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esferapublica.org | Colombia
"Alcanzar lo impensado, es decir, la vida"
22/10/2016 | Erika Mabel Jaramillo

"La justicia —como la paz—, es la eterna fugitiva del campo del vencedor". Simone Weil

La confrontación armada que durante más de medio siglo ha sucedido en Colombia ha sido parte de mi cotidiano toda la vida y son muchas las experiencias que he vivido relacionadas directamente con ella e innumerables las veces que he sufrido por sus consecuencias. Una gran parte de mis obras/1 y de mis investigaciones han estado y están relacionadas con esa realidad, al considerarla un asunto urgente de la sociedad, de total concernencia, en tanto en cuanto nos atañe y afecta. De allí mi interés por tratar algunas cuestiones éticas o sociopolíticas que en dicha realidad encuentro pertinentes de analizar, cuestionar, señalar o incidir en ellas. Un interés que es también efecto de una necesidad que surge, la de hacer del cuerpo individual, un cuerpo social, un cuerpo que como materia devenga en instrumento. Un hablar desde la urgencia.

Ilustración 1: (de izquierda a derecha): Exorar, Instar, Exposición, Campo de concentración, Punto de cruces, Art. 19, Marcha, Art. 13 de Erika Jaramillo (2000-2013)

La lista de obras que los artistas colombianos hemos producido relacionadas con la confrontación armada en estas décadas, en todos los campos, es innumerable, dentro de las artes visuales existen centenares de obras que cabrían en esa lista. Vienen a mi memoria: Violencia de Alejandro Obregón (1962); La corriente de Beatriz González (1992); Aliento de Oscar Muñoz (1996-2002); Sillas vacías del Palacio de Justicia de Doris Salcedo (2002); obras de Antonio Caro, José Alejandro Restrepo, Miguel Ángel Rojas y un largo, larguísimo etcétera.

Ilustración 2: Violencia de Alejandro Obregón (1962)

Ilustración 3: La corriente de Beatriz González (1992)

Desaparecidos, desplazados, heridos, muertos, sobrevivientes, víctimas todos…

Ilustración 4: Aliento de Oscar Muñoz (1996-2002)

Ilustración 5: Sillas vacías del Palacio de Justicia de Doris Salcedo (2002)

Motivos más que suficientes para dedicar parte del quehacer artístico a la reflexión de esa realidad, pues como bien dijo Beatriz González "El arte dice cosas que los historiadores no pueden decir». Aunque son muchos los historiadores que han hablado sobre ella, desde la historia del arte, Álvaro Medina, con su libro Procesos del arte en Colombia Tomo I (1810-1930)/2 o su curaduría "Arte y violencia en Colombia desde 1948"/3; o Christian Padilla/4, con su libro La llamada de la tierra: el nacionalismo en la escultura colombiana o su ponencia "La metáfora del éxodo: los artistas frente al desplazamiento armado en Colombia"/5, son ejemplos del amplio conjunto de reflexiones que se han realizado sobre el conflicto armado en Colombia, esa guerra asimétrica de baja intensidad que hemos vivido varias generaciones y cuyos antecedentes también incluyen episodios de enfrentamientos y violencia. Podría decirse que el conflicto armado en Colombia se ha abordado desde casi todas las disciplinas, pues también filósofos, politólogos o sociólogos han tratado el tema, otro ejemplo puede ser el texto "El arte en el contexto de la violencia contemporánea en Colombia"/6 del sociólogo Elkin Rubiano.

Christian Padilla en su libro La llamada de la tierra: el nacionalismo en la escultura colombiana dice:

"Pero el nacionalismo no sólo exaltó, sino que en su debido momento denunció, y uno de sus aportes aprendidos del muralismo mexicano fue precisamente el de una lucha por la igualdad reflejada en las paredes, que el mismo gobierno (también en su debido momento) se encargó de censurar cuando vio en el arte un arma revolucionaria"/7.

"Hasta ese momento, el nacionalismo que se pregonaba sólo era un planteamiento político que pretendía hacer reflexionar a las masas sobre la pertinencia de crear nuevas estrategias en contra del imperialismo yanqui que venía reforzándose desde su victoria económica al finalizar la Primera Guerra Mundial"/8.

