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Cambio climático
Impidamos a Trump cometer un crimen contra la humanidad y el medioambiente
16/11/2016 | Daniel Tanuro

No se trata de una grano sino de un saco de arena lo que la elección de Donald Trump pone en los engranajes del acuerdo sobre el cambio climático que alcanzaron a duras penas las potencias capitalistas en las aguas bautismales de la COP21 hace un año en París.

En efecto, el nuevo presidente estadounidense no es solo un millonario racista, islamófobo, sexista, complotista, autoritario y nacionalista; también es el portavoz político de los "clima-negacionistas". Esa nebulosa de falsos expertos pagados por los inversores en fósiles [capital fósil] que pretenden que el cambio climático no es más que una invención.

La culpa es de los chinos y de los ecologistas

Durante la campaña electoral, Trump declaró que el calentamiento global era un "concepto inventado por los chinos para que la industria manufacturera estadounidense perdiera competitividad". Una declaración sin sentido, porque la dependencia de la economía china de los combustibles fósiles es mayor que la de la economía estadounidense. Pero dejémoslo estar…

Siete habitantes sobre diez de Estados Unidos piensan que el calentamiento es una realidad. El problema está en que esa mayoría es frágil y tiende a reducirse a medida que se instala el temor de que la protección del clima ponga en riesgo sus condiciones de existencia/1. Trump no hizo campaña en torno al clima, pero cuando se pronunció al respecto, lo hizo de forma demagógica, amalgamando los acuerdos sobre el cambio climático y los acuerdos de libre comercio con el objetivo de que la cólera de los trabajadores y trabajadoras perdiera de vista a la patronal y se orientara contra los "chinos" y los ecologistas.

En una de sus famosas declaraciones de molde, el futuro presidente del país más poderoso del planeta se comprometió claramente a "poner fin" a la participación estadounidense en los acuerdos de París. El autor de estas líneas ya escribió, y sigue sosteniendo, que aquel acuerdo es ecológicamente insuficiente y socialmente injusto; y la contribución de EE UU aún más. Pero eso no significa, de ninguna manera, que la retirada de Washington y/o el abandono de los compromisos de la COP21 sean insignificantes. Al contrario: si Trump pasa del dicho al hecho asistiremos a un gran crimen climático.

Riesgo para el acuerdo de París…

Hagamos memoria: el acuerdo de París contiene, de hecho, dos apartados: una declaración de intenciones a favor de la limitación del calentamiento climático por debajo de 2º C, incluso de 1,5º C, y las "contribuciones nacionalmente determinadas" (NDC, en inglés); es decir, los "planes climáticos" para luchar contra el cambio climático/2.

Conscientes del poder del clima-negacionismo entre los electos estadounidenses, particularmente entre los Republicanos, los negociadores de la COP21 utilizaron una artimaña jurídica para que el texto de París no debiera ser ratificado por los dos tercios del Senado de EE UU: convirtieron el texto en un acuerdo subsidiario de la Convención-marco de Naciones Unidas sobre el Cambio climático (CCNUCC), y no en un tratado internacional. Con ello, bastaba con el acuerdo de Obama.

Por otra parte, para que el texto sea legalmente imperativo, se ideó un procedimiento complicado que todo Estado tenía que respetar en caso en el que se quisiera desentender del mismo. Una verdadera carrera de obstáculos que requiera tres años de proceso/3.

Según algunas informaciones, Trump querría activar sin demora el procedimiento de retirada para estar seguro que los compromisos climáticos de EE UU irán a la basura antes de que finalice su mandato. Con este fin, planteará la denuncia de la CCNUCC acordada en la Cumbre de la Tierra en 1992 y ratificada por EE UU. El procedimiento para la retirada de esta Convención no dura más que un año. En la medida que el acuerdo de París está integrado en el marco de la CCNUCC… quedaría anulado de forma automática.

y para el "Plan de las energías limpias"

Ahora bien, Trump no puede contentarse con denunciar la ratificación estadounidense del acuerdo de París. Sobre todo tiene que desmantelar las medidas adoptadas o previstas en el marco de las "contribuciones nacionalmente determinadas" por EE UU para luchar contra el calentamiento climático.

