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EE UU
En lucha en Standing Rock
05/12/2016 | Nancy Romer

Informe nº 1

Llegamos al campamento de Standing Rock a última hora de la tarde del jueves, 10 de noviembre, cuando el sol empezaba a ponerse. Entrar en coche en el lugar fue realmente impresionante: ¡es enorme! Es una aldea de unos 500 (probablemente más) tipis, yurtas, tiendas, roulotte, autocaravanas, algunas de ellas muy grandes, capaces de acoger a decenas de personas. Algunas de las participantes en las actividades diarias se alojan, como yo misma, en el Prairie Knights Casino Hotel, gestionado por los sioux. El hotel y el casino también son enormes. El territorio de la reserva es vasto y el paisaje es hermoso, tranquilo y extenso. Miles de personas han participado en la protesta desde que comenzó en primavera.

El campamento es un frente único de todas las tribus indígenas y sus aliados, que se han movilizado para impedir la construcción de un oleoducto de casi 2 000 kilómetros, destinado a transportar petróleo obtenido mediante fracturación hidráulica (fracking) a través de tierras indígenas, en particular por debajo del sector del río Misuri, que se halla en la reserva sioux de Standing Rock, y de un cementerio sagrado. La tribu de los sioux se ha opuesto al proyecto, cuya ejecución requiere su aprobación, de acuerdo con los tratados suscritos con el gobierno de EE UU. Estamos de nuevo ante una desgraciada vieja historia de opresión colonial. Los manifestantes son “defensores del agua”, que protegen la Madre Tierra, y su lema es: “el agua es vida”. Se enfrentan a la industria petrolera en su propio nombre y en el del resto del planeta y han estado construyendo este campamento a lo largo de todo el año.

Al entrar en el campamento, nos reciben calurosamente y nos advierten: “nada de drogas, nada de alcohol, nada de armas; aquí somos absolutamente no violentos”. Nos unimos a un círculo ceremonial alrededor de una hoguera donde tocan tambores, se canta y se danza y se emiten anuncios e información. Uno de los líderes explica que la estrategia actual pasa por 1) entablar un juicio para detener la construcción del oleoducto, 2) presionar al presidente Obama para que aplique su orden de detener la construcción del oleoducto, 3) impedir que el cuerpo de ingenieros del ejército colabore con la empresa Energy Transfer Partners Corporation, permitiéndoles construir el oleoducto, 4) informar a la opinión pública (pese a la escasa atención que prestan los medios de comunicación) para que presione y esta estrategia funcione.

El cuerpo de ingenieros del ejército acaba de aceptar un “periodo de enfriamiento” de 30 días, pero la empresa Energy Transfer ha anunciado que tiene previsto ultimar la construcción del oleoducto en las dos próximas semanas. El gobierno federal ha cedido las tareas de orden público a los sheriffs locales militarizados, que a menudo han destacado por su brutalidad, arrestando por ejemplo a 400 “defensores del agua” desde el mes de agosto, lanzando gas pimienta y tratando con mano dura a los manifestantes, incluso utilizando en una ocasión perros de presa contra ellos. El diario Bozeman Daily Chronicle de ayer anunció que, a raíz de las presiones del público, el Estado de Montana dejará de enviar policías al lugar. La dirección tribal pide a todos los niños y las mujeres que no deseen ser guerreras que abandonen el campamento al término del fin de semana en caso de que la situación de torne más peligrosa, debido a los plazos fijados por Energy Transfer. Por fortuna, tengo un vuelo el lunes para volver a casa.

Durante todo este tiempo, las tribus han pedido a los aliados, como tú y yo, a acudir a Standing Rock en señal de solidaridad, para escuchar, aprender y ayudar a divulgar el relato de lo que está ocurriendo. No estamos aquí para dirigir, sino para apoyar, no estamos para enseñar, sino para aprender. De modo que os escribo con la esperanza de poder meteros en la lucha y colaborar con vosotras desde casa para detener ese oleoducto y todos los oleoductos de combustible fósil, incluido el AIM Spectra que planean por debajo del río Hudson, justo detrás de la central nuclear de Indian Point en Nueva York. La industria de combustibles fósiles está agonizando, tiene que acabar para que se salve el planeta antes de arrastrarnos a su tumba. Hemos de apoyar proyectos de infraestructura que impulsen las energías renovables, no construir una infraestructura para nuestra desaparición.

