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República Islámica de Irán
Una dictadura capitalista, reaccionaria y corrupta
01/11/2016 | Babak Kia

Más de un año después de la firma del acuerdo sobre su programa nuclear con las grandes potencias, la República Islámica de Irán sigue confrontada a una gran crisis económica y social.

Esta profunda crisis va acompañada de tensiones permanentes en el seno del régimen. El campo conservador cercano al Guía Jameneí sigue viendo con desconfianza el compromiso sobre el expediente nuclear. Las diferentes facciones cercanas a los Guardianes de la Revolución lo analizan incluso como una derrota diplomática y una traición del presidente Rohaní.

La confrontación entre el campo del Guía y las denominadas fracciones “moderadas” o “reformadoras” cercanas a Rohaní se centra en la “apertura” a las grandes potencias imperialistas y al tipo de integración en el mercado mundial.

Si bien el campo del Guía tiene en sus manos la casi totalidad de las palancas de poder, no ha podido impedir el compromiso sobre lo nuclear y ello debido a las propias debilidades del régimen, su profunda impopularidad, las importantes crisis que atraviesan a la sociedad iraní, al peso de las sanciones internacionales y a la inestabilidad regional.

En el terreno de la “apertura”, las corrientes “moderadas” o “reformadoras” en el seno del poder se han apoyado en una parte de las aspiraciones populares expresadas en particular en las movilizaciones de 2009 contra la reelección de Mahmud Ahmadinejad a la presidencia de la República.

Tras el aplastamiento del “movimiento verde” encarnado por Mussaví y Karubí en 2009, las facciones “liberales” del régimen apoyaron la elección de Rohani y han respaldado su política de compromisos con el imperialismo estadounidense. Este apoyo ha permitido a la República Islámica de Irán tratar en el interior del stablishment político las discordias y ha contrarrestado así la intervención directa de la población. Rohaní ha sido la encarnación del punto de equilibrio en el seno del régimen. Pero esta tentativa de estabilización de la situación política no será duradera.

En efecto, todas las crisis que llevaron a la movilización popular de 2009 se han profundizado. La crisis social y económica, la miseria y el paro, la inflación, la negación de los derechos democráticos y sociales, así como la ausencia de perspectiva para la juventud, se han agravado.

En los hechos, la política económica y de compromiso con el imperialismo desarrollada por Rohaní es la de Rafsandjani, uno de los pilares del régimen desde la creación de la República Islámica en 1979 y sin duda uno de los más corrompidos. Pero los “reformadores” y los “moderados” no se enfrentan nunca directamente con el campo conservador y aún menos con el propio Guía.

Sin embargo, esta confrontación no deja de ser por ello menos real. Así, el acuerdo sobre lo nuclear habría podido dejar ver un acercamiento diplomático importante con la administración Obama sobre los diferentes conflictos que golpean Medio Oriente. Pero esto no ha ocurrido en absoluto. Desde el compromiso sobre el dossier nuclear, la República Islámica de Irán ha acentuado su confrontación con los aliados de los Estados Unidos en la región y en particular con la monarquía saudita. En efecto, la política regional de la República Islámica de Irán está en manos de los Guardianes de la Revolución y del Guía Jameneí. Las tensiones entre Teherán y Riad, ya sea a través de guerras por poderes y por fuerzas interpuestas como en Yemen, en Irak y en Siria, o en el terreno de la lucha dialéctica sobre los santos lugares y el peregrinaje del Hadj, son cada vez más violentas. Esto es por supuesto la expresión de los conflictos de intereses que oponen a las dos potencias regionales rivales pero traduce también las divergencias profundas en el seno de la molarquía (en referencia a la dictadura de los mollah o mulá, miembros del llamado clero chií; ndt). El Guía hace todo lo que puede para limitar el acercamiento a Washington a fin de circunscribir la progresión de las facciones “moderadas” y “reformadoras” del régimen.

Ciertamente, en el terreno militar, las convergencias de intereses son flagrantes en Afganistán o en Irak y ciertas intervenciones de los Guardianes de la Revolución no pueden hacerse más que con el aval y la bendición del imperialismo estadounidense. Así, la intervención en curso para recuperar Mosul al Estado Islámico, es llevada a cabo por las fuerzas iraquíes, los peshmergas de la autoridad autónoma del Kurdistán iraquí, la fuerzas del Estado turco, las milicias chiítas iraquíes encuadradas y financiadas por la República Islámica de Irán y con la participación de las fuerzas de élite de los Guardianes de la Revolución, todo esto con el apoyo aéreo y logístico de la coalición internacional dirigida por Washington.

