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elcritic.cat | Catalunya
CiU, ERC y la expo del Born: un nuevo autogol “indepe”
21/10/2016 | Roger Palà

Vergüenza ajena es un concepto que define muy bien el sentimiento que un buen puñado de independentistas experimentaron el pasado martes durante la inauguración de la exposición “Franco, Victoria, República” en el Born CCM(Born Centre de Cultura i Memòria). La sensación de ridículo ya había sido intensa durante el mes de agosto, cuando La Vanguardia publicó la noticia de la exposición. En plena canícula, algunos prefirieron mirar para otro lado, esperando que todo aquello no fuera más que una serpiente de verano. Sin embargo, el boicot organizado a la inauguración de la exposición, en la que algunas personas llegaron a insultar y tachar de “fascistas” a los representantes de la Amical Mauthausen presentes en el acto, ha colmado el vaso.

Es hora de hablar claro. La demagogia empleada por algunos “indepes” al atacar la exposición organizada por el comisionado de memoria histórica del Ayuntamiento (de Barcelona) no es tan solo extremadamente desagradable: es un autogol comparable a la campaña de improperios contra el pregonero de la (fiesta mayor de la) Mercè, Javier Pérez Andújar. Un nuevo tiro en el propio pie.

Se puede estar a favor o en contra del escenario escogido para la exposición. Barcelona en Comú tiene argumentos cuando defiende que hacerla en el Born CCM es un acierto, porque este puede ser un espacio de memoria no restringido específicamente a 1714. Y tienen argumentos algunos independentistas cuando dicen que el castillo de Montjuïc habría sido una ubicación más idónea. Lo que resulta esperpéntico es que haya quien pretenda hacernos creer que el gobierno de Barcelona en Comú (BeC) está haciendo exaltación del franquismo por el hecho de exponer en la calle una estatua de Franco decapitada en el marco de una muestra nítidamente antifascista. Todo el debate sobre la ubicación de la exposición –legítimo y normal– pasa a un segundo plano ante este argumentario demagógico.

La demagogia convergente

Demagogia puede parecer una palabra muy contundente, pero es que cuesta encontrar otra para definir lo que estamos viendo estos días. Es demagogia que la coordinadora del Partit Demòcrata, Marta Pascal, afirme en un tuit que en Barcelona han inaugurado “sin rubor” una exposición sobre Franco, obviando que el contenido y el contexto de la exposiciónes netamente antifranquista. Hasta un hombre de orden como el subdirector de La Vanguardia, Enric Juliana, poco propenso a la gresca de Twitter, decidió rebatir en público este argumento falaz.

Es un despropósito que la JNC (Joventut Nacional de Catalunya) se manifestara el martes con una pancarta con el lema “Franco ni en el Born ni en ninguna parte”, mientras que el alcalde convergente de Tortosa, Ferran Bel, organizaba hace pocos meses una consulta sobre si mantener o no el monumento franquista de esa localidad. Por si esto no fuera suficientemente grave, Bel hizo campaña y votó a favor de mantenerlo. El concepto “ni en el Born ni en ninguna parte” no debía incluir ni a Tortosa ni a las decenas de municipios en los que CiU ha tenido responsabilidad de gobierno durante años y donde todavía quedan monumentos franquistas. Es un despropósito que la propia CiU, que el martes por la tarde se manifestaba contra el supuesto franquismo de una exposición antifascista, el martes por la mañana se uniera a la petición del PSC o del PP de restituir el nombre del notorio franquista Samaranch en el Ayuntamiento de Barcelona.

En la reacción de CiU no hay que buscar una gran profundidad política. Todo esto es producto de la profunda desorientación del mundo convergente. El nuevo Partit Demòcrata carece de un liderazgo claro en Barcelona. Convergència está dividida y profundamente debilitada por los últimos resultados electorales. Ante este panorama, Ada Colau se ha convertido en el alfa y omega de todos sus males y el todo vale contra los Comunes aparece como la única estrategia. Sin embargo, no parece muy razonable mantener este asedio constante, teniendo en cuenta les escasas alianzas viables del independentismo en el Parlament y el papel que podrían desempeñar los Comunes durante los próximos meses en la política nacional. El referéndum que impulsa Junts pel Sí y el presidente Puigdemont necesita sumar aliados. Los Comunes podrían serlo. Acusar al gobierno de Ada Colau de exaltar el franquismo no es muy buena estrategia si se desea avanzar en esta dirección.

La CUP se desmarca, ERC juega fuerte contra Colau

Ahora bien, si el papel de CiU en todo el asunto resulta previsible, no lo es tanto la actitud de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). A diferencia de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), que se ha desmarcado de los despropósitos de los convergentes contra la exposición, los republicanos han decidido jugar fuerte esta partida, lanzando una intensa campaña crítica contra la muestra. El argumento republicano dice que las estatuas de Franco no han de mostrarse porque hieren la sensibilidad de las víctimas. ERC afirma en un vídeo que “el gobierno Colau vuelve a sacar las estatuas franquistas a la calle” y concluye que “no queremos simbología fascista en el espacio público”. Sorprendentemente, y en la línea de lo que ha hecho Convergència, el vídeo obvia que la estatua de Franco –decapitada– se muestra en el marco de una exposición perfectamente contextualizada y netamente antifascista.

