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Podemos. Elecciones internas
Lecciones de Madrid
14/11/2016 | Anxel Testas

El pasado viernes conocíamos los resultados de los diversos procesos internos que, de forma simultánea, se acometieron a varios niveles en Podemos en todo el Estado. Con ello, concluía uno de los procesos más largos, contestados y mediatizados y, porque no decirlo, tortuosos: el de la renovación del Consejo Ciudadano de la Comunidad de Madrid. Estas breves líneas pretenden recoger una serie de reflexiones colectivas acerca del mismo y poner sobre la mesa, en forma de esbozo, las tareas de período y los desafíos que creemos ha de encarar tanto la dirección saliente, como el conjunto del movimiento del cambio. Por supuesto, como toda apuesta política seria y ambiciosa, éstas se enmarcan en un horizonte de profundo calado estratégico, que para las y los anticapitalistas parte de la firme convicción de que la institucionalidad realmente existente es incapaz de garantizar un reparto equitativo de la riqueza para las mayorías sociales, así como una trinchera insuficiente para combatir las fuerzas extraparlamentarias del capital, donde en última instancia radica la hegemonía de una clase minoritaria cuya riqueza exige, como condición necesaria, la explotación y precariedad de la mayorías sociales. El lento declive de los gobiernos progresistas latinoamericanos, es un triste testigo de las hipótesis que sustentan nuestra apuesta.

En el último año, el desmembramiento del bloque dominante de Podemos desde Vistalegre (CQP) fue la precondición para la emergencia, en una campaña que en la práctica empieza en septiembre, de dos alianzas a priori contranatura: los antiguos dimisionarios del consejo ciudadano autonómico se unían a contra quienes otrora desenvainaban sus sables; y, por su parte, el proyecto impulsado por Anticapitalistas y aliados (Reinicia Podemos), sellaba una alianza con el sector “pablista”, con Ramón Espinar como cabeza visible (Escucha Podemos). El primero de estos espacios, Adelante Podemos, haciendo borrón y cuenta nueva, esquivaba con habilidad hacer un balance de viejas cuitas con un proyecto que insistía en mirar al frente, y que aglutinaba al grueso del sector “errejonista”, atrayendo a su vez a otros sectores desgajados que están ya bajo la órbita de la corriente del número dos de Podemos. Su reflejo más palpable son los realiniamientos que se han producido en el seno de Ahora Madrid. Por su parte Juntas Podemos (Reinicia Podemos y Escucha Podemos) ve la luz en un parto complicado: dos culturas políticas muy diferentes e indisolubles, hasta ahora enfrentadas, que coinciden más en lo que les separa del otro sector que en lo que los une. Este factor sin duda jugó un papel en la primera ronda de votaciones, en la que Adelante se llevó el gato al agua ganando 10 de los 11 documentos en liza (menos el documento político-estratégico de Juntas Podemos, sin duda el principal, hecho que ha espoleado al límite la imaginativa de ambos sectores intentando acrecentar o disminuir su importancia).

Con unos aliados que despertaban muchas dudas en la gente de Reinicia, una campaña con un despliegue mediático directamente proporcional al repliegue interno, a este sector le embargó cierto desinterés y apatía. Un sector en el que el convencimiento pesa más que los golpes de efecto, y por ende, quedando ciertamente desmovilizado en el primer round. Esto sólo cambiaría tras el revulsivo que supuso la derrota en la primera fase de la asamblea, con el vértigo que provocaba la imagen de una segunda victoria errejonista. El desenlace final es por todos conocido: Juntas Podemos consiguió la mayoría de los votos obteniendo una mayoría en el consejo ciudadano, y por su parte Ramón Espinar se impuso a Rita Maestra por más de 2000 votos obteniendo la secretaría general. Cabe destacar que ninguno de los dos aspirantes a la secretaría general obtuvo tantos votos como Isabel Serra, compañera de Anticapitalistas y diputada regional.

