgir bajo nuevas formas, ya que la radicalización que se expresó entonces es fruto de la gravedad de la contrarreforma neoliberal y autoritaria y de la incapacidad de los partidos dominantes para ofrecer perspectivas a las y los de abajo.

Lo que está en juego para la burguesía con la Ley del Trabajo

La movilización contra la Ley del Trabajo hacía frente a un proyecto clave para el gobierno y la burguesía. Un proyecto orientado a destruir la mayor parte de las conquistas sociales obtenidas durante el medio siglo que va de 1936 a 1986 y que aún están vigentes en el código laboral. Su objetivo es equiparar el derecho laboral francés al del resto de los países europeos. Algo que las movilizaciones de los últimos 30 años han logrado impedir, si bien no han servido para obtener grandes victorias. Hoy en día su objetivo es implantar una desregulación del mercado laboral similar a la del resto de los grandes países europeos.

Así pues, la confrontación, más que contra un proyecto de Ley propiamente dicho, era entre la burguesía y el proletariado. Para ganarla, era precisa una movilización masiva y dispuesta a ir al límite; construir una relación de fuerzas que no les dejara otra alternativa que ceder o arriesgarse a perder más.

Rupturas con el Partido Socialista

Las movilizaciones consagraron la ruptura de una parte de las clases populares con el Partido Socialista (PS) y su gobierno, y la potencia del movimiento sacudió la rutina y a los aparatos sindicales.

Dado que las direcciones de los sindicatos opuestos a la Ley, CGT, FO, Solidaires, FSU, que fue reformulada para obtener el apoyo de la CFDT, de la CGC y de UNSA, no tenían en perspectiva una respuesta a la medida de las circunstancias, la primera reacción llegó de gente crítica del PS/2 opuesta a la misma a través de una petición a través de internet. La rapidez con la que se alcanzó el millón de firmas era la expresión de un rechazo espontáneo al proyecto. Oposición que, según todas las encuestas, continuó siendo mayoritaria a lo largo de todo el conflicto: 70 % de oposición a la ley y 55 % de apoyo a las manifestaciones y huelgas. A este nivel y por primera vez desde 1981 [elección de Mitterand a la presidencia de la Republica], la base social que votó a Hollande en 2012 se opone frontalmente al gobierno de PS.

La iniciativa de la primera jornada de movilización (9 de marzo) partió de un grupo de jóvenes que realizó un vídeo, On vaut mieux que ça (Mercemos algo mejor) sobre las vejaciones y el atentado a la dignidad [que implica la precarización de la vida] y que suscitó reacciones masivas. Las organizaciones juveniles se sumaron a la misma con movilizaciones en las universidades y detrás llegaron las confederaciones sindicales. Desbordada en esta primera ocasión, la Intersindical (CGT, FO, Solidaires, FSU) tomó las riendas de cara a las siguientes. La sucesión de 14 jornadas de acción dio lugar a una movilización masiva, duradera, persistente y firme de importantes franjas del proletariado. Las movilizaciones masivas si bien no alcanzaron las cifras de 2010/3, movilizaron ampliamente: entre 200 000 y 1 millón de personas.

Hay diversos factores que explican este retroceso en relación a 2010: la ausencia del sector de la educación y la debilidad del sector del funcionariado que se movilizó, así coomo la ausencia de unidad sindical (en 2010 la CFDT no apoyó el proyecto gubernamental), y el anti-sarkozismo. A diferencia de las grandes movilizaciones de los últimos 20 años, el proletariado del sector privado desempeñó un papel central en estas movilizaciones. La movilización se dio en diferentes ramas del sector privado, en las pequeñas empresas, en el comercio, en los servicios sociales y en la sanidad, obteniendo mejoras en algunos de ellos. Se trata de una recuperación importante de la acción colectiva, de la que el gobierno se dio cuenta, como quedó de manifiesto con su marcha atrás en torno al transporte por carretera [retirando los aspectos más lesivos contenidos en la ley] en un momento crucial [cuando las rutas principales corrían el riesgo de ser bloqueadas en el conjunto del territorio].

Las huelgas, salvo en determinados sectores como las refinerías, el ferrocarril …, fueron minoritarias y no se extendieron al conjunto de la población trabajadora.

A pesar de ello, sectores sindicales radicalizados mantuvieron la movilizaron entre 4 y 6 meses a través de bloqueos, de acciones espectaculares, ocupación de alcaldías, operaciones "caracol", etc. denunciando el maridaje del PS con la patronal (MEDEF). Y aunque no lograron adquirid un carácter de masas fueron bien recibidas por la población.