Tras la puesta de sol y con la entrada del intenso frío de otoño de la estepa, estuvimos paseando por el campamento lo mejor que pudimos y nos paramos en uno de los numerosos comedores, donde tomamos una cena nutritiva y reconfortante a base de alubias y sopa de repollo. Estuvimos conversando con mucha gente interesante y comprometida de todos los rincones de EE UU. El cocinero era un estudiante del condado de Sonoma, en California, que se especializa en neuroprótesis y espera contribuir al descubrimiento de maneras de regenerar neuronas en personas que han sufrido lesiones paralizantes. Una pareja de fisioterapeutas de Albuquerque ofrecía masajes en su roulotte, gente con iniciativa a comienzos de la treintena. Trabajan con esmero y están dispuestos a quedarse en el campamento mientras sea posible.

Un hombre de Soho nos contó que el miércoles por la mañana, al conocerse el resultado de las elecciones, montones de personas se pusieron a llorar, consolándose unas a otras y prometiendo continuar con la lucha. En las reuniones alrededor de la hoguera, la gente insiste en que no podemos dejar de intentar siquiera influir en Trump. La dirección nativa pidió compasión a Trump y para él, y llamó a proseguir con la labor de hacer cundir esta compasión. ¡Uy! Una consigna difícil de digerir, pero hay que respetarla. Durante toda la velada oímos hablar de la importancia de la amabilidad, de la solidaridad, de la compasión, de una búsqueda espiritual y de la unidad para mantenernos fuertes. Mañana acudiremos a la zona donde imparten las instrucciones oficiales a los recién llegados. Espero visitar la carpa médica, participar en las actividades de los sindicalistas por Standing Rock y colaborar en una de las carpas donde sirven comida. Al salir de casa habíamos comprado alimentos, tal como nos pidieron, para compartirlos con los defensores del agua, y los entregaremos el viernes por la mañana.

Me siento afortunada de estar aquí y compartir esta experiencia con algunos amigos y amigas. Es un verdadero privilegio tener tiempo y recursos para estar aquí. Pero también es una especie de bálsamo para mi alma, poder apoyar una de las batallas más importantes del combate climático y de la lucha por los derechos de los indígenas, especialmente en vista de la apabullante realidad de la presidencia de Trump. Para mí personalmente no podría haber elegido mejores fechas. No me siento completamente desarmada. Veo que el movimiento es fuerte, hay tanta gente interesante y comprometida de todos los ámbitos de la vida. Estoy orgullosa de estar aquí y de poder aprender y construir.

Informe nº 2

En este segundo informe trataré de transmitiros una idea de lo que es estar en Standing Rock en estos momentos. Esta noche concluirá el tercer día de mi estancia. El tiempo ha sido más bien frío, pero soleado. Los colores, el cielo, pero sobre todo la gente está asombrosamente tranquila y hermosa. El campamento de Standing Rock está concebido como un lugar de oración, un sitio donde contemplar y apreciar la naturaleza, “la creadora” (la expresión no es mía), y contemplarse u apreciarse mutuamente. Los indígenas, miembros de casi todas las tribus de EE UU y algunas de Canadá, son muy amables y cálidos con los forasteros. No dejan de repetir que aprecian mucho la presencia de gentes no indígenas y que desean que nos conozcamos mejor. Son estrictos con las normas: nada de violencia de ninguna clase, nada de drogas, alcohol ni armas, respeto por las maneras indígenas y colaborar en algo útil.

La vasta red de campamentos abarca 4 o 5 secciones separadas, pero interconectadas, algunas situadas en territorio de la reserva sioux, otras fuera del mismo. La más grande se halla justo en el exterior de la reserva, el campamento Oceti Sakowin; en este se llevan a cabo la mayoría de actividades. Los demás se dividen por edad –mayores o jóvenes– o por distintas actividades. Existe un “campamento de dos espíritus” para personas transgénero, un grupo tradicional y aceptado en la cultura nativa. Pasamos la mayor parte del tiempo en Oceti, pero hoy he dado un largo paseo y he visitado dos de los otros campamentos, simplemente para formarme una idea.

