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Entrevista a Kaddour Hadadi (HK)
“Terroristas y fachas son los mejores enemigos del mundo”
17/11/2016 | Reporterre

Kaddour Hadidi, nacido en 1976 en Roubaix, es un cantautor, antiguo miembro del Ministerio de Asuntos Populares (MAP) y fundador de HK y los Saltimbanquis. Su canción, “On lâche rien” (con subtítulos en español en: https://www.youtube.com/watch?v=czXaiH5F_Ec, ndr)se ha convertido en un himno de los movimientos alternativos.

Kaddour Hadadi tiene la sonrisa franca y el tuteo fácil. Nada más descender del tren proveniente de Dordoña, su tierra de adopción, el cantante del grupo HK y los Saltimbanquis se instala en un asiento en el hall de la estación de Montparnasse, con un café con leche en la mano. Con una energía desbordante, mezcla de indignación y optimismo experimentado, dispara sus ideas y sus esperanzas, cuenta su visión de los atentados de París a un ritmo frenético.

Hace un año, París sufría atentados reivindicados por el grupo terrorista Daesh, en aquel momento compuso una canción, “Esta noche iremos al baile”. ¿Cómo se le ocurrió la idea de hacer ese clip?

En principio, era una poesía en reacción a los atentados. Raramente escribo en reacción, hice mío ese eslogan de Mayo del 68: la acción no debe ser una reacción sino una creación. En los días siguientes a los atentados, una amiga, la directora Sandrine Herman, sorda de nacimiento, me envió un mensaje. Me explicó cómo a la comunidad sorda se le apartó de los sucesos porque no había ninguna comunicación en el lenguaje de signos. Ella me propuso responder a los ataques mediante una creación colectiva.

Yo tenía ese texto que había escrito al día siguiente; porque para mí, había algo claro en estos acontecimientos. Por un lado, esos terroristas que solo tienen un objetivo: dividirnos desde el primero hasta el último. Y por otro lado, los fachas, los xenófobos. Son las dos caras de la misma moneda: cuando uno prospera, el otro progresa y viceversa. Son los mejores enemigos del mundo.

Para mí, la respuesta absoluta es guardar las ganas de bailar juntos. Es fundamental en una sociedad y es infinitamente más fuerte que la idea de vivir juntos. Porque se puede vivir juntos, tolerarse vagamente, vivir unos al lado de los otros, ver vivir los unos a los otros. Al día siguiente de los atentados, se nos dijo, ¡quedaos en vuestra casa! Con algunos otros locos, llamamos a reunirnos en la Plaza de la República, con una propuesta: reunirse, eso es lo urgente. Frente a las fuerzas que nos empujaban al aislamiento, frente a la lógica securitaria y guerrera quisimos resistir de otra manera. Y esto sigue siendo verdad hoy.

Desde hace un año, solo oímos hablar de guerra. Es el leivmotiv del gobierno: reivindicar Francia como un país guerrero. Sus soldados, sus misiles, sus aviones, sus Rafales (cazabombarderos. Ndt), ¿eso es el honor de Francia? Se les coloca delante, a ellos y a los policías. Pero los enseñantes, las enfermeras, los bomberos, los investigadores, los obreros, la gente que trabaja la tierra y todos los demás... intelectuales, filósofos, escritores.., ¿no existen? Si hay algo que pueda honrar a Francia históricamente es su inteligencia colectiva, incluso si hoy se encuentra asfixiada, amordazada. Mirad para qué sirve la televisión: ¡Zemmour y Morano! Hay una mediocridad, algo que nos tira hacia abajo, intelectual y socialmente y que nos divide.

Un año más tarde, ¿cómo ves las cosas?, ¿los terroristas han ganado?

Los terroristas ET, los xenófobos. No, no han ganado porque todavía estamos ahí, no somos espectadores pasivos, incluso si nos falta audiencia, hacemos nuestra parte. Pero al contrario, sí, ellos prosperan, todos los que viven de nuestras divisiones. Los contratos de aviones Rafale aumentan, el estado de excepción continúa, los atentados siguen por todo el mundo, Le Pen y compañía nunca se han sentido tan bien, Trump ha sido elegido..., ¡qué hermosa es la vida!