Pero esto no se traduce sobre el terreno diplomático y político. El Guía de la Revolución se niega a todo avance en este sentido. Se opone así en el plano interior a la política deseada por una parte del régimen, en particular por Rafsandjani, pero también por las facciones “moderadas” y “reformadoras”.

Más en general, en la escena regional, la República Islámica de Irán participa con el Hezbolá libanés y Rusia en la coalición que apoya activamente al criminal régimen de Bachar Al Assad. Por supuesto, desde la intervención militar directa de Moscú en Siria, el papel de la República Islámica ha pasado a un segundo plano. Sin embargo, sin el apoyo financiero de la teocracia reaccionaria de Teherán y sin el apoyo de los Guardianes de la Revolución, el sanguinario régimen de Damasco no sería capaz de mantenerse. Siria es un asunto de gran importancia de enfrentamiento entre las potencias imperialistas estadounidense y rusa, a la vez que un terreno de confrontación indirecta entre la molarquía iraní y la monarquía de los Saud. Las dos potencias regionales más reaccionarias se enfrentan por fuerzas interpuestas poniendo a Siria, pero también Irak y Yemen a sangre y fuego. Este enfrentamiento bárbaro es el resultado de las ambiciones regionales antagónicas de dos regímenes dictatoriales. La lucha contra Daesh no es más que un pretexto y permite a la República Islámica de Irán y a Arabia Saudita ingerirse profundamente en el destino de los pueblos de la región. La religión no es más que un pretexto ideológico de la rivalidad económica (en particular en el seno de la OPEP), geoestratégica y política. En su confrontación, Riad y Teherán no dudan en instrumentalizar y fomentar la religiosidad y los sectarismos que se desarrollan sobre un fondo de miseria creciente en la región. Los retrocesos de Daesh, incluso su derrota total no pondrán fin al caldo de cultivo de miseria sobre el que prosperan los sectarismos y las guerras civiles, ni a las ambiciones antagónicas de la República Islámica y de Arabia Saudita.

La política regional de la República Islámica es rechazada por la mayoría de la población. El coste financiero es exorbitante para el país precisamente cuando las necesidades elementales de una gran parte de los y las iraníes están lejos de ser satisfechas. Por otra parte, esta política es vivida por ciertas capas de la población como un freno a la “normalización” de las relaciones entre el país y las grandes potencias.

La oposición entre “moderados” y conservadores oculta divergencia de intereses

Detrás de la oposición entre las facciones “moderadas” y el campo de los conservadores, del Guía y de los Guardianes de la Revolución, se oculta un enfrentamiento por el control sobre la economía y los recursos del país. En efecto, la política de Rohaní y de sus aliados está dirigida claramente hacia el levantamiento de las sanciones internacionales, y a una apertura del mercado iraní a las multinacionales y a las potencias occidentales. Ahora bien, el campo del Guía se ha enriquecido precisamente gracias a las sanciones y al mercado negro que organiza. Se enriquece de su control total sobre el sistema bancario del país, cuando la apertura al mercado mundial implica una integración de los bancos iraníes en el sistema financiero internacional. En fin, la integración de la República Islámica en el sistema económico internacional supondría reformas fiscales profundas que amenazarían a las Fundaciones. En efecto, estas Fundaciones (Bonyad), de contabilidad opaca, no están sujetas a impuestos y no rinden cuentas más que al Guía y su gabinete.

Estas Fundaciones, de vocación oficialmente caritativa y religiosa, constituyen riquísimos holdings, que reagrupan a veces más de un centenar de empresas. Juegan un papel muy importante en la redistribución clientelista de una parte de las riquezas del país y en la organización de la corrupción.