NO DAPL es la sigla de “No Dakota Access Pipeline” y en todas partes hay letreros con el lema “el agua es vida”. Hay un ambiente religioso en los campamentos y en todas partes se respira respeto. En muchos aspectos se trata de un campamento indígena muy tradicional y en muchos sentidos una se siente como en un futuro posrevolucionario o postapocalíptico. El ritmo es pausado, aunque todo el mundo parece moverse con mucha determinación. La gente se arremanga y lleva a cabo las tareas que siente necesarias: cocinar, limpiar, ayudar a montar un tipi o una yurta, cortar leña, atender al fuego, lavar platos, ofrecer asistencia jurídica, médica o psicológica. La conexión telefónica y de internet es miserable y probablemente está interferida por los drones que sobrevuelan constantemente el campamento.

El viernes por la mañana, el segundo día de mi estancia, asistí a una brillante charla de orientación para la vida en el campamento. Una de las presentadoras era María, una mujer joven que conozco de una campaña de alimentos en Brooklyn. Fue la mejor formación antirracista para simpatizantes a la que jamás he asistido: sucinta, sin buscar culpables y muy directa. Los tres conceptos principales son: ponerse en la piel de los indígenas, crear una nueva tradición y ser útiles. Compartimos los valores de los lakotas que prevalecen en el campamento: oración, respeto, compasión, honestidad, generosidad, humildad, sabiduría. Para mí, el punto que más me impactó fue el del respeto. Lo definen como una actitud que incluye el andar sin prisas, moverse de modo diferente con una intención más clara y menos reactividad. Sugieren preguntar menos y limitarse a observar y aprender antes de que levantemos la mano y ocupemos tiempo.

Aclaran lo que entienden como una división de género en materia de comportamiento y práctica, y piden a las mujeres “de identificación femenina” que honren las normas tradicionales de llevar falda durante los rituales sagrados (incluso en la carpa de cocinar), y a las mujeres “en sus lunas” que pasen el tiempo en una tienda para que cuiden de ellas y descansar si lo desean. De alguna manera parecía correcto, realmente respetuoso, nada de contaminación ni ostracismo. Mientras estaba yo ayudando en la cocina –donde más contribuí a la tarea–, se acercó una mujer indígena con unas diez faldas que repartió entre las mujeres que estábamos cocinando, explicando que cocinar es una actividad sagrada, y con mucho gusto nos las pusimos. Me sirvió para protegerme todavía más del frío encima de mis calzas largas y los pantalones tejanos. No era lo que yo esperaba, pero a todas nos pareció bien. Nos concentramos en cortar las hortalizas.

Después asistí a un cursillo de formación para la acción directa, que también fue muy riguroso y claro. Lisa, antigua compañera de los días del movimiento antiguerra, dirigió el cursillo y explicó cómo hay que comportarse en una acción y cómo minimizar la violencia policial. Junto con dos otras mujeres enérgicas y elegantes, una negra y la otra indígena, Lisa expuso un plan para llevar a cabo un acto de oración masiva en la ciudad al día siguiente. Mi compañero y yo decidimos que no podíamos correr el riesgo de que nos detuvieran y que por tanto no íbamos a participar en ese acto, pero sí prestar apoyo en todo lo que pudiéramos.

A las 8 de la mañana del día siguiente de formó un convoy de 100 coches –inclusive algunos autocares y furgonetas– a la salida del campamento Oceti Sakowin, cada uno cargado de pasajeros, y enfiló la carretera hacia Manwan, la ciudad más cercana. La gente indígena formó un círculo interior y la no indígena, otro círculo exterior. Los indígenas rezaron, cantaron y danzaron. La táctica consistía en ejercer la libertad de practicar su religión y al mismo tiempo protestar contra la DAPL. No hubo detenciones a pesar de la masiva presencia policial y de drones. Un lugareño trató de arrollar a una defensora del agua, pero ella lo esquivó; el hombre iba armado, pero fue reducido por los policías. Se tomaron montones de vídeos y el hombre fue llevado al calabozo.