Su libro lo podríamos tomar como una introducción al arte moderno en Colombia, en particular, en relación al asunto que nos ocupa, a ciertas manifestaciones artísticas que responden entre otras cosas al acontecer de su tiempo.

Manifestaciones que conforman ese largo, larguísimo etcétera en la lista de obras que los artistas colombianos hemos producido relacionadas con la confrontación armada. Obras en donde aparecen nuevos o reformulados roles del artista dentro de la sociedad. En donde lo sociopolítico ya no sólo aparece en ellas como un asunto a tratar, sino que se presenta como parte de un dispositivo, que permite o incentiva la participación de la sociedad en procesos que desde o mediante la estética buscan responder al acontecer social. La subjetivación es allí el punto de partida que traspasa la noción de identidad para llegar a la de colectividad.

En palabras de Foucault: "dispositivo, —entendido como— una suerte, diríamos, de formación que, en un momento dado —tiene— por función mayoritaria responder a una urgencia"/9. Estableciendo una serie de relaciones entre los sujetos que componen las sociedades y el acontecer histórico de las mismas.

En ese escenario de urgencia, muchas obras entonces cumplen otras funciones además de la de representación. La obra se hace mediadora, ya no sólo como portadora de un mensaje propio, sino como portadora de un mensaje común. Por otra parte, el artista asume en algunos casos el rol de articulador, al crear procesos que inciden en la realidad o que reestablecen un estado de alivio perdido, al proporcionar mediante dichos procesos, muchas veces participativos, una mitigación de la pena. Por último las obras pueden también abogar en favor de la memoria; documentar, recuperar, como estrategias de empoderamiento, reafirmación, reparación o denuncia.

Elkin Rubiano en su texto "El arte en el contexto de la violencia contemporánea en Colombia"/10 dice:

"la recuperación y construcción de memoria, aunque no es un sustituto de la justicia, es en sí misma una forma de justicia, es una forma de reparación y un mecanismo de empoderamiento de las víctimas".

Podríamos remontarnos a Pierre Francastel y la sociología del arte, recordando como en su teoría de la —sociología histórica comparativa— plantea el arte no sólo como puro placer estético, sino como una producción social en una estrecha relación con su ambiente político, religioso y científico. Al igual que sucede en estos casos. Podríamos decir por consiguiente que la estrecha relación de algunos artistas con su ambiente político, genera una producción social, un encuentro de ciudadanos partícipes de procesos en donde el arte forma parte de un dispositivo que interviene en asuntos públicos, lo que hace que se sobrepase el contexto de lo puramente artístico.

Consuelo Pabón en referencia a las artes del cuerpo habla de —actos de resistencia— y dice que:

"No sabemos lo que alcanzan a crear múltiples cuerpos en Colombia (...) encontrar en los procesos creativos propuestas que construyan desde el cuerpo un lenguaje poético que afecte y transmute lo social (…) cuando la vida es lo que tiende a desaparecer cuando estamos ante las guerras más duras pero más necesarias por la vida, se cumple la profecía de Nietzsche y la tragedia vuelve a nacer. El arte y el pensamiento vuelven a sumergirse en la vida, en las fuerzas irrepresentables de la vida, en sus misterios y paradojas y, por esto, una de sus preguntas fundamentales es por el cuerpo. Ya no se puede determinar al cuerpo desde la idea de representarlo o de reflexionar en la distancia sobre él. Se trata de aprender a pensar desde el cuerpo, desde la vida, desde lo impensado. Como dice el filósofo Gilles Deleuze: "Dadme pues un cuerpo; esta es la fórmula de la inversión"—/11—. El cuerpo ya no es el obstáculo que separa al pensamiento de sí mismo, lo que éste debe superar para conseguir pensar. Por el contrario, el cuerpo es aquello en lo que el pensamiento se sumerge o debe sumergirse para alcanzar lo impensado, es decir, la vida. Entonces, la ética y la estética se vinculan en un solo hacer: hacer de la vida una obra de arte. Hacer con el cuerpo y desde el cuerpo un pensamiento no separado de la vida, no escindido, que exprese todas esas fuerzas que no se pueden representar (…) estas artes del cuerpo aparecen en el límite de la guerra, tal vez cuando las palabras y las formas representativas ya no son suficientes y se requiere experimentar con todas las posibilidades expresivas para decir lo indecible/12.