Junto a ello, tras la gran manifestación del 31 de marzo en Paris, una franja de militantes radicales se organizó de forma muy variada en la iniciativa Nuit Debout, impulsando debates y acciones radicales durante 4 meses. En ocasiones junto a esos sectores sindicales radicalizados.

Estos dos grupos integran a los sectores militantes más radicalizados y más conscientes de la nocividad del proyecto de Ley y de la sociedad a la que nos conduce, así como de la importancia de ganar. Sectores politizados en la lucha.

Ahora bien, se trata de grupos minoritarios y si bien su firmeza, en sí misma, constituye un fermento para la radicalización de amplios sectores, no resultaban suficientes para crear una relación de fuerzas y obligar a ceder al gobierno y a la burguesía.

El problema central al que se ven confrontado las y los anticapitalistas es el siguiente: ¿cómo convertir estos sectores, los más combativos, la vanguardia, en un factor permanente que logre movilizar e influenciar a sectores amplios de masas opuestos a la Ley del Trabajo en una perspectiva de confrontación con el poder? ¿cómo situarse un paso por delante de las masa, pero no diez, porque diez pasos por delante nos quedamos solos y las masas siguen su propia ruta?

Sobre la necesidad de una posición de frente único

En efecto. Porque el reto principal era movilizar de forma duradera a la mayoría de ese 70 % opuesto a la Ley y al 50-60 % favorables a las huelgas; lograr que esta opinión mayoritaria se mantuviera y favoreciera la entrada en acción de centenares de miles, de millones de personas jóvenes, asalariadas…

El trabajo de proselitismo entre quienes votan a la CFDT (1 sobre 4) o al dúo CGC/UNSA [sindicatos de cuadros] (14 %) es fundamental para aislar a las direcciones de esas centrales. No podemos olvidar que entre ambos constituyen el 35-40 % del mundo asalariado y que es expresión (aunque sea deformada) de un determinado nivel de conciencia de un importante sector del proletariado. Evidentemente, esto repercute en las empresas y los sectores a la hora de movilizarse; y el trabajo que ha permitido a lo largo de la movilización hacer evolucionar la posición de la CGC [al final, este sindicato reclamaba también la retirada de la Ley] y una buena parte del UNSA fue fundamental: se dio porque la base de esas organizaciones impidió a sus direcciones defender su posición y les obligaron a tomar distancias de la Ley.

Los sindicatos que rechazaban la Ley de forma activa: CGT, FO, Solidaires y, de forma platónica, la FSU no fueron quienes desencadenaron la movilización. No hay más que ver su limitada crítica cuando se anunció el proyecto a finales de 2015 y la ausencia de una perspectiva de movilización. La primera gran iniciativa del 9 de marzo se dio al margen de los sindicatos e incluso de sus sectores más combativos.

Y la fuerza con la que comenzó la movilización fue la expresión de una profunda crisis social que abarca a todas las capas de la sociedad y del malestar contra la aceleración brutal de la ofensiva neoliberal en el marco de una estrategia de shock emprendida por el gobierno tras los atentados de noviembre. Es el rechazo a esa ofensiva lo que explica la profundidad del proceso. Las direcciones sindicales de CGT y FO lo comprendieron y se pusieron a organizar el movimiento de inmediato.

Lo hicieron también porque una parte de sus equipos de dirección se dieron cuenta que la ofensiva también se dirigía contra los sindicatos: el gobierno puso en marcha una política orientada a marginalizar y quebrar a los sindicatos que se niegan a avalar la contrarreforma neoliberal. El mensaje es claro: o bien los sindicatos aceptan ser los engranajes del sistema o se irá a por ellos. El gobierno de PS rechaza cualquier discusión, antes y ahora, con los sindicatos mayoritarios: no les deja ninguna puerta de salida a la CGT y FO. Es lo que hace que su futuro esté en juego en esta confrontación.

La actitud de FO es uno de los indicadores que muestra la ruptura profunda de una parte de mundo asalariado que votó a Hollande en las últimas elecciones presidenciales [2012].

Los intentos de la CGT para dialogar con el gobierno chocaron contra un muro. Algunos sectores de su dirección rechazaron ir a la confrontación con el gobierno, como quedó patente en el acuerdo que aceptó la federación del transporte en la SNCF (ferrocarril) [lo que debilitó el impacto de la movilización general].