Según el diario económico iraní Sarmayeh, las Fundaciones controlarían entre el 35% y el 40% del PIB iraní, que se eleva a 120 000 millones de euros. La mayor parte de estas Fundaciones aparecieron tras la revolución de 1979. Fueron encargadas por el nuevo régimen de incautar las posesiones de las grandes familias cercanas al Shah a fin, oficialmente, de redistribuir el dinero al pueblo vía obras caritativas. Pero muy rápidamente, se convirtieron en pilares económicos, sociales y políticos de la República Islámica. Extendieron sus actividades a sectores tan variados como el inmobiliario, la construcción, el textil, el agroalimentario, la farmacia, los hospitales, las universidades y ,por supuesto, el petróleo. Estas Fundaciones controlan incluso ciertas zonas francas. Así, la Fundación Astan-e Qods Razavi, encargada de gestionar la tumba del Emanm Reza en Mashhad, es propietaria de un centenar de empresas y de la zona franca de Sarakhs en la frontera con Turkmenistán. Creada en 1996 esta zona franca es una verdadera ciudad industrial, placa giratoria del comercio legal y del mercado negro “institucional” hacia los países del Asia Central, disponiendo incluso de un aeropuerto.

Como “el dinero no tiene color”, estas Bonyad a menudo dirigidas por la jerarquía de los Guardianes de la Revolución y marcadas por su religiosidad ideológica, han invertido igualmente en complejos turísticos de lujo y en el sector del ocio. Así, la Fundación de los Desheredados (una de las más importantes) es propietaria del teleférico, de las pistas de esquí y de los restaurantes que acogen en la montaña a la juventud dorada de Teherán. La capacidad de autofinanciación secreta de estas grandes fundaciones permite también financiar actividades ocultas, por ejemplo redes no oficiales de información y de acción exterior ligadas a los Guardianes de la Revolución.

Las divergencias de intereses constituyen por tanto una fractura importante que atraviesa las cúpulas de la molarquía iraní. El acuerdo sobre el programa nuclear con las grandes potencias, el levantamiento progresivo de las sanciones y la apertura, aunque sea tímida, del mercado iraní acentúan las contradicciones en el seno de la cúpula. Sin embargo, el conjunto de los protagonistas y corrientes políticas internas del régimen comparten el interés de mantener en pie el yugo capitalista y reaccionario que es la República Islámica.

La República Islámica y el Imperialismo: los negocios se reanudan a la luz del día

Así, una República Islámica que debe hacer frente a un descontento generalizado de la población, lleva a cabo al mismo tiempo una violenta política social que destruye en particular el código del trabajo y suprime las escasas protecciones sociales de los asalariados del sector privado y de los funcionarios.

En efecto, en este período post acuerdo nuclear, la obsesión del gobierno Rohani es hacer el mercado de trabajo atractivo para las multinacionales y los inversores extranjeros. La modificación del código del trabajo en discusión prevé en particular la posibilidad de restablecer el trabajo de niños y niñas de menos de 15 años. Las protecciones en materia contractual serán levantadas, se ampliará la posibilidad de “establecer” contratos orales, los salarios serán “negociados” directamente entre el empleador y el asalariado, y el nivel del salario mínimo será instaurado empresa por empresa, en función de la “realidad económica”. Este es el contexto en el que las grandes multinacionales vuelven a tejer lazos con Teherán. Así, Peugeot quiere reconquistar su posición de líder occidental en el mercado del automóvil iraní. El lanzamiento en octubre de 2016 de un joint-venture llamado IKAP (Iran Khodro Automobiles Peugeot) viene a sellar la vuelta de la marca francesa al mercado iraní.

Por otro lado, Renault ha creado también una empresa conjunta con Iran Khodro y Saipa (marcas iraníes en cuyo capital los Guardianes de la Revolución participan como accionistas).

Airbus, por su parte, ha firmado un protocolo de acuerdo con la República Islámica que trata sobre 114 aviones para medias (A320) y largas distancias (A330). En el plano comercial, el “Gran Satán” no se queda atrás. Así, la sociedad estadounidense Boeing ha anunciado la firma de un acuerdo con Iran Air para la venta de 80 aparatos y el alquiler de otros 29.

La Molarquía: una dictadura contra los trabajadores, las mujeres y los pueblos

En este contexto, los derechos democráticos y sociales siguen siendo pisoteados sistemáticamente.

Frente a las aspiraciones legítimas de los trabajadores, de la juventud, de las mujeres y de las minorías nacionales, el poder solo tiene un “arma” a su disposición: la de la represión. Así, la República Islámica de Irán se sitúa en segunda posición (detrás de China) en el siniestro cuadro de récords del número de ejecuciones de presos, en particular de menores. En lo que se refiere al número de penas capitales, el país está incluso por delante de Arabia Saudita.