El sábado obtuve finalmente un pase de prensa, pues recibí una solicitud de escribir sobre el campamento de New Politics (http://newpol.org/), un diario impreso y en línea. Esto me autorizó a tomar fotografías (que por lo demás no están permitidas), aunque con carácter limitado: no fotografiar a personas sin su permiso, ni casas o caballos, también sin el permiso de quienes las habitaban o acompañaban. Salí a entrevistar a personas en varios campamentos y formarme una idea de qué pensaba hacer la gente de cara al invierno. Hablé con Joe, descendiente de lakotas de Colorado que había sido educado en un colegio católico. Estuvo en internados indios, arrebatado a sus padres por el Estado porque este dudaba de la capacidad de la comunidad indígena para educar a sus propios descendientes. Me dijo que fue brutal. Cuando le pregunté por qué estaba allí, me contesto: “Es la primera vez desde Little Big Horn que todas las tribus se unen contra el enemigo común –la serpiente negra–, el oleoducto que estropeará nuestra agua, dañará a nuestra gente. Esta unidad nos hace enteros."

En el campamento Rosebud, a menos de un kilómetro de Oceti, vi a un grupo de personas que estaban construyendo una estructura con balas de paja, destinada a servir de escuela. Multi, una arquitecta del sur de California, hizo una pausa para contarme cómo habían decidido crear este proyecto con la plena colaboración de madres y padres y sus hijas e hijos en el campamento. El proyecto lo concibió un equipo de personas que son constructoras y diseñadoras que emplean tierra y paja como material de construcción, con lo que prácticamente no generan ninguna huella de carbono y aseguran tanto una estructura sólida y un excelente aislamiento, lo cual es muy importante con vistas al invierno ventoso que se avecina.

Multi me contó que “no queríamos venir en plan colonialista con una idea de lo que se necesitaba y exponerla a la gente del campamento. Pasamos cinco días recogiendo sugerencias de la gente acampada con respecto a sus necesidades. Decidieron construir una escuela para los numerosos niños que tal vez pasen el invierno o los que estén temporalmente. Los progenitores y los niños ayudaron a diseñar la estructura junto con los constructores. Todas las decisiones se adoptaron de modo ‘horizontal’, teniendo todas las personas implicadas un voto y evitando toda jerarquía. Será un edificio de un aula única con apartados para tareas específicas, y servirá de escuela primaria.”

Cerca de allí estaban construyendo un centro para adolescentes. Cuando fui a visitarlo, había cinco mujeres y un hombre trabajando sobre el proyecto, quienes me dijeron que toda ayuda sería bienvenida para intentar llevarlo a cabo antes de que llegara el frío. Cuando pregunté a Multi por qué se había empeñado en el proyecto, me dijo que “para mí se trata de juntarnos como cultura global, gente que tenemos los recursos que necesitamos para las generaciones futuras. Estamos aquí para proteger nuestros futuro juntos. Construir una escuela es una manifestación de esta antigua tecnología para nuestro futuro común.”

Más allá me encontré con Danielle, que estaba ayudando a construir un centro multiusos con cocina, comedor y sala de reuniones. Me explicó que “todo esto tiene que ver con el agua y con quienes viven río abajo. Estamos ensayando un nuevo sistema económico que requiere la autogobernanza desde abajo. Nuestras necesidades tienen que cambiar para que podamos crear un sistema que las satisfaga.” Se dedica con especial entusiasmo a convencer a la gente de que ayude y esté unida, de que sea capaz de colaborar con pasión por el servicio, de ser felices de esta manera. Los materiales para el edificio han sido donados por un grupo de personas de Asheville (Carolina del Norte) y son muy apreciados. A lo largo y ancho de los campamentos se ven muestras de cómo se resuelven problemas de forma creativa y participativa, con aportaciones de gente que vive lejos de allí. El edificio de “donativos” está hasta los topes de ropa de invierno (para mayores y menores), toda clase de alimentos y utensilios.

Me interesaba en particular hablar con las muchas familias que se habían instalado en los campamentos, con muchas niñas y niños de todas las edades, incluso bebés. Una familia de Boulder (Colorado), con Oscar, de 8 años, y Audrey, de 11, estaban sacando sus cosas del coche cuando me acerqué. La madre, Susan, dijo: “Estamos aquí para apoyar la protesta y para que nuestros hijos aprendan de ella. Quiero que comprendan que hacemos lo que podemos para cuidar el agua y respaldar a los pueblos indígenas. Para conseguir algo tenemos que ocupar algún terreno. Este es un lugar en que podemos encontrarnos. Estaría muy bien que Obama liberara la tierra y acabara con el oleoducto.” Amén.

