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Debates sobre la Unión Europea
No hay "Lexit" sin "Otra Europa posible"
05/11/2016 | Catherine Samary

Tras el traumatismo griego -a la vez un diktat neocolonial del Eurogrupo y sumisión de Tsipras al mismo a pesar del OXI -el "no" popular griego- la izquierda radical europea debate sobre "Planes B" sin ningún consenso estratégico ni táctico. Al respecto, el referéndum del Reino Unido constituye un ejemplo amargo, en el que la izquierda anti-racista y opuesta a la UE no dispuso de las condiciones para expresar una alternativa creíble a las instituciones y políticas dominantes, tanto nacionales como europeas o internacionales. Menos mediatizado que el Brexit, el referéndum del pasado 6 de abril en Holanda, por el que se rechazó la asociación de Ucrania a la UE muestra de forma vergonzosa las mismas "opciones" entrampadas para la izquierda internacionalista.

¿No habrá llegado el momento de dar visibilidad a una ¡Europa en pié! plural que haga frente a las políticas e instituciones dominantes, construyendo un espacio político europeo alternativo dentro/fuera y contra la UE/1?

La izquierda alternativa en los países dominantes de la UE -fundamentalmente en Francia y Alemania- tiene una gran responsabilidad a la hora de bloquear y poner en cuestión los nocivos poderes de la UE no solo desde una óptica "destituyente" de la UE sino "constituyente"/2 de otro proyecto europeo, vinculado orgánicamente, por abajo, a las movilizaciones de los sectores más desposeídos de sus derechos y "marginalizados" del Este, del Sur… y del centro-europeo. La puesta en cuestión de los Tratados y las políticas a escala europea, es un reto estratégico que incide en las luchas socio-políticas, ecológicas y geopolíticas; tanto en las nacionales como en las internacionalistas.

La historia del OXI griego está escrita ni ha finalizado

El "no" (Oxi) del pueblo griego constituía un mandato para oponerse al nuevo plan de austeridad negociado con el Eurogrupo. No expresaba una opción de salida del euro y menos aún de la UE/3. Del mismo modo, no es cierto que la capitulación de la dirección de Syriza probaría que la única alternativa a la sumisión habría sido la salida de la Unión Económica y Monetaria (UEM) e incluso de la UE. El rechazo a una salida de la UE, e incluso de la UEM, no se podía reducir ni a un apoyo a sus lógicas, ni a las ilusiones sobre una "UE buena", capaz de ser reformada de forma democrática, sin crisis y sin poner en cuestión los distintos Tratados. Muchas propuestas planteadas antes y después del OXI implicaban una oposición y desobediencia a las políticas dominantes y constituían actos de ruptura unilateral con la Troika, sin tener como precondición ni eje principal de la movilización la "salida" del euro/4. Propuestas tales como la suspensión del pago de la deuda y el apoyo a una auditoria ciudadana para analizar las causas de la misma, el rechazado al pago de la parte insostenible e ilegítima, e incluso ilegal; la socialización de los bancos y el control del movimiento de capitales; la creación de una moneda fiscal que, fundamentalmente, permitiera financiar los servicios públicos y garantizar la producción de alimentos vitales, etc.

El miedo a una marginación absoluta por situarse fuera de la eurozona no es imaginario ni es un miedo irracional superable con una buena "pedagogía", para revertirla contra los Tratados actuales. Y la idea de que se podría refundar otra Unión de los pueblos europeos con un sistema monetario ad hoc, utilizando el euro "de otra forma" y en base a derecho igual no es una utopía menos concreta que la hipótesis de "una soberanía" conquistada mediante la vuelta a las monedas nacionales.

A su manera, el Oxi expresaba esta esperanza sin saber como llevarla a cabo. No solo estaba en conflicto radical con las fuerzas dominantes de la UE sino, también, con la oligarquía griega, los poderes represivos y la extrema derecha fascista que sigue pesando en el aparato de Estado griego: los retos estratégicos eran, en principio, de clase, orgánicamente nacionales y europeos, con o sin el euro/5. Si se extraen lecciones de la fragilidad de la relación de fuerzas de ese verano de 2015, éstas se sitúan tanto a nivel europeo (poniendo de relieve la responsabilidad de todos los componentes de la izquierda anti-austeridad) como nacional: a todos los niveles, los escenarios posibles dependían de la combinación de batallas político-ideológicas (contra todas las relaciones de dominación a la vez en la UE y en Grecia) y de la extensión de la autoorganización popular basada en la solidaridad (igualdad, anti-racismo), minimizando las relaciones mercantiles internacionales y la dependencia hacia el euro: la experiencia de los centros de salud autogestionados en Grecia -con el apoyo que recibían de Francia- marcaba una lógica que el gobierno de Syriza tendría que haber apoyado. Los fondos públicos y una moneda fiscal podrían relanzar el empleo en los servicios públicos y apoyar la agricultura de supervivencia…

En realidad, la principal lección positiva de la experiencia griega es que el Oxi resultaba "intolerable" para el Eurogrupo porque era peligroso para la UE, lo que muestra su… fragilidad. Yannis Varufakis dijo que quien se encontraba en el punto de mira era Francia y sus protecciones [su Estado de bienestar]. Y es cierto. "Nuit Debout" contra la Ley del Trabajo puso de manifiesto que las resistencias siguen vivas y que el porvenir no está escrito.

Ahora bien, lo más importante es que jamás se ha remarcado suficientemente lo peligrosa que resultaba la victoria del Oxi griego para la propia Alemania, así como para el conjunto de la UE, por el mensaje que enviaba a los pueblos, y no tanto a los dirigentes, de la UE como Hollande y Merkel

La experiencia de Syriza queda como la primera (y no la última) de las batallas tanto nacionales como europeas: dentro y contra la UE y contra su papel en la guerra social global.

Someterse a los dirigentes de la UE y a su voluntad de echar el cierre, como nunca, a las protestas contra sus proyectos es tan suicida como renunciar a luchar dentro y contra la UE a partir de la primera batalla perdida. La historia del Oxi no ha terminado. Ni en Grecia, ni en Europa.

Hacer frente al reto estratégico europeo

Puede que el euroescepticismo no sea más que circunstancial y vinculado a la dificultad real de las luchas europeas y a una relación de fuerzas desfavorables: a la enorme brecha entre la capacidad de iniciativa de "los de arriba" y la de "los de abajo" y de los movimientos socio-políticos y sindicales europeos. Efectivamente, el pesimismo y sus opciones binarias -salir o someterse- pueden verse confrontadas por la doble constatación de las sumisión real al Eurogrupo que opera en Grecia y las orientaciones ordoliberales de los dirigentes de la UE que quieren inscribir en las Constituciones [de los distintos países] sus propias opciones para acabar con las protestas.

Sin embargo, las resistencias sociales a esas políticas existen de hecho, aunque de forma atomizada y diversa en los diferentes Estados de la UE, y la dificultad de construir un movimiento europeo no invalida su urgente necesidad. No se pueden posponer las luchas nacionales a la espera de imposibles consensos, ni denigrar como "sumisión a la UE" la búsqueda de escenarios colectivos orientados a pesar en la relación de fuerzas, a ayudar a los países más vulnerables y a deslegitimar las orientaciones política y socialmente insostenibles impuestas por el Eurogrupo y el BCE. La izquierda alternativa en los países del "centro", en Francia, Alemania o el Reino Unido, tienen una responsabilidad específica al respecto.

Pero para ello hay que ir más allá de las teorizaciones que extraen del ejemplo griego la conclusión de la negación de un reto estratégico a nivel europeo. Se trata, por una parte, del argumento que versa sobre la ausencia de un "pueblo europeo". Se le puede dar por buena contra toda idea de un federalismo estatal y unitario europeo, que es necesario combatir, al mismo tiempo que la idea según la cual todo federalismo supranacional sería necesariamente más progresista que un Estado-nación, sin analizar de forma concreta uno y el otro. Pero esos puntos de vista federalistas abstractos se pueden combatir también desde la óptica de "otra Europa" cuyas diversas variantes institucionales pueden reconocer plenamente la libre determinación y la diversidad evolutiva de los pueblos: en sí mismo no contradictoria con la expresión de sentimientos subjetivos de pertenencia múltiple… incluso europea.

La ausencia de un pueblo europeo no implica para la izquierda internacionalista que no existe un reto estratégico europeo y que haya que "poner Europa entre paréntesis". Sin embargo, ese es el punto de vista que han expresado/6 y explicitado, fundamentalmente Stathis Kouvelakis, Cédric Durand y Razmig Keucheyan/7 en defensa de un nuevo tipo de internacionalismo que pasaría por encima el reto europeo a partir de la reconquista de los Estados-nación.