Pero cada uno de nosotros continúa haciendo lo que tiene que hacer, tan bien como puede, en su escala. Después del 13 de noviembre, hice una cosa buena en mi vida: tiré mi televisión. Después, me sentí mucho mejor (risas). No es que viva en mi pequeño mundo desconectado, no; es exactamente lo contrario. Cuando apagas la televisión, dejas de darle poder a esos Zemmour oyéndolos, mirándolos. Cuando apagas y sales para hablar con tus vecinos, bueno, quizás no es el paraíso, pero estás muy lejos de ese cuadro de guerra civil que nos describen. Las gentes viven unos con otros, las gentes intercambian, se comunican. Y pasan muchas cosas, simples y hermosas, en sus vidas. Creo que esos acontecimientos me han enseñado la humildad: en mi casa, en los alrededores de mi casa, puedo hacer cosas. Ciertamente, tengo la suerte de la música, de poder escribir una canción, dar un mensaje, pero hay muchas más cosas para hacer igual de importantes.

Hablando de otras cosas, vas a publicar un libro a principios del año próximo, Le coeur à l’outrage, sobre el tema de los atentados...

Es una novela, una historia de amor entre un hombre franco-tunecino y una mujer franco-francesa, algo muy banal en nuestra sociedad. Y la cuestión central del libro -que ocurre en la época de los atentados, de las grandes crisis migratorias, de revoluciones- es la de nuestra reacción a esas violencias: ¿rechazo o fraternidad? Frente a esos sucesos, van a separarse, desgarrarse, o es que al contrario, van a reforzar sus lazos, bueno, esta historia me permite decir cosas que me parecían importantes. Vivimos una época bastante loca que nos cuestiona cada día sobre nosotros mismos, nuestro papel, nuestra condición humana profunda.

¿Por qué has querido escribir este libro? ¿La música no era suficiente?

Sí… solo hay atentados, todo lo que hay a su alrededor. La religión, el estado de excepción. También está la indignación a veces selectiva. Cuando un ataque ocurre entre nosotros, en París, evidentemente todos nos sentimos heridos. Pero el 12 de noviembre, ocurría lo mismo en Beirut. Y cuando ocurrió el drama en Lampedusa, varios cientos de emigrantes ahogados, no salimos a la calle con carteles “yo soy refugiado”. No nos hemos reunido a millares en una plaza para gritar nuestra indignación. No lo hemos hecho ni siquiera hemos pensado hacerlo.

Esto nos tiene que interpelar. Nos falta benevolencia, fraternidad. Son palabras muy tontas pero que se han perdido, especialmente aquí, en Francia. ¿Tenemos ganas de formar una familia? Nosotros, cada uno de nosotros, tal como somos, con nuestras diferencias, con nuestras divergencias. El domingo, cuando se está en la mesa con los tíos, las tías, y demás parientes, nadie piensa igual, nos vamos a pelear, incluso pegarnos pero somos hermano y hermana, sabemos que nos une. ¿Pero hay alguna cosa de este tipo en nuestras sociedades? Difícil de detectar pero existen migajas, amagos en nuestros barrios, en nuestros pueblos. ¡Hay que actuar para que esto se desarrolle!

¿Qué puede hacer la ecología en este contexto?

No sé qué puede hacer la ecología en este contexto, pero cuando se ven las crisis migratorias... (silencio) habría que vivir un día cualquiera con esos nativos que ven subir las aguas en su isla. Tenemos dificultades para comprender esto en Francia: este éxodo irreversible. Aquí se está bien, al calorcito. La vida es hermosa para nosotros.

Frente a estos dramas, hay dos lógicas. Primera, Trump, Le Pen: se levantan muros. Cualquier cosa que pase a nuestro alrededor aunque sea nuestra culpa, nos da igual. Encerrarse en fortalezas... el título de mi próximo álbum, por otra parte, es El imperio del papel. El papel, ese pequeño billete verde. Esto remite a las fortalezas que se han creado para proteger nuestros bienes, nuestros empleos o nuestro sacrosanto crecimiento. Pero existe otra lógica, la que considera que todo está relacionado y que lo que nos llega, las crisis migratorias, ecológicas, sociales, están interconectadas.