Me encontré con un padre e hijo de Manhattan. Declan Rexer, de 14 años de edad, vio información sobre el campamento en un único segmento de la cadena MSNBC, pero no halló nada más en los grandes medios de comunicación. Estaba especialmente indignado con las agresiones de la policía a las personas mayores. Después pasó a los medios alternativos y las redes sociales y encontró un montón enorme de información. Su interés aumentó y su padre, William Rexer, decidió venir con él a Dakota del Norte para que lo viera con sus propios ojos. Tienen previsto volver a casa con mucha información para los compañeros de clase de Declan y para animar a más gente a acudir a Standing Rock. William, que es periodista, se ha puesto en contacto con jóvenes documentalistas del campamento y les suministrará materiales para ayudarles a avanzar en su labor.

Hablé con Joseph, un nativo salish de Montana. Le pregunté cuánto tiempo pensaba permanecer en el campamento. Me contestó: “Estoy aquí desde el comienzo y me quedaré hasta el final. Durante todo el invierno si hace falta. Nos han colonizado y dividido durante 500 años. Ha llegado el momento de unirnos y resistir. Tenemos que proteger nuestra agua y a nuestras tribus.” Me dio las gracias por acudir a Standing Rock y ser una aliada. Me pidió que dijera a mis amigos que vinieran y se sumaran a la acampada, que fueran defensores del agua.

En todo el campamento salta a la vista la generosidad. A mí en particular me gustaba colaborar en la cocina, alojada en una enorme carpa militar con largas mesas, estufas y muchos aparatos. En los dos días que estuve trabajando en la cocina había alrededor de una docena de personas ayudando en alegre unidad. Había un responsable y luego 4 o 5 personas que se encargaban de un plato específico cada una y que a su vez contaban con 1 a 3 pinches. Yo hice de pinche, contenta de no tener que pensar en nada. La charla entre el personal me recordaba a los equipos de Park Slope Food Coop, que cooperan compartiendo objetivos. Como dijo un hombre, “nos juntamos aquí con una visión. Estamos construyendo juntos un mundo nuevo.”

Cuando no estoy en un cursillo de formación o en una reunión alrededor de la hoguera sagrada, corto hortalizas, hablo con gente y paseo a visitantes con el coche o camino entre las tiendas, y me sorprende lo feliz que me siento. Sin duda esto es pasajero. Está claro que este no es mi “mundo real”. Pero es un mundo encantador, un mundo amoroso, un mundo amable, en el que cada persona es recibida con cordialidad. Jóvenes hombres y mujeres se pasean por el campamento a caballo, reviven antiguas tradiciones, y se deleitan compartiendo una cultura de resistencia. Yo no provengo de esta cultura, pero apoyo su firmeza, su derecho a proteger su tierra, su agua y a su gente, su valeroso intento de construir un mundo mejor. Me desplazo lentamente y con un propósito, y pienso en el mundo que hemos de construir juntas, pero a una escala mucho más amplia. ¿Podemos decidir ser amables mutuamente, cooperar, intentar eliminar el ego de nuestra práctica cotidiana? Ignoro la respuesta a estas preguntas tan difíciles. Lo que sí sé es que cuando las personas comparten una lucha común, podemos ser bellas. Me deleito en la belleza en Standing Rock.

Informe nº 3

Los dos últimos días que pasé en Standing Rock fueron hermosos. Seguí trabajando en la gran cocina, que servía desayunos, almuerzos y cenas, a 500 personas por lo menos, todos los días. Hay más comedores en distintas partes del campamento Oceti Sakowin (el más grande), al igual que en los otros campamentos más pequeños. Algunos son negocios familiares ampliados y otros, como aquel en que estuve trabajando, son enormes. Muchas de las personas que han venido a acampar se han traído su propia comida o consumen algunos de los alimentos que han sido donados para cocinar.

La mayor parte de mi tiempo libre la dediqué a hablar con gente y a visitar algunos de los lugares de acampada y contingentes de personas organizadas. Labor For Standing Rock (Trabajadores a favor de Standing Rock) era uno de estos contingentes, pequeño pero importante. Con banderas al viento y chaquetas, camisetas y gorras de sus organizaciones, estos sindicalistas estaban decididos a representar a los numerosos miembros de la clase obrera, afiliados o no, que apoyan a Standing Rock. Cada una de las personas con las que hablé insistieron en que la oposición de la confederación AFL-CIO a Standing Rock y su apoyo a la construcción del oleoducto era un desatino y una actitud peligrosa. Peter Parks, un estibador jubilado de Portland (Oregón) dijo: “El movimiento sindical tiene que salir en apoyo del movimiento por el clima, tiene que ver sus intereses en común con las gentes del mundo entero, no limitarse a buscar unos cuantos puestos de trabajo para los miembros del sindicato.