Ahora bien, en el seno de la CGT existe una dinámica viva: la confederación ya no es todo un bloque; sus federaciones, uniones locales y departamentales están atravesados de profundos debates. Ya no existe de un lado la burocracia central y de otro la base. Hay debates fuertes a todos los niveles de la confederación que abarcan a numerosos responsables intermedios y también a niveles superiores.

Por ejemplo, la federación de químicas, animada por corrientes críticas del PC y PG, se pronunció por una confrontación política con el gobierno. Y el balance que hacen del fracaso de la generalización de la movilización a partir de la huelga en las refinerías es diferente al que realizaron en 2010. Consideran que fue pertinente su decisión política, siguen convencidos de que tenían razón de haber dado el paso que dieron, aunque resultara imposible darle continuidad si no se generalizaba la lucha; y, sobre todo, consideran que se puede seguir intentando.

Los efectos de todo esto, como los de la presión de los militantes durante el congreso de la CGT celebrado en abril pasado, tras la gran manifestación del 31 de marzo, llevaron al nuevo secretario general, Philippe Martinez a llamar a una "generalización de las huelgas en todo Francia y en todos los sectores". Toda una novedad. Solidaires y FO también realizaron preavisos de huelgas indefinidas, llamando a endurecer el movimiento lo más posible mediante paros. Si bien las direcciones sindicales no sometieron a la base las modalidades de acción a través de asambleas generales, al menos no se opusieron frontalmente a la generalización del movimiento.

Y si bien los sindicatos no plantearon una movilización que incrementara la confrontación con el gobierno, se mantuvieron en una línea de rechazo al proyecto mediante una movilización sostenida. En algunas ciudades, sus sectores más combativos organizaron bloqueos y acciones más radicales.

A veces también se opusieron a determinados sectores combativos que trataban de desbordarles y organizarse democráticamente al margen de su control, pero la mayoría de las veces se acomodaban sin conflicto.

Todos estos elementos ponen en evidencia el hecho de que el descrédito de las organizaciones políticas no adquiere la misma dimensión en relación a los sindicatos. Éstos siguen manteniendo lazos activos, conflictivos y críticos con la gente oprimida y explotada.

Por tanto, la crítica a las direcciones de los sindicatos debe ser en positivo, proponiendo perspectivas concretas que faciliten la extensión y la consolidación de las movilizaciones, y no de denuncia como si las mismas impidiesen la lucha contra la Ley.

La cuestión de la huelga general

Una de las cuestiones en debate entre las y los militantes afectados fue la cuestión de la preparación de una confrontación global a través de la huelga general. Para las franjas más activas de esta movilización estaba claro que las sucesivas huelgas de 24 horas y las manifestaciones semanales no eran suficientes para ganar. De ahí que se realizaran bloqueos y acciones de ese tipo. Como ocurre en cada ocasión desde 1995.

¿Por qué este debate no desembocó en la huelga general? ¿Cómo llegar a una huelga general, en qué cuestiones nos tenemos que apoyar?

Para tratar de ser eficaces en la agitación a favor de la huelga general e ir más allá de la distribución de hojas y de gritar consignas en las manifestaciones, hay que volver a discutir sobre el lugar de la huelga general en nuestras perspectivas.

La huelga general es una huelga en la que el conjunto de explotados y explotadas se une, define objetivos comunes y actúa como clase contra las clases explotadoras, con métodos y medios de lucha propios y que se corresponden con su lugar en la producción social y las relaciones políticas. La huelga ocupa un lugar central entre los medios de lucha, si bien no es el único, como lo muestra la evolución de las luchas actuales. A propósito de la huelga general, Trotsky escribió en 1936: "Lo que ha pasado, no son huelgas gremiales. Ni siquiera son huelgas. Es la huelga. Es la reunión en el gran día de los oprimidos contra los opresoras. Es el comienzo clásico de la revolución"/5.

En Francia las dos verdaderas huelgas generales de masas, 1936 y 1968, llegaron de forma espontánea, mientras que las huelgas generales a través de oleadas de 1920 y 1938 terminaron en fracasos.

Aparte de eso, muchos de los factores que actuaron en 1936 y 1968 han cambiado: la unidad sindical, las grandes concentraciones obreras que se ponen en movimiento y la existencia de un movimiento obrero político que unificaba las acciones y les daba una perspectiva política.

Ahora mismo las condiciones sociales, económicas y políticas han cambiado mucho, lo que explica en parte que la huelga general no se desencadene de forma espontánea y que no se extendiese la huelga a partir de la huelga en las refinerías.

