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Huelga en educación
26O. ¿Excepción coyuntural o inversión de la tendencia?
26/10/2016 | Ernesto Díaz

Las movilizaciones estudiantiles del 26 de octubre han irrumpido en la escena política para alterar la monotonía parlamentaria... ¡Y menos mal! Llevábamos muchos meses donde el centro de gravedad de la atención política giraba casi exclusivamente en torno a la posibilidad de crear o no un gobierno más o menos austeritario. En este sentido, la irrupción rompe la linealidad del debate institucionalista en el que el movimiento popular llevaba inserto desde las elecciones del pasado diciembre.

Ya iba para un año la dinámica de impasse donde ni se conseguía formar gobierno ni se abrían brechas de movilización. La esfera estos meses ha sido de verdadera espera. Algo asfixiante en algún momento. De hecho, seguramente no haya sido coincidencia que se hayan condensado en tan pocos días el cierre de gobierno y el estallido de la movilización. Con la abstención del PSOE en favor del PP se ha terminado de quebrar la confianza difusa que reinaba en una parte importante de la población sobre la posibilidad, más imaginaria que real, de poder formar un gobierno alternativo a la austeridad del PP.

Esta vez ha vuelto a ser la juventud de secundaria y bachillerato quien ha vuelto a poner sobre la mesa la indeseabilidad de las contrarreformas neoliberales. Esta vez ha sido el rechazo a una parte de la LOMCE lo que ha materializado ese descontento.

Este rechazo no ha irrumpido de golpe y porrazo. Ha ido acumulando descontento desde hace mucho. De hecho una parte importante del descontento viene heredado directamente de las movilizaciones contra la LOMCE de hace pocos años. Y se ha ido materializando y expresando poco a poco. El primer gesto importante que indicaba un posible flujo de la movilización fue una recogida iniciada por un estudiante de San Fernando (Cádiz), que acumula ya casi un millón de firmas.

El rechazo era generalizado en la comunidad estudiantil, pero iba más allá. La oposición se extendía a amplios sectores del profesorado y de padres y madres trabajadores. En el mismo parlamento se aprobó ya una propuesta contra la LOMCE que no pudo ser rechazada por el PSOE. El PSOE no tendría ningún tipo de problema con esta propuesta si no fuera porque no es aceptada por casi nadie.

El mismo PP ha hecho un último gesto antes de las movilizaciones, hablando de una rectificación parcial. Era un gesto que intentaba generar desmovilización ante una convocatoria que podía deslegitimar su política educativa. Pero sobre lo concreto es falso que haya ningún tipo de rectificación y las movilizaciones han sido un éxito. Por lo tanto no solo sigue habiendo mucha razón para movilizarse contra la LOMCE y las reválidas, sino que ahora parece haber algo vivo sobre lo que estructurar ese rechazo.

Las movilizaciones masivas nos colocan ante un nuevo y estimulante dilema ¿Nos encontramos ante una situación de excepción coyuntural al clima de desmovilización social? ¿O será capaz el movimiento estudiantil de buscar alianzas amplias, arrastrar a la movilización a nuevos sectores sociales y sentar las bases para invertir esa tendencia? Es muy difícil saber qué pasará cuando solo estamos asistiendo al inicio de estas experiencias, pero está claro que tendríamos que apostar y trabajar por lo segundo. Nos va la vida en ello.

Otro debate muy distinto es qué rol jugarán las organizaciones "del cambio". Ya ningún líder duda sobre la necesidad de volver a las calles. Desde Colau hasta Iglesias han hecho distintas declaraciones que van en esa línea. La clave para relacionarse con estos movimientos nacientes es entender que no deben, bajo ningún concepto, subordinarse a los intereses partidarios. Hay que evitar una especie de relación socialdemócrata 2.0 (o eurocomunista) con las movilizaciones. Esta dinámica no rechaza la movilización social, sino que pretende participar de ella. Pero piensa activamente en subordinar las movilizaciones al cálculo partidario y a los juegos institucionales, pensando a la vez en cuáles deben ser los límites de dicha movilización.

En este sentido, desde el espacio que sea, la tarea frente a un movimiento que parece claramente en auge debe tener propuestas expansivas: concreción programática y dinámica de autoorganización, unidad y coordinación con objetivos de movilización social, búsqueda de alianzas sociales amplias... La dificultad de no tener una herramienta estatal que permita abarcar estas tareas es un escollo clave. El Sindicato de Estudiantes puede lanzar movilizaciones, pero no ha jugado ni jugará nunca un rol de esa envergadura.

Aunque el camino parece de momento poco nítido, lo primero que hay que hacer sin ningún tipo de reserva es alegrarse por una irrupción en lo social de un sector que vuelve a poner en cuestión la austeridad. Las tareas son tremendas ¡Pero las posibilidades son enormes!

Ernesto Díaz es militante de Anticapitalistas Cádiz y concejal en San Fernando

26/10/2016



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