Kirk Smith, de Terre Haute (Indiana), presidente de la local nº 1426 de Workers United, cuya fábrica produce hojas de plástico para el embalaje de alimentos y bebidas, me contó que “quise venir por mi propia cuenta, pero mi Internacional apoya Standing Rock, de manera que la represento. Soy activista político de una pequeña ciudad conservadora, así que he venido aquí para participar en un movimiento más amplio. Da miedo ver cómo grandes empresas que ni siquiera son de nuestro país consiguen que el gobierno expropie un terreno en aras al mero beneficio empresarial, y no en provecho de la gente. Aquí hay un derecho sobre la fuente de agua y el petróleo contaminará el agua.” Me dijo que había comprado toda clase de productos en Terre Haute y que también fue a Bismarck, la ciudad un poco grande más cercana, y adquirió montones de comida para donar. Le pedí un mensaje para divulgar y declaró: “Espero que el gobierno de Trump llegue a un arreglo con los indígenas americanos como lo ha hecho durante más de 400 años. Espero que Obama suspenda ahora la construcción del oleoducto. La codicia y el poder controlan el mundo. Mis hermanos y hermanas del sindicato entienden esta lucha porque no somos la élite que se beneficia.“

Sentados en unas tumbonas en el sector sindical, charlando con otros dos miembros de la local nº 517 de Workers Unite, Alex Gillis de Madison (Wisconsin) y Roby de Eau Claire (Wisconsin), nos reímos hablando del tiempo ventoso y soleado que hacía en el campamento. ¡Qué ironía que las compañías energéticas insistan en extraer petróleo y gas del subsuelo con desastrosas consecuencias para el clima y la salud, cuando hay tanta energía solar y eólica disponible en todas partes! Alex dijo: “A los trabajadores nos apalean todos los días. Si la clase obrera no se levanta y lucha, estamos perdidos. Volveremos al sistema en que seremos siervos. Odio a los grandes medios de comunicación, verdaderos jefes de fila del mundo empresarial; hacen publicidad del sistema. Es importante que gente como nosotros cuenten la verdad.”

Carlos Ginard, director de comunicaciones de Workers Unite, miembro del consejo regional conjunto de Chicago y el Medio Oeste, explica las razones por las que está en Standing Rock. “En primer lugar, tengo sangre indígena y me pone enfermo ver lo que hacen las empresas con los indígenas. En segundo lugar, tengo tres hijos y si no lucho yo para que tengan agua pura, nadie más lo hará. Defiendo el planeta para mis hijos. En tercer lugar, hay una desconexión entre la dirección de la AFL-CIO y sus miembros. ¿Por qué se pone la AFL-CIO del lado de las empresas y no de la gente? No ganaremos si no nos solidarizamos con los indígenas; tenemos que seguir construyendo el movimiento.” También me dijo que, como latino de piel oscura, “Standing Rock es el único lugar de la Tierra donde no hay racismo. Nadie se interesa por el color de tu piel ni por la manera de hablar que tienes, ni por tu aspecto. Quiero traer aquí a mis hijos para que lo vean. Ellos van a escuelas públicas de Chicago, que cuentan con un buen sindicato. Los maestros de ciencias sociales de mi hija utilizan A People’s History of the United States (Historia popular de EE UU), de Howard Zinn, de manera que ella aprende la historia verdadera!”