Esta contribución se presentó bajo la forma de "Clean Power Plan". Siempre con el objetivo de evitar un voto en el Senado, Obama adoptó este plan por decreto y no por ley. El plan integra una serie de medidas reguladoras dictadas por la Agencia de Protección del Medioambiente (EPA). Su objetivo es reducir las emisiones de C02 del sector eléctrico (que sigue siendo muy dependiente de la utilización de la hulla) en un 32 % de aquí a 2030 tomando como referencia el 2005.

A finales de 2015, una coalición de quince Estados productores de carbón (gobernados en su mayoría por Republicanos y dirigidos por el Estado de Virginia occidental) denunció ante los tribunales el "Clean Power Plan" argumentando que el presidente iba más allá de sus prerrogativas e interfería en la política energética de los Estados federados/4.

La denuncia fue desestimada, pero los demandantes siguen erre que erre. Según ellos, el objetivo del plan de Obama es "acabar con el carbón", si bien lo que amenaza el futuro de la industria hullera es a la competencia que le hace el precio bajo del gas de esquisto. Pero siempre habrá un palo para zurrar al perro, y por ello, más de cien compañías y 28 Estados de la Unión han interpuesto demandas. La Corte Suprema deberá tomar una resolución a principios del año próximo.

Habrá lucha

Trump está en connivencia con esos sectores. Ahora que es presidente, el millonario va a intentar satisfacer a sus amigos. Lo que no será fácil, porque la Agencia de Protección del Medioambiente actúa en función de una importante legislación medioambiental: el Clean Air Act (1963), a la cual la ciudadanía estadounidense se siente muy vinculada dado su impacto positivo en el ámbito de la sanidad pública.

Además, a otros niveles (distintos Estados, ciudades en "transición", sectores verdes del capital, etc.) se han adoptados numerosas medidas climáticas: las medidas adoptadas por la EPA a favor del clima en estos últimos años no se pueden eliminar de un plumazo. Habrá conflicto y es claro que las asociaciones ambientalistas y las comunidades lucharán codo con codo ante los tribunales y en la calle. Habrá que apoyarles.

Ante este conflicto, Trump tiene tres posibilidades:

  1. Designar jueces a favor del capital fósil en la Corte Suprema;

  2. Ordenar a la EPA que revise sus medidas en un sentido más favorable a los intereses de la industria del carbón; y

  3. Estrangular presupuestariamente la EPA para que se vea obligada a moderar sus ambiciones. Evidentemente, las tres pueden ir de la mano.

La decisión de Trump de designar al clima-negacionista Myron Ebell a la cabeza de la EPA muestra en todo caso lo que el millonario está totalmente decidido a deshacer. Sin duda, más allá de la política climática/5. En general, como buena sanguijuela capitalista, la legislación medioambiental le molesta tanto como la legislación social. Ya veremos.

Los hechos y las cifras

Entretanto, es necesario saber que el descuelgue de EE UU del acuerdo de París tendrá un impacto considerable.

Recordemos que la "contribución nacionalmente determinada" de EE UU consiste en reducir las emisiones de gas de efecto invernadero en torno al 26 y 28 % de aquí a 2025 tomando como referencia el año 2005. Dado que EE UU emitió 7,38 gigatoneladas (GT) en 2005, la reducción para 2025 se sitúa en torno a 2 GT.

Para saber con exactitud la magnitud del crimen climático que intenta ejecutar Trump señalemos de entrada que estas 2 GT representan más o menos el 20 % de la reducción de emisiones prometidas para el periodo 2016-2030 por los 190 Estados que ratificaron el acuerdo de París./6.

La imagen de la escena del crimen se completa si comparamos las 2 GT en relación al acuerdo de París y los planes clima nacionales (NDC).

Como todo el mundo sabe, existe una brecha importante entre el objetivo de la COP21 -no superar los 2º C de calentamiento en relación a la era preindustrial y, si es posible, no superar los 1,5º C- y las proyecciones en base a los compromisos de los distintos gobiernos, que de aquí a finales del siglo nos llevarían a un calentamiento de entre 2,7 y 3,7º C. Es decir, dos veces más que el objetivo [definido en la COP21].