Sin embargo, la agitación en torno a la huelga general conserva toda su utilidad. Porque muestra el camino para ganar, para hacer retroceder al gobierno mediante la creación de una relación de fuerzas tal que se le haga insostenible la situación porque su base social y política le empuja a retroceder para no perder más.

La política de frente único para el conjunto de la gente asalariado tiene como objetivo superar un obstáculo suplementario a la huelga general. Si nunca habrá un 100 % de personas asalariadas que se pongan en huelga (nunca ha existido y nunca existirá), es más fácil hacer huelga a partir de la unidad que de la división.

Pero, más sustancialmente, las y los proletarios no inician una huelga para … ir a la huelga general mas que cuando están unificados en torno a lo que ya no quieren y no desean y cuando tienen la convicción de que pueden obtenerlo de esa forma, en tanto que clase opuesta a la burguesía. En sí mismo, se trata de un enfrentamiento político, sea cual sea la capacidad de expresión consciente de quienes la realizan en un momento determinado.

Lo que genera las condiciones para una huelga general, interprofesional, que paralice la economía, el transporte y las instituciones del Estado es que la atmósfera que existe en el país es una atmósfera de confrontación global entre las clases; es decir, no se trata de la confrontación entre un sector de la patronal y un sector del proletariado, sino que todas las clases de la sociedad tienen la impresión que se trata de una confrontación entre el conjunto de la burguesía y el proletariado en su globalidad. Rosa Luxemburgo definió de forma remarcable el contenido de la huelga general de 1906: "La huelga de masas es simplemente la forma de la lucha revolucionaria (…) En una palabra, la huelga de masas, como nos lo demuestra la Revolución Rusa, no es un método artesanal descubierto por un razonamiento sutil con el propósito de hacer más efectiva la lucha proletaria, sino el método de movimiento de la masa proletaria, la forma fenoménica de la lucha proletaria en la revolución"/6.

En 1936 ocurrió que: hemos ganado las elecciones, nuestra vida va a cambiar y ¡la patronal no va a continuar a explotarnos y dominarnos como hasta ahora!

En 1968, tras diez años de poder gaullista, ocurrió que: estamos hartos de este poder y de su mundo, ¡queremos cambiar la vida!

Hoy en día está claro que lo que cristaliza la movilización es la Ley del Trabajo, pero que el motor de esta movilización, el profundo motivo de centenares de miles de explotados y explotadas y de la gente oprimida es el rechazo del mundo desregulado, neoliberal y policíaco que la burguesía y el gobierno quieren imponer a marchas forzadas, el odio hacia los Macron, Valls, Hollande y al PS.

A lo largo de los cuatro meses de movilización hubo algunos días a finales de mayo en los que esta atmósfera comenzó a mostrarse, debido a la escasez de carburante/7, de la huelga del transporte por carretera, del bloqueo de determinados almacenes, del inicio de la huelga en la SNCF… un momento en el que los ingredientes de la crisis política comenzaron a ponerse en marcha sobre el trasfondo de la amenaza del bloqueo económico.

Esto pone de manifiesto tanto lo que no hicieron las direcciones confederales como lo que trataron de hacer los sectores combativos, así como que la marcha hacia un enfrentamiento política superior no es automática aunque se presente como un objetivo alcanzable.

Tras la utilización del artículo 49.3/8, el rechazo de la moción de censura del 12 de mayo, y ante la represión violenta de las manifestaciones para aislar a los "violentos", quebrar las asambleas Nuit debout y poner fin a la movilización, las huelgas, bloqueos y las barricadas organizadas por decenas de intersindicales locales en las que confluían militantes de CGT, FO, Solidaires, Nuit Bedout de todos los sectores, marcaron una inflexión política. Fue entonces cuando el gobierno garantizó a los transportistas de carreta que sus incrementos no se pondrían en cuestión. Segundo retroceso táctico del gobierno tras los compromisos adoptados algunas semanas antes con los intermitentes del espectáculo/9.

Se dio un paso en la crisis política. Los ataques contra la CGT como objetivo a quebrar situí a Philippe Martinez como representante de la oposición política al gobierno pero sin que ello conllevara a la disociación de la dirección de FO. El ánimo y la combatividad de los militantes del movimiento se reafirmó y la movilización en la jornada de huelga del 26 de mayo fue muy superior a la de jornadas anteriores. El gobierno y el PS comenzaron a vacilar. Solo el líder de la CFDT, Laurent Berger, salió a la palestra para exigir que no se modificara ni un ápice la Ley.

Hubieran sido necesarios varios factores complementarios para pasar el umbral y que muchas empresas del sector privada tuvieran ganas de entrar en la danza, justamente porque el clima habría cambiado y dado confianza a las y los militantes de las pequeñas empresas.

