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Referéndum constitucional en Italia
El espíritu neoliberal hecho Ley
31/10/2016 | Stéfanie Prezioso

El 4 de diciembre próximo, los italianas e italianos están llamados a pronunciarse sobre una modificación de la Constitución. Una cuestión aparentemente interna. Sin embargo un voto muy político que apunta a que la Unión Europea y los Estados Unidos comprendan que Italia ha captado lo que hay en juego en esta consulta. “Más importante que el Brexit” según el Wall Street Journal.

El campo del “SI”, liderado con fanfarria por Matteo Renzi y su gobierno, se apoya en una campaña internacional orientada en demostrar las consecuencias catastróficas para el país de un “NO” a la nueva Constitución. Del New York Times al Financial Times pasando por The Economist todos lanzan sus comentarios en la necesidad, para la “estabilidad” política, económica y financiera de la Península, de un voto positivo el 4 de diciembre. Si bien algunos subrayan que, sin duda, esta reforma no es suficiente para curar a este país “enfermo” (Financial Times, El País)

A esta campaña de prensa se ha referido el embajador de EE UU en Roma, John Philips cuando declaraba, a principios de septiembre, que si el “NO” ganaba significaría “un paso atrás que pondría en riesgo las inversiones extranjeras en Italia

¿De dónde viene este interés por una cuestión supuestamente interna a las instituciones italianas?

Se podría argumentar, con razón, que esta “repentina” atención por la Constitución italiana está vinculada a algún “error táctico” de Matteo Renzi. ¿Acaso el presidente del Consejo de Ministros no ha “personalizado” tanto este voto que puede hacer de él, lo quiera o no, la condición del mantenimiento de su gobierno? No obstante defender este punto de vista significaría haber perdido la memoria, ya que las modificaciones constitucionales vociferadas por Matteo Renzi se escriben a renglón seguido de los ataques de los últimos veinte años contra la actual Constitución. Ataques cuya traducción en la política concreta han supuesto, precisamente, el desmantelamiento del Estado de Bienestar.

El final de la post-guerra

Porque estamos hablando de la Constitución de 1948. Un informe de mayo 2013, publicado por la sociedad financiera J.P. Morgan, confirma lo anterior. Según este documento, las constituciones que resultaron de la lucha contra el fascismo y en las cuales los “partidos de izquierda” ejercieron una “fuerte influencia” son una de las causas estructurales de las crisis que golpean a los países del Sur. La principal debilidad de estas constituciones, sigue el informe de esta sociedad puesta en el banquillo por la Administración estadounidense en la crisis de las subprimes, es que establecen: “ejecutivos débiles, Estados centrales débiles comparados con los poderes de las regiones; la protección constitucional de los derechos de los trabajadores; sistemas políticos basados en el consenso que favorece el clientelismo y el derecho a la protesta si se introducen cambios no deseados en el statu quo político”.

En realidad, detrás de los discursos sobre la necesaria reforma de la Constitución para volverla más “ágil”, más “flexible”, y sobre todo más “moderna”, lo que se esconden son ataques bien concretos, y no sólo al literal, sino al espíritu de la Constitución: “el espíritu de la resistencia traducido en derecho” para retomar la bella expresión de su padre espiritual, Piero Calamandrei.

Porque las modificaciones efectuadas a la Constitución de 1948, asociadas al cambio de la ley electoral (italicum) apuntan al reforzamiento del ejecutivo poniendo a las instituciones de la República en manos de una única fuerza política y de su líder. El redimensionamiento del poder del Senado, que se convertirá en una antecámara del parlamento (nombrada y no elegida por la población), así como la supresión de las Provincias, justificada por la “contención de los gastos institucionales” van en la misma línea. Un poder centralizado en el que las ciudadanas y ciudadanos cada vez harán escuchar menos su voz. He aquí el precio de la estabilidad en la mundialización capitalista.

Un otoño de luchas

En caso de victoria del “SI”, el próximo 4 de diciembre y digan lo que digan Matteo Renzi y sus aliados, se habrá consumado un daño irreparable a la democracia. Igual que la decisión de intervenir en Libia por Italia, decisión tomada en total legalidad por el ejecutivo basándose en el artículo 7 bis votado tras los atentados de Paris de noviembre 2015. Ese artículo permite al gobierno actuar, durante 24 meses, sin el aval previo del parlamento en caso de una “situación de crisis”. Los italianos, las italianas, y entre todos, los más pobres, van a tener, cada vez menos posibilidad de que se les escuche; justo en el momento en que las medidas de austeridad no paran de caer sobre un país cada vez más debilitado.

No obstante, la batalla necesaria por el “NO” a la nueva Constitución no puede limitarse a la votación. No debe ser sino un medio más para la búsqueda de la convergencia de las fuerzas políticas de la izquierda radical. Ya que como recordaba recientemente el militante anticapitalista Antonio Moscato, repitiendo a su manera la idea que la Constitución de 1948 no debe ser reformada sino realmente aplicada: “desde hace décadas, la Constitución no se ha aplicada, al menos en parte, mas que cuando el movimiento de contestación radical, desde abajo, desde las fábricas, las escuelas y la calle” se ha levantado. El 21 de octubre próximo/1, los sindicatos de base han convocado una huelga general. Y al día siguiente están previstas una serie de manifestaciones bajo el lema “No Renzi day”. Quizá sea el inicio de la revuelta…

Stéfanie Prezioso es profesora, activista anticapitalista

Artículo aparecido en la revista solidaritéS de 20-10-2016.

Notas:

1/ Según noticias de prensa, la huelga afecto a 1 300 000 personas, además de las manifestaciones que se realizaron en distintas regiones. El movimieno continúa.(ndr)



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