Pedí algunas direcciones a los jóvenes guardas de seguridad que había en la recepción del campamento y él y su compañero insistieron en acompañarme. Ambos son veinteañeros y están orgullosos de su trabajo en el campamento. Los dos son vecinos del lugar y ahora viven en el campamento, yendo de vez en cuando a su casa. Elmer, uno de los guardas, me contó: “¡Estoy tan orgulloso de mi labor aquí! Vigilo en la entrada durante más de 12 horas al día y paseo por todos los campamentos, hablo con la gente, indago si hay problemas y si hay maneras de que desde seguridad podamos ayudar.” Le dije que eso se parecía al trabajo ideal del policía comunitario, algo que la mayoría de agentes profesionales deberían conocer. Me contestó que ha encontrado su vocación en los campamentos. “Solía andar por ahí sin tener una idea clara. Ahora sé que estoy defendiendo a mi gente, manteniéndonos unidos. Tengo la importante tarea de garantizar la seguridad de las personas. No podría ser más feliz, a pesar del cansancio.” Nuestra caminata de media hora hasta un campamento cercano se acompañó de numerosas historias personales y de conversación. Estos dos jóvenes, valerosos defensores de su gente, se mostraron increíblemente abiertos y felices de conversar con una mujer mayor blanca de Brooklyn (Nueva York). Para mí fue un honor.

En la carpa donde cené un delicioso menú a base de verduras, enchilada, arroz, ensalada y fruta, interrogué a Buffalo Child, un indígena entrado en años de Montana y Saskatchewan, donde viven mayoritariamente indios crees y lakotas. Quise saber su opinión sobre lo que ocurrirá, sobre los resultados de la lucha. Él veía varias salidas distintas. “En primer lugar, lo más probable es que Trump defienda a su amigo Kelsey Lee Warren, el director general de Energy Transfer Partners, puesto que Trump tiene intereses económicos en el oleoducto. Energy Transfer Partners ha mentido y bloqueado la comunicación desde el comienzo de la acampada. Tal vez Trump presione para que se cambie el trazado del oleoducto, para que pase más cerca de Bismarck, para ponerse la medalla y decir ‘Yo lo paré e hice que pasara por otro lado’. Esto podría colmar su ego. La perspectiva peor es que haya violencia y que entonces se materialice la idea de Obama de que intervenga la ONU y se haga cargo de la situación, dado que Naciones Unidas defiende los derechos de los pueblos indígenas. Nosotros intentamos la vía pacífica, pero si se produce un ataque, la gente de aquí no luchará, pero otros tomarán las armas en todo EE UU. Apuntarán contra los directivos de las grandes empresas.”

Buffalo Child me explicó por qué estaba en Standing Rock: “Creo en la vocación, todo el mundo tiene una vocación, que le viene dada con la conciencia y el sistema de creencias de cada uno. Ahora, la conciencia de la sociedad está despierta y al tanto. Standing Rock es mi vocación. Es un movimiento histórico, nunca antes había ocurrido algo así en EE UU. Es un acontecimiento colectivo nuestro, un movimiento natural y espiritual. Queremos que todo el mundo se sume a nuestro movimiento.”

El domingo 13 de noviembre por la noche, Angela Vivens, una de las ancianas de la tribu y abogada, se dirigió a los cientos de personas junto a la hoguera sagrada, el centro de reunión donde se divulgaba información y cultura. Situó un poco el contexto histórico y expuso la estrategia actual: “Los sioux tienen más tratados que cualquier otra tribu. A lo largo de los últimos 37 años, Naciones Unidas ha apoyado los derechos de los pueblos indígenas, pero EE UU y Canadá fueron unos de los pocos países que se negaron a firmar. Finalmente, firmaron en 2010/1. Cambiamos el nombre de nuestra república de ‘lakota’ a ‘dakota’ para que incluya a todas las tribus. Intentamos proteger las tumbas en los túmulos funerarios. Queremos que se cumplan los tratados de Fort Laramie de 1851 y 1868, que reconocen las fronteras de 1818 de la nación dakota. Hemos sido buenos ciudadanos, patriotas y veteranos de guerra. Ha llegado la hora de que seamos buenos dakotas.”

Nos deben miles de millones de dólares por las tierras que nos robaron y las hidroeléctricas. Nos deben reparaciones amparadas en las convenciones de Ginebra. No tenemos otra opción que recuperar nuestra libertad y nuestra tierra. Tenemos el derecho a ello de acuerdo con las convenciones de Ginebra. Esto es la calma que precede a la tormenta. Necesitamos tocar los tambores, necesitamos rezar. Nos hallamos dentro del periodo de 30 días [aceptado por el cuerpo de ingenieros del ejército]. Esperamos que el 5 de diciembre vengan un general de cinco estrellas y 500 veteranos de guerra para proteger el río. Sed fuertes, cuidaros mutuamente. Este silencio nos indica que se ha concedido el permiso para los 30 días. Esto cambiará. Repartiremos copias del tratado y tarjetas de identidad y permisos para los no indios. Pensamos reclamar daños y perjuicios a DAPL. Todas y todos hemos luchado por la unidad y hemos de unir a las naciones de EE UU y Canadá. Somos anteriores a los Estados de Dakota del Norte y Dakota del Sur. Nos robaron el nombre: Dakota.”