Tenemos que tomar en consideración que la violencia de la represión no provocó una reacción de masas como la de las barricadas en mayo de 1968.

Desde un punto de vista político, en las manifestaciones la cuestión de la dimisión de Valls estaba omnipresente al lado de la exigencia de la retirada de la ley, pero la cuestión que se planteaba era justo la de qué alternativa. Es necesario trazar una perspectiva política contra el mundo neoliberal que impone su Ley del Trabajo. No hay un respuesta fácil, porque no hay una alternativa política. Sin embargo, es trabajando con los sectores más movilizados, más conscientes de cara a desacreditar al poder existente como podremos avanzar en esta vía.

Porque tenemos que intentar resolver los problemas que se nos plantean para ser eficaces, para crear una atmósfera de confrontación central entre las clases, partiendo del papel central de la acción como fuente de consciencia.

No se trata de un trabajo de convicción individual de las y los proletarios para que alcancen un determinado nivel de consciencia donde se encuentra la clave de estas evoluciones. La experiencia muestra que es a través de experiencias vividas en conjunto, de las acciones de masas, como toda una fracción de proletarios y proletarias, que no puede acceder a la consciencia de clase por la vía individual de la educación y de la propaganda, se despierta o despierta esta consciencia de clase, y accede a ella y se convierte en extremadamente combativa.

Por el momento, en esta movilización, solo muy limitadas franjas de gente proletaria "no organizada" se puso en movimiento. En el seno de esas franjas se dieron experiencias muy importantes de cara al futuro, una politización espectacular, porque en las formas adoptadas se diseñaban los embriones de lo que podría darse en movilizaciones masivas… pero para que puedan ser positivas y productivas se antoja necesaria una victoria.

De ahí la importancia de la relación entre la acción de estas franjas militantes y la construcción de la relación de fuerzas global, de una perspectiva de victoria.

La autoorganización

Desde el punto de vista de la autoorganización, las experiencias vividas son, también, bastante limitadas.

Es la Intersindical con las organizaciones juveniles la que organizó en el ámbito nacional las jornadas de acción y la mayoría de las veces a nivel local diversas iniciativas de bloqueo y movilización.

Pero la coyuntura general y las derrotas del pasado tienen un efecto sobre las organizaciones sindicales. A menudo las estructuras, sobre todo en las pequeñas y medianas ciudades, se debilitan; FO y CGT ya no están en la lógica de controlarlo todo, porque no disponen de los medios para ello. La FSU estuvo casi ausente del campo militante, Solidaires no tiene fuerza en muchos sitios.

Para tener el objetivo de construir una autoridad del movimiento diferente a la de las direcciones confederales de CGT y FO que son la dirección efectiva, para que la movilización pueda discutir y decidir por ella ella misma las fechas, es necesario que exista un movimiento más constante que el que hemos vivido. Aún no estamos ahí, por todas las razones señaladas más arriba.

Pero en el día a día, la cuestión de la autoorganización constituye un elemento central para quienes queremos construir una sociedad emancipada dirigida por todos sus miembros.

Dado que en la sociedad capitalista, las y los explotados y oprimidos están dominados en el conjunto de su quehacer diario, en el trabajo, en la ciudad, y también a través de los media que fabrican una vida centrada en torno a las necesidades de consumo capitalista, ¿cómo pasar de la nada al todo?

Si para que se produzcan todos esos procesos a escala de masas es fundamental una situación revolucionaria, en nuestra actividad cotidiana tenemos que hacer todo lo posible para favorecer los debates y asumir los problemas de los proletarios y proletarias. En un mundo habituado a la delegación de responsabilidades a las decisiones del jefe, al responsable sindical, a veces aunque bastante raro, a la responsable sindical… tenemos por delante un trabajo de fondo fundamental.

En todos los sitios, día a día, tenemos que trabajar para que la gente asalariada haga algo más que tener confianza en nosotros, y que nos exija, para que reflexione y decida por ella misma, organizándose y actuando colectivamente. Incluso entre nuestros militantes, tenemos que comprender y favorecer que la decisión final no será efectiva ni obligatoriamente nuestra propuesta, que consideraremos la mejor, sino que la elaborada y aceptaba por el colectivo militante, sobre la que se podrá después realizar un balance colectivo que posibilitaran un mayor grado de consciencia, superior a todos los discursos, incluso de los mejores. En el seno de la sociedad capitalista que busca formatear incluso la concepción del trabajo con el neoliberalismo, la experiencia de la reflexión y de la acción colectiva es fundamental.