Esta lógica de interconexión justamente es la ecología...

Para mí, la ecología, lo social, son la misma lucha. Que nos veamos con los colegas de Alternativa y de ANV-COP21 sobre el clima o en un centro de acogida de demandantes de asilo, no hay diferencia. Porque es el mismo mundo el que crea estos desequilibrios. Este sistema consumista, capitalista, productivista es un sistema completamente desequilibrante. Desequilibrios sociales, ecológicos, desequilibrios en lo que se refiere al reparto de las riquezas. Son mortales y nos ponen en peligro y ¡son otras tantas razones que indican nuestras tareas!

Los movimientos como Alternatiba o ANV-COP21, de los que tú estás próximo, ¿ son un signo de la toma de conciencia, de una reacción -o mejor de una acción- de la sociedad civil?

Estos movimientos ofrecen una idea que me gusta mucho: la de una alternativa. Hoy debemos estar en esta actitud. No se puede estar más en la contestación, en la reacción: nos hace falta crear, imaginar otra cosa, cada persona a su nivel, conectándose unas a otras. No estamos ahí pero es el camino para revertir la correlación de fuerzas.

Comparto también con ellos la idea de desobediencia civil directa y no violenta. Es una convicción profunda. Cuando luchas contra la violencia del sistema, la mejor respuesta es la no violencia. No digo que sea fácil. Pero si si quieres ofrecer una alternativa, debes encarnar otra cosa. El día en el que entras en un círculo de violencia, ya es la primera derrota. Así que la idea es repeler si es posible, cada vez que sea posible, siempre que sea posible, esta primera derrota. Y si llegas a evitarla, será tu primera gran victoria.

Pero incluso desde un punto de vista estratégico, la no violencia es la solución. El sistema político-mediático no está a nuestro favor. Los medios de comunicación no hablan nunca de esos obreros que se suicidan porque hay demasiada presión en el curro. Por contra, si un manifestante tira una piedra a un escaparate, eso ocupa grandes titulares. Sabemos que papel nos quieren adjudicar: el papel de marginales, violentos, gentes sin organizar. En un momento, tenemos el derecho a ser malos, a no ir exactamente al lugar donde nos quieren llevar.

Cada uno puede hacer su parte, has dicho tú. ¿Qué parte puede hacer el músico, el artista?

Cada uno toma parte en el combate haciendo lo que sabe hacer. Yo sé hacer música, sé hacer bailar a la gente. Ese es mi objetivo: decir cosas no demasiado tontas en mis canciones, palabras que tienen un poco de sentido, que la gente las entienda, las comparta. La música sigue siendo un vector sin comparación de difusión de ideas, de valores.

¿El artista es necesariamente comprometido?

No. Me encantan las canciones de amor, fragmentos de Jacques Brel... pero mi héroe absoluto es Bob Marley. Él que cantaba One love y War. Se rebelaba contra las injusticias con War y al mismo tiempo, cantaba One love porque es lo que era, un artista lleno de amor. Es necesario no olvidar nunca esos dos pilares. No luchamos tanto contra algo que nos mata a fuego lento sino por ideas, gentes que nos hacen felices, llenos de vida, de ganas y de entusiasmo. Cantar la belleza, el amor, es una parte esencial del compromiso.

El lunes 14 de noviembre, se debería conocer la suerte reservada al aeropuerto de Notre-Dame-des -Landes. ¿Una buena noticia?

Sí, ¡una buena noticia que se la debemos a las ranas! (sonrisa). Pero hay muchas buenas noticias. Cada día trae su paquete de pequeñas victorias, cada regularización de sin-papeles es para celebrarla. Sin duda, nos gustaría que hubiera más, y más grandes, más simbólicas como en Notre-Dame-des-Landes, porque sí, ¡eso da ánimo a la desobediencia!

12/11/2016

Traducción VIENTO SUR

https://reporterre.net/HK-Terroristes-et-fachos-sont-les-meilleurs-ennemis-du-monde



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