En substancia, su posición parte de la denuncia (evidentemente compartidos por toda la izquierda radical sea cual sea su posición sobre Europa) del internacionalismo de las multinacionales y de los mercados o de quienes se someten a sus leyes, encarnada sobre todo en la UE de las oligarquías. En este terreno no hay ningún desacuerdo. El debate viene justo a continuación.

Este punto de vista se basa en dos afirmaciones que no están demostradas: por una parte, la idea de que todo rechazo a salirse de la UE conllevaría a someterse a ella, con un discurso "internacionalista" que en realidad no es mas que una traición del "internacionalismo real" enraizado en las luchas nacionales, adoptando un "internacionalismo del capital".

Esta primera afirmación se "ilustra" en la práctica a través del rechazo del Oxi griego por parte de la dirección Tsipras cuando acepta de gestionarla a través de un "mal acuerdo" negociado con los dirigentes de la UE. Es correcto decir que se trata de la opción de Tsipras y no solo de la presión de la UE. Y la opción por ese supuesto "mal menor" constituye aún un grave traumatismo en Grecia y en Europa. El riesgo de "pasokización" de la formación de izquierda continúa pesando en toda la UE y en el mundo en un contexto de relación de fuerzas desfavorable.

Pero incluso si suponemos que la salida de la eurozona hubiera sido desfavorable, no resultaba inevitable el optar entre irse o permanecer en el gobierno e impulsar las políticas que se habían rechazado previamente. Tampoco resultaba inevitable que la izquierda radical no luchara por hacer de la auditoría de la deuda griega un elemento central -en Grecia y en la UE- contra las políticas dominantes, la puesta en cuestión de los derechos fundamentales y sus mentiras. Ninguna de las "opciones" reales, intermedias entre la sumisión o la salida se puso en marcha. Todas estas opciones se ocultan por puntos de vista que quieren excluir del debate tanto del reto estratégico europeo como cualquier posibilidad de resistencia en/contra la UE. Estos rechazos están "consolidados" por un giro "teórico" que niega de que la UE pueda ser un "campo de batalla", calificándola de "prisión"/8 de la que hay que huir físicamente cueste lo que cueste.

Ahora bien, el ejemplo griego puede mostrar justo lo contrario: no solo que la "construcción europea" era permeable a las luchas sociales, sino que la violencia ejercida contra el programa -por otra parte bastante moderado- que defendía Syriza, dejaba al descubierto la vulnerabilidad social y política de la UE.

En un sentido más general, lejos de ser reducible a la UE y de tener el euro como primer útil, la guerra social que desarrolla de forma efectiva la UE ha sido actualizada desde los años 1980 en base al slogan "TINA" de Margaret Thatcher que se ha impulsado en el RU o en la UE, en el centro y en la periferia, a través de todos los Tratados de librecambio, con o sin euro. Esta es más verdad que nunca desde la crisis de estas políticas en 2007/2008 en el contexto de la "noche neoliberal" como remarcan Dardot y Laval/9. Pero esta lógica está llena de contradicciones y resistencias. La situación de crisis e inestabilidad se da junto a una polarización, incluso en el seno de la UE. La inestabilidad y las dificultades para "gobernar" la UE son una muestra de ello. Pero en ausencia de alternativas progresistas y creíbles a nivel europeo, son los nacionalismos xenófobos quienes impulsan una desagregación reaccionaria. No "ver" y "trabajar" sobre los retos estratégicos europeos como una parte sustancial de las luchas tanto nacionales como internacionalistas, no es solo falso sino peligroso. El Brexit es una grave ilustración de ello.

El Brexit como acto "destituyente" de la UE sin un acto "constituyente" de una alternativa europea progresista/10.

Es cierto: ningún "voto" es puro e inequívoco. El del Brexit fue necesariamente así: el Brexit se impuso en Inglaterra y en el País de Gales, pero no en Escocia o Irlanda; fue mayoritario entre las personas mayores, pero no entre la juventud (por otra parte, más abstencionista que las personas mayores); fue masivo entre una parte de los trabajadores y trabajadoras de "origen inglés", pero rechazado más masivamente aún entre las poblaciones "racializadas" o "alterizadas" como "invasoras"… Ningún recoveco sociológico, "nacional" o político, autoriza convertirlo en un "triunfo" para las luchas progresistas. A lo sumo, fue "una patada en el trasero" a la UE y un "portazo" al establishment británico como dice Tariq Alí/11.

Sin duda de trata de una bofetada a las políticas de ampliación y a las pretensiones de la UE, pero de una bofetada no internacionalista y sin ningún gesto solidario y progresista: en este sentido, está en consonancia con el voto en el referéndum holandés del 6 de abril (con el 30 % de votantes) en el que el "no" se impuso por un 60 % contra el acuerdo de asociación propuesto por la EU a Ucrania. Ahora bien, ¿en qué sentido? ¿Cuáles fueron los problemas de fondo? En este caso, para la UE se trataba de la extensión de los tratados de librecambio (sin perspectiva de adhesión), presentada a sus vecinos como "socios" específicos, orientada, en relación a la Europa del Este, a forzar a varios países limítrofes de Rusia y de la UE, a "optar" por la UE. ¿Qué había que votar cuando se critica radicalmente a la UE y este acuerdo de librecambio desastroso, y al mismo tiempo se está contra cualquier lógica de optar entre la Rusia de Putin contra la UE (o a la inversa)? ¿Cómo responder a los anhelos de la población de Ucrania -sobre todo entre la juventud- de acercarse a la UE? El voto, fuese el que fuese, no daba ninguna respuesta progresista al falso dilema que planteaba el referéndum como bien ha analizado Alona Liasheva/12. "Romper con las opciones binarias impone, dice ella, formular de otra forma las cuestiones, para expresar el punto de vista de las poblaciones (rusas, ucranianas o de la UE) contra las élites de estos países apoyándose en las redes de los de "abajo" de estas poblaciones".

Del mismo modo tejer vínculos europeos "por abajo" con el pueblo griego era y continúa siendo fundamental en defensa de su OXI, como lo sería si en Ucrania emergieran coaliciones civiles contra los "partenariados" propuestos por la UE, así como en Túnez o en varios países de África negra en desacuerdo contra los "Acuerdos de asociación" por los que la UE trata de "ayudarles"/13, de la misma forma que dice ayudar a Ucrania… contra Rusia. En todos los casos y en todos lados, estos diferentes acuerdos de libre-cambio escapan al control de las sociedades y desmantelan la protección de los derechos sociales. Ahora bien, vistos desde Ucrania, pueden aparecer como una "etapa" posible hacia una pertenencia futura en la UE, como miembro, que es percibida por una parte de la población como una forma de escapar a la marginación absoluta y al reinado de los oligarcas. Es preciso comprender este punto de vista que también ha estado presente en las "(semi) periferias internas de la UE…

Desmitificar las ilusiones no debería traducirse en una lógica de "veto" proveniente de la Europa de los ricos con rechazos racistas incluidos. Una visión eufórica de estos "batacazos" dados a la UE también corre el riesgo de no dejarnos ver el hecho de que las mismas no atenúan el riesgo de la consolidación de un núcleo duro de la UE o del Eurogrupo que impondría de hecho sus normas a los distintos "círculos" de los miembros y no miembros de la UE… El Brexit, aún cuando no se conozcan todos sus efectos, está lejos de debilitar esta amenaza: el Reino Unido (RU) es una gran potencia financiera que no forma parte de los miembros fundadores de la CEE, no sometida al euro y capaz de negociar -antes como después del Brexit- todo tipo de acuerdos con las instancias de la UE. En la UE, sus dirigentes han sido un gran obstáculo a cualquier política orientada a limitar el dumping social y fiscal. Lejos de ir contra los planes de austeridad europeos, debidos al euro, la clase dirigente británica ha constituido un ejemplo, desde hace décadas, bajo Margaret Thatcher o Tony Blair, sin el euro…

La respuesta "soberanista" británica (de hecho inglesa) contra la UE, dominada por fuerzas de extrema derecha, no iba contra las políticas económicas (dramáticamente interiorizadas como "fatales" como lo repetía el TINA) sino contra la "libre circulación de trabajadores" impuesta por la UE. De ahí esta campaña nauseabunda que enfrente a las poblaciones oprimidas, según se vean como "de origen" o estigmatizadas como "invasoras" y que "vienen a quitarnos empleos" y que se han convertidos extraordinariamente precarias y miserables. El Brexit no pondrá fin a la destrucción de los derechos sociales y a la ampliación de los empleos sin protección social tanto fuera como dentro de la UE aprovechando, según una lógica arrasadora, la presión de la miseria proveniente de Europa del Este.