El fantasma de Vistalegre (II)

El fantasma de Vistalegre salió a pasear durante toda la campaña, y como todos los espectros, es capaz de aparecerse con diferentes formas. Apareció en primer lugar como un fantasma del pasado, el fantasma de un modelo que abrió un tiempo de excepcionalidad democrática en aras de una eficacia cuestionable, visto el estado interno en el que se encuentra la organización (¿era necesario tal despiece para cosechar los indudables éxitos electorales?). Es un fantasma del que todos abjuran pero que, sin hacer un balance serio y abierto de sus andanzas, no seremos capaces de exorcizar. Y es necesario exorcizarlo porque ha poseído Podemos. Con esto no queremos sugerir la existencia de una esencia de Podemos, a la que se pueda volver tras ahuyentar a los malos espíritus: como si se pudiera deshacer lo andado, como si las tradiciones (ojo, las viejas pero también las nuevas) se pudieran transformar a golpe de nueva retórica, por muy sofisticada que esta sea. Pero tampoco a golpe de crucifijos y textos sagrados, por mucha fuerza con la que blandamos los primeros y recitemos los segundos. Creemos pues, que son instancias más profundas las que han de hacer acto de presencia tanto para modificar las estructuras organizativas como la cultura política que ésta inaugura, y hoy impera.

Los paseos de nuestro fantasma durante la campaña no fueron súbitas apariciones. Más bien, ésta discurrió por la senda excavada en tierra que el pesado deambular de este fantasma ha venido escarbando. Antes de llegar a su actual decrepitud, nuestro fantasma alzaba la voz en defensa de la gente normal, a la que se le oponía un sector activista celoso y quisquilloso, que no tenía inconveniente en alargar las asambleas tanto como fuese necesario para garantizar que sus inquietudes fueran tenidas en cuenta. Esto, alejaría a toda la gente normal que no disponía del tiempo y la dedicación del viejo activismo que, por lo tanto, acababa patriomonializando el accionar político. Como toda caricatura, tiene una parte de verdad y cualquiera que haya participado en política sabe que los vicios extrainstitucionales no tienen nada que envidiar a sus contrapartes en la política con vocación electoral. Empero, la frenética campaña madrileña ha evidenciado que no ha sido el sector activista el que ha usurpado el usufructo de la política, sino toda una cohorte de cargos públicos y funcionarios de partido que, muchas veces inmersos en circuitos sociales de iguales, olvidan los horarios y ritmos de la tan mentada como olvidada “gente normal” (véase la acumulación de actos, campañas de redes, horarios de reuniones totalmente incompatibles con horarios laborales, etc). En una campaña con claros tintes belicosos, con varios Estados mayores funcionando a todo gas, el despliegue de recursos empleados permite hacer una buena radiografía del “estado de las cosas”. Y si bien toca felicitarse del alto grado de participación en las votaciones, toca echarse las manos a la cabeza ante la constatación de que apenas quedan espacios de la formación morada no alineados: uno de los pecados originales de Vistalegre consistió en no dotar a la organización de espacios amables para con su propia pluralidad. En ese sentido, la superación de una cultura de mandos únicos y homogéneos, en la que se han desenvuelto y educado muchos de los componentes de las dos fracciones dirigentes, supone uno de los retos más importantes y de más difícil solución para Podemos. En Galicia, los viejos saben que, antes de enterrar definitivamente a un muerto, éste puede desvelarle a uno augurios futuros si se le interpela. Y esta es la tercera y última forma en la que se presentó Vistalegre en la campaña madrileña: como presagio y prefigurardor de los debates que se vienen. En ese sentido, nos parece muy positivo como punto de partida que, salvo resabios cavernarios, exista una aceptación amplia de sistemas de elección proporcionales como el BORDA, una de las propuestas que lanzó Reinicia Podemos.