El relato público de ERC ha ido más allá de cuestionar la ubicación de la exposición. El jefe de filas republicano en Barcelona, Alfred Bosch, ha hecho de ella un caballo de batalla. Esto quedó claro en el cara a cara con Gerardo Pisarello en “El Matí” de Catalunya Ràdio. Ayer mismo volvió a insistir en que Colau debía “retirar las estatuas” para evitar cualquier tipo de conflicto. Entre los episodios más cuestionables vividos en los últimos días figura la acción de las Joventuts d’Esquerra Republicana de Catalunya (JERC) de Barcelona boicoteando la exposición. Hemos de creer a las juventudes de ERC cuando dicen que sus militantes no tacharon de “fascistas” a los representantes de la Amical, como han señalado algunas voces. Pero es lícito plantearnos si el acto de boicot a una exposición netamente antifranquista está o no a la altura de la historia de la organización.

Buscando un “catch all party” independentista en Barcelona

ERC ha de hacer una reflexión sobre el papel que quiere desempeñar en Barcelona. El resultado de Alfred Bosch en las elecciones municipales de 2015 se quedó muy por debajo de las expectativas generadas. Pese a ser el mejor resultado de la historia de los republicanos, ERC quedó en cuarto lugar, por detrás de BeC, Convergència y Ciutadans. Un partido político que gobierna la Generalitat y está en condiciones de ganar las elecciones en Catalunya no puede permitirse ser cuarta fuerza en su capital. ERC y Bosch parecen haber llegado a la conclusión de que para revertir esta situación han de visualizarse como la oposición más clara contra Colau. Con una CiU debilitada, los republicanos creen que serán capaces de hacerse con todo el voto nacionalista de orden de la capital y convertirse así en la primera fuerza, según un discurso que prioriza la independencia sobre las consideraciones más sociales o de ciudad. El objetivo es convertirse en un “catch all party” independentista en la ciudad de Barcelona. Sin embargo, en ocasiones lo que se entrevé es una ERC próxima a los postulados del antiguo Reagrupament, hoy integrado en el PD Cat.

Ni que decir tiene que es una estrategia legítima, pero también tiene sus riesgos. Convertir a Colau en la principal adversaria de ERC no facilitará alianzas de republicanos y comunes en clave nacional y de proceso de autodeterminación. Además, no está claro que la estrategia no acabe reforzando a BeC. La campaña agresiva de ERC durante las elecciones españolas de junio, encaminada a disputar el voto a En Comú Podem, dio sus frutos, pero una cosa son unas elecciones españolas, marcadas por el bloqueo del Estado y la imposibilidad del referéndum pactado, y otra muy distinta unas elecciones municipales.

Habrá que valorar con perspectiva histórica la decisión delos republicanos de no integrarse en el gobierno del Ayuntamiento de Barcelona al principio del mandato. Si ERC se hubiera incorporado al gobierno a primera hora, condicionando su entrada a que no lo hiciese el Partit Socialista de Catalunya (PSC), BeC lo habría tenido mucho más difícil negarse a constituir un gobierno de cambio fuerte sin participación socialista. ERC habría podido ocupar espacios sensibles de poder, Bosch habría podido ser primer teniente de alcalde y los republicanos habrían podido desplegar una acción política consistente en la ciudad por primera vez en la historia.

La entrada de ERC en el equipo de gobierno de Barcelona habría permitido alterar sensiblemente el escenario político catalán. La alianza de Junts pel Sí, que tanto parece preocupar a algunos delíderes republicanos y que en el plano electoral no ha acabado de carburar, ¿habría existido si Barcelona en Comú y ERC hubiesen pactado en Barcelona? ¿Habría tenido Catalunya Sí que es Pot una actitud tan refractaria con el procés si BeC hubiera compartido espacios de gobierno con ERC en Barcelona? ¿Se habrían volado puentes con los partidarios del derecho a decidir y el referéndum o se habrían tendido nuevos para ampliar mayorías?

ERC decidió aparcar esta posibilidad en la antesala de un 27-S inevitablemente plebiscitario, arrastrada por la estrategia convergente, y a la espera de ganar unas hipotéticas elecciones en Barcelona en 2019. Es una estrategia lícita: veremos qué pasa de aquí a tres años.

19/10/2016

http://www.elcritic.cat/blogs/rogerpala/2016/10/19/ciu-erc-i-lexpo-del-born-un-nou-autogol-indepe/

Traducción: VIENTO SUR



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