El acuerdo de París plantea que los distintos países lleven a cabo revisiones periódicas con el fin de superar esa brecha; y el Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente (UNEP) publica anualmente un informe sobre la evolución del mismo. Acaba de hacerse pública la de 2016. Y en ella observamos que la diferencia entre la previsión de emisiones sobre las bases establecidas en París y la trayectoria de las reducciones a seguir será de 5,3 GT en 2025 si se permanece por debajo de los 2º C y de 5,8 GT si no se quiere superar los 1,5º C (en caso de que todos los países respetan sus promesas de reducción; incluso aquellos países pobres que dependen de las ayudas financieras de los países ricos para la transición y la adaptación) /7.

Un crimen climático contra la humanidad

El abandono de los compromisos climáticos por parte de EE UU que promueve Trump situará al resto del planeta ante la siguiente disyuntiva: o bien el resto de países incrementa los esfuerzos para la reducción de las emisiones en un 20 % con el fin de compensar que el país más rico del planeta continue utilizando los combustibles fósiles como si nada y para beneficio de su sector industrial fósil; o bien se añaden 2 GT a la brecha entre lo que se decidió en París y lo que habría que hacer para estabilizar el clima de la tierra (o sea, un incremento de las dificultades entre un 30 y un 50 %).

Resulta totalmente indignante que el dirigente de la primera potencial mundial y principal responsable histórico de las emisiones de gases de efecto invernadero imponga esta disyuntiva a 7 200 millones de mujeres y hombres que habitan el planeta…, cuando ese dirigente no ha sido elegido mas que por el 25 % de los 240 millones de electores de su país, la mayoría blancos y hombres, al final de una campaña repleta de mentiras demagógicas.

Más allá de la indignación moral, hay que se conscientes que Trump accede al poder supremo en el momento en el que el clima de la Tierra se sitúa en el fijo de la navaja. El presupuesto carbono para alcanzar 1,5º C (la cantidad de carbono que aún puede ser enviada a la atmósfera para preservar un 60 % e posibilidades de no superar 1,5º C de calentamiento) se habrá agotado de aquí al 2020, y el presupuesto para 2º C para el 2030. Dicho de otro modo: justo cuando cada minuto cuenta, Trump amenaza a la humanidad con echar por la borda cuatro años que marcarán la diferencia entre catástrofes aún reparables (al menos eso es lo que esperamos…) y un desastre climático sin parangón, irreparable, ingobernable y con consecuencias muy, muy, peligrosas. Se trata de un crimen contra la humanidad.

Reversión geoestratégica

Hecho significativo: China ha sido el primer país en prevenir a Trump contra el abandono del acuerdo de París. Durante la COP22 a Marrakech, un alto dignatario chino ha declarado que "El conjunto de las sociedades del planeta quiere cooperar para combatir el cambio climático". Pero, sobre todo, Pekín afirma de forma clara que su país respetará los compromisos, incluso si EE UU no respeta los suyos/8. La Unión Europea se ha expresado en el mismo sentido.

La reacción china marca una reversión geoestratégica completa en relación al período anterior. Incluso Arabia Saudí se sitúa, por decirlo de algún modo, a la izquierda de Trump: se compromete a respetar las (débiles) promesas de su contribución nacional a la lucha contra el calentamiento/9.

Resulta evidente que el viento ha cambiado de dirección en las clases dominantes del planeta tras las COP15 y 16 en Copenhague y Cancún, en 2009 y 2010. De hecho, no hay que equivocarse: la llegada del clima-negacionista Trump a la Casa Blanca se ha dado contra la voluntad de la mayoría de los representantes de la gran burguesía, en Estados Unidos y en el resto del mundo.

Ahora bien, tampoco conviene hacerse ilusiones. En primer lugar, algunas reacciones no son tan firmes como las de China. Por ejemplo, India podría estar tentada de aprovechar el descuelgue de EE UU para relajar sus compromisos climáticos. En segundo lugar, todos los gobiernos envían mensajes muy educados de felicitación a Trump, como si la denuncia del acuerdo sobre el clima se tratara de una minucia diplomática sin importancia. En tercer lugar, y fundamental, ningún país o grupo de países hace mención a la necesidad de adoptar medidas de urgencia para compensar la eventual retirada de EE UU mediante el desarrollo de políticas a la altura de la amenaza del riesgo climático.