Al sobrepasar el contexto de lo puramente artístico el arte se convierte en un instrumento a disposición de otras manifestaciones, como la acción colectiva, la desobediencia civil, los movimientos sociales, etc., herramientas políticas de democracia participativa.

Ricardo Arcos-Palma en su texto "ARTE Y POLÍTICA EN COLOMBIA. Dos décadas del performance y el arte de acción 1990-2010" dice:

"La relación entre arte y política es fundamental en las propuestas de estos artistas en el que claramente el cuerpo deviene ese lugar fundamental que encarna las tensiones sociales de nuestro tiempo. Sus obras son una respuesta contundente a una situación social y política donde los derechos fundamentales de los ciudadanos se ven atacados"/13.

Muchos otros nombres conforman la lista de artistas colombianos que han producido obras relacionadas con la confrontación armada en Colombia: Fernando Pertuz, Nadia Granados o Wilson Díaz son también algunos de ellos.

Mientras tanto, en paralelo, otro peligro nos acecha, el de utilizar la urgencia política del país en aras de un beneficio particular, no hace falta hacer esa otra lista para saber que muchos artistas han vestido de política su obra, sin que ello fuese suficiente para que ésta incidiera de alguna manera en la realidad. Hay una alerta activa que avisa de los peligros del artificio, del simulacro y de la obra de arte cuyo fin primordial es ser mercancía. Ante tales peligros creo indispensable mantener el potencial del valor simbólico, hacer del arte un aliado de dichas manifestaciones sociales y si es preciso desaparecer en ese cuerpo social, que el discurso se funda en el resonar de una protesta, en el clamor de una asamblea o cabildo, que lo estético se entregue a un hacer ético, humano.

Tengo confianza en que tal vez, en un futuro no muy lejano, todas estas décadas de agresión, coacción, crueldad, dureza, ensañamiento, exabrupto y violencia quedarán atrás, como un episodio largo de nuestra historia, de una historia que no debería olvidarse, sino hacer de ella un referente en la lista de cosas que no deben repetirse, como un eco que avisa la barbarie, para que cuando se mencionen el periodo de "La Violencia", los "rojos" y "azules", la insurgencia, el narcotráfico, el paramilitarismo, los desplazados internos por migración forzosa, las masacres, las muertes violentas o los secuestros se haga en pasado, como capítulos cerrados y que hablar de verdugos y víctimas no se pueda conjugar en presente. Tal vez para ello sería preciso llevar a la práctica las palabras de Baruch Spinoza "La paz no es la ausencia de la guerra, es una virtud, un estado mental, una disposición en pro de la benevolencia, la confianza, la justicia". Quizá entonces las expresiones artísticas puedan de nuevo hacer odas, al "alcanzar lo impensado, es decir, la vida".

13/10/2016

http://esferapublica.org/nfblog/alcanzar-lo-impensado-es-decir-la-vida/

Notas:

1/ Algunas de las obras propias a las que me refiero son: Exorar, Instar, Exposición, Campo de concentración, Punto de cruces, Art. 19, Marcha o Art. 13. Ver: Ilustración 1.

2/ Su libro «Procesos del arte en Colombia Tomo I (1810-1930) hace un recuento exhaustivo de los hechos políticos y sociales que marcaron diferentes etapas del país, vistos desde el arte y sus protagonistas (…) —En una nueva edición del mismo realizada por Laguna Libros—, Medina recurrió al libro La historia de las guerras, escrito por Rafael Pardo Rueda, que para él sintetiza las motivaciones políticas e ideológicas de las guerras en Colombia y en qué terminaron». Toro Vesga, M. A. (4 de mayo de 2014). El arte colombiano, visto desde la historia. Laguna Libros reeditó ’Procesos del arte en Colombia’, obra del crítico y curador Álvaro Medina. El tiempo. Recuperado el 7 de octubre de 2016, de: http://www.eltiempo.com/entretenimiento/musica-y-libros/procesos-del-arte-en-colombia-libro-de-lvaro-medina/13931538