Despliegue popular. Debates a la altura

Partiendo del actual estado de las cosas, y huyendo de cualquier tinte nostálgico, creemos que conviene identificar las tareas y las problemáticas a las que se enfrenta tanto la dirección saliente del consejo ciudadano madrileño, como Podemos en general como parte fundamental en el plano de la representación del movimiento del cambio. La propia elección de los problemas y tareas no es un elemento circunstancial, y está ligada los objetivos que se persiguen. Un despliegue de Podemos hacia fuera es fundamental. A pesar de las brechas creadas con una parte importante del activismo, Podemos sigue siendo uno de los referentes fundamentales de una amplia gama de sectores que aspiran a un cambio, y en particular, y destacarlo no es un ejercicio baladí, ni uno de los tan caricaturizados tics de la vieja izquierda (otra criatura que convendría definir en su justa medida y desterrar del abanico de los muñecos de paja), de los sectores que entran en lucha. Podemos ha de aprender a dialogar con estos sectores sin arrogancia ni paternalismo, ofreciendo los recursos que tiene para solucionar sus problemas, enmarcándolos a su vez en una lucha política de largo recorrido, de carácter estratégico. Esto requiere a su vez un cambio fundamental en la cultura política de los cargos públicos y orgánicos (y liberados) de la organización morada, que por desgracia consiste muy a menudo en engrosar su “book” de estampas en twitter en manifestaciones, evidenciando una suerte de autopercepción como un aparte, proclive de ser interpelado, pero que no forman parte orgánica de los movimientos. En este sentido, sería injusto hacer recaer en exclusiva la culpa sobre Podemos, tanto de su propia extracción de clase fundamentalmente proveniente de clases medias universitarias, como de su composición ajena a los movimientos sociales, sin embargo, el no identificar estos como un problemas fundamentales y de primer orden, ni siquiera mentarlos, si que nos parece más que achacable. Para ponerle solución a esto, es importante identificar el target (otra de las palabras de uso común en el podemismo importadas del mundo del marketing) que tiene que nutrir las bases del cambio: ¿quienes son los que faltan? A nosotras nos faltan muchas en definición la que se desprende del uso que hace el sector populista de esta expresión. Y, ¿qué pasa con los que han estado y se han ido?

Los sectores que apostamos nítidamente por la ruptura, tenemos que ser ambiciosos y afrontar estos retos desde la posiciones de dirección conquistadas. Es necesario atreverse a hacer experiencias concretas hacia afuera, que prefiguren la constitución de un partido-movimiento en el que las fronteras clásicas entre los dos extremos del guión adquieran un nuevo tipo de imbricación, en el marco de un movimiento popular en el que todos los actores con con una incidencia real en la vida social y política de los de abajo tengan un hueco. Para esto, es necesario también generar un clima de discusión abierto, profundo, despiadado en el contenido y correcto en las formas. El actual nivel ramplón de debate que existe en Podemos, que se da de forma velada en declaraciones públicas o con coletazos en las redes sociales, no está a la altura de las tareas históricas que pretenden acometer el conjunto de sus sensibilidades. Hay que salir de la jaula de la sonrisa perpetua en público que acaba anquilosando las neuronas, huir tanto de la sobreteorización heredada del movimiento estudiantil, muy en boga en toda una serie de aspirantes a intelectuales (transversales a todas las corrientes), incapaces de organizar la puesta en práctica de sus piruetas académicas y testarlas en el campo de la vida real, como de las caricaturas, vulgatas y simplificaciones que han pasado de la “vieja” a la “nueva” izquierda sin perder nada de su vigor. La generalización del hooliganismo en el campo del cambio, de consignas dicotomizadoras, así como los bandazos teóricos a golpe de encuestas electorales, hacen un flaco favor al conjunto del movimiento y de su aprendizaje estratégico, fundamental para quienes pensamos que sólo un movimiento que cuente en sus filas con miles de partisanos capaces de pensar y organizar la vida social de forma colectiva, puede lanzarse a la aventura de acometer las transformaciones radicales que exige el momento.

14/11/2016

Anxel Testas, militante de Anticapitalistas



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