Lo que más preocupa a los gobernantes es saber cuales serán las repercusiones de la política de Trump en relación a su status en la jerarquía capitalista y las posibilidades de beneficio para "sus" capitalistas. China, por ejemplo, no se siente motivada únicamente por su vulnerabilidad particular al calentamiento, sino también por la perspectiva que se le abre de usurpar a EE UU el papel de líder capitalista mundial en una transición energética que todos los responsables burgueses con dos dedos de frente consideran inevitable. La lógica del productivismo capitalista basado en la competencia y organizado en Estados rivales resulta decididamente implacable…

Ni Trumpismo, ni "capitalismo verde": ¡ecosocialismo!

Aquí no se trata de defender a los buenos capitalistas que respetan el acuerdo de París contra el malvado Trump. Frente a la urgencia climática, y de inmediato, de lo que se trata es sobre todo de:

  1. Exigir a los gobiernos que aíslen y condenen de forma categórica al futuro "gobierno delincuente" de EE UU;

  2. Exigir la creación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática y amenazar a Trump de llevarlo ante el mismo si pone en marcha sus proyectos; y

  3. Detener la locura del crecimiento capitalista que genera desigualdades y destrucciones para sustituirlo por medidas para redistribuir la riqueza y producir respetando los límites del planeta.

El acuerdo de París continúa siendo malo, no solo porque no reduce suficientemente las emisiones/10 sino, también, porque trata de reducirlas (y ahí está la razón de su insuficiencia) en el marco del productivismo capitalista y a través de mecanismos de mercado que agravan tanto la crisis social como la ecológica.

A este respecto, hay que remachar el clavo: la victoria de Trump no es fruto de la adhesión de la mayoría del pueblo estadounidense a su programa en contra de las "élites", sino el resultado del rechazo masivo de las y los electores a votar por el Partido Demócrata. Esta constatación sirve también en lo que respecta al medioambiente. Porque Obama, Clinton y Kerry no representan solo la ratificación de París sino también el escándalo del fracking, de las perforaciones petrolíferas submarinas (no olvidemos la catástrofe de la plataforma Deepwater Horizon de la British Pretroleum), los proyectos de canalización para transportar las arenas bituminosas de Alberta hasta las refinerías del Sudoeste de Estados Unidos, etc.

La política medioambiental capitalista, en particular sobre el clima, hace el juego a los populistas. La prueba de ello, en sensu contrario, la aporta el trumpismo. Para que la respuesta al cambio climático vaya en la buena dirección de la mano con la satisfacción de las necesidades sociales son necesarias e indispensables medidas anticapitalistas tales como la reducción del tiempo de trabajo sin pérdida de salario, de desarrollo del sector público, la socialización de la energía y del crédito así como la supresión de producciones inútiles o dañinas. A falta de esas medidas, la insuficiente e injusta política climática capitalista puede contribuir a allanar el camino a demagogos populistas capaces a todo para llegar al poder, e incluso precipitar a la humanidad a una tragedia que supera la más negra ciencia-ficción.

Estamos advertidos. Puede que por última vez. Pero sobre todo estamos invitados a retomar el camino de la lucha ecosocialista con total independencia de los poderes establecidos.

15/11/2016

Daniel Tanuro, ecologista y colaborador habitual de VIENTO SUR

http://www.lcr-lagauche.org/empechons-trump-de-commettre-un-crime-climatique-contre-lhumanite-et-lenvironnement/

Notas:

1/ Financial Times, 30 dec. 2015

2/ Tanuro, El fantasma de la ingeniería climática recorre la COP21. http://www.vientosur.info/spip.php?article11299

3/ New York Times, 10 nov. 2016

4/ Financial Times, 21 en. 2016

5/ Scientific American, 26 sept. 2016

6/ NYT, 10 nov. 2016

7/ UNEP, Emission Gap Report 2016

8/ FT, 11 nov. 2016

9/ FT, 13 nov. 2016

10/ Las medidas de Obama son insuficientes para alcanzar el objetivo de EE UU de reducción de las emisiones entre un 26 y un 28 % en 2025: según determinadas fuentes, no lograrán reducir las emisiones que entre el 7 y el 2º % para 2025 (16 a 32 % teniendo en cuenta las medidas anuncias pero aún no confirmadas.. http://www.theverge.com/2016/9/26/13035506/us-climate-change-policies-París-accords-plan-fossil-fuels





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