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Suiza. Inmigración/Refugio
¿Por qué revisar la política de acogida en Ginebra?
01/12/2016 | Rémy Pagani

Es conocido que tras la prohibición de la mendicidad en las calles de Ginebra y la estigmatización de los "fronterizos" (gente del otro lado de la frontera que trabaja en Ginebra), la derecha y la extrema derecha andan a la búsqueda de nuevos chivos expiatorios para catalizar el malestar social.

Efectivamente. Cuando constatamos que la Unión Democrática de Centro (UDC, partido de extrema derecha suizo) exige que cada municipio se pronuncie sobre la aceptación o no de las personas refugiadas o migrantes o que el Movimiento Ciudadano Ginebrés (MCG, partido de extrema derecha de Ginebra) declara que ya tenemos "nuestros" pobres y que hay que ocuparse sobre todo de ellos antes de acoger extranjeros, estamos ante una política bien conocida. Es así como se reúnen todos los ingredientes para incitar a la "vendetta" de la gente que tiene dificultades para llegar a final de mes.

La acogida de personas obligadas a abandonar su país debido a guerras que producen más víctimas entre la población civil que entre los combatientes no debería ser, desde mi punto de vista, un problema. Lo mismo que la gente que huye de la miseria y que, atravesando las fronteras, se niegan a aceptar ser rechazadas por los países más ricos del mundo. La solidaridad con quienes sufren ese tipo de violencias, sea por razones de guerra o por el sistema económico, debería ser común entre nosotros y nosotras.

Por lo tanto la cuestión está en redefinir una nueva política de acogida que ni estigmatice ni traumatice a las personas acogidas ni a quienes las acogen.

Hasta hoy, el Cantón de Ginebra se conformaba con alojar a estas personas inmigrantes/refugiadas en los refugios antiatómicos (situados en el subsuelo de Ginebra), en la promiscuidad de estas infraestructuras. Una situación que denunció de forma masiva una manifestación en el verano de 2015. Desde entonces, las autoridades del cantón se pusieron a construir edificios, que tenían más pinta de cárceles, y a amontonar contenedores [para alojar familias] en lugar de construir casas, que si bien eran temporales no permitían rehacer la vida a la gente refugiada/migrante.

Peor aún, para economizar dinero -porque la vida en los refugios antiatómicos y en los contenedores resulta muy cara-, las autoridades cantonales de Ginebra quieren apiñar más de 370 personas en estas estructuras ligeras y provisionales.

Basta darse una vuelta al lado de los dos inmuebles edificados junto a la carretera de los Jóvenes, a dos pasos del parking de Étoile à la Praille en la zona industrial, para percatarse de ello: verdaderos cuarteles rodeados de una valla hermética en la que la seguridad prima sobre las necesidades de las y los menores refugiados que han soportado las peores situaciones y que la mayoría ha perdido a su familia.

De ese modo, el cantón de Ginebra no les permite salir de la precariedad física y social.

Es por eso que viajé al campo de refugiados palestinos de Sabra en Beirut (Líbano), para reunirme y discutir con la gente refugiada siria palestina y el personal de una eficaz organización de recogida que cuenta con el apoyo de la DDC (la agencia federal de desarrollo y cooperación Suiza) y, también a Amán (Jordania) para recabar información de la UNHCR [Alto comisariado de Naciones Unidas para las personas refugiadas] sobre los métodos extremadamente sofisticados para acoger de más de 600 000 personas refugiadas sirias y sobre sus condiciones de vida. Después nos trasladamos al Kurdistán (Turquía) para tratar de entender mejor las razones que hacen que poblaciones sirias e iraquís huyan hacia los países vecinos y hacia Europa. La mayoría de ellas han encontrado refugio a lo largo de la frontera sirio-turca en construcciones de madera o en tiendas de campaña, en condiciones muy precarias.

Tanto en Líbano como en Turquía, encontré solidaridad ante lo que hoy en día constituye el desplazamiento de poblaciones más grande del Medio Oriente (en septiembre de 2016, más de 13,5 millones de sirios y sirias huyeron de su país que cuenta con 20 millones de habitantes).

Durante estas visitas, en las que fui recibido por personas que corrieron muchos riesgos para ponerme en contacto con quienes tratan de resistir sobre el terreno, pensé junto a ellas sobre cómo podríamos dar ejemplo en Ginebra y poner en pie una solidaridad concreta, en primer lugar, en la frontera siria.

Dado que los medios de transporte han reducido considerablemente las distancias en el planeta, constituimos una misma comunidad a lo largo de todo el mediterráneo. En lo que concierne al pueblo sirio una vez hayan acabado los conflictos, millones de personas que huyen gracias a medios de transporte menos costosos y financieramente más asequibles, podrán retomar posesión de lo que les ha sido sustraído por el miedo y el crimen.

Se trata, por tanto, de poner a su disposición -aquí y allí- de un habitáculo que les permita desarrollar sus competencias y recuperarse como personas. Porque todos y todas tienen competencias y experiencia importantes y están dramáticamente marcados por una violencia y una represión que les obliga a huir.

Es así como el municipio de Ginebra ha puesto a disposición del Hospicio General cuatro terrenos para desarrollar proyectos que ya están en marcha. En uno de ellos, me he propuesto construir, con el apoyo de todas las almas caritativas, un "albergue de los pueblos" que espero permita experimentar esta nueva política de forma concreta.

Será una estructura de cemento con varias alturas construidos rápidamente (foto 1), respetando las normas de seguridad y ecológicas, una tipología de ocupación de espacios racionales elaborado con la gente refugiada/migrante y con materiales reciclables. Habrá una formación homologada para todas las personas implicadas y la posibilidad de comenzar un proyecto profesional para la gente refugiada/migrante mediante el derecho al trabajo en la barriada. Por último, todo el proyecto será supervisado por dos comités. Uno para la gestión de la actividad cotidiana y el otro encargado de la fundación que impulsará la operación.

En fin, cuando esta estructura ya no sea necesaria para las personas refugiadas/migrantes, se vaciará y será puesta a disposición del vecindario para determinar su futuro (centro de tiempo libre, taller de reciclaje, centro de cuidados, etc.)

He aquí un proyecto ambicioso que podría constituir una salida progresista y solidaria contra la estigmatización del Otro y la precarización de las personas refugiadas/migrantes.

Así pues, se trata de construir una estructura de cemento como la que se muestra en la foto 1. Gracias a la estructura que agrupa en el centro la escalera y el conjunto de las cañerías, la tipología de todos los pisos podrá definirse en función de las necesidades concretas (foto 2).

Después, monitores formados ayudarán al desarrollo de las capacidades profesionales de las personas acogidas (carpinteros, ebanistas, albañiles…) para la construcción de cada apartamento. Aquí no se trata de instalar tiendas ni contenedores provisionales, sino de edificios permanentes cuyo fundamento es la acogida de la gente refugiada/migrante en la ciudad de Ginebra.

26/11/2016

Rémy Pagani, vicealcalde del municipio de Ginebra, miembro de SolidaritEs.

Traducción: VIENTO SUR



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