Una vez más ¿dónde estamos? En los centros de trabajo, las formas de autoorganización no afectan mas que a determinados sectores en huelgas bastante activas, cuando que las y los asalariados no se van casa, que permiten reunirse, decidir y organizarse en común.

Es necesario reflexionar en torno a la articulación entre la ocupación de los centros de trabajo que permite hacer vivir la autoorganización dinámica y entre lo que pasa en las plazas, como lugar de encuentro de proletarios que trabajan en lugares dispersos. Las grandes empresas capaces de desempeñar una papel político de centralización de las movilizaciones son cada vez menos. ¿Cómo evitar que la lucha en la empresas [en una movilización general] no se oriente a unan lucha contra su patrón, alejándose del combate centralizado del proletariado contra la burguesía en cuanto clase? No hay soluciones milagrosas que salgan de la chistera, pero plantearse las buenas preguntas junto a la gente del movimiento nos permitirá encontrar las buenas respuestas.

Nuit debout

La novedad un poco más amplia, sin ser de masas, es la aparición de Nuit debout, como práctica nueva, caótica y muy prometedora a largo plazo. La represión inmediata impidió una masificación de la ocupación de las plazas, la policía prohibió cualquier acampada permanente y en muchas ciudades, y en Paris, organizó una guerra contra Nuit Debout. A pesar de ello, el proceso iniciado, en ruptura con los ritmos clásicos de las movilizaciones, es rico en enseñanzas de cara al futuro.

Las situaciones fueron muy variadas, diferentes de una ciudad a otra. Tienen en común que parten de un rechaza de una sociedad en la que ya nada tiene sentido, donde no controlamos el futuro, en un movimiento nacido a la vez de las derrotas de la izquierda desde hace más de 30 años y del contexto político actual, en el que la crisis sigue adelante sin que la indignación encuentre salidas ni logre expresarse.

Durante esos tres meses, los ritmos fueron muy variados: desde una actividad cotidiana en la mayoría de las grandes ciudades, con una dimensión particular en Paris, hasta los encuentros semanales en otros sitios. El público que acudía a ellos era muy variado: desde gente joven con título universitario a gente que vive en la exclusión social, pasando por gente joven que trabaja en pequeñas empresas que encuentra ahí un lugar en el que expresarse. Aún si algunos intelectuales y militantes experimentados pudieron jugar un papel importante, Nuit Debout fue para alguna gente la ocasión para organizarse, debatir, actuar en común. Una experiencia en la que para muchas y muchos la opción de ser libre constituye un fin en sí mismo. Se puso en marcha una democracia concreta, mediante la organización de debates, de intercambios en los que se expresaban aspiraciones a las que las y los militantes no están habituados: no se lucha para construir un mundo en el que no haya que luchas, sino que se lucha para vivir. Como Nuit Debout está en el registro de la acción por la acción, no se plantea los problemas de la representación: se actúa bajo la responsabilidad de cada cual, sin delegar, en el marco de una democracia directa; por tanto, es difícil adoptar decisiones que involucren a quienes no las votan.

A pesar de esos límites, en determinados sitios Nuit Debout sirvió de elemento de unión entre distintas manifestaciones, de punto de encuentro que intensificó las energías militantes. Este tránsito de la indignación a la acción colectiva a veces permitió poner en común acciones al margen del calendario de las intersindicales: bloqueos, acciones puntuales (Grenoble: los muertos en la calle: en Rouen un "Nuit Deboout salud social" alrededor de un colectivo y de sindicalistas, a Patin actividades en torno a la enseñanaza…). Nuit Debout de 2016 ha abierto un ciclo: nada parecido había existido antes en Francia. Hoy en día es imposible de predecir la forma que adoptará en el futuro esta voluntad de ocupar las places, pero los efectos sobre las mentalidades están ahí: la acción política también puede adoptar esta forma.

Los cortejos de cabeza [en las manifestaciones]

En las manifestaciones apareció otra forma nueva: los grupos de los "cortejos de cabeza", que se situaban por delante de la cabeza de manifestación Intersindical; en Paris, miles de manifestantes, en otras ciudades, cientos. Aparentemente en un cortejo poco organizado de simples manifestantes, se agrupan militantes sindicales individuales o en grupo, que quieren salir del tran-tran de la manifestación sindical tradicional y también grupos organizados de diferentes sensibilidades del "movimiento anarco-autónomo", la mayoría de las veces, más joven que el resto de la manifestación. Estos "cortejos de cabeza" fueron muy dinámicos, incluso si determinados cortejos [sectoriales, de empresa]sindicales de la CGT o Solidaires también lo eran en el seno del cortejo sindical que continuó siendo el centro de gravedad de la manifestación. En muchos sitios, de este cortejo de cabeza partieron acciones que salían del marco habitual: ataques a las sedes del PS, ataques a los bancos, otro tipo de ataques, y que muy a menudo dan origen a enfrentamientos con la policía.

