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Valonia contra el CETA
¿Qué hacer con esta victoria?
27/10/2016 | Declaración de la Ligue Communiste Révolutionnaire (LCR)

[Nota de la Redacción de VIENTO SUR:
En el momento de publicar este artículo, 27 de octubre, llega la noticia de que se ha llegado a un acuerdo por el que el gobierno de Valonia acepta desbloquear el tratado de libre comercio CETA entre la UE y Canadá. Todavía hace falta que el parlamento valón ratifique por mayoría este acuerdo y que el resto de la UE y Canadá acepten las condiciones que los valones han logrado introducir en el acuerdo provisional. El ministro presidente de Valonia –Paul Magnette- había convertido ese bloqueo en bandera política de primer nivel, tal como se valora en este artículo. Ahora ha declarado que “Valonia se siente extremadamente feliz porque se han escuchado sus exigencias” dado que estaba en juego “el mundo en que queremos vivir”. Habrá que verlo. En todo caso creemos que esta declaración de la LCR sigue teniendo todo su interés y mantenemos su publicación.]

Las victorias contra el rodillo apisonador neoliberal son tan raras que es necesario saber saborearlas y celebrarlas cuando, ocasionalmente, se presentan. El Parlamento de Valonia se ha negado a dar luz verde al Estado belga para la firma del CETA y el gobierno valón rechaza ceder a los ultimátums, a las amenazas y a las presiones provenientes de la Unión Europea, del gobierno belga, de los medios de negocios y del gobierno flamenco.

Una victoria de la lucha

Esta es indiscutiblemente una victoria contra la dictadura de las multinacionales y contra la Unión Europea, este celoso servidor de la gobernanza neoliberal. “No puede haber recurso democrático contra los tratados europeos ya ratificados”, decía Jean-Claude Juncker en plena crisis griega. No se trata aquí del mismo tipo de tratado, pero está claro que el “no al CETA” del Parlamento valón resuena en toda Europa y más allá como un rechazo legítimo a inclinarse contra esa tiranía.

Esta victoria es la de la lucha. Es la victoria de los movimientos sociales que denuncian desde hace años los peligros del TTIP en primer lugar, del CETA a continuación y dicen justamente que el segundo es el caballo de Troya del primero. El lunes 19 de septiembre, 15 000 personas se manifestaban en Bruselas para decir STOP TTIP, STOP CETA. Organizada en una semana, a finales de la tarde, sin paros de trabajo, esta manifestación acreditaba el hecho de que la campaña de sensibilización había tocado a medios muy diversos: desde los agricultores a los sindicalistas, pasando por las organizaciones ambientalistas y las asociaciones de consumidores.

La instauración de tribunales de arbitraje privados ante los que los inversores podrían presentar denuncias y exigir indemnización si las normas (sociales, sanitarias, medio-ambientales...) de un Estado les son desfavorables no es la única razón de la movilización anti-CETA. Pero es una de las más extendidas. La Comisión Europea ha intentado pues salvar la firma del acuerdo prevista para el 27 de octubre, proponiendo in extremis que esta cláusula no sea aplicada en un primer momento. Pero esta concesión era demasiado mínima y venía demasiado tarde para cambiar la situación. “Too little, too late”, como decía Churchill.

Un relevo político sorprendente

El hecho de que la movilización de los movimientos sociales haya encontrado una prolongación política al nivel del gobierno regional constituye una sorpresa. En efecto, la mayoría PS-CdH (Centro Demócrata Humanista, antiguo Partido Social Cristiano, NdT) en el poder en Valonia lleva una política 100% neoliberal, completamente basada en la promoción de la inversión capitalista. Además, en 2013, los socialdemócratas y los demócrata-cristianos (y ECOLO, que estaba en el gobierno) han votado el tratado presupuestario europeo (Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria-TECG; NdT) que impone la “regla de oro” a los Estados y da a la Comisión Europea el poder despótico de verificar la conformidad de los presupuestos nacionales a los dogmas neoliberales. En otra época, los sindicatos y los otros movimientos sociales habían proclamado su oposición a ese texto. En vano.

Por contra, en la actualidad el “no valón” da una patada al hormiguero. Abre el debate que la UE quería impedir y que a continuación ha querido ahogar con la ayuda de los grandes medios de comunicación y de todos los portavoces del neoliberalismo. ¡Hemos quedado servidos en la materia! Sin la menor molestia, el Open VLD (Liberales y Demócratas Flamencos, NdT) ha propuesto que Bélgica firme pasando por encima del gobierno valón; el ultraliberal JM. De Decker ha osado decir que el gobierno valón debía ser declarado “temporalmente incapacitado para gobernar” (como el rey Balduino, cuando el voto de la ley que despenalizaba parcialmente el aborto); el VOKA (patronal flamenca. NdT) ha estimado que el CETA valía una crisis comunitaria; ha sido igualmente evocada la idea de que la UE debía obviar el acuerdo de Bélgica y la mayor parte de los medios han presentado el voto valón como una catástrofe.

La forma como las autoridades valonas han mantenido su posición frente a esas presiones contribuye a crear un espíritu de resistencia y reanima la esperanza de que es posible invertir la marcha de las cosas. En Valonia, pero también en Flandes y en toda Europa. Sin embargo, vistos los antecedentes hay que interrogarse sobre lo que hay detrás de las declaraciones contundentes del Ministro-Presidente valón Paul Magnette cuando afirma su voluntad de “luchar hasta el final” por “los principios democráticos”...que ha ignorado cuando se trataba del TTIP.