3/ "Cuando Álvaro Medina realizó la curaduría “Arte y violencia en Colombia desde 1948” (Bogotá, MAMBO, 1999), organizó la producción artística en los siguientes periodos: 1. Bipartidistas (comienza en el 47) 2. Revolucionaria (comienza en el 59 con el MOEC- Movimiento Obrero Estudiantil y Campesino) 3. Narcotizada (desde mediados de los años ochenta)». Rubiano, E. (2015). El arte en el contexto de la violencia contemporánea en Colombia. Esfera pública, Recuperado (2016, octubre, 08) de la base de datos (esfera pública)" http://esferapublica.org/nfblog/arte-contexto-violencia/

4/ http://dantelectrico.wixsite.com/christian-padilla

5/ La ponencia "La metáfora del éxodo: los artistas colombianos frente al desplazamiento forzado" fue parte de la IV Conferencia Cracoviana Latinoamericanista, "Migraciones y diásporas de la América Latina contemporánea". Universidad Jagguelonica, Cracovia (Polonia). 9 de abril de 2016.

6/ Rubiano, E. (2015). El arte en el contexto de la violencia contemporánea en Colombia. Esfera pública, Recuperado (2016, octubre, 08) de la base de datos (esfera pública) http://esferapublica.org/nfblog/arte-contexto-violencia/

7/ Padilla, C. (2008). La llamada de la tierra: el nacionalismo en la escultura colombiana. p. 19 y 20. Recuperado el 08 de octubre de 2016, de: https://www.academia.edu/1970360/La_llamada_de_la_tierra_el_nacionalismo_en_la_escultura_colombiana

8/ Padilla, C. (2008). La llamada de la tierra: el nacionalismo en la escultura colombiana. p. 55. Recuperado el 08 de octubre de 2016, de: https://www.academia.edu/1970360/La_llamada_de_la_tierra_el_nacionalismo_en_la_escultura_colombiana

9/ Agamben, G. (2006). ¿Qué es un dispositivo?. Revista Sociológica. Recuperado (2016, octubre 9) de: https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=2&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwi9hamV3uTPAhVBcBoKHbXXCLoQFggiMAE&url=http%3A%2F%2Fwww.revistasociologica.com.mx%2Fpdf%2F7310.pdf&usg=AFQjCNG06U3iLIM9vBalmt5TQ- B8VvlgQg&sig2=XZd4MWJR7QRhwHllc_gLXQ&bvm=bv.135974163,d.d2s

10/ Rubiano, E. (2015). El arte en el contexto de la violencia contemporánea en Colombia. Esfera pública, Recuperado (2016, octubre, 08) de la base de datos (esfera pública) http://esferapublica.org/nfblog/arte-contexto-violencia/

11/ "”Dadme, pues, un cuerpo”: ésta es la fórmula de la inversión filosófica. El cuerpo ya no es el obstáculo que separa al pensamiento de sí mismo, lo que éste debe superar para conseguir pensar. Por el contrario, es aquello en lo cual el pensamiento se sumerge o debe sumergirse, para alcanzar lo impensado, es decir, la vida. No es que el cuerpo piense, sino que, obstinado, terco, él fuerza a pensar, y fuerza a pensar lo que escapa al pensamiento, la vida. Ya no haremos comparecer la vida ante las categorías del pensamiento, arrojaremos el pensamiento en las categorías de la vida. Las categorías de la vida son, precisamente, las actitudes del cuerpo, sus posturas". Deleuze, G. (1985). Cine, cuerpo y cerebro, pensamiento. La imagen-tiempo. Estudios sobre cine 2 (251) (1987). Barcelona: Paidós Ibérica, S. A.

12/ Pabón, C. (2000). Proyecto Pentágono. Investigaciones sobre arte contempo

13/ Arcos-Palma, R. (2016). ARTE Y POLÍTICA EN COLOMBIA. Dos décadas del performance y el arte de acción 1990-2010. Revista Kaypunku, Volumen 3, Número 1 (versión electrónica )





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