La cuestión de la violencia ha sido muy importante dado el nivel de represión y de autoritarismo del neoliberalismo. Esta claro que la violencia social y policial está en el origen de los enfrentamientos, muy mediatizados con el objetivo de desprestigiar al movimiento. El gobierno optó por la confrontación sistemática, con una presencia policial agresiva, con intervención de grupos de policías en el seno de las manifestaciones, gaseándo y utilizando granadas de dispersión, etc.

En torno a esta violencia es necesario diferenciar a los grupos que hace de ella una opción política y a las y los manifestantes que tienen necesidad de expresar su rabia y su rechazo de la violencia del sistema, así como de la gente joven que quiere vengarse de la violencia policial sufrida.

En los cortejos aparentemente poco organizados, jugaron un papel importante los pequeños grupos organizados con un proyecto político. Eran diferentes de una ciudad a otra, pero lo más organizados vehiculizan la teoría del caos emancipador, del desorden creativo y del golpe, enfrentándose a la policía para dar ejemplo y hacer saltar la chispa. Esta concepción es contradictoria con una organización de masas democrática que organiza una conciencia colectiva.

Está claro que los grupos "autónomos" que desarrollan esta orientación, muy organizados a pesar de que detestan toda forma de organización democrática y pública (y que hay que diferenciar de los activistas que rechazan lisa y llanamente la forma partidaria), están instrumentalizados por el gobierno y el aparato represivo. No constituyen ninguna ayuda para el movimiento y, de hecho, han contribuido al establecimiento de un clima en el que manifestar se convertía en algo problemático; particularmente en Paris. En el contexto político actual, la violencia minoritaria no permite hacer avanzar la movilización. Contribuye a legitimar el fortalecimiento del dispositivo policial y facilita todas las maniobras de diversión que busca el gobierno para ocultar su política. Igualmente, contribuye a reducir la participación de determinadas franjas de la población en estas manifestaciones.

Al mismo tiempo, la cuestión del enfrentamiento violento se ha masificado, incluso cuando no alcance a todo el mundo en las manifestaciones. Determinadas acciones como los ataques contra los bancos, contra los locales del PS son percibidas positivamente por muchos manifestantes. La tolerancia e incluso la aceptación de lo que hacen los cortejos de cabeza, incluso las cargas contra la policía, es amplia y se extendió a medida que subía de grado la violencia policial y los ataques políticos del gobierno, a media que aumentaba el rechazo que suscitaba el gobierno y la arrogancia de la patronal. Aún criticando la política de los "autónomos", tenemos que reflexionar cómo ese potencial de radicalidad puede encontrar una expresión política en la acción siempre con la vista puesta en la masificación del movimiento.

Es indiscutible que las manifestaciones que recorren las ciudades no atemorizan al gobierno y a los poderosos, que quedan en lo simbólico. Ahora bien, los ataques a los bancos y a la policía tampoco superan ese estado simbólico. No atemorizan a los poderosos. De hecho se trata de una competición sobre quien va a hacer hablar más sobre lo que ha hecho cada cual: las manifestaciones clásicas o las que "atacan". Nadie ha demostrado su eficacidad.

Por lo tanto es necesario replantear la cuestión de la violencia. No como un medio en sí mismo, sino como la transición insoslayable cuando el movimiento de masas quiere imponer su punto de vista. Pero esperar que el enfrentamiento con el aparato de Estado debilite al Estado en la degrada relación de fuerzas en la que estamos, sin movilización de masas orientada hacia ello y sin una situación que desestructure el interior del aparato represivo, es un señuelo minorizante.

Tenemos que trabajar a solapar la radicalidad en la acción con objetivos políticos claros, asumibles y asumidos públicamente, como lo hacen los ecologistas que ocupan 24h una mina en Alemania o como lo han hecho los camaradas de "Y a pas d’arrangement" en Toulouse.