Estamos colaborando con los indígenas samis de Noruega para que presione a DNB y al Fondo Estatal de Pensiones Noruego Global [NGPFG] para que retiren sus inversiones en todas las empresas relacionadas con el DAPL [el DNB es un fondo de inversión que ha dedicado 2 800 millones de coronas noruegas (230 millones de dólares) para la construcción del DAPL y el NGPFG ha invertido más de 10 000 millones de coronas (833 millones de dólares)]. Los samis están indignados de que se utilice dinero de trabajadores noruegos para pisotear derechos indígenas, explotar aguas y tierras y contribuir al cambio climático. Cooperan estrechamente con el equipo jurídico colectivo Búho Rojo [de los sioux de Standing Rock] para conseguirlo. Es un acontecimiento histórico; esto no ha ocurrido nunca en EE UU. Solo un loco podría cerrar los ojos. Se trata de un movimiento nacional y espiritual. Venid con el corazón abierto y abrid los ojos. ¡Uníos a nosotros!

He vuelto a Nueva York justo a tiempo para participar en la jornada de acción nacional del 15 de noviembre en apoyo a Standing Rock. Es una sensación extraña cambiar el campamento de protesta utópico por las calles neoyorquinas, pero me encanta esta ciudad loca y me siento afortunada de haber podido viajar en el tiempo a lo largo de la semana pasada. El 15 de noviembre hubo 200 manifestaciones y actos en los 50 Estados de EE UU en apoyo a Standing Rock. Asistí a una vibrante y entregada manifestación en la Federal Plaza de Manhattan. Había más de 2 000 personas expresando su apoyo a los defensores del agua de Standing Rock y reivindicando que se abandone el proyecto del oleoducto de acceso a Dakota: no al DAPL. Algunos de los manifestantes eran indígenas, pero la gran mayoría eran activistas climáticos no indígenas que respetan los derechos indígenas y los derechos de la Madre Tierra.

Tal vez anticipándose a las manifestaciones en todo el país, el cuerpo de ingenieros del ejército emitió el 14 de noviembre un comunicado en que informa de que necesita analizar más a fondo y discutir la cuestión con la tribu sioux de Standing Rock antes de poder asegurar la pacificación necesaria para poder construir el oleoducto bajo el río Misuri. Energy Transfer Partners no estaba contenta, pero los defensores del agua aplaudieron el respiro que habían obtenido. Los organizadores de la manifestación de Nueva York dejaron claro que el DAPL no era el único oleoducto que había que bloquear. El área metropolitana de Nueva York tiene su propia tragedia potencial en ciernes con el oleoducto AIM Spectra, cuya construcción está a punto de concluir y que ha de pasar por debajo del río Hudson River y a pocos metros de la central nuclear de Indian Point, apenas 15 kilómetros al norte de la ciudad. La rotura de una tubería allí sería realmente una catástrofe para nosotros.

¿Qué significa todo esto? Para mí, Standing Rock es una de las vías de resistencia: resistencia a Trump, resistencia al poder descontrolado del capital y de las empresas que destruyen nuestro futuro. Significa combatir la pasividad que hace que la población de EE UU sea tan fácil de manipular. Significa redoblar nuestros esfuerzos de organización, no solo de movilización; significa profundizar nuestro compromiso y el contacto con nuestras comunidades locales y hacer causa común con nuestros vecinos y aliados. Significa alegrarnos de que nuestros compañeros y vecinos, nuestros amigos y parientes participen en estas luchas. Significa contribuir a la construcción de un mundo nuevo porque lo necesitamos absolutamente.

29/11/2016

Nancy Romer es una activista por la justicia social y feminista y participa en el movimiento por la justicia climática.

Nota:

1/ La Declaración deNaciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas exige “el libre consentimiento previo e informado” antes de emprender cualquier proyecto de desarrollo u otra medida que afecte al territorio de un pueblo indígena.



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