El referéndum británico no permitía oponerse a esta lógica. En ausencia de una alternativa europea progresista y concreta, las poblaciones subalternas británicas se han adueñado la una o la otra de los únicos votos posibles, rechazando diversas relaciones de dominación sin ninguna orientación progresista creíble: los componentes de la izquierda radical -entre ellas la salida de izquierda, el LEXIT- pusieron el acento en las responsabilidades de la UE y no en la de las clases dirigentes británicas (fuera y dentro de la UE) en lo que respeta a la demolición social sufrida desde hace décadas; y la lógica de la opción binaria, les llevaba a asimilar a todos los partidarios del "Permanecer" como "defensores" de la UE. Simétricamente, una parte de la izquierda que militaba a favor de "Permanecer" fue llevada a borrar la crítica de la UE incitando a votar a favor del Permanece en base a los "derechos defendidos en Europa" -sobre todo, la libre circulación de los trabajadores-, asimilando todo el voto Brexit a un voto racista. Esta lógica campista, en la que desaparece lo que podría dar "argumentos" al voto contrario, ha dominado este referéndum-trampa, levantando muros entre las corrientes internacionalistas del Lexit de los que en el campo del Permanecer han desarrollado una campaña no para apoyar la UE sino para combatirla con el horizonte puesto en "Otra Europa es posible" (AEIP/another Europe is posible).

En ese contexto, no se pudieron ensamblar los puntos comunes (anti-racistas y anti-dumping social) de ambos lados; las diferentes corrientes de la izquierda alternativa fueron incapaces de combatir unidas las políticas dominantes en el Reino Unido y en la Unión Europea, así como a las fuerzas reaccionarias de ambos lados. Ese contexto no permitió tampoco clarificar el magma semántico de las divergencias reales que es necesari discutir, más allá de las sensibilidades políticas que se expresaban tanto en el seno del Lexit como en el campo de la izquierda radical a favor del Remain.

Es urgente superar esos obstáculos. Lo que exige, de entrada, clarificar los discursos y los análisis sobre "Europe", la que se quiere "quitar" y la que se quiere "construir" (desde la izquierda).

La CEE/UE no es "Europa". La apropiación de las palabras es un reto democrático, ideológico y estratégico importante

La lucha semántica forma parte de los retos democráticos de la lucha de clases: hay que expropiar a los dominantes el privilegio de las "palabras" y de las interpretaciones que construyen para defender sus propias intereses, legitimándolos como "valores" europeos supuestamente progresistas e incluso universales. Definir la CEE convertida en UE por su nombre supone tratarla como una "construcción" histórica, socio-política e institucional que se puede superar; y no hacerlo, es ocultar las otras realidades geopolíticas que han configurado y dividido el continente. Hacerlo, es poner el acento sobre la génesis y el contexto de un proyecto evolutivo, definir a sus promotores, analizar las crisis que han desembocado en transformaciones institucionales no previstas y es poner al descubierto sus contradicciones. Y también supone analizar, junto a las poblaciones afectadas, las ilusiones o esperanzas asociadas a estos proyectos, que no son los mismos en todas partes y en todo momento. Significa poner el acento sobre los confusos debates políticos en torno a la denominación "Europa", apologética o peor, arrogante y dominante, similar a denominar América a Estados Unidos.

En sentido inverso, el rechazado de las posiciones ingenuas o apologéticas en relación a la UE no implica aceptar los análisis que ocultan la diversidad conflictiva de los proyectos "burgueses" y sus contradicciones, de las que las luchas sociales pueden sacar provecho.

La Comunidad Económica Europea, CEE, puesta en pie durante la guerra fría tras la Segunda guerra mundial, fue objeto de puntos de vista diferentes entre fuerzas dirigentes de los Estados concernidos, y estuvo en conflicto con otros proyectos capitalistas (como la Alianza europea de libre cambio, apoyada por EE UU, ella misma heterogénea y evolutiva). La comprensión de esta "construcción", con sus continuidades y discontinuidades, no deriva solo de la lectura de sus Tratados: el librecambio está inscrito como objetivo en el Tratado de Roma (y EE UU, potencia dominante, presionaba en ese sentido). Pero durante los llamados "Treinta gloriosos", la CEE estuvo dominada por políticas que otorgaban un papel predominante al intervencionismo de los Estados y a las finanzas bancarias (sobre todo en Francia y en Alemania). Pero que jamás lograron estabilizarse como un proyecto unívoco entre las diferentes burguesías nacionales: entre ellas no cuajó ningún consenso en relación al papel de los Estados, del mercado y de las instituciones supranacionales, e incluso en lo que respectaba a las relaciones con EE UU y la URSS (y después con Rusia post-soviética). Jamás fue (ni se convirtió, ni lo es aún) un simple acuerdo de libre-cambio, como el Alena (que no tiene ni "presupuesto", ni parlamento, ni pretensiones políticas…). La libre circulación del capital estuvo prohibida por el control de los intercambios hasta el Acta Única de 1986 que comenzó a desmantelar ese control -con la transformación neo-liberal del PS en 1983. La libre circulación del capital en la CEE, efectiva a partir de 1990, constituyó un giro institucional y económico fundamental que fragilizó su sistema monetario (el SME basado en el Ecu y las monedas nacionales), poniendo en pie "el gran mercado" de capitales, mercancías y trabajaroes que definiría la UE. Por tanto ello se inscribe plenamente en la globalización neoliberal.

Asumida por la mayoría de los países del AELE, con perfiles diferente entre los países más ricos de Europa, pero abriéndose también hacia los países más pobres y saliendo de las dictaduras del sur en la última fase de la guerra fría, la CEE se convirtió en el centro de gravedad de la "construcción europea" del mundo capitalista e imperialista sin haber sido un simple instrumento de EE UU en Europa. Ello no implicaba tampoco un acuerdo entre los Estados miembros sobre la OTAN (sobre todo en el seno de sus miembros fundadores).

Para atraer a su sistema institucional a un número creciente de países dotados de una fuerte realidad histórica, estaba obligada a combinar dimensiones "federales" y una fuerte realidad intergubernamental y confederal. Igualmente, la introducción de fondos presupuestarios redistributivos y de un Parlamento, con poderes limitados pero elegido mediante sufragio universal a partir de 1979, formaban parte de los argumentos presentados a las poblaciones durante los referéndums de adhesión en los distintos países. No se trataba de una "Europa alemana". Fue su núcleo franco-alemán quien desempeñó el papel clave en sus diferentes fases (tras el nazismo hasta la unificación alemana, pasando por el Acta Única y las negociaciones de Maastricht).

Nada de ello le convertía en un sistema democrático e igualitario próximo a la gente: siempre actuó como un proyecto de las fuerzas y clases dominantes. Pero en un contexto de guerra fría, los derechos y principios reconocidos, que se podrían describir como "un camelo" para legitimar y facilitar su ampliación, tenían también una dimensión "política" y eran fuente de dificultades. Para los lobis financieros y todas las fuerzas que actuaban a favor del neoliberalismo, era necesario esquivar y/o poner en cuestión esos elementos para que el sistema se organizara cada vez más sobre bases "ordoliberales", encuadrando una zona de librecambio, que fue apoyado por los gobiernos de la Union, fueran de la etiqueta que fueran.

La brecha entre principios y discurso (igualitarios y democráticos) y la realidad forman parte del lote común a todos los sistema "representativos" parlamentarios basado en la economía de mercado capitalista; lo que explica su crisis de legitimidad actual en un contexto en el que sus derivas antisociales y, por tanto, antidemocráticas, se asientan por doquier. Por lo tanto no se trata solo de la realidad de la UE. Tampoco es evidente que la orientación cada vez más liberticida y de desmantelación social del Estado-nación francés sea más débil que la de las instituciones europeas; ni que el gobierno francés actúe solo bajo la presión de las prescripciones europeas. Cualquier lucha progresista tiene que desarrollarse sobre ambos frentes: nacional y europeo.

La crisis del pasado han legado una construcción inestable e incapaz de responder a las aspiraciones progresistas en Europa.

Se trata de "grandes crisis" y no un proyecto unívoco preestablecido cualquiera que ha presionado pragmáticamente a las grandes transformaciones de la construcción europea; evidentemente, todas ellas decididas por fuerzas sociales y políticas dominantes y "por arriba", pero sin una visión "burguesa" unificada.

Fueron las crisis monetarias internacionales las que presionaron para la puesta en pie, en primer lugar, del SME (Sistema monetario europeo) en 1979 en torno al ECU y después de la UEM (Unión económica y monetaria) alrededor del Euro tras los acuerdos de Maastricht en 1992. Es, en otro ámbito, la crisis yugoslava de los años 1990 en paralelo con la implosión de la URSS, la que favoreció la puesta en pie de una "gestión" euroatlantista de los Balkanes, permitiendo que después persistiera el despliegue de la Otan en Europa tras la disolución del Pacto de Varsovia y el fin de la guerra fría.

La "crisis sistémica" de transformación de los sistema de Europa del Este se desarrolló bajo la presión de las normas y criterios de adhesión impuestos por la UE a los países que estaban en su órbita. La destrucción social desastrosa para la gran mayoría de las poblaciones de estos países no fue acompañada de una integración financiera, monetaria y comercial específica en la UE/14; varios países fueron por añadidura retaguardia de las estrategias industriales y de exportación de Alemania. En ausencia de un mercado de capital y de una acumulación capitalista previa, la privatización de los bancos se encontró sometida, en el contexto de la liberalización financiera mundial, a una integración "periférica" radical a los grandes bancos oeste-europeos- supuestamente estables… hasta la crisis de 2008/9 que afectó a Europa del Este mucho más gravemente que a la vieja Europa.

Globalmente, las poblaciones de Europa del Este fueron explotadas para poner en marcha una política radical de dumping social y fiscal a escala continental: la "convergencia" se hizo entre la vieja y la nueva Europa sobre estas bases en las que los únicos ganadores fueron las minorías a la cabeza de todos estos Estados, sin legitimidad popular y buscando en la adhesión a la UE un sustituto de "programa", porque la UE tenía, a pesar de todo, un cierto poder de atracción, aunque fuera ilusorio.

En todo caso, la Unión se amplió sobre la base de un discurso y de pretensiones estabilizadoras y pacificadoras en el continente. Pero el giro neoliberal estaba orgánicamente en contradicción con cualquier cohesión social y política, tanto en el plano interno como internacional. La UE fue arrastrada (sin el voto de sus parlamentos) a la primera guerra de la OTAN sobre el continente (1999, Kosovo) y es incapaz de pesar positivamente en los orígenes de las guerras en las que se ha implicado bajo diversas formas. De la misma forma que es incapaz de aportar un bienestar social a la gran masa de población cuando es corresponsable de la destrucción de las antiguas protecciones sociales de diversa naturaleza y del incremento de las desigualdades. Hay que decir también que es incapaz de asumir la acogida solidaria de las y los migrantes y refugiados, a pesar de que la "libre circulación de trabajadores" fue vivida (en el Este) como una respuesta a la gran miseria y (en el Oeste) como "el robo" de empleos y recursos cada vez más precarios.

El análisis sociológico de los votos del Brexit ilustra estas realidades/15. La UE propaga un discurso "igualitario" enraizado en la ideología y el mecanismo del "librecambio": es defendiendo la igualdad hombres/mujeres, o el derecho de los trabajadores polacos a encontrar trabajo en el RU que se suprimen muchas de las protecciones y derechos… La competencia permite alinear a todo el mundo sobre lo menos deseable… Pero al mismo tiempo, la UE es estigmatizada por fuerzas de extrema-derecha atea o religiosa como "decadente" para los derechos que son reconocidos en ella. Visto desde los países en los que las fuerzas dominantes no respetan el derecho social, por muy débil que sea, la UE también puede aparecer como "protectora"/16. Igualmente, las autoridades francesas han podido ser, con razón, condenadas por tribunales europeos por sus políticas liberticidas y las condiciones odiosas que reinan en las prisiones francesas.

En resumen, según el reto inmediato o el país que se mire, la UE puede ser percibida como un marco para combatir el capitalismo salvaje o como un útil para la destrucción de las condiciones precarias; o incluso ser apoyada porque porta valores feministas, antiracistas y antihomófobos (y estigmatizada por los combatiente de la "Eurabia" y el islám -o en otros sitios de los judíos) a pesar de que la precarización de los empleos afecta sobre todo a las mujeres y a las poblaciones racializadas: la igualdad de derechos que defiende es la del zorra y las gallinas cuando se suprime el gallinero.

Dicho de otro modo, es tan falso presentar una versión apologética y mentirosa de los "valores" de la UE como subestimar sus contradicciones. Y lejos de denigrar y ocultar las aspiraciones "europeistas" populares del pasado y del presente, es necesario volverlas contra la realidad de la UE en beneficio de proyectos alternativos progresistas.

El uso inapropiado de la palabra Europa permite también combatir mal lo que es realmente la UE mas que clarificar el por qué se lucha.

Para dar sentido a "otra Europa", construir una ¡Europa en pié!

El slogan "Por otra Europa" puede tener diversos significados que es preciso clarificar. Se puede tratar:

1. De cambios menores que no pongan en cuestión la dimensión antisocial y antidemocrática de la UE;

2. De una "suma" de proyectos nacionalistas xenófobos y reaccionarios;

3. De objetivos progresistas opuestos a los Tratados e instituciones actuales de la UE y en defensa de derechos igualitarios y medioambientales, contra la mercantilización y la privatización de los bienes comunes.

Es preciso rechazar cualquier alianza sobre bases superfluas "anti-EU" con corrientes xenófobas y racistas; sería contradictorio con cualquier coherencia progresista de las propias luchas nacionales: es necesario diferenciarse de las corrientes de extrema derecha tanto sobre lo que se considera la "nación" como sobre la finalidad de "otra Europe" solidaria e igualitaria.

Este debate es necesario porque las líneas radicales de "salida" a cualquier precio se han expresado en el marco de los debates sobre "Planes B". Jacques Sapir/17 o Jacques Nikonoff han traspasado la línea roja contra el acercamiento al Front National. Ese paso no es inevitable/18. También es necesario desarrollar el debate sobre el contenido de lo que podría ser la "soberanía popular": La defensa y puesta en pie de un control de las alternativas por parte de los diversos pueblos de la unión sobre bases democráticas e igualitarias no debería ser asimilada a un soberanismo estatista y racista… y se pueden conjugar diversos niveles territoriales (no solamente el "nacional").

Evidentemente, es la tercera variante de "Otra Europa" opuesta a los tratados de la UE la que hay que defender: distinta e incluso opuesto a la primera, que se contenta con "nimiedades" para acondicionar una "buena EU". Pero no se pueden confundir las fuerzas conscientemente comprometidas en una política de demolición social y las corrientes e individuos que critican esas políticas dominantes con la esperanza de una transformación "reformista" de la UE. Por tanto hay que precisar los retos y los criterios de los frentes.

La afirmación de que la UE es "irreformable" es a la vez justa y fuente de falsos y malos debates. Justa en la medida en la que los malos pasos de la UEM -es decir, las opciones que se han adoptado para la construcción de la UE- no lo han sido por "casualidad" (no se trata de simples errores). Pero de ello no se puede deducir ninguna conclusión que denigre el interés por batallas "reformistas" en lo que respecta a objetivos concretos o medidas parciales a impulsar en el seno de la propia UE, compatibles con diversas lógicas. Personas o fuerzas políticas, asociativas y sindicales pueden comprometerse en luchas contra las políticas dominantes con percepciones diferentes en cuanto a las posibilidades de "reformar" las instituciones y sistemas existentes (incluso con la esperanza de "salvarlas" contra lo que se considera como lo peor). Jamás se han llevado a cabo revoluciones reivindicando "la revolución" sino a partir de exigencias concretas y de luchas en el seno del "sistema", contra sus mecanismos y sus efectos. Y jamás se daba por adelantado en función de qué (y con quien) una lucha en el sistema se transforma en una lucha contra él (con lo que a veces se llama una lógica "transitoria" que haga el puente entre reformas y luchas para cambiar el sistema): cuando una lucha legítima es bloqueada y reprimida por las instituciones y fuerzas dominantes, "en nombre" de ese sistema, entonces se puede… bien capitular o ir más lejos en la confrontación. Nada está decidido de antemano.

Decir todo esto no quiere decir que no son útiles los análisis y la propaganda "anticapitalista" o contra la UE. Son muy importantes. Pero no pertenece a nadie de forma exclusiva y quienes la impulsan deben demostrar… su capacidad para convencer y/o abrirse a un debate democrático, eventualmente aprendiendo también de los otros. No es preciso tener una concepción "clara" de lo que es la UE y de lo que podría ser "otra Europa" para implicarse en luchas igualitarias y progresistas, comprendiendo su conflicto con las políticas e instituciones dominantes, a todos los niveles, sobre todo en la UE.

De ahí la importancia de la creación de un bloque hegemónico alternativo y pluralista europeo que trabaje por la puesta en pie de un espacio europeo autónomo y alternativo; una especie de ¡Europa en pie!, diseñada de forma embrionaria en las reuniones de Nuit Debout! en Francia con múltiples relés territoriales y con redes temáticas que las conferencias e internet pueden ayudar a animar. Semejante espacio y movimiento socio-político debería, como las reuniones de Nuit Debout! estar vetado a las corrientes xenófobas o que hayan podido defender la "Ley del trabajo" [es decir, políticas antisociales], pero ser "abiertas" y pluralistas por el resto, sobre la base de principios y objetivos igualitarios y democráticos fundamentales. Tanto en el terreno social como en torno a las y los refugiados se han manifestado "Mociones de desconfianza" hacia las políticas dominantes en la UE. El carácter abierto de los debates sobre "qué Europa" y "cómo" llegar a ella deben apoyarse en el principio de que una nueva Unión debería ser el fruto de un proceso constituyente democrático.

La situaciones de crisis y movilización que permitan ir hacia Otra Europa son imprevisibles. Estarán asociados a crisis en uno o varios países y/o en la UE. Serán tanto más progresistas e igualitarios en la medidas que hayan sido preparados y alimentados por una "¡Europa en pie!", por abajo, compartiendo y ampliando lo que existe, estando con los ojos bien abiertos de cara a las nuevas situaciones. Los debates deberían superar el falso dilema: nacionalismo o federalismo europeo, en beneficio de la búsqueda de una vía que articule derechos nacionales y europeos, defendiendo a todos los niveles políticas igualitaria y ecológicas, y basadas en un principio democrático de subsidiaridad según los temas/19.

Pero hay que afrontar el debate estratégico: ¿Constituye la salida del euro la precondición para las luchas progresistas?

Salir del euro: ¿es decir…?

Muchos economistas admiten desde hace mucho tiempo que la UEM, debido a su heterogeneidad, no es una "zona monetaria óptima" y que una moneda única, sin contrapeso presupuestario substancial, produce brechas en un contexto mercantil capitalista. Los desacuerdos, sobre todo en el seno de la izquierda radical, no se sitúan ahí. Y la idea de que sería necesario otro sistema (por consiguiente "salir" de éste) puede hacer un consenso amplio. Pero ello no dice nada sobre el "cómo" y hacia dónde "salir".

Los desacuerdos en el seno de la izquierda radical no tienen que ver con el balance social y ecológicamente desastroso de la UE, ni sobre el hecho de que la política monetaria y la moneda única han agravado los desequilibrios entre los países miembros sin protegerles de la especulación, porque los mercados han acaparado no los tipos de cambio (que no existen en el interior del sistema euro) sino los déficit presupuestarios y comerciales de los países más frágiles, en un sistema no solidario.

Los debates reales se refieren a una serie de opciones, marcadas por distintas bifurcaciones posibles, que se pueden resumir sucintamente como sigue:

  • El primer bloque de debates tienen que ver, lógicamente, con el tema del retorno a las monedas nacionales en la UEM. ¿Constituye una precondición para impulsar luchas progresistas, sociales, democráticas y ecológicas eficaces? Los análisis que critican este punto de vista, lo hacen o bien porque están en desacuerdo con el acento que se pone sobre la moneda -y, por tanto, con la idea de que un cambio de moneda sería movilizador y previo a las luchas- o bien/y porque la vuelta a las monedas nacionales en el contexto europeo actual parece problemática. Así pues, se trata de reflexionar en torno a otro sistema monetario europeo, el de esa "Otra Europa". Aquí se intercalan las discusiones sobre los criterios de funcionamiento de este otro sistema teniendo en cuenta de una parte el fracaso del precedente SME basado en la moneda oficial común ECU y las monedas nacionales, pero también teniendo en cuenta distintas visiones de los que deberían ser las instituciones comunes confederales o federales europeas.
  • El segundo bloque se refiere a la estrategia para pasar de la UEM/UE a… la propuesta alternativa. Resulta evidente que si se cree que hay que poner entre paréntesis el "europeísmo" dando valor al carácter positivo de la vuelta a las monedas nacionales (e incluso que esa sería la precondición para cualquier lucha progresista), entonces se tendría que imponer, lógicamente, un slogan estratégico de salida a cualquier precio y en todas partes de la UEM y de la UE, con posibles divergencias sobre la cuestión de las "alianzas".

Si, por el contrario, se considera que es necesario avanzar hacia "otra Europa" dotada de un sistema monetario ah hoc, que combine una moneda europea y un dispositivo que permita políticas monetarias nacionales, entonces la necesidad de una estrategia común adquiere fuerza. Es cierto que el desfase de las luchas entre los países puede pesar a favor de una opción de "salida" unilateral del sistema actual más que a favor de continuar en la UEM (la cuestión sigue ahí para Grecia). Pero en el marco de una estrategia colectiva, salir o "quedarse" sin someterse, constituyen variables de una lógica orientada en todos los casos a articular luchas nacionales (yendo lo más lejos posible en lo que respecta a un programa anti-austeridad y de defensa de los derechos) y el reto de pesar colectivamente en la crisis o el bloqueo de la UE: lo que implica el buscar batallas comunes y reagrupamientos "significativos" en el mayor número de países. Evidentemente, todos los debates tácticos son legítimos y deben enraizarse en las condiciones nacionales de lucha, diferentes de una país a otro que, con todas sus especificidades, desarrollan las y los interesados de los países concernidos, con todas sus especificidades.

Sea lo que fuere, aislar la moneda -el euro- del sistema que le da cobertura constituye un error teórico y práctico. No porque la moneda sea "neutra", que no lo es porque condensa múltiples relaciones sociales y de poder, sino porque lo que hay que poner en evidencia son esas relaciones. En el actual contexto de inestabilidad y de explosiones sociales no es nada evidente que los retos principales y las movilizaciones tengan que ver con la moneda. En un contexto de crisis "social", ecológica y "sistémica", y de fuerte inestabilidad, las exigencias de reflexión sobre otras "opciones" de sociedad, fundamentales, deberían también incidir en los debates que tienden demasiado a encerrarse en el horizonte mercantil capitalista.

¿No deberían los fondos estructurales para la inversión europeos servir para una reducción de las desigualdades productivas implicando objetivos a la vez sociales, de ampliación de servicios públicos y de "transición ecológica" en lo que respecta al transporte, por ejemplo? La Europa "social" e igualitaria (incluso socialista) o una ¡Europa en pie! ¿no debería elaborar democráticamente las normas para limitar las diferencia entre las rentas y organizar la defensa y ampliación del acceso a los servicios público no mercantiles que es necesario desplegar de forma solidaria a escala europea?

El debate sobre el control de los paraísos fiscales y sobre la libre circulación de capitales, o también sobre el desmantelamiento de los bancos "sistémicos", el desarrollo de polos bancarios socializados, la protección de los depósitos de los hogares y la vuelta a una financiación pública del gasto público (vía impuesto y el BC), ¿no son prioritarios a nivel europeo?20.

Igualmente, ¿no es urgente compartir las reflexiones que se han expresado en torno a la crisis griega sobre el "eurodracma" como "balón de oxígeno contra el euro"/21 sin salida de la UEM? Es necesario desarrollar, ampliándola, la crítica a la privatización de los Bancos Centrales en la UE y volver a las "monedas fiscales" para transformar el contenido de las deudas públicas/22.

Estos debates, entre otros, urgentes y serios, tienen graves consecuencias sobre la forma de concebir una "salida" del euro-sistema (y no del "euro"); es decir, otra utilización del euro que ponga en cuestión la función y el estatus del BCE así como la política fiscal y presupuestaria de la UE. No se trata del mismo debate que se tuvo en 1985 sobre la moneda común o única de cara al Acta Única (en el contexto de un SME existente desde 1979 y basado en monedas nacional, el control de capitales y el ECU)/23. Desde entonces, hemos asistido a la crisis del SME tras la unificación alemana, la huída hacia delante estableciendo el euro, las ampliaciones hacia Europa del Este, la crisis de 2007/8 que se extiende a 2009… y nuevas crisis al acecho que pueden abrir debates que parecía que ya estaban cerrados

La crisis bancaria de 2008/9 ya modificó el discurso y el "paradigma" de las instituciones financiera en cuanto a las supuestas "virtudes" de la integración bancaria de los Nuevos Estado Miembros (NEM) de forma "periférica": lo fundamental de sus activos bancarios salieron de los bancos oeste-europeos, lo que antes de la crisis se presentó como una "seguridad" y condición para la "equiparación". Esto tuvo mucho que ver (mucho más que el euro) con la oferta y la demanda de crédito, conllevando a un fuerte crecimiento antes del 2008. Con la crisis ya no se habla de equiparación: lo que se ha impuesto es la austeridad y ha sido necesario poner en pie, de forma urgente, un dispositivo de salvaguarda: la Iniciativa de Viena, que implica a todas las grandes instituciones bancarias mundiales y europeas, para evitar una desastrosa fuga de capitales de las filiales en vario países de Europa del este y del sudeste. Ideada como puntual, esta "Iniciativa" tuvo que ser relanzada en 2012 y se mantiene en pie desde entonces dada que la inestabilidad y los riesgos persisten/24. Dada la fragilidad de los bancos, las crisis bancarias y financieras son posibles en toda la Unión, con implicaciones en todas partes de sus activos y de las políticas nacionales y europeas.

Sería aberrante que la izquierda radical europea haga campaña para que cada cual se las arregle con su moneda y su sistema bancario en lugar de buscar medios solidarios y progresistas para afrontar las posibles crisis, que es lo realmente urgente para hacer frente a las pseudo políticas y mecanismos de "ayuda" y de control bancario -pasado o presente- vinculados al FMI y a las instituciones de la UE, que son instrumentos orientados a imponer nuevos sacrificios sociales, reformas desastrosas así como las "políticas de ajuste estructural" que el FMI impuso por todos los lados a cambio de sus "ayudas"

Hoy en día podemos repetir lo que fue correcto decir para Grecia en 2015: el rechazo a obedecer a la Troika y de pagar la deuda ilegítima "implica protegerse contra los chantajes del Eurogrupo a través de medidas unilaterales como las que fueron propuestas, pero no aplicadas o aplicadas demasiado tarde y en condiciones difíciles, en Grecia: control de la banca y del movimiento de capitales, preparación de una moneda paralela, suspensión del pago de la deuda como primera media. Las propuestas de una "moneda fiscal" para limitar la dependencia hacia el euro y el mercado mundial, pueden preparar una concepción alternativa de un sistema monetario europeo en el que las funciones del euro serían transformadas,y que podrían ser formas provisionales de resistencia"/25.

Siguiendo el hilo, resulta interesante hacer mención a las propuestas que Fréderic Lordon esbozó en 2013 en el sentido de "monedas fiscales" del tipo eurodracma citadas más arriba (sin utilizar esta noción)/26. Lejos de las polémicas posteriores contra el "buen euro", proponía un euro radicalmente transformado en sus funciones, haciendo del mismo una moneda común y sin volver a las monedas nacionales y manteniendo el BCE- cuyo estatus debería ser cambiado (¿será necesario polemizar contra un "buen BCE"?)

Merece la pena citarlo (los subrayados son míos):

"Entre la imposible moneda única y las monedas nacionales bajo el SME, la moneda común restablece las posibilidades para establecer el cambio -excluido por la construcción de la moneda única- y evita la inestabilidad de un sistema de monedas nacionales separadas. Pero no en no importa que configuración. En efecto, la moneda común no produce todos sus beneficios mas que bajo una arquitectura que establece una moneda europea (el euro) pero dejando existir denominaciones nacional -de ese modo tendríamos €-francos, €-lira, incluso, para dar rienda suelta a la imaginación €-DM… etc. (…) La cuestión estratégica por tanto es la siguiente:

1. Las denominaciones nacionales son convertibles entre ellas (evidenemente) pero solo en el Banco Central Europeo … que funciona como una especie de oficina de cambio. Consecuentemente, se prohibe la convertibilidad directa entre agentes privados y no existen mercados de intercambio intraeuropeos.

2. Las paridades fijas de las denominaciones nacionales en relación al euro (es decir, los tipo de cambio de las denominaciones nacionales entre ellas) pueden ajustarse pero según procesos políticos, completamente sustraídos a las influencia (desestabilizantes) de los mercados de intercambio, ya que, por construcción, éstos han sido suprimidos en el interior de la zona.

Son estas disposiciones complementarias las que producen en cierto modo el mejor de los dos mundos. En este contexto, la moneda común tiene la mismo propiedad funcional que la moneda únicapara hacer de pantalla entre el interior y el exterior de la zona, protegiendo las denominaciones nacionales de los mercados de cambio internacionales (extra-europeos). La convertibilidad en el "mostrador" (del BCE y a un tipo fijo) de las denominaciones nacionales se añade a la supresión de mercados de cambio intraeuropeos, de donde resulta un efecto de estabilización monetaria interna equivalente al que produce la moneda única. Pero con una gran diferencie en relación a la moneda única: el sistema de moneda común/denominaciones nacionales ofrece la posibilidad de ajustes de cambio intraeuropeos que por definición están excluidos en el euro actual.. y esto, a diferencia de un SME renovado, en un entorno monetario interno totalmente estabilizado".

¿En ese momento F. Lordon no era "altereuropeista"? Hay que retomar este debate y compartirlo en el marco de las discusiones estratégicas europeas post-Brexit de forma seria con todas las contribuciones sobre las monedas fiscales nacionales.

Del euro a Alemania y al pueblo alemán

En el artículo citado, F. Lordon ve en el traumatismo sufrido por Alemania con la hiperinflación vinculada a las pasadas guerras, la cuasa fundamental de las rigideces y desequilibrios del auto-sistema. Estima que Alemania "saldría" de un sistema del tipo evocado más arriba.

Tiene razón, pero a la vez se equivoca. Se equivoca en su pesimismo sobre Alemania. Tiene razón al plantear esta cuestión concreta e histórica que ha pesado de forma real en las negociaciones de Maastricht y en los criterios adoptados, como yo misma he señalado en otras ocasiones/27. Pero no debe subestimar que la actual inestabilidad de la UEM y de la UE podría abrir debates que se consideran cerrados, sobre todo en Alemania, donde el anclaje europeo se percibe como estratégico (lo que es positivo más allá de sus posiciones dominantes).

Ahora bien, las propuestas de F Lordon citadas más arriba respondían mejor a las preocupaciones de inestabilidad monetaria (sobre todo las del Bundesbank a este respecto) que a la actual sistema, si ellas fueran consolidadas de forma cooperativa e igualitaria: permitirían también una protección del sistema monetario europeo contra las especulaciones de los mercados financieros mejor que el antiguo SME.

Por otra parte, los criterios de Maastricht en lo que se erefiere al déficit presupuestario no tienen nada de "científicos". Expresan una desconfianza de los negociadores alemanes hacia el "la falta de rigor presupuestario" del "club Med" de los países del sur. Pero, por una parte, esto se acompaña de una clausula explícita inscrita en los Tratados europeos que hace de la unificación alemania -producto de colosales transferencias presupuestarias- una (colosal) excepción. Nada impide (bajo el "constituyente" de otra Europa, critica de la actual UE) el cuestionamiento de estos criterios que ni Alemania ni Francia han respetado, sin rechazar la importancia de las reglas comunes. Pero estas no son "respetables" cuando son a "geometría variable", es decir, no igualitarias o no realmente "comunes", a fortiori, cuando su eficacia no está demostrada. Un procedimiento para poner a cero todas las reglas pero también los mecanismos europeos que han profundizado las deudas públicas, seria desde todo punto de vista más eficaz en el contexto de nuevas crisis. Una izquierda europea alternativa debería luchar en esa dirección.

Pero sobre todo es importante subrayar en qué medida el debate sobre otra lógica de relaciones económicas y sociales en Europa afecta también, si no es el principal, a las condiciones sociales y a la transformación de las relaciones de propiedad que han marcado la unificación alemana y las transformaciones de los sistemas de Europa del Este. Ese balance también puede hacerse con las poblaciones afectadas. Es la compartimentación mediante la competencia (social y fiscal) impuesta sobre los hombros de todos los pueblos lo que impide percibir los intereses comunes. Lo que se refuerza por la ausencia de un "movimiento social" y un espacio político europeo en el que no sería difícil mostrar la convergencia de muchas huelgas abocadas al fracaso dada su atomización.

La gran masa de poblaciones asalariadas han salido perdedoras, tanto en Alemania como en las nuevas periferias, y las brecha "media" entre países continúan siendo importantes. La primera causa de ello no es el euro. Es la guerra social y el desmantelamiento de todos los viejos mecanismos de protección en el conjunto de los países europeos, activando la competencia entre los menos protegidos (en el Este) y el resto, con o sin euro.

La esperanza de sumarse a la "Europa de los ricos" y si es posible "a su núcleo duro", allí donde se toman las grandes decisiones -la eurozona- constituye una aspiración profundamente legítima que es necesario volverla contra las instituciones, los criterios y los mecanismos de las políticas sociales y económicas dominantes, mucho antes que volverlas contra el "euro".

A ello hay que añadir que es necesario defender la libre circulación tanto de trabajadores como de estudiantes, como el derecho a vivir, trabajar, a condiciones de estudio y de investigación de calidad en cada país de origen. Partamos de ahí y de la manera en que "otra Europa" cooperativa y solidaria podría proteger el conjunto de estos derechos.

El Brexit, ¿un choque? ¿en qué dirección?

Del Brexit se pueden extraer orientaciones divergentes, dudar, o no, que se trate de un "choque histórico"/28, pero lo cierto es que su porvenir depende sobre todo de las lecciones que se extraigan en la izquierda alternativa europea.

Si la orientación para el "Lexit" quiere decir que "la izquierda debería exigir en todos los sitios referéndums como en el Reino Unido/29 sin concretar el "contenido" de ese Lexit en base a la construcción de una alternativa europea, seguiremos en el impasse y la división.

Aún estamos "entre los dos". Pero se puede ir hacia una superación fructuosa de los debates mal llevados partiendo de una base común que afirma que todas las luchas a favor de una Europa progresista y solidaria deberán poner en cuestión los actuales tratados de la UE.

Durante su intervención en una asamblea de la Unidad Popular griega, Sthatis Kouvelakis extrajo como primera lección del Brexit que "la oposición a la UE establece de forma clara la cuestión estratégica de la lucha por la hegemonía política e ideológica hoy en día en Europa".

Pero a continuación dijo: "la opción actual no es entre una "buena" o una "mala" UE, entre una versión u otra de la zona euro, como continúa afirmando la ideología europea en quiebra, sino entre un conflicto con la UE de derechas o de izquierdas"/30.

Lo que no aclara nada.

Sin duda, si se puede estar de acuerdo con Stathis Kouvelakis sobre el hecho de que "la oposición a la UE" constituye un elemento clave en el posicionamiento estratégico (acompañado de la lucha por la hegemonía ideológica), el argumento según el cual el Brexit y todos los referéndum populares sobre el tema de la UE han rechazado ésta y con ello "toda ideología europea" no es correcto. Por una parte, porque no remarca la diversidad de lo que esos referéndum han logrado o no expresas en sus diferentes contextos: el OXI criticaba la política de la UE pero no rechaza a ésta; el "no" de izquierdas contra el Tratado constitucional de la UE en 2005 en Francia fue acompañado de principios a favor de otra Europa; por el contrario, se han señalado más arriba la pobreza de las opciones binarias tramposas en el referéndum en el RU y en Holanda. Aparte de eso no habría que subestimar la dimensión de las abstenciones y, mucho menos, el hecho de que la desconfianza y el rechazo de los poderes actuales de Bruselas o del Eurogrupo son totalmente compatibles con la aspiración a favor de "otra Europa" de los pueblos y de los derechos, contra un federalismo autoritario. El caso de Escocia subraya que el "europeismo" (entendiendo esta noción de forma abierta y no reduciéndola a los proyectos de la oligarquía financiera) no es contradictorio con un sentimiento "nacional" et independentista muy fuerte.

En fin, como hemos mostrado más arriba citando el texto de F Lordon, la crítica radical a la UE es compatible con otra utilización del euro y del BCE… Cierto, no se trataría de una "buena UE" sino de otra unión, de otro BCE, de otro euro: cuyas finalidades estarían determinadas en otros Tratados. Es por lo que (para clarificar los retos) "otra Europa" debería adoptar un nombre distinto al de UE.

Desearíamos que Frédéric Lordon, Stathis Kouvelakis y el resto de militantes de izquierda radical que comparten este punto de vista acepten de buen grado "hacer" frente con esta "oposición altereuropeista" a la UE.

No hay Lexit sin "otra Europa posible": construyámosla contra los "valores" de la competencia, la xenofobia y todas las relaciones de comunicación, local o planetaria

La nueva red europea que se construye en torno al llamamiento al Lexit parece confusa por el Brexit y abierta a un verdadero debate/31... La esperanza del "efecto paradójico" del Bresit radicalmente opuesto a la hipótesis del fin del "europeismo" se manifiesta en recientes contribuciones. Bernard Cassen/32 estima que una de las lecciones del Brexit "es válida para los partidarios de una forma u otra del "leave" (abandonar) o de una refundación de la UE". Haciendo referencia al efecto boomerang y a un impasse del Brexit, añade: "una mayoría del electorado desaprueba las políticas (y una parte del mismo la propia existencia) de la UE y del euro, pero otra mayoría desaprueba a quienes la combaten sin formular alternativas creíbles". "Por lo tanto, el margen es muy estrecho", dice él, "para quienes creen en otra Europa -solidaria y progresista-no es imposible (subrayado mío). Es por ello que incluso si se da a partir de una decisión nacional soberana, la puesta en pie de no importe que Plan B no puede ahorrarse la necesidad de una alianza con una masa crítica de fuerzas de otros países europeos que compartan los mismos objetivos".

Esto supondría un paso adelante importante para la izquierda alternativa europea y la superación de las opciones binarias (movimiento y derechos nacionales vrs europeos; sumisión a la UE/UEM vrs exit) así como la caracterización de la "salida" cómo única opción alternativa a la UE. Sobre todo, la clarificación de estos debates podría permitir dar a la "fórmula" del "Lexit" el sentido amplio de una "oposición" a la lógica y a los tratados de la UE, sin línea unificada de "salida", extrayendo del Brexit la lección de que… es urgente construir una alternativa a escala europea. Ella debería tomar fuerza como contra-bloque hegemónico progresista que debería impulsar un "espacio político alternativo" europeo, una especie de ¡Europa en pie! vinculada a todas las resistencias igualitarias y ecológicas contra las políticas y las instituciones dominantes.

Cualquier oposición de izquierdas a la UE en un país determinado podría estar orgánicamente implicada en redes de esta ¡Europa en pie! de otros muchos países. En lugar de gestionar los retos de la deuda de forma dispersa y cara a cara con el BCE y el Eurogrupo, un pueblo comprometido en una lucha similar a la de Syriza podría, tras una auditoría ciudadana, decidir la moratoria del pago de esta deuda luchando con ¡Europa en pie! por impulsar una conferencia europea sobre las deudas públicas, que adoptaría posiciones comunes. Todas las negociaciones y exigencias que emanen de los dirigentes europeos serían hechas públicas en toda la UE y confrontadas a otras propuestas que impliquen al conjunto de los pueblos de la Unión, orientadas a un proceso de rebeliones democráticas colectivas que exijan un proceso constituyente o se reagrupen en función de proyectos comunes.

Una ¡Europa en pie! influiría desde abajo en las posibles alternativas, con su propia agenda de luchas y debates; apoyaría todas las campañas y rebeliones progresistas contra las "normas" dominantes, en defensa de los derechos y necesidades fundamentales. Podría "europeizar" las luchas ahora mismo dispersas, así como las rupturas que emergen pero sin credibilidad, y la relación de fuerzas, podría posibilitar la convergencias y la apropiación, por abajo y pluralista, del balance de las luchas y revoluciones del siglo XX, sin "un regusto por el pasado" pero contra la criminalización de las resistencias pasadas y presentes

Pero ¡Europa en pie! debería enraizarse -como Nuit Debout!- en las nuevas generaciones ofreciendo también espacios que permiten intercambiar experiencias y puntos de vista. La popularidad que tiene la libre circulación trasnacional en la juventud debe convertirse en un punto de apoyo para un movimiento estudiantil altereuropeista, multicolor y diverso y que defiende los mismos "bienes comunes", "orientando" sus iniciativas y "plenarios" abiertos a las sociedad civil y a las luchas, como hemos conocido en Croacia. También se pueden hacer "visibles" y compartir a escala europea experiencias-faro de remunicipalización del agua, como en Italia o Francia, o también la defensa del derecho a la vivienda contra los desahucios y los créditos tóxicos de los bancos, como en el Estado español. Contra la parálisis institucional de los sindicatos, nacionales o europeos, es necesario compartir y europeizar las experiencias de las huelgas trasnacionales y las luchas que asocien a los y las trabajadoras y usuarias contra las transnacionales…

Con anticipación, a largo plazo y extendiéndose a la más amplia mayoría de países posible, sería necesario concretizar y extender proyectos comunes entre ciudades rebeldes, defendiendo derechos igualitarios sociales y objetivos ecológicos, solidaridades activas hacia los migrantes y refugiados, y la oposición a todos los racismos. A semejanza de las acciones y campañas de bloqueo de los tratados como el TTIP, hay que hacer público y bloquear los proyectos de nuevos tratados internos de la UE (como el de los "cinco presidentes"), deconstruyendo sus finalidades y procedimientos antisociales y antidemocráticos. Lejos de dejar a las fuerzas xenófobas y nacionalistas la oportunidad de expresar este tipo de denuncia, es necesario oponerles una respuesta solidaria, europea, igualitaria; es decir, antirracista y dirigida hacia la exigencia de procesos democráticos de puesta a cero de los Tratados. Las solidaridades recíprocas deben generalizarse siguiendo el ejemplo de Blockupy internacional en apoyo a Nuit Debout! y a las resistencias contra la Ley del Trabajo en Francia/33. Hay que compartir las iniciativas del Altersumit/34, al igual que los proyectos de Diem25/35 o de la red europea a favor del Lexit/36|que acaban de ser lanzadas.

En base a proyectos ya elaborados y discutidos, sobre todo en el Altersumit, sería necesario actualizar un Manifiesto en defensa de los bienes comunes y de los derechos europeos que podría constituir una base común para futuras elecciones contra las políticas dominantes, sean nacionales y europeas. Tendríamos que poder implicarnos en una dinámica de ese tipo siendo o no miembros de Syriza, de su ala izquierda, o, más tarde, de la Unidad Popular (UP); siendo o no partidarios del Brexit o de la campaña "Otra Europa es posible"…, a condición de respetar el debate democrático y de excluir los comportamientos hegemonistas. El compromiso practico a favor de las movilizaciones de base es una condición fundamental para resistir a las derivas y a los fracasos. Un frente de ese tipo se construiría en oposición a las guerras de "civilización" y a todas las políticas que enfrentan a las poblaciones subalternas y contra el desmantelamiento de los derechos igualitarios, tanto en el ámbito social como en el del género y las "razas", en defensa de los bienes comunes (desde la naturaleza a los bienes y servicios gestionados en común): la construcción de una ¡Europa en pie! seria a la vez un apoyo fundamental de las luchas nacionales e internacionalistas hacia otros continentes.

23/08/2016

Notas:

1/ Este texto se inscribe en la continuidad de los artículos: Construire l’espace politique européen, dans hors/contre l’UE, en défense de biens communs y En défense de l’OXI grec, contre la consolidation néocoloniale de l’eurogroupe, pour une Europe des droits sociaux et démocratiques

2/ Cf. Etienne Balibar https://blogs.mediapart.fr/ebalibar...

3/ Es la tesis que se reafirma en la recopilación Euro, plan B, sortir de la Crise en Grèce, en France, en Europe, coordinada por Alexis Cukier et Stathis Kouvélakis, Editions du Croquant 2016. Ver también las propuestas de Costas Lapavitsas y Heiner Flassbeck expresadas antes del OXI.

4/ Eric Toussaint, a la cabeza del comité para la auditoria de la deuda griega, presentó dichas propuestas contra la capitulación http://www.cadtm.org/Grece-des-prop.... Michel Husson desarrolla una posición similar cf. http://alencontre.org/europe/grece/... Así como numerosas contribuciones de Pierre Khalfa y Thomas Coutrot; sobre todo su tribuna en Le Monde, si bien mucho antes de la capitulación: http://www.lemonde.fr/idees/article...

5/ Michel Husson, hizo hincapié sobre el comportamiento rentista de la oligarquía griega y la articulación de los retos de clase internos en Grecia y eurpeos frente los análisis centrados en el euro. Además del artículo indicado en la nota anterior, leer: http://alencontre.org/europe/grece-...

6/ Cf. la introducción de Cédric Durand al libro colectivo "En finir avec l’Europe" http://www.contretemps.eu/lectures/...

7/ Cf. La tribuna de Stathis Kouvélakis, Cédric Durand et Razmig Keucheyanhttp://www.liberation.fr/politiques.... Frédéric Lordon ha defendido posiciones similares, si bien el pesimismo hacia Alemania (evocado más tarde) juega un papel importante.

8/ Sobre este tema, leer la intervención de Cédric Durand en Madrid en el debate sobre los “Planes B” “http://alencontre.org/europe/debat-... . Comparto totalmente la crítica que le hace Michel Hussonhttp://hussonet.free.fr/planb216.pdf

9/ Pierre Dardot, Christian Laval, Ce cauchemar qui n’en finit pas. Comment le néolibéralisme défait la démocratie, 2016, La Découverte.

10/ Cf. Etienne Balibar, note 2

11/ Se trata de los términos utilizados por Tariq Ali en un mitin de la Unidad Popular griega :https://unitepopulaire-fr.org/2016/...

12/ Cf. Alona Liasheva (miembro de la Revista ucraniana "Commons") http://www.criticatac.ro/lefteast/t... (mi traducción de extractos).

13/ Cf sobre Túnez, http://www.artisansdumonde.org/actu... ; y sobre los "acuerdos de colaboración económica" en África : https://www.mediapart.fr/journal/in...

14/ Cf. La rúbrica sobre la “restauration capitaliste” de la web http://csamary.free.fr

15/ Leer Paul Mason, “Brexit, les raisons de la colère”, le Monde Diplomatique, agosto2016

16/ Es verdad que ello explica pero no justifica la formula de los eslóganes de la campaña por "permanecer" que ocultan la dinámica anti-social dominante que propaga la UE, lo que constituye una ilustración de la trampa del voto "campista" mencionado más arriba, en la que hay que evitar dar arumentos al enemigo y tratar de legitimar en positivo el campo por el que se ha optado… Cf. http://www.anothereurope.org/protec...

17/ Para Jacques Sapir sobre este terreno son posibles alianzas con le FN, sobre todo con la posición que ha adoptado al respecto: http://www.liberation.fr/politiques....

18/ La izquierda radical británica tomó posición clara contra la extrema-derecha racista. Del mismo modo, F. Lordon, sumándose al Lexit se opone a la orientación de Jacques Sapir al respecto: http://blog.mondediplo.net/2015-08-... Y en el debate en Nuit debout post-Brexit, defendió con razón un punto de vista hostil a una "salida" de derechas y racista, aunque se alegrara del golpe asestado a la UE.

19/ Me sumo al respecto – et muchos otros – a la contribuciónn d’Angela Klein https://www.ensemble-fdg.org/conten...

20/ Ver el importante de bate publicado por el CADTM sobre "qué hacer con los bancos" ,http://www.cadtm.org/Debat-a-propos... entre Michel Husson, Patrick Saurin, Stavros Tombazos et Eric Toussaint

21/ Leer el artículo de Thomas Coutrot, Wojtek Kalinowski et Bruno Théret http://www.liberation.fr/planete/20...

22/ Cf. Bruno Théret http://www.cadtm.org/spip.php?page=...

23/ Cédric Durand (en el libre Europe plan B : sortir de la crise en Grèce, en France et en Europe) elogia, con razón, las cualidades premonitoria del texto de Suzanne de Brunhoff criticando en su momento el proyecto de moneda única y defendiendo mas bien una moneda común. Nos alegramos de que Cédric Durand apoye un proyecto (incluso monetario y por tanto político-institucional) europeo, tras haber repetido que era necesario "hacer un paréntesis con Europa". Puede que se trate de una inflexión en el debate. Pero ello no resuelve el problema de cómo construir tal proyecto tras la puesta en pie del euro. 24/ Ver sobre todo: http://www.ebrd.com/what-we-do/sect...

25/http://www.contretemps.eu/intervent...

26/ Para:http://blog.mondediplo.net/2013-05-...

28/ Cf. Stathis Kouvélakis http://la-bas.org/les-emissions-258... – pero volveremos más adelante sobre las incertitudes de la noción "Lexit".

29/ Se trata de una "traducción" reducida presentada en la web de la Unidad Popular griega en la que se presenta la intervención de Trariq Alí citada en la nota 11: "Lexit (ndt: Left+Exit= campaña de movimientos y partidos de izquierda a favor del Brexit".

30/ Ver en la wweb de la UP citado en la nota 11; cf también la nota 29

31/ Constituye una esperanza a la lectura de este llamamiento l http://lexit-network.org/appel : lejos de estar contentos por el Brexit, el documento insiste, por una parte, que el llamamiento fue "escrito y dado por bueno antes del referéndum sobre el Brexit y que no tenía ninguna intención de influenciar de ninguna manera en el voto popular"; y, de otra parte, en el hecho de que hay que abrir y continuar el debate sobre lo que sería una "salida de izquierdas".

32/ Cf http://www.medelu.org/Les-paradoxes... ; igualmente, de Bernard Cassen leer este texto que cita una tribuna de Hubert Védrine que testimonia ese potencial "europeista" inesperado del Brexit: http://www.medelu.org/Apres-le-Brex...

33/https://blockupy.org/fr/

34/http://www.altersummit.eu/?lang=fr

35/ https://diem25.org/home-fr/

36/ Cf. http://www.medelu.org/Lancement-d-u...

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Actos

La Granja-Segovia. 26 de agosto de 2017. 19 h.


¿Hay alternativas al capitalismo? Repensar la Revolución


Lugar: Universidad Anticapitalista

La Granja - Segovia

Intervienen:
Robin Blackburn, Jaime Pastor, Fernanda Rodriguez

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