Necesitamos intercambios abiertos y plurales

Aún cuando no haya hecho fracasar el proyecto gubernamental, esta prolongada movilización ha dado lugar a formas de radicalización muy variadas, que se añaden a otros procesos en marcha en Francia, como las acciones contra los grandes proyectos inútiles e impuestos, las acciones ecologistas, las iniciativas contra el estado de excepción, contra el racismo y la islamofobia, en solidaridad con la población migrante, etc. , que no forman parte del debate político central dada la debilidad de los partidos políticos en la situación actual. Los partidos a la izquierda del PS supeditados a sus proyectos electorales estaban presentes en los enfrentamientos con el gobierno, pero no jugaron ningún papel. Los partidos de la extrema izquierda, las fuerzas anticapitalistas, los grupos revolucionarios son demasiado pequeños para desempeñar un papel motriz en la politización alrededor de perspectivas claras para el conjunto de esos militantes.

El reto para los próximos meses es el organizar procesos de encuentro de activistas, de militantes combativos de diverso tipo. A través de intercambios abiertos y plurales y mediante acciones radicales, es posible que esta movilización pueda fecundar al conjunto de actores sociales. Por ello, es insoslayable que estos procesos tengan permanentemente en cuenta la necesidad de una actividad de masas orientada hacia la mayoría de las y los de abajo; para ganar. Entonces podrán aparecer los contornos de una nueva forma de expresión política de masas que parta de la realidad de la lucha de clases.

30/09/2016

Publicano en el n 631 de Inprecor

Patrick Le Moal, militante de la IVe Internacional y miembro de la dirección del NPA.

Notas:

1/ Manuel Cervera Marzal "Nuit debout, l’instant d’après. Pour un bilan qui n’en soit pas un" publicado en la web de Contretemps : https://www.contretemps.eu/nuit-debout-bilan-cervera-marzal/

2/ Sobre todo Caroline De Hass, militante feminista de la asociación "Osez le féminisme", antigua secretaria de la UNEF, sindicato estudiante, militante du PS, miembro del gabinete ministerial de 2012 à 2013, que abandonó el PS en 2014, inició el debate sobre las primarias a la izquierda, para sumarse al equipo presidencial de la candidata a las primarias de EELV (Verdes) Cécil Duflot, que fue derrotada en la primera vuelta.

3/ En 2010 se contabilizaron hasta 7 jornada que reunieron entre 1,5 et 3 millones de manifestantes en todo el país.

4/ Cifras de la representatividad sindical en las últimas elecciones sindicales (2012-2013) : CGT 26,77 %, CFDT 26,00 %, FO 15,94 %, CFE-CGC 9, 43 %, CFTC 9,30 %, UNSA 4,26 %, Solidaires 3,47 %. El resto de listas (<1 %) 4,40 %.

5/ Léon Trotski, "La revolución francesa ha comenzado": https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1936/1936-francia/06.htm

6/ Rosa Luxemburgo, Huelga de masas, partido y sindicatos, IV (1906). https://www.marxists.org/espanol/luxem/06Huelgademasaspartidoysindicatos_0.pdf

7/ Las refinerías en huelga y el bloqueo de los depósitos de petróleo provocaron una escasez temporal de carburante en 4 000 de las 12 000 estaciones de servicio en Francia. La situación recuperó la normalidad tras el desbloqueo de los depósitos por la policia y tras recurrir a las reservas estratégicas.

8/ Procedimiento que permite hacer votar la globalidad de un texto sin ninguna moción de confianza que obliga al gobierno a dimitir es adoptada en el plazo de 24 horas. Este arma legislativa fue utilizada para la aprobación definitiva del texto. Los críticos de izquierda del partido gubernamental (PS) no lograron alcanzar el número de firmas necesario para depositar una moción de confianza de izquierda que pudiera haber sido votada por la derecha, y rehusaron votar la moción de confianza presentada por la derecha.

9/ Los intermitentes del espectáculo -artistas, músicos, obreros y técnicos que trabajan en el sector del espectáculo- estuvieron en lucha para defender su estatuto, que la patronal intenta liquidar desde hace años y que ya ha sido recortado. Siendo sus empleos, por definición, de corta duración, disponen de un estatus particular en el paro que les permite preservar el salario medio del año precedente a condición de haber estado trabajando al menos 507 horas a lo largos de los 12 meses precedentes. En 2015, la Oficina de Empleo, contabilizó 256 000 cotizantes en el régimen de intermitentes del espectáculo. Entre ellos, 156 000 artistas y 100 000 técnicos. Pero solo el 40 % habían alcanzado el umbral que les permitía tocar el subsisio de desempleo; es decir, preservar su ingreso medio (según Les Échos, 2 oct 2015).

Traducción: VIENTO SUR



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