En realidad, es esencialmente por razones de táctica política por lo que la mayoría regional PS-CdH practica la resistencia en este dossier. Los dos partidos están en la oposición frente a un gobierno federal de derechas, apenas apoyado por una cuarta parte de los electores valones (los del MR, el partido liberal, del que es miembro el Primer Ministro Ch. Michel) y cada vez más odiado por su política de austeridad feroz. Al mismo tiempo, los dos partidos (y ECOLO) se ven maltratados en los sondeos por el auge del PTB (Partido del Trabajo de Bélgica, NdT) (¡15%!). Ya no le basta a la socialdemocracia con denunciar al gobierno federal para volver a ganar la confianza del electorado y mantener su hegemonía sobre la dirección de la FGTB (Federación General del Trabajo de Bélgica, NdT). El PS sigue tocado por la exclusión de las personas paradas decidida cuando el sillón de primer ministro estaba ocupado por su jefe, Elio di Rupo –que, factor agravante, se apega a la presidencia de su partido-. El cierre de Caterpillar (60 00 pérdidas de empleo en la ciudad del Ministro Presidente valón Paul Magnette) y la sangría anunciada por ING han profundizado todavía más el desconcierto y la cólera de las capas populares. Ya no se aceptan las políticas que desarrollan el tapiz rojo ante los empresarios.

El golpe magistral de Paul Magnette

En estas condiciones, es simplemente magistral el golpe realizado por P. Magnette. Desplazando una sola pieza sobre el escenario, el Ministro Presidente escamotea en efecto la naturaleza de su política regional (los “polos de competitividad”, la universidad al servicio de la industria, las ventas de armas a Arabia Saudí, etc.), difumina el balance de su partido a escala federal, pone al MR en aprietos, coloca una trampa a los nacionales-liberales flamencos de la NVA (el principal partido de la coalición) sobre su propio credo “confederal”, se presenta como héroe anti-mundialización, incluso en aspirante posible a presidente del PS y... arrebata la estrella mediática a Raoul Hedebouw, el muy eficaz portavoz del PTB. De golpe, crea –con relativo poco coste- las condiciones que podría permitir a la socialdemocracia 1º) de seguir siendo el pivote de la mayoría regional; 2º) de volver al gobierno federal después de las elecciones de 2019, en nombre del mal menor.

Este punto es decisivo. La estrategia del mal menor está en efecto... puesta en evidencia por 25 años de participaciones en gobiernos de coalición que han amontonado planes de austeridad como tapices. Una parte de la burocracia sindical de la FGTB duda que el PS siga siendo su continuidad política. Para subir la pendiente, la socialdemocracia debe absolutamente probar en la práctica que sus participaciones en el poder con la derecha pueden hacer la diferencia... cuando está apoyada por los sindicatos y los otros movimientos sociales. La cuestión es vital frente a un PTB que ha abandonado su retórica maoísta por un discurso socialdemócrata de izquierda, llama al “frente popular” a la vez que rechaza acceder al gobierno en el marco de los diktats europeos y, last but not least... (lo último pero no lo menos importante, NdT) defiende el Estado belga unitario contra el derecho de los pueblos a la autodeterminación.

El futuro dirá si el golpe de Paul Magnette implica un reposicionamiento del PS sobre otros dossiers (¿la armonización fiscal europea, por ejemplo?) y si ese cambio de posición hace émulos en otros lugares de Europa en el interior de una socialdemocracia que –con excepción del Partido Laborista de Corbyn- se hunde en el pantano de las políticas austeritarias-seguritarias. Ello no está excluido, ya que no es fácil volver a los raíles después de semejante derrape. Sin embargo, por el momento, nada apunta en ese sentido y no hay que engañarse: el Ministro-Presidente valón utiliza la movilización anti-TTIP y anti-CETA para objetivos políticos que no implican una ruptura con el neoliberalismo. Como prueba las declaraciones en las que señala que está por el libre comercio y que el bloque del CETA es para él “un desgraciado fracaso, incluso aunque la democracia sea ganadora”.

Transformar el golpe en punto de apoyo

Entonces: ¿victoriao recuperación? El futuro está abierto. La respuesta dependerá de la capacidad de los movimientos sociales de ligar la vigilancia anti-CETA a la movilización contra toda austeridad, lo que implica en primer lugar relanzar contra las medidas del gobierno la lucha que la estrategia de concertación de la CSC y de la FGTB ha llevado al impasse. El respeto de las formas democráticas solo toma en efecto todo su sentido en relación con los contenidos sociales y medioambientales conformes con los intereses de la mayoría de la población: el mundo del trabajo, la juventud, las mujeres, los campesinos, los sin-papeles.

Los representantes de estos medios tienen la capacidad, si quieren, de transformar el golpe de Paul Magnette en punto de apoyo para otra política. Tienen la capacidad, si quieren, de elaborar un plan anticapitalista de urgencia y de someterlo a un amplio debate en la base, en los sindicatos, las asociaciones, las asociaciones mutuales, los barrios. Si quieren, pueden imponer a los partidos que se reclaman de los explotados-as y de los oprimidos-as que formen gobiernos sobre esta única base. En Valonia y en otras partes ¿por qué no? A gobiernos que, por su desobediencia resuelta a los diktats, contribuirán a abatir la UE para abrir la vía a otra Europa.

24/10/2016

http://www.lcr-lagauche.org/la-wallonie-contre-le-ceta-que-faire-de-cette-victoire/

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