Desde la subida al poder de Rohaní a la presidencia de la República, en junio de 2013, el régimen ha ejecutado a más de 2 000 presos.

Las luchas obreras son sistemáticamente reprimidas y los dirigentes detenidos, condenados, torturados. Muy recientemente varios sindicalistas y activistas del movimiento obrero han sido condenados a largas penas de prisión. Es el caso en particular de Ebrahim Madadi, Davoud Razavi, Reza Shahabi, miembros de la dirección del Sindicato Vahed (de la empresa de Transportes públicos de Teherán y sus alrededores). Este último ha sido de nuevo condenado a un año de prisión tras haber purgado una pena de 6 años con el pretexto de “actuaciones contra la seguridad nacional”. La lista de los sindicalistas condenados desde el comienzo de este año 2016 no deja de alargarse.

Los y las militantes de los derechos humanos no están mejor tratados. Así, Narges Mohammadi, periodista, abogada, directora del Centro para la Defensa de los Derechos Humanos (CDDH), ha sido condenada a 16 años de prisión por haber “formado y dirigido un grupo ilegal” que demanda la abolición de la pena capital. Encarcelada desde mayo de 2015, Narges Mohammadi había sido condenada una primera vez en abril de 2016 en un proceso lleno de irregularidades, bajo la influencia del ministerio que controla los servicios de información. Narges Mohammadi es muy popular en Irán y había recibido en mayo de 2016 una medalla de la ciudad de París por su trabajo en favor de la defensa de los derechos humanos.

Desde la llegada al poder de Rohanni, no se ha registrado ningún progreso en cuanto a la situación a la que están sometidas las mujeres. Peor aún, han sido adoptadas otras leyes retrógradas y “anti-mujer”. Una de ellas en particular ha suscitado la indignación general: la legalización del matrimonio entre un padre y su hija adoptiva. Esta ley ha sido puesta en marcha por el gobierno Rohani el 19 de noviembre de 2013. Una ley en la que el papel del padre es confundido con el del marido y con la cual las niñas no pueden estar seguras, una ley que legaliza la pedofilia y normaliza el crimen, según los y las militantes de los derechos humanos. Más allá de las desigualdades institucionalizadas por la teocracia reaccionaria de Teherán, las mujeres sufren una violencia social muy importante. Como ejemplo, la agencia oficial Mehr (cercana a los conservadores y los Guardianes de la Revolución) ha anunciado a finales de agosto de 2016 que la mayoría de las personas detenidas en Irán son mujeres. Y más del 50% de ellas están a la espera de juicio, desde hace varios años en algunos casos.

Las minorías nacionales y religiosas, en particular los kurdos, azerís, baluches, las poblaciones árabes y sunitas del sur de Irán, siguen estando oprimidas y duramente reprimidas por el régimen y su brazo armado, los Guardianes de la Revolución.

En fin, los refugiados afganos continúan sufriendo un espantoso racismo de Estado. Cuando no están sobreexplotados, los jóvenes refugiados afganos hacen el papel de “carne de cañón” del régimen y son enrolados por la fuerza en milicias enviadas a los frentes sirios o iraquíes. Con el cinismo sin límite que caracteriza a las grandes potencias imperialistas, en marzo pasado la Unión Europea emprendió discusiones con la República Islámica a fin de contener la inmigración afgana en Irán. Así, en el acuerdo previsto, la UE se propone asignar de forma urgente 6,5 millones de euros suplementarios de ayuda humanitaria a los afganos que se encontraran en Irán, incluyendo 1,5 millones de euros para escolarizar a los niños afganos en ese país. Estos acuerdos se producen en el momento en que el gobierno afgano acaba de protestar enérgicamente contra la República Islámica por haber puesto en jaulas y exhibido públicamente a decenas de refugiados afganos en Shiraz. Su crimen era haber entrado ilegalmente en territorio iraní.

En mayo de 2017 la República Islámica organizará nuevas elecciones presidenciales. Rohani se presentará sin duda alguna para un segundo mandato. Es evidente que cualquiera que sea el vencedor de esta siniestra mascarada, las elecciones no cambiarán nada de la situación de los pueblos de Irán. Solo una perspectiva laica y socialista será capaz de frenar el avance de la barbarie en la región.

Octubre